lunes, 12 de diciembre de 2011

Venezuela: ¿Usted ya pasó la época del pendejo?

Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)
Dicho y reconocido por Hugo Chávez Frías (el Presidente de Venezuela) ante la prensa extranjera (martes 6 de diciembre/2011) podría pensarse en alguna expresión fuerte e irrespetuosa; pero no. Lo dijo sin colorearse y sin que estuviera diciendo algo malo. Y lo dijo para reconocer que al principio de sus mandatos (1998-¿) pecó de pendejismo. Y sus adversarios pretendieron aprovecharse de ello.

Desde luego, el término es más o menos agresivo, según dónde se lo diga. En Ecuador, por ejemplo, sigue siendo de mal gusto el calificarle a alguien de pendejo (tonto, lento, demasiado confiado) Y es mucho peor reconocerse que uno mismo, alguna vez, ha sufrido de pendejismo. Pero, ¿puede un presidente de la república en funciones, reconocer que ha tenido un tiempo de pendejo? Dicen los sociólogos y los psicólogos, que todos tenemos, alguna vez, un momento (que puede ser largo o corto) de pendejismo. Lo importante es que uno pueda identificar ese momento; y superarlo. Pero lo común y corriente es que algunos (nas) se queden de pendejos, toda la vida. Esto, desde luego, no lo dijo Chávez.

Yo decía, para mis adentros, ¿y qué tal si nosotros estamos viviendo esa etapa?. Ya que Chávez decía que en los momentos de pendejismo, ciertos cuadros quisieron aprovecharse de él. No pocos ultristas de izquierda o de derecha, pretendieron aprovecharse de esa situación, para sacar provecho personal o de grupo. Unos pocos ultra izquierdistas “quisieron darle haciendo la revolución, sin equivocarse” Solo después de un tiempo, Chávez llegó a la conclusión de que quisieron aprovecharse. Los de derecha, para que no siga adelante con su revolución bolivariana; y los de izquierda, para lo mismo, pero disfrazados de ultra revolucionarios.

El escenario, desde luego, no es igual; no puede ser igual. Los venezolanos hacen lo suyo; y los ecuatorianos, también. Hay similitudes y hay discrepancias. Lo importante es saber a ciencia cierta que el pendejismo ecuatoriano “ha pasado” o está por pasar.

Pienso –y esta puede ser una idea solo mía- que los que se han ido estaban en un escenario que no les correspondía. Solo sé, que al 2011, unos debían irse antes, mucho antes. Otros, se fueron porque descubrieron que no hacían nada en la “revolución ciudadana” y unos terceros todavía no se van. Todo el mundo espera que se vayan; pero no se van. De seguir en serio la revolución ciudadana, tendrán que irse; mientras más pronto, mejor.

Y lo primero que debe hacer Correa y su equipo, es redefinir hasta dónde puede avanzar la revolución; y si esta es una revolución-revolución. Hay quienes afirman que la “revolución ciudadana” tiene nada de revolución; que hay cambios pero para que no cambie nada. Y hay revolucionarios “de siempre” que acusan a Correa de “nuevo fascista” ¿Será? Yo diría que si hay “fascistas” como el Presidente (Rafael) Correa, serán bien venidos y bien vistos. Porque en los últimos tiempos ha hecho lo que muchos no hicieron en siglos. Y lo ha hecho respetando los derechos esenciales de los ecuatorianos. ¿O no?

El problema radica en que nadie ha contestado la siguiente pregunta: si solo por hacer lo que hasta ahora ha hecho, tiene semejante oposición, especialmente mediática, ¿qué sería si lleva adelante una revolución de verdad? Porque de este y de otros procesos, hay que sacar conclusiones. Una de ellas, que a mucha gente le disgusta que le pongan en su sitio y le cobren lo que debían cobrarle. Otra: que hay mucha gente, inclusive que gusta de calificarse de izquierdista, que está o apoya un movimiento político, siempre y cuando no le toquen sus “beneficios adquiridos” (especie de beneficios especiales que los diferencian de los demás). Lo contrario, es identificarse como un “enemigo y un retardatario” aunque los que lo dicen siguen calificándose de izquierdistas. Y para oponerse al “tirano” no importa si tienen que unirse a la derecha más más retardataria.

Por suerte, Correa, al parecer, no sufre de pendejismo. Y al decir esto, no estoy diciendo que no haya sido algún rato un pendejo, pero según la explicación de Chávez; lo que quiero decir es que, de lo que se ve y oye, no sufre de ingenuidad y procura ser auténtico. Por algo es el producto de un barrio pobre de Guayaquil y su familia ha experimentado lo que es ser pobre. Como tal, tiene pleno derecho a ser anti pelucón. Pero sería muy interesante que los ecuatorianos (y las también) sepamos, a ciencia cierta, hasta dónde va a ir con su revolución ciudadana. Porque él mismo ya lo dijo: que a lo mejor tiene que radicalizar esta revolución. A lo mejor, si nos da a conocer a todos, los alcances de su proyecto, serán muchos más los que estemos a su lado que los que se van.

Yo, por ejemplo, sin tener nada que ver con el Movimiento País, pienso que hace rato debían irse la doctora Romo y su grupo de Ruptura 25. Mas bien, se demoraron en irse. Sin que sepa mayor cosa de este sector: pero solo por los nombres y sus ancestros, sospecho que estaban demás, en Alianza País, en especial, con la “revolución ciudadana” que se ha ido más allá de lo que para ellos era tolerable. Esta apreciación, muy personal, la formulo porque entre los pelucones los hay quienes si tienen un concepto claro de lo que les espera, en un futuro inmediato, si no ensayan algo que los salve de revueltas populares mucho más violentas que los cambios actuales. Situaciones parecidas podemos verlas entre la peluconería venezolana; y también, la boliviana. ¿Por qué no podemos aceptar que en Ecuador también hay pelucones inteligentes?

Sé también, de memoria, que cuando un proceso es continuo y definitivo, hay siempre los que se bajan de la camioneta (iba a decir otro término, pero me contuve) por cualquier motivo. Son los candidatos seguros a la basura de la historia. Y salvados casos muy especiales, son los que después no saben cómo regresar. Y los que son capaces de golpes en el pecho y de mea culpas, una vez que saben y comprueban que la derecha es peor, mucho peor, que la izquierda. Casos como esos, hay por montones.

Ahora bien, hay que saber a ciencia cierta si no son los de la revolución ciudadana los que piensan y creen que los ecuatorianos y ecuatorianas somos una sarta de pendejos (ingenuos) o viceversa. Si es lo primero, más temprano que tarde sabremos la verdad y hasta donde podemos extender las sábanas. Por lo menos, hasta el 2011 (ahora que ya se acaba el año) estamos seguros que tras la revolución ciudadana, hay algo más que un cambio epidérmico, una transformación para que no cambie nada. Pero también puede darse que la mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas consideran que los de Alianza País sufren de pendejismo; y que hay que aprovecharse de la situación, para hacer algo. ¡Puede ser!

Otra cosa es hacerse el pendejo. Una forma de engaño para hacerse pasar por tal cuando se es cual. Este tipo de pendejismo es muy común en nuestra politiquería. Hace décadas, hubo un ministro de economía que pasó de uno de los tantos velasquismos, a un único poncismo (Camilo Ponce Enríquez) si mal no recuerdo. Y ese Ministro, decía que dijo, en un rapto de honestidad personal: ”no importa que me digan que soy un tonto (pendejo) Los pendejos, son ellos”

Es cosa sabida que, mientras más pendejo es alguien que llega, sin saber ni cómo, a un alto sitial político, se rodea de “más pendejos” que él. Pero, entre todos, si saben exactamente lo que quieren y lo que piensan. Es decir, no son tan pendejos como parecen. La historia de América Latina está plagada de este tipo de seres. Y después son los sabios de tribu; aquellos a quien hay que consultar inclusive sobre recetas de cocina, porque todo lo saben. Y su palabra es más sagrada que la biblia.

Y por hoy, basta de pendejadas.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.