lunes, 29 de agosto de 2011

¿Una nueva disculpa del viejo coloniaje?

Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)

Con el mayor desparpajo, el mestizo Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica acaba de darnos una “lección” de cómo actúa en estos tiempos el gran imperio frente a sus desvalidos países del tercer mundo: se valen de un grupo (grande o pequeño) de opositores, dispuestos a todo (muchos de ellos, mercenarios) le descalifican sin más al gobierno de turno; logran una resolución del llamado Consejo de Seguridad Nacional, precipitan sobre el suelo escogido una salvaje y “humanitaria” agresión aérea, le roban todos sus recursos económicos (que suman algunos miles de millones de dólares, depositados en bancos “seguros”) emiten una orden de detención internacional (que para eso está el Tribunal Penal Internacional) y logran derrotarlo, con gran algarabía de la prensa sipiana mundial y sus redes internacionales.

El Presidente de Venezuela (Hugo Chávez Frías) gráficamente, acaba de describir lo que ha pasado en Libia, un pequeño país del norte de África que, para su mala suerte, como dijo Galeano, en vez de rabanitos, está repleto de petróleo y de agua dulce. Hugo Chávez dijo que el imperio y los imperitos (la OTAN, tan europea) han pateado, han escupido, han destrozado los principios básicos de lo que otrora fue el derecho internacional.

Además –y no hay que perder de vista- Libia está en un sector en donde Israel “tiene la primera y última palabra” y unos vecinos “muy malos” (según el imperio y los imperitos): Siria, con un dictadura hereditaria que ya lleva más de 3 décadas, en el poder (y solo los reinados que son “leales” tienen derecho a tener monarquías hereditarias, como Arabia Saudita, Bahrein, Jordania, Kuwait, Marruecos, etc) Y más allá, están “los malos de IRAN” que, a fin de cuentas, es el gran objetivo del imperio.

Yo, como soy un ingenuo incorregible y creo además en las instancias y las limitaciones que las mismas naciones se imponen, no acabo de entender por qué el gran imperio (Estados Unidos) y los imperitos (Alemania, Francia, Inglaterra, Italia y hasta España) necesitan “disimular” para agredir un país que, desde luego, ha sido reconocido por las Naciones Unidas, como libre y soberano. Si, como ha quedado demostrado, Estados Unidos y sus aliados no necesitan de ese disimulo para ocupar un país, por la razón que sea.

¿Qué estoy hablando de memoria? Pero si es del 2002 cuando Estados Unidos y sus aliados decidieron, por si y ante si,” llevar la democracia y la libertad” a los musulmanes de IRAK. Y todavía están ahí, sin saber cómo salir, a pesar de que ya tienen el petróleo (IRAK fue siempre el tercer país productor de crudo) y un aliado que ha prometido guardar los intereses del imperio, a cualquier precio. ¿Y acaso no entraron a Panamá, sin pedirle permiso a nadie, para arrestarle, a su ficha, el Piña (¿) y llevarle preso por narcotraficante, para enviarlo después a Francia? Y así por el estilo.

¿Qué hizo Gadaffi para merecer ese trato? De lo que se conoce, el “dictador de Libia” después de haber intentado su “revolución verde” y de haber asumido el atentado ese de un avión de pasajeros, como que mereció integrar la lista de amigos del imperio, ya que les entregaba un millón y medio de barriles de crudo API 32, diarios. Por lo menos el imperio y los imperitos no dijeron nada contra Gadaffi, hasta hace poco, en que le encontraron todos los defectos habidos y por haber. Me pregunto y pregunto: ¿qué pasó? ¿qué hizo? Me rectifican: en primer lugar, el imperio y los imperitos no tienen amigos, tienen solo compañeros de ruta; y estos son útiles mientras no se apartan del camino. O no sirven como chivos expiatorios.

Me preguntan: ¿has oído hablar de geopolítica? Contesto: algo, no mucho que digamos. Con la mirada me acusan: ¡pero qué clase de periodista es este que no sabe nada de geopolítica! Y como no sé, me explican: “la geopolítica es un descubrimiento del siglo 20; es un descubrimiento de universidades de altura, donde se forman los presentes y futuros líderes de la democracia y la libertad. Es una especialidad exclusiva de los militares (claro que hay también civiles metidos en esos embrollos) y de los organismos de inteligencia de los países desarrollados”

Y me aclaran: después de las revueltas musulmanas (Túnez y Egipto) y de que la señora Clinton dio su visto bueno para que esos cambios sean pacíficos y ordenados (el dictador de Túnez, nadie sabe dónde está; y el pobre Mubarak se está muriendo en la cárcel y en camilla) el gran imperio y los imperitos tenían que buscar una salida “airosa” al conflicto. Entonces, redescubrieron que por ahí andaba Muhamar el Gadaffi, con 40 y más años en el poder; y un poco más allá, el insoportable de Assad hijo, que le ha dado tantos dolores de cabeza a los “angelitos de Israel” y que heredó del padre, ese país díscolo; y un poquito más allá, el país de los Ayatolas, que tienen un presidente de nombre impronunciable y que anda diciendo que los fascistas alemanes no mataron tanto judío en la segunda guerra mundial: y, lo peor, que pretende tener su propia bomba atómica, cuando solo los países muy desarrollados pueden tenerla. En fin.

Y como la CIA norteamericana, y los aprendices europeos, no han tenido un trabajo que se valore, en los últimos tiempos, pues les dieron tarea: desviar a los países de regímenes no confiables pero que tengan petróleo, el movimiento popular que ellos mismos le bautizaron de “primavera árabe” recordando el nombre que le pusieron a la revuelta portuguesa, hace años. De esa manera, al mismo tiempo que salían de dictadores imperfectos y sobre todo desconfiables, desviaban la atención mundial hacia otros centros “enemigos” del imperio y de los imperitos. De paso, se hacían del petróleo y otras riquezas que los atrasados no habían podido aprovecharlas.

El interlocutor (que al parecer estaba enterado de la moderna geopolítica imperial) advirtió: todo está preparado para bombardear Siria, derrocar a Assad hijo; y luego van por la presa mayor: IRAN. ¿Será? Me advirtió que él no es adivino ni cosa que se le parezca pero si un analista serio de la política mundial. Y que todo apunta en esas direcciones. Finalmente, agregó: y como estamos en el siglo 21 y el imperio y los imperitos necesitan justificar sus acciones, pues se han inventado esta nueva táctica. Pero todo el mundo sabe que, en todo esto, se ha movido el premio anticipado de la paz (Obama, en busca de garantizarse su reelección presidencial) y la vieja OTAN. Sobre la OTAN, aclaró: ese organismo ya estaba muerto y no tenía nada qué hacer desde que lograron derrumbar a la ex URSS; y, hasta Turquía quiere ingresar a la Eurozona. Entonces, le dieron tarea y de esta suerte justifica su propia existencia. A pesar de que no hay que olvidar que los Estados Unidos participa de la OTAN. De manera que el gran imperio delegó, en este caso, a los imperitos, que resuelvan el problema geopolítico.

Digo yo, en cambio, que el gran imperio, en sus relaciones con América Latina “ha descubierto” una nueva forma de intervenir en sus países. Antes lo hacía directamente, sin pedirle permiso a nadie; pero como hay críticas y denuncias y ellos son el paradigma de la libertad y la democracia, han descubierto un nuevo pretexto: todos los gobiernos díscolos (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Argentina) y los que vengan (tal vez Perú, quién sabe si Paraguay) tienen oposiciones beligerantes, defensoras a utranza del sistema capitalista. Por lo tanto hay que valerse de ellas (de las oposiciones tipo Montúfar, Páez, Tibán, Cobos, Moncayo, Fundamedios) para que establezcan unas especies de “cabezas de playas” que después pueden llamarse comisiones nacionales de transición (algo de esta estrategia ya lo planteó la asambleístas de Pachakutic, de apellido Orellana) y entonces, viene el imperio a salvar a los ciudadanos y ciudadanas del país en referencia (aunque sea matándoles) se les confisca sus pobres cuentas bancarias y se les impone nuevos gobiernos patriotas. Que para eso están.

¿Será? Me parece que Chávez tiene toda la razón cuando ha dispuesto que toda la llamada reserva monetaria (oro puro) vuelva a Caracas. Así, por lo menos, les ahorra y les facilita esta acción.

Y por último, algo sobre la prensa sipiana (de la SIP-CIA) Al principio de la invasión de Libia, trató de darnos la idea de que había un levantamiento popular imparable; pero, una red televisiva tercermundista (Telesur) les echó a perder la trama con solo llegar a Trípoli y encontrarse que no había un solo muerto (hablaban de miles) y que las manifestaciones eran a favor de Gadaffi. Ahora, tímidamente, la misma prensa sipiana (televisiva) muestra con mucho pudor que los “salvadores” de Libia (mercenarios) están masacrando a cuanto ser humano encuentran sospechoso de haber sido colaborador del régimen depuesto. Ellos, tan aficionados (ahora) a la crónica roja, ¿por qué no aprovechan la ocasión para incrementar sus lectores y televidentes?

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