Jordi Molina (EL DEBAT - TRIBUNA LATINA)
En dos años, este centro barcelonés ha pasado de recibir 753 personas -año 2009- a 1.700 en lo que llevamos de 2011. Un aumento que ha obligado a hacer un esfuerzo extra a su personal, que no ha incrementado, pese a pedirlo, sus recursos en función del aumento de las necesidades. "Nos llegan usuarios que responden a un perfil muy vinculado al mundo del ladrillo, sector gravemente castigado por la crisis, que tenía unos buenos ingresos y muy difícil de reincorporarse al mercado laboral a día de hoy", nos explica Marc Laranga, director del centro. Y es que según profesionales del sector social, la problemática tiene un origen socioeconómico vinculado directamente con el modelo de crecimiento del país, basado en la economía especulativa y la construcción. “La mayoría de nuestros usuarios son padres de familia que hasta hace unos meses vivían en sus casas que hoy no pueden pagar”, señala Laranga.
Víctimas de un modelo obsoleto
El representante de Entidades Catalanas de Acción Social (ECAS), Xavier Orteu, nos retrata a un "proceso de empobrecimiento acelerado". Según Orteu, que dirige la entidad Insercoop, la pérdida de trabajo de las clases más humildes supone una profunda sacudida en la vida de estas personas. "Se genera un efecto dominó que empieza en el ámbito laboral, sigue en el familiar, desemboca en un conflicto social y termina, en el peor de los casos, en un problema sanitario o clínico". Orteu insiste en que el reto no es encontrar de nuevo el trabajo de antes, “aquello conocido no volverá”, sino preparar estas personas para que vuelvan a ser activas y sacarlas de la crisis personal. "Si pensamos que saldremos de la crisis mirando la bolsa y sin contar con toda esta gente, es que no hemos entendido nada de nada", concluye.
El milagro español ‘no tenía techo’
El llamado ‘milagro español’ fue un espejismo. Albañiles, fontaneros, electricistas, camioneros, cristaleros, fabricantes de puertas, vigas, lavabos y baldosas son el nuevo perfil de pobreza que trazan los trabajadores sociales y los educadores de calle, que se encargan de detectar personas que duermen al raso. “Lo que debía ser un derecho de uso, como es la vivienda, se convirtió en un refugio financiero”, nos cuenta el economista y sociólogo, Manel García Biel, que niega -como señalan algunos sectores- que se pueda señalar la ciudadanía como culpable de su sobreendeudamiento. “Los gobiernos -primero del Partido Popular y luego del PSOE- han tenido una gran responsabilidad política, fomentando la idea errónea de crecimiento cuando en realidad se consolidaba un estado de falsa riqueza”. García Biel señala, también, las entidades bancarias, que facilitaron el crédito en busca de grandes beneficios, y el gobernador del Banco de España, que no actuó para remediar un modelo basado únicamente en el consumo.
Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.
