lunes, 29 de agosto de 2011

Libia es la conquista corporativa nazi del mundo. Otras siguen

Rómulo Pardo Silva (especial para ARGENPRESS.info)

Las élites millonarias de las potencias occidentales saben que colapsando el capitalismo necesitarán el control violento de todos los recursos del planeta. Ahora se apoderan de los productos del tercer mundo mediante la compra, luego no podrán.

Por eso invierten en militares y armamento.

Muy pocos países son soberanos, la inmensa mayoría fueron entregados por sus gobiernos locales. Si alguno no es dócil y se propone la independencia se usa la violencia sin límites como las matanzas en Latinoamérica, las guerras en Asia, la subversión fascistas utilizando grupos internos.

El pueblo libio es la víctima más reciente. Ninguna fuerza internacional se opuso a su conquista que contó con una aprobación amplia.
Los llamados rebeldes verdaderamente no originaron la desestabilización ni han sido un factor de lucha importante. Algunos excolaboradores de Gadaffi y bandas de jóvenes del este no podían derribar el régimen, solo hacían falta para darle un cariz nacional a la invasión. El ataque al gobierno de Trípoli correspondió por completo a la planificación expansionista occidental.

El poder, la fuerza, el dinero, están fuera del mundo en desarrollo.

Los planes contra Libia estaban activos desde fines del siglo pasado. El gobierno del coronel se negaba a ser incondicional dificultando el avance del imperio.

La ONU aportó una farsa legal mediante una resolución del Consejo de Seguridad sin votos en contra con la participación dócil de Rusia, China, Brasil, India, Sudáfrica, Gabón, Nigeria. Su secretario general fue, como siempre en su carrera, servicial con Estados Unidos.

El Tribunal Penal Internacional ayudó despachando las órdenes de detención que se le exigieron.

La guerra la hizo la Usaotán con intervenciones menores de países árabes.

El ministro francés de Defensa fue claro al celebrar la llegada de los rebeldes a Trípoli. Dijo "Honestamente creo que ha sido un éxito de Francia", la movilización de los opositores "sólo fue posible… por la coalición internacional, y en primer lugar, por el Ejército francés". El presidente de USA destacó que la OTAN "ha probado que es la alianza más capaz del mundo con su fortaleza y aviones… que muestran lo que puede suceder cuando trabajamos como socios iguales".

En apoyo político a Libia se pronunciaron Irán, Venezuela, Nicaragua, Ecuador.

Cuba no se ha hecho oír después de la desaparición de Gadaffi y tampoco los movimientos juveniles que irrumpieron en España, Egipto, Túnez, Chile, Londres.

El plan en adelante es una Libia bajo el dominio del poder mundial, con tropas, policías y agentes terroristas en tierra; matar a Gadaffi, reprimir y aterrorizar a sus partidarios y constituir una dictadura que frene el surgimiento de alguna resistencia.

En lo económico habrá pujas por el petróleo y seguramente por la agua. La burguesía china ya expresó su malestar ante voces que hablaban de modificar sus contratos de explotación y para defenderlos contará con el poder de negociación que le da su derecho a veto en el Consejo de Seguridad.

En lo militar posiblemente los agentes libios de Occidente firmen la instalación rechazada por Gadaffi del Comando Militar de Estados Unidos para África (Africom) actualmente con sede en Alemania.
Luego de los hechos el deber de los progresistas es analizar cómo se llegó a esto.

Algo pasó con la juventud libia rabiosa contra el gobierno que había logrado el mejor nivel de vida de África. La masa de partidarios del régimen no se transformó en una fuerza de combate. La cúpula del gobierno y el ejército estaban penetrados por la CIA y los servicios europeos. Un sector de la izquierda aplaudió especialmente al comienzo la operación ONU inclinándose por la liberación libia de los militares de las transnacionales como si el peligro para la humanidad proviniera de ese pequeño país y gobierno.

Y quizás lo más importante. No hay un movimiento que devele la estrategia de las corporaciones para conquistar el mundo porque la izquierda se ha limitado en el marco de futuro del sistema.

La juventud que se ha activado no debe oír solo aplausos sino la advertencia de que pidiendo mejoramientos en el capitalismo no es rebelde sino funcional a un mecanismo insostenible. Que debe crear una opción política socialista de futuro.
La lucha revolucionaria debe apuntar a la creación de la solidaridad global dentro de una economía racional sostenible. Es enfrentar al nazifascismo corporativo.

Al parecer sigue Siria, pero lo seguro es que esto no para.

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