miércoles, 7 de diciembre de 2011

Economía Solidaria Civil

Roberto Fermín Bertossi (especial para ARGENPRESS.info)

No obstante y a pesar de que los recursos de la tecnociencia al servicio del poder financiero, insistan en persuadirnos para seguir dócilmente sus consignas dogmáticas, existen tradiciones y resistencias sociales, académicas y legislativas vivaces que persisten plausiblemente en subordinar el precio de las cosas al valor de la dignidad de las personas.

Por caso, la ley colombiana nº 454 de agosto de 1998, puede ser un modelo útil para implementar, desplegar y expandir institucionalmente una economía solidaria civil de modo que pueda competir con el sector público y el sector privado capitalista de la economía con posibilidades de igualdad y bienestar, ciertas y equitativas.

Antes que nada resulta apropiado precisar qué es una economía solidaria civil puesto que cuando vulgarmente se quiere referir a ella, se alude a una economía social cuando, en realidad, toda economía es social pero, no toda es solidaria.

¿Y porque civil?

Porque se trata de una economía desmercantilizada en tanto y en cuanto no contempla actos de comercio ceñidos a la especulación y al lucro, sino actos cooperativos que puntualmente evitan intermediarios y carecen per se de fines lucrativos.

En esta propuesta es relevante resaltar toda estrategia de afines, esto es, integrar a todas aquellas empresas basadas en la primacía del trabajo incluidas las empresas familiares, tradicionales comunidades de trueque y toda otra organización solidaria. Todos los cooperativismos y mutualismos auténticos y mancomunados serán un excelente impulso para la consolidación del sector solidario de la economía, el que de ninguna manera supone ni implica confiscaciones ni expropiación de propiedades privadas o energías personales particulares y comunitarias sino, una integración de economías informales con la mejor articulación de empresas de servicios solidarias actualmente vigentes, para el logro de una sinergia, local, regional y federativa que favorezca y facilite una economía solidaria civil de escala, con ahorro de gastos y erogaciones, incentivando e incrementando convergente y complementariamente su catálogo atractivo de oportunidades humanas con sus posibilidades económicas, educativas y culturales.

Entonces, cuando proponemos una economía solidaria civil, propendemos reconocer dentro de la economía, un sector diferenciado por su naturaleza, fines y modos de organización y funcionamiento como: 1) Las empresas cooperativas, sus organismos de gestión como asimismo las entidades afines, complementarias y auxiliares del cooperativismo; 2) Las asociaciones mutuales ; 3) Las empresas comunitarias, asociaciones de productores, campesinos, consumidores y esquemas similares mancomunables; 4) Las cajas de ahorro y ayudas económicas reciprocas; 5) Las empresas de trabajo exclusivamente parental; 6) Los fondos, créditos y derechos de empleados junto a sus organismos de integración, mutualización y defensa; 7) Asociativismos que operan con la primacía del trabajo sobre el capital; del trabajo asociado sobre el trabajo asalariado; etcéteras.

A modo conclusivo, el marco axiológico de la economía solidaria civil aún como escondido e inadvertido, no ha cesado ni evidenciado fatiga en sus contribuciones para continuar generando e institucionalizando trabajo e industria, vivienda digna, productos, bienes y servicios urbanos-rurales de calidad con tarifas justas y razonables, etc., contribuyendo así al aumento productivo, innovativo y competitivo de la riqueza de las naciones a través de crecimientos económicos auténticos, sostenidos e inclusión social -cuantitativa y cualitativamente genuinas-, en la cual, la influencia personal es humanamente intangible e invulnerable; contribuciones que además justifican y explican el porqué las Naciones Unidas han declarado por unanimidad a 2012´ como el año de las Cooperativas puesto que, la solución solidaria que estas ultimas implican y proponen, puede no sea toda la solución pero, sin dudas, fue, es y será una buena parte de ella.

Finalmente, solidarizar y civilizar la economía mitigará también cualquier proceso de enfriamiento, desaceleración o recalentamiento de la misma, según los casos. Aquí entonces no solo se trata entonces de vituperar ese mercado sin reglas, sin concurrencia y sin derrame, donde hasta las personas pueden ser tratadas como mercancías sino, de reivindicar, reproponer y expandir axiologías humanas concomitantes con sus prácticas solidarias para recrear nuestro mundo de la vida en el cual la persona recupere toda su alcurnia y protagonismo, tan inherentes como intransferibles puesto que sin dudas, evidentemente una economía solidaria civil es más justa, más necesaria y recomendable, todo lo que sea posible.

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