martes, 27 de diciembre de 2011

Argentina: Cambio de época y destino nacional

Alcira Argumedo (INFOSUR)

La crisis del capitalismo global tiene su correlato nacional: la precariedad de un modelo político-económico y cultural opresor e incapaz de realizar la emancipación que desde ya vienen requiriendo los tiempos por venir.

I.- Argentina en el concierto mundial

El escenario internacional enfrenta un cambio de época histórica: se cierra el ciclo de la Edad Contemporánea y de la Revolución Industrial, planteando arduos desafíos para Argentina y América Latina. A la declinación de la Europa central, que durante cinco siglos ejercieron su hegemonía a nivel mundial, se suma ahora la de Estados Unidos, que hace sólo dos décadas proclamaba el “fin de la historia” y un nuevo orden subordinado a su exclusiva supremacía. Como contracara emergen nuevas potencias -China, India, Rusia-, acompañados por Brasil y Sudáfrica en el nuevo equilibrio de poder. Un equilibrio preñado de interrogantes ante la derrota de Estados Unidos en Irak y Afganistán, a lo que se suman las revueltas en Medio Oriente y el Norte de África.

Esta situación se conjuga con una reconversión tecnológica salvaje -basada en el desplazamiento de personas y no en una disminución de la jornada laboral- que se fundamentó en las concepciones neoliberales. De allí que la pobreza, la desocupación y la precarización laboral no hayan sido efectos colaterales, sino objetivos intrínsecos de las políticas económicas a fin de bajar los salarios y reducir los derechos del trabajador, aun en los países centrales. Las consecuencias de esta reconversión y de las políticas de alta concentración de la riqueza -donde el 20% más rico de la población mundial detenta el 87% de los ingresos- golpean en especial a los jóvenes. Con características peculiares en los distintos países, esta es la base común de los indignados en Europa, Israel, el norte de África y Estados Unidos: demandas que no pueden ser satisfechas en la lógica de las políticas de expoliación social que hoy caracteriza al sistema mundial, y a la impunidad con que éste explota la Naturaleza poniendo en riesgo la existencia misma de la humanidad.

A pesar de la riqueza de sus recursos naturales y potencial humano, la Argentina de hoy muestra graves carencias en sus posibilidades de dar respuestas a estos desafíos. La destrucción de los esquemas productivos y de transporte, de la educación y el cuidado de la salud; del nivel universitario y científico-técnico; de las posibilidades de ascenso social; la desprotección de los trabajadores; el incremento del desempleo, la precarización laboral, la pobreza, la indigencia y el hambre; todas ellas serían algunas de las dramáticas secuelas de la dictadura militar y de las políticas implementadas -siguiendo los dictados del Banco Mundial y el FMI- por los gobiernos detentados por distintas combinaciones del PJ y de la UCR, en los cuales una parte mayor de sus integrantes participaron de una u otra forma. Secuelas no menos dolorosas han sido la cultura de la derrota y la impotencia que impregnan el debate político, la mezquindad moral de las clases dirigentes, las miradas de cortísimo plazo en la toma de decisiones, la hipocresía de los discursos, la apelación farsante a valores que no se respetan; todo combinado con una corrupción naturalizada, sin que el grueso de los argentinos haya tomado conciencia de que ésta ha sido y es uno de los factores decisivos que degradan al país y coartan sus posibilidades hacia el futuro.

II.- Las grandes cuestiones

1.- La cuestión nacional

Como consecuencia de las políticas promovidas desde la dictadura militar, Argentina es hoy un país recolonizado. La estructura constitucional y jurídica fue sometida a reformas que apuntaban a legalizar la entrega de las empresas y servicios públicos a corporaciones y bancos extranjeros. Las reservas minerales, el petróleo, el gas, la pesca, las telecomunicaciones, las empresas de transporte, las tierras -tanto las privadas como las fiscales- fueron pasando a manos de capitales externos, que actúan sin control estatal. La deuda fue reconocida y “honrada” a pesar del desangramiento que ello significa para nuestra sociedad, en favor del capital financiero cuyo accionar delictivo llevaría a la quiebra de Wall Street. Esto, más la continuidad de las leyes de Martínez de Hoz y Cavallo en el campo financiero e impositivo, constituyen un verdadero Estatuto del Coloniaje.

La reconstrucción de la soberanía nacional requiere garantizar la defensa y recuperación de los recursos estratégicos y los bienes públicos, que han sido entregados contando con la complicidad de la macro-corrupción de la dirigencia argentina. Es preciso promover un debate acerca de las formas de reapropiación de las rentas extraordinarias y de aquellos recursos que son clave para la reconstrucción nacional, la erradicación de la pobreza y las posibilidades de futuro. No existe tampoco un destino nacional cierto si no se realiza una auditoría de la deuda pública, a fin de establecer cuál es legítima: el presidente Rafael Correa de Ecuador realizó una auditoría y cuando los acreedores supieron de la existencia de un registro de todos y cada uno de los delitos cometidos, aceptaron mansamente negociar y disminuir los montos en un 68%. Los cálculos indican que, de no auditar el endeudamiento, el país está condenado a pagar cada tres o cuatro años, ya hasta 3012, sumas equivalentes a la destrucción producida por el terremoto y el tsunami en Chile.

2.- La cuestión social

Es duramente condenable que, siendo la Argentina una fábrica de alimentos y proteínas, luego de ocho años de altas tasas de crecimiento existan más de 700.000 chicos sufriendo desnutrición crítica, condenados a una discapacidad irreversible, neurológica e intelectual. Es inadmisible que el 75% de los trabajadores de entre 18 y 29 años estén desocupados, precarizados o terciarizados, al igual que el 52% de la población activa total, sin el reconocimiento de derechos laborales. Se incluyen entre ellos modalidades de trabajo esclavo adulto e infantil que el Ministerio de Trabajo recién acaba de descubrir. La Nación está siendo desgarrada por una brecha que cada día divide más al sector privilegiado del 40% de los habitantes frente a un 60% que afronta crecientes dificultades. Estamos sumidos en una trágica crisis en el campo de la educación y la salud: casi la mitad de nuestros adolescentes y jóvenes entre 13 y 18 años han desertado o nunca ingresaron al nivel secundario y las evaluaciones de calidad realizadas por la OCDE nos sitúan en el lugar 51 sobre 57 países seleccionados. La situación sanitaria no garantiza el cuidado de nuestros ciudadanos. A los jubilados y pensionados no se les reconoce el derecho constitucional al 82% móvil porque el gobierno se niega a restablecer los aportes patronales de las grandes empresas a las que Cavallo beneficiara durante el menemismo.

La recuperación para el conjunto de los argentinos de las rentas extraordinarias y de los recursos estratégicos; la eliminación de subsidios y prebendas otorgados a las corporaciones amigas; una reforma impositiva tendiente a revertir la actual regresividad del sistema; el control del sector financiero mediante una Ley de Financiamiento que reemplace la de Martínez de Hoz; todas medidas que permitirán disponer de los fondos necesarios para dar solución a la cuestión social y erradicar los flagelos que golpean a las mayorías sociales.

3.- La cuestión institucional

Democratizar la democracia es el imperativo de estos tiempos. La impunidad y la corrupción que hostigan a la sociedad argentina tienen en la degradación del Poder Judicial una de sus causas más consistentes. El cambio impulsado en la Corte Suprema de Justicia por Néstor Kirchner, como respuesta al reclamo masivo manifestado durante la crisis del 2001, no tuvo un equivalente en los Juzgados y las Cámaras Federales ni en el Ministerio Público que designa y controla a los Fiscales. De este modo se han ido acumulando “capas geológicas” de jueces designados por la dictadura militar, por el amiguismo radical, por las servilletas menemistas y las simpatías de la Alianza o el kirchnerismo, que fueron generando nichos de magistrados dispuestos a hacer ojos ciegos frente a la corrupción y el manejo de los asuntos públicos. La reciente absolución de Carlos Menem y su banda en el juicio por contrabando de armas es un ejemplo de esta impunidad y de la vergonzosa degradación del Poder Judicial.

4.- La cuestión cultural

El neoliberalismo no fue solamente una política económica: el terror de la dictadura militar impuso una cultura del miedo, que durante el período democrático se refuerza mediante una hegemonía cultural capaz de extenderse sobre una sociedad atomizada por la implosión de sus estructuras socioeconómicas. Las estrategias de Martínez de Hoz y los gobiernos que lo sucedieron, guiados por el FMI y el Banco Mundial, tuvieron como resultante una inédita desarticulación del país: a modo de ejemplo, si en 1974/75 la pobreza afectaba al 7% de los habitantes, en el 2002 había llegado al 56%, y en la actualidad supera el 30%. Las duras agresiones sufridas por las mayorías sociales argentinas durante más de tres décadas permitieron expandir la cultura de la derrota y la impotencia, mientras las dirigencias políticas se sumían en el posibilismo, que los llevaría a la traición de sus promesas electorales: el radicalismo de la economía de guerra, el Punto Final y la Obediencia Debida; el travestismo del gobierno menemista, incluida la aberración de los indultos; la Alianza del ajuste de Cavallo; todos son un espejo invertido de las causas históricas de Alem, Yrigoyen e Illia, y de Perón y Evita, cuyas ideas-fuerzas fueron mancilladas y utilizadas para enmascarar la realidad contundente del neoliberalismo. La carencia de todo concepto de ética o equidad arrasaron con los valores de solidaridad, igualdad, justicia social y soberanía.

En una farsa burlesca de la historia, las mismas personas que apoyaron con entusiasmo el modelo neoliberal de Menem, a los que se sumaron los frepasistas de la Alianza que convocara a Cavallo, integran ahora el “modelo nacional y popular” kirchnerista. En la mayoría de los territorios provinciales, en las intendencias del Gran Buenos Aires, en el movimiento sindical y en el gobierno nacional, más de las tres cuartas partes de los dirigentes y funcionarios del kirchnerismo protagonizaron un proceso que en pocos años los transformó neoliberales en adalides de lo nacional-popular: las trayectorias políticas con nombre y apellido dan cuenta de esta admirable capacidad de adaptación y sentido de la oportunidad.

5.- La cuestión ambiental

Las ciencias y la cultura dominantes del Occidente central conciben la Naturaleza como algo exterior a los seres humanos, que deben conocerla para dominarla y explotarla. Por el contrario, las culturas precolombinas sustentan dos principios que hoy constituyen ideas de avanzada. Todas ellas fueron comunidades de amparo y en sus lenguas no existía la palabra pobre: no concebían la existencia de miembros de su comunidad que no tuvieran cubiertas sus necesidades espirituales y materiales. Por otro lado, concebían a los hombres como parte de la Naturaleza, y debían mantener con ella relaciones armoniosas: los territorios no les pertenecían, ellos pertenecían a los territorios.

Durante cinco siglos, la hegemonía de la Civilización occidental y el dominio colonial o neocolonial de las áreas periféricas impuso una dinámica de expoliación social y devastación de la Naturaleza sin contemplar las secuelas de la contaminación y los desequilibrios ambientales, pues la obtención de ganancias extraordinarias constituía la razón por excelencia de la actividad humana. Hoy padecemos la minería a cielo abierto con utilización intensiva de cianuro y otros tóxicos, además de la utilización igualmente irracional de agua potable y la destrucción de glaciares; la devastación de bosques y selvas para expandir las fronteras agrícolas con soja o biocombustibles; la utilización masiva de glifosato y venenos similares; la contaminación de las fuentes de agua y las reservas subterráneas. Todo ello está alcanzando una magnitud sin precedentes por la avidez de las empresas mineras y petroleras junto a sus socios políticos locales. La extranjerización de las tierras sin ningún control -incluyendo zonas de frontera- alimenta la prepotencia de los inversores, despojándonos de áreas estratégicas, como son las fuentes de agua de la cordillera o el Acuífero Guaraní.

La formulación de un Plan Agrario Nacional y de un Plan de Soberanía Alimentaria, que contemplen los intereses y la participación de movimientos indígenas y campesinos junto a pequeños y medianos productores rurales, es una de las principales tareas. Este plan debe acompañarse de una propuesta orientada al repoblamiento de nuestro territorio y a revertir las presiones que han venido expulsando a las poblaciones hacia los centros urbanos: en esta perspectiva se inserta la reconstrucción de los ferrocarriles y de una infraestructura que garantice niveles de bienestar y de acceso a la atención de la salud, a la educación, a los medios de comunicación e información, así como a otros aspectos vinculados con el bienestar de quienes habiten en medios rurales.

6.- La cuestión de la integración latinoamericana

Ante el acelerado cambio en el equilibrio de poder mundial, la viabilidad histórica de los países latinoamericanos depende de su capacidad para integrarse en un espacio común con el fin de garantizar las dimensiones requeridas en tamaño de la población y los mercados, recursos estratégicos, producción industrial de avanzada y desarrollo científico-tecnológico autónomo. Los sueños de Bolívar y San Martín constituyen en la actualidad una condición ineludible, si se trata de evitar nuevas formas de dependencia o neocolonialismo. La historia enseña que los imperios en decadencia tienden a utilizar la fuerza miliar en un intento desenfrenado por conservar sus colonias o dominios periféricos. Por el contrario, las potencias emergentes buscan construir su dominio a través de las inversiones y el comercio: Inglaterra a comienzos del siglo XIX en nuestro continente, o Estados Unidos a partir de la postguerra utilizaron estos mecanismos neocoloniales, que tienden a reproducirse en el caso de China, gran polo de poder que se está consolidando desde inicios del siglo XXI: el 90% de las exportaciones argentinas a China se componen de productos primarios sin valor agregado mientras nuestras importaciones desde ese país comprenden en un 90% productos industriales. La semejanza de nuestra posición ante Inglaterra en el siglo XIX no es pura coincidencia.

Si bien ninguna de nuestras naciones -tampoco Brasil- cuenta con los recursos humanos y materiales para afrontar el desarrollo autónomo de los conocimientos y tecnologías de la Revolución científico-técnica, la suma de los potenciales a nivel regional nos permitiría contar con la masa crítica requerida para enfrentar ese desafío: de otro modo, seremos productores de velas de sebo cuando ha llegado la electricidad, o de carretas y diligencias ante el advenimiento del ferrocarril. Las actuales condiciones permiten lanzar planes de integración basados en el impulso de industrias de base y tecnología: Líneas Aéreas Latinoamericanas con producción propia de aviones y similares; Flota Mercante Latinoamericana; sistema satelital y de comunicaciones teleinformáticas; promoción de nuevos materiales y fuentes de energía renovables; desarrollo de genética, biotecnología y medicamentos regidos por una ética científica con valores humanísticos y de respeto a la naturaleza; éstas son algunas de las iniciativas viables que en el corto plazo pueden abordarse.

III.- Convocatoria a la unidad en torno a un proyecto

Estamos ante un tiempo decisivo de la historia, que nos plantea el reto de construir un proyecto nacional y latinoamericano para afrontar los desafíos de nuestra segunda emancipación. Debemos buscar una síntesis enriquecedora de la mejor herencia política, de ética y de ideas-fuerza, legada por esos nombres que plantaron las raíces de las identidades presentes en la escena argentina. La teoría del fukko, en Japón, nos habla de la necesidad de volver a la historia para pensar el futuro. Volver a la historia es una tarea ineludible si hemos de evidenciar y denunciar las distorsiones que los aparatos políticos del PJ y la UCR han producido sobre esa herencia. Peronistas, radicales, socialistas, sectores de la izquierda nacional e independientes nutridos de tales herencias no pueden sentirse reflejados hoy en los espejos invertidos que las versiones del bipartidismo exhiben como una continuidad degradada, más allá de los símbolos, las marchas, las banderas o la honradez de algunos dirigentes que puedan conmovernos.

El imperativo de la hora es confluir en la construcción de una fuerza política capaz de procesar esa nueva síntesis en un proyecto sustentado en los valores y en las concepciones más entrañables, con la misión de gestar la unidad de quienes hoy dispersan sus esfuerzos desde posiciones electoralistas de corto plazo. Un proyecto estratégico de unidad dispuesto a superar la cultura del miedo y la impotencia, la cultura que naturaliza la corrupción y el despojo; una cultura cuyos tentáculos buscan cooptar o inmovilizar la potencia creativa de nuestros jóvenes, que han de ser los protagonistas principales de esta segunda emancipación.

Alcira Argumedo, socióloga y diputada nacional por Proyecto Sur.

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