martes, 7 de junio de 2011

Ecuador: Tarea pendiente. Que los medios se autodefinan

Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)

De acuerdo a la Constitución Política de la República y, ahora, de conformidad con lo dispuesto por la mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas, al responder que SI a la pregunta No. 9 de la consulta popular de mayo 7/2011, a la Asamblea Nacional (Congreso) no le va a quedar otro recurso que dictar una Ley de Comunicación (no de medios) en el corto plazo.

Y, de nuevo, se ha alborotado el avispero: entre los que no quisieran que nunca se dicte una ley semejante (la gran prensa sipiana dice que en comunicación social, la mejor ley es la que no existe, una tesis de la SIP-CIA) y que si ésta tiene que dictarse, que sea tan liberal, que en realidad “no perjudique a nadie” y garantice la llamada libertad de expresión de ellos; y aquellos otros, que quieren una ley que, de una vez por todas, sancione y limite todas las tendencias y arbitrariedades que hasta hoy vienen caracterizando a la gran prensa sipiana, especialmente la televisión; y de la televisión, la televisión basura.

Esa música la hemos oído los y las ecuatorianas. Solo que, como los medios sipianos (prensa impresa, radial, televisada) se niegan a reconocer que están dirigidos por seres humanos comunes y corrientes y han adoptado poses de dueños absolutos y únicos de la democracia, la libertad de expresión, la verdad difundida y escondida, es todavía posible que parte de las y los ciudadanos (especialmente los que votaron por el NO) estén bastante confundidos; y piensen que, efectivamente, si se dicta una ley de comunicación, se viene una negra noche de silencios, persecuciones y censuras.

Hasta aquí, como dicen los médicos, no hay síntomas de una situación semejante en el Ecuador. Le preguntaron, hace poco, a un señor (el ex diputado social cristiano, Marcelo Dotti) si había recibido alguna amenaza, alguna advertencia o si se sentía perseguido por lo que dice, todos los días, contra (Rafael) Correa y su gobierno, a través de su estación radial; el entrevistado contestó: “No. En honor a la verdad, nadie me ha amenazado. Pero, estoy preocupado por lo que puede pasar en el futuro” (la cita no es textual) En otras palabras, la preocupación no es por lo que les pueda pasar HOY; sino por lo que les puede pasar MAÑANA. Los médicos dicen que eso es ser propenso a la sicosis; una sicosis muy explicable en el deudor que no sabe cómo va a pagar sus deudas; o que se propone no pagarlas.

Pero también, del otro lado, hay exageraciones. Pretender que los diarios sipianos vuelvan a décadas anteriores y, de pronto, por lo menos en el gran capítulo de la información (la noticia) sean o se acerquen a la veracidad, la oportunidad, la contextualización (conste que no digo la objetividad, peor la neutralidad) es un auténtico pedirle peras al olmo. Digo yo: esa es una tendencia que hoy en día es universal. Lo que ha ocurrido es que la gran prensa sipiana, en los últimos tiempos, se ha quitado la careta; y hoy defiende no solo el neoliberalismo sino cualquier intención de cambios, de transformaciones. Si tuvieran dos dedos de masa gris en buen estado, tanto los “pelucones” criollos como los mismos medios, serían defensores a utranza de un gobierno como el de la revolución ciudadana, que lo único que está haciendo es una “revolución” en paz y tranquilidad, que evitará a corto o mediano plazo, un estallido social, que no dejará líder o capitalista con cabeza.

Hay quienes sostienen que, antaño, los medios masivos de la comunicación (prensa escrita, en especial) guardaban alguna ética, alguna moral; y que deberían volver a esa práctica. Puede ser que aquello haya sido una tendencia, pero solo en algunos medios sipianos (los menos) Recuerdo y argumento que las empresas periodísticas (las más) adoptaron una clara política menos que liberal, desde sus fundaciones. No podría explicarse, de otra manera, los ataques y mentiras sistemáticas que divulgaron contra la ex Unión Soviética. ¿Y la política que aplican, desde hace medio siglo, contra Cuba revolucionaria? De creerles a estos medios, en Cuba no ha ocurrido nunca nada bueno; todo es malo, es miseria, es abandono, persecución, torturas. Jamás condenan el bestial bloqueo que aplica USA contra Cuba a pesar de que ya llega a los cincuenta años; jamás condenan las absurdas y estúpidas sentencias contra los 5 cubanos por haber cometido “el delito” de alertar a su país (Cuba), desde Miami (EE.UU.) sobre planes y proyectos, esos si terroristas y criminales contra su pueblo.

No ha de ser por pura coincidencia que los medios sipianos y los círculos de pelucones locales, en nuestros países, se oponen a reconocer en Cuba ninguna conquista social, ningún adelanto. Y lo mismo ensayan ahora, en contra de la revolución bolivariana de Venezuela; y el asediado gobierno de Evo Morales; y los ataques contra Daniel Ortega; y, en esta caza de brujas, no faltan quienes sindican en los peores términos a la Presidenta de Argentina. En cambio, que poco critican (mejor dicho, justifican) a gobiernos pelucones como el de Israel, México, el de Panamá, el del Perú, el de Colombia y Álvaro Uribe, etc. Pregunto: ¿es esta actitud de “pura coincidencia” o consignas que vienen de Miami (Estados Unidos) y que tienen su matriz en organismos como la SIP, la Declaración de Chapultepec, el Grupo de Diarios de América (la GDA), la antigua USAID, que ahora tiene el membrete de NED, y tantas y tantas otras?. En Ecuador actúan, sin recato alguno, Fundamedios, Coro, Participación Ciudadana y asambleístas como César Montúfar, Fausto Cobo, Lourdes Tibán y, ahora, la Dra. Romo, la señora Betty Amores, y tantos y tantas otras.

¿Qué hacer? Algunos esperan que el Consejo de Regulación puede poner diques para atajar las aguas tormentosas, en especial, las mentiras (que suelen ser verdades a medias) las tergiversaciones, las manipulaciones. No en vano, estudiosos sobre el tema han establecido que los medios sipianos de estos tiempos, aplican una especie de decálogo de la manipulación. Tras un escándalo, otro peor. Nunca reconocer la verdad: si hay 2.000 planteles escolares que se han reconstruido, buscar unos cuantos que aún están “abandonados”. Si se ha mejorado la red vial nacional, escandalizar porque alguna carretera sigue igual que siempre. Exagerar la delincuencia social que siempre ha existido. Y así, sucesivamente.

Yo pienso que un Consejo de Regulación de contenidos puede ser (manejado maliciosamente) un arma de doble filo. Pienso además que el tal Conejo no debe llegar sino a unas sanciones económicas limitadas. Cualquier otra sanción (especialmente un cierre de un espacio mediático) debe estar en manos de jueces: pero de jueces probos y rectos, que el mismo pueblo ecuatoriano acaba de aprobar una reforma substancial. Las sanciones (que ahora se llaman responsabilidades posteriores) siempre han existido en nuestra legislación penal. Solo que, por ser juicios largos (tres instancias) y costosos (abogados, peritos y más) no han sido aplicados popularmente. En el Ecuador, no llegan ni a 10 los casos que han terminado en sanciones penales y económicas.

Entonces, vuelvo a preguntar: ¿qué hacer? Una primera medida saludable sería que se facilite al hombre común y corriente el demandar y seguir, hasta sentencia en firme, los juicios que plantee por injurias, acusaciones infundadas, uso de imágenes sin permiso previo, etc. Quizá, un mecanismo (que se ha burocratizado) sería la figura del Defensor del Pueblo. Quizá, una vez que termine exitosamente (eso esperamos) la reforma judicial, los fiscales populares y los mismos jueces que vengan, sean honestos y no le tengan miedo a los medios; y que estos no quieran servirse mañana de ellos.

Y también (¿por qué, no?) la obligación que tiene todo medio comunicacional de auto identificarse respecto de los intereses que defienden. Universalmente, es sabido que todo medio comunicacional ha sido creado para defender intereses concretos: el sistema imperante (el neoliberalismo) la sociedad de consumo, la cultura, los problemas sociales, la política, la ideología, el deporte y hasta (si es empresa) buenas utilidades monetarias, políticas. De manera que un perceptor (lector, televidente, radioescucha) cuando compra un diario o sintoniza una señal radial o televisada, sabe a qué atenerse. Si un diario, por ejemplo, se declara neoliberal o defensor de la sociedad de consumo, entonces tendrá derecho pleno a cuestionar todo cambio, a defender el sistema y a proponer que el usuario compre, compre y compre: se endeude, endeude, endeude.

Y si por ahí, algún medio (especialmente sipiano) prefiere seguir llamándose independiente, libre (¿) pues entonces ese medio está obligado (bajo sanciones) a dar espacios a todas las corrientes ideológicas, religiosas, sociales. Ya que hasta nuestros tiempos, esta mentira (o indefinición no declarada) les ha dado buenos resultados. Dicen que son independientes pero no nos dicen ¿independientes de qué? Se dicen libres y democráticos pero no nos explican de qué democracia y libertad, están hablando.

Por último, que los medios (privados, públicos, comunales) definan por su propia decisión, hasta dónde extienden las sábanas en cuanto a qué entienden por libertad de expresión, por democracia. Pregunto: ¿solo hasta las listas de amigos y enemigos de la casa? ¿Solo hasta individuos (das) de toda confianza del medio o hasta sus enemigos naturales?

Aspiro a que el actual esquema que se ha abierto respecto de estos temas, me permitan opinar sobre ellos. Y lo único seguro que tengo es que la gran prensa sipiana, de aquí y de allí, no me darán un centímetro de espacio para estas y otras ideas. Así son de amplios y democráticos.

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