viernes, 28 de enero de 2011

El pico de petróleo y el destino de la humanidad: No existen soluciones técnicas rápidas y las consecuencias pueden ser graves

OPSUR

El pico de petróleo (en inglés: peak oil) no significa el fin de la producción de petróleo, sino que refiere al alcance de su capacidad máxima de producción. Una vez sobrepasado este pico máximo la producción bajará progresivamente cada año hasta casi cero al fin de este siglo. Existen fuertes evidencias de que estamos cerca ese pico de petróleo, o incluso puede ser que ya lo hemos pasado.

Actualmente el abastecimiento mundial de energía todavía está compuesto por más de un 80% de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) de los cuales el 40% consiste de petróleo. En cambio las fuentes alternativas de energías renovables (hidroelectricidad, paneles solares, molinos de viento, etc.) parecen todavía no estar disponibles para reemplazarlos: pues no constituyen ni el 3% del abastecimiento mundial de energía. Por lo tanto, estos datos parecen señalar una inevitable escasez mundial de energía que podría ocurrir en ésta misma década, con ramificaciones y consecuencias trascendentales.

La economía capitalista (neoliberalmente globalizada) debe seguir creciendo, caso contrario entraríamos en una crisis. Pero cuando la producción de petróleo disminuya progresivamente en el transcurso de este siglo, no habrá suficiente energía para hacer crecer la economía, pues entraremos en una crisis económica permanente, tal vez culminando en un colapso socio‐económico en los países más dependientes de los combustibles fósiles.

La agricultura mecanizada y el transporte de productos y personas depende casi en un 100% del petróleo: tractores a diesel para arar, sembrar y cosechar; plaguicidas y fertilizantes químicos hechos de petróleo y gas natural; camiones a diesel para transportar las cosechas a las ciudades; autobuses y coches a diesel y gasolina para el transporte personal urbano, aviones a kerosén y buques a fuel-oil para el transporte internacional de productos. Pero las alternativas están inmaduras o inexistentes todavía.

Mientras tanto, los productores y distribuidores de petróleo no quieren informar al público y los gobiernos temen hacerlo, por consecuencia la sociedad todavía se encuentra ignorante ante las consecuencias desastrosas e inminentes de esta disminución en la producción de petróleo. Por eso el objetivo de este artículo es difundir y profundizar el conocimiento y las conciencias de la futura escasez energética.


Fuente foto: Boris Babanov - RIA NOVOSTI

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Bolivia: ¿Qué significa mandar obedeciendo?

Rafael Bautista (especial para ARGENPRESS.info)

La pregunta es necesaria ante la confusión gubernamental (que escuda sus dislates en algo que enuncia pero no comprende); no se trata de desvivirse por ella sino de la urgente necesidad que tenemos de remontar esa confusión gubernamental en clarificación popular; porque el mandar obedeciendo señala un nuevo modo de ejercer el poder.

Si el poder es la categoría fundamental de toda política, de lo que se trata, en definitiva, es de proponer un paso trascendental: de la política moderna de dominación a una política de liberación (de toda pretensión de dominación). Proponer una nueva política significa transitar hacia ella; no se trata de una mera invención teórica sino de la transformación histórica de la propia praxis política. Por eso aparece la confusión, porque si no hay tránsito, no hay modo de señalar, menos de exponer, lo que no se ha transitado. Por eso hablan de lo que no saben. Si el concepto no ha hecho carne, ese vacío no puede llenarlo la fatua erudición; si la propia existencia no ha hecho el tránsito hacia lo nuevo, entonces la recaída se hace inevitable.

¿Por qué la política económica del gobierno no va más allá de lo que critica? Es fácil calumniar un modelo pero, si no se produce una crítica real, de nada sirve arrojar piedras hacia aquello que persiste en uno mismo; en este caso, la ingenuidad repite hasta la lógica de aquello que supuestamente critica: ante la complejidad de todo problema opta por el puro simplismo de reducir toda opción a la más usual (a esto se llama adicción: realizar una y otra vez la misma operación creyendo que alguna vez saldrá un resultado distinto; por más que se diga que se trataba de una adecuación de precios, era un gasolinazo y la respuesta popular no podía haber sido distinta).

Todos critican al neoliberalismo pero no saben salir de su lógica; algo similar sucede con el gobierno: despotrica contra el capitalismo pero no sabe hacer otra cosa. ¿Por qué? Porque no se trata de cambiar de camiseta; se trata de transitar efectivamente hacia ese más allá que se anuncia (el que no cree no transita y se condena a defender lo ya establecido, se vuelve inevitablemente conservador). Por eso lo de proceso no es pura retorica, y la descolonización no consiste en darle la espalda al presente (sino sacarlo de la inercia homogénea del tiempo matemático), o privarnos de futuro.

El asunto, en definitiva, es: ¿cuál futuro? El capitalismo ofrece un futuro, ese futuro es el producido por el modelo de vida que presupone: la modernidad. ¿De qué tipo de futuro se trata? El futuro de la modernidad es el mito de la ciencia moderna: el progreso infinito (donde todo es posible, hasta la vida eterna). Ese mito lo comparten derecha e izquierda, capitalismo y socialismo; por eso no era de extrañar que neoliberales y gobierno coincidan. En el fondo todos están de acuerdo con ese mito: que en el futuro (siempre postergado) todo lo prometido será cumplido, sólo basta sacrificar el presente. La creencia en ese mito conduce siempre a sacrificar todo presente por un futuro que nunca llega, por eso el sacrificio nunca termina. Pero si sacrificamos el presente no aseguramos ningún futuro; por privarnos el pan de hoy puede que no lleguemos a ningún mañana.

El gasolinazo seguía la misma lógica: para tener más dinero debemos sacrificar a los que nunca tienen, prometiéndoles lo mismo de siempre. “Hasta el agua cuesta más barato que la gasolina”, decía el vicepresidente. Pero, ¿quién pone esos precios?; no es el pobre, es el mercado, y ¿qué hace el gobierno?: quita la subvención a la gente y subvenciona al mercado internacional, con el hambre de los pobres. Eso se llama transferencia de plusvalor, de la periferia al centro. ¿Cómo se logra eso? Las nuevas ganancias de las petroleras son las que median esa transferencia.

El mito del progreso infinito es el mito del mercado global; el mundo moderno está diseñado para eso, para reducir los sueños de la humanidad a los sueños del mercado. Nivelar los precios quiere decir que nadie, a excepción del mercado, puede establecer el valor de todo: la gasolina vale más que la vida humana (definición moderna de humanidad: tener auto). Por eso el mito congrega a sus devotos (aunque se digan defensores de la Madre tierra) y los lleva a perseguir el mismo desarrollo que nos condena al subdesarrollo. Desarrollarse a la moderna es iniciar un proceso de industrialización salvaje y destructor; la integración vía carreteras fomenta también el parque automotriz y la consecuente demanda de gasolina; ahora bien, si no contamos con ese recurso, una verdadera planificación debiera tener en cuenta eso, antes de promover un futuro suicidio económico. Por eso los paliativos no eran tales; se diseñó la medida sin medir las consecuencias, como suelen hacer los que viven de espejismos. Aunque se digan anticapitalistas, siguen siendo desarrollistas, por eso el acuerdo con los neoliberales; ambos coinciden en aplicar el gasolinazo, sólo discutían la forma.

El mito del progreso infinito se traduce en la economía moderna hasta en sus dos polos opuestos: en el capitalismo se trata del equilibrio del mercado perfecto, en el socialismo la planificación perfecta. El perfil de ambos se prescribe desde aquella previa abstracción que realiza, previamente, la ciencia moderna: el progreso infinito es sólo posible abstrayendo la vida del ser humano y la naturaleza; es decir, sólo vaciándolos de realidad y vida es que puede postularse una ilusión semejante. ¿Cómo puede postularse un progreso infinito sabiendo que los recursos naturales y el trabajo humano no son infinitos? La explotación insensata tiene su justificación en ese mito. Lo cual lleva a la degeneración de la economía moderna: de ciencia que estudia la sostenibilidad de la producción y los recursos, a mero arte del lucro y la codicia (para que no digan que es sólo asunto de indios, hasta al mismo Aristóteles ya le preocupaba que la oikonomie degenere en crematisitike). Desde que la economía confunde sus propósitos, aparecen las distorsiones; se origina la ciencia de los negocios: la economía persigue tasas infinitas de crecimiento, por eso privilegia criterios abstractos como la tasa de ganancias, equilibrios fiscales, estabilidad macroeconómica, etc. La cuestión es: ¿se puede vivir con eso?, es más, si nos proponemos la justicia y la igualdad, esos indicadores, ¿son racionales? Amartya Sen lo pone de este modo: mal se habría desarrollado una economía que aunque poseyera índices positivos de crecimiento no hubiera realizado su ideal de vida buena.

Si el ideal es el vivir bien y la economía que adoptamos no realiza aquello entonces esa economía no sirve para vivir. La réplica diría: no es posible ahora pero mañana sí. Esa réplica confirma el mito; el futuro es siempre aplazado en la infinitud del tiempo abstracto, por el cual todo presente debe ser sacrificado. La modernidad viene prometiendo realizar los más grandes sueños de la humanidad desde hace cinco siglos; en nombre de estas aspiraciones nos conduce al actual callejón sin salida que padece la humanidad: la múltiple crisis civilizatoria que agudiza la muerte del planeta y de toda la vida. Se trata de una racionalidad irracional que sólo sabe destruir para producir; por eso se trata de una racionalidad que es imposible de superar si es que no se ha salido, lógica y existencialmente, de ella.

Por eso no es nomás calumniar al capitalismo (los que cambian de bandera son casi siempre los más gritones). La crítica verdadera no es producto sólo del descontento sino de la esperanza de generar alternativa, y hay ésta porque lo que no hay ahora (la utopía que se persigue) pone en su verdadero lugar a lo que hay (la injusticia, que ya no es eterna sino se hace histórica, o sea, posible de ser superada). Aparece el pensamiento revolucionario, no sólo proponiendo lo que no hay sino manifestando su posibilidad; el conservador defiende sólo lo que hay y por defenderlo se somete a lo dado. Por eso tiene poca capacidad imaginativa.

Lo que no puede atravesar existencialmente es imposible que siquiera lo exponga teóricamente. No ha vivido aquello, por eso lo que dice es pura demagogia que ni él mismo cree. ¿Cómo proponemos una nueva economía? Sin una descolonización previa eso es imposible; descolonización aquí quiere decir desmontaje y desmantelamiento total. Porque la dominación no es sólo discurso sino, más que una lógica, una racionalidad que origina un conocimiento pertinente para su propio desarrollo.

¿Por qué hay gasolinazo?, y lo más grave: ¿por qué se presenta inevitable?, ¿por qué parece no haber alternativas? El circo mediático que provoca la derecha no ayuda a entender el asunto, porque ella es la primera enceguecida por el fetiche que ahora parece hacer nido en el propio Estado plurinacional: el mercado global. La curiosa confluencia de gobierno y oposición (pues ambos coinciden en la medida) muestra ya la ausencia de alternativas que se propina el propio gobierno al someterse a las reglas del mercado global. Lo triste de este sometimiento es que no se produce por ausencia de legitimidad popular, recursos estratégicos, ventajas geopolíticas o activos ideológicos (comparables al 52, lo señalado supera cualitativamente la base material de la revolución de abril).

No sólo las condiciones contextuales sino políticas, históricas y subjetivas son, otra vez, envidiables, pero se las rifa desde la más ingenua tozudez academicista de continuar interpretando un proceso descolonizador desde la misma perspectiva euro-norteamericano-céntrica, es decir, colonial, es decir, moderno-occidental. Se trata de esta aporía: mirarnos, en el proceso de nuestra liberación, siempre con los ojos del dominador (que tenemos adentro, bien instalado). Por eso el Estado plurinacional se diluye, otra vez, en una reposición del Estado moderno-liberal-colonial, con su cara actual: el proyecto autonómico.

Por eso el gobierno sólo puede concebir un Estado plurinacional autonómico y jamás un Estado plurinacional comunitario. La diferencia es cualitativa para aquel que verdaderamente abandona el Estado colonial. Por eso se trata de transitar; no de un tránsito cualquiera sino el tránsito de una forma de vida a otra. La política trata de eso: de proponernos un nuevo modo de vivir en común. Eso es lo que hace a un proyecto revolucionario. La reforma autonómica no hace más que performativizar el Estado liberal; una reforma que en ningún caso es revolucionaria, por eso su modelo es a la española, belga o canadiense; es decir, sigue siendo ajeno y nunca deducido de nuestra propia historia y nuestras propias contradicciones. El que no sabe ser libre opta, hasta en su liberación, por el modelo de su antiguo patrón; por eso no cuestiona ni la irracional distribución territorial colonial. Si quisieran atacar de fondo el carácter feudal del oriente boliviano tendrían que empezar por eso; pero en una visión colonial, la herencia republicana no se objeta sino se la sacraliza.

La falta de alternativas proviene de aquella sumisión; se trata de una apuesta también teórica: el que parte de lo dado deviene en conservador (aunque se haga guerrillero). Y como todo conservador, su apuesta consiste en la estabilidad, en el retorno al orden establecido (como en el futbol boliviano, mete un gol a los 10 minutos y se repliega defensivamente esperando el milagro del minuto final); jamás se propone el salto, por eso no lo piensa. Si piensa sólo lo posible entonces se condena al orden de lo establecido y, en economía, ese orden, es el orden del mercado global capitalista (su única preocupación consiste en: ¿cómo ingresar en él?).

También es conservador porque cree que la derrota del enemigo es militar o política, y no se da cuenta que la dominación no es sólo política o económica sino también cultural y hasta financiera. Su ceguera no proviene de su mala voluntad sino de su ausencia de horizonte; vive cuestionando el capitalismo pero, en el fondo, no sabe hacer otra cosa que reproducirlo; propone un mundo nuevo pero sigue viviendo el viejo; habla de un nuevo Estado pero sus nuevas leyes no cuestionan su fundamento colonial.

El año pasado, de modo aleccionador, Boaventura de Sousa (pensando el golpe suscitado en Ecuador) reflexionaba a nuestro vicepresidente sobre la contradicción inherente en el Estado: el Estado que piensa que lo conservador está fuera de él es, precisamente, el Estado liberal. Es decir, un Estado que piensa de ese modo, no ha salido de la relación sujeto-objeto y devalúa al pueblo a mero objeto de la política que, como patrimonio exclusivo del Estado, reproduce la dominación que pretende superar; no sólo porque actúa desde arriba sino porque al devaluar al pueblo devalúa la misma política.

Entonces no hay cambio; no puede haber obediencia a un objeto. El pueblo se reduce a mero obediente y la política a mera administración, es decir, se tecnifica. Por eso el constante retintineo: “precisamos técnicos”, “es que es cuestión técnica”, etc. Ponerle cortinas a un dormitorio es cuestión técnica, pero construirnos una casa ya no lo es; y si se trata de la casa grande, con mayor razón. La construcción de una nación y, por ende, de su Estado, no puede reducirse a mera técnica. Porque de lo que se trata es de construir el sentido de nación y, en consecuencia, el contenido del fundamento del propio Estado. El que cree que estas cuestiones son inventar el agua tibia es aquel que no es consciente de la colonialidad de los presupuestos de los cuales parte, pues precisamente estos le dicen: si ya todo está dicho. El problema es: ¿quiénes lo han dicho?; europeos y norteamericanos; es decir, todo lo han dicho los que nos dominaron y, ¿qué se deriva de lo que han dicho?: que la única alternativa es la de ellos.

La colonización es tal que, ahora que está el primer mundo en crisis multiplicada, ¿cambia en algo la visión del colonizado? No. Ahora él mismo se ofrece como garante de la recuperación del primer mundo, aun a costa de la propia vida de su país.

El gasolinazo tiene ese contexto. El gobierno se mete en un callejón sin salida por un pésimo asesoramiento económico-financiero. Las transnacionales hidrocarburíferas no son un apéndice autónomo del mercado global (por eso las lecturas unilaterales, hoy en día, están conduciendo al fracaso político de procesos de liberación) y la penetración de las lógicas neoliberales no son tan obvias como se cree ingenuamente; porque las petroleras, el capital financiero, los organismos multilaterales, la banca privada internacional –quienes se vinculan en la intimidad de lo profundo de la estructura económica mundial– son determinaciones funcionales del mercado global que, para su recomposición, no sólo precisa de nuevos y mayores recursos para su expansión sino, lo que es más peligroso, precisa destruir toda alternativa que muestre ser posible y sostenible de ser realizada. Si alguna posibilidad se sostiene de modo real, se desmorona el totalitarismo actual del mercado global; por eso la guerra financiera que desata la banca anglosajona. El paulatino copamiento de la visión financierista en el gobierno muestra la pérdida paulatina del horizonte de descolonización en el ámbito de la economía. Basta que un componente financiero ligado a la acumulación global ingrese en el Estado, para que todos los demás anden como Pedro por su casa.

En su informe anual, el vicepresidente señalaba que eran falsas las acusaciones de capitalismo de Estado; según él, capitalismo significa acumulación y no hay sector o clase en el Estado que esté acumulando para sí capital. Como la discusión política ha degenerado tanto (gracias sobre todo a los medios), se trata de una respuesta de manual a una calumnia de mercado; porque ni la denuncia busca la verdad, sólo la venganza, ni la respuesta ofrece comprensión, sólo porfía. En esa discusión, entre gobierno y oposición (del dime con quién te acuestas y te diré a qué hueles), que tanto festejan los medios y a la cual cae como corderito un gobierno que no atina a desembarazarse de esa mediación perversa que provoca la mayor parte de desencuentros hasta nacionales, se pierde el ámbito de discusión propiamente política, la que debería generar un proceso de las características del boliviano: si hay un cambio de época, ¿cómo describimos la nueva época a la cual se abre, no sólo Bolivia, sino el mundo entero?

En ese sentido, el asunto de la acumulación debe analizarse desde otros ángulos. Es cierto que no hay acumulación personal o corporativa directa, pero al establecerse criterios mercadotécnicos para evaluar el crecimiento de la economía, lo que se hace es pretender medir las expectativas reales con indicadores falsos. Todos los indicadores macroeconómicos no son inocentes y todos responden al desarrollo y crecimiento del capital global, estos miden cómo nuestras economías, fieles a un sometimiento estructural, continúan transfiriendo plusvalor al capital central global, ahora financiero.

Lo que no se da cuenta el vicepresidente es que el Estado plurinacional ahora acumula capital no para sí sino para el mercado global, o sea, continúa transfiriendo la sangre de nuestro pueblo objetivada en capital para el apetito del Moloch que hablaba Marx (del ídolo moderno al cual se sacrifican millones de vidas para inflar sus ganancias). La transferencia, hasta de modo inocente, se hace en las tan aclamadas reservas. Se sigue alimentando una moneda (el dólar) que, como el vampiro, vive de chupar sangre ajena para seguir viviendo. Tal vez nunca le dijeron a nuestro presidente que nuestros intereses son menos de los usuales, por los dislates de los neoliberales; pues de ganar mejores intereses en otras instancias financieras, resulta que nuestras reservas apenas reciben un 0.25% anual en la banca anglosajona ligada estrechamente a intereses espurios en el petróleo y la producción de armas. No vaya a ser cierto aquella fábula religiosa: dinero maldito no produce felicidad (agregaríamos: la liberación se corrompe por el uso que se le asigna a lo ganado).

Como se acumula para el mercado global, entonces se trabaja para costear, otra vez, la dominación estructural; si no podemos hacer uso de nuestro dinero y sólo lo tenemos como garantía entonces nos sometemos al crédito internacional (en el caso de la CAF pagamos los créditos a razón de 8% anual). La lógica de la deuda penetra, esta vez, en el nuevo Estado. Nunca se es sujeto de deuda como cree ufanamente el presidente; la deuda, en el mundo moderno, es lo que devalúa la condición de ser sujeto, porque se trata de una lógica que desarrolla la dependencia sistemática de los países pobres, imposibilitando toda pretensión de soberanía, porque con el crédito no sólo entra dinero sino las condiciones para la reproducción de éste en capital global. El primer mundo introduce en los créditos nuevos procesos de acumulación para maximizar los componentes orgánicos del capital financiero global; ante la crisis financiera y la ausencia de liquidez en la banca privada internacional, ésta se recompone mediante la transferencia de plusvalor, ya sea como intereses de deuda y como incremento en las reservas (siempre en dólares).

Nuestra pretendida independencia económica se desdice por la transferencia sistemática que se hace de soberanía; es decir, recuperamos lo nuestro para devolverlo de nuevo a los mismos ladrones. La soberanía no se queda con nosotros sino la transferimos al dólar, que se recupera a costa nuestra. Nuestra servidumbre se hace voluntaria, la condición colonial parece nuestra segunda naturaleza. El imperio ya no necesita invadirnos; solo precisa ingresar, vía crédito internacional, financiando –y muy bien– la reposición del Estado liberal moderno (que se llame o deje de llamarse plurinacional no le preocupa; con tal que restablezca su carácter dependiente, hasta puede honrar al indio por semejante vuelta a la normalidad).

El Estado se recompone literalmente, por eso la disputa de los ministerios acaba con la primacía del sector financiero, los autores del gasolinazo: si la planificación es macroeconómica financiera, no hay economía plural, menos Estado plurinacional; si este sector abre el Estado a las condiciones que pone el crédito internacional, permite el ingreso de toda la lógica neoliberal, por eso no es de extrañar el argumento reiterativo: para justificar el plan económico se escudan en la econometría del Banco Mundial. La ponderación no es gratuita: el gobierno lo hace muy bien, mejor que los neoliberales; pues los indicadores económicos positivos que nos muestran es para señalar lo bien que nuestra economía desarrolla la acumulación del mercado global y lo bien que se recompone nuestra dependencia estructural. Por eso tampoco es de extrañar que hasta el Evo ya se haya creído el cuento de “exportar o morir”.

Uno de los argumentos del gasolinazo es cierto, se trataba de privilegiar un sector, el agroindustrial; pero cuando el vicepresidente anuncia las medidas paliativas, extrañamente algunas compensan exclusivamente a este sector (como es la compra por parte del Estado –a precio internacional– de la producción que monopoliza el capital agroindustrial del oriente); y cuando después del gasolinazo surgen recién los consensos, uno de los interlocutores privilegiados es, de nuevo, el agroindustrial. El interés primordial de este sector es la exportación, su inclinación productiva se debe al mercado mundial, parte de esa lógica y se debe a ella, es decir, actúa según las reglas del mercado. Desgraciadamente esa lógica ya convenció al presidente; ahora, para él, la garantía para abastecer el mercado interno se deduce de lo que sobre de las exportaciones. Esta sumisión a las necesidades del mercado ya lo venía expresando, aunque de modo anecdótico, en su primera gestión: gobernar es hacer buenos negocios. Eso les abrió las puertas del Estado a los que piensan la economía como ciencia de los negocios; curiosamente apadrinados por quienes, en el gobierno, se creen socialistas.

Nada raro. Los marxistas que convirtieron al marxismo en una escolástica y a El Capital en un catecismo, acabaron con la política y, en su defecto, crearon una nueva secta (jacobinos declarados no supieron hacer otra cosa sino una nueva religión) que levantó nuevos ídolos a los cuales inclinarse: las leyes de la historia, la materia eterna, la visión científica de la vida, etc. Sin detenernos en todos estos disparates (que Marx nunca, es justo decirlo, difundió), basta señalar la incoherencia de una medida como el gasolinazo con toda la teoría que desarrolla Marx. Lo que llaman la adecuación de precios (de la gasolina y el diesel) es adecuación a los índices que establece el propio mercado; esto quiere decir, en lenguaje marxista, subordinación a las leyes que actúan a espaldas de los actores; si el mercado decide, entonces los seres humanos ya no son actores (y menos la naturaleza), lo que es peor, el mercado decide la vida y la muerte de los seres humanos. Esto es precisamente la denuncia al sistema de categorías de la economía política burguesa: el capitalista piensa que sin capital no hay nada, ni siquiera vida. Marx responde: el capital no es nada más que el robo que se le hace al trabajo vivo, es decir, el robo que se le hace a la propia vida, por eso dice, de modo categórico, el trabajo es todo. El fetichismo consiste en creer que sin capital (inversión) no hay nada. El trabajo es todo quiere decir: el fundamento del propio capital es el trabajo humano.

Una economía que parte del capital, de la inversión (por eso se somete a las condiciones de las petroleras), a costa de la vida de los seres humanos y a naturaleza, es una economía que privilegia los negocios, el crecimiento macroeconómico, las ganancias, y cuyas consecuencias son, en el mediano y largo plazo, la muerte de todos y de todo. Cuando el gobierno sale en auxilio de las petroleras y se propone cortar la subvención para promover la inversión, lo que hace es subvencionar a las petroleras con el hambre de su propio pueblo; éstas arguyen que la producción de un barril de petróleo les cuesta más de 50 dólares, pero no dicen que este precio supera hasta la media internacional en diez veces (y tampoco, obviamente, señalan que ese precio sobreestima su verdadero costo, pues ese petróleo no es ni siquiera fruto del trabajo de exploración de las petroleras sino del desmantelado YPFB en el periodo neoliberal; aun vendiendo a 27 dólares el barril sacan considerables ganancias, pero si su interés es el mercado global, se entiende que nuestra gente les importa poco y esto parece transferirse al gobierno cuando estipulan la lógica de las ganancias –de las petroleras– como indicador exclusivo de crecimiento en ese rubro).

Ahora bien, si el diagnóstico fuera más sensato, la medida se inclinaría a cobrar a PETROBRAS los líquidos que van contenidos en el gas y que los brasileros reciben gratis (ya hay diversos análisis que señalan que la supuesta recuperación de más de 300 millones de dólares del contrabando que pretendía el gasolinazo, queda corto frente a la recuperación de más de 700 millones de dólares que se obtendría cobrando a los brasileros los líquidos; es decir, hablando de subvenciones, se pretende dejar de subvencionar al mercado interno pero se subvenciona a PETROBRAS lo que después ellos separan en suelo brasilero, acrecentando ganancias extraordinarias).

En definitiva, el asunto no es subvencionar o no sino: bajo qué criterio subvencionamos a tal o cual sector de la economía. Los gringos subvencionan su producción agrícola, y el primer país capitalista, Inglaterra, empezó subvencionando su producción para después abrirle las puertas a la exportación masiva de ella. Si hasta en China los carburantes se hallan subsidiados; esto quiere decir que la protección de la economía nacional pasa por desacoplamientos sistemáticos de las reglas del mercado global; lo contrario, articularse demasiado a estas, es lo más suicida. En eso consiste, entre otras cosas, el éxito de las economías asiáticas; uno no es nunca independiente del todo, es independiente en la medida en que es consciente del grado de dependencia que tiene (la dependencia no es nunca unilateral, por eso las desventajas actuales se pueden hacer ventajas futuras), por ello el manejo de la economía no puede ser técnico sino político, porque se trata de desestructurar sistemática y paulatinamente los componentes orgánicos de la dependencia. La técnica es sólo la deducción hasta mecánica de principios ya establecidos; pero si nuestro objetivo es proponer algo nuevo, ¿cómo podemos subordinarnos a indicadores ya dados y establecidos por la economía capitalista neoliberal? Si todo asunto es sólo técnico, entonces no hay nada nuevo para hacer, sólo repetir lo que ya había. El conservador se esfuerza disciplinadamente en mantener a toda costa lo establecido, es su dogma de fe.

No se transita a una nueva política por entusiasmo o buenas intenciones; no se produce como derivación de un dogma, tampoco se trata de un cambio automático. Se trata, en efecto, de un tránsito. Por eso siempre se insiste: el cambio es un proceso. El proceso nuestro tiene su referencia concreta: es un proceso de descolonización. Se trata de un tránsito que ya no es sólo lógico sino existencial.

El sector intelectual del gobierno se esmeró tanto en vaciar aquella legitimidad lograda el año pasado que, en tiempo record, no sólo socavaron la confianza nacional sino que, de modo hasta dramático, no hallan mejor remate que replicar aquello que tanto critican: el modelo neoliberal. El carácter financierista que iba adquiriendo la política económica no era accidental, sino que respondía a la incapacidad de transitar hacia una nueva economía más allá del capitalismo. Cuando Zavaleta decía que la creencia irrenunciable de la casta señorial consistía en su juramento de superioridad sobre los indios, “aun con marxismo o sin él”, se refería a esta incapacidad; por eso habla de “paradoja señorial”. Esto quiere decir: el retorno al origen de clase; el que es incapaz de transitar hacia lo nuevo se devuelve, inevitablemente, a lo que siempre fue (y se junta con los de su misma condición). Por eso: el poder no cambia a la gente sino muestra lo que verdaderamente es.

En Bolivia, el origen de las clases es la disolución de la comunidad en atomización individual; es decir: para que aparezcan las clases debe desaparecer el proyecto de nación (y las naciones que podrían formular semejante proyecto). Desaparece como proyecto porque desaparece su contenido hasta cultural; lo plural se reduce a la diferencia numérica, lo que queda es el ciudadano, que vale por lo que tiene. El Estado es señorial porque sólo los señores tienen; es colonial porque el señorío es sólo aparente (la paradoja boliviana no sería la de un burro cargado de oro sino la de un burro que se cree señor).

¿Por qué la recaída? Porque al no haber transito existencial no hay posibilidad de advertir alternativas. Sólo aparecen las alternativas cuando se ha salido, de modo efectivo, de lo aparentemente inevitable. De lo contrario nos condenamos a, lo que llama Hinkelammert, las fuerzas compulsivas de los hechos. Si la política es el arte de lo posible, en la visión del conservador, el arte se vuelve pura técnica, es decir, derivación de lo establecido. Es conservador porque se somete, según Marx, a leyes que actúan a espaldas de los actores. Entonces desaparece la política y se convierte en pura administración de la economía convertida en ciencia de los negocios. Lo posible ya no es posibilidad sino sólo lo admisible por lo establecido.

Lo establecido es el viejo orden financiero unipolar, que trata de sobrevivir a su crisis produciendo nuevas sangrías en los países pobres. Por eso se dice, y con razón: una verdadera liberación nacional pasa por una liberación financiera. Optar por el gasolinazo no era más que seguir leyendo el siglo XXI desde el siglo XX. Los colonizados son los que viven en el pasado; incapaces de transitar hacia lo nuevo, sólo saben aferrase a lo viejo.

Si la constitución de un nuevo Estado parte de las necesidades del viejo Estado, entonces no hay constitución sino reposición; ello teóricamente apuntaba a un nuevo termidor, esa era la conclusión de un jacobinismo criollo. Lo débil o lo fuerte son cuitas del Estado colonial, no tienen por qué serlo de un nuevo Estado plurinacional. Pretender un Estado fuerte es, básicamente, diluir la hegemonía en dominación pura. Nuestro vicepresidente, fiel a su weberianismo más ortodoxo, no concibe otra forma de ejercer el poder sino constituir al pueblo en obediente. Pero, de ese modo, la política se devalúa; si sólo hay obedientes no hay actores y si no hay actores no hay legitimidad alguna. Sólo después de lanzada la medida se acordaron que había que consultar al pueblo.

Proponer una nueva política pasa por desmontar la concepción del poder que tiene la política moderna que, en Weber, tiene su postrera expresión: la dominación legítima ante obedientes. Pero no puede haber dominación legítima, es una auto-contradicción performativa. Tal obediencia no produce legitimación; si la dominación produce obedientes no es nunca obediencia libre. Si hay sólo obediencia (pasiva y sometida) no hay libertad. Si no hay libertad hay dominación. Por eso: toda dominación es ilegítima.

Cuando hay dominación hay, lo que suele llamar nuestro vicepresidente: expropiación de la decisión. Pero si ésta es expropiada entonces no hay “mandar obedeciendo”, hay “mandar mandando”. Cuando el pueblo ya no es sujeto de decisión, el pueblo es devaluado como objeto. Cuando la política se expresa en la relación sujeto-objeto, el sujeto, o sea, el político, debe previamente vaciarse de toda relación con lo ahora constituido como objeto, o sea, el pueblo. Por eso, al expropiarle su capacidad de decisión, le expropia su capacidad de ser sujeto. Por eso el político ya no escucha y se vuelve autorreferencial; tampoco se hace sujeto. El político de la dominación siente una profunda desconfianza hacia su pueblo; por eso, una vez en el poder, ya no le consulta. Dice que quieren copar el Estado pero, para evitar eso, no genera procesos de democratización al interior de las organizaciones, sino que pacta con sus dirigencias (para imponer medidas); es decir, fomenta, él mismo, la corrupción que critica.

Vociferar contra el capitalismo es fácil. Lo que ya no es fácil es salir de su lógica; pero sólo comprendiendo y atravesando su lógica es que podemos salir de él. Pero salir lógicamente quiere también decir: salir existencialmente. Por eso la pura retórica no sirve; de eso está lleno el marxismo del siglo XX (los izquierdistas criticaban al capitalismo, pero no sabían hacer otra cosa sino replicarlo). Para superar la lógica del capital hay que atravesarlo, lógica y existencialmente, y la ortodoxia marxista, en ello, fue desastrosa; diluyendo la obra de Marx en una escolástica no hicieron más que crearse una nueva religión que escupía a todos los dioses.

El neoliberalismo y el posmodernismo justificaron aquello: vivir sin dioses es no creer en nada, menos en un mundo más justo, por eso, lo único que resta, es administrar, del mejor modo, lo que hay: dorar la dominación y edulcorar la injusticia. Por eso no dudaron en cambiar de bando y, aunque les cueste creer, lo que hicieron fue otorgarle la legitimación que siempre precisó la burguesía, en todos lados: brindarles las banderas de los oprimidos, en bandeja de plata. Por eso no es de extrañar que los asesores gubernamentales sean marxistas trasnochados que, al modo de los vampiros, sólo saben vivir en la noche de sus nostalgias, pues en el día, en el jach’a uru, el gran día que ha llegado, no saben ver nada sus ojos ciegos.

¿Qué significa mandar obedeciendo? Su significación es el contenido que emerge del tránsito hacia un nuevo modo de concebir la política y, en consecuencia, de producir y crear una nueva praxis política. Significa constituir al pueblo en sujeto. Pero esta constitución no se la realiza desde el Estado sino que el Estado se transforma en la mediación institucional para la constitución del propio pueblo en sujeto.

Es algo que el propio pueblo debe de también saber atravesar; porque el pueblo también se puede dejar arrastrar por la inercia de las leyes que actúan a espaldas de los actores; es cuando cree que la delegación de poder que ha producido acaba con su propio poder, cuando espera que el futuro llegue sin proponerse producirlo. No es sujeto porque no sabe ser sujeto y, en consecuencia, no actúa como sujeto. Por eso, si en el proceso aparece la recaída, se trata de una recaída también en el propio pueblo, en el proceso mismo de su constitución; en el creer que lo logrado lo es todo y no una parte de su propia acumulación como historia contenida, comprendida y realizada, esto es, que la autoconciencia lograda sea productora de historia propia.

“Ahora es nuestro tiempo” quiere decir: subordinar el tiempo de las cosas y las mercancías al tiempo verdaderamente humano. Vivir la política y la economía de modo humano. No hay humanidad sin naturaleza, por tanto, recuperar nuestro ritmo es recuperar el equilibrio. Si no hay diálogo en nuestras vidas es porque no hay equilibrio; eso es lo que hay que producir. Obedecer ya no es bajar la cabeza sino significa sintonizarse con el ritmo de la vida que fluye humanamente en forma de dignidad. Ser sujeto es ser digno. Desde la dignidad uno concibe el mando como merecimiento y el obedecer como virtud. Por eso el verdadero líder es aquel que se resiste a serlo: si alguien es más humilde que yo entonces es superior a mí. El verdadero obedecer es el saber escuchar; si el pueblo es objeto no tiene sentido escucharle, pero si es sujeto, la primera condición de este reconocimiento es el saber escuchar su palabra interpeladora.

Mandar obedeciendo es sólo posible en una nueva forma de vida; una nueva forma que no se halla más allá de esta vida sino en ésta, pero de modo ausente. Pero su ausencia no la revela su no existencia sino la imposibilidad que tenemos de verla, aunque se halle ante nuestras narices. La verdadera vida no está en otra parte y el mandar obedeciendo no es otro poder sino el modo más realista de desplegar el poder. Poder no como propiedad sino como voluntad de transformación, el origen de toda política. Cuando la crítica superficial dice: quien pierde con el gasolinazo es el realismo político, no se pregunta lo que debería preguntar: ¿es realista el realismo político? (porque los supuestos realistas resultaron ser los más ilusos, pues ni siquiera supieron medir los tiempos y aplicaron un gasolinazo a un pueblo festivo en plena fiesta, algo imperdonable). No hay crítica sin autocrítica. Por eso el pueblo también debe de ponerse en el lugar de la crítica.

Pues todos aspiramos a una forma de vida que consiste en la acumulación sin fin de satisfactores de deseos infinitos; un deseo de riqueza que choca, inevitablemente, con los límites reales de la propia naturaleza. Todas nuestras demandas se reducen a mejoras salariales que compensen nuestra adicción al consumismo (si la producción se orienta por esta clase de consumo entonces cavamos nuestra propia tumba, generamos la lógica que nos destruye, pues nuestro poder se diluye exclusivamente en poder comprar mercancías que chorrean sangre humana y sangre de la naturaleza, propiciamos la explotación; por eso aspiramos a la riqueza y esta aspiración, cuando se hace motor del desarrollo, genera inevitablemente la miseria necesaria para satisfacer la insatisfacción absoluta: la codicia). La sociedad moderna se organiza según este patrón, es un conglomerado de interese individualistas dispuestos bajo el único interés de generar riqueza, por eso es un orden del desorden, cuyo único equilibrio consiste en el desequilibrio constante que produce la competencia generalizada: el hombre lobo del hombre (lo que pone la modernidad como lo anterior a la sociedad –moderna– resulta ser el modelo de vida de esa misma sociedad).

Por eso la alternativa real es el descreer de esa forma de vida, atravesar la forma de vida moderna hacia un nuevo modo de vivir. El modo de vida fundamentado en la riqueza nunca ha solucionado los problemas que la producción de esa misma riqueza ha generado. Cinco siglos de modernidad, tres siglos de capitalismo, casi medio siglo de neoliberalismo, no han sido nunca la solución de los problemas que ellos mismos crearon. Por eso la solución nuestra no es copiar el mismo desarrollo que nos condenó al subdesarrollo. La solución consiste en proponernos una nueva forma de vida más humana y más digna, cuya constante nunca más sea que la vida de unos cuantos signifique la muerte de muchos. Quienes transitan a esa nueva forma de vida tienen la autoridad que brinda el testimonio, porque esa autoridad emana de una purificación existencial, la purificación de toda pretensión de dominación. Por eso la obediencia recupera su carácter liberador. En la dominación la obediencia es pura sumisión; en la liberación no es tampoco insubordinación sino: el respeto sagrado a la dignidad absoluta del otro que no soy yo. Porque la obediencia es la consecuencia del escuchar verdadero. El verdadero político de la liberación es el servidor; el que se hace libre liberando, es decir, sirviendo, y sólo es capaz de servir el que sabe primeramente escuchar.
Rafael Bautista es autor de “¿Qué significa el Estado plurinacional?” y “Hacia una constitución del sentido significativo del vivir bien”.

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¿Está la “Revolución Bolivariana” contra las cuerdas?

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

El llamado del Presidente Chávez a las filas del Psuv para que se ocupen de la realidad popular y dejen de activarse sólo en tiempo de elecciones, además de su intervención en la Asamblea Nacional, ha sido interpretado por los grupos opositores como síntomas de la descomposición y debilidades que presenta el proyecto bolivariano. Muchos de sus dirigentes vaticinan alborozados la salida de Chávez del poder por la vía electoral en 2012 y, junto con ella, cualquier posibilidad revolucionaria en Venezuela.

Para ello se basan en una realidad que pocos se han atrevido a constatar y revelar: En aquellos comunidades venezolanas que eran, invariablemente, un bastión inconmovible de la causa bolivariana en un pasado no muy lejano comienza a hacer mella la desconfianza, el resquemor y la impotencia de sus moradores al observar y comprobar que los funcionarios públicos del chavismo (con honradas excepciones) son más de lo mismo, comportándose de un modo igual o peor que sus antecesores adecos y copeyanos en el poder durante cuarenta años de democracia representativa.

Tal realidad, lejos de ser atacada y corregida a tiempo por los partidarios de Chávez, es ignorada adrede por quienes han sido altamente beneficiados por su liderazgo, ejerciendo diversos cargos de elección popular y disfrutando todas las prebendas que éstos generan. Así, aplicando el viejo refrán “el que paga manda”, una mayoría representativa de gobernantes chavistas han cooptado diversidad de dirigentes y movimientos sociales, haciéndoles entender -de buena o de mala manera- que su acción contraria lesionaría grandemente al proceso revolucionario que afirman apoyar. Esto ha producido fisuras entre el chavismo, logrando que el descontento y la exclusión de muchos revolucionarios y chavistas progresistas le abran campo a los sectores opositores interesados en acabar con esta experiencia revolucionaria.

De ahí que algunos crean inevitable la caída del proceso bolivariano, incluyendo a quienes lo respaldaron entusiastamente. Esto obliga a replantearse si los objetivos propuestos para hacer la revolución se han cumplido o, en su defecto, han fracasado, víctima de la miopía política y de la falta de compromiso revolucionario de aquellos que se erigen como sus conductores en cada entidad del país. De hecho, las diversas contradicciones de las cuales adolece podrían contribuir a definir con mejor precisión si tal proyecto revolucionario se enmarca realmente en los ideales del socialismo, puesto que no hay -aparentemente- una voluntad generalizada para deslegitimar al capitalismo y construir una política económica socialista.

Aunque esta realidad desalienta a muchos -ubicándose, incluso, en el bando opositor- lo cierto es que aún no puede presagiarse la inutilidad de cualquier esfuerzo por echar adelante un proceso revolucionario auténticamente popular de la mano de los sectores populares. En tal sentido, los diversos movimientos revolucionarios tienen ante sí un reto por asumir: darle plena vigencia y organicidad al ejercicio de la democracia participativa y protagónica por parte del pueblo venezolano. Pero este reto no pueden asumirlo como una cuestión simbólica, sin efectos prácticos duraderos, con el propósito de complacer a Chávez. El mismo tiene que servir para que el pueblo pueda orientarse correctamente en sus luchas reivindicativas y en la conquista de espacios que le permitan la construcción del poder popular. En la medida que dicho reto vaya profundizándose efectivamente, el socialismo podrá ser una realidad tangible e inmediata. De esta manera, podrá conjurarse la desmoralización presente entre muchos revolucionarios y chavistas progresistas, haciéndoles ver que el proceso bolivariano se haya contra las cuerdas, sin posibilidades de continuidad ni de consolidación.

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El buen vivir

Juan Diego García (especial para ARGENPRESS.info)

La actual constitución ecuatoriana establece el principio del Buen Vivir como un instrumento que permitiría armonizar tanto el orden social como alcanzar una relación sana con la naturaleza, inspirándose inicialmente en las propias tradiciones indígenas pero con el propósito de sintetizar éstas con las culturas europea y africana, todas ellas presentes en el complejo tejido multiétnico del país.

Armonizar el orden social comienza con la redistribución de la riqueza, garantía material de un Buen Vivir, dando de esta manera satisfacción universal a las necesidades básicas de la población. Socialmente el Buen Vivir supone el fin de toda suerte de exclusión, algo fundamental en una sociedad con un alto porcentaje de población discriminada por su origen racial. De igual forma, el sistema político haría compatibles la democracia representativa con formas nuevas de participación directa de las comunidades en el manejo de los asuntos públicos. La armonía con la naturaleza exigiría un modelo de producción esencialmente diferente al actual y el fin de toda forma de consumismo.

El Buen Vivir de Ecuador guarda estrecha relación con orientaciones similares en Bolivia y Venezuela y es compartido por muchos movimientos sociales en la región. En palabras del presidente Chávez, por ejemplo, el objetivo de la Revolución Bolivariana no es hacer a todos más ricos sino permitir el pleno despliegue de las potencialidades individuales y colectivas, algo que se riñe con la idea tradicional que vincula el simple crecimiento económico con el desarrollo. La idea del “Buen Vivir” tampoco resulta ajena a otros conceptos corrientes hoy en sociedades ricas que ponen en tela de juicio las relaciones de propiedad y poder así como el vínculo entre su modo de vida y el impacto que éste produce en el medio natural. El énfasis en la dimensión cuantitativa, tan ligada al sentido mismo de la sociedad del consumo parece dar paso a consideraciones mas cercanas a la calidad de vida, al cuidado de la naturaleza, a cálculos menos restringidos sobre la explotación de los recursos y a la responsabilidad con las futuras generaciones.

Ahora bien, cualquiera de estas estrategias del Buen Vivir o del consumo responsable y el rompimiento con el mito de asociar automáticamente crecimiento con progreso y desarrollo lleva indefectiblemente a cuestionar el sistema mismo, es decir, a preguntarse si un cambio tan radical en el orden social -casi un cambio de civilización- es compatible con el capitalismo y de no ser así, cuáles serían entre otras consideraciones, las relaciones de propiedad y poder, la participación ciudadana y el tipo de producción y distribución de la riqueza social en ese nuevo ordenamiento. La respuesta en el Nuevo Mundo es cada vez más clara: los movimientos sociales, en el poder o en la oposición, mayoritariamente desconfían del capitalismo y proponen en su lugar un socialismo acorde con sus propias condiciones y más cercano a la idea del Buen Vivir. ¿Un vínculo acaso con la tradición del movimiento socialista, en particular con ese “ocio creador” que tan magistralmente plasmó en su folleto “El derecho a la pereza” el propio yerno de Karl Marx, casualmente el cubano Paul Lafargue (Santiago de Cuba, 15 de enero de 1842)?.

Los retos que enfrenta esta búsqueda de alternativas al capitalismo no son pocos. Si en el mundo rico algo similar al Buen Vivir supondría drásticos cambios en los patronos de producción y de consumo, en la periferia pobre del sistema las dificultades se multiplican porque no solo se trata de cambiar el modelo capitalista por otro sino satisfacer primero muchas de las tareas históricas que su capitalismo raquítico, deformado y dependiente nunca resolvió. Una reducción de la actividad económica -o en todo caso- un reordenamiento y racionalización de la misma resulta más cómodo cuando se cuenta con múltiples recursos de capital, conocimientos, tecnología y una población cualificada y que mayoritariamente tiene resueltas sus necesidades básicas, pero no sucede así en las difíciles condiciones del atraso. Los recursos de todo orden que permitieron el desarrollo del capitalismo metropolitano o no existen o se presentan de manera muy precaria en los países pobres.

La estrategia del Buen Vivir en países como Ecuador, Venezuela, Bolivia y similares tiene entonces la urgente necesidad de intensificar la producción y no solo de propiciar mecanismos de redistribución que mejoren la vida cotidiana de las inmensas mayorías de la población. Tareas obvias como democratizar la propiedad rural mediante una profunda reforma agraria, industrializar, construir las infraestructuras necesarias, universalizar la educación y la salud, en pocas palabras, acceder a la modernidad, suponen imponer una dinámica y un esfuerzo productivo de dimensiones considerables que exigen abolir los actuales privilegios de las elites (un acto de enorme y revolucionaria violencia en todos los órdenes) y traen consigo un impacto sobre el medio natural que si no median alternativas realizables seguiría los mismos o similares caminos de la modernidad en Occidente. Nada de esto resulta compatible con el Buen Vivir. Seguir el ejemplo de China o India resulta bastante alejado de este ideal y muestra cómo el camino clásico parece indisolublemente ligado a una explotación atroz de los trabajadores y a producir un impacto considerable sobre la naturaleza. ¿Es posible la industrialización y la modernización de la agricultura sin generar altísimos impactos en el medio ambiente? ¿es viable lograrlo sin hacer uso de los mismos métodos de superexplotación del trabajo, típicos de la acumulación primitiva del capitalismo?. Esta es una cuestión central en el debate y constituye un reto no solo teórico sino práctico cuando se asumen responsabilidades de gobierno. Si reformar el capitalismo dependiente ha sido hasta ahora tarea imposible ante las resistencias oligárquicas locales e imperialistas externas no resultará nada fácil desmantelar el sistema mismo y construir otro en su lugar. Las medidas de corte keynesiano podrían ser, en todo caso, una respuesta parcial al actual capitalismo salvaje, pero es muy dudoso que sirvan igualmente para dar satisfacción a los interrogantes centrales que plantea una estrategia como la del Buen Vivir.

Además, contra el Buen Vivir y contra el desarrollo en general actúa el modelo “extractivista” tan típico de los países periféricos (y Ecuador, Bolivia o Venezuela lo son) en los cuales una parte considerable de sus recursos proviene precisamente de la minería, la extracción de petróleo y gas y otras actividades similares que impactan de manera muy agresiva en el medio y no generan acumulación interna de capital; solo se beneficia a las empresas transnacionales. Al mundo pobre se deja en todo caso la industria más contaminante y de menos valor agregado y se le impone un desarrollo agrícola basado en la gran explotación moderna, enemiga acérrima del medio ambiente y que ni siquiera está dirigida prioritariamente al mercado nacional. De esta forma, la economía “extractivista” actúa de lleno contra las intenciones de superar la naturaleza depredadora del industrialismo. Además -y esto resulta de importancia estratégica- el modelo actual no hace más que prolongar en estos países su carácter de economías subsidiarias, complementos menores de las economías metropolitanas, es decir, eterniza la relación de dependencia y agota recursos que serán claves para su desarrollo futuro.

Alcanzar el consenso social necesario para que una estrategia del Buen Vivir cuente con apoyos suficientes no es sencillo cuando se trata de las llamadas “clases medias” acostumbradas al consumismo (sobre todo sus estratos más altos), reacias por tanto a cualquier cambio que suponga renuncias y sacrificios. No por azar allí se anida la mayor reacción contra los gobiernos de progreso. La oligarquía criolla, aún siendo tan minoritaria (no pasará del 1% de la población) consigue en estos estratos su clientela electoral, a la que se suma por lo general el sector social más atrasado políticamente (manipulable por el clero conservador y los mass media en manos de multinacionales). Pero las mayorías tampoco están a resguardo de esta cultura del consumismo tan diferente al Buen Vivir, sujetas como están a la manupulación que identifica bienestar y consumismo, felicidad y modo de vida metropolitano. El sistema cuenta entonces con la ventaja de la cultural predominante, extraña por principio a la idea del Buen Vivir. El sueño de alcanzar los niveles de consumo que observan en la clase dominante y sobre todo el que se transmite por los medios de comunicación puede llegar a dificultar la aceptación de una idea como la del Buen Vivir, aunque considerando el grado de pobreza de las grandes mayorías (inclusive de sectores crecientes de la pequeña burguesía empobrecida por el neoliberalismo y sumida en la desesperanza por la actual crisis) es de suponer que para el pobrerío de estos países será siempre más realista optar por un ideario que se traduce en la satisfacción real de sus necesidades básicas (aunque solo sea eso, ya es mucho) que permanecer indefinidamente viviendo del sueño irrealizable de una vida dorada en el capitalismo.

El apoyo mayoritario de la población, la fuerza que adquieren ideas como las del Buen Vivir, será probablemente la clave del apoyo electoral mayoritario que hasta hoy ha permitido a los presidentes Correa, Morales y Chávez sortear con éxito el juego tramposo que supone la democracia burguesa: “con cara gano yo, con cruz pierdes tú”.

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El ferrocarril una cuestión nacional: Los trenes del saqueo (Parte IV - Final)

Juan Carlos Cena (especial para ARGENPRESS.info)

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El tren chino Nº IV

"No venderé el rico patrimonio oriental
al precio vil de la necesidad"

Aprobaron la compra de material ferroviario chino

El decreto 2154/10 que publica hoy el Boletín Oficial ratifica los actos suscriptos por la Secretaría de Transporte, dependiente del Ministerio de Planificación, para la adquisición de material rodante para el servicio interurbano de pasajeros de

Argentina. Es decir, el Gobierno nacional legalizó los acuerdos suscriptos por la Secretaría de Transporte y empresas estatales y privadas chinas respecto a la compra de material rodante ferroviario, locomotoras y coches, por un monto de 273.252.220 dólares.

Se trata del memorando de entendimiento entre la Secretaría y la Sociedad Estatal China, Northern Locomotive & Rolling Stock Industry (GROUP) C.L. También se incluye el contrato de suministro de locomotoras, coches, repuestos y herramientas.

El Gobierno también aprobó el modelo de Convenio de Facilidad de Préstamo a Plazo a ser suscripto Ministerio de Economía y las entidades bancarias China Development Bank Corporation y China Citic Bank Corporation Limited, por un monto de U$S 273.252.220. Fuente agencia Telam

La extranjerización de la industria nacional

La colonización de nuestra industria a través de los cárteles internacionales no cesa. Ya nos referimos en las partes anteriores sobre esta cuestión, pero bien vale una síntesis. De las 500 empresas más grandes del país 324 son extranjeras y sólo 176 argentinas. Estos datos que arroja la Encuesta Nacional a Grandes Empresas (ENGE) para el año 2009 que acaba de publicar el Indec son muy impactantes, pero no alcanzan a ilustrar en toda su dimensión el grado de extranjerización que hay en la economía en general y particularmente en la cúpula empresaria.

Ya que si se observa la participación de locales y foráneas en otras variables se advierte que el peso de las de afuera es aún mayor que el 65 por ciento que representa 324 de 500 compañías. Esas 324 extranjeras aportan el 81,4 por ciento del valor agregado que generan las 500, el 79,3 por ciento del valor de producción (facturación más variación de stocks) del conjunto, el 75,3 por ciento de toda la utilidad, y el 68,3 por ciento de la masa salarial.

La ENGE revela que, además de tener elevada extranjerización, la actividad productiva está muy concentrada. Las 500 empresas más grandes (no están consideradas las firmas del sector financiero ni agropecuario) aportan el 22 por ciento del valor agregado de todo el país; si se toman las 100 más grandes, el aporte es 15,2 por ciento; el de las 50 más grandes es 12,1 por ciento; y el de las primeras 4 es 3,6 por ciento. Esto significa que tan sólo 4 empresas explican casi el 4 por ciento del Producto Bruto del país, que es un concepto equivalente al de valor agregado.

Esas 500 compañías totalizan 580.019 millones de pesos de valor de producción (la más chica con 202 millones), 230.437 millones de pesos de valor agregado, 72.425 millones de pesos de utilidad, y ocupan a 698.985 personas.

En más de una oportunidad nos hemos referido a los corredores bioceánicos. Es toda una exigencia de las multinacionales cerealeras y el mercado cautivo, o sea el mundo asiático con preponderancia la República Popular China con la anuencia del Banco Mundial, de implementar estos corredores bioceánicos.

Esta asociación unidad deja en evidencia la unidad para accionar de ceraleras y mercado cautivo sobre la Argentina. Es sin lugar a dudas el fenomenal avance de las grandes compañías cerealeras y aceiteras. Veamos: mientras que en el año 2000 Cargill era la única que figuraba entre las primeras veinticinco en el puesto 6, en el ranking de 2009 aparecen cinco: Cargill sube al cuarto puesto, Bunge en el octavo, Aceitera General Deheza en el noveno, Louis Dreyfus en el decimoquinto y Vicentín en el vigesimoquinto.

La desnacionalización también caracteriza a otros sectores. Ninguna de las cinco principales petroleras tiene control argentino (YPF, Petrobras, Pan American Energy, Shell y Esso): las líderes en telefonía son todas extranjeras (Telecom, Telefónica Móviles, Claro y Telefónica); y lo mismo sucede con las dos mayores cadenas de hipermercados (Carrefour y Jumbo).

La penetración china en Latinoamérica

En el 2000 el comercio chino-Latinoamérica-Caribe solo alcanzaba los 10 000 millones de dólares, para el 2008 la cifra subió a los 140 000 millones de dólares.

Pese a la grave crisis mundial iniciada en Estados Unidos en 2008, el intercambio no sufrió mucho al cerrar 2009 con 143 300 millones.

En 2010 la situación fue superada con creces al incrementarse en 68 % con respecto al año precedente y ubicarse en alrededor de 240 000 millones de dólares.

China ha multiplicado en estos 10 años sus inversiones en esta región sobre todo en los sectores de la minería, hidrocarburos, energía, siderurgia, comunicaciones y ferroviarias.

En la actualidad, la República Popular China está presente en la inmensa mayoría de los países del área, muy diferente a 1959 cuando solo fue reconocida por la triunfante Revolución cubana.

Con esta nación caribeña el intercambio comercial se acerca a los 2 000 millones de dólares anuales y China pasó a ser uno de los principales socios comerciales de la Isla.

Las visitas económicas de funcionarios chinos ya se han hecho familiares en toda América Latina y el Caribe.

Brasil, por la inmensidad de su territorio y potencial económico ha concentrado más del 50 % de las inversiones de la nación asiática en esta región, según se conoció en un reciente foro efectuado en Beijing.

Variados son los programas que tienen lugar entre estos dos gigantes económicos como el financiamiento por 10 000 millones de dólares a la petrolera Petrobrás para nuevas inversiones; la participación china en yacimientos del norte de Brasil y los ubicados en aguas profundas de los estados de Pará y de Maranhao; o los 1 200 millones entregados a la compañía Vale (no olvidar El Tren del Potasio.

También se adelantan los planes para la línea de trenes de alta velocidad Río de Janeiro-Sao Paulo.

Argentina firmó un contrato por 10 000 millones de dólares para la construcción del tren rápido Buenos Aires- Córdoba; invirtió 1 000 millones de dólares para la construcción de una planta de agroquímicos, una central térmica y un puerto comercial en la sureña provincia de Tierra del fuego. La soja se convirtió en la fuente fundamental de exportaciones argentinas hacia China, principal comprador de ese alimento y sus derivados.

Venezuela, Beijing entregó a la República Bolivariana un crédito por 20 000 millones de dólares para financiar 19 proyectos de desarrollo. Con la nación asiática, Caracas ha firmado más de un centenar de acuerdos en todas las esferas de la economía, comunicaciones y las ciencias.

En este 2011, la República Bolivariana exportará hacia Beijing 600 000 barriles de petróleo diario y se espera que en los próximos dos años la cifra exceda el millón. También la empresa CNPC laborará con su par PDVSA en la extracción de crudo en la franja del Orinoco. hilenas a Asia salen con destino a China por cerca de 10 000 millones de dólares, cifra que casi triplica sus envíos a Estados Unidos, evaluados en 3 600 millones.

Chile, esta nación sudamericana exporta mayormente cobre y otros minerales hacia China y ante el indetenible auge del comercio, la Dirección de Promoción de Exportaciones ProChile decidió reducir oficinas en Estados Unidos (Atlanta) para abril sendas en Beijing y Cantón.

Perú, mientras tanto, ha impulsado en el último período su intercambio con el gigante asiático al que le vende numerosos productos como plomo, cobre, harina de pescado, molibdeno, estaño, frutas, maderas, químicos textiles y confecciones.

También se ha convertido en un receptor de capitales provenientes de ese país del lejano oriente, con más de 1 500 millones de dólares invertidos, mayormente en el sector de la minería.

Colombia con la llegada del presidente Juan Manuel Santos ha incrementado esas relaciones y solo en el segundo semestre de 2010 el intercambio creció en 500 %. Colombia vende a la nación asiática productos tradicionales y no tradicionales, mientras adquiere numerosas mercancías de ese lejano mercado.

Con Ecuador y Bolivia se desarrollan intercambios y colaboraciones principalmente en las esferas de los hidrocarburos y la minería.

Terminando, me repito con Scalabrini Ortiz.

Para detener el saqueo de nuestras riquezas y dejar de ser un país colonizado, escuchemos y tomemos debida nota lo que decía el maestro Scalabrini Ortiz: Reconquistar el dominio político y económico de nuestra propia tierra es nuestro deber para con nosotros mismos, para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos. No es una acción fácil pero tampoco es una acción inabordable. Los revolucionarios de 1810, de donde provenimos, nos dieron el ejemplo de que nada resiste la voluntad del hombre puesta al servicio de una gran causa.

De nosotros depende su realización. No esperemos que otros hagan lo que nosotros no somos capaces de hacer. Los gobiernos no pueden realizar sino aquello que los pueblos saben pedir con autoridad y con firmeza. Raúl Scalabrini Ortiz - Historia de los Ferrocarriles

Juan Carlos Cena es miembro fundador del MONAREFA, Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos. Autor de El Ferrocidio.

Ver también:

Fuentes:
Agencia Telam
Revista XXIII – Por Marcelo Zlotogwiazda
Geografía económica - Hedelberto López Blanch
El ferrocidio 2da edición
Revista Mercado.
Fuentes propias.

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Argentina: Foro por los Derechos de la Niñez. Hacernos cargo desde que nacen

ACTA

“Un menor de 13 ó 15 años no tiene que tener armas, ni estar en la calle. A los chicos hay que educarlos”, esto pidió con un gran dolor la madre de Fabián Esquibel quien fue asesinado en Tolosa el martes 18 de enero de 2011.

Por este asesinato está acusado un adolescente de 15 años, quien saltó a la fama como chivo expiatorio de candidatos en campaña, funcionarios mediáticos y diversos comentadores para volver a instalar demagógicamente en la agenda pública y política, la ficticia necesidad de bajar la edad de imputabilidad.

No hay evidencia ni experiencias válidas que indiquen que encarcelar a jóvenes y niños mayores de 14 años ayude en la disminución de los delitos. Sólo se plantean de modo irresponsable respuestas espasmódicas asociadas a lo represivo, cuando la situación exige ser abordada en el marco de una discusión honesta y valiente respecto del verdadero cultivo del delito.

Las últimas reformas penales inventadas al calor mediático en situaciones extremas, solo han generado un sistema penal incoherente, absurdo y vacilante.

Nada se dice que acerca de la desfinanciación y falta de voluntad política del gobierno provincial para aplicar plenamente los mecanismos que prevé la ley de Promoción y Protección de Derechos de los Niños, Jóvenes y Adolescentes, ni que la Intendencia Platense de Pablo Bruera se desentiende de implementar efectivamente la normativa de absoluta ejecución municipal.

Este paradigma tiene instrumentos para abordar la situación de jóvenes en conflicto con la ley penal: el sistema de Responsabilidad Penal Juvenil, pero el gobierno provincial ha decidido desviar los fondos necesarios para su instrumentación y en reiteradas oportunidades insiste en excusarse respecto de la falta de prevención o casi nulo abordaje de los verdaderos nichos de corrupción.

Estamos ante la expresión más ofensiva y humillante de jóvenes con derechos vulnerados, porque nadie desconoce que su condición de tal sumado a la fragilidad de un sistema socio familiar y comunitario con fronteras achicadas por la exclusión económica los coloca a cada momento en desventajas, y el mayor perjuicio es quedar como último eslabón de la cadena de responsabilidades cuando se cometen delitos. Nadie habla de los adultos que reclutan niños y jóvenes para delinquir, ni de la complicidad policial para que las zonas calientes recalcitren las historias de vida en la miseria de los jóvenes tempranamente abandonados al estigma y daño de la pobreza.

Un caso testigo

La Plata adhirió a la ley con la asunción del intendente Bruera hace ya tres años. Los Servicios Locales todavía funcionan a media máquina, no cuentan con los profesionales que deberían, ni con espacios físicos, ni elementos básicos de trabajo, sin embargo desde el momento en que se adhirió el municipio al sistema recibe fondos estipulados por ley para este destino.

Los Servicios Locales son una institución fundamental creada por la nueva ley; son los encargados de intervenir cuando hay niños o jóvenes con derechos vulnerados. Son los co-responsables de tomar medidas para la inclusión de este sector muy golpeado en los últimos 30 años de vida democrática.

Oportunismo

“Proponemos una acción urgente para que el Estado se haga cargo de los menores que delinquen, desde el primer minuto”, esta frase del diputado De Narváez en campaña, y en sintonía con lo expresado por Daniel Scioli, debe ser modificada.

El Estado y nosotros como sociedad debemos hacernos cargos de los niños y los jóvenes, pero no desde que delinquen, sino desde que nacen. Respetar sus derechos, asegurando que puedan desarrollar todas sus potencialidades y no arrojándolos a la pobreza y la marginalidad. Es nuestro desafío construir un país más justo y no uno más represivo. Un país que abrace la igualdad como destino sociopolítico.

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Bombardeo de la publicidad urbana: Contaminación mental

Marcelo Paredes (ACTA)

Un laburante sale de su casa en el conurbano bonaerense a las 6 de la matina para ir a trabajar. Probablemente, se desayunó con un mate cocido y las noticias frescas de la tele o la radio. Luego un bondi hasta la estación, el tren a Once y el subte hasta el microcentro donde la yuga todo el día.

Desde antes de salir de su casa hasta que se durmió a la noche, su cerebro recibió más de 3.000 mensajes publicitarios, sus ojos vieron, en ocasiones, más imágenes de las que pudo asimilar, los decibeles que registraron sus oídos fueron superiores a lo considerado tolerable, leyó infinidad de palabras en un idioma que nunca aprendió, fue intimado a respetar costumbres que no le son propias, le ofrecieron agresivamente comprar productos que no puede comprar y obligado a enterarse de cosas que apenas le interesan.

Contaminación visual, sonora, cultural, informativa e ideológica. Como el aire, el agua y la tierra; también nos contaminan el cerebro. Imposible no mirar

Toda ciudad, aún la más pequeña, está llena de carteles. En la vía pública, en los transportes, a la vera del camino, sobre los costados de los edificios, colgando de los árboles, en las obras en construcción o pintados sobre el asfalto los avisos nos persiguen despiadadamente.

Ante la falta de una legislación adecuada y la ausencia de fiscalización (sólo en Buenos Aires se calculan 30.000 marquesinas ilegales) las carteleras con propaganda proliferan en cualquier lugar y de cualquier tamaño. Luminosas, sensuales, elitistas, enormes y minúsculas llenan todos los espacios. La publicidad pasa a ser omnipresente, omnisciente y omnipotente. Si abrimos los ojos, las vemos. Nos guste o no.

Pero el ojo es una máquina óptica muy compleja y con una determinada capacidad de absorción de datos. Cuando esa capacidad es superada se produce una especie de estrés visual, el panorama general se vuelve caótico y la lectura ordenada del paisaje se hace imposible. No vemos de tanto ver.

Sin hablar de los accidentes por distracción, las alteraciones del sistema nervioso, las cefaleas, el mal humor incomprensible y la agresividad o los trastornos de atención. Dejemos para otra ocasión el reclamo de poder ejercer la sencilla y ancestral costumbre de mirar el cielo. Así como los daños ecológicos y ambientales, la conservación de la autenticidad de nuestros barrios y la violación de nuestra privacidad ante la imposibilidad de no ver lo que no nos gusta.

Sordo será el que pueda oír

Si la vista nos da la posibilidad incierta de cerrar los ojos o mirar para otro lado, el sistema auditivo no. Escuchamos los sonidos y los ruidos, nos gusten o no. Sobretodo, aquellos que superan la cantidad de decibeles tolerables (75 dB).

Es el caso del subterráneo, de los ciclomotores de reparto, los motores de los colectivos subsidiados, el pregón religioso amplificado en las plazas, las sirenas necesarias, los bocinazos al pedo, los martillos mecánicos y hasta el vendedor ambulante que exige su garganta trajinando vagones. Y si no, nos aislamos con nuestra propia música en audífonos privados, comunicándonos con celulares altisonantes y pantallas encendidas en todo lugar y tiempo.

La sociedad nos invade sonoramente y cada día estamos más sordos de escuchar lo indeseable. Buenos Aires, por dar un ejemplo, es la cuarta ciudad más ruidosa del mundo y el aumento de la polución sonora crece. Según estudios, en 1996 había aumentado un 2 % respecto a 1995 y un 9 % comparado con 1993 y en esquinas como la Avenida Santa Fe y Juan B. Justo los picos sonoros superaron la barrera de los 105 dB.

Los efectos no tardan en aparecer: molestias o lesiones inmediatas, daños por acumulación, trastornos físicos, trauma acústico, envejecimiento prematuro del oído y pérdida de la capacidad auditiva. Los ruidos desagradables se sufren fuertemente en la ciudad pero también contaminan las áreas rurales o suburbanas. No hace falta vivir cerca de una avenida, una fábrica, un puerto o un aeropuerto para añorar el silencio.

Aunque la contaminación no es sólo visual y sonora. Además de pretender que miremos y escuchemos, se busca que imitemos, que nos informemos, que nos identifiquemos y que nos uniformemos en un solo sentido, en un solo patrón cultural con valores largamente cuestionables. Anuncian Sancho, señal que consumimos

Hay una sola forma de sociabilidad en todo el mundo. Ni el socialismo, ni el evangelismo, ni el islamismo pueden competir con ella. Como dijo Emir Sader, Doctor en Ciencias Políticas brasileño y Secretario Ejecutivo de CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales), en una charla ofrecida a la Mesa Nacional de la CTA: “En este mundo unipolar, de supremacía política, militar y económica del imperio norteamericano, el elemento hegemónico mas fuerte es el ideológico; el llamado modo de vida norteamericano”.

“El día que cada chino compre un coche terminará la humanidad” profetizó hace unos años Fidel Castro para dar la alarma. Aún no se lo compraron todos pero los jóvenes chinos se visten, se alimentan y miran las mismas películas o series que un adolescente de Arizona. Lo mismo le pasa a un pibe africano, latinoamericano o palestino si tiene la suerte de escaparle al hambre o las guerras. Son atraídos por una forma de vida que se impone en el mundo y modela a las otras culturas.

La publicidad se presenta como el carburante ideológico del capitalismo. Si la ideología es el consumo, la publicidad es su arma y el destino es el totalitarismo: la libertad estará definida por la posibilidad de elegir aquello que queremos comprar. Y habrá una sola clase, los que consumen.

Y es en la disputa por definir nuestra elección de compra donde el mensaje publicitario se vuelve más descarnado. Ecologistas en Acción, una organización no gubernamental española, suele premiar irónicamente a las publicidades más perversas. Crueles para los pudientes e inclementes para los necesitados.

De esta manera destacan de las propagandas los mensajes “sexistas, xenófobos, insolidarios, consumistas o falsamente ideológicos”. O la promoción “del individualismo, el hedonismo, el culto a lo superficial, la monetarización creciente de nuestras vidas y el hiperconsumismo”. En síntesis, la transformación de la vida en una mercancía.

También revelan que en cualquier revista de actualidad uno puede descubrir que el 60 % de las modelos publicitarias son de piel blanca y la mayoría tienen el cabello claro. El 30 % tiene los ojos azules y de 65 mujeres fotografiadas, sólo tres eran morenas. Todas son de una belleza que no se ven seguido por las calles, se muestran activas, libres, independientes, exitosas, atractivas y seductoras. No se parecen a la mayoría de sus lectoras, son modelos inimitables y nada de lo que se haga, alcanzará.

Nos obligan a comprar lo que no podemos, a parecernos a lo que no somos y a satisfacernos con lo que nunca podremos tener. Nos ofrecen ser en la medida que tengamos y parecer en la medida que imitemos. Y no se conforman con que le compremos su producto: debemos amarlos. ¿Cuánto puede durar una relación de pareja: 2, 5 o 10 años? La relación con la Coca Cola es para toda la vida.

Salvemos el coco

Toda persona tiene derecho a un mínimo de sanidad y seguridad ambiental resultante de una armónica relación entre las condiciones del aire, suelo, agua y de todos los factores modificadores de las circunstancias que conforman el medio. Y este derecho está amparado por la Constitución.

Decir sano, entre otras cuestiones fundamentales, es decir libre de contaminación en el plano simbólico, visual, sonoro y cultural. Un ambiente libre de la polución sensorial y mental que se introduce lenta pero inevitablemente en nuestras vidas.

En definitiva, otro de los derechos constitucionales que no se respetan. Uno más de los que esperan ser debatidos en una próxima Asamblea Constituyente Social. El derecho a no ser contaminados mentalmente y la necesidad de que no se acorrale ideológicamente la necesaria actitud de cambio.

Marcelo Paredes es integrante del Equipo de Editorial y Publicaciones de la CTA.

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La Nación detectó 60% de empleo en negro en la zafra yerbatera

MISIONES ON LINE

La tasa de trabajo no registrado en el sector rural en todo el país ronda el 50 por ciento. El dato corresponde a relevamientos del Plan Nacional de Regularización del Trabajo. Anunciaron que se informatizará el control. Además del caso denunciado en Caraguatay, también se detectó trabajo esclavo en Mendoza y Buenos Aires.

Desde la Secretaría de Trabajo de la Nación revelaron que el sector rural mantiene los porcentajes más elevados de empleo no registrado en el país. La media nacional ronda el 50 por ciento, pero es aún mayor en actividades puntuales, como la zafra yerbatera en Misiones, área en la que se detectó un índice de 60 por ciento. El dato se difundió en oportunidad de la presentación de un nuevo sistema informático que se usará para el control laboral y luego de que se detectaran condiciones de trabajo esclavo en actividades de campo en la provincia de Buenos Aires y Mendoza, además del caso conocido en Caraguatay.

La notoria disminución de la informalidad laboral registrada en los últimos años en Argentina, es uno de los logros que más le gusta exhibir a la Presidenta Cristina Fernández. Del mismo modo, la persistencia de altos grados de empleo no registrado en actividades puntuales, es una piedra puntiaguda en los zapatos presidenciales.

El sector rural es el que muestra los niveles más altos de trabajo en negro y desde la Nación vienen apuntando con todos sus cañones para revertir esa situación. Como primer paso, la Secretaría de Trabajo hizo relevamientos en los campos de todo el país durante 2010 para tener un mejor dianóstico.

Los números que arrojó dicho relevamiento, que en Misiones se llevó adelante en forma conjunta con el ministerio de Trabajo de la Provincia, confirmaron que el sector rural mantiene los niveles más altos de informalidad, lo que favorece que en algunos lugares se mantengan condiciones laborales más propias del siglo XIX que del XXI.

En ese marco, la actividad yerbatera en Misiones aparece como uno de los sectores con mayor nivel de empleo en negro, un 60 por ciento según el relevamiento, aunque aparecen casos más extremos, como el de las huertas de Salta, donde el porcentaje de trabajo no registrado observado superó el 90 por ciento.

“Existe trabajo ilegal y también trabajo esclavo en condiciones infrahumanas. Se reproducen situaciones de los siglos XVIII y XIX. Por eso sería bueno que el Parlamento argentino ponga en su agenda el tratamiento del nuevo Estatuto del Peón Rural”, sostuvo Cristina en el Salón Mujeres Argentinas de la Casa Rosada.

Para facilitar la tarea de los inspectores del Ministerio de Trabajo, en las próximas fiscalizaciones que recorran campos, construcciones o empresas madereras, contarán con netbooks que permitirán realizar digitalmente los relevamientos y constatar en las bases de datos de la Anses y la AFIP, al momento de la fiscalización, la situación de los trabajadores mediante una conexión inalámbrica a Internet.

Los fondos para adquirir las 500 computadoras, los servidores y la conectividad a Internet provienen de las multas realizadas el año pasado. En 2010 el Ministerio de Trabajo recaudó 37 millones de pesos en multas por irregularidades laborales y la informatización costó cinco millones de pesos. Las netbooks ya están siendo utilizadas en algunos operativos y permiten reducir considerablemente el tiempo que insume todo el proceso.

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Argentina, Neuquén: Ted Turner cierra un puente en el Río Traful

INFOSUR

El empresario estadounidense prohíbe el libre acceso a un parque nacional con la complicidad del gobierno local.

Las organizaciones sociales y políticas que luchan por el libre acceso a los ríos y lagos y contra la extranjerización de la tierra, informan que luego de una ardua pelea por recuperar el campo “Mallin Bagual” (Río Minero, Villa Traful) de Miguel Lagos, el Parque Nacional Nahuel Huapi, reconoce y autoriza al señor Lagos a instalar una casa en el margen del Río Minero. Este triunfo se ha logrado gracias a la constancia y la unión en la lucha de la familia Lagos junto con las organizaciones sociales, y miles de ciudadanos que apoyaron esta justa causa.

Miguel Lagos sufrió innumerables atropellos por parte de la Estancia “La Primavera” del estadounidense Ted Turner, con la complicidad de Parques Nacionales y la provincia de Neuquén. También fueron víctimas de este acuerdo: turistas, pescadores, kayakistas y pobladores.

Turner continúa usurpando y prohibiendo la libre circulación en la zona, como es el caso del puente sobre el Río Trafúl, que ha sido cerrado con rejas de 3mts de altura de ambos lados. Este puente existente de los años 1970, permite la circulación de pobladores que viven al margen del lago Traful.

Por su parte, la Estancia “Arroyo verde”, también impide la circulación con restricciones de un camino vecinal que permitiría a pobladores y turistas acceder a la naciente del Río Traful, reclamo histórico que todavía se solicita.

Hoy en día, la belleza del Río Traful está destinada para el uso y disfrute de Ted Turner, que declaró que “el futuro es la Patagonia” (Diario Perfil 16/01/2010). Ante esta amenaza de apropiación los gobernantes flexibilizan la compra de tierra y agua a corporaciones extranjeras. Se necesita una política de defensa de la soberanía territorial, de los recursos naturales y del agua como un bien estratégico. La ocupación militar en Malvinas, por parte de Inglaterra, es una amenaza para la Patagonia y la Antártida.

Con semejantes señales, está claro que la pelea del futuro cercano será por el agua. Sin embargo, en la región pareciera que las autoridades nacionales y provinciales todavía no comprenden lo importante de frenar la arremetida que -desde distintos países, con distintos nombres y de distintas formas- se están adueñando de tierras y recursos acuíferos de importancia estratégica para nuestra población o; lo que sería aún peor, acuerdan, por el motivo que fuere, con esta política de entrega.

Foto: Argentina, Neuquén, extranjerización de la tierra - Puente cerrado en el Río Traful. / Fuente: INFOSUR

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Otro juez español derrota a Estados Unidos y la impunidad internacional

Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)

La visita a Irak del juez español Santiago Pedraz para reconstruir el asesinato en Bagdad del camarógrafo hispano José Couso, de la cadena Telecinco marca un hito en la lucha por una efectiva justicia universal y también es una derrota política para el gobierno del “socialista” José Luis Rodríguez Zapatero, la Fiscalía Nacional de España, la Embajada de Estados Unidos en Madrid, el gobierno de Estados Unidos y todos los sectores interesados en echarle tierra al crimen.

La diligencia, practicada por una comisión judicial integrada por casi una veintena, también reivindica tácitamente la necesidad de justicia por los asesinatos de otros dos periodistas olvidados: el cámara ucraniano Taras Protsyuk, de 35 años, de la agencia británica Reuters, y el periodista jordano Tarek Ayoub, de 35 años, de la cadena árabe de televisión Al Jazeera. Los tres reporteros fueron muertos simultáneamente el 8 de abril de 2003, por los mismos asesinos profesionales del ejército de Estados Unidos sindicados como responsables del triple asesinato: el teniente coronel Philip de Camp, el capitán Philip Wolford y el sargento Thomas Gibson.

El joven juez Pedraz y su comisión terminó su misión el viernes con algunas dificultades. Pudieron visitar la habitación 1403, en el piso 14, e instalar una cámara similar a la de Couso en el balcón y apuntarla en dirección al puente Aljumuriya, donde se encontraba el tanque estadounidense que disparó el cañonazo mortal. También pudo observar el piso 15, que fue el blanco principal del mismo proyectil que acabó con las vidas de Couso, Ayoub y Protsyuk. Lo que no pudo hacer fue adentrarse en el puente Aljumuriya hasta el lugar preciso en que estaba el tanque porque se lo impidieron las tropas de Irak.

Según el relato del enviado especial de El País, Manuel Altozano, tras reconstruir los hechos en la habitación 1403, la comisión se desplazó al piso superior, que recibió directamente el impacto del tanque estadounidense. El juez Pedraz tomó declaración a testigos de otros medios de comunicación extranjeros que también estuvieron trabajando en el hotel Palestina el 8 de abril de 2003. Al magistrado lo acompañaron cuatro periodistas españoles que fueron testigos de los hechos: Jon Sisitiaga, el reportero de Telecinco que trabajaba con Couso; Olga Rodríguez, reportera de la Cadena SER; Jesús Quiñonero, cámara de Antena 3 y Carlos Hernández. Los cuatro periodistas españoles, acompañados por Safa Majid, el intérprete-guía que trabajó con Sistiaga y Couso en la cobertura de la guerra, regresaron a la habitación 1403 para quedarse a solas y recordar a su compañero ausente.

Los problemas de misión Pedraz comenzaron al llegar al puente Aljumuriya. El ejército iraquí les bloqueó el acceso hasta el lugar preciso en que se hallaba el tanque al momento de efectuar los disparos. Sólo dejaron acercarse al puente a ocho miembros de la delegación, pero lejos del lugar crucial de los disparos. Un militar impidió que el juez Pedraz tomara fotos a 120 metros de distancia del sitio exacto. Y sólo permitieron la presencia de tres cámaras, aunque para utilizarlas de lejos: las fotográficas del juez Pedraz y del abogado de la familia Couso Enrique Santiago y la de televisión de TVE. Argumentaron que el puente está bajo control militar y el permiso que obtuvo la diligencia de Pedraz fue emitido por el ministerio del Interior iraquí, … no por el de Defensa.

El juez Pedraz, en compañía de Jon Sisitiaga, Olga Rodríguez, Jesús Quiñonero, Enrique Santiago, Enrique Maillo (miembro de la Asociación Libre de Abogados), pudieron comprobar que desde esa posición se divisan perfectamente las cinco plantas superiores del hotel Palestina, un edificio de 17 pisos. La habitación 1403, donde Couso grababa cuando murió, está en el 14 y el grueso proyectil impactó en el 15.

Un juez iraquí, llamado Fhihad Ahmed Hussein, se despidió amablemente de su colega español. "Estoy muy honrado de colaborar con usted durante la práctica de las diligencias". La delegación regresó a su hotel en varios vehículos. Eso fue todo

Boicot oficial hispano a la diligencia

La inspección ocular de Pedraz y su comisión judicial tuvo que vencer varios obstáculos. Primero, el caso fue archivado en dos ocasiones por la Sala Penal de la Audiencia Nacional de España, pero después el Tribunal Supremo anuló esas decisiones por considerar que sí existían indicios fundados de delitos de homicidio y contra la comunidad internacional que el juez imputó a los tres militares estadounidenses que ordenaron y ejecutaron el disparo que acabó con la vida de Couso (y sus otros dos olvidados colegas). El mismo tribunal ordenó la diligencia práctica en Bagdad.

No obstante, el gobierno de Rodríguez Zapatero y el ministerio Fiscal se opusieron al viaje a Bagdad. El ministerio de Justicia le escribió al juez Pedraza 13 de enero expresándole su "altísima preocupación" por el viaje por no existir en Irak garantías para la protección de la comisión judicial (integrada, además, por la secretaria judicial, los testigos y los abogados de las partes). Añadió que la embajada de España carecía "de medios propios en aquel país para garantizar la seguridad de 17 ó 18 personas", incluyendo periodistas y enviados especiales.

Según los Wikileaks, la embajada de Estados Unidos en España informó al Departamento de Estado que la ex vicepresidente María Teresa Fernández de la Vega, el ex ministro de Justicia Juan Fernando López Aguilar y el ex responsable de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos maniobraron sin éxito para archivar el caso a lo largo de toda la investigación judicial. El fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, le garantizó al embajador de Estados Unidos que el ministerio público se opondría a las eventuales órdenes de detención de Pedraz contra los tres militares estadounidenses imputados.

Pedraz fue atendido en Irak por nueve magistrados del Tribunal Supremo iraquí que le demostraron apoyo durante su estancia. Su colaborador durante la inspección ocular, Fhihad Ahmed Hussein, es el juez del tribunal de Al Rusafa, bajo cuya jurisdicción se encuentran el hotel Palestina y el puente Aljumuriya. La diligencia fue una victoria para la justicia universal y el magistrado Santiago Pedraz, como también otro hito en la tenaz lucha del abogado de derechos humanos Enrique Santiago, quien ha actuado judicialmente contra el centro internacional de torturas de la prisión de Guantánamo como delito de lesa humanidad, contra los “servicios de hotelería” negociados en 80 mil dólares por cada prisionero guantanamero eventualmente recibido en España por el gobierno de Rodríguez Zapatero y el reabastecimiento en España de vuelos secretos de la CIA que transportaron ilegalmente prisioneros políticos secuestrados por Estados Unidos en diferentes países del orbe.

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