martes, 27 de diciembre de 2011

Argentina. Guillermo Salas, el sheriff platense IV: Un final abierto en las calles (...)

INDYMEDIA

Un final abierto en las calles, un final cerrado en la justicia.

Este artículo es la cuarta y última parte de la serie de relatos de la vida delictiva de Guillermo Salas. Sin embargo, la presente entrega no está dedicada exclusivamente al jefe de calle de la Comisaría 1° de La Plata, sino también a sus colegas. La dependencia policial en cuestión ha recibido numerosas denuncias por torturas y golpizas, sufridas principalmente por jóvenes que trabajan o viven en la calle. El factor común de los hechos que se narran a continuación es que, en ningún caso, la causa judicial tuvo algún tipo de avance más allá de las pocas hojas que conforman la denuncia. Un limpiavidrios detenido 25 veces por averiguación de identidad y chicos que ya no se inmutan ante las golpizas son algunos de los protagonistas. Dos denuncias realizadas a la Comisaría 1° mientras se escriben estas líneas se suman a la lista.

Foto: La Comisaría 1° de La Plata sigue acumulando denuncias

Farías el "rompehuesos"

“A las 8:30 de la noche me paró un patrullero porque, supuestamente, había robado pero no me encontraron nada (…) yo estaba solo, me pusieron las esposas y empezaron a pegarme ahí mismo en la calle”. Así empieza la denuncia realizada por un joven de 14 años en julio de 2009 cuando tres los policías lo interceptaron en las calles 3 y 48. Tras interrogarlo ahí mismo acerca del paradero de un supuesto cómplice, fue subido a un patrullero que arribó al lugar. En el mismo, un oficial se sentó al lado suyo golpeándole la cabeza contra el vidrio hasta llegar a la Comisaría 1° donde fue bajado de los pelos y llevado al calabozo. Allí lo desnudaron mientras otro policía le decía “que se fuera a molestar a otro lado”. Estuvo cerca de ocho horas detenido antes de ser llevado a las tres y media a un instituto de menores ubicado en diagonal 73 y 115. Tras comer y bañarse se iría por diagonales 73 hasta llegar a calle 10 para dormir al costado de un edificio.

El joven sostuvo que, una vez en la comisaría, los oficiales habían intentado incriminarlo en un robo, sosteniendo que le habían encontrado un revolver, y haciéndolo firmar papeles que no pudo leer. Entre los uniformados que lo torturaron afirmó que a uno le decían “Farías el rompehuesos”, quien haría referencia al subteniente Leonardo Farías, legajo 160.145, que desde hace varios años trabaja en la comisaría de Guillermo Salas. A los demás golpeadores el joven manifestó conocerlos previamente, cuando eran bicipolicías, “pero ahora andan en móviles”, según afirmó. “Uno es rubio con nariz redonda corta y el otro una nariz grande y también rubio, el que iba en el móvil pegándome, el que me pegó en la comisaría es uno gordito de rulitos” describió a la vez que dijo poder reconocerlos en una rueda de reconocimiento.

Ese mismo año pero en octubre, un trabajador de la Secretaría de Derechos Humanos se sorprendería al ver a tres chicos en situación de calle con evidentes lastimaduras. Ellos no pasaban los 15 años, y le dijeron con naturalidad que las lesiones se las habían producido policías de la Comisaría 1°. Un hematoma en el ojo derecho y las muñecas lastimadas eran las heridas presentadas por uno de los chicos, mientras moretones en piernas y brazos enseñaba otro. Esto había sucedido a pesar de una medida de resguardo dictada por el Juez en lo Contencioso y Administrativo Luis Arias, ya que los mismos chicos habían sido víctimas del ataque a jóvenes en situación de calle perpetrado un año atrás en la Plaza San Martín.

Foto: Limpiavidrios realizaron una huelga en protesta contra la violencia policial a principios del 2011

25 veces detenido para conocer su identidad

La ley 13482 reglamenta la unificación de las normas de organización de las policías de la provincia de Buenos Aires. Su artículo 15, inciso c, concede a la fuerza bonaerense la potestad de detener arbitrariamente a cualquier persona en la vía pública:

ARTICULO 15. El personal policial está facultado para limitar la libertad de las personas únicamente en los siguientes casos:
c) Cuando sea necesario conocer su identidad, en circunstancias que razonablemente lo justifiquen, y se niega a identificarse o no tiene la documentación que la acredita.

Durante el 2010 y los primeros meses del 2011, un limpiavidrios -que aquí se lo referenciará como D.S. -, aseguró haber sido detenido alrededor de 25 veces por oficiales de la Comisaría 1°, siempre bajo la figura de “Averiguación de Identidad” A.I.. El objetivo de la policía era echarlo junto a sus amigos de la Plaza Moreno, donde él trabajaba y vivía. La intención y el motivo dejó en claro un oficial en diciembre cuando le dijo “que se fueran de ahí porque al intendente Bruera le molestaban”. Esas palabras fueron el inicio del amedrentamiento que padecería D.S. y sus amigos durante el verano 2010-2011.

El 15 de enero por la mañana, D.S. se encontraba en Plaza Moreno junto a sus amigos cuando dos patrulleros se subieron a la misma y bajaron del móvil dos oficiales, uno armado con una itaka, al grito de “al piso”. A pesar de obedecer a los uniformados, fueron golpeados y luego notificados de que eran sospechosos de un robo y el damnificado se dirigía hacia allí para reconocerlos. En una suerte de rueda de reconocimiento realizada allí, la víctima del robo negó que alguno de los limpiavidrios haya sido el autor del ilícito.

A los cinco días de este suceso, el 20 de enero, el Capitán Guillermo Salas fue a la plaza para decirle a D.S. “que lo había llamado Bruera directamente y que le había indicado que en 15 minutos lo saque de la plaza”. Sin embargo, en menos tiempo, un camión de la municipalidad se ubicó en la equina de 12 y 51 donde D.S. trabajaba, y secuestró cinco colchones, cuatro frazadas y ropa que los limpiavidrios tenían allí. Al día siguiente la Comisaría 2° se encargaría de llevarse las demás cosas que guardaba en otro punto de la ciudad.

El 25 de enero policías intentarían detenerlo, pero fueron impedidos a raíz de la reacción de sus amigos. Semanas después, el 8 de febrero, otros policías se acercarían a la plaza alrededor de las once y media de la noche insultando a un limpiavidrios. Cuando D.S. le dijo que no le hablará así a su amigo, el oficial llamó a D.S. por su apellido diciéndole “que ahora él mandaba en la plaza y que no lo quería ahí”. El uniformado también lo amenazó diciéndole que “él no iba a hacer como los demás, que no lo iba a mandar preso, sino que lo iba a hacer desaparecer; le iba a tirar un fierro y nadie iba a preguntar por él”. Al preguntarle D.S. el nombre, el policía se identificaría como Sánchez Carlos con número de móvil 39216.

D.S. sería detenido en la madrugada del 2 de marzo, luego de que alrededor de 8 policías abordarán la zona donde se encontraba con sus amigos. En la plaza fue golpeado y en el patrullero amenazado de que los padecimientos seguirían en la comisaría. Dos días después los limpiavidrios en repudio a los hostigamientos realizaron la primer huelga de limpiavidrios que se conozca. Durante la tarde del 4 de marzo se apostaron con carteles en la esquina de 12 y 51 limpiando autos gratis e informando a los transeúntes de su situación. Durante la mañana previa al reclamo, un policía le señaló a D.S. que “si el municipio le da la orden de darle un tiro en la cabeza él va a ir y se lo va a dar”. Poco después, en una reunión con un funcionario municipal, D.S. recibiría una oferta de quinientos pesos para no realizar el reclamo.

Un final abierto en las calles

En julio del 2011 se conoció públicamente un nuevo atentado que involucraría a personal de la Comisaría 1°. Felipe Ayala Gamboa, alías Rooney, se encontraba en 11 y 44 cuando un patrullero frenó a su lado y dos policías bajaron al grito de “arriba las manos”. Ante la pregunta de Rooney de qué sucedía, uno de los oficiales lo tiró al piso y empezó a golpearlo.

Foto: Rooney fue golpeado en plena calle / Fuente: Diario Diagonales - INDYMEDIA

El joven es hermano de Sandra Ayala Gamboa, quien el 16 de febrero de 2007 fue secuestrada, violada y asesinada en el ex archivo del Ministerio de Economía. La joven que había llegado a La Plata desde Perú con la intención de estudiar, acudió aquel día al ministerio bajo la promesa de un trabajo. A los pocos días de su desaparición, en la Comisaría 1° se negarían a recibir la denuncia de la madre.

Cuando Rooney manifestó su relación con Sandra, señaló que los policías se ensañaron aún más con él y se marcharon del lugar rápidamente.

Durante las últimas semanas, la Comisaría 1° a cargo del Comisario Marcelo Tidoni, protagonizó dos denuncias más por violencia policial, que cobrarían difusión a través del diario local El Día. En la madrugada del 9 de diciembre, un móvil policial se dirigía a la esquina de 4 y 49 donde se había producido una pelea entre dos grupos, pero al llegar al lugar se encontraron con un joven de 19 años que sostuvo que los grupos se habían dispersado. Sin embargo, los oficiales descreyeron la versión del joven y lo llevaron a la comisaría. Una vez en el calabozo denunció que “entre tres policías, dos hombres y una mujer, me empezaron a golpear". También agregaría que “con la culata de una itaka me quebraron el dedo gordo del pie derecho; me pegaron una trompada en el ojo derecho, que después se me hinchó, y tengo hematomas en la espalda por piñas y patadas”.

Días después, el lunes 19 de diciembre, una joven de 27 años era echada de un bar ubicado en 1 y 46 cuando un patrullero llegó al lugar. Según señaló, los policías la maltrataron y dejaron que la gente del bar rompiera su moto. También sostuvo que los oficiales le robaron plata y los documentos. Una vez en la Comisaría no le informaron porque se encontraba detenida, según denunció, y señaló que “apareció un señor que empezó a golpearme, me gritaba, me decía de todo y me revoleó por la cabeza algunas pertenencias”

Foto: Guillermo Salas

Un final cerrado en la justicia

En los condados de Estados Unidos el sheriff tiene bajo su responsabilidad el cumplimiento de la ley en el territorio, siendo un cargo político policial al ser una autoridad elegida por los mismos ciudadanos. Guillermo Salas también ha sido elegido, pero implícitamente, por un sector de la sociedad. El jefe de calle de la Comisaría 1° ha encarnado el grito de mano dura, que consiste en una represión focalizada en los sectores más vulnerables y estigmatizados de la sociedad.

Distintos sheriffs a lo largo de la provincia garantizan un trabajo similar al perpetrado por el jefe de calle de la Comisaría 1° y sus colegas. Sin ir más lejos, a principios de este mes, el defensor oficial del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil Julián Axat denunció a la Comisaría 12° “con motivo de torturas y apremios ocurridas en la noche del día 28 de noviembre” a un chico. También a la Comisaría 3° por el caso de un joven de 17 años que afirmó sufrir una constante persecución por parte del servicio de calle

Ante el accionar delictivo de Guillermo Salas y sus colegas, la Justicia se ha posicionado en un lugar más cercano a la complicidad que a la ineficiencia

La causa por la golpiza al joven que se encontraba en 3 y 48, duerme en las oficinas del fiiscal Marcelo Romero, titular de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 6 . El caso de los tres chicos golpeados haría lo mismo en la UFI N°4 del fiscal Fernando Cartasegna. Por el amedrentamiento al joven limpiavidrios, el Comité Contra la Tortura de la Comisión por la Memoria presentaría un pedido de Habeas Corpus en el Juzgado de Garantías N°6 de Fernando Mateos, con un exhaustivo relato de los sucesos. Sin embargo, el pedido sería rápidamente rechazado con pocos argumentos.

La joven abusada por el jefe de calle vio como el fiscal encargado de investigar cerraba la causa; el Consejero Estudiantil Facundo Ferray vio como el Juez César Melazo lo procesaba por protestar contra la violencia de Salas; el joven Gandia que se negaba a robar para la comisaría conoció el exilió cuando el fiscal no pidió medias de resguardo; D.G. conoció la Unidad 38 de Magdalena cuando el Juez Fernando Mateos rechazó su habeas corpus y fue víctima de un armado de causa.. Irónicamente quienes más han pagado por los delitos de Salas, son sus víctimas, para quienes hacer públicas sus denuncias representa un nuevo peligro. De esta forma, la impunidad policial parece estar garantizada.

Si Guillermo Salas se ha convertido en el sheriff que con mano dura y bajo sus propias leyes rige el centro platense, la Justicia se ha encargado de resguardarlo y avalar sus prácticas cuando fuese necesario.

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