viernes, 21 de octubre de 2011

Venezuela: Sin los trabajadores no hay revolución socialista

Edwin Sambrano Vidal (especial para ARGENPRESS.info)

Una Revolución sin los trabajadores industriales como vanguardia, puede ser una revolución, pero no será nunca una revolución socialista. He allí una de las grandes interrogantes y, al mismo tiempo, uno de los principales desafíos a corto plazo del proceso político en curso en Venezuela. Sin la incorporación decidida y consciente de los trabajadores en la dirección del proceso, entiéndase bien; en la dirección del proceso político actual, lo más probable es que el gobierno derive o degenere en una república demagógica colocada como superestructura de un sistema socioeconómico regido por las leyes del capitalismo con sus privaciones, injusticias, corruptelas y crisis cíclicas e insolubles.

La democracia chucuta y corrupta derrotada ahora se revive.

Analizando la conducta de la dirección política del actual gobierno, se concluye que se marcha consciente o inconscientemente hacia la reedición de la "democracia chucuta y corrupta" que se instauró con la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, cuya expresión política fue el Acuerdo conocido como Pacto de Punto Fijo, celebrado por los tres más importantes dirigentes democrático-burgueses de la época: Rómulo Betancourt (AD), Jóvito Villalba (URD) y Rafael Caldera (Copei), entendimiento tripartito que con la disminución del caudal electoral de URD se convirtió en el binomio AD-COPEI con el bipartidismo como expresión organizativa y electoral del pacto.

Los trabajadores y el pueblo han cumplido su responsabilidad

La democracia bipartidista de AD-COPEI no pudo superar sus contradicciones y cada vez resultaba más inepta para dar solución, aunque fuese parcialmente, a los grandes problemas nacionales y a las necesidades colectivas. La cuota de apropiación de los trabajadores sobre la renta petrolera se fue disminuyendo en términos reales, quedando al descubierto la maniobra de manipulación y engaño sostenida desde las cúpulas políticas y los gobiernos bipartidistas. Los trabajadores ejercieron un papel principal en las luchas sociales, políticas y electorales que fueron desplazando a los burócratas, a los corruptos y a los farsantes de los puestos de representación popular y del Gobierno: municipal, primero, regional, después y finalmente nacional. Es un fenómeno político-electoral visible en los procesos electorales sucesivos desde 1979 con las primeras elecciones municipales separadas. El caudal electoral fue creciendo a favor de las opciones que de alguna manera parecían significar cambio político sustancial; mientras en la base social se desataba una cadena de luchas reivindicativas con claros contenidos políticos anti-bipartidistas. Diversas mini-rebeliones proletarias se verifican durante las décadas de los años setenta y ochenta, Unas son por el ejercicio de la democracia sindical conculcada, otras por el ejercicio de la libertad de organización sindical o por el derecho a la negociación y a la convención colectiva, o por el derecho de huelga. Unas cuantas de ellas por la estabilidad y por el derecho a la disensión política (los trabajadores no alineados con AD y COPEI y con los patronos eran perseguidos y despedidos); movimientos en defensa del salario y contra determinadas leyes restrictivas de los derechos de los trabajadores. Todo ello tuvo momentos de conmoción nacional en la rebelión popular espontánea del 28 y 29 de Febrero de 1989, conocida como "Caracazo", en los golpes militar-cívico del 4 de Febrero y del 27 de Noviembre de 1992, con los cuales se pretendió sustituir la dirección política del gobierno, y finalmente con la derrota y sustitución del bipartidismo con el triunfo de Rafael Caldera, esta vez representando a una mezcla de formaciones políticas en las elecciones presidenciales de 1993, pero sin que se produjera un cambio político-social de fondo. Tal situación de estancamiento tiene como contexto la disminución de los precios del petróleo, la continuación y profundización de las luchas de trabajadores y otros sectores sociales y la conformación de una alianza político-electoral en torno a una propuesta de transformación radical de las estructuras políticas, social, y económica del país.

Las desviaciones y deficiencias del gobierno defraudan a los trabajadores.

La clase trabajadora se encuentra hoy en la encrucijada de obligar al Gobierno actual a responder a sus derechos o de separarse del apoyo que le han brindado generosamente durante mas de doce a*os y construir una opción que lo sustituya para dar continuidad al proceso de transformaciones actualmente estancado y desviado. Los intereses concretos, actuales, de la cúpula política dirigente están en contradicción con los intereses de los trabajadores. Se utilizan los recursos de comunicación para hacer publicidad y no para que los trabajadores y el pueblo se expresen sus necesidades, exigencias y propuestas. Se trata de mantener una unanimidad que es contraria al desarrollo social y a dialéctica histórica, capaz de producir la superación de las contradicciones con nuevas situaciones que den respuestas efectivas a los problemas esenciales. El desarrollo industrial del país se ha deteriorado y la capacidad industrial y productiva dirigida desde el Estado se encuentra desarticulada. Las iniciativas de democratización de la gestión productiva son contadas y casi todas desviadas. Se desconfía de la capacidad de los trabajadores para dirigir y se le impide elegir y revocar democráticamente a sus delegados. El control partidista y gubernamental sustituye al control político social de las masas trabajadoras. Las reformas laborales (nueva Ley del Trabajo) y de la seguridad social postergadas sucesivamente, los derechos de los trabajadores violentados, el sectarismo y el burocratismo desde los órganos gubernamentales laborales es creciente y la parcialización en favor de los patronos del sector público, incluso del privado, es descarado y abusivo.

Algunas ideas para la discusión.

El Gobierno hace depender todo del alto precio del petróleo, mientras se pierde una enorme oportunidad en un circo retórico electoral, similar al bipartidismo. Con esta conducta, el gobierno y la dirección del PSUV alientan a la oposición conservadora, mientras contienen y reprimen la insurgencia de nuevas corrientes revolucionarias que puedan dar las soluciones esperadas. Esto es un circulo vicioso que debe ser trascendido por los trabajadores hacia el progreso, con un programa político y con una propuesta de reivindicaciones y acciones capaces de frenar el deterioro de sus derechos y condiciones de vida y de trabajo.

Algunas ideas en esta dirección pueden ser las siguientes que ponemos en discusión: 1) es vital la lucha por el recate de los derechos colectivos laborales: La organización sindical, la negociación y la convención y la huelga. 2) Es igualmente necesario expandir la democratización de la gestión a todas las empresas estatales y dependencias administrativas del Estado, incluyendo los 5 Poderes Públicos (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral y Ciudadano). 3) La participación de los trabajadores en la gestión tiene que ser democrática, con pleno derecho a elegir y revocar a sus delegados y con prohibición expresa a la administración estatal de no intervenir en los procesos electorales de los trabajadores. 4) Los trabajadores deben participar en la elección de los jueces laborales y de otras materias. 5) Tiene que intensificarse la creación de empleo industrial, especialmente mediante la expansión de la inversión en la industria nacional. 6) Los medios de comunicación de organismos del Estado deben ser dirigidos con la participación de los trabajadores en para permitir la expresión de los intereses y derechos de la clase obrera y del pueblo. Entre otras iniciativas.

Mientras no se fomente este debate y ante las enormes deficiencias y desviaciones del gobierno y de los demás entes estatales, la opción que se reanima es la de retroceder, de manera que el gobierno y el Estado trabajan directa o indirectamente para la oposición conservadora.

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