martes, 24 de mayo de 2011

Conferencia del Partido: Por donde comenzar (I)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Según adelantos ofrecidos por el presidente Raúl Castro, en la próxima Conferencia del Partido, entre otros asuntos, la vanguardia revolucionaria cubana intentará resolver el problema que para el sistema político y la sociedad constituye la dualidad de poderes y la confusión de funciones entre el Estado y el Partido, un entuerto surgido en tiempos de los bolcheviques y que ninguno de los países del socialismo real, incluyendo a la Unión Soviética logró resolver. La pregunta es: ¿Podrán los militantes cubanos triunfar donde muchos otros fracasaron?.

Existe constancia de los intensos y prolongados esfuerzos realizados por Raúl Castro que desde su cargo de Segundo Secretario del Comité Central, desde los años setenta ha insistido, argumentado y exigido que se observe la separación de funciones entre el Partido, el Estado, los sindicatos y las organizaciones sociales y de masas, cometido en el cual ha logrado magros resultados. Convertir el asunto en eje de una Conferencia Nacional es una apuesta decisiva.

Aunque parezca insólito algunos de los problemas que los militantes cubanos se proponen resolver surgieron hace 100 años y desde entonces dieron lugar a dilatadas discusiones, ensayos teóricos e incluso a confrontaciones. Aunque desde otras perspectivas los militantes cubanos discutirán temas que en su tiempo abordaron ilustradas cabezas del movimiento comunista, solo que ahora las conclusiones conllevarán a rectificaciones estructurales y a la actualización de un modelo político cuya configuración original se realizó a partir de debates inconclusos, premisas erróneas y errores nunca subsanados.

El socialismo real quebró, entre otras cosas porque en el diseño de su modelo político, junto con proyectos excepcionalmente avanzados, se utilizaron conclusiones equivocadas, soluciones coyunturales, utopías e incluso mitos. Algunos de esos precedentes se derivaron de errores teóricos al interpretar propuestas de Carlos Marx, otros se originaron cuando sus postulados se extrapolaron a realidades las cuales no eran apropiados y otros fueron falsificaciones que impusieron dogmas y esquemas, la mayor parte derivados de la sacralización de la fracasada experiencia soviética.

Debido a la muerte de Lenin, al acceso de Stalin al poder, la defenestración en un período de menos de 10 años (1922-1930) de toda la vieja guardia bolchevique, incluyendo sus teóricos y estrategas más calificados y la II Guerra Mundial, el debate teórico al interior del Partido Comunista Soviético se canceló por más de 70 años y cuando fue reiniciado, era demasiado tarde.

En virtud no solo de la copia del modelo soviético, sino de multitud de vasos comunicantes, que a veces, para bien y otras para mal, convirtieron al llamado “Movimiento Comunista y Obrero Internacional” en un todo único, incluso durante cierta etapa en una entidad orgánica conducida desde Moscú por medio de la III Internacional, esos elementos llegaron a Cuba, se integraron a la práctica de los marxistas isleños y luego con naturalidad o empujados, se integraron a la Revolución influyendo poderosamente en su devenir, aunque no en su autenticidad.

La conversión del partido bolchevique de vanguardia política en órgano de poder y aparato burocrático paraestatal pasa por varios momentos, de un modo u otro, descritos en la literatura política del siglo XX.

Aunque es imposible pedir a los jóvenes cuadros que integran más de la mitad del Comité Central del Partido Comunista de Cuba una actualización en asuntos sepultados bajo montañas de interpretaciones erróneas, simplificaciones y adulteraciones; es bueno recordar que tales cuestiones se discutían en los años sesenta cuando el sectarismo intentó levantar cabeza y Fidel Castro estableció que la ejemplaridad de los militantes y no preceptos legales eran la base de la autoridad del Partido. Lamentablemente aquellos debates quedaron inconclusos y fueron también relegados.

Tal vez los militantes cubanos no tengan otra alternativa que, a la luz de la fallida experiencia soviética y los conocimientos de hoy, establecer el origen de algunos de los problemas vigentes para lo cual será necesario revisar la concepción acerca del Estado, el problema de la estructura clasista y el papel de las clases en la sociedad cubana de hoy.

Entre otros grandes momentos tal vez, el sector académico del Partido y a teóricos deberán revisar: los debates entre Lenin y Plejanov, entre Lenin y Martov, las críticas y alertas de Rosa Luxemburgo, las tesis expuestas en: ¿Qué Hacer? Esclarecer qué ocurrió realmente en el II Congreso de los soviets y cómo fue el proceso que condujo a la Primera Asamblea Constituyente y a la primera Constitución bolchevique.

Parece que fuera mucho, sin embargo se trata de un trabajo básicamente completado, no solo por la literatura sino por hechos históricos que han puesto las cosas en su lugar.

Por otra parte si algo no le falta al Partido y la Revolución Cubana son recursos y capacidad intelectual para develar las fallas y avanzar hacía un socialismo que se sume a las corrientes modernizadoras en boga. Hay tiempo y no faltará voluntad para avanzar hasta retornar a la vanguardia. Allá nos vemos.

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