miércoles, 11 de mayo de 2011

Lo que Santa Cruz muestra de la nueva militancia: La curvatura del “relato”

Daniel Cadabón (especial para ARGENPRESS.info)

Tres, son los frentes que explota el oficialismo kirchnerista a favor de su justificación histórica como movimiento nacional y popular.

El primero, pasa ahora por la cooptación de una militancia juvenil considerándola como subproducto de las políticas de estado y del fallecimiento de Néstor Kirchner, “una garantía del nunca menos”.

El segundo, es el frente intelectual-periodístico y derechohumanista, al que se han ido afiliando intelectuales y progres históricos que forman parte del plantel estable de las camarillas sostenedoras del régimen, sobre todo a partir del debate sobre la Ley de medios y de nuevo, del fallecimiento de Néstor Kirchner. Con lo que el oficialismo ha logrado incrementar su base social entre los sectores medios, aunque como siempre sucede con la pequeña burguesía, con un alto grado de volatilidad que dependerán de cuestiones más prosaicas e interesadas que puramente ideológicas.

El tercer frente, “columna vertebral” del oficialismo, es el conformado por la burocracia sindical de las dos centrales obreras, que pese a declarar su amor incondicional por las políticas oficialistas, se presenta siempre como un potencial frente de crisis.

La reciente alianza entre el oficialismo con los sectores medios, dista mucho de haber cristalizado una férrea y convencida “nueva militancia”, y esto porque se concibe a partir de una relativa actuación política “a demanda” en el relato presidencial. Y por sobre todo, de la cooptación económica de un sector de arribistas que se disputan cargos en el estado.

No hay militancia real, ni podría haberla en una sociedad dividida en clases y sustentada en la explotación del trabajo ajeno, entre aquellos que defienden las estructuras del poder político del régimen. La militancia, es por definición una práctica reñida con el poder, algo que se le opone y que lo cuestiona críticamente. La “militancia integrada al estado” burgués, por más nacionalista que se pinte, no es más que una fuerza de choque reaccionaria en contra de que el desenlace de la lucha de clases se haga a favor de los explotados.

Puede que el relato presidencial despierte en el imaginario de las clases medias el revivir de un progresismo desarrollista que le permite la adquisición de plasmas a 70 cuotas financiadas con la plata del Anses, pero esto, no separa ideológicamente, al intelectual oficialista de hoy, del prejuicio de aquel pequeño almacenero que lee la situación política, asumiendo su humor y su filosofía de vida de acuerdo a lo que le informe la caja en el recuento nocturno.

Las delicias que despierta el “relato presidencial” en todo un sector estable de profesionales de la política y el sindicalismo burocrático no es otra cosa que el sabor que despierta un oportunismo basado en el sostenimiento sin principios del oficialismo gobernante, la delicia que se encuentra al lado del poder es volátil y acomodaticia; este plantel fue estable en otras épocas y con otras banderas. Como siempre declaran “acompañar en lo bueno y criticar en lo malo”, lo que de por si es una confesión de su impotencia para pararse sobre dos pies y una explotación sin escrúpulos de un prejuicio social interesado en buscar respuestas reformistas desde un poder ejecutivo “más justo”, sin importarles que esto los obligue a condenar cualquier manifestación independiente de las clases trabajadoras en cuanto a su organización política y sindical y hasta llegar a justificar la represión y el asesinato.

El progresismo argentino se ha caracterizado como cualquier vulgar burócrata estatal, por el permanente pedido de paciencia a los trabajadores a la espera de que la lucha contra la derecha fortalezca las posiciones populares y en ese momento en el que ya no serán necesarias ni tomas de la Bastilla ni asaltos al Palacio de Invierno, el gobierno nac&pop hará realidad las demandas populares.

Sin embargo hoy, cuando la derecha aparece virtualmente desarmada y el nacionalismo que representa “la compañera presidenta” Cristina Fernández está en la cresta de un ola de una adhesión popular sin antecedentes desde el 2003; no sólo que las transformaciones no se producen, sino que el “relato” ha tomado una curvatura conservadora, que no hace más que condenar la conflictividad social, es decir la lucha de los trabajadores.

Para imaginario social, que como todo imaginario siempre falsea la realidad, la democracia es un régimen equidistante de las clases sociales que arbitra los conflictos en la búsqueda de una solución ecuánime. Sin embargo el carácter propatronal del oficialismo brota por todos los poros. Ante el aplauso de los principales capitostes de la industria y de los bancos la presidenta ha declarado que los conflictos sociales deben terminarse, por que ponen en juego el desarrollo del modelo al hacerle perder a la economía del país (léase petroleras) un 1.3% de lo que deberían haber ganado en el último mes. A confesión de partes relevo de pruebas dicen los abogados como Héctor Recalde de la CGT, el discurso presidencial en lugar de equidistante es un apuntalamiento de las ganancias capitalistas; pero no sólo eso, en un mismo ademán la presidenta archivo cualquier ley que sirva al reparto de las ganancias y pidió que en todo caso se acuerde una futura repartija en función de las necesidades de las empresas, es decir, nada de reparto de ganancias porque “estas perjudican al modelo” declaró entre los exultantes De Mendiguren y Eskenazy y diversos representantes de Techint, el holding de Paolo Rocca, y Telecom, de los Werthein.

Esta vez las “corpos” mediáticas de la derecha embellecieron las palabras presidenciales, al afirmar que van dirigidas al moyanismo y al resto de burócratas sindicales que gozan de un impresionante desprestigio social y que pasaron de ser “columna vertebral” del oficialismo a una banda de piantavotos. Pero, en este nivel de análisis está de más sobra esa mezcla de ingenuidad y de mala fe de probados analistas del régimen. Lo de la presidenta es una postura estratégica.

Lo que la presidenta viene haciendo últimamente es alertar, amenaza mediante, sobre la creciente conflictividad social,

Cristina no es ajena a que la huelga docente en su provincia (paro por tiempo indeterminado) se profundiza y que las provocaciones del kirchnerista Daniel Peralta, primero mandando a una patota a golpear sin consideración a maestras y profesores y ahora canchereando con el “que le pidan el aumento a Magnetto”, no hacen más que radicalizar su lucha con cortes frentes a las plantas petroleras ajustándose al modelo de lucha sindical triunfante de los petroleros que lograron expulsar a la burocracia vendida de los Segovia y cia.

El “relato” presidencial no es antiburocrático; al contrario es una apelación a que la burocracia cumpla con su función histórica de limitar (eliminar) cualquier expresión independiente de los trabajadores.

La movilización popular que desató asesinato de Mariano Ferreyra; la caída en desgracia de los Segovias santacruceños en manos de las asambleas de bases; la raquítica participación de trabajadores en el acto moyanista del 29 de abril en la 9 de Julio; las nuevas comisiones internas en fabricas y talleres que vienen dándole batalla a las internas burocráticas y en muchos casos desalojándolas de la conducción; los conflictos que desconocen la legalidad trucha del ministerio de trabajo y que se profundizan frente a cada dictado de conciliación obligatoria; las causas penales que persiguen a los dirigentes sindicales, encuentran a una burocracia apichonada y a la defensiva. El “relato” presidencial más que un reto es una orden de disciplinamiento. Está en juego el modelo!! Y con el modelo no se juega.

Los que parecen haber entendido claramente esto , y antes que nadie, son, como siempre, los intelectuales y los jóvenes militantes de “la cámpora” que salieron rápidamente a desalojar al campamento Qon de la 9 de julio y lanzar una campaña macartista contra los docentes de Santa Cruz.

La nueva “juventud maravillosa” que trabajó con la gendarmería en el desalojo de los pueblos originarios, ahora recurre al ministerio de educación santacruceño para la elaboración de una operación de inteligencia en contra de los docentes en lucha de la provincia. Tratando de desprestigiar a los líderes de la protesta publicando recibos de sueldo truchos que intentan demostrar que ganan como burgueses y se comportan como “revolucionarios”. Cuando una organización que se dice popular recurre a este tipo de operaciones policiales entra en un marcado estado de descomposición. La camporita del millonario Maxi Kirchner, Larroque y compañía tiene estatura moral para discutir con docentes hambreados mientras ellos cobran sueldos estatales de 30 mil pesos mensuales más viáticos.

Lo dicho, en Santa Cruz y entre los originarios Qom queda demostrad que la militancia como subproducto del estado lleva incorporada en ella todos los gérmenes represivos del estado mismo.

El kirchnerismo se jacta de que los jóvenes vuelven a la política y que esto es un asunto que se debe agradecer al gobierno popular.

Ya se vio el accionar de esta juventud estatal formada en la juventud sindical, la formación de patotas que golpean y asesinan y entre los más progresistas de “la cámpora” como desalojan y montan operaciones de inteligencia policiales frente a los trabajadores que salen a la lucha.

Queda por ver porque nuestros intelectuales llaman a esto militancia.

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