martes, 7 de junio de 2011

Dilemas del periodismo actual

Prof. Juan Carlos Sánchez

Un día como hoy se fundaba la Gazeta de Buenos Ayres, el primer medio por el cual la Revolución de Mayo brindó la información sobre sus actos y las principales noticias del interior y exterior de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de la mano de Mariano Moreno.

No existía la Ley de Servicios Audiovisuales, ni Clarín ni La Nación y mucho menos, la discusión con respecto a la existencia del periodismo militante. Pero sentó las bases para el desarrollo de la libertad de prensa, entendida como aquella que permitiera el conocimiento de los asuntos de la res pública por parte de la ciudadanía.
En pleno siglo XXI, el periodismo constituye una narración vertiginosa de lo que sucede en cada lugar, en cada instante, gracias a Internet. Ya no es solamente el periódico de papel, sino también los blogs, las páginas webs e inclusive, las radios on line. El progreso tecnólogico revolucionó la forma de construir las noticias. Nuevas fuentes comenzaron a aparecer debido al surgimiento de las redes sociales: hoy, la noticia la podemos encontrar en las redes sociales, cuyo crecimiento fue exponencial en los últimos años.
Sin embargo, lo que no se modificó fue la tarea de quien tiene la responsabilidad de informar: el periodista. Pero en la actualidad, y salvando las diferencias de técnica periodística, cualquiera tiene esa posibilidad. El escritor, el docente o el estudiante a través de un blog. En suma, cualquier ciudadano que tenga el valor y la osadía de escribir en medios digitales. Es decir, con una computadora y una conexión a Internet.
Y he aquí el primer dilema: ¿el periodista formado en la Universidad o el simple ciudadano que cuenta su realidad ? ¿el movilero de la televisión o el aficionado que capta el preciso instante en que ocurre un hecho?. Resulta evidente que la tecnología permitió la indefectible democratización de la información, partiendo de la necesaria libertad de expresión. El primero lo toma como una cuestión laboral y el segundo, como una obligación moral, de militancia por los valores que sustenta. Y son estas nuevas voces, las que implican un claro desafío al profesional de la noticia porque son las que suelen contradecir las versiones oficiales acerca de los hechos. La mentira suele evidenciarse rápidamente y sin barreras...
Ahora bien, ¿es democrática la información que recibimos? ¿es veraz o constituye un manto de claroscuros?. Allí es donde comienza a surgir el segundo: ¿libertad de expresión o libertad de prensa?. Si tenemos en cuenta la premisa de Mayo, el periodismo actual en los medios tradicionales constituye, sin dudas, un analizador pertinente para afirmar que éste resulta más la defensa de intereses sectoriales y en particular, del poder económico que se resiste a dejar sus privilegios de clase. Si nos atenemos a los multimedios, es claro que nos encontramos ante una realidad parcializada bajo el barniz de la supuesta libertad de prensa.
La libertad de prensa que propugnan dichos medios es, precisamente, aquella que se refiere a la libertad de empresa. Las declaraciones de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) son un claro ejemplo de ello. Y las deformaciones y manipulaciones informativas de los multimedios suelen ser moneda corriente en consonancia con ella.
Pero ello no ocurre solamente en nuestro país, sino en el mundo entero. Veamos entonces la cobertura periodística del 15M en España. Ella está limitada a los supuestos excesos de los jóvenes acampantes o a la represión grandilocuente de las fuerzas policiales, la cual es alabada por los centros del poder económico español.
En nuestro país, la sola sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales desató la apertura de una verdadera Caja de Pandora. De buenas a primeras, conocimos la complicidad con la dictadura militar y la construcción de una realidad mediática que no representaba lo que acontecía en el plano político y social. Pero también comenzamos a conocer otras voces, otros mundos, otras realidades. Aparece claro el conflicto entre la libertad de prensa y la de expresión, porque la primera no supone la segunda salvo, claro está, que se corresponda con los intereses sectoriales del medio tradicional que leamos, veamos o escuchemos.
Para conjugar los dilemas anteriores, cabría entonces preguntarse: ¿libertad de prensa o libertad de empresa?. Aquí todo es mucho más claro, porque las líneas editoriales de los multimedios argentinos y mundiales tienden a la conservación y reproducción del sistema capitalista. Pero ello, Internet mediante, provocó que emergieran los medios alternativos para refutar las continuas campañas que estos gigantes de la información amplifican para perpetuar la dominación. El mejor ejemplo son las campañas mediáticas contra Cuba y su Revolución. La difusión permanente de la actividad de las Damas de Blanco o del pseudo disidente Fariñas resultan un claro hecho informativo donde a confesión de parte, relevo de pruebas... En nuestro país, lo acontecido con la Resolución 125 fue una excelente oportunidad para advertir el juego contra los intereses nacionales, más allá de las justas críticas que puedan hacerse al actual Gobierno Nacional por su fuerte ligazón con la megaminería, el afianzamiento de los procesamientos a los más de 5.000 luchadores populares y el creciente gatillo fácil que asola a nuestra juventud, con Luciano Arruga incluido.
En realidad, la libertad de prensa es la de empresa para los medios tradicionales, mientras que los alternativos buscan dar una imagen más fiel de la realidad que percibe el ciudadano. Ello ha provocado la caída sustancial de la confianza en aquellas estructuras informativas cincuentenarias o centenarias, con el correlato en la caída de su tirada y que apenas compensan con su influencia en materia radial o televisiva. Por otro lado, lo alternativo crece desde el pié, desde la realidad barrial a la provincial para, luego, saltar a la nacional. Ocurre que se descorre el velo sobre la información oculta, ya sea desde los despachos oficiales o el mismo poder económico...
Como jamón del sandwich, se encuentra el profesional de la información o aquel ciudadano que simplemente se dedica a echar luz sobre los asuntos de su barrio o ciudad. El primero, encerrado entre la escasa libertad de expresión otorgada por la línea editorial del medio en el cual trabaja y el segundo, con un horizonte ampliado gracias a las nuevas tecnologías y sin limitaciones a publicar sus ideas sobre el mundo, el hombre y sus circunstancias.
El gran dilema actual del periodismo argentino se encuentra entre lo convencional y lo militante. Nuevos tiempos se vienen en materia periodística. Internet llegó para quedarse. Lo mismo que los blogs y las webs de noticias.
Si bien lo primero pareciera llevar ventaja por su gran poderío económico, no es menos cierto que se ha incrementado la influencia de lo alternativo. La mejor prueba de ello es la diaria visita a los blogs o páginas de periodistas reconocidos que amenazan en forma sustancial a lo tradicional, porque comenzaron a develar la trama de lo oculto y a dar cuenta de voces que estaban escondidas, de una realidad candente que no es tomada en cuenta.
¿El periodista o el ciudadano?. Es la pregunta del millón. El profesional de los medios también es ciudadano y es trabajador, con una responsabilidad aún mayor que es cercenada por los dueños de los multimedios. El que ejerce su ciudadanía mediante su libertad de expresión, también es responsable porque su falta de limitaciones le obliga a redoblar esfuerzos en pos de informar con la verdad y con la grosera limitación de sus escasos medios económicos.
El verdadero desafío lo tienen los profesionales de los medios. Responder a su conciencia o a la de sus patrones. Constituirse en adalides de la verdad o fieles custodios de la mentira organizada. Los ciudadanos ya saben donde jugar. Los que parecen que todavía no se dieron cuenta son quienes se han formado para informar y hoy se dedican a amasar la deformación o manipulación del día. Pero eso, se paga caro. Será la ciudadanía, antes que meros consumidores, la que decidirá sobre su futuro.
Se vienen nuevos tiempos donde la información tenderá a una horizontalidad tal que le dará pelea a lo tradicional. Recién allí, donde los multimedios sientan la presión de los alternativos, comenzará a fluir esa verdad que tanto necesitamos las y los argentinos, latinoamericanos y ciudadanos del mundo. Y así terminarán los dilemas que hoy nos acosan a cada momento...

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