domingo, 16 de octubre de 2011

Con indignación no basta (Parte III): El sistema reacciona

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Protestar no basta, aplaudir tampoco. En la batalla de ideas, más que tener razón o hacer prevalecer algún punto de vista, lo importante es compartir criterios, movilizar el pensamiento crítico, contribuir a que prevalezcan la verdad y la razón, introducir el realismo, evitar nuevas decepciones y confrontar las manipulaciones mediáticas. De momento recomendaría prudencia a los que guiados por deseos vehementes, creen inminente la revolución anticapitalista y confunden turbulencias locales con una reacción global contra el sistema.

No estoy seguro de que sea pertinente establecer un nexo entre la “primavera árabe” abortada desde Washington y por la OTAN, las protestas en Madrid, Atenas y otros lugares y lo que ocurre en Wall Street y no creo que, salvo las formas y la oportunidad, tengan algo que ver con lo que sucede en Chile o Israel; además, parece precipitado asumir que se trata de un movimiento global anticapitalista. Las situaciones y las motivaciones son diferentes y los protagonistas también; lo que conecta a tales fenómenos no son las esencias sino las apariencias y tal vez cierto mimetismo.
Los Estados Unidos, donde aunque bajo intenso fuego las instituciones básicas del capitalismo funcionan, parecen haber sido creados para desmentir los presupuestos básicos de la politología moderna: en el país industrialmente más desarrollando es donde menos protagonismo tiene la clase obrera, la mayor agricultura del planeta no generó nada parecido a una clase campesina, jamás existió un movimiento sindical real, el socialismo apenas se ha difundido y el comunismo casi no avanzó, no se conoce un partido socialdemócrata, no se desarrolló el “estado de bienestar” y se ha prescindido casi completamente del “movimiento de masas”. Más que por doctrinas, la sociedad norteamericana, donde el individualismo prevalece, se cohesiona por lemas y según sus ideólogos por metas compartidas.

Comparar o asociar las motivaciones y expectativas de los habitantes de Manhattan, Harlem, el Bronx, Queens, Brooklyn con las de cualquier otro lugar del planeta y homologar a Estados Unidos con Europa o con otras realidades probablemente sea erróneo. Es disparatado conectar la plaza Tahir con las calles de Nueva York y es equivocado asumir que el imperio es el poder, las élites políticas y los multimillonarios y que el “pueblo” es otra cosa o una alternativa a la dominación del capital. El pueblo del imperio es parte del imperio. No niego que haya excepciones pero también creo que ninguna golondrina hará un verano.

Excepto por la ira y la absurda violencia con que son reprimidos, las manifestaciones callejeras de hoy, tanto en Europa como en los Estados Unidos no son más impresionantes que los enormes movimientos huelguísticos de los años cincuenta conducidos por entidades tan poderosas como los partidos comunistas y socialistas de Francia e Italia, los laboristas ingleses o los socialdemócratas alemanes y austriacos. No hay nada parecido en cuanto a capacidad de movilización a la CGT y a sindicatos como IG Metal y con todo y su enorme burocratización la AFL-CIO.

Por otra parte, me gustaría advertir que los jóvenes y las personas que en Madrid, Atenas, Nueva York y otras urbes se manifiestan en las calles, no protestan contra el capitalismo por una opción filosófica como si de pronto se hubieran vuelto partidarios de Marx y de Lenin, sino que expresan su frustración porque el sistema ha dejado de ser eficiente y no cubre sus expectativas. ¿Cuáles son sus expectativas? Y ¿qué esperan ellos del capitalismo? Son enigmas de cuya solución depende una comprensión profunda de la actual coyuntura.
Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, Ben Bernanke, CEO de la Reserva Federal, Nancy Pelosi líder de la minoría en la Cámara de Representantes y Michael Bloomberg alcalde de Nueva York, entre otros pesos completos del sistema comprenden y casi apoyan a los indignados de Wall Street. La pregunta del momento es: ¿Por qué lo hacen? Con su apoyo Estados Unidos mediatizó las rebeliones de Túnez y Egipto. ¿Harán lo mismo con los de la plaza Zuccoti?

El presidente ha reconocido que: “Expresan la frustración del pueblo estadounidense…”; el banquero dijo: “…No los puedo culpar…” mientras la parlamentaria los calificó como: “…Un movimiento joven que será efectivo…”, el alcalde les permite quedarse en la calle todo el tiempo que quieran y el New York Times se muestra comprensivo. La operación para cortejarlos puede haber comenzado, no sólo en Nueva York, sino también en Europa donde una comitiva del M 15 español fue recibida en Bruselas, sede del Parlamento Europeo, para donde también han partido la bella Camila Vallejo y su segundo a bordo, Giorgio Jackson.

En Estados Unidos, un país donde rigen esquemas ideológicos y preceptos políticos basados en el individualismo, hasta hoy las movilizaciones multitudinarias y los eventos de masas, con las únicas excepciones de ciertos episodios de la lucha por los derechos civiles y la oposición a la guerra en Vietnam, no han tenido el protagonismo que tradicionalmente han asumido en Europa. No sólo el stablishment sino también parte del pueblo norteamericano es refractario a esta manera colectiva de reclamar ciertos derechos.

Tal vez las cosas han comenzado a cambiar también allí, aunque parece que el sistema ha comenzado a desplegar su capacidad para absorber las protestas, neutralizarlas, limarles sus asperezas políticas y utilizarlas de modo convencional. Obama ejerce ya su capacidad de seducción. Allá nos vemos.

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