jueves, 29 de diciembre de 2011

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (XV): Un pueblo en armas

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

Como les contaba en la nota anterior, habíamos solicitado autorización para concurrir a los actos en el 4º aniversario de la Revolución, con los compañeros del Comité de Defensa de la Revolución de nuestra cuadra, en el barrio de Nuevo Vedado en el que residíamos.

Los CDR se fundaron el 28 de setiembre de 1960 en La Habana, teniendo como principal misión, inicialmente, la de impulsar la agitación colectiva frente a la ingerencia extranjera y a los actos de desestabilización impulsados por los Estados Unidos.

En marzo de 1960, el inquilino de la Casa Blanca Dwight David Eisenhower autorizó a los servicios secretos estadounidenses a utilizar, todos los medios, para derrocar al Gobierno Revolucionario.

En esos años se produjeron centenares de atentados, sabotajes a la producción y el asesinato de brigadistas y milicianos.

En el lanzamiento de los Comités participó el Comandante Fidel Castro. Los mismos estaban integrados por los vecinos, mayores de 14 años, y organizados por cuadra.

Se convirtieron en la organización no gubernamental más poderosa, con millones de miembros, desarrollando actividades vinculadas con la salud, la educación, la distribución de alimentos y el fomento de la participación popular.

El Coordinador de nuestra cuadra nos recibió, con la tradicional hospitalidad de los cubanos, en su domicilio, no haciendo ninguna pregunta respecto al motivo de nuestra presencia en la nación caribeña.

Era colectivero -“guagüero”- en el transporte urbano de pasajeros de la capital habanera. . .

Se había incorporado al Movimiento 26 de julio meses después del desembarco del Gramma. Por sus actividades revolucionarias fue encarcelado durante la Dictadura batistiana, sufriendo graves torturas, que le habían dejado secuelas.

Nos contó, con gran entusiasmo, algunas de las acciones en las que habían intervenido los cederistas.

Sin duda las mas trascendentes habían sido la localización de los responsables del sabotaje a la Tienda “El Encanto”, en el centro comercial de la “ciudad de las columnas”, como llamara el poeta Carpentier a la capital cubana, y la detención de un grupo de agentes de la Central de Inteligencia estadounidense que preparaban un atentado al palco en el que se encontrarían los principales dirigentes de la Revolución en un acto a llevarse a cabo en la Universidad.

El citado comercio estaba ubicado en un edificio construido en los primeros años del siglo XX.

Durante el período prerrevolucionario era una de las tiendas mas concurridas; paradigma de la burguesía cubana.

Contaba con 7 pisos, 65 departamentos y cerca de 1000 empleados. Tenía filiales en Varadero, Santiago de Cuba y Camagüey. Fue nacionalizada por el Gobierno revolucionario quedando la administración a cargo de un colectivo de trabajadores.

El 13 de abril de 1961 un agente de la CIA, que trabajaba en el citado comercio, colocó dos petacas incendiarias con explosivo C4, que le fuera provisto por la oficina Miami de la citada agencia.

El incendio se propagó rápidamente; los milicianos y el CDR, junto con los bomberos, trataron de extinguir las llamas, sin resultado.

Como consecuencia del sabotaje, además de las cuantiosas pérdidas materiales se contabilizaron 18 heridos y la muerte de la compañera Fe del Valle Ramos.

Al llegar a ese momento del relato, este curtido militante cederista, se quebró y empezó a sollozar manifestando “sólo tenía 35 años”, refiriéndose a la mencionada compañera.

El saboteador -agregó- sería “rescatado” por una embarcación proveniente de los Estados Unidos en el puerto de Baracoa, pero el Comité de Defensa de la Revolución advirtió movimientos inusuales en una vivienda de esa localidad y dio el aviso a la Seguridad del Estado, que procedió a detener a este.

Carlos Gonzalez Vidal -empleado de la citada tienda-, primo del responsable de la estación de la CIA ubicada en Miami, confesó su crimen.
Nuestro interlocutor siguió contándonos la importancia de los CDR y su rol en un proceso en el que el pueblo estaba en armas decidido a defender su independencia.

“Miren chicos, como lo demostramos en Octubre, estamos dispuestos a que nos destruyan, a que nos maten a todos, pero no nos rendiremos. Esta vez concretaremos la consigna -“No Pasarán”- terminó diciendo.

La noche estaba avanzada y el compañero tenía que tomar servicio a las 6 de la mañana, por lo que ajustamos algunos detalles y nos retiramos a nuestro domicilio.

Desde la noche del 31 de diciembre ya se advertía el movimiento de los contingentes que convergían en la Plaza de la Revolución; sede del acto.

Cuándo llegamos, precedidos de un cartel que anunciaba nuestra procedencia -cederistas del Nuevo Vedado- ya mas de un millón y medio de personas ocupaban el histórico lugar.

El acto comenzaría con un desfile del Ejército y de las milicias, con unidades blindadas y de artillería.

Luego se cerraría con el discurso de Fidel.

Cuándo sentí las estrofas del Himno Nacional, de la Marcha del 26 y por último de la Internacional, me sentí emocionado.

Advertí que en el palco de los invitados especiales estaban nuestros amigos Alicia Eguren, John William Cooke, el “Pepe” Rosa, Eduardo Artesano y Amado Olmos, entre centenares de invitados extranjeros. .

En la próxima contaré lo que ocurrió en aquél acto, que permanece imborrable en mi memoria.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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