lunes, 12 de diciembre de 2011

La memoria donde arde: El primer periodista asesinado en democracia

Carlos Saglul (ACTA)

Más que en saber la verdad, la felicidad está en la esperanza. Todo pueblo necesita de un proyecto que lo contenga si quiere tener futuro un lugar para esa esperanza, sinónimo de alegría. Para eso sirve la verdad. Las victorias se construyen no con proclamas coloridas aunque vacías sino con mística y conocimiento de las razones de las derrotas.

Cada caído debe tener un nombre y también sus asesinos. Es parte indisoluble de una identidad necesaria para la construcción de cualquier Nación soberana. El neoliberalismo no es pasado, tampoco la impunidad. Por eso, después de 18 años, el crimen de Mario Bonino, el primer periodista asesinado en democracia, continúa sin resolver.

11 de noviembre de 1993. Poco después de abandonar su departamento de Avenida La Plata y Estados Unidos, cuando se dirigía a la sede nacional de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTA) el periodista y militante de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA-CTA), Mario Bonino, fue secuestrado.

La actual secretaria General de la UTPBA, Lidia Fagale, recuerda: “Habíamos quedado en encontrarnos en un seminario. Estuvo en su casa, se despidió de su mujer. Federico, su hijo, estaba con fiebre, le dio un beso y prometió traerle figuritas. Nunca llegó a ATE. El 15 de noviembre su cuerpo apareció flotando en el Riachuelo”.

“La Turca” recuerda que “eran tiempos difíciles, prevalecía la dictadura de mercado, el poder mafiatizado, el menemismo”. El actual senador del oficialismo –y por lo tanto con inmunidad ante la Justicia- Carlos Menem, por entonces Presidente de la Nación, gustaba hablar de “una sucesión de casualidades”. Opositores baleados, testigos muertos al caer un helicóptero militar, o suicidándose con la mano derecha a pesar de ser zurdos, ciudades que volaban eliminando toda prueba de una supuesta venta ilegal de armas, valijas con narcodólares, secretarias que “sabían demasiado” y caían al vacío tras andar haciendo equilibrio en los andamios de sus departamentos. En ese clima, no llamó la atención que ignorando todas las constancias científicas, el funcionario designado por Menem para investigar el crimen, Luis González Warcalde, afirmara que se trataba de un suicidio. La autopsia realizada a pedido del gremio de Prensa por un equipo encabezado por el inminente médico legista, Mariano Castex no dejó lugar a dudas, el
cuerpo de Bonino había ingresado vivo al agua.

“Lo consideramos un crimen político porque Mario era un militante de una organización, la UTPBA, que había sacado más de 10 mil personas a la calle para advertirle al Gobierno dos meses antes de su asesinato que “No vamos a esperar un muerto”. Se trataba de una campaña contra las agresiones a la prensa, en defensa de trabajadores que eran sometidos a todo tipo de presiones”.

“Éramos directos en el rechazo absoluto. Habíamos establecido una política férrea contra las ideas neoliberales, contra el capitalismo que bajo la forma “neoliberal” empujaba a miles de mujeres y hombres al desamparo, a la marginalidad. Un sector importante de los trabajadores pugnaba por un proyecto político, social económico y cultural alternativo. Era la fuerza de los trabajadores organizados quienes estábamos en la calle, movilizados y hablando de lo que significaba la concentración mediática, la concentración de la riqueza, la importancia de la comunicación alternativa. Esto incomodó a sectores del poder mafiatizado que castigó al gremio con el asesinato de Mario”. Días antes del asesinato, de madrugada, 14 personas que ocultaban su identidad y actuaban como un comando, allanaron la sede de la UTPBA. El sereno fue internado con conmoción cerebral.

Proceso a la víctima

Para esclarecer el hecho, la UTPBA creó una comisión integrada, entre otros, por los periodistas Enrique Tortosa, Santo Biasatti y Enrique Sdrech. Cuando se constata que Bonino murió de un infarto, y no tenía agua en los pulmones al momento de caer al Riachuelo, Gónzalez Warcalde dice que el periodista seguramente sufrió un infarto y se cayó al agua. La policía y los servicios tratan de inculpar a la víctima de todas las formas posibles: “Bonino era drogadicto, se contagio de Sida al inyectarse y por eso decidió matarse”.

No había muestra de estupefacientes en el cuerpo del periodista que no estaba enfermo ni deprimido y según sus compañeros se jactaba de estar pasando por “uno de los mejores momentos de mi vida”. El entonces secretario General de la UTPBA, Juan Carlos Camaño, le advierte públicamente a Menem que ni él ni ningún funcionario se atrevan a presentarse en la casa de Bonino para dar sus condolencias a la familia del asesinado.

El caso recala en el despacho del juez Raúl Irigoyen. La UTPBA realizaba actos, nuevas investigaciones, denuncias. La mujer de Bonino es amenazada y temiendo por la vida de su hijo llama al juez que le responde: “Mire señora, le voy a pedir que no me llame más. Ni siquiera venga a verme porque me compromete”. “El objetivo era darnos miedo, paralizarnos y fue todo lo contrario. Pero Mario fue asesinado y no vuelve, sólo en el recuerdo, en su militancia una lo trae al presente una y otra vez. Un compañero que tuvo la angustiante tarea de cubrir los primeros días de la desaparición de Mario dijo: “No se podían responder varias de las preguntas básicas de una crónica. Quién, cuándo, dónde, cómo, el qué ya aparecía claro y después quedaría confirmado. Fue un crimen. Y en cuanto al por qué, no queda ninguna hipótesis en pie que no sea la vinculada a su militancia”, dice Fagale.

A fines de abril de 2001, la UTPBA solicitó y obtuvo la reapertura de la causa que investiga el homicidio, producto de las declaraciones formuladas por un suboficial de la Policía Bonaerense a un programa de televisión en las que señalaba a los autores del crimen como “gente del Comisario Mayor Mario Rodríguez”, a quienes identificó con los nombres de “el ‘Lagarto’ Vargas y el Suboficial Mayor Carmona”.

En agosto de 2002, la UTPBA realizó una presentación ante el juez Raúl Irigoyen, a cargo del Juzgado de Instrucción Número 10, motivada por la publicación de un artículo en la edición del diario porteño Clarín del viernes 28 de junio, en el que se reproducen declaraciones del cabo de la Policía Bonaerense Adrián Montenegro, en relación con el asesinato de Bonino. Todos los indicios concluyen que sufrió un ataque cardíaco cuando estaba en manos de sus secuestradores.

Fagale recuerda al compañero como “solidario, generoso, simpático, un militante con convicciones. Recuerdo que marcaba en un mapamundi los pocos países que quedaban fuera del sistema capitalista. Nos reíamos de ese seguimiento que lo llevaba a colorear los escasos países que se habían salvado de las garras del ‘Tío Sam’. Mario sabía que los problemas de los periodistas eran los problemas de la sociedad y que transformar nuestras realidades implica transformar un sistema, un modelo. Mario era eso, el café de por medio, la discusión con el compañero franca, directa. Se lo extraña. Sus ideas están tan vigentes como nunca. Todos queremos vivir en un mundo más justo y solidario. En eso estamos”.

Articulo publicado en el Periodico de la CTA N° 82, correspondiente al mes de noviembre de 2011.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.