jueves, 20 de octubre de 2011

Venezuela en Derechos Humanos: Un examen bien preparado

Umberto Mazzei (especial para ARGENPRESS.info)

Era el solsticio de otoño y Ginebra amaneció poblada de afiches que anunciaban dos conciertos de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana, en el prestigioso Victoria Hall. En los afiches de fondo rojo destacaban los jóvenes músicos de la orquesta, tocando envueltos en llamativos blusones con los colores de la bandera venezolana. También figuraba un lema breve, pero que es todo un programa: “Qu’ elle sois humaine, l’ humanité”; que sea humana, la humanidad.

Los conciertos se anunciaban para coincidir con la ocasión en que Venezuela presentaba su primer informe nacional dentro del programa del examen periódico universal del Consejo de Derechos Humanos. El primer concierto era para el martes 4 de octubre y el segundo para el miércoles 5 de octubre.

En el Victoria Hall

Para el primer concierto se cobraron las entradas y el ingreso se donó a la Fundación de las Naciones Unidas para las víctimas de la tortura El programa fue totalmente clásico. Durante la primera parte se escucharon la Overtura Festiva de Shostakovich y el Concierto para violín en Re mayor de Tchaikowsky. La segunda parte presentó la Sinfonía Nº 12 en Re menor de Shostakovich. El teatro estaba bastante lleno y la ejecución fue impactante, fue un éxito total. Una lluvia de aplausos que llevó a tocar dos bis y ante la insistencia del público los jóvenes terminaron arrojando sus blusones tricolores al público, compuesto de muchos jóvenes.

La asistencia al segundo concierto fue por invitación. El teatro se llenó de un público heterogéneo: diplomáticos, gente alternativa, funcionarios internacionales, estudiantes, trabajadores, aristócratas. El concierto lo presidían su anfitrión, el Canciller Nicolás Maduro y el fundador de la orquesta sinfónica, Maestro José Antonio Abreu, junto con varios altos funcionarios venezolanos.

Antes de entrar en la parte musical, se proyectó un documental en que el Maestro Abreu explica el sistema nacional de orquestas y corales de Venezuela y su papel en disminuir desigualdades culturales, en lo que la Orquesta Sinfónica de la Juventud tiene un papel central. Luego comenzó el concierto con un exigente programa musical que incluyó de nuevo la Overtura Festiva de Shostakovich y el Concierto para violín en Re mayor de Tchaikowsky; la segunda parte desplegó una sensibilidad más sudamericana: La Suite Sinfónica Santa Cruz de Pacarigua de Evencio Castellanos, el Danzón Nº 2 de Arturo Márquez y la Suite La Estancia de Alberto Ginastera.

El éxito fue total, las últimas piezas eran seguidas por ovaciones de pie y el público pedía más. Se oscureció la escena y los músicos aparecieron con blusones tricolores. El público seguía aplaudiendo. Para complacerlo tocaron un par de aires populares suramericanos que se comenzó a corear. El carismático director, Christian Vásquez, dirigía la orquesta y al coro del público al mismo tiempo. Los jóvenes músicos danzaban enarbolando violines y trompetas o girando violoncelos y contrabajos. Ovación tras ovación. Pero todo tiene un fin y el director, en medio de los aplausos, abrió los brazos, encogió los hombros y juntó sus manos, como implorando comprensión al público para poder retirarse.

El ambiente en la ONU

El día antes del examen había una invitación a un evento sobre libertad de prensa en un salón de la UNCTAD, organizado por una entidad no gubernamental con miras a examinar la libertad de expresión en América Latina, pero cuyo objetivo era obviamente Venezuela. Por curiosidad fuimos tres amigos a ver que se decía, porque para saber que en Venezuela hay libertad de prensa basta leer lo que dicen del gobierno los grandes medios. Era un evento bien financiado, porque había traducción en tres lenguas, dos cámaras filmando, un salón para doscientas personas y nueve personas en el presidio, todas traídas del otro lado del Atlántico. Lo que faltaba era público; incluyéndonos nosotros éramos trece personas.

Hablaron los del presidio, con un español de leve acento estadounidense. Había también un argentino y un venezolano. Hubo exposiciones neutrales, como la del argentino y otras muy sesgadas como la del venezolano. Cuando nos fuimos, a mediados del evento, sólo quedaban seis personas en el auditorio; un hecho indicativo del clima favorable a Venezuela.

Las maniobras

El examen sobre derechos humanos tiene un procedimiento. El país que responde tiene una hora para hacer su exposición y todos los demás tienen sólo dos horas, con un máximo de dos minutos para cada país. Esas dos horas apenas alcanzan para que digan lo suyo unos 57 países. Para eso se abre una lista de inscripciones para intervenir en el examen de cada país específico y los países hablan según el orden en que se inscribieron en la lista, hasta cumplidas las dos horas. Antes las inscripciones en la lista se abrían por la mañana del mismo día del examen, pero desde el examen de Irán, las reglas cambiaron. Israel abrió una lista la noche anterior para ser el primero en criticar y esa trampa se aceptó como una nueva norma por la administración de la ONU, lo cual es elocuente.

Como el cupo para intervenir es limitado y el asunto es más importante por la propaganda que por el examen, hay una estrategia de inscripción: los países adversarios hacen cola para sumar muchas “recomendaciones” (eufemismo para críticas); los amigos hacen cola para quitar espacio a los adversarios y hacer muchos elogios. Desde el caso de Iran/Israel, la lista se abre la noche anterior y las delegaciones más interesadas hacen guardia nocturna para impedir alteraciones en la lista. En ese juego las delegaciones de países en desarrollo han demostrado más organización y los socios del ALBA la mejor disciplina.

En el grupo del examen estaba Venezuela y también Siria. Por eso los Estados Unidos, que estaban muy interesados en sumar “recomendaciones” adversas, ofrecieron “a party” con comida, bebida y música a los vasallos que pasaran la noche haciendo guardia para su bando. Amaneció el viernes, siete de octubre, y se terminó de llenar la lista. Todos los miembros del ALBA estaban en los primeros puestos.

El salón donde se hace el examen de derechos Humanos es un gran anfiteatro, con un techo muy alto de donde cuelga un trabajo escultórico de estalactitas con colores suaves. Al fondo hay una enorme pantalla donde se proyecta la imagen de los oradores. A un costado, una pantalla más pequeña donde aparece la lista de los países que intervienen en ese examen particular, donde resalta el nombre del país que está interviniendo en ese momento.

A Venezuela le tocó el examen en la misma semana que a Tajikistán, Tanzania, Antigua y Barbuda, Trinidad y Tobago, Swaziland, Tailandia, Irlanda, Togo y Siria.

En la mañana del viernes 7 tuvo lugar el examen de Siria, que fue criticada duramente por falta de democracia por parte de los otros países árabes, gobernados por monarquías absolutistas y teocráticas. Las recomendaciones giraban todas sobre la represión de los focos de rebelión armada, que sus detractores prefieren ver como manifestaciones pacíficas. Los ataques contra Siria fueron tan violentos que el Embajador de Cuba tuvo que pedir un punto de orden, porque la representante de Estados Unidos pedía la dimisión del gobierno de Damasco; un exceso que viola todas las normas de neutralidad de la ONU.

En la tarde llegó el turno de Venezuela. Su Canciller, Nicolás Maduro, hizo una pausada exposición de las garantías en derechos humanos que incluye la Constitución y la legislación bolivariana, que expresamente les da un contenido de igualdad social. Luego cedió la palabra al director nacional de estadísticas, Elias El luri, quien leyó cifras que confirman avances en desarrollo humano, que van mucho más allá que las Metas del Milenio.

A continuación comenzaron las “recomendaciones” de los países, que se alternaban con presentaciones, por funcionarios venezolanos, de aspectos específicos del desarrollo de los derechos humanos en Venezuela. No quiero aburrir con una enumeración detallada de las intervenciones, sino que haré una síntesis de los resultados.

La gran mayoría de los países que intervinieron fue favorable y en algunos casos fue elogiosa y admirativa. Los países más críticos fueron la República Checa, los Estados Unidos, Holanda y Francia, en menor medida Suecia, Suiza, Inglaterra, Noruega y Finlandia. Las criticas versaron sobre reportes de PROVEA que atribuyen 237 muertes a las fuerzas de seguridad, la falta de seguridad, las muertes por crímenes comunes y la impunidad de los homicidas, las presiones sobre la prensa, el hacinamiento en las cárceles y la supuesta falta de independencia del poder judicial. Las mismas pueden ser hechas a los Estados Unidos y otros de los países que criticaron, sobre todo en cuanto al obsequioso monopolio de sus medios.
Venezuela recibió un total de 148 recomendaciones de las cuales asumió 99 y de estas ya 75 están en proceso de ser cumplidas. Suscribió además voluntariamente 10 nuevos acuerdos en Derechos Humanos. Las otras 38 recomendaciones fueron rechazadas por ser intromisiones puramente políticas que violan su soberanía.
Curiosa estrategia diplomática

Hace un año escribí una nota sobre el examen de Estados Unidos en derechos humanos. Allí dije: “Varios países pidieron que Estados Unidos permita la extradición del notorio terrorista cubano Luis Posada Carriles, prófugo de una cárcel venezolana. Es curioso que Venezuela, que la reclamó también, no reclamara el refugio dado en Estados Unidos a los terroristas Raúl Díaz Peña, José Antonio Colina y Germán Varela, venezolanos convictos por atentados contra sedes diplomáticas extranjeras en Caracas y prófugos en Miami.”

Saludaba amigos durante el examen de Venezuela, cuando el Ministro Consejero de Venezuela, Félix Peña, se presentó como responsable de derechos humanos en la Misión. Dijo que tenía algo que decirme sobre lo que escribí hace un año. Buena memoria la del Señor Peña, porque citó casi textualmente. Explicó que siendo el tiempo para las críticas de sólo dos minutos, había que priorizar y por eso decidió omitir el caso de los terroristas venezolanos acogidos por Estados Unidos. Dijo que Venezuela sentó record de críticas en esa ocasión. Reporto aquí su explicación para informar a mis lectores, pero sigo sin entender que el Señor Peña diese prioridad al viejo caso del Posada cubano sobre el nuevo y flagrante caso de apoyo a terroristas venezolanos que, además, el Presidente Chávez no cesa de denunciar.

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