miércoles, 28 de septiembre de 2011

Precariedad laboral, una mirada en perspectiva

Pablo Spataro (ACTA)

Habrá que llenar el futuro de recuerdos, nos decía Alberto Morlachetti mientras nos invitaba a seguir caminando hacia una sociedad nueva sin olvidar nuestra memoria histórica. Es que los trabajadores supimos vivir otros tiempos a los que corren. Tiempos donde los derechos laborales y sociales no eran una formalidad, sino que se consolidaban en el plano de lo real.

Derechos como un salario digno, una jubilación, un sistema de salud de excelencia, un aguinaldo, un ambiente de trabajo adecuado, una vivienda, una cobertura contra accidentes laborales, una educación publica para todos y todas, por mencionar solo algunos de ellos, eran no sólo el resultado de largas luchas en nuestra historia, sino también un mundo de certezas en el que las y los trabajadores vivíamos.

El temor a perder el trabajo no tenía lugar en una sociedad donde el trabajo estable y una economía de pleno empleo aparecían como rasgos distintivos. Seguramente si hacemos memoria, aparece en los relatos de nuestras historias familiares, algún pariente cercano que nos contó como lo normal era trabajar en un mismo lugar durante 20 o 30 años.

Tener un empleo estable se volvía así un aspecto fundamental de nuestra relación con el mundo del trabajo; porque no solamente nos permitía a los trabajadores contar con derechos básicos que antes no teníamos y poder así planificar nuestra vida cotidiana (desde pensar en ir de vacaciones hasta el sueño de la casa propia); sino también nos permitía fortalecer nuestra identidad como clase trabajadora y construir vínculos con otros compañeros a lo largo del tiempo, factor clave para la organización gremial.

Las tazas de afiliación sindical más altas de la historia se registraron en esa época, y la mayor cantidad de conflictos que protagonizamos frente a los patrones también pertenecen al mismo período (del 46 al 49). Por otra parte, el resultado de esta disputa significó en términos históricos, la etapa dónde mayor distribución del ingreso hemos alcanzado a nuestro favor (en 1948 los trabajadores llegamos a percibir el 53% del total de las ganancias, intereses y rentas de la tierra).

La planificación de la expropiación de nuestras conquistas...

Y es bueno mirar hacia atrás para saber que no siempre tuvimos la realidad que se instaló en los últimos 20 años en nuestro país. La falta de trabajo y el trabajo precario es resultado de una nueva forma que asumió la economía capitalista globalizada, pero también es producto de una derrota histórica que sufrimos a manos de la última dictadura militar y del genocidio perpetrado.

Eso que Rodolfo Walsh escribió de manera tan aguda y tan dramática en la carta abierta a la Junta Militar, que además del horror por los secuestros, asesinatos y torturas que se estaban cometiendo, estaban diseñando y planificando un país para dejarnos a millones de compatriotas subsumidos en la pobreza y la exclusión, en lo que iba a representar un verdadero genocidio económico.

La llegada de gobiernos neoliberales en la década de los ´90 no hizo más que completar esa obra. La aplicación de políticas como la apertura de la economía, la primera y segunda reforma del Estado, la vuelta hacia un aparato productivo de carácter dependiente y agroexportador, las leyes de flexibilización laboral, la subordinación del Estado a los intereses del capital trasnacional, son sólo algunas de las medidas más significativas que traerían pobreza y dolor en nuestro pueblo.

En efecto, la desocupación empezó a ser un fenómeno cada más frecuente en nuestras familias llegando a tener sus momentos más dramáticos a mediados de la década del 90, dónde trepó a un 22%, pero sigue hoy, según los dudosos números del INDEC, en una cifra que orilla los dos dígitos. Por otra parte, los trabajadores seguimos padeciendo la precarización de nuestras condiciones de trabajo: 4 de cada 10 trabajadores trabajamos bajo esas condiciones (lo que intento remarcar es un rasgo estructural que permanece más allá de las diferentes coyunturas políticas).

Las mil caras de la precariedad...

¿Pero qué entendemos cuando hablamos de precarización laboral?, ¿Estamos hablando de los derechos históricos que fuimos expropiados los trabajadores?, ¿Los salarios bajos y las magras condiciones laborales son una forma de precarización?, ¿Tendrá que ver la falta de estabilidad en el trabajo?, ¿Será acaso una estrategia del gran capital para maximizar sus ganancias?, ¿O tal vez una estrategia para disciplinar y fragmentar la organización de los trabajadores? Seguramente la suma de todas estas dimensiones nos llevaran a definir eso que a menudo nos pasa.

Efectivamente, la primera cara de la precarización laboral es la falta de trabajo estable y la sensación de incertidumbre constante. Si los trabajadores conocimos la estabilidad laboral en un momento histórico de este país, no es un rasgo común en los tiempos que corren.

Bajo la excusa que entramos para hacer un trabajo determinado o temporario, las empresas e inclusive el mismo Estado (en sus diversas dimensiones: Nacional, Provinciales y Municipales) encubren una relación laboral bajo figuras contractuales provisorias, obligándonos a firmar cada tres o seis meses el contrato, como si todo el tiempo volviéramos a empezar de cero.

Por otra parte, encubrir esa relación lleva, según el tipo de contrato al que uno acceda (monotributistas, becarios, asistentes técnicos, pasantes, contratos de aprendizajes, contratos temporarios, etc.) a negar de forma parcial o total los derechos que los trabajadores conquistamos a lo largo de nuestra historia, como son los aportes jubilatorios, la obra social, el aguinaldo, las vacaciones, cobertura contra riesgos de trabajo, estar bajo convenio colectivo, etc.

Pero la precariedad no sólo se manifiesta en la falta de estabilidad laboral y la expropiación de derechos, sino que también se observa en las condiciones de vida de un mundo que se volvió cada vez más precario y más hostil para todos los que lo habitamos.

Trabajadores precarizados sobreviviendo en un mundo dónde el acceso a educación se ha vuelto precario, dónde el acceso a la salud se ha vuelto precario, donde el acceso a la vivienda digna es un privilegio y no un derecho, y donde la lógica de extraer renta por parte del sector privado, sigue siendo un rasgo característico en todas las esferas sociales.

Y ante esto, ¿Qué hacemos los trabajadores para modificar nuestras condiciones laborales en los sectores de trabajo?, ¿Qué hacemos los trabajadores para modificar una sociedad que este más cerca de cómo la soñamos?, ¿Qué hacemos para que esos derechos que muchas veces aparecen como enunciaciones sean realmente hechos concretos?

Una respuesta organizada desde nosotros y nosotras

Si ya hay un sistema que condena a muchos de las y los nuestros a la desocupación y la precarización, también hay un modelo sindical que ha decidido darnos la espalda. El viejo modelo sindical se agrieta no sólo porque se ha convertido en sindicalismo empresarial, sino porque ha renunciado a representar a los trabajadores que están sin trabajo y a los que no están bajo relación de dependencia, excluyendo así a casi la mitad de la clase trabajadora.

La CTA, aún con todas las dificultades que estamos atravesando, aparece así como el refugio de muchos colectivos de trabajadores que venimos corridos de un modelo sindical que nos expulsa y no nos representa. El debate sobre como construimos las nuevas formas de organización de la clase trabajadora es una discusión que está abierta y que para nosotros posee un carácter estratégico.

Experiencias como la del nuevo sindicato de maestranza (SITMMA-CTA), como la de los trabajadores mineros en San Juan (OSMA-CTA), como la de los trabajadores del Subte (AGTAyP-CTA), como la de los trabajadores del azúcar en el ingenio Ledesma (CTA) o como la de los trabajadores bancarios (SITEBA-CTA), por sólo mencionar algunas, nos muestra que la construcción de un nuevo modo de organización de los trabajadores no es un enunciado romántico, sino que expresa la capacidad que tuvimos no solo de construir lo posible, sino de crear lo que era necesario para nosotros.

Más de dos mil organizaciones sindicales nuevas no pueden contar con derechos básicos como participar de los ámbitos colectivos de trabajo correspondientes, proteger a sus delegados con los fueros gremiales que establece la Ley, hacer el descuento de la cuota sindical, etc. En este marco la lucha por la libertad y democracia sindical es un reclamo sustantivo del conjunto de los trabajadores, que excede por mucho a nuestra organización.

No existe posibilidad de pelear por mejor salario y de terminar con la precarización laboral sino existe un colectivo de trabajadores que se organice para poner freno al atropello patronal. La mejora de nuestras condiciones de trabajo va a depender de nuestra capacidad para pelear de manera inteligente ante los que mandan en este país.

Por eso, este 23 de septiembre nos movilizaremos ante todas las dependencias de los ministerios de trabajo del país por libertad y democracia sindical, en una muestra más de que los trabajadores no somos espectadores sino protagonistas de esta realidad. Sólo la certeza de confiar en nuestra propia fuerza y en nuestra propia historia nos anima a transitar un camino hacia una sociedad diferente.

Pablo Spataro es Secretario Adjunto de la CTA Capital.

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