jueves, 10 de noviembre de 2011

México: Rascarse la honestidad

Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)

“Que el fraude electoral jamás se olvide.
Ni tampoco los miles de muertos inocentes.”

Me impactó la frase de una compañera que es una real protagonista del esfuerzo colectivo de organización del Movimiento para la Regeneración Nacional (MORENA).

Dijo: “Hay que rascarse la honestidad”, para subrayar el grado de dificultad al que se enfrentan quienes realizan la labor de convencimiento para sumar adeptos al proyecto de llevar a López Obrador y al Nuevo Proyecto de Nación a la presidencia el año próximo, especialmente en los barrios marginales urbanos, tan maltrechos por la crisis pero tan manipulados por las dádivas electoreras de despensas, materiales de construcción, incorporación (o amenazas en contrario) a los programas asistenciales de gobierno y hasta dinero en efectivo. Hay que rascarse la honestidad para mostrar a corazón abierto lo que los sociólogos llaman el diagnóstico de la realidad, mejor conocido como la “pura neta”. No es una tarea sencilla y los que la realizan son verdaderos héroes anónimos que afrontan riesgos reales, sin aparecer en la foto ni contar con más instrumento que su propia honestidad para convencer.

Sobre este asunto hay algo que me preocupa y que observo en Cuernavaca, donde radico. En la primera fase del proceso de organización -entonces del Gobierno Legítimo y el Movimiento en Defensa del Petróleo y la Economía Popular- se impulsó con gran esfuerzo la organización de las bases, contando con la invaluable conducción de Raquel Sosa como representante de AMLO, que logró la constitución de comités en todo el estado, aunque pecó de exceso de profilaxis para evitar que el proceso se “contaminara” por la presencia de políticos, incluso de los buenos (que también los hay); en esta virtud quedó un vacío entre la organización de base y la dirigencia nacional: no se auspició que de las bases surgieran líderes ni se permitió que otros líderes se sumaran para formar la pirámide. Raquel recibió la encomienda de otras responsabilidades y quien la remplaza en el estado intenta llenar el vacío con lo único que tiene a la mano: los políticos que antes fueron rechazados. Lo grave del caso es que se registran dos dinámicas que no resulta sencillo conjugar: la de las bases del trabajo heroico y la de los políticos volcados a lograr llenar los cuadritos de metas numéricas de registro de promotores sin más contenido temático, llegando al extremo de crear brigadas a las que se les paga por cada adhesión que logran. Esto es una puñalada profunda al espíritu regenerador del movimiento y una bofetada a quienes se han entregado de corazón al proceso. No se vale.

El tema se complica en el, de por sí, difícil proceso de selección de los candidatos a los puestos de elección popular. La gente de la base no lucha por candidaturas, por lo menos no necesariamente, pero no acepta que las obtengan quienes observan los procesos desde la comodidad de sus oficinas y sus desayunos con la prensa; menos aún en tratándose de quienes ya han dado muestras de no poder ir más allá de sus clientelas habituales. Hay razones de la pragmática que lo pragmático reprueba. Lamentablemente el asunto obliga a hilar muy fino y, tal parece, la artritis les está pegando recio a los hilanderos.

Dentro de lo malo hay una buena noticia. Los que, como las ratas en naufragio, abandonaron el barco que creían hundido, hoy lo ven navegar viento en popa a toda vela y se vuelven a subir. Es buena noticia porque corrobora que vamos a ganar, sólo que habrá que tener cuidado de colocarlos en el compartimiento correspondiente, sin rechazarlos, pero cuidando que su presencia no desplace a quienes de veras se la han jugado con el proyecto en los momentos de mayor debilidad y que dan contenido y solidez al movimiento. No es por demás recordarlo: la congruencia es uno de los valores fundamentales de López Obrador; los que lo seguimos la tendremos que privilegiar y no traicionarlo. Para garantizar una mínima dosis de disciplina organizacional se requiere una mayor dosis de inclusión. Hilar fino, dije.

Andrés Manuel, ojalá me leas y que me perdonen los que se sientan ofendidos, lo hice adrede.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.