lunes, 31 de octubre de 2011

Paraguay: Nueva coyuntura política

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

No hay dudas que Paraguay se mueve, y que el proceso de cambios iniciado en el 2008 camina en la medida de la movilización popular, dando la impresión que cada retroceso lo reimpulsa para superar los tropiezos, escollos, errores y sabotajes que surgen en la ruta, los cuales no son pocos y para nada subestimables, porque los enemigos del pueblo manifiestan desesperanza y su naturaleza violenta los puede inducir a hechos que, finalmente, puede lamentar todo el país.

Desde agosto del 2008, cuando asumió la Presidencia Fernando Lugo, el país viene viviendo fuertes altos y bajos en la percepción e interpretación de la realidad política por el grueso de la población, pero por encima de toda esa confusión, hay una mayoría que sigue apostando al proceso de cambios, con Lugo o sin Lugo.

La derecha, de viejos y malos vicios, hace gárgaras con la palabra Patria, pero sus voceros más intrépidos ya se lanzaron contra el patriótico decreto del Ejecutivo que reglamentó una ley del 2005, por la cual queda fijada una zona de seguridad fronteriza en todo el territorio nacional, que prohíbe a extranjeros poseer tierra en una franja de 50 kilómetros al interior de la República.

Esa medida generará sin dudas, numerosos conflictos con el propio Estado de Brasil, porque la intención del Presidente Fernando Lugo es comenzar a disminuir el acaparamiento del 20 por ciento de las tierras del Alto Paraná por transnacionales en condominio y usufructo, mayoría de origen o gerencia brasileña.

La decisión del mandatario, que va en concordancia con las demandas de la Mesa Coordinadora Nacional Campesina, con la que se reunió el martes pasado, junto con todos los jerarcas de los otros dos poderes del Estado, deberá efectivizarla el Ejército supervisando todas las propiedades que están en las zonas requeridas, otorgando 72 horas a cada ocupante para que presente su título de propiedad, planos geo-referenciales y boleta de pago del impuesto inmobiliario.

Ese decreto faculta al Ministerio de Defensa a operar junto con el Servicio Nacional de Catastro y el Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT), lo cual alienta la esperanza de que, por primera vez, se haga una medición correcta de la tenencia de la tierra en este país, que encabeza la desigualdad mundial en la materia, corrigiendo una aberración social, humana y hasta productiva, que sus causantes amenazan con impedir por todos los medios. El 2.5 por ciento de los residentes en el país, acaparan el 85 por ciento de las mejores tierras.

Claras muestras de la agresividad de los sectores de derecha, se van amontonando, tal la bravuconada de la mayor parte de los terratenientes que amenazaron con una guerra si se efectuaba la mensura de Ñacunday, latifundio de varios miles de hectáreas en el Alto Paraná, ocupado por el “rey de la soja”, el brasilero Tranquilino Favero, a quien las organizaciones de sin tierra acusan de haberlas invadido hace unos 30 años, durante la tiranía del General Alfredo Strossner, y cuyos documentos de propiedad serían falsos, producto de las complicidades que tiene en el Poder Judicial.

Otra prueba del nerviosismo que empieza a sufrir el mundillo del agronegocio, la dio el pasado domingo en plena misa en una Iglesia de Asunción el ex Presidente de la Asociación Rural Paraguaya, Alfredo Soljanscic, al agredir físicamente a una mujer, que le reclamaba ciertas obligaciones pecuniarias.

Sin dudas que el acto más descarado en el clima de agresividad que la oposición quiere instalar en el país, notablemente preocupada por la renovada y creciente movilización popular, lo protagonizó esta semana el propio Vicepresidente de la República Federico Franco, uno de los principales dirigentes del cogobernante Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), quien se ofreció para convertirse en el “tirador oficial” contra el Gobierno de Lugo.

Ese desequilibrio emocional está contagiando a los sectores más retrógrados del país, y se ha acelerado tras la marcha que realizaron el martes los campesinos por Asunción, que en pocas horas se convirtió en un movimiento ciudadano envolvente, con labriegos, estudiantes, sindicalistas, políticos y activistas sociales, identificados en los nobles objetivos de comenzar una Reforma Agraria y construir una vida digna para los sectores sociales excluidos, unas 300 mil familias campesinas y alrededor de 100 mil indígenas.

Esa manifestación popular mostró varios ejemplos de unidad entre la mayor diversidad imaginable de fuerzas, durante una caminata que desbordó una 25 cuadras desde la Plaza Uruguaya hasta el Palacio de Justicia, con un balance altamente positivo que puede tener trascendencia histórica, a juzgar por las conclusiones de la Mesa Coordinadora Nacional y las organizaciones participantes.

Tal probabilidad de convergencia, que se apoya en objetivos claros de reconstrucción nacional en base a la justicia y equidad social, por sí sola representa una de las grandes victorias progresistas de estos tres años en la vida política paraguaya, honrando décadas de esfuerzos y sacrificios del pueblo por vivir en un país solidario y justo.

A ello se suma, y lo enriquece sin dudas, la recuperación parcial de los derechos nacionales legítimos sobre la hidroeléctrica de Itaipú, la gratuidad de los servicios de salud, las mejoras en la enseñanza, la mayor contribución a las familias más carenciadas, y los beneficios que ha comenzado a recibir un importante sector de ciudadanos, suma de avances que lógicamente tiene que poner nerviosa a la rosca mafiosa que pretende recuperar el gobierno para continuar usurpando el país.

Detalle destacado de la reacción derechista, en medio de los diversos elementos que conforman esta coyuntura, es la caída de las caretas, fenómeno que personifica a la perfección Federico Franco en su calidad de segundo del Ejecutivo, al que se ofrece públicamente para bombardearlo, insensatez que merita la repulsa de toda persona con decencia.

Su irresponsabilidad refleja su ideología cavernaria y el agravamiento de su conocido estado de inestabilidad emocional, que ya lo ha llevado a cometer muchas estupideces, desbordado por su egolatría y su insoportable complejo de (in)poder.

A medida que crece su impotencia, aumenta su desenfreno y lo convierte en un factor cada día más al servicio de los sectores más peligrosos para la estabilidad democrática nacional, deslizamiento que daña mucho su función y desprestigia enormemente al PLRA, complicándole aún más sus aspiraciones presidencialistas para el 2013.

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