lunes, 1 de agosto de 2011

Estados de bienestar: Una perspectiva latinoamericana (Parte I)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Conozco militantes que debido al auge neoliberal de los años 80 dieron por liquidados los “estados de bienestar” en Europa; otros afirman que todo fue una farsa y que tales entidades nunca existieron sino que fueron un espejismo ideológico creado para confrontar al socialismo (real) y estoy yo, quien cree ver en ese estadio social conquistas que representaban avances hacia el socialismo tal como lo concebía Marx.

A estas reflexiones, para algunos puramente académicas, tardías o descontextualizadas, incluso inconvenientes, acaba de sumarse Damián Alegría, un líder del FMNL quien afirma que en El Salvador el presidente Mauricio Funes utiliza las palancas del poder para avanzar hacia un modelo de “bienestar social.” Seguramente todos tenemos un poco de razón.
Este y otros debates teóricos, así como las discusiones respecto a tácticas y estrategias de lucha al interior de la izquierda, parecían zanjadas por el fin del socialismo real, la desaparición de la Unión Soviética, el ocaso del llamado “movimiento comunista internacional” y el desconcierto de las fuerzas progresistas europeas, principalmente la socialdemocracia hasta que, de un modo totalmente inesperado, debutó en América Latina una nueva izquierda con ideas, propuestas y tácticas, menos espectaculares pero también menos costosas y suficientemente eficaces.

El capitulo que condujo a los “estados de bienestar fue el mismo que llevó al triunfo bolchevique y comenzó cuando a mediados del siglo XIX, en el contexto de una coyuntura europea excepcional confluyeron procesos culturales provenientes de la Ilustración, una profunda y extendida revolución tecnológica con aplicación masiva de las máquinas y de numerosos inventos, la aparición de la gran industria y con ella de la moderna clase obrera y la instalación en los ambientes políticos de la lucha de clases. .
En aquel contradictorio y fecundo periodo histórico adquirió contornos definitivos un modo de gestionar la producción y la economía que Carlos Marx bautizó como “capitalismo”, una etapa histórica caracterizada por una particular relación entre el capital y el trabajo, a la cual correspondió una superestructura asentada en el liberalismo económico, político y cultural.

Con luces y sombras se trató de la época del “capitalismo salvaje”, una era de auge económico sin precedentes, pero en la cual la explotación capitalista alcanzó rangos de crueldad también inéditos, por lo cual aquel fue el más repudiado de los regímenes sociales que jamás hayan existido. Como parte de aquella realidad se desarrollaron protestas y luchas obreras que rápidamente maduraron y adquirieron expresión orgánica en los sindicatos y los partidos obreros.

Junto con los factores materiales y organizativos, en la época pisó la escena la más formidable hornada de líderes obreros, políticos y científicos sociales que haya existido nunca y que estuvo encabezada por Carlos Marx y de la que formaron parte entre otros: Federico Engels, Joseph Proudhon, Ferdinad Lassalle, Mijaíl Bakunin, Karl Kautsky, Gueorgui Plejanov y el más joven de todos, Vladimir Ilich Lenin. De la época datan entre otras obras como el Manifiesto Comunista, la Ideología Alemana, El Capital, Teorías de la Plusvalía, Dios y el Estado, ¿Qué es la Propiedad? y otras todavía vigentes.

Se trató de una peculiar confluencia en la cual, en una coyuntura decisiva, se convivieron un liderazgo de excepcional lucidez, organizaciones cuya eficacia son todavía un paradigma, entre otras: la Asociación Internacional de Trabajadores, la más autentica y eficaz de todas las organizaciones obreras internacionales que hayan existido, los partidos socialdemócratas de Alemania, Rusia, Austria, Bélgica y otras organizaciones de aproximadamente el mismo carácter y que sirvieron de antecedente al Partido Bolchevique.
Las relaciones entre aquellos lideres y organizaciones fue tan contradictoria como fecunda y probablemente hubiera cambiado el curso de la historia europea de no haber aparecido el estalinismo, un fenómeno político excepcionalmente que dio lugar, entre otras cosas a que los ambientes polémicos que caracterizaron la actividad de la izquierda europea se convirtieran en una división antagónica que creó un abismo entre la fuerzas comunistas agrupadas en el bloque soviético y otras tendencias, aunque menos radicales, probablemente más esclarecidas.

De aquel proceso y no únicamente del debate en torno a la Primera Guerra Mundial se derivó el abismo que durante Guerra Fría separó a los dos grandes destacamentos de la izquierda europea. Faltan asuntos pero también espacios. Mañana les cuento más. Allá nos vemos.

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