martes, 11 de octubre de 2011

Historia y actualidad

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Quienes venimos desde la historia, es decir, de los treinta y siete años de la dictadura franquista, tenemos una visión de conjunto amplísima, primero de aquel período para olvidar y luego de los treinta y seis años posteriores hasta nuestros días. Podemos hacer un aquilatado balance con suficiente conocimiento de causa, bien pertenezcamos a la clase de los acomodados bien a la clase trabajadora que no tiene necesariamente que no ser también acomodada...

Pues bien, treinta y seis años después se notan todavía demasiado las huellas constitucionales e institucionales del nacimiento con fórceps de la nación nueva aligerada del oprobio de una dictadura. De aquí, del alumbramiento viciado por distintas fuerzas más o menos manifiestas, procede todo lo que, sobre lo que la crisis económica mundial, se ha superpuesto y es causa y efecto a un tiempo de la mayoría de las vergüenzas sociales, políticas e institucionales en este país

Hacer una relación de dichas vergüenzas, si queremos afinar, requeriría varios volúmenes de historia que, con el paso del tiempo, ya se editarán. Pero ateniéndonos en este momento a la última hora de la más rabiosa actualidad, nos encontramos con lo siguiente: odio, en unas cuestiones, y desprecio en otras. Odio y desprecio que ponen marca sobre marcas de lo que ha sido España a lo largo de la dominación castellana, a cuyo carro se han subido o a cuya bandera se han unido numerosos protagonistas que precisamente no eran castellanos. Empezando por el dictador.

Así las cosas, y próximo el momento de nuevas elecciones legislativas, lo que dejan tanto la oposición que se relame por anticipado con un triunfo peligroso para grandes segmentos de la sociedad del país (después de haber probado durante dos legislaturas las tropelías que son capaces de cometer), como por el partido del gobierno a punto de irse, es para llorar…

Hay muchos motivos para odiar en abstracto a los dos partidos mayoritarios que representan a una veintena de millones de millonarios y de acomodados, estómagos agradecidos, con independencia del millón aproximado de nacionalistas, de izquierda oficial y de otros partidos de menos calado. Los otros siete millones de electores que o no votan o votan a los partidos más minoritarios son los ninguneados, los marginados, los postergados que sólo se hacen oír prácticamente en la calle.

Pero hay otros tantos motivos para despreciar al partido del partido virtualmente ya saliente. El último es ese postrero gesto de vender una base a los americanos por un puñado de empleos. Algo que, por otra parte no sorprende en el bipolar presidente de gobierno que si en un desfile no se levantó un día al paso de la bandera yanqui, entrega ahora el país, cual ramera a su cliente, a la misma bandera. Y lo hace poco antes de finalizar su mandato, haciendo además patente que deja esto al mando de los imperialistas y los neoliberales que han celebrado esta venta cumplidamente satisfechos.

Con este pésimo sabor de boca para muchos socialistas devenidos en socialdemócratas, sella su legislatura antes de abandonarla el partido del gobierno. Poniendo al tiempo también de manifiesto dónde están las verdaderas raíces de los males declarados en apenas meses pero gestados a lo largo de más de una década… si no desde el mismo momento del parto de la Constitución. Y las raíces de esos males están, tanto en los políticos mentirosos y ladrones a mansalva de ese partido de modales y actuaciones fascistas, como en los gobernantes vacilantes, pusilánimes y astutos que de socialistas no tienen nada, por otro. Entre ambos nos han trasteado. En esto puede resumirse la historia de muchos años…

Y es que aquí, a lo largo de los 33 años de falsa democracia, se ha comprobado que no hay estadistas. Aquí sólo hay pícaros, fulleros, maquinadores, bronquistas y funambulistas de la palabra. Y sobre todo cobardes. Cobardes, los unos, porque, fascistas, se amparan en el clan para cometer sus saqueos y bellaquerías; cobardes los otros, porque a fuerza de querer contentar a todos con retazos sociales de baja intensidad, han descuidado los impagables fines de la máxima igualdad a que sus postulados y promesas obligaban. Con lo que han abierto más aún la brecha de la desigualdad y, después de la miserable venta de Rota, han consentido en el último momento que miserables personajes de la banca se enriquezcan obscenamente, sólo por sentarse en sus despachos para ver cómo se captaban cuentas corrientes y se realizaban los créditos con dinero público, que les dejarían a la postre un montón de millones para su prejubilación. Y todo ante la atónita mirada de todos.

Con estas dos grandes iniquidades prostituyentes y prostituidas de los socialdemócratas, y las incontables felonías de la incalificable e impresentable oposición acabará esta legislatura para dar paso a la definitiva depredación de grandes porciones de la sociedad principalmente trabajadora, por parte de la canalla neoliberal que viene en camino como el quinto jinete de la Apocalipsis.

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