jueves, 15 de diciembre de 2011

México. Empobrecimiento explicable

Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)

“Que el fraude electoral jamás se olvide.
Ni tampoco los miles de muertos inocentes.”

Cómo no va a ser explicable el empobrecimiento de la mayoría de la población y de la mayoría de los pueblos, si es producto de la exacerbación de la codicia y del egoísmo característico del neoliberalismo y de los designios –hay que subrayarlo- de un pequeñísimo club de magnates afanados en hacerse del dominio mundial. Permítaseme referirme a experiencias personales para abordar el tema.

Llevo ya poco más de once años escribiendo semana a semana estos artículos de opinión en los que, desde los estertores del siglo pasado, he venido machacando con este asunto y, por necesidad, buscando enterarme sobre el avance del perverso cáncer de la pobreza que corroe a las sociedades nacionales y a la mundial. En esta materia fue determinante para mí el haber participado en las reuniones hemisféricas contra el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) celebrados desde el año 2000 en La Habana, eventos en los que se hizo patente el efecto que el neoliberalismo y la globalización han tenido en el empobrecimiento de los pueblos de Nuestra América y seguirle los pasos durante todo este tiempo. Tengo muy presente el advenimiento de Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana en Venezuela, que me llevó, ante los lamentos expresados por la casi totalidad de las delegaciones participantes, a reclamar una manifestación de apoyo al líder venezolano que, en ese entonces, era visto con desconfianza como un simple gorila nacionalista.

Por aquellas fechas procuré mostrar a mis escasos lectores cómo el fenómeno no era sólo un problema mexicano, sino que se manifestaba de igual forma en casi todo el continente, USA y Canadá incluidos. Pretendía convencer, ya no por una argumentación teórica, sino por los efectos observados en los distintos países en los que el libre mercado había marcado su impronta bajo el nefasto paraguas del Consenso de Washington (WC), con su secuela de privatizaciones y de desmantelamiento del estado en tanto que procurador de la justicia distributiva.

Con frecuencia me referí al caso argentino señalando que esa nación –que se distinguía por la educación y buena nutrición de su pueblo- era devastada por la crisis en la que lo dejó el tristemente célebre Carlos Menem (compañero de banca de su tocayo y colega Salinas de Gortari en la escuela de los vendepatrias). Para mí lo destacable era que la crisis no era producto exclusivo de las deficiencias educativas y nutricionales del pueblo mexicano –como se pretendía justificar- sino del modelo neoliberal impuesto en ambos países.

Haber visto las cosas desde la óptica regional, además de haber reforzado mi convicción latinoamericanista, me permitió seguir los procesos de liberación que se han venido registrando desde que Venezuela decidió emprender un camino propio, que luego fue creciendo con la llegada de Lula en Brasil, de los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Tabaré Vázquez y José Mujica en el Uruguay, Ortega en Nicaragua, Lugo en Paraguay y ahora Ollanta Humala en Perú. Todos ellos, con sus respectivos proyectos autónomos y con sus diferentes posibilidades, decididos a romper con el WC, el neoliberalismo y la globalización perversa. Fueron los pueblos de esos países los que dieron sus luchas y ejercieron su derecho democrático eligiendo a tales gobernantes. También registré la manera en que el poder hegemónico de Washington y las oligarquías locales a su servicio han pretendido desbarrancar tales procesos.

Para completar la observación, hoy resulta que los países que decidieron tomar el camino propio y destetarse de las recetas del Fondo Monetario Internacional están registrando crecimiento económico y reducción de los índices de pobreza, aún en medio de la crisis mundial, dicho lo anterior por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de la ONU. En tanto que quienes seguimos uncidos al yugo del WC –México en destacadísimo lugar- nos ahogamos en el pantano de la crisis y la miseria: el empobrecimiento claramente explicable.

Concluyo expresando mi convicción de que México está en el camino de volver a subirse al carro de la historia y sumarse al esfuerzo liberador latinoamericano, en beneficio de la justicia y el bienestar de la población. El Nuevo Proyecto de Nación es el vehículo y Andrés Manuel el piloto para avanzar hacia la regeneración nacional. No estamos solos. Se debe y se puede.

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