martes, 2 de agosto de 2011

Lo que necesita España es librarse de su roña histórica

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Los Movimientos Democracia Real Ya y 15M son dos manifestaciones públicas a lo grande que, en lugar de portar una enorme pancarta sobre una reivindicación concreta (que es lo que sucede en toda manifestación callejera), despliegan una pancarta con varias: exigiendo transparencia política, justicia judicial, correspondencia entre la letra y la música de la democracia, entre la teoría y la práctica política y jurídica, entre las promesas y su cumplimiento. Exige, en fin, que todo el que se dedica a la política sea bueno, honrado, leal y comprometido con el pueblo, cada cual con su ideología. Para eso esto es una democracia...

En definitiva, dichos Movimientos, que no llegan a ser Nacionales sino difusos y a menudo confusos, lo que quieren es que la democracia sea de verdad. Claro es que lo tienen difícil. Eso de que los españoles sean buenos y honrados lo decía hasta la Pepa, que es como se llamó a la Constitución de 1808. Pero resulta que los que se dedican a la política y a cualquier actividad pública son de la misma pasta que los que se dedican a la privada. No hay más cera que la que arde. Y aquí no podremos tener (y a mucha honra, dirán algunos) a franceses, ingleses, alemanes u holandeses gobernándonos; ni tampoco ejerciendo el comercio, la medicina, la abogacía, el notariado o la banca; pero tampoco podremos evitar defraudadores a puñados. Seguirán siendo todos del mismo paño de siempre, y de los genes y de las capas de resabios y dogmas con que está configurada la sociedad española en su conjunto.

Desde luego no reniego de los Movimientos citados, pues un impulso a las virtudes públicas vendrá muy bien a este país de tan corta experiencia democrática, para hacer reflexionar al personal sobre las virtudes privadas de los trabajadores, de los empresarios autónomos, de los lobbys, y del ciudadano común, pese a que siempre cumplen escrupulosamente, por ejemplo, con las leyes y sus obligaciones tributarias.

Porque quien es honrado, transparente, ordenado, limpio, y no es por naturaleza voyeur en su vida ordinaria, si va a la política seguirá siendo todo eso, lo mismo que si se mueve po Internet. Porque en este país no hay apenas pícaros, ni defraudadores. Y aunque todos tenemos un precio y nuestra honradez depende de la cantidad (salvo mi esposa, que –dice- no me sería infiel aunque le pusieran a su nombre la Casa Blanca), ni en la política, ni en el comercio, ni en la banca, ni en las profesiones liberales, ni en las parroquias es fácil corromperse...

Lo que quiero decir es que todavía hay clases, clases de personas, de políticos, de abogados, de médicos, de notarios, de policías... Y en ninguno de los espacios en que todas y todos ellos se desenvuelven huele a corrupción. Por ejemplo, más allá de las sospechas de connivencia improbable entre la policía y Behring Breivik, ¿no hay una diferencia abismal entre la policía noruega y la yanqui? ¿acaso la estupenda policía estadounidense, respetuosa de los derechos humanos como ninguna otra en el mundo, en lugar de apresarle no hubiera descargado todos los cargadores de cincuenta policías sobre el fundamentalista cristiano y bravucón Breivik? ¿Qué dicen "los indignados" norteamericanos respecto a los ataques de su imperio a todos los territorios que no se les someten y tienen petróleo, y sobre el desprecio que sufren sus etnias tratadas como inferiores? ¿lograrán borrar el odio del mundo verdaderamente libre a esa detestable nación?

España, por mucho que la indignación crezca y se extienda como una mancha de aceite en la calle, lo que necesita es que esa misma indignación alcance a los políticos, periodistas, jueces, funcionarios… honestos, y todos actúen en consecuencia. Porque de todos modos la depuración de la sociedad imperante, es decir, de todos los que de alguna manera protagonizan la vida pública y el ámbito comercial (las dos áreas donde más tocada está la honestidad y la integridad personales), sólo podrá venir por vía de hastío y del paso del tiempo. Y ello es porque hasta hace cuatro días, como quien dice, fuimos Conquistadores (ver las andanzas del Duque de Alba en los Países Bajos), Inquisidores (ver cómo en 1861, el arzobispo de Valencia, el manchego Simón López García, en nombre de la Inquisición mandó a la horca al profesor Cayetano Ripoll acusado de hereje por sus creencia heterodoxas y por rechazar los dogmas de fe); ver cómo todavía no ha sido denunciado el Concordato y porciones de sociedad ejercen como caciques e imponen su fundamentalismo cristiano; ver cómo las Corts del País Valenciá siguen rindiendo homenaje al dictador Franco no retirándole el título de alcalde honorario de la ciudad; ver cómo todavía hay miles de muertos en las cunetas asesinados por los fascistas una vez terminada la guerra; ver cómo se procesa al juez que intentó hacer "algo" en este sentido; ver, en fin, cómo todavía hay más de 2.000 familias españolas que siguen reclamando, inútilmente, el "dinero rojo" que Franco les incautó por un valor equivalente a 5.300 millones de euros.

La pregunta del millón es ¿serán capaces los Movimientos DRY y 15M de mutar la condición, los genes y la historia de la sociedad española que probablemente a partir del 20N volverá a ser liderada por una facción política que todavía no ha condenado el franquismo y sin embargo se permite el cinismo de exigirnos a los demás que condenemos todo lo que se les antoja y especialmente el terrorismo a menos que sea de Estado? ¿serán capaces de evitar que venga el papa a mediados de agosto porque la gran mayoría de españoles no es católica y los que dicen serlo lo son sólo de boquilla, y de lo que menos puede presumir la Iglesia católica es de humildad y de austeridad en tiempos tan necesitados de ambas? ¿serán capaces de reformar la ley electoral para que el pensamiento comunista y otros tengan el sitio real que le corresponde y cabida en el parlamento? ¿convertirán DRY y 15M a esta inmundicia política, banquera, mercantil, bursátil, corporativa, religiosa... en una copia del Jardín de las Delicias de El Bosco que tanto gustaba al catolicísimo Felipe II?

Porque ya saben –y si no se lo recuerdo- que a este país no le basta un revocado de fachada con los fascistas dentro de la casa. Tampoco un lavado de cara. Lo que España necesita es que alguien se atreva a quitarle la roña acumulada durante siglos. Y esa profunda pátina, si no es imposible conseguir su frotado sin derramamiento de sangre, sólo puede desaparecer mediante el lavado paulatino del paso del tiempo. Lo demás es gastar pólvora en salvas.

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