lunes, 29 de agosto de 2011

Librarnos de las garras del sistema

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

La meta del pueblo es ésta, librarnos del sistema. De nada sirven los sinapismos ni los paños calientes.

Está visto que por una década de consumo enloquecido y despilfarro no valía la pena meternos en la Eurozona. No era imprescindible; pero desde el principio del nuevo Estado, una vez librados de la dictadura caímos en las mismas redes que los ingenuos países musulmanes, envenenados de corrupción, de consumo y de globalización por Occidente. (Ahora mismo, si Libia está cayendo en poder de los insurgentes no es por la fuerza rebelde sino por el desembarco de "nuestras" propias tropas en Misrata a pesar de que la ONU vetaba nuestra intervención terrestre).

El precio de nuestros dispendios es la pérdida absoluta de libertad política y de criterio. Hemos cambiado una dictadura personal por otra impersonal del mercado y del pensamiento único (a veces pienso que no sé qué es peor). El pensamiento neoliberal hace mucho que se ha enseñoreado de este país pese a estar dirigido por enclenques políticos de enteco pensamiento socialista que al final no es ni una cosa ni otra. La estúpida clase política que hemos sufrido hasta ahora no debe saber que más allá del euro y del capitalismo financiero hay vida; mejor vida y más libertad...

Ninguna sociedad, cualquiera que sea su sistema económico, puede consumir más de lo que produce salvo que sea a costa de los recursos (sobre todo materias primas y por encima de todo petróleo) de otras sociedades. Esto sólo puede conseguirse ejerciendo un dominio sobre ellas. Así ha venido funcionando Estados Unidos en las últimas décadas, pero también los países europeos a rebufo del imperio.

De ahí la rendición incondicional de los gobiernos sucesivos españoles al imperio y a su política imperial, prácticamente consumada (teóricamente) la Transición. La rendición comenzó con el Felipe González que "prefería la inseguridad en Nueva York a la seguridad en Moscú", y que nos metió en la OTAN con maniobras de chalán.

Como dice el sociólogo José Luis de Zárraga: con la incorporación del límite del déficit a la Constitución, se consagra el principio neoliberal en este país. La posición de los economistas keynesianos y los políticos progresistas, partidarios de reactivar la economía con inversiones públicas estratégicas queda sometida asimismo a la contraria de reducir el endeudamiento y recortar drásticamente el gasto público aun a riesgo de provocar una larga recesión que preconizan neoliberales y conservadores.

Es, por consiguiente, este asunto una cuestión de principios políticos más que de consecuencias prácticas, habida cuenta que hasta dentro de ocho años las medidas no empezarían a obligar a los gobiernos, y a saber qué condiciones en todos los sentidos existirán para entonces en el mundo...

Por mi parte considero tan inútil como contraproducente cebarse en la exigencia popular de referéndum contra estos propósitos que pese a todo se consumarán. Toda vez que, con la medida en la constitución o sin ella, de hecho vivimos una economía y una política fatalmente capitalista neoliberal. En cambio, si realmente queremos progresar aunque sea solamente un centímetro en el panorama político y económico subsiguiente, con movilizaciones para conseguir la reforma de la ley electoral que dé entrada en el patio político a fuerzas políticas ahora muy debilitadas por el desánimo de sus potenciales votantes que se quedan en casa, podríamos lograrlo. Estas fuerzas serían las que, aunque sea dentro de una década, podrían dar un vuelco a la infame política y economía que vive este país y pasar a la esfera de otra manera de hacer política y otras miras mucho más altas. Un país éste, condenado por los dioses a padecer in aeternum a la Iglesia y a los obispos, y a ser regentado por cobardes (frente a la Iglesia y al imperio), por los fascistas, por los ricos y por los necios. Y sólo otro u otros partidos ahora tanto minoritarios como extraparlamentarios, podrían conseguirlo. Pero para ello, tendrá que removerse y reformarse la Ley Electoral. Aquí es donde debemos centrar nuestras fuerzas y nuestros esfuerzos. Mientras no cambie la Ley Electoral, seguiremos dominados por el capital, por los mercados y por la Iglesia...

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