domingo, 16 de octubre de 2011

Movilización Estudiantil en Chile: Año 2011 y el comienzo del cambio del modelo

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

La reforma al actual modelo económico es lo que ha hecho del movimiento estudiantil un hito nacional con repercusiones de nivel mundial. No es por una celebridad coyuntural creada mediáticamente, que algunos de sus líderes como Giorgio Jackson y Camila Vallejo estén ocupando las páginas centrales de los periódicos con alcance global preocupados de cómo se administra el capitalismo y la globalización.

En estos momentos emprenden un periplo internacional, más específicamente en Europa para explicar las razones del movimiento y las perspectivas futuras para lograr los objetivos del cambio del modelo económico.

A comienzo de este año, ni en la más remota ocurrencia analítica se habría contemplado que jóvenes dirigentes estudiantiles chilenos viajarían Europa para explicar por qué protestan y por qué Chile está estancado en su proyecto educacional.

Internacionalmente, UNESCO ha manifestado preocupación por los acontecimientos en Chile con la educación y el UNICEF está alerta como siempre por el tema del respecto a los compromisos internacionales de Chile respecto a la Convención Internacional de los Derechos del Niño y las posibles violaciones a esos derechos en dos planos: en el del derecho a la educación de calidad, y del abuso de violencia a menores en los desalojos a las tomas de colegios y las golpizas a estudiantes en las manifestaciones callejeras.

Los sostenedores del equilibrio y la moderación están preocupados que el modelo sufra reformas sustanciales en un momento de aguda crisis económica a nivel global.

De alguna forma la situación de polarización aguda en Chile es un llamado a que la tecnocracia se haga cargo de la intermediación dado que los actores políticos no ha demostrado ser los interlocutores válidos en las negociaciones.

Esta tecnocracia, que corresponde a una legión de profesionales y técnicos que ha participado estrechamente en la formulación de políticas públicas en los últimos 20 años, profesa una suerte de “ideología de la tecnocracia”, que consiste en saber gobernar con sapiencia dentro de los límites que establece el sistema evitando a toda costa que este se descomponga y derive en desestabilización o insurgencia.

La idea es que se NO se desborde en contrasentidos desproporcionados como la desregulación y especulación financiera excesiva, así como dar rienda suelta al autoritarismo desmedido hacia las demandas sociales.

Las dos coaliciones dominantes no han podido intermediar con resultados palpables en la crisis de la educación, demostrando exceso de ideologismo. Es así que la crisis política y el vacío de poder detectado por las movilizaciones, no pueden sino abordarse a partir de un voto de confianza a la moderación política.

Esta ha estado asociada a la tecnocracia moderna de verdad y su capacidad de actuar con eficacia en situaciones de crisis que generalmente fue encarnada en Europa por la social democracia post segunda guerra mundial, gran bisagra de la guerra fría. En la primera mitad del pasado siglo ese aporte de negociación centrista en Chile provenía de los radicales, cuando las disputas entre oligarcas exacerbados y estatistas sacaban roncha.

Cuando se posiciona la derecha en el gobierno el año 2010, se abrió la expectativa en Chile de que asumían los tecnócratas que el país necesitaba para desenredar la compleja madeja política montada por la coalición de centro izquierda llama Concertación. Lo que no pudieron percibir, y es probable que los actuales regentes aún no lo perciban, es que al gobernar no se trataba de desenredar ninguna madeja política, sino de manejarla propiamente tal.

Considerando la polarización entre movimiento estudiantil y Gobierno, y la reducida legitimidad de las dos coaliciones que han gobernado, desde el ángulo de la hegemonía, (a la que se opone el movimiento estudiantil), es probable que haya llegado el turno para la tecnocracia de verdad. ¿Existe? ¿O es otro espejismo del sistema?

Desde la esfera de la dominación, si la situación continúa polarizándose, es recomendable que aparezca una postura tecnocrática de auténtico centro político para calmar las aguas y que el actual gobierno de derecha acabe con menos zozobras.

Esa definición de un Gobierno de tecnocracia moderna y verdadera cuya capacidad de gestión para administrar un país tenga tanto sentido político como de justicia, es lo que el movimiento estudiantil y social exige ahora. Quizás es demasiado pedir y deba esperar el recambio en las autoridades. En cuanto a los propósitos que despertaron en 2011, para los estudiantes ese sillón ( el presidencial más concretamente) por ahora está vacío, y la alternativa escogida ha sido la represión.

Este periplo europeo de los dirigentes estudiantiles chilenos de 2011, hace recordar los años de la dictadura militar cuando el progresismo democrático chileno golpeado y diezmado buscaba apoyo internacional para protegerse de la dictadura.

Como la vanguardia política que representan en la actualidad estos dirigentes estudiantiles están buscando apoyo para enfrentar otro tipo de dictadura que si bien no es visible en el uniforme militar, es palpable por la represión y las amenazas y por la uniformidad ideológica de aplastar cualquier tipo de reclamo a la injusticia del actual modelo económico y político en Chile.
El desafío para cualquier aspirante presidencial en Chile es crucial. Faltan dos años para esas elecciones y el movimiento estudiantil que recién empieza a gravitar se desarrolla como un continuo político indispensable para ocupar un espacio en la estructura del poder, en un país que está perdiendo la solidez institucional democrática. Hay una necesidad histórica para que los jóvenes en Chile comiencen a llenar ese vacío. Es generacional y no lo es a la vez. Es una cuestión del contenido de las agendas sociales que han estado demasiado sometidas al designio del gran capital, y eso es lo que los estudiantes no están dispuestos a ceder.

Por su parte la tecnocracia se protege. La idea de cambiar el modelo económico justamente cuando la economía hace crisis, no es precisamente la receta adecuada por mucho que el modelo haga agua. No es prudente –desde cualquier lugar de la esfera dominante- plantear reformas sustanciales aún cuando las encuestas y las manifestaciones sugieran necesidad de cambio.

A pesar de la crisis que afecta más al empleo y a los pobres, el informe del FMI de 2011 insiste con la recomendación para desregular y contener el gasto fiscal. Todo esto es contra natura a las demandas estudiantiles. En el vacío de poder político detectado y en la desconfianza hacia el sistema institucional se escurre una desconfianza hacia el estado.

La aspiración del regreso al financiamiento de la educación de 40/50 años atrás, la reforma tributaria y la recuperación del rol del estado, que plantean los estudiantes aparece como legítima. En cambio en el plano de la conducción de una economía en crisis aparece como una demagogia. Los pronósticos señalan un panorama global desfavorable para las aspiraciones estudiantiles.

Igualmente. 2011 ha sido el año de los estudiantes y los movimientos de rectificación social iniciando un proceso de contra cultura al actual modelo de hegemonía política. Así de radical es la situación y a partir del Año 2011 Chile no será el mismo.

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