lunes, 4 de julio de 2011

En dividir entre dos trabajo y salario esta la solución

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Si las horas que trabajan y los salarios que perciben los trabajadores, se repartiesen entre dos… Si esto se hiciese con cinco millones de puestos de trabajo, los cinco millones de parados dejarían automáticamente de serlo. ¿Qué es un despropósito?.

Eso, responder sin pensárselo dos veces a propuestas como ésta, se ha pasado la historia de la sociedad y del poder respondiendo en cuanto alguien -o algunos- ha hecho una propuesta renovadora, eficaz, posible y deseable por el bien de todos. ¡Tantas conquistas sociales (que ahora el neoliberalismo se propone primero recortar y luego cercenar) que en un principio se tildaron de utopía o insolencia de los trabajadores, luego se han hecho realidad permitiendo que podamos llamar “progreso” y civilización a lo que antes era injusticia, desigualdad, oprobio, despotismo y barbarie…!

Como dice Vidal Manzanares: “si la realidad es la que es y no puede cambiarse, entonces… ¿para qué sirven la política y los políticos”. Lo que ahora parece dramático e insuperable: hacer desaparecer de la escena social el desempleo en aumento y el arrinconamiento de millones de trabajadores antes de tiempo, puede hacerse realidad. Mediante un sistema inteligente a la altura de los “avanzados” tiempos que vivimos, en lugar de recortes sociales lo que debería abordarse es el estudio y método de la división del trabajo de uno, entre dos. Trabajar en lugar de ocho hora, cuatro, y en lugar de pagar cuatro a uno solo, repartir esos cuatro entre dos sólo es cuestión de técnica, de imaginación, de voluntad y al fin de inteligencia. Súmese lo presupuestado para el desempleo y destínese a ese fin de reparto tantísimos millones despilfarrados por el Estado y por las instituciones, por los partidos políticos, por la Iglesia, por la realización de obras superfluas, por tantas cosas que se dilapidan porque sí, por derecho propio, por lujo incompatible con la austeridad cuya exigencia se impone o se propone, etc., etc., y se remediará o atenuará un problema que lleva camino de hundir la economía y desmantelar no ya el estado del bienestar sino el Estado a secas (privatizar hasta el Estado es lo que se propone el neoliberalismo imperante).

No se objete, vuelvo a repetirlo, que esta propuesta es un desatino. Eso, como todo, y más en tiempos de ingeniería mental que prevalece por encima de todo, incluso de la sensatez, es posible. Lo único que se precisa es voluntad política. Porque si la voluntad política de remediar lo remediable no la pone a contribución el poder de todas clases allá donde está alojado, habrá que temer la Revolución.

La situación que viven este país y otros países europeos se hace cada vez más sofocante y menos sostenible. La felicidad de la ciudadanía -que ya no el bienestar- que se le quiere arrebatar, está en juego. El malestar, que está empezando a cundir y reemplazando al bienestar, se está transformando en indignación. Los movimientos de indignados se están convirtiendo en revueltas. Y de la revuelta a la revolución (o a la masacre para reprimirla) no hay más que un paso.

Si los que detentan el poder y el dinero son incapaces de renunciar a lo que deben, para repartir lo producido con intención más igualitaria, el mundo trabajador y al final el pueblo, una vez más se verán en el trance de arrebatarles el dinero y el poder. Estos son tiempos más que difíciles, críticos. Pero estamos acostumbrados a ver o a saber hasta qué punto el egoísmo, la avaricia y la prepotencia son capaces del crimen sin adjetivos y del crimen social (bien sabemos que la estolidez de mucho empresario le lleva a preferir la quiebra o la suspensión de pagos, a ceder medio punto en los salarios). Pero cuando se trata de que es una inmensa parte de la sociedad, precisamente la más débil, quien ha de pagar las consecuencias de la dilapidación, del latrocinio y de la especulación de los que forman parte del poder económico, financiero y político -en definitiva, el poder-, en tiempos revueltos todo puede ocurrir… Y, por otro lado, hay que pensar que si no hubiera sido por el "sacrificio" de los esclavistas que tuvieron que dedicarse a otra cosa cuando se abolió, todavía existiría la esclavitud.

Pasen sus señorías a estudiar el reparto del trabajo de una manera inteligente; arréglenselas para resolver el problema arduo del paro que lleva camino de ser crónico para la mayoría, del modo aquí propuesto, y habremos dado un paso de gigante en la historia para no tener que esperar que sea una guerra total exterminadora o los extraterrestres quienes nos saquen del marasmo o paralización de toda la sociedad…

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