miércoles, 11 de mayo de 2011

Ecuador: De cómo los perdedores se declaran ganadores

Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)

Dice la sabiduría popular que, “desde que se inventaron las disculpas, nadie queda mal” Ya es un hecho reconocido por ganadores y perdedores, que en la consulta popular del sábado 7 de mayo/2011 ganó largamente el SI; y que el NO, por más que sacaron a la calle, a codearse con el pueblo, a doña Guadalupe (la directora del diario El Comercio) no llegó el ansiado “empate técnico” que los agoreros del NO predestinaban, en los últimos días de campaña.

El diario sipiano El Comercio de Quito es un ejemplo de aplicación de esta sabiduría. En sus ediciones del domingo 8 de mayo/2011 en adelante, su primer cuaderno estuvo dedicado a “hacernos pensar” a los y las ecuatorianas, que todavía lo leen (un viejo periodista dice que ya no lee sino que examina un diario sipiano, todos los días, para ver qué dice el enemigo) que la derrota del NO no ha sido tan catastrófica como lo pintaba la encuestadora de Santiago Pérez, que es identificada como “oficialista”; en este caso, como de confianza del SI gobiernista. ¿Qué anticipaba esta encuestadora? Pues que, en promedio nacional (el Ecuador está dividido en 22 provincias) el SI había ganado al NO, en las 10 preguntas de la consulta, con una diferencia porcentual de 20 puntos. ¿Qué más anticipaba Pérez? Que la encuesta (porque es eso, una encuesta) anticipaba muy pocos votos nulos y/o en blanco lo cual era también muy significativo, en tratándose de una consulta de 10 preguntas.

En base a estos datos, el gobierno y los principales dirigentes de Alianza País anticiparon, para ese mismo sábado 7 de mayo, una celebración de victoria, con derroche de optimismo y alegría. Olvidaron que la voz cantante y definitiva la tiene el Consejo Nacional Electoral (CNE) que había anticipado que podría ofrecer, a los y las ciudadanas, un conteo rápido (una tendencia de resultados) después de dos o tres horas de la hora de cierre de las votaciones (la elección terminó a las 17:00, hora de Ecuador) y que ni esa tendencia podría ser tomada como definitiva ya que, por la complejidad de la consulta, los datos definitivos se conocerían días después de intenso trabajo. Pero como los medios sipianos querían resultados ya, inmediatos, pues la única voz que podría hacerlo, en base a lo que se llama el “exit pool” (información a boca de urnas) y la única que se había inscrito y que tenía autorización del CNE para hacerlo, era la encuestadora de Pérez.

Y resultó que las primeras informaciones oficiales del CNE (que no llegaban ni al 50% de los votos emitidos) daba un triunfo al SI pero en margen estrecho frente al NO; inclusive, en algunas preguntas, casi se daba un llamado “empate técnico” Y de esta situación se valía El Comercio de Quito y otros diarios nacionales, a más de estaciones de televisión y redes radiales, para empezar a hablar de que Correa y su equipo habían anticipado un festejo q ue, a lo mejor, no se da, por lo menos en los términos previstos.

De esta manera, por arte de birli birloque, los perdedores de un primer momento comienzan a sentirse vencedores; y los vencedores del sábado, comienzan a sentirse preocupados. Y los nuevos vencedores empiezan a dedicar sus espacios informativos, de opinión y de interpretación en una tesis que para ellos es vital: que han logrado una presencia fundamental, a nivel nacional, y que el Gobierno Correa no puede dejar de tomarlos en cuenta, en el presente y en futuro inmediato. Es decir, demandan una presencia y una posición que es inevitable que sea desestimada. ¿Cuál?

Es que los seres humanos somos los únicos que tropezamos dos y tres veces en una misma piedra. En las elecciones de diciembre/1966 ocurrió algo similar pero de tono político contrario. Los medios sipianos y sus agentes cantaron el mismo día de las elecciones la victoria de su candidato, el entonces socialcristiano Jaime Nebot (el Alcalde de Guayaquil); pero, a la hora del pitazo final (como dicen los periodistas deportivos) el verdadero ganador fue Abdalá Bucaram. En el actual episodio, los medios sipianos, que a fin de cuentas fueron los principales promotores del NO, contra el Gobierno Correa, encontraron que los primeros datos del Consejo Nacional Electoral y la celebración anticipada de los propulsores del SI eran elementos más que suficientes para, por lo menos, agriarles la fiesta y la bilis a los ganadores. Y lo consiguieron, a medias, ya que todos anticipan que el SI se ha impuesto inobjetablemente al NO, aunque no en la proporción de la encuestadora Pérez.

Y, aun cuando la realidad de la sociedad dice lo contrario, lo que queda es sacar conclusiones precisas de lo acontecido a fin de no repetir las equivocaciones y errores por lo menos en el futuro inmediato, antes de que volvamos a tropezar en las mismas piedras.

Hemos superado los viejos tiempos de los fraudes electorales dirigidos; pero, hay que administrar o aplicar, con tiempo, un método, un sistema, que nos permita anticipar resultados con alguna seguridad y equilibrio. En esta tarea pueden prestar su concurso los propios gremios de periodistas o estudiantes de los últimos años de escuelas y facultades universitarias.

Es muy importante que el país cuente con un verdadero ejército de jóvenes, debidamente entrenados, para que asuman las tares de miembros de las juntas receptoras de votos y de escrutinios. Si a los y las jóvenes, de entre los 16 y 18 años, se les ha dado constitucionalmente el voto facultativo, pues ellos y ellas deberían asumir esta función primordial en cualquier evento electoral. Además, ellas y ellos no están aún contaminados, tienen valores éticos y están capacitados para ejercer adecuadamente una función social.

Es absolutamente importante que en las consultas o referéndums del futuro inmediato, el cuestionario a ponerse a consideración de los y las ciudadanas, sea claro, preciso y comprensible. No como el último que era un popurrí de 10 preguntas que comprendían distintos temas y que tenían unos anexos más incomprensibles aún. Por desgracia, la pregunta relacionada con la necesidad de reconstituir y mejorar la llamada función judicial no le hablaba a los ciudadanos de esta impostergable necesidad y de que el Estado debía tomar cartas en el asunto. Esto dio lugar a que la noistas argumentaran que lo que quería Correa y su equipo de gobierno, era apropiarse de esta función y asumir una especie de autocracia frente a sus ciudadanos. Los resultados electorales (a favor del SI) están lejos de lo que debió haber sido, si hablamos de una lógica elemental.

Tampoco un cuestionario de una consulta popular debe contener más de dos o tres preguntas concretas, sobre un solo tema Esto habría dado margen a una mejor discusión y debate, durante la campaña electoral, y a que los noistas no enfoquen los problemas planteados como si fuera a favor o en contra del Gobierno. Habría dado lugar a que tanto los afectos como los desafectos planteen soluciones, tesis; y la consulta tenga un gran nivel de positivismo, sean cuales fueren sus resultados.

El referéndum constitucional y la consulta popular deben ser mecanismos a los que un gobernante, un parlamentario, los mismos magisters judiciales, puedan recurrir cada vez que sea necesario y urgente. Para ello, la función electoral debe perfeccionar siempre un sistema apropiado que, sin mucho costo y rápidamente pueda operar a nivel nacional, provincial o local, cuantas veces sean necesarias. Por ejemplo, el padrón electoral debe estar permanentemente actualizado de manera que no aparezcan ciudadanos y ciudadanas que murieron hace rato. Y si se trata de migrantes, pues dar un chance para que sus familiares residentes en el país, los justifiquen como residentes permanentes o eventuales en cualquier otro país.

En fin, dejo a los constitucionalistas y a otros sabios a que recomienden lo que se puede hacer o no hacer, cada vez que un gobernante o una legislatura o un grupo de ciudadanos, en uso de sus derechos, desean introducir cambios o reformas constitucionales o legales. O ponerle un límite, por decir algo, a la televisión basura, que tanto daño está cansando en el mundo entero.

Y una recomendación final: nunca hay que celebrar un triunfo antes de que el árbitro dé el pitazo final. Porque, como dice otro refrán popular, el pan puede quemarse al salir del horno.

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