
Pedro Echeverría (especial para ARGENPRESS.info)
2. Y no fue fácil conservarse en la oposición radical. Los presidentes Echeverría Álvarez y López Portillo construyeron una política de “apertura democrática” y de “nacionalismo revolucionario” que abrió las puertas a los jóvenes con el objetivo de recuperarlos para el régimen del PRI. O, por lo menos, para el sistema. ¿Quién puede olvidar que los intelectuales, Paz, Fuentes, Benítez y otros hicieron un llamado pidiendo apoyo al gobierno con la consigna: “democracia o fascismo”. ¿Quién no recuerda que en 1971 salieron de la cárcel Demetrio Vallejo y la mayoría de los presos invitándolos a ingresar a partidos o dando facilidades para crear otros nuevos tal como el PST, PMT, MAUS y otros? ¿Cómo no recordar que en 1977 el Estado creó la llamada Reforma Política, cuotas millonarias para partidos, tiempos en televisión y diputados de plurinominales? O sea, el gobierno pudo comprar voluntades.
3. Durante los gobiernos de LEA y JLP (1970-76 y 1976-82) muchos funcionarios presumían (Luz Alegría, Beatriz Paredes) haber estado en el movimiento de 1968; sin embargo consta en documentos que los partidos derechistas PRI y PAN condenaron y combatieron el movimiento calificándolo de comunista y subversivo. Incluso el PPS de Lombardo, que se autocalificaba de antiimperialista, condenó al movimiento diciendo que estaba al servicio de EEUU. Hoy es tan grande el número de políticos oportunistas que dicen haber participado en el movimiento que por sólo ese hecho pareciera que el movimiento fue oportunista y gobiernista. Por eso puede decirse que se ha desgastado el discurso y que es necesario renovarlo actualizándolo con los movimientos radicales de las calles y haciendo a un lado a aquellos que habiéndose vendido a los gobiernos (PAN, PRI, PRD) hoy lo reclaman para sí, pero ocultando el radicalismo original de los jóvenes.
4. Lo importante de 1968 fue ser un gran movimiento libertario internacional; fue haber sido el gran festejo de la década de los sesenta que buscaba acabar con el autoritarismo en la familia, en las escuelas, las iglesias, las fábricas, la cultura, las tradiciones, los fanatismos y las costumbres. No solo en México, mucho más en Francia, Alemania, EEUU, Checoslovaquia. Muchos chavos (jóvenes) rompieron en todo el mundo con sus familias y organizaron comunas igualitarias; rompieron con el autoritarismo de las escuelas; las iglesias tuvieron que renovarse para no morir; los obreros hicieron más fuertes a sus organizaciones y más numerosas sus huelgas; la cultura se hizo amplia y libertaria en la música, la pintura, el teatro; el vestido, el cabello, las barbas, las parejas, las relaciones sexuales cambiaron radicalmente. Mucho se transformó en la década de los años 60 y 1968 vino a ser la coronación, lo más alto de la década.
5. Se han escrito muchos libros, folletos y artículos sobre el movimiento estudiantil de 1968. Sin embargo, como han dicho los clásicos del marxismo: vale más un movimiento real que 100 libros escritos sobre él. Sin qué hacer, en 1998 –en su 30 aniversario- escribí un folleto sobre algunas experiencias de aquel movimiento que viví como activista y brigadista en los centros obreros de Cuauhtitlán, Altos Hornos, Campos Hermanos y ferrocarrileros del Valle de México y Pantaco donde repartimos volantes y realizamos mítines buscando que los obreros apoyaran el movimiento como paso a un mayor compromiso en sus luchas. En el mismo folleto pude analizar el silencio y la desinformación que la Prensa escrita extendió en Yucatán para evitar que los estudiantes yucatecos dieran su solidaridad. Desafortunadamente el 99 por ciento de la prensa nacional, de la radio y la TV, estuvo absolutamente contra el movimiento.
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