lunes, 10 de octubre de 2011

Excursión por el TIPNIS

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

TIPNIS es la abreviatura de: Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro- Sécure. Se trata de un área de 12.363 km² (1.236.296 hectáreas) perteneciente a los departamentos bolivianos de Beni y Cochabamba, eje de un intenso debate en torno a la construcción de un tramo de carretera que amenaza con fracturar la unidad de comunidades indígenas bolivianas con su vanguardia política encabezada por el presidente Evo Morales.

De haber regido algunos de los criterios ecológicos importados al Tercer Mundo desde las opulentas sociedades industrializadas, nunca hubiera tenido lugar la Revolución Industrial, jamás se hubiera represado el Nilo, Estados Unidos no hubiera conquistado el Oeste, Brasilia no existirá y desde una naturaleza virgen, hombres y mujeres hambrientos y ateridos contemplarían cielos impolutos a los que ningún humo viola.

Es excelente que los países ricos combatan la obesidad infantil, que hagan campaña contra la “comida chatarra”; magnífico que los holandeses penalicen las grasas, que los alemanes renuncien a la energía nuclear y que los norteamericanos tengan 1,8 automóviles por familia; la tragedia es que los países donde viven los mil millones de hambrientos, entre ellos pueblos excluidos del progreso industrial, asuman los costos de políticas medioambientales exageradas y depongan sus objetivos de desarrollo en nombre de absurdas ideas acerca de la preservación del medio ambiente.

En el TIPNIS, un territorio básicamente virgen, carente de vías de comunicación, electricidad y otras facilidades, conviven en condiciones de pobreza y precariedad primitiva y no en bucólica armonía con la naturaleza, las etnias: moxeño, yuracaré y chimán, además de alrededor de otros 40 grupos de “colonizadores” agrupados en unas 60 comunidades que no cuentan con ninguna de las ventajas de la urbanización. En conjunto, la población pudiera llegar a unas 60 000 personas.

Los indígenas que habitan las profundidades del territorio viven de la caza y la pesca fluvial, mientras los llamados “colonos”, asentados en la periferia, son personas de otros lugares, no necesariamente indígenas y que se dedican a otras actividades lucrativas, no todas legales, legitimas ni ecológicas, entre ellas el cultivo de coca.

Sobre el parque nacional, un aislado, inmenso y rico territorio presionan las opciones del desarrollo y el crecimiento económico, entre otras la prospección petrolera y gasífera, la explotación de los recursos forestales, la apertura de vías de comunicación, que forman alternativas que pueden ser evaluadas por las autoridades nacionales, que están en capacidad de adoptar las decisiones más convenientes y que mejor contribuyan a la explotación de los recursos naturales en función del desarrollo, preservando el entorno dentro de límites razonables.

Sobre el TIPNIS hay también actividades ilegitimas: tala furtiva en gran escala, introducción de cultivos no tradicionales, entre ellos la coca, caza ilegal, asentamientos no autorizados y actividades que conspiran contra la organización tradicional de las comunidades indígenas.

No por su condición de Parque Nacional y territorio Indígena, el TIPNIS es un enclave ajeno a la Nación y el Estado, sino uno entre más de 80 aéreas con ese y otros status análogos que en conjunto suman alrededor de 190 000 km², que representan cerca del 17 por ciento del territorio nacional

Tal vez las lecciones que puedan extraerse del conflicto que conspira contra la cohesión de la sociedad, en especial de los sectores más humildes del pueblo boliviano, enfrentando a poblaciones originarias de Bolivia con el único gobierno que en 500 años ha significado una esperanza real para el desarrollo, es esclarecer los límites de las posiciones ecologistas y dejar sentado que ninguna política es buena si intenta recrear el pasado. El desarrollo social y las estructuras políticas, lo mismo que la técnica y la ciencia hay que tomarlos en el nivel en que se encuentra.

Sería maravilloso que la conquista y la colonización europea; así como la trata de esclavos no hubieran existido; pero la historia fue como fue y no como hubiéramos querido que fuera. Los pueblos originarios son sobrevivientes de un holocausto. Los latinoamericanos deben honrar con devota emoción a sus ancestros pero no intentar reconstruir el mundo precolombiano. El pasado es un referente o un paradigma, jamás una meta.

La conversión de Bolivia de república liberal en “Estado Plurinacional” representa un reconocimiento a la existencia y a la entidad de las culturas ancestrales presentes en el territorio nacional, que no puede ser convertido por manipuladores en elemento de desunión.

La historia evidencia que el medio natural resistió mejor los costos del progreso que las comunidades humanas. Las selvas, ríos y montes permanecieron cuando las frágiles estructuras sociales de los pueblos originarios sucumbían victimas del látigo, la explotación, el hambre y las enfermedades. Salvar a los sobrevivientes, devolverles su dignidad y por medio de la justicia social y las políticas preferenciales permitirles disfrutar del progreso que creció sobre su tragedia, es una de las tareas más revolucionarias del momento.

Seguramente la vanguardia política boliviana y su presidente encontraran la forma de enrutar el debate de modo que prevalezcan los intereses del pueblo y del proceso de cambios sea preservado. Tampoco es admisible que el debate sea internacionalizado. Allá nos vemos.

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