lunes, 19 de septiembre de 2011

Trampas contra Palestina

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Como quien amenaza con el “coco”, el presidente Barack Obama anuncia que, en caso de debatirse en el Consejo de Seguridad el ingreso del Estado palestino cuya existencia fue aprobada por la Resolución 181 de la Asamblea General de la ONU en 1947, hará uso del veto. De ese modo confrontará una decisión auspiciada por Harry Truman, creando un precedente poco visto en Estados Unidos donde no se acostumbra que unos mandatarios enmienden las acciones de otros.

En realidad no existen antecedentes de que el Consejo de Seguridad de la ONU haya vetado el ingreso de algún Estado a la organización; sin embarco se recuerda que, desde 1945 hasta 1971, año tras año, Estados Unidos utilizó la “mayoría mecánica” de que disponía en la Asamblea General para impedir el ingreso de la República Popular China, cosa finalmente fue resuelta por la Resolución 2 758 de la Asamblea General de aquel año.

El antecedente de la ONU fue la Sociedad de Naciones, diseñada por el presidente norteamericano Woodrow Wilson y que fracasó al no poder evitar la Segunda Guerra Mundial, entre otras cosas por carecer de autoridad y medios materiales para dar carácter vinculante a sus resoluciones.

Al negociar el texto fundacional de la ONU, cuyo borrador fue la Carta del Atlántico adoptada por Roosevelt y Churchill en agosto de 1941 y a la cual poco después se sumó Stalin, se tuvo en cuenta aquella limitación, lo cual dio lugar a la inclusión del Capítulo VII de la Carta de la ONU que autoriza el uso de la fuerza.

Al conocerse el borrador de la Carta, los gobiernos latinoamericanos, invitados por México se reunieron en la Conferencia de Chapultepec (febrero de 1945) para adoptar un punto de vista común acerca del texto. En la cita se patentizó la preocupación de algunos líderes porque la fundación de las Naciones Unidas endosara el liderazgo ejercido por las potencias aliadas en la II Guerra Mundial, presunción que se hizo certeza con la propuesta de otorgar a aquellos países la prerrogativa del veto. Colombia, representada por Alberto Lleras Camargo, entonces embajador en Washington, lideró aquella corriente que entre otros, secundaron México y Cuba.

En Dumbarton Oaks (agosto-octubre de 1945) se trabajó en la redacción de la Carta de la ONU adoptada luego en la Conferencia de San Francisco (abril-junio de 1945) donde, a pesar de la oposición de varios países latinoamericanos se aceptó la llamada “clausula de unanimidad” que dio lugar al derecho al veto reservada para los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Por tratarse de una medida que entrañaba enormes peligros para la región, los países latinoamericanos asumieron con reservas el derecho al uso de la fuerza por las Naciones Unidas. Consultados al respecto, Roosevelt, Churchill y Stalin determinaron que la “clausula de unanimidad”, es decir el veto no era negociable. De ese modo las grandes potencias monopolizaron la decisión sobre el uso de la fuerza y se curaron en salud al impedir que pudiera ser utilizada contra alguno de ellos.

Realmente, el espíritu que llevó a la introducción del veto (palabra no mencionada en la Carta), parece haberse referido exclusivamente a la cuestión del uso de la fuerza o a situaciones en que existiera un peligro inminente para la paz y la seguridad internacional, cosa que las grandes potencias ha corrompido; abusando de tan exótica prerrogativa.

Durante la Guerra Fría el veto fue usado en unas 250 oportunidades: Unión Soviética 120, Estados Unidos unas 80, Reino Unido 32 y Francia en veinte ocasiones. La mitad de los vetos ejercidos por Estados Unidos han sido para evitar condenas a Israel.

Ayer se conoció la excusa del Secretario General que alegó que por ser su función “meramente técnica:” “Cuando llegue a sus manos la solicitud de Ingreso del estado Palestino la trasladará al Consejo de Seguridad”, donde según se ha anunciado Estados Unidos ejercerá el derecho al veto que en 1945 obtuvo prácticamente por la fuerza.

Tal vez, en términos estrictamente procesales, el veto no sea aplicable al caso y el procedimiento ideado por el inefable Ban Ki-moon no sea el correcto. La Autoridad Nacional Palestina que también tiene en contra el voto de Hamas, está como ante un problema de ajedrez: “Juegan las blancas y matan en dos”: los palestinos son las blancas. Allá nos vemos.

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