jueves, 29 de diciembre de 2011

Causas y consecuencias de las actuales polémicas entre Rusia y Estados Unidos

Fiódor Lukiánov (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info)

Las discusiones acerca de las relaciones ruso-estadounidenses en el año 2011 giran a menudo en torno al reinicio.

Muchos comentaristas se preguntan si ha terminado el proceso ya y cómo es su resultado, lo que no puede sino asombrar ya que el reinicio, como lo entendió su promotor en primavera de 2009, concluyó con éxito ya en diciembre del año 2010 con la ratificación del START III (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas).

El reinicio como tal preveía cumplir un número de tareas limitado, concentrándose en sacar las relaciones entre los dos Estados del punto muerto tras la presidencia de George W. Bush y entablar un nuevo diálogo. Los temas incluían el START, la cooperación en la solución de los problemas de Afganistán, sanciones contra Irán. Dichas tareas quedaron cumplidas y ya no cabía esperar del reinicio nada más. Con la única excepción de que a continuación, como después de un periodo de transición, se podía esperar una política nueva. Pero estas esperanzas no llegaron a materializarse.

Se emprendieron dos intentos de continuar el reinicio: las negociaciones sobre el despliegue del Sistema de Defensa Antimisiles (DAM) de Estados Unidos en el continente europeo, que fracasó, y otro, que tuvo más suerte, el ingreso de Rusia en la Organización Mundial del Comercio (OMC) que vino como caído del cielo.

En cuanto a la DAM europea, los representantes de Rusia y Estados Unidos intentaron elaborar formas para un trabajo conjunto en el curso de varios meses después de la cumbre en Lisboa (noviembre de 2010). Pero el resultado fue no sólo nulo, sino que negativo. No era ningún hecho sensacional, ya que muchos predecían la incompatibilidad de posturas desde el principio. Barack Obama canceló incluso su visita a Rusia planeada para el año corriente, debido a la falta absoluta de avances. Sin embargo, el hecho de que se hayan celebrado estas negociaciones fue de por sí positivo, pues en la mesa de discusiones aparecieron temas relevantes.

El asunto volverá a la agenda, porque es imposible pasarlo por alto. Volverá a plantearse ya en mayo próximo, en la cumbre de la OTAN en Chicago la que Rusia se propone desatender en caso de que no haya progreso respecto a la DAM. Algunos cambios podrían producirse tras la llegada en 2013 de la nueva Administración, que inevitablemente se enfrentará a este problema en primer lugar. Rusia insiste en discutir los principios de la estabilidad estratégica relacionados directamente con el problema de la DAM. Por ahora, la única garantía de estabilidad sigue siendo la amenaza de exterminio mutuo garantizado.

La conclusión de la increíblemente larga epopeya con el ingreso de Rusia en la OMC, en el que ya nadie creía, fue una sorpresa agradable a pesar de las relaciones estancadas entre Moscú y Washington. Las dos partes este año se esforzaron al máximo para lograrlo, llegando a la conclusión de que ya no alcanzarían condiciones mejores y de que no cabía esperar otro momento más oportuno. La buena voluntad se manifestó ante todo en la influencia sobre la postura de Georgia. Estados Unidos ejerció fuertes presiones sobre Tbilisi, mientras que Rusia también adoptó una postura más flexible. Es poco probable que la adhesión a la OMC genere cambios rápidos en las relaciones económicas entre Rusia y el resto del mundo, pero con toda probabilidad propiciará un clima más predecible para los inversionistas. Incluidos los estadounidenses.

Una gran decepción para Estados Unidos ha sido el enroque entre el presidente ruso Dmitri Medvédev y el primer ministro y candidato a la presidencia Vladímir Putin. La Administración estadounidense esperaba seguir colaborando con Medvédev. Primero, es que la naturaleza de este intercambio confirma la opinión de que Rusia representa un régimen de tipo exclusivamente personalista y autoritario que no tiene remedio.

Además, surgió la sensación de que el papel de Dmitri Medvédev en el curso de su mandato fue, en realidad, menor de lo que parecía. Resultaba que el presidente Barack Obama negoció con un representante secundario de Rusia. Los acontecimientos ocurridos después de la declaración sobre el posible retorno de Putin al Kremlin movieron a muchos en Estados Unidos a pensar en la probabilidad de cambios en Rusia. Washington se animó, pero no demasiado: está reflexionando sobre lo serios que son los procesos en curso.

Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos se vieron afectadas tras la votación en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre la intervención en la guerra civil en Libia, en la que Rusia se abstuvo, al adoptar de este modo una postura poco habitual. No están claras las razones por las que se guió en aquel momento el Kremlin y si estaba concordada aquella decisión entre el Jefe del Estado y el primer ministro. Pero en todo caso, la postura de Moscú predeterminó en gran medida el posterior derrumbe del régimen de Gadafi con la activa participación de la OTAN. En Rusia, entre tanto, esta abstención fue criticada e incluso reconocida como un fallo, lo que influyó más tarde en la actitud hacia el problema de Siria. Sin embargo, de este fue sentado un precedente cuando Rusia no desea participar en la intervención en asuntos internos de un país. A propósito, la postura de Estados Unidos, descrita como leadership from behind (liderazgo por detrás) tampoco fue tradicional.

En 2011, la Administración de Obama empezó poco a poco a discutir los problemas internos de Rusia, aunque antes había intentado abstenerse de ello. La creciente repercusión del caso de Sergei Magnitski y la amenaza de que el Congreso prohibiera a una serie de funcionarios rusos entrar en Estados Unidos, obligaron al Departamento de Estado a movilizarse, anunciando que tenía redactada su propia “lista negra” ya.

El ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia respondió con una medida semejante elaborando su “lista negra”, aunque las propias listas nunca han sido publicadas. Al mismo tiempo, Rusia acusó a Estados Unidos de arbitrariedades contra los ciudadanos rusos, el piloto Yaroshenko y el empresario Bout, procesados en Estados Unidos. Después de las elecciones parlamentarias en Rusia, Hillary Clinton arrojó sobre Rusia una avalancha de críticas. Vladimir Putin no tardó en responder, acusando a la secretaria de Estado de apoyar los intentos por desestabilizar el país eurasiático. Por lo visto, la polémica acerca de los problemas de democracia se intensificará a medida que cundan las protestas en Rusia y cobre pujanza la campaña electoral en Estados Unidos.

El año 2012 será difícil para las relaciones entre los dos países. Las cuestiones positivas de la agenda están agotadas, la atmósfera en cada uno de los países, de cara a sendas elecciones, obligará a plantear sólo temas controvertidos. Así que tanto Moscú como Washington deberían esforzarse por minimizar el daño para evitar que el agravamiento de conflictos provoque en ambos países nuevas cadencias políticas.

Fiódor Lukiánov, es director de la revista “Rusia en la política global”, una prestigiosa publicación rusa que difunde opiniones de expertos sobre la política exterior de Rusia y el desarrollo global. Es autor de comentarios sobre temas internacionales de actualidad y colabora con varios medios noticiosos de Estados Unidos, Europa y China. Es miembro del Consejo de Política Exterior y Defensa y del Consejo Presidencial de Derechos Humanos y Sociedad Civil de Rusia. Lukiánov se graduó en la Universidad Estatal de Moscú.

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