jueves, 29 de septiembre de 2011

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (VIII): “El general tiene quien le escriba”

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)
A diferencia de lo que le ocurría al protagonista de la mítica novela de Gabriel García Márquez publicada en 196l -“Un coronel no tiene quién le escriba”-, la correspondencia entre el General Perón, exiliado en Madrid y John William Cooke en los meses de la llamada “crisis de octubre”, era fluida e intensa.

John y Alicia Eguren, le trasmitían al Líder, todos los acontecimientos que se vivían en la Isla de la Libertad, el primer país socialista de América, destacando la juventud de la dirigencia revolucionaria y su consecuencia, en una confrontación con el imperio mas poderosos del planeta y, a sólo 90 millas de su territorio.

Las respuestas del General, apuntaban a señalar los avances que se habían logrado en la Argentina con el “primer peronismo “y la relativa inexperiencia de Fidel, el Che y de los otros dirigentes de este proceso, que conmovía a todo el Continente.

Las primeras semanas de noviembre retomamos nuestros cursos, al mismo tiempo que la Habana recobraba su ritmo habitual, con todas las dificultades que generaba el bloqueo, que no había cedido, pese al acuerdo alcanzado entre Kennedy y Jruschov.

En los momentos de mayor tensión entre el 22 y el 27 de octubre, sólo un barco soviético logró atravesar el cerco tendido por los navíos de guerra estadounidenses y de los países de la Organización de Estados Americanos -la OEA- entre los que se encontraban los destructores “Rosales” y “Comandante Espora” de la armada argentina. El mismo conducía al famoso Circo de Moscú, con todos los artistas y animales amaestrados.

Alicia nos consiguió entradas y la invitamos a la compañera que tenía a cargo la casa que ocupábamos en el barrio habanero del “Vedado”, y a su pequeño hijo.

Su compañero, campesino como ella de la región oriental, había caído en combate, integrando la columna del Che.

El espectáculo fue sorprendente y el famoso payaso Oleg Popov hizo reír a grandes y chicos, pese a la tensión que se vivía por la amenaza norteamericana de desatar un ataque nuclear.

Al mismo tiempo que reiniciábamos la actividad suspendida durante la crisis, comenzamos a elaborar, con John y Alicia, un proyecto dirigido a lograr que el Jefe del Movimiento se radicara en Cuba y expresara su apoyo a los procesos revolucionarios que crecían y se desarrollaban en el Tercer Mundo y en América Latina.

El “Bebe” consideraba que Perón estaba subordinado y limitado por la dependencia económica que le generaba Jorge Antonio y los condicionantes que le imponía la dictadura franquista.

Jorge Antonio, de origen sirio libanés, había sido Director de la Mercedes Benz en la década del 40 conociendo al General en 1943, cuándo este integraba el Grupo de Oficiales Unidos -GOU- que gestó la asonada militar del 4 de junio de 1943, que puso fin a la llamada “década infame”.

En 1951 se había opuesto a la candidatura de Evita a la vicepresidencia impulsada por la Confederación General del Trabajo.

Luego del golpe militar de 1955 fue encarcelado y enviado al penal de Ushuaia con otros dirigentes del Movimiento, entre los que se encontraban Cooke, Héctor Cámpora y Patricio Kelly.

Logró fugarse a Chile con los nombrados y se radicó en Cuba, protegido por el dictador Fulgencio Batista, realizando importantes inversiones inmobiliarias en ese país.

Antes de la entrada de los revolucionarios a la Habana, abandonó esta nación caribeña radicándose en Madrid, financiando la construcción de la residencia de Puerta de Hierro en la que se hospedó, hasta su regreso al país en 1972, el “General ya en su laberinto”, con Isabel Martines -su esposa- y José López Rega.

Obviamente este personaje -Jorge Antonio- era un detractor del proceso revolucionario cubano y un enemigo declarado del matrimonio Cooke.

Alicia y John, en largas reuniones, lo impusieron a nuestro compatriota Ernesto Guevara de lo importante que sería, no sólo para la lucha en nuestro país sino en todo el Continente, que Perón se radicara en la Habana, para lo cuál había que tener presente dos condiciones.

Por un lado generarle un ingreso económico que lo liberara de la negativa influencia de Jorge Antonio y, por otra parte, que tuviera el trato de Jefe de Estado -en el exilio-.

Al Che le pareció interesante la idea, toda vez que, además, ayudaría a quebrar el aislamiento que Estados Unidos le imponía a la “isla del lagarto verde”, y se comprometió a plantearle el proyecto a Fidel y a Raúl.

Cuál fue la respuesta de la dirigencia cubana y del “viejo Líder”, será el tema que abordaremos en la próxima nota.
Ver también:

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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