martes, 24 de mayo de 2011

Potencial biomarcador para diagnóstico y seguimiento de enfermedades respiratorias

Amalia Beatriz Dellamea (AGENCIA CYTA - INSTITUTO LELOIR - UBA)

Investigadores argentinos estudian las potencialidades del ácido hialurónico (AH) como biomarcador, tanto para el diagnóstico como para el seguimiento de pacientes con enfermedades intersticiales pulmonares.

Hasta el momento no se conocen muchos marcadores para diagnosticar y efectuar el pronóstico de las enfermedades instersticiales pulmonares, con lo que el diagnóstico se realiza, mayoritariamente, mediante tomografías computadas y biopsias. “Sería, entonces, de suma utilidad hallar marcadores que permitan diseñar técnicas menos invasivas para los pacientes”, señala la licenciada en Biología Glenda Ernst, quien pertenece al equipo de investigadores de la Cátedra de Inmunología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (UBA). Junto con profesionales del Servicio de Endoscopía del Hospital “María Ferrer” analizan muestras de lavado broncoalveolar (LBA) y de suero de pacientes afectados por enfermedades respiratorias.

Las enfermedades intersticiales constituyen un conjunto de patologías inflamatorias del parénquima pulmonar, que representan un 15 por ciento de las afecciones respiratorias en la Argentina. La etiología de estas enfermedades es muy variada y en la actualidad se reconocen más de 150 causas diferentes, aunque solo es posible identificar el agente causal en aproximadamente el 35 por ciento de los casos, como se señala reiteradamente en varios trabajos científicos disponibles en la literatura corriente sobre el tema.

El objetivo de los investigadores argentinos es determinar qué potencial exhibe el AH para actuar como biomarcador en el diagnóstico y el seguimiento de los pacientes. “Los resultados preliminares sugieren un significativo aumento en los niveles de ácido hialurónico en el LBA de los pacientes afectados por enfermedades intersticiales, comparados con los controles. Además se encontró una correlación entre los niveles de AH y la cantidad total de células inflamatorias en el líquido del lavado broncoalveolar”, continúa Ernst, quien trabaja bajo la dirección de la doctora Silvia Hajos, profesora titular consulta de Inmunología e investigadora superior del CONICET. La doctora Hajos acaba de recibir el Premio al Desarrollo Emprendedor, otorgado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por el “Kit para la detección de ácido hialurónico”.

Lo interesante del AH es su capacidad de actuar como inmunomodulador. Y aquí tendrá una especial importancia su tamaño. Así, por ejemplo, fisiológicamente el AH de alto peso molecular ejerce funciones homeostáticas y antiinflamatorias en el organismo. No será el caso de los fragmentos de bajo peso molecular, en cambio.

Los receptores de la inmunidad innata en el organismo son expertos en ´sensar´ patógenos y reconocer moléculas extrañas que puedan resultar una amenaza. “Los fragmentos de bajo peso de AH ponen en funcionamiento una especie de ´señal de alarma´ que activa el sistema inmune ante un proceso inflamatorio”, grafica Ernst. Las células que se encuentran en el LBA operan como sensores de esas señales de alerta y, al reconocerlas, ponen en acción la síntesis de citoquinas y de quimioquinas, moléculas que participan en los procesos inflamatorios.

Enfermedades intersticiales del pulmón

Las enfermedades intersticiales del pulmón constituyen un grupo heterogéneo de enfermedades pulmonares, muchas veces difíciles de caracterizar desde el punto de vista diagnóstico.

El espacio intersticial pulmonar representa el espacio potencial localizado dentro de las paredes alveolares entre la membrana basal del epitelio alveolar y el endotelio capilar alveolar. En condiciones normales, este espacio está ocupado por un pequeño número de macrófagos alveolares, fibroblastos y miofibroblastos. El otro componente importante del insterticio pulmonar es la matriz constituida por colágeno y macromoléculas relacionadas y por proteínas no colágenos, tales como la fibronectina y la laminina. Toda enfermedad que infiltre este espacio intersticial merece ser denominada enfermedad intersticial, y por ello más de 100 diferentes entidades pueden ser incluidas en esta generalización.

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