lunes, 31 de octubre de 2011

País de necios

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Qué bello, pero qué feos son, siempre e intelectivamente hablando, los que lo mandan y los que obedecen... Sin averiguarlas, me doy por enterado de las sumas de los monstruosos despilfarros que han provocado la crisis entre nosotros. Para qué tirar de hemeroteca o de otras fuentes de in­formación. Las cifras deben ser tan escandalosas que no me extraña que en la Europa que ha prestado el dinero redoblen el pobre concepto que ya tenían de este país en cuyos Pirineos terminaba el continente. Y de esto tiene la culpa todo el país por entero. Tienen la culpa los administradores y gestores políticos y técnicos, y en general los que se supone constituyen el sumum de la Inteligencia práctica de la nación. Unos, por malgastar los fondos que ni siquiera son suyos, otros por apropiárselos, otros por consentirlo. Pero también los votantes por votarles. Y no una sino una y otra vez.

Si empezamos a poner ejemplos no acabamos… Ahí tenemos los casos recientes y clamorosos de jubilaciones obscenas; esas de directivos de Cajas en las que la culpa se la reparten las Autonomías y el Banco de España, mientras millones de ciudadanos están sin empleo y otros ya siquiera sin subsidio…

Entre los miles de millones recibidos de los Bancos europeos para ayudarnos a ponernos a la altura de los tiempos, sumas siderales han ido a parar a construcciones superfluas, a autopistas de corto recorrido en paralelo con magnificas carreteras nacionales, a aeropuertos fantasmales, a suntuosidades por el capricho de un alcalde, de una presidenta de comunidad o de una presidente de diputación o por la presión de los parásitos de su entorno... Añadamos a todo esto la supuración de la monarquía, las costosísimas campañas en Afganistán, Irak o Libia, para robar petróleo, aprobadas por los partidos mayoritarios elegidos mayoritariamente por mayorías.

Esto son algunos de los repulsivos excesos de personajes públicos. Pero no sólo ellos quienes los practican. Ahí tenemos, por ejemplo, a la clase médica… Dicen que los viejos y jubilados gastan en botica ni se sabe y que por eso hay que cortar por lo sano y acudir al copago. Pero ¿es culpa realmente de ellos? ¿No será de los médicos españoles que en lugar de genéricos recetan medicamentos de marca? ¿Sabemos cuántos millones y millones se lleva esa partida? ¿Qué pintan las despampanantes y glamurosas visitadoras de los Laboratorios Farmacéuticos a primera hora o última en sus consultas? ¿De dónde sale el dinero si no de los Laboratorios, para viajes de placer de los galenos o congresos que los enmascaran? Son los médicos los que en Sanidad hacen gastar al erario público cifras astronómicas, no los pacientes que se atienen a sus recetas. Recetan carísimos medicamentos con marca de Laboratorio, cuando los genéricos cuestan una quinta parte y tienen el mismo efecto terapéutico. Y así iremos observando y sumando y descubriendo taras y corruptelas y mentiras y abusos y desigualdades, hasta lograr una foto fija tras otra de lo que es realmente este país.
Va uno mirando uno a uno la vida pública de este país, bien de carácter político, mediático, religioso, judicial o empresarial (pero también el concepto despectivo que una gran mayoría de ciudadanos tiene de lo público), que todo él merece el desprecio más o menos disimulado de los países prestamistas y en general el desprecio de toda la gente de bien de cualquier parte. Austeridad sí, pero para los que lo tienen todo. A ver si nos enteramos de que la austeridad aplicada a los demás no es austeridad, sino privación que costea el lujo.

El propio endeudamiento del Estado, de los bancos, de las Comunidades, de los ayuntamientos… ha terminado por ser un vergonzoso recurso de la gobernanza; un recurso que evidencia la escasa inteligencia de los administradores de lo público que dentro de veinte días van a ser realojados en el poder para seguir jugando a democracia…

Hay diferentes maneras de entender el carácter entre débil, aparatoso, engolado y tremendista del español. Pero lo que para mí está muy claro es que la inteligencia colectiva, delegada en todos cuantos sobresalen a lo largo de las últimas décadas y aun de los siglos, es inversamente proporcional a las inteligencias individuales de este país en general, en parte conocidas y en su mayor parte desconocidas. Pues quienes rigen a la sociedad en su conjunto, quienes se imponen en ella política, mediática, mercantil y religiosamente; es decir, quienes la mangonean, son siempre los mismos cerebros huecos, los mismos locos listos, los mismos necios aunque parezca que son diferentes.

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