jueves, 3 de noviembre de 2011

Ocupas yankis: Zafó de Irak pero no de la represión contra las protestas

Pablo Bilsky (REDACCION ROSARIO)

Se llama Scott Olsen, tiene 24 años. Fue a Irak dos veces, como marine, a invadir, y volvió ileso. Pero en Estados Unidos le fue peor. Salió a protestar contra el capitalismo y quedó internado, muy grave, víctima de la represión policial.

He peleado dos veces por mí país, pero recién ahora conozco al enemigo”. La pancarta sostenida por un veterano de guerra es una de las más comentadas y fotografiadas en el marco de la ola de protestas que sacude Estados Unidos, un hecho histórico, insólito y sin antecedentes que muy pocos medios están dando a conocer.

Son muchos los ex combatientes de alguna de las tantas guerras imperiales que se sumaron al movimiento de ocupas yanquis, y según se cuenta, suelen ser los primeros en agarrarse a piñas con la policía, que viene reprimiendo sistemáticamente las protestas con la habitual brutalidad.

El caso de Scott Olsen es especialmente paradigmático. Tras dos idas a Irak, de donde volvió con vida, fue gravemente herido el jueves pasado, durante una protesta en la ciudad de Oakland, en la bahía de San Francisco, California, en su patria natal, los Estados Unidos.

El ex Marine de 24 años se sumó al movimiento “Occupy Oakland” (“Ocupar Oakland”) y todo indica que, al parecer, protestar, en la calle, en forma pacífica, contra el neoliberalismo y la injusticia social, es más peligroso que irse hasta Medio Oriente a arrasar países enteros, masacrar y torturar musulmanes.

Los ocupas de Oakland, con la ayuda de los sindicatos, realizaron una huelga general este miércoles 2 de noviembre para protestar contra la brutalidad de los policías y los banqueros. Fue la primera huelga general en esa ciudad en los últimos 65 años e incluyó piquetes, bloqueos a bancos, cierre de comercios y escuelas. La ciudad quedó en buena parte paralizada.

La situación de Olsen dio nuevo impulso a la ola de protestas en los Estados Unidos que comenzó el 17 de septiembre en Nueva York y se extendió rápidamente a decenas de ciudades. Los grandes medios de comunicación corporativos intentaron taparlas, burlarse, desacreditarlas, hasta donde pudieron.

Los numerosos casos de los ex combatientes yanquis que se suman a las protestas contra el capitalismo tienen un valor revulsivo y un impacto enormes. No son pocos los ciudadanos estadounidenses que, después de toda una vida y una educación patriotera e imperialista, se dan cuenta a poco de llegar a Irak o Afganistán, por ejemplo, de que toda esa cháchara no es más que una mentira (“bullshit”) y que ellos, los yanquis, no son los buenos de la película, sino todo lo contrario.

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