jueves, 13 de octubre de 2011

Argentina: Abogados de la memoria y de la verdad

Ulises Naranjo (MDZOL)
Viviana Beigel y Pablo Salinas son dos de los abogados que, en los recientes juicios por delitos de lesa humanidad, querellaron con éxito a genocidas mendocinos. Aquí, la visión que, desde la democracia, se detiene en el pasado ominoso y el futuro promisorio. El “Nunca Más” y la defensa de los derechos humanos como símbolo del país que casi todos queremos.

Aun quienes no sufrimos durante la dictadura militar la pérdida o el robo de nuestros seres queridos, aun los que en aquellos ominosos años éramos adolescentes o niños y aun quienes no habían nacido siquiera, aun quienes no tenemos militancia política concreta, aun quienes supieron de aquellas tragedias por las lágrimas de los sobrevivientes, todos, en la escalinata de Tribunales Federales, lloramos un poco y reímos otro poco el otro día.

Es que esa mañana confluyeron allí décadas de lucha por la verdad y por la memoria. Y también por la justicia. Cuando se conocieron las sentencias contra los genocidas en el primer juicio mendocino contra un puñado de delincuentes y asesinos vestidos por aquellos años con uniforme militar, uno se dio cuenta de que vivimos en un país mejor, uno que llena de orgullo, uno que debe solucionar mil cosas, sí, pero uno digno, ejemplar.

Se veían desde la calle, entre banderas y papelitos, allí estaban los abrazos de los compañeros: entre muchos, muchísimos, la emoción dejaba ver a Ernesto que es un duro y se quebró, seguramente recordando a los padres que perdió, estaba Mariú y María Domínguez, esas mujeres siempre con pan y con leche saliendo de sus ojos, estaban la Vicky y el Nazareno, quienes eran adolescentes cuando hicimos una primera nota a la semana de que formaran H.I.J.O.S., estaba el Negro Abalo, firme y sabio a la vez, como una algarrobo añoso y también se sentía la presencia de los que no están, no están pero están.

En fin, fue así: estaban todos llorando y apenas riendo, porque así son de intensas estas cosas de la vida. La historia de Mendoza, en ese momento, se plantaba firme en esas escalinatas tribunalicias.

También estaban ellos, los abogados querellantes: hombres y mujeres jóvenes que supimos conseguir y que son fruto, también, del cambio cultural que vivimos luego de la nefasta experiencia neoliberal de los ’90 en la Argentina. Ahora, en un café, uno de esos cafés de abogados, nos disponemos a charlar un poco con Viviana Beigel y Pablo Salinas, abogados querellantes en las causas y pareja en la vida diaria.

¿La intención? Tal vez, a sacar algunas conclusiones ahora que, sentencias en mano, todas las víctimas de aquellos años empiezan a sentir algo de paz, dondequiera que estén las que no están y en nuestras vidas cotidianas las que sobrevivieron y las que sin padecer, se comprometieron para que ya no vuelva a pasar semejante cosa.

- Qué difícil separarse de todo lo que uno siente y planear una investigación y una estrategia lúcida para que se haga justicia…

Viviana Beigel: Es muy difícil separar las cosas, tanto que se puede separar los sentimientos en casos como estos. Nuestro compromiso con las víctimas es tan grande que somos parte de ese todo. Aparte, el desarrollo del juicio fortaleció aún más los vínculos entre todos: familiares, víctimas y abogados. Nosotros, los abogados, tuvimos una actuación profesional clara, pero era más grande nuestro compromiso con esa historia y sus protagonistas.

- ¿En algún momento pensaron que las cosas podían salir mal, no hacerse justicia, salir otro tipo de sentencias?

Pablo: Yo pensé esto como abogado que soy desde hace 17 años y vi que la acumulación de pruebas era abrumadora, contundente. En las querellas en las que nosotros participamos, las pruebas eran demoledoras. Mi abuelo militar, quien me crió, me dijo una vez: ‘Está todo anotado. Nosotros los militares anotamos todo’. Entonces, investigamos mucho ahí y encontramos los nombres de los integrantes de las familias que secuestraban. En los libros del D2, por ejemplo, está todo. Incluso hay legajos donde, por ejemplo, Oyarzábal pone a disposición su Falcon verde para salir a secuestrar personas. Por eso, no tenía dudas respecto de que la sentencia iba a ser condenatoria. Sí las tenía respecto de la calificación legal y el Tribunal calificó como esperábamos: homicidio y no privación de la libertad; esto es muy importante, que ha permitido a algunos represores estar libres…

- Y también que fueran considerados delitos de lesa humanidad…

Pablo: Y eso además, sí. Y también que se hable, por primera vez en Argentina y desde Mendoza, de “delito internacional de genocidio”. Así se caen argumentos habituales de defensores de represores, porque la tipificación de ese delito existe desde 1948, o sea, que lo que pasó en Argentina ya estaba tipificado. Todo esto en el marco de la justicia de la democracia: toda persona debe ser condenada con pruebas, tan distintos a lo que hacían ellos: secuestrar de noche, torturar, cometer violaciones…

- Y robarse niños, nada menos… Y algo ya de miserables: chorearse electrodomésticos, además de fincas y terrenos, claro, de sus propios detenidos…

Pablo: Y tampoco permitir legítimas defensas. Por todo esto, cuando me preguntás cómo me siento, bueno, esa foto en la que estoy con las Madres de Plaza de Mayo resume todo para mí. Ahí está toda mi vida. Yo soy Hijo, a mi vieja y a mí nos secuestraron. Yo aprendí con Angela Urondo a reconocerme como preso político. Yo, antes, pensaba que era un suertudo por haber sobrevivido, pero la verdad es que, siendo un niño de siete años, a mí me convirtieron en un preso político.

- ¿Qué hacía tu mamá?

Pablo: Era periodista, muy reconocida, de un medio de San Luis. Y nos secuestraron en Córdoba, con un auto sin identificación y nos encerraron en el D2 de Córdoba. Angela Urondo pasó por todo esto y mucho más. Mi madre por suerte sobrevivió. Hay un policía que declaró que, mientras mataban al padre primero y en el mismo momento en que mataban a la madre, había en el D2 de Mendoza dos niñas a las que les daban lápiz y papel para que hicieran dibujitos. Estas cosas pasaron en Mendoza

- Mucho se ha avanzado: casi nadie reivindica ya a los militares y los que lo hacen eligen el anonimato, jamás dan la cara…

Pablo: Es verdad. En Chile hay mucha gente que todavía habla bien de Pinochet y Uruguay tiene un cerco que impide la aplicación de la justicia. Acá eso no pasa. Acá la Corte habla de que esto es una Política de Estado y todos los candidatos a presidente reivindican estos juicios; todos, menos el nefasto Duhalde. Por supuesto, en todo esto ha sido determinante el rol y el compromiso que asumió Néstor Kirchner.

- Ha sido un gran trabajo cultural de décadas llegar al cumplimiento de la justicia…

Viviana: Y yo también quiero rescatar la figura de Néstor Kirchner en todo esto. Desde que él asumió, empezamos a tener una política de derechos humanos en serio; se instauró el día de la Memoria y en las escuelas ahora se puede hablar del golpe militar. Fue un cambio muy grande desde 2003. En Argentina, ya se hizo carne el “Nunca Más”.

- Vos, Viviana, hace poco, has estado seriamente amenazada en tu hogar por investigar estos temas…

Viviana: Sí… me pasado algunas veces, pero tiene que ver con este tipo de trabajo que hacemos. Supongo que tiene que ver con mi compromiso con este tema. En Mendoza, todavía no se ha desmantelado todo el aparato represivo, pero han perdido bastante poder respecto del que tenían hasta no hace mucho. Ahora, la Justicia está actuando…

. ¿Qué le dicen ustedes al mendocino de derecha, conservador y reaccionario que, desde el anonimato y de manera violenta, sale a decir que “los derechos humanos son para los delincuentes”?

Viviana: ¿Qué decirles..?: Que no es así.
Pablo: Acá, hasta hace un par de años, había un campo propicio para levantar la bandera de la mano dura y de los “derechos humanos de los delincuentes”. Este discurso venía de la dictadura, con Videla diciendo “los argentinos somos derechos y humanos”. Y hubo un intento de la derecha de afincarse ahí para hablar del tema de la seguridad ciudadana y hacer campaña política. Ahora, lo ves en el discurso de Rosales y en lo que hace el Partido Demócrata, que habla de policías con manos esposadas y hace poco, cuando tuvieron ocasión de manejar la seguridad en democracia, pusieron junto con Aguinaga a un tipo como Rico, acusado de cometer delitos de lesa humanidad. Ellos dicen lo que dicen, pero después la gente ve los hechos. Por eso, prosperaron estos juicios en Mendoza y en todo el país. Hay juicios en Salta, Tucumán, Chaco, Formosa, Chubut, Buenos Aires, San Luis… Esto prueba que intentar hacer política atacando los derechos humanos, no funciona ya. Y la gente nos lo reconoce en la calle, día a día.

Viviana: También hubo todo un cambio cultural a partir del fracaso neoliberal de los ’90. En aquellos años se hablaba más de mano dura. Ahora, se ve al país fortalecido y creyendo en sus potencialidades y no olvidando su historia. Los militares trabajaron para instalar en la Argentina un régimen político y económico neoliberal, pero ese desastre ya pasó. El país está cambiando y también la cabeza de la gente y eso se nota en el optimismo de la calle.

Pablo: Ahora viene una seguidilla de juicios muy importantes en la Argentina. Será dos o tres años de procesos. Después de esos juicios, terminaremos de ver una Argentina con justicia, con garantías respetadas por todos. Y los culpables, si los hay, y aunque sean genocidas, van a comprobar cómo los trata la democracia: con cumplimiento de la ley y con dignidad, no como hicieron ellos. Estas son las cosas que marcan la diferencia y que muestran cómo fueron ellos y cómo somos todos nosotros.

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