lunes, 12 de diciembre de 2011

Argentina, Córdoba: La última estación

Beatriz Molinari (LA VOZ DEL INTERIOR - PRENSA RED)

Las historias del ferrocarril en Cruz del Eje son el centro del documental "Ferroviarios", que preestrenó en esa ciudad junto a sus protagonistas. Los intérpretes ejercitan su memoria colectiva.

Verónica necesitaba una foto para colgar en el vagón que alquilaba como vivienda. Ese detalle intrascendente la llevó a su ciudad natal, Cruz del Eje, en busca de la imagen. Verónica Rocha insiste en que no fue un impulso autobiográfico, pero lentamente, la memoria de la niña que fue completó la historia de Ferroviarios, su película documental.

A mediados del 2005 la directora fue a vivir a un vagón reciclado y acondicionado para vivienda en Villa Belgrano, Córdoba, al lado del río. ‘Se vende vagón', decía el aviso clasificado que interesó a la arquitecta que lo compró. Y de boliche del Chateau, se convirtió en su casa.

¿Cómo llegó esa mole de hierro al pasto, fuera de la vía? Quizá la respuesta esté en Cruz del Eje, en la mirada de los ferroviarios que nos reciben en la plaza de la Municipalidad a la hora en que la ciudad recién está saliendo de la siesta.

Al frente, en el Cine Teatro Aída, entre los carteles de Contagio y Amanecer, se lee Ferroviarios. Memoria de acero en una ciudad sin tren. Documental dirigido por Verónica Rocha. El viernes a la noche se estrenó la película en la ciudad que vio morir el tren.

El grupo se traslada a la vieja estación donde comienza la historia.

"Todo eso estaba ocupado por los talleres del ferrocarril", dice el doctor Dreifo "Tuti" Álvarez y señala el predio tapiado donde cada año se realiza el Festival del Olivo.

"Entré a los talleres el 11 de mayo de 1953 a las ocho de la mañana, con todos los beneficios. Era la manera de que los ‘negros', los pobres, pudiéramos estudiar". Por el andén sin estación camina el grupo que participó en la película. Ellos ven otra cosa. En su recuerdo hay trenes que van y vienen por las dos vías que forman una ‘Y'. Locomotoras herrumbradas, edificios destruidos y los restos de un incendio provocado pocos años atrás forman hoy el escenario. Por ese mismo andén caminó Verónica el día de 2005 en que salió a sacar fotos.

" Ferroviarios no es una historia de vida; no va por lo familiar. Desde afuera vi algo cuando vine a buscar una foto. Viví siempre a dos cuadras de la estación de Cruz del Eje. Empecé a caminar por donde estuvimos hoy y me di cuenta de que no sabía nada. Sabía lo que saben todos: que el taller cerró en los años '70, que antes todo era mejor y que después todo fue peor. Hubo una pérdida de la tradición. Mis recuerdos tenían un tope. No sé qué pasó", dice la directora.

De los "recuerditos tontitos" a los que alude Verónica nació la investigación y la película. "Acá hay algo más, mucho más fuerte. Yo aporto mis recuerdos ñoños". Hubiera podido usar el formato de historia de vida, "a lo Gastón Pauls", pero se decidió por el documental combinado con la ficcionalización, recurso que utilizó en su película anterior, Cuando el río suena... (2003).

"Acá nos conocemos todos"

Beba Chanaguir señala más allá del predio limpio y tapiado y cuenta que ella creció ahí, con el balcón de su casa mirando los talleres. Sus padres tenían un almacén que proveía a los ferroviarios: "Me acuerdo que me asomaba y ellos me hacían señas para pedir lo que necesitaban del negocio. A las cinco de la mañana me despertaba la sirena y yo cerraba la ventana. Después de la demolición me quedó la nostalgia y el cariño de todos".

"Los horarios de la vida cotidiana estaban determinados por las sirenas del ferrocarril. Yo vivía al frente. El ferrocarril también determinó la estructura urbanística de Cruz del Eje", comenta la Nené (Ana Margarita Ortiz), la profesora de Historia de Verónica en el secundario. "Casi al final del montaje, Nené sumó sus diapositivas para la película, pero avisó mucho antes que tenía fotos de los talleres en pie", comenta la directora.

En realidad, Nené aportó mucho más que imágenes. La foto de la profesora tiene fecha del 15 de mayo de 1978, el día que cerraron los talleres del ferrocarril. En cuanto se conoció la mala noticia fue a fotografiar el edificio.

Juan mira con los ojos húmedos. Le cuesta hablar de estas cosas. Ha participado con el grupo de la sesión de fotos en el andén abandonado y cuando se sienta a contar, sintetiza décadas de ferrocarril. "Entré en abril de 1950, a los 14 años. Era la posibilidad que teníamos los adolescentes para continuar con nuestros estudios. Además recibíamos un sueldo", cuenta Juan Alberto Escobosa. Todos saben que le tocó tomar una decisión que lo marcó para siempre.

"El ferrocarril era una parte muy importante de nuestra vida. Siendo aprendiz admirábamos a los de mejor desempeño. Había un culto al trabajo", dice. Su relato describe cómo fueron quedando los ferroviarios en el camino; era jefe cuando en enero de 1978 se decretó el cierre de los talleres.

"Me llamaron de Buenos Aires; fui y me dieron instrucciones para que el 15 de mayo de ese año se concretara el cierre. Me ordenaron que procediera a las cesantías del personal. Volví. Lo pensé mucho", Juan deja de hablar. "Les dije que no admitía cumplir esas órdenes, que era como pedirle al condenado a muerte que cavara su tumba, y renuncié. Dejé atrás 28 años de trabajo y de aportes, así que no recibí indemnización, pero gané en tranquilidad de conciencia", concluye.

Para Héctor Romero ser ferroviario significa "todo". Ingresó el 7 de junio de 1957 como aprendiz de carpintería y se jubiló en 2009 cuando sólo quedaba una cuadrilla de mantenimiento. "Tuve la suerte de conocer el país como artesano ambulante. En el sector de Vía y Obra hay máquinas tapadas de yuyos. Es un bosque. Da lástima ver eso. Uno ha tenido una vida ahí. Usted no se imagina lo que era la estación cuando había trenes", dice y recuerda que cuando fue a rendir, uno de los temas optativos para la redacción era ‘La llegada del tren'. Le brotaban las palabras, tan fácil fue contar la visita de cada mes de su tía de Chepes.

Armando Olmos entró en 1975, también en Vía y Obra, como changarín. Le tocó ver la demolición: "Se remataban tornos, maderas, herramientas". Se jubiló en 2008.

Jorge Aníbal Tula lleva 34 años de servicio. Se desempeña en Vía y Obra. "La película es un reconocimiento a los ferroviarios; nos conmueve", dice después de describir las tareas que aprendió".

María Cristina Cafure, la otra profesora de Historia, vivió la experiencia de Cruz del Eje antes y después del ferrocarril: "Marcaba el pulso de la ciudad; era una vivencia. Cuando me fui en 1962 Cruz del Eje era una ciudad próspera. Cuando volví en 1981 encontré un pueblo diferente en lo anímico. Era un pueblo golpeado, se vino abajo en lo económico y el campo no alcanzaba a compensar lo perdido. Además, la dictadura militar nos había amordazado. Se desintegraron las familias".

La ciudad azul

Para el periodista Alexis Oliva, hijo y nieto de ferroviarios, la historia del tren echa luz sobre una cadena de hechos históricos. Su aporte desde lo periodístico se relaciona con el después, con varios hitos y una caracterización de Cruz del Eje que fue protagonista de la pueblada de 1997, cortó rutas en 2000 y ahora tiene una cárcel funcionando en las instalaciones que dijeron que serían los talleres nuevos del ferrocarril, nunca inaugurados.

"El despojo a Cruz del Eje generó conflictividad. La idea de la cárcel fue una respuesta laboral de Mestre que concretó De la Sota. Hay un vínculo simbólico entre el ferrocarril y la cárcel. Se plantean, en un recorrido de más de 30 años, dos modelos de Estado, de aquel modelo generador de trabajo, el del ferrocarril, a un modelo policíaco-carcelario. Cruz del Eje es hoy la ‘ciudad azul' de la provincia. Ésa es la parábola".

Fragmentos

Para su documental, Verónica Rocha leyó, entre otras fuentes, los libros de Juan Carlos Cena y tuvo su apoyo para entrar al Museo Nacional Ferroviario y al celoso archivo de fotos. Viajó a la Biblioteca Nacional.

"Me pregunté cómo acceder a un tema donde hubo un corte de tradición. Accedí por fragmentos y después tuve que elegir desde dónde contar. En la película hay un narrador omnisciente y yo soy un personaje más. Traté de no bajar línea. El documental está hecho con respeto. Puse el discurso de Martínez de Hoz ("Hoy hemos dado vuelta la página...") que era importante porque hay gente que no sabe quién es, como los alumnos de la escuela secundaria. Tiene que estar. Mis alumnos lo veían y decían ‘mirá, ése es Videla'.
Fue una decisión ideológica. El documental está además pensado para la tele".

Finalmente, en la charla previa al estreno aparece el tema de la identidad. "Preguntaba sobre los trenes y la gente empezaba a hablar de Cruz del Eje. En Ferroviarios está la transformación desde la geografía social, es decir, se transformaron los espacios como reflejo de las políticas de Estado. Cuando uno se hace la pregunta sobre lo que pasó, ahí hay un aprendizaje", concluye.

Verónica salió a preguntar qué pasó con la gente y en el documental está lo que encontró. La noche del estreno en el Cine Teatro Aída hubo emoción y sonrisas. La directora recibió, además, la distinción de ‘socia honoraria de la asociación ferroviaria', epílogo impensable para el impulso que comenzó con la búsqueda de una foto.

Ferroviarios
Guión y dirección: Verónica Rocha. Con Eva Bianco y Luna Paz. Voz en off: Max Delupi. ATP. 1:20'. Miércoles a las 21 en Espacio Incaa 700 Km. Ciudad de las Artes. Entrada: 8 pesos.

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