lunes, 1 de agosto de 2011

Socios del diablo

Silvana Melo (APE)

Los dueños de la vida y de la muerte suelen elegir buenos socios. Por eso los dueños de la vida y de la muerte pueden apropiarse de la vida y de la muerte de los otros. Dicen que en las sombras de los cañaverales los propietarios de los grandes ingenios azucareros pactan con el diablo. Que esta vez, aparece como un perro negro sin cabeza pero con dientes afilados y babeantes, aunque parezca extraño. Lo llaman El Familiar.

Una vez que el patrón se da la mano con el demonio, deberá alimentarlo con peones para abultar su riqueza. Más obreros a las fauces, más oro en el bolsillo. El Familiar es implacable: patrón que se vuelva bueno, termina en la boca del perro sin cabeza.

Los ojos del perro -que no tiene cabeza pero sí tiene boca y ojos- brillan, dicen los paisanos, “como tizones en la oscuridad”. Y se sabe que el que se atreva a hacer huelga o a enfrentarse con la furia del ingenio, desaparece. Se lo devora El Familiar.

Esa noche se apagaron todas las luces en Libertador General San Martín. Menos en el Ingenio Ledesma. De ahí aparecieron carros que se llevaron a 400 personas en una sola oscuridad. Fueron y volvieron al ingenio, iluminados por los ojos del demonio. Muchos no aparecieron jamás. Fue el 27 de julio de 1976.

A las seis de la mañana no amanece todavía en Jujuy. Libertador General San Martín está rodeado por las tierras de los Blaquier. El ingenio Ledesma es una pinza que pellizca y arranca cualquier intento de expansión. Quince hectáreas pedían: arenilla en los dedos ante la inmensidad de la playa. Los Blaquier pisan con pie de hierro 120 mil.

A las seis de la mañana estaba oscuro. Cuando entraron los 400, 500 policías a desalojar. A palo, plomo y muerte. Con la seguridad privada del ingenio haciendo la logística. Y los ojos como tizones de El Familiar iluminándoles los blancos móviles. Cuatro murieron. Y quién sabe si no más.

Fue el 28 de julio de 2011. Apenas 35 años para la eficiencia atroz de El Familiar. Es que los dueños de la vida y de la muerte saben elegir a sus socios. Tan eternos como la injusticia.

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