miércoles, 11 de mayo de 2011

Caleidoscopios

Claudia Rafael (APE)

La primera vez sentí que asomaba sin escalas al mundo de la magia. Fue como un instante trascendental que busqué repetir una y mil veces en mi vida. Porque, seamos sinceros: debe haber pocas cosas tan mágicas -en la infancia y en la adultez- como asomar al arcoiris que ofrece generosamente un caleidoscopio.

Y en eso no me vengan con definiciones de diccionario. Eso de que “se trata de un tubo que contiene tres espejos que forman un prisma triangular con su parte reflectante hacia el interior...etcétera, etcétera”. Un caleidoscopio es magia y basta.

Eso sí. Puede ser también muchas otras cosas. Puede ser el puente para entender que, según cómo estén acomodadas las piezas, la belleza (o no) que asoma será diferente. O (leído de un modo mucho más pedestre) depende el lugar en que uno se pare, la realidad podrá ser vista de una manera absolutamente distinta. Será lisa y llanamente otra.

Cuál es el país real. De qué manera asoman unos y otros a la realidad caleidoscópica de esta tierra para entender cuál es la pintura que nos ofrece a los ojos.

“Telecom Argentina” -dijeron los diarios esta semana- “logró en el primer trimestre una utilidad neta de 628 millones de pesos, un 53 por ciento superior a la del mismo período de 2010”.

O bien: “El holding Tenaris comunicó a la Bolsa una ganancia neta de 324,2 millones de dólares en el primer trimestre del año, lo que implicó un incremento de 46 por ciento respecto de igual período de 2010”.

Pero hay más, mucho más desde ese espejo que aportará al prisma que ofrecen los eternos vendedores de ilusiones. “Los concesionarios de autos vendieron en abril 64.639 unidades nuevas. La cantidad de patentamientos el mes pasado representa una mejora del 27 por ciento con respecto al mismo período el año pasado. Según estimó ayer la asociación que los nuclea, Acara, este año se superará el record de 720 mil unidades alcanzadas en 2010”.

Espejos de prismas que reflejan “record”, “ganancias”, “crecimiento del PBI”, “más dividendos”, “más inversiones”.

Pero que también irradian “revoluciones en curso” que permiten desde “sostenidos” programas universales destinados a los más desarrapados, excluidos, vapuleados, vulnerados de esta parte del planeta asomar al universo vasto y contenedor de la “inclusión”.

Entonces se multiplicará en los diarios y se amplificará desde los micrófonos que –por ejemplo- “la asignación universal por hijo provocó un impacto sin precedentes”, que “más de 66 mil familias con 176 mil chicos han bajado del sistema (de asignación) porque sus padres han conseguido trabajo” y que “vamos a seguir con el principal efecto que tiene esta política, que es la de inclusión social”.

Los otros espejos que forman un prisma asoman como tropeles desenfrenados desde el barro. Desde las casitas descalabradas con paredes de lona y techos de cartón, desde los puentes que cobijan unos cuantos cajones para la hora de dormir, desde los semáforos que desnudan pibes trapo en mano y dedos ajados, desde las fiebres que asoman feroces e inexorables hasta devorar a fuerza de pacos y perversidades. Asoman hasta transformarse en pulseada en los dominios insondables del Erebo, donde Hades -dios cruel e invisible de la muerte- impedirá toda salida a quien trate de escapar de los infiernos.

Ese caballito de batalla del gobierno -que instaló la puja irreconciliable entre el discurso y la práctica- se descascara fácilmente cuando la mirada se detiene en dos relatos puntuales: Telecom Argentina logró en el primer trimestre una utilidad neta de 628 millones de pesos y lejos, muy lejos, la vida breve de Marlene Arias, que con seis meses y una mamá de 14, vio disolver sus días el pueblito mayoritariamente wichi de la salteña Lapacho.

Un informe reciente del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que hay un 20 por ciento de niños que no recibe ningún tipo de seguridad social. Y que el riesgo alimentario no descendió lo suficiente: en 2007 (cuando todavía no se había puesto en marcha la asignación) el 8,7% de los hogares con niños tenía un riesgo “severo” de alimentación y un 11,6%, un riesgo “moderado”. En 2010 esas cifras no variaron demasiado, sino que, por el contrario, crecieron. El 9,1% de los hogares tiene un riesgo alimentario severo, y el 13,9%, moderado.

Agustín Salvia, responsable del Observatorio, analizó que “el hecho de que la asignación no llegue a todos o que, en algunos casos, sea parcial, más el efecto inflacionario sobre las remuneraciones del sector informal, explica que el riesgo alimentario severo no haya bajado”.

E incluso, que ni siquiera se lograron mejorar (en la medida de lo anunciado/esperado por el gobierno) ciertos efectos escolares de la asignación: “en 2007 había un 67,8% de jóvenes con déficit educativo en el nivel secundario y en 2010 esa cifra pasó al 69,6%”.

Mientras el holding Tenaris comunicó a la Bolsa una ganancia neta de 324,2 millones de dólares en el primer trimestre del año, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación señaló –a partir de datos exclusivamente oficiales de 2010- que 2920 niños argentinos mueren año tras año por enfermedades derivadas de la falta de nutrición o por hambre.

En medio de tantos prismas cruentos que pintan aldeas que fabulan realidades, sigo sin el menor asomo de duda prefiriendo la magia de los caleidoscopios de mi infancia.

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