lunes, 21 de febrero de 2011

Las luchas de clases no han muerto… ¡Y los pueblos árabes se están encargando de recordárnoslo!

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

“No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.”
Carlos Marx, Mensaje a la Liga de los Comunistas, 1850

Por muchos motivos el siglo XX ha sido, seguramente, el más movido, prolífico y controversial de la historia. Marcó de forma indeleble el curso general de los acontecimientos de la humanidad con una fuerza imperecedera: para bien o para mal nos hizo asistir al surgimiento de incontables procesos nuevos, tales como la revolución científico-técnica imparable aplicada al mejoramiento de la vida cotidiana, las primeras experiencias socialistas, la universalización de la economía y la cultura (hoy día bautizada como “globalización”), guerras con aplicación de las fuerzas más destructivas que se pudieran concebir, inicio de la conquista espacial, inicio de la liberación femenina, aparición del síndrome de inmunodeficiencia adquirida, sociedades masificadas y apoyadas con fuerza creciente en los medios de comunicación, poderes hegemónicos de escala planetaria. Todo esto fue nuevo en la historia, y el siglo pasado es su punto de arranque, punto de inflexión del que probablemente no se retrocederá más.

Cada uno de estos distintos aspectos representa, en sí y por sí mismo, un mundo aparte; cada uno ha corrido suertes diversas, con perspectivas futuras muy disímiles entre sí. De entre todos ellos nos interesa ahora particularizar lo correspondiente al discurso contestatario que trajo el socialismo y la suerte que el mismo tuvo durante todo el siglo.

Al hablar de la historia del socialismo, es decir: la esperanza genuina en un nuevo mundo de justicia, nos referimos no tanto a su génesis y primeros tanteos en el siglo XIX como cosmovisión sino a lo que, ya en tanto propuesta madura, significó en las expectativas que fue abriendo. Sin dudas –nadie podría negar esto– movió a lo mejor de la humanidad, en todo sentido: a aquellos más nobles, abnegados y honestos que vieron en su aparición como teoría y en la primera revolución –la rusa de 1917– el inicio de un paraíso posible, el fin de las injusticias, la puerta de entrada a “la patria de la humanidad”. Movió, igualmente, lo mejor que cada uno de los seres humanos podemos tener: el espíritu de solidaridad, la fraternidad, la generosidad auténtica y desinteresada.

Muchas cosas han marcado el siglo XX, por supuesto; pero el inicio de las experiencias socialistas está entre aquellas que más reacciones produjo, tanto de aceptación como de rechazo. Lo que allí estaba en juego era mucho más grande que lo que podía abrir cualquier descubrimiento científico o tendencia artística. La profundidad de la transformación anhelada produjo pasiones igualmente intensas. Nadie pudo quedar impasible ante la magnitud de su propuesta.

En cierta forma podría decirse que todo el siglo se vio atravesado por este fenómeno: las primeras luchas sindicales con vistas a socializar la propiedad, el triunfo de las primeras revoluciones socialistas, la reacción del mundo capitalista ante su aparición, la construcción que se empezaron a dar los países que comenzaron a transitar esos caminos, la guerra fría entre los bloques antagónicos que fueron delineándose y el posterior triunfo del capitalismo sobre su modelo opositor hacia fines del siglo, nada de esto dejó de conmover hondamente a cualquier habitante del planeta. Durante los largos años que duró esta pugna entre bloques, entre cosmovisiones, las ideas generadas por el socialismo empezaron a ser moneda corriente en la cultura popular. Nadie se asombraba por hablar de “explotación”, y tampoco eran crípticos términos de cenáculo para iniciados la “lucha de clases”, el “reparto de la riqueza”, la “toma del poder”, el “imperialismo”.

Hoy día, inicios del siglo XXI, habiendo corrido mucho agua bajo el puente y caídas esas primeras esperanzas, sin modelos alternativos a la vista que sirvan de contrapeso a la hegemonía agobiante del neoliberalismo y de la unipolaridad militar de los Estados Unidos, todo aquel discurso de apenas unas décadas atrás parece haberse esfumado. Pero, en sustancia, nada de lo que esas palabras significaban ha cambiado: sigue la lucha de clases, continúa el desigual reparto de la riqueza, el poder continúa en poquísimas manos, el imperialismo se ha acrecentado.

¿Por qué salieron de escena todos estos términos? ¿Acaso “pasaron de moda”?

En realidad cambió la agenda política, cambiaron los escenarios, pero no hubo cambios reales en las estructuras. Aunque sea casi una mala palabra y nadie la use hoy, ¿no hay más imperialismo? La historia la escriben los que ganan, por lo que en la actualidad, habiéndose impuesto el mercado como deidad absoluta, todo lo que vaya en su contra es blasfemo. De ahí que no se nombre todo lo anterior, sean anatemas. Hablar de lucha de clases o imperialismo es hoy anacrónico…

¡Pero no tanto! Es cierto que la historia la escriben los ganadores, ¡pero hay otra historia! Aunque la fuerza arrolladora con que se presenta el triunfo del gran capital pueda tenernos abrumados –manejo mediático mediante–, las realidades que están tras esos términos, hoy “blasfemos”, no han desaparecido. Seguramente por la misma imposición que esa victoria del gran capital trajo, le hemos tomado miedo a ese discurso contestatario y nos atemoriza ser visto como nostálgicos de tiempos idos. Plegarse a los poderes dominantes, por supuesto, es más fácil que ir en su contra. El aturdimiento que produjo la caída del Muro de Berlín, vendido luego en pedacitos como souvenir turístico, aún nos tiene desconcertados y pareciera que nos hizo ir olvidando la sana irreverencia y la cuota de rebeldía que alentó pasadas luchas décadas atrás. Pero eso no está muerto.

El mundo post Guerra Fría dio como resultado fenómenos bastante patéticos: por un lado, cuotas de explotación inmisericordes que recuerdan el capitalismo decimonónico, sin leyes sociales de protección a los trabajadores ni regulaciones estatales. La precarización laboral de estos últimos años (léase: la explotación más descarnada) volvió a mostrar la verdadera cara del sistema económico-social en que nos movemos. Junto a ello, como otra de las consecuencias de esa caída (que fue la caída no sólo de un muro sino de las esperanzas que allí se jugaban) se nos presenta el intento de vaciamiento del discurso y la práctica transformadora, revolucionaria. La protesta se aguó, se degradó, y el sistema –sabiamente– pudo ir criminalizándola. Sin temor a equivocarnos podríamos decir que el discurso dominante nos hizo pasar de la lucha de clases a la criminalización de las relaciones sociales como motor de la historia. De Marx (abolición de la propiedad privada de los medios de producción y de la sociedad de clases basada en ella) fuimos pasando a Marc’s (métodos alternativos de resolución de conflictos).

Menudo cambio, sin dudas. Las luchas de clases salieron de escena. Pero entiéndase bien: dejaron de ser tema de debate, objeto de discusión académica, referente en el discurso político…., aunque ahí siguen estando. La “preocupación” que nos fue creando el omnímodo discurso dominante puso otros temas como “principales”. Además de la apología del dios-mercado, se entronizó la democracia representativa como modo superior de gobierno, y los problemas sociales quedaron resumidos en dos cosas: la mala práctica de gobierno (la “culpa” la tienen los políticos) o el crimen desbocado, que en estos últimos años pareciera haberse ido transformando en un nuevo demonio omniabarcativo.

En otros términos: de la lucha de clases a la delincuencia como factor de explosividad de las sociedades. La cotidianeidad de estos últimos tiempos, cada vez más plagada de hechos corruptos (hoy día ya no es noticia que “caiga” algún funcionario por algún hecho de corrupción) y delincuencia de todos los calibres (ciudades cada vez más inseguras, narcoactividad, pandillas juveniles y un largo etcétera), no deja ver la explotación económica, la lucha de clases, el fenomenal descontento que anida en todas las sociedades. En definitiva: la injustica más rampante, que se nos ha hecho ya “natural”, dejó de ser el tema principal. Para tapar eso, para maquillarlo convenientemente el sistema ha ido encontrando formas cada vez más sutiles y efectivas de control: fundamentalismos religiosos de toda laya, masificación global y saturante del show deportivo, fundamentalmente de fútbol (se habló de hacer el Campeonato Mundial cada dos años incluso), bombardeo inmisericorde de los medios de comunicación aliados al sistema (guerra de cuarta generación le llaman a eso los estrategas del Pentágono). Es decir: el descontento social producto de la explotación, de las injusticias de base que siguen existiendo, se fue manejando, controlando, moldeando. Y así se puso como tema principal de cualquier discusión cotidiana la violencia callejera…., o el fútbol. Pero las luchas de clases, aunque “pasadas de moda”, ahí siguen estando.

Con la llegada del socialismo del siglo XXI en la República Bolivariana de Venezuela hace algunos años se desempolvaron viejos conceptos que parecían ya olvidados, patrimonio de “dinosaurios como los cubanos”. El ideario sepultado bajo los escombros del Muro de Berlín tímidamente volvió a salir a luz. Quizá esperamos mucho –justificadamente sin dudas– de ese proceso en el país caribeño. Hoy día no sabemos bien para dónde se dirigirá la experiencia venezolana, si mira realmente hacia un horizonte socialista (del siglo que sea) o si la “conciliación de clases” termina imponiéndose. Lo que sí, sin dudas, levantó esperanzas que habían quedado adormecidas estos años; el “socialismo” dejó de ser mala palabra. Y cuando nadie se lo esperaba (al menos desde el mundo occidental) allí golpea a la puerta de la historia el renacer de los pueblos árabes con este huracán de protestas que se está sucediendo.

Tomando palabras de José Steinsleger al referirse a los sucesos de Egipto, válidas para todo el proceso que se da hoy en buena parte del mundo árabe: “¿Hay [allí] una situación prerrevolucionaria? Los anarquistas se oponen a la solución autoritaria; los socialistas celebran el aliento democrático de la sublevación; los comunistas piensan en si las condiciones están dadas; los trotskistas agitan el programa; los nacionalistas evocan la dignidad de otras épocas; los liberales y conservadores revisan las páginas de “El gatopardo”, y los religiosos sueñan con el renacer del Islam”. ¿De qué se trata en realidad todo este volcán? Las lecturas pueden ser múltiples, antitéticas incluso, y todavía no puede vaticinarse para dónde se disparará el proceso. Pero definitivamente algo se mueve. Se mueve…. ¡y mucho! Todo lo cual evidencia que los problemas del mundo, los problemas básicos que produce este disparate civilizatorio en el que vivimos donde importa más una máquina que una vida humana, todo eso tiene como fundamento aquello que el viejo Marx denunciaba con vehemencia 150 años atrás.

En realidad no se trata de “vaticinar” qué pasará con esta ola de protestas que ponen en marcha los pueblos árabes; se trata de apoyarlas como momento importante, privilegiado quizá, en la historia. Apoyar, y si se ve que ello es un paso para la transformación social hacia mayores cuotas de justicia, tomarlo como propio, aunque no se pertenezca concretamente al mundo árabe. En todo caso, esa puede ser una batalla más de una lucha mucho más general, más universal, no sólo de los árabes por supuesto. En ese caso: todos somos árabes, todos estamos en la Plaza Tahrir de El Cairo, todos nos hacemos parte de ese volcán que ha despertado.

Pero además vale la pena tomar esta marea que se inició en el mundo árabe como un recordatorio que, más allá del fenomenal manejo mediático distractor que nos confronta con otros problemas, importantes sin dudas, pero menores en definitiva (la delincuencia cotidiana, las cuotas de corrupción, el “mal gobierno”), las luchas de clases no han muerto.

Fuente imagen: RED DITIGITAL TV

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El G20 en París: La crisis y los alimentos

Julio C. Gambina (especial para ARGENPRESS.info)

Entre el 18 y 19 de febrero en París, bajo la presidencia francesa para el 2011, se realizó la reunión de ministros de Finanzas y titulares de los bancos centrales del G20, con eje en la reforma del sistema financiero internacional y la volatilidad de los precios internacionales de las comodities. (1)

Allí discutieron los administradores gubernamentales del 85% de la riqueza mundial y el 66% de la población total.

El G20 discute la crisis de la economía mundial, que en la coyuntura se manifiesta con “la subida de los precios de las materias primas, el potencial sobrecalentamiento de las economías emergentes y los problemas de deuda soberana en los países avanzados” (2), para decirlo en el lenguaje del poder mundial.

Al poder le preocupa el efecto “rebeldía” producido en África con la suba de los alimentos y la emergencia de un bloque de países que pueda disputar la hegemonía capitalista, o limitarla, desde un ciclo de dos velocidades.

Por un lado, en el 2008, última alza importante en los precios internacionales de los alimentos se registraron movilizaciones y protestas en Egipto (3), las que fueron contenidas con la baja transitoria sucedida en el siguiente año, tiempo de la recesión mundial (claro que también con represión). Con el alza actual de los precios internacionales, especialmente del trigo, y el ajuste que pretendió el gobierno de Egipto, el resultado fue una gigantesca movilización que cambió el escenario político del país y la región. Ya no alcanzó la represión y muerte, habilitando un debate sobre el presente y el futuro más allá del país y la región.

Por otro lado, la recuperación económica desde el piso recesivo del 2009 se verifica durante el 2010, con claros problemas para expresarse del mismo modo en todas las regiones y países. Desde comienzo del 2010 se hizo evidente la continuidad y profundización de la crisis en Europa, evidenciando tiempos y ritmos disímiles de reactivación. Es un proceso diferente en el Norte y en el Sur. El consenso es que la mayoría de las economías avanzadas está experimentando un crecimiento modesto, con alto desempleo, mientras que las “economías emergentes” están experimentando un crecimiento más robusto y algunas de ellas “signos de recalentamiento". El director general del FMI, Dominique Strauss-Khan, presente en la reunión, ha subrayado que “una reactivación mundial a dos velocidades está ya en curso” (4), refiriéndose así al desequilibrio entre países ricos y países emergentes que se pretende corregir en esta cumbre.

El G20 alude a riesgos por "las tensiones en los mercados de deuda soberana de las economías avanzadas". En efecto, la deuda externa pública de EEUU alcanza a 3,5 billones de dólares (5), que se extiende a más de 13 billones sumando la pública y la privada, constituyéndose en el 100% del PBI estadounidense (6). Si se añade la deuda de los países europeos y Japón nos encontramos con un cuadro de compromiso importante con riesgo de profundizar la crisis en curso.

En el cónclave de ministros hubo preocupaciones por las presiones inflacionarias asociadas al crecimiento de algunos países, por los fuertes flujos de capital en dirección de algunos “emergentes” que pueden generar "burbujas". Sin duda remite a China, a quien se presiona para que aprecie su moneda, exporte menos y se comprometa con compras al capitalismo desarrollado para ayudarlos a superar el lento crecimiento luego de la recesión del 2009. La preocupación por la inflación está asociada al crecimiento de los precios de los alimentos y el impacto entre los más pobres y su conflictividad.

Otra de las motivaciones de los organizadores apuntó a fijar una regulación financiera que proteja al sistema económico en su conjunto, para lo cual propusieron un fortalecimiento del papel del FMI como entidad rectora del sistema mundial. No alcanza con la verificación de corresponsabilidad del organismo en la crisis actual, sino que se reincide en afirmar su papel, poniendo de manifiesto el interés del poder mundial en la continuidad del proceso de liberalización de la economía.

Las propuestas tipo Tasa Tobin son tardías y apenas “parche” en la realidad de generalización especulativa vigente. Una cosa era su fundamentación al comienzo de los 70´ por su mentor (James Tobin) para “poner un grano de arena a los engranajes financieros” que anticipaban la especulación que llevará a las burbujas posteriores, sus explosiones, y la crisis actual. Otra también es el momento de re significación de la propuesta por la red ATTAC en todo el mundo a fines de los 90´, que actuó como propuesta educativa sobre lo que se podía y debía hacer. Ahora, no alcanza con un impuesto, y la necesidad apunta a desarmar la institucionalidad de la especulación asociada a paraísos fiscales y ganancias sustentadas en la superexplotación de la fuerza de trabajo y la destrucción de la naturaleza.

La continuidad de la crisis

La presidencia de la reunión, para afrontar la crisis que sufren directamente los países más desarrollados del capitalismo, pretendía definir indicadores para el crecimiento, e incidir en la reforma del sistema monetario internacional y en la regulación financiera a favor de la liberalización que demanda el capital más concentrado. Ese fue el marco para analizar la volatilidad de los precios y la propuesta para regular los derivados sobre materias primas.

El objetivo del G20 sigue siendo la crisis de la economía mundial, en una semana donde el Banco Central de Portugal anunció la recaída en recesión de ese país, y cuando el Banco Mundial ratifica el menor crecimiento de la economía mundial (7). No hay recesión, pero si desaceleración (8). Por ello las preocupaciones siguen concentradas en “nivelar los desequilibrios comerciales globales”, llamar la atención sobre “las elevadas deudas de los países capitalistas desarrollados”, y el “auge de los precios de los productos agrícolas”.

Lo que los países capitalistas desarrollados pretenden es salir de la crisis de desaceleración de sus economías vendiendo más y comprando menos, superar el déficit comercial y disminuir el superávit comercial de países como China, Brasil u otros emergentes. Buscan definir “indicadores económicos para medir los desequilibrios mundiales”. Pretenden que los países no acumulen reservas y que gasten la que tienen acumulada, unos 52.000 millones de dólares para el caso argentino, y más de 500.000 millones de dólares para la región latinoamericana. Ni que hablar de los 3 billones de dólares que mantiene China como reservas internacionales.

El objetivo de la reunión era nivelar los desequilibrios comerciales globales y el auge de los precios de los productos agrícolas. Desde las autoridades francesas se buscó definir “indicadores económicos para medir los desequilibrios mundiales”, impedido por reticencias de los países “emergentes”, con China a la cabeza. Se proponían cuatro criterios: dos para medir los desequilibrios internos de un país (déficit y deuda públicos de un lado, ahorro privado del otro) y dos para los desequilibrios externos (saldo de la balanza de cuenta corriente o de la balanza comercial, y reservas cambiarias y tipos de cambio reales). China rechaza subordinarse a esa estrategia, sustentado en el poder de sus exportaciones y capacidad productiva, habiéndose colocado como el segundo PBI mundial, superando a Japón y a Alemania, relegados al tercer y cuarto lugar entre los países de mayor creación de riquezas. La solución de compromiso de avanzar con indicadores de referencia sin capacidad disciplinadora da cuenta de la vulnerabilidad del sistema mundial y la incapacidad de la hegemonía mundial en el G20 para “ordenar” el capitalismo en crisis.

Argentina y Brasil, entre los mayores productores y exportadores mundiales de alimentos, se oponen a cualquier propuesta de regular los precios de las materias primas. "Lo que nosotros vamos a defender es la posición de Argentina -que también es la que lleva Brasil- respecto a que no es una buena propuesta intentar que nuestros países no cobren los precios que los mercados dan por los bienes que producimos" (9), anticipó Amado Boudou, Ministro de Economía de la Argentina. En la misma nota se lee que si Francia piensa "que hay que aumentar la oferta de alimentos, no va a ser por este camino por el cual se va a lograr". Según la misma fuente, señaló que Argentina "viene haciendo un fuerte aporte, sobre todo en África, en lo que es transferencia tecnológica y para que lleguen las técnicas de producción de alimentos a otros países".

Agreguemos, que además de los temas de agenda del G20, uno de las motivaciones de Amado Boudou en París, pasa por avanzar en las negociaciones con el Club de París, una deuda externa de la Argentina que se mantiene impaga y que puede terminar acrecentando obligaciones a cubrir en el corto plazo con el presupuesto público por 7.500 a 9.000 millones de dólares. Vale mencionar que existe un espacio nacional conformado por legisladores, personalidades y movimientos sociales que demandan considerar a esa deuda como odiosa, por haber sido contraída mayoritariamente en tiempos de la dictadura.

Está claro que la presencia argentina en el debate del G20, del mismo que la de Brasil y otros países “emergentes” están asociados a la disputa por un lugar en la división social “capitalista” del trabajo. Hay que interrogarse si ello supone solución a las demandas sociales más extendida, por trabajo y salario, y más aún por un modelo productivo y de desarrollo de carácter alternativo al hegemónico actual.

Los franceses en la presidencia del G20 son los principales impulsores de regulaciones restrictivas al precio de las materias primas y al establecimiento de estrictos indicadores económicos, al tiempo que asignan primacía al fortalecimiento del FMI como ordenador del sistema financiero mundial. China, Brasil o Argentina defienden su posición de países superavitarios del comercio mundial, con importantes reservas. Es más, contrario a esa orientación, Argentina desarrolla en la actualidad una política económica de restricción a las importaciones, exceptuando a las provenientes de Brasil y Uruguay, privilegiando las relaciones con los vecinos del Mercosur, pero intentando mantener mayores exportaciones que importaciones, más allá del necesario debate escamoteado sobre qué tipo de productos son los que determinan el comercio internacional de la Argentina, tanto importaciones como exportaciones. China se resiste a la revaluación de su moneda, el yuan, y es conocida la política brasileña de fuerte asistencia estatal en defensa de sus empresas industriales.

Pero no solo alimentos o cuestiones monetarias explican las contradicciones de estos países con los poderosos del mundo. China que ocupa un lugar estratégico en el manejo de los “minerales raros” no atiende las demandas contra su política económica. En un mensaje reciente de Fidel Castro a los intelectuales, dado en la Feria internacional del Libro de La Habana difundido el 15 de febrero del 2011 por la TV cubana y que puede verse en youtube, el Jefe de la revolución cubana destaca el vínculo estrecho entre el cambio climático y el precio de las materias primas. (10)

Por su parte, Leonardo Boff nos desafía a pensar que “El futuro se juega entre quienes están comprometidos con la era tecnozoica con los riesgos que encierra y quienes, asumiendo la ecozoica, luchan para mantener los ritmos de la Tierra, producen y consumen dentro de sus límites y ponen su interés principal en perpetuarse y en el bienestar humano y de la comunidad terrestre”. (11)

En una carta a la presidenta argentina se reflexiona sobre el país “devastado” y de la responsabilidad de “nuestros gobernantes desde hace décadas, desde los milicos y antes de los milicos y después de los milicos, que es lo grave.” Tanto como el hecho de “congelar nuevamente la Ley de Glaciares, para muchos de nosotros es inexplicable ese entusiasmo por la minería a cielo abierto, que es la próxima catástrofe de la Argentina.” Concluye destacando que “El territorio argentino está siendo arrasado, Señora. Lo recorro año a año; veo el deterioro. Cambia nuestra geografía, peligran las aguas, los bosques, ahora las montañas. La minería a cielo abierto es un crimen y en muchos países está prohibida. Igual que la soja transgénica.” (12)

Las transnacionales van detrás de los recursos naturales y los bienes comunes, la tierra, el agua, y cuentan con la solidaridad de sus Estados de origen para sus demandas, y por eso buscan restricciones al precio de las materias primas. La sola mención de tratamiento del tema indujo una baja en las cotizaciones de la soja, del trigo y el maíz, entre otros productos agrícolas. Ni Argentina ni Brasil están dispuestos a resignar el precio de mercado de los bienes que producen. Es un debate que coloca en el centro de la discusión la crisis alimentaria, que de un lado tiene el aumento de la producción de alimentos y del otro el mantenimiento y agravamiento del hambre de millones de personas.

La crisis alimentaria

La explicación debe encontrarse en el modo de producción actual, donde las transnacionales de la alimentación y la biogenética se encuentran al mando de un ciclo productivo global que subordina el conjunto de la producción mundial, favoreciendo cierto consumo, despoblando el campo, y condenando al hambre a millones de personas. Basta pensar en la extensión sojera en nuestro país y en los países del Mercosur para verificar la hipótesis.

Los movimientos sociales agrarios articulados en la red mundial “vía campesina” (13) demandan un nuevo modelo productivo agrícola sustentado en la agricultura familiar para que las comunidades aseguren su sustento y solo exporten el excedente.

Nuestros países están entre mantener el modelo definido por las transnacionales y las nuevas presiones del capitalismo desarrollado motorizadas desde el G20, o definir otro rumbo productivo, lo que supone otro modelo de desarrollo para otro país y para otro mundo, consigna que define sintéticamente el programa del Foro Social Mundial.

Siguiendo el razonamiento de “vía campesina” (14), la explicación de la contradicción entre el aumento de la producción agraria y el hambre, está en el control “oligopólico que unas pocas empresas tienen del comercio agrícola mundial, de los principales productos, como: soya, maíz, arroz, trigo, leche y carnes; pues ellas imponen un precio, independientemente del costo real de producción”. A ello adicionan el impacto de la “especulación” con la compra de títulos, por ejemplo, sobre “las próximas siete cosechas de soya del mundo” y la inversión de bancos “en mercancías agrícolas, para protegerse de la crisis general”. Agregan que “La producción agrícola de agrocombustibles”, sustentados en precios del petróleo en alza, “termina empujando la tasa medía de ganancia en la agricultura”.

La combinación del monopolio de las transnacionales de la alimentación y la biogenética, con la especulación y la utilización de alimentos para la producción de energía y consumo de animales, eleva el costo de la producción remanente para consumo humano. El modelo de consumo derivado del modo de producir agricultura y ganadería en este comienzo del Siglo XXI está contribuyendo a sustentar una revolución agrícola al tiempo que incrementa la insatisfacción proteica de millones de personas en el mundo agravado el cuadro de desigualdad que hoy reconocen todos los estudios sobre el tema.

Convengamos que la institucionalidad global (OMC y otros) y las legislaciones nacionales se han ido adecuando para favorecer este modelo productivo. No puede pensarse en la extensión de la capacidad de producción y exportación de soja en Argentina (15), por ejemplo, al margen de las reformas neoliberales de los 80´ y los 90´, especialmente con la autorización para la producción transgénica en la segunda mitad de la década pasada. La pelea por las patentes en el plano internacional explica el interés de la dominación transnacional en la innovación a todo nivel. Existe una dialéctica virtuosa entre los cambios jurídicos impulsados por las políticas hegemónicas de cuño neoliberal de los 90´, aplicadas en los países del cono sur de América, con la expansión de la frontera agrícola del ciclo de la soja. Es al mismo tiempo una dialéctica viciosa que afecta otros desarrollos productivos, como los de la carne, induciendo el modelo de los feedlot (engorde intensivo), la exportación vinculada al ascenso de los precios de los mejore cortes, con los consiguientes encarecimientos de los precios y restricciones al consumo de carne de sectores de menores recursos.

La consecuencia de este proceso según Bruneto y Stedile es que “En las últimas dos décadas con el proceso de internacionalización del capital y de las empresas capitalistas, los precios de los alimentos se internacionalizaron. Esto determina que los parámetros de producción y de los precios no son más el costo real de producción de alimentos en cada país, sino que se establece un precio medio mundial, controlado por las empresas, que excluye completamente otras formas de producción, locales, campesinas, etc.” Concluyen señalando que “la lucha por la soberanía alimentaria que los movimientos de la Vía Campesina en todo el mundo adoptaron como prioridad es más que correcta, es necesaria y urgente”. (16)

Necesidad de cambios estructurales

El problema es que no puede escindirse la crisis contemporánea de la integralidad de funcionamiento del sistema capitalista, y que las medidas que discute o anuncia el poder mundial, expresado por el G20 son funcionales a mantener y desarrollar el capitalismo en esta época.

El capitalismo empuja la liberalización y el crecimiento económico a costa de la sociedad, especialmente de sus trabajadores, y por eso se mantiene elevado el desempleo. No es efecto no querido, sino consecuencia directa de la forma que asume la explotación en nuestro tiempo. Ello supone la disminución absoluta y relativa del ingreso de los trabajadores promoviendo una mayor desigualdad. Algo que se pone de manifiesto con el avance del consumo suntuario favorecido por una gigantesca intervención de los Estados nacionales para promover el salvataje de empresas en crisis entre 2008 y 2010. Pero no solo a costa de la sociedad, sino también de la naturaleza, expresado entre otras cuestiones en el efecto invernadero por la emanación recurrente de gases tóxicos derivados del modo concreto de producción.

El fracaso del G20, no solo en este encuentro de París, sino en todas sus cumbres anteriores es reflejo de la imposibilidad de resolver la crisis alimentaria, energética, ambiental, financiera y económica, sin resolver integralmente la cuestión, lo que impone una crítica profunda al orden capitalista y a la necesidad de pensar en otro orden social para satisfacer las necesidades de la población mundial.

Notas:
1) “Bienvenidos a la presidencia francesa del G20” Consultado el 19 de febrero de 2011 en: http://www.g20.org/index.aspx
2) “El G20 ve el precio de materias primas y la deuda como lo mayores riesgos”. Miércoles, 16 de Febrero de 2011. Consultado el 19 de febrero de 2011 en Latindad, Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos: http://www.latindadd.org/index.php?option=com_content&view=article&id=1371:el-g20-ve-el-precio-de-materias-primas-y-la-deuda-como-lo-mayores-riesgos&catid=38:noticias&Itemid=114
3) Héctor Huergo. “La nueva arremetida de los precios”, Clarín, suplemento rural del sábado 19 de febrero de 2011, página 3. El autor sostiene que “Hay un denominador común en la crisis política que agita a los países del norte de África y Medio Oriente. Es el alto precio de los alimentos, en especial del trigo. Ya había habido agitación social en Egipto en el 2008, cuando se dispararon los precios de los granos.”
4) “Primera reunión del G20 en París bajo presidencia francesa”. En rfi, publicado el viernes 18 de febrero de 2011 y consultado el 19 de febrero de 2011, en: http://www.espanol.rfi.fr/economia/20110218-primera-reunion-del-g20-en-paris-bajo-presidencia-francesa
5) Eric Toussaint. “Crisis Global. Del Norte al Sur del planeta: la deuda en todos sus estados”. Versión provista por el autor de la conferencia dictada en Ecuador, en la sede del Banco Central, el 27 de enero del 2011.
6) http://www.bea.gov/
7) “El Banco Mundial prevé una desaceleración del PIB mundial en 2011. Alerta de la amenaza para el crecimiento de los problemas del sector financiero en algunos países de ingreso alto”. En Finanzas.com del 13 de enero del 2011, consultado el 19 de febrero del 2011 en: http://www.finanzas.com/noticias/economia/2011-01-13/411362_banco-mundial-preve-desaceleracion-mundial.html
8) Ib. La previsión para el 2011 es 3,3% del PBI mundial contra un 3,9% del 2010. “…el organismo estima un mayor crecimiento de los países en desarrollo -al 7% en 2010, 6% en 2011 y 6,1% en 2012-, superando así a los países de ingreso alto, que se proyecta llegarán a niveles del 2,8% en 2010, 2,4% en 2011 y 2,7% en 2012. Así, el Banco Mundial considera que la economía mundial se desplaza desde una fase de repunte posterior a la crisis hacia un crecimiento lento…”
9) Argentina se opondrá en el G-20 a regular los precios de las materias primas. Diario Clarín, Suplemento económico IEco del 17 de febrero de 2011, consultado el 19 de febrero de 2011 en: http://www.ieco.clarin.com/economia/Argentina-G-20-regular-precios-materias_0_214500016.html
10) http://www.youtube.com/watch?v=hWcasFrlkxI
11) Leonardo Boff. El difícil paso del tecnozoico al ecozoico. Difundido por el Servicio Informativo "Alai-amlatina" el 18 de febrero del 2011. Tecnozoico alude a un tiempo de utilización de la ciencia y la técnica para explotar recursos naturales en beneficio de unos pocos y ecozoico, relativo a mantener la vitalidad y equilibrio de la tierra.
12) Mempo Giardinelli. Sobre mentiras y naturaleza. Carta abierta a la presidenta. En Página 12, del 15 de febrero de 2011, consultado el 20 de febrero de 2011 en: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-162379-2011-02-15.html
13) http://www.viacampesina.org/sp/
14) Egidio Bruneto y Joao Pedro Stedile. Militantes del MST y de la Vía Campesina. Las causas del aumento de precios y de la crisis alimentaria en el mundo (Traducción Minga Informativa de Movimientos Sociales). En: http://www.movimientos.org/show_text.php3?key=18963
15) Para 1993 la extensión sembrada de soja para las principales provincias productoras era de 5.300.000 has, ascendiendo a 10.200.000 has en 2001. Para el conjunto del país era de 14.500.000 en 2003-04 y 16.600 en 2007-08. Fuente INDEC, consultado el 19 de febrero de 2011, en: http://www.indec.mecon.ar/ Se estima un total de 20 millones de has para la cosecha actual.
16) Ib.
Julio C. Gambina es Profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario, UNR. Profesor invitado en posgrado en diversas Universidades de Argentina y el exterior. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP. Integrante del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO.

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Visión de un norteamericano que apoyó a Allende (Segunda y última parte): ¿Qué está pasando hoy en Chile?. La lucha continúa

Jonathan Mack (especial para ARGENPRESS.info)

La primera parte de este artículo exploró el actual clima político en Chile a través de muchas personas que siguen trabajando por un cambio social significativo. Esta segunda parte explora estas luchas con mayor profundidad. Como el autor es psicólogo, este artículo aborda la dinámica psicológica de la lucha social y política, pero también alude las luchas en la vecina Bolivia. Estos artículos se basan en conversaciones con activistas en Chile y Bolivia en septiembre y octubre de 2010.

Necesidad psicológica de luchar por el cambio social

Psicológicamente, la necesidad de luchar por la dignidad, la igualdad, por la conexión empática con nuestros semejantes -que es la forma más elevada de la comunidad-, es esencial para nuestro requerimiento de un sentido de la vida. Esto es a menudo olvidado, ignorado o negado, incluso por la psicología en sí misma. Muchos psicólogos de mediados del siglo XX (Erich Fromm, Viktor Frankl y Herbert Marcuse, por ejemplo) reconocieron el papel crucial de la participación personal en el cambio social, pero la psicología ha ignorado sus contribuciones. La psicología actual en Estados Unidos está dominada por un enfoque desde la neurofisiología, mientras la psicoterapia depende más -en gran medida- de los medicamentos recetados.

En Chile persisten prácticas regresivas -como considerar la homosexualidad una enfermedad a ser "curada"-, junto con el ascendiente de la psicofarmacología. Afortunadamente, estas perspectivas reaccionarias no son universalmente compartidas. Por ejemplo, el respetado psiquiatra chileno Lucho Weinstein, a quien conocí en los '70, cuando estaba construyendo la organización comunitaria en apoyo de las políticas de la Unidad Popular, sigue subrayando la importancia de la comunidad, de la relación con nuestros semejantes, como el núcleo del bienestar psicológico.

Los humanos son animales sociales. A través de la empatía, percibimos lo que sienten los demás. Aun cuando nosotros mismos no seamos víctimas directas, nuestra empatía nos conecta con quienes lo son. Una de las contribuciones más perdurables de la psicología es el entendimiento de que es perjudicial la represión de las necesidades psicológicas fundamentales. Las necesidades humanas no desaparecen si se las niega. Cuanto más se trate de mantener los sentimientos y necesidades fuera de la conciencia, es más probable que esto cause problemas psicológicos, síntomas, pensamientos y acciones destructivas. La represión de la conexión empática con la comunidad más allá de nosotros significa amputar parte de nuestra condición humana, dañar nuestra integridad psicológica. Todo ser humano necesita sentir auto-respeto y ser tratado con respeto. La necesidad humana de vivir y actuar según las propias convicciones no cede a la oscuridad ni a la vergüenza. Es tan universal como la necesidad de amor y afecto.

La comunidad humana que necesitamos, como cualquier otra aspiración, no llega a pasar simplemente por el deseo de que así sea. Puesto que la vida no es un proceso hacia un destino, el sentido de la vida lo otorga la lucha misma y nos libera psicológicamente. Al trabajar para resolver problemas en beneficio de la mayoría, y no para unos pocos, quienes se comprometen mantienen su integridad y dignidad.

Los pueblos indígenas reclaman sus derechos

Uno de los retos más importantes para el orden mundial proviene de los pueblos indígenas, a menudo entre los más marginados, oprimidos y empobrecidos del mundo. Pero se atreven a alzar su voz.

En Bolivia, pueblos indígenas sometidos durante siglos condujeron a la presidencia a uno de los suyos -Evo Morales- y luego llevaron a la calle la exigencia de aprobar una nueva Constitución que trasladó el poder de la élite empresarial a la mayoría de los pueblos originarios. Esta nueva Constitución define a Bolivia como "plurinacional". Por primera vez en la historia se reconoce que es una sola entidad que abarca varias naciones, cada una con su propia identidad. El gobierno de Evo ha promulgado también una nueva ley que hace ilegal toda forma de discriminación, en particular la discriminación racial.

Los mapuches en Chile no tienen la ventaja de constituir la mayoría de la población. Como explica de manera elocuente Paulina Acevedo, activista y periodista del Observatorio Ciudadano, las potencias coloniales y neocoloniales hicieron todo lo posible para destruir la cultura de los pueblos indígenas, imponer su lengua y su religión. Ellos privaron al pueblo de sus tierras, lo esclavizaron o "permitieron" su ingreso a la sociedad sólo en el nivel más bajo de subsistencia.

Sin embargo, esta dominación no ha logrado borrar por completo el sentido de identidad de los pueblos indígenas. Los mapuches, como muchos pueblos originarios de América del Norte y del Sur, han conservado su historia, sus creencias, sus formas de entender el mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, aunque encerrados en las estériles llanuras del centro-norte del país, la Nación Lakota ha mantenido los nombres ancestrales, su idioma y costumbres. Muchas otras naciones indígenas de América del Norte, México y de Nuevo México a Canadá, continúan luchando por sus derechos, a pesar de las invasiones genocidas que han reducido a su gente y su tierra a una fracción de su extensión original. Ellos celebran las glorias y conmemoran las matanzas de su pueblo. Al igual que las recuerdan los pueblos indígenas de Bolivia y los mapuches de Chile.

Con la ayuda valiente de periodistas como Acevedo, la lucha de los pueblos indígenas se abre paso en la conciencia del resto del mundo. Los presos mapuches tuvieron que morirse –literalmente- de hambre en más de 80 días de ayuno para lograr que saliera a la superficie el horror de la forma en que estaban siendo reprimidos en Chile. Fueron marcados a fuego con la palabra más devastadora que pueda ser utilizada hoy día: "terroristas". Sus actos de protesta eran juzgados en virtud del atroz estatuto del "terrorismo" escrito bajo la dictadura implacable de Augusto Pinochet y mantenido intacto en los 20 años de gobierno de la Concertación. Sin embargo, la gente finalmente se dio cuenta que debía deshacerse esa acusación condenatoria de terrorismo. Todavía siguen acusados, aún los presos políticos, pero su lucha se hizo visible gracias al trabajo de sus partidarios.

Del mismo modo, la victoria de Evo Morales y de los pueblos indígenas de Bolivia es a la vez muy importante y dolorosamente limitada. Las corporaciones multinacionales dejan claro que los fondos de desarrollo de importancia crítica se secarán al instante si el gobierno de Morales no cede a sus deseos. La oligarquía local arrastra a su favor a la "clase media" que, al igual que en Chile, ha sido diseñada para apoyar el statu quo. Sigue siendo enorme la diferencia entre su vida medianamente cómoda y la de aquellos en el nivel de subsistencia. El gobierno de Bolivia reduce la desesperación con bonos, pagos directos en efectivo a las personas mayores y a quienes tengan hijos en edad escolar, por ejemplo, pero no puede borrar siglos de desigualdad que dejan a millones sin acceso al agua potable, hospitales y otros servicios públicos esenciales.

Ésta es una lucha compleja. El gobierno de Evo -al igual que los de la Concertación en Chile- significa una gran mejora sobre aquellos que le precedieron. Sin embargo, de tanto ceder a las empresas multinacionales y locales, y favorecer a sólo unas pocas organizaciones, impide el cambio, mientras se reprime a los demás. Eliana Quiñones, de la Fundación Abril, una organización fundada por Oscar Olivera -quien dirigió la exitosa batalla contra la corporación global Bechtel por el control de los preciosos recursos hídricos de Bolivia-, considera al gobierno de Morales como una piedra en el camino para organizaciones de base como la Escuela de la Fundación Pueblo (www.fundacionabril.org). Calixto Vásquez, quien trabaja con organizaciones de base en las afueras de Cochabamba, expresa una frustración similar. La Red Tinku (véase, por ejemplo, http://www.youtube.com/watch?v=SZ9Fy1XnuU0), un grupo que los medios de comunicación corporativos describen por sus diarios murales informativos en plazas y paseos, se ha convertido en blanco de las agencias de gobierno que tratan de eliminarlos, en un esfuerzo por "limpiar la imagen" de los espacios públicos.

Con estas salvedades, la importancia del aumento del poder indígenas no debe ser subestimado. Por ejemplo, Casimira Rodríguez, una mujer indígena que fue nombrada ministra de Justicia en 2006 por Morales, hace hincapié en cómo las personas que en su propio país han sido tratadas como basura por fin logran el reconocimiento y el respeto. Con férrea determinación y claridad política, Casimira destaca, al igual que muchos otros con quienes hablé, que "son irreversibles los cambios fundamentales en la percepción de sí mismos y en la dignidad de los pueblos indígenas". Este es el tipo de cambio irreversible que luchan por alcanzar los mapuches de Chile y quienes trabajan por sus derechos. Como sostiene Paulina Acevedo, la información es su aliado más poderoso.

Muchos modos y ejes de lucha

No hay una ruta única para desafiar el status quo. Una vez que las personas se comprometen a trabajar por el cambio, incluso el horror de la prisión, la tortura y el exilio no detienen su voluntad de luchar. El documentalista boliviano Ismael Saavedra, por ejemplo, recientemente escenificó su propia tortura a manos del violento golpe militar encabezado por Luis García Meza, a fin de contrastarlo con el espíritu de los habitantes de Bolivia en una celebración de Evo Morales por su victoria histórica.

Otros intentan poner de relieve la urgencia de hacer frente a la amenaza de la devastación nuclear. Un estudiante de seminario en Bolivia, por ejemplo, trabaja con un grupo que ha creado un sitio web y obtuvo veinte millones de firmas en una petición por la paz que se presentará en Naciones Unidas (http://www.armsdown.net).

En Chile continúa la batalla por mejorar las condiciones de trabajo. Una estrategia cada vez más común entre las empresas multinacionales y locales consiste en operar a través de terceros. Sus trabajadores no son empleados directamente, sino “subcontratados” a través de otras empresas subcontratistas, sin beneficios sociales ni seguridad. Cristián Cuevas, cuya lucha por aumentar la conciencia de los trabajadores en cuestiones más allá de los salarios se trató en la primera parte de este artículo, también ha dedicado sus esfuerzos a la organización de los trabajadores de la gran minería del cobre, erróneamente llamados por los medios “contratistas” o “subcontratistas”. Transnacionales mineras, compañías locales y la estatal Codelco utilizan esta intervención de terceros para evadir su responsabilidad ante las deplorables condiciones de trabajo que a menudo conducen a la muerte de los mineros. Las manifestaciones y huelgas siguen siendo herramientas fundamentales para sacar a la luz estas violentas injusticias.

Además de formas de lucha como la organización del trabajo, las artes siguen siendo un frente activo para llegar al público. Leopoldo Pulgar, crítico de teatro en medios como Punto Final y La Nación, contribuye a llamar la atención pública en favor de obras como Chef y Siameses, dos piezas de vanguardia que desafían abiertamente la imagen de la clase media y la "sociedad de consumo" como modo de satisfacción de la existencia. Mientras El Mercurio condena tales obras, o hace caso omiso de su existencia, Pulgar ha sido capaz de hacerlas accesibles a quienes estén interesados en visiones alternativas de la sociedad. Me relató cómo la animada escena teatral de Santiago, incluyendo a menudo un contenido social significativo, es otro testimonio de la vitalidad continuada de la lucha por el cambio social.

El resurgimiento de la actividad política y social empieza a ser percibida también entre los estudiantes universitarios. Por ejemplo, el presidente de la FEUC, Joaquín Walker, habló duramente en el acto en conmemoración de los estudiantes de la Universidad Católica, profesores y empleados que fueron asesinados por la dictadura militar, en el primer homenaje en memoria realizado casi 40 años después en un recinto de la UC. Los estudiantes de psicología han salido a las calles para denunciar la injusticia de la discriminación contra el derecho a las propias preferencias sexuales (http://www.ocepweb.blogspot.com/). Juan Carlos, un portavoz del grupo, habló con fuerza sobre la voluntad de los estudiantes de exigir respeto por individuos cuyas preferencias sexuales no se ajustan a las rígidas normas tradicionales. Estudiantes y trabajadores también han salido a las calles unidos en el apoyo a la causa de los derechos de los mapuches y han mostrado su voluntad de arriesgarse para exigir justicia.

Mantener la llama encendida

Ésta es una lucha larga… Y hay pocas victorias fáciles. A menudo me recuerda una historia contada por el escritor francés Marcel Pagnol en su novela La Gloire de Mon Père. Un niño se ha separado de hecho de su padre y se pierde irremediablemente. El niño se acuesta y quiere darse por vencido, incluso si esto significa perecer de frío. Pero recuerda una cita que su padre le había mandado a escribir una y otra vez como ejercicio: No es necesario esperar a fin de luchar ni tiene que haber éxito para perseverar (Il n'est pas besoin d'espérer pour entreprendre ni réussir pour persévérer). El niño se levanta y sale a buscarlo de nuevo. Y ésta vez tiene éxito: encuentra a su padre.

Aquellos que luchan por una sociedad más justa y más equitativa se parecen mucho al personaje de esta historia. El objetivo está lejos y a menudo hay muy poco que mostrar como resultado de nuestros esfuerzos. No obstante, la tarea es seguir adelante, seguir haciendo lo que uno puede.

Otro paralelismo es Fahrenheit 451, una novela de ciencia ficción de Ray Bradbury. En un estado fascista de un futuro no muy lejano, todos los libros son requisados para ser quemados. Poseer un libro es un crimen. El trabajo del héroe de la historia es quemar libros, pero empieza a leerlos, fascinado e iluminado. Y termina uniéndose a un grupo de rebeldes que los memoriza para preservarlos. Cada persona se convierte, en efecto, en un libro vivo, que a su vez enseña a otra a memorizar el texto. No importa cuántos libros quemen los fascistas… Seguirán viviendo en la mente de las personas.

Ahora es el momento para memorizar los libros. Es el tiempo de llegar al entendimiento de que la opresión, el sometimiento y el empobrecimiento de la gente no es la consecuencia inevitable de la civilización, sino la consecuencia específica del capitalismo rapaz, en su actual versión de lobo con piel de oveja llamada neo-liberalismo. La lucha continúa…

Ver también:
- Visión de un norteamericano que apoyó a Allende (Parte I): ¿Qué está pasando hoy en Chile?

*) Jon Mack es un norteamericano que vivió y trabajó en Chile apoyando la presidencia de Salvador Allende en 1972. Psicólogo, PhD, profesor emérito de la Universidad Estatal de Nueva York, Mack regresó a Chile a fines de 2010. Según el autor, "estas reflexiones se basan en conversaciones que tuve con algunos individuos profundamente comprometidos. Además de Chile, también hablé con gente en La Paz y Cochabamba, Bolivia. Por lo tanto, estos son los puntos de vista de un extranjero, pero un extranjero que ha tenido la oportunidad de hablar con personas extraordinarias".

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A propósito del despido de Carmen Aristegui (México): ¿Qué ocurre cuando los periodistas se salen del guión? (Parte II - Final)

Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)

La primea parte de esta nota aludió el despido -“con elástico”- de la periodista mexicana Carmen Aristegui como conductora de un importante noticiario de radio por presiones de la Presidencia de México, y describió 1) el conflicto entre la BBC de Londres y el entonces primer ministro Tony Blair por cuestionar “los informes de inteligencia” sobre una supuesta capacidad del malvado Sadam Hussein de atacar a Londres con armas químicas y biológicas “en 45 minutos” sólo para justificar la participación de Gran Bretaña en la invasión de Iraq, y 2°) los entretelones del despido de la cadena NBC del famoso corresponsal de guerra Peter Arnett por haberse dejado entrevistar como experto en guerras por la televisión iraquí, todo esto según el libro “Los chicos malos de la guerra de Iraq”, del periodista cubano José Bodes Gómez.

Esta entrega aborda la inmolación del vicepresidente de la cadena CNN Edson Jordan por haber dicho en el foro de Davos 2005 que los tanques estadounidenses convirtieron en blancos a los periodistas que el 8 de abril de 2003 captaban imágenes de la guerra desde el Hotel Palestina de Bagdad y el perdón que tuvo que suplicar la revista Newsweek, del grupo The Washington Post, después que sus periodistas Michel Isikoff y John Barry revelaran las torturas y profanación al Corán en la prisión de Guantánamo. Estas historias se conocieron poco o nada en América Latina. Una quinta historia describe el caso de la periodista mexicana Carmen Aristegui, que tuvo un final feliz y atípico: logró su reincorporación al trabajo.

¡El pez debe morir por la boca!

En un encuentro del 27 de enero de 2005 paralelo a la exclusiva cita anual del Foro Económico Mundial de Davos, que reúne a la elite del planeta -entre jefes de Estado, políticos, grandes ricos y representantes de mega corporaciones transnacionales-, el entonces vicepresidente de CNN -Eason Jordan- perdió su empleo por contradecir el discurso oficial estadounidense sobre las muertes de periodistas en la invasión de Iraq.

Cuando el congresista demócrata Barney Frank, de EEUU, afirmó que las muertes de periodistas eran “daños colaterales”, Jordan pidió la palabra para contradecirlo. En el debate, que llegó a cuestionar la línea informativa de CNN, Jordan citó la muerte de tres corresponsales extranjeros el 8 de abril de 2003 durante un ataque de tanques al Hotel Palestina, lugar que las fuerzas estadounidenses recomendaron antes como el alojamiento “más seguro” para la prensa extranjera. (Los periodistas muertos ese día fueron el camarógrafo español José Couso, de 37 años, de Telecinco; el ucraniano Taras Protsyuk, de 35 años, de la agencia británica Reuters; y el jordano Tarek Ayoub, de 35 años, de la cadena árabe Al Jazeera TV. Fueron atacados por un tanque de EEUU tripulado por el capitán Philip Wolford y el sargento Thomas Gibson, cumpliendo órdenes del teniente coronel Philip de Camp).

Las palabras de Jason en un recinto tan privado como esas reuniones de Davos, donde no existen registros oficiales de las intervenciones, desató una tormenta de indignación castrense estadounidense, sobre todo por haber citado el ataque al Hotel Palestina, que en 2005 era examinado por la justicia militar de EEUU y concluyó en la impunidad. (A fines de enero 2011 el juez español Santiago Pedraz logró viajar con testigos a Bagdad para reconstituir la escena del crimen del camarógrafo Couso a instancias de la acusación introducida en la justicia hispana por su familia de la víctima a través del abogado Enrique Santiago, venciendo obstrucciones y presiones del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero).

El 12 de febrero Jordan dimitió, después de servir 23 años a CNN. También pidió disculpas y se excusó, diciendo que no quisto decir que EEUU mataba periodistas intencionalmente. Pero no fue perdonado. Bodes Gómez dijo que después lanzó un sitio en Internet llamado Iraq Slogger, sobre negocios con ese país, desde petróleo a envío de regalos a los soldados de EEUU.

El último caso relatado por Bodes alude a la revista Newsweek, del grupo The Washington Post, que sacó a la luz las torturas y malos tratos en Guantánamo, territorio ilegalmente usurpado por EEUU a Cuba y convertido en prisión de sospechosos de terrorismo desde 2002. Las violaciones de derechos humanos en “Gitmo” –así llaman a la prisión en la jerga castrense de EEUU- son tan reconocidas universalmente que para ganar votos Barack Obama prometió el cierre durante la campaña, pero todavía no hay señales de que cumplirá su oferta electoral. La Cruz Roja y otras instancias internacionales denuncian constantemente nuevas violaciones.

En enero de 2005, el periodista Michel Isikoff reveló que la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, sigla en inglés) desclasificó información confidencial sobre torturas por una orden judicial obtenida por la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por su sigla en inglés) invocando la Ley de Libertad de Información (FOIA, sigla en inglés). En otras palabras, los agentes del FBI destacados en Guantánamo informaron a sus jefes sobre episodios de torturas presenciados por ellos para deslindar responsabilidades futuras y librarse de verse involucrados con los torturadores militares. La ACLU consiguió la desclasificación de esos informes y correspondencia mediante un trámite judicial.

El 9 de mayo de 2005, los periodistas Michel Isikoff y John Barry publicaron en Newsweek que -según sus fuentes- una forma de ejercer presión sobre los prisioneros islámicos en los interrogatorios consistía en amenazarlos con tirar ejemplares del libro sagrado del Corán a las tazas de los inodoros (WC) y en un caso descargaron el libro completo. Esta técnica de tortura psicológica desató una tormenta en el mundo musulmán. Hubo manifestaciones de repudio en Gaza (Palestina), Paquistán, Yemen, India, Indonesia, Afganistán y otras naciones. El gobierno de EEUU negó tales prácticas. La Casa Blanca y el Pentágono pidieron una rectificación a Newsweek. El 16 de mayo, en la siguiente edición, su director Marc Whitaker dijo que eran erróneas las informaciones sobre profanación del Corán en Guantánamo y después salió del cargo. Se repitió la tónica de retractarse y pedir disculpas. El ex preso de Guantánamo Hafiz Ehsan Saeed confirmó en Paquistán -el 17 de mayo-, en el diario The News, que las ofensas al Corán eran una práctica ordinaria en Guantánamo. El paquistaní fue liberado de Gitmo pero sigue preso en su país.

Adenda ético-etílica

Otro caso reciente -pero con un buen final- acaeció en México y abunda sobre qué puede ocurrirle a una periodista famosa que se atreva a salirse del libreto diseñado por el poder de los grandes medios y los respectivos gobiernos. Carmen Aristegui fue despedida el 4 de febrero como conductora del noticiario Primera Emisión de la radio MVS, uno de los más populares del país por haber comentado una noticia real que sugería adicción alcohólica del presidente Felipe Calderón. Tras dos semanas de manifestaciones de protesta físicas, por twitters, redes sociales, notas periodísticas y afines, el 15 de febrero la empresa MVS y Carmen Aristegui dieron a conocer un acuerdo que pactó su regreso a partir del 21 de febrero.

Todo comenzó cuando Aristegui relató que legisladores del opositor Partido del Trabajo, encabezados por Gerardo Fernández Noroña, extendieron el día anterior -3 de febrero- un lienzo en el pleno de la Cámara de Diputados con la leyenda "¿Tú dejarías conducir a un borracho tu auto? No, ¿verdad?, ¿Y por qué lo dejas conducir el país?". La noticia fue la exhibición de la pancarta, imagen que también fue reproducida por la televisión. Aristegui relató que los diputados del gobiernista Partido Acción Nacional (PAN) se retiraron del salón “en protesta por el agravio al presidente de la República, a los propios diputados y a las instituciones”, citando a Carlos Pérez Cuevas, vicecoordinador de la bancada.

La periodista, quien acaba de publicar en diciembre el libro "Marcial Maciel, historia de un criminal" -sobre el fundador de la poderosa secta católica Legionarios de Cristo-, también es conocida por su programa "Aristegui", que transmite CNN en Español. Tras presentar la nota, Aristegui dijo: “No hay información específica, por lo menos que dispongamos de ella, para saber si el presidente de la República tenga o no problemas de alcoholismo. Pero es un tema delicado. Por supuesto, hay que verlo con la gravedad del asunto”.

Añadió que las democracias someten con frecuencia a los mandatarios a pruebas de salud y que los ciudadanos requieren conocer la situación de sus gobernantes, “saber cuál es la condición de quien está tomando decisiones a nombre del interés general”.

“¿Tiene o no problemas de alcoholismo el presidente de la República? Debería realmente la propia Presidencia de la República dar una respuesta nítida, formal, al respecto. No hay nada de ofensivo cuando alguien, si es que fuera el caso, atraviesa por un problema de esta naturaleza. El alcoholismo, que es un fenómeno de salud muy estudiado, muy conocido, tiene diferentes explicaciones cuando sucede en las personas. Requiere tratamiento; es una situación que no debe ser vista como una caricatura”.

Aristegui, que el 12 de enero cumplió 2 años en MVS -después de un año de estar fuera de los medios-, es una de las periodistas más populares de México, con 20 años de trayectoria. También escribe en el diario Reforma, es Premio Ondas 2006 y Premio Nacional de Periodismo de México 2007. Antes también tuvo problemas con sus empleadores: el 4 de enero de 2008 salió de W Radio, de Televisa y el grupo español Prisa, por lo que describió como "una incompatibilidad de modelos en términos de dirección editorial". En otras palabras, no hubo compatibilidad con los dueños de la radio y el gobierno de Rafael Calderón.

MVS dio por terminado el contrato laboral con la periodista acusándola de “transgredir el código ético” de la cadena. “En nuestro código de ética nos comprometemos a rechazar la presentación y difusión de rumores como noticias. La periodista Carmen Aristegui transgredió nuestro código de ética y decidimos dar por terminada nuestra actual relación contractual”, dijo un comunicado de MVS.

Aristegui alegó que ese argumento fue una coartada y su despido “es, a todas luces, un hecho autoritario, desmedido e inaceptable”, producto de “la ira presidencial”, y añadió: “un hecho así sólo es imaginable en las dictaduras que nadie desea para México, castigar por opinar o por cuestionar a los gobernantes”.

En un discurso de 7 cuartillas que el 9 de febrero leyó en 28 minutos ante una multitud congregada frente al complejo cultural Casa Lamm, en Ciudad de México, la periodista expresó: “La Presidencia tendrá que hacer una valoración de lo sucedido. Serenamente. Sin odios. Con la seriedad que implica tomar decisiones a nombre de los otros, y aceptando, aunque no agrade, que los ciudadanos y los periodistas tenemos derecho a preguntar, inquirir y criticar sobre lo que juzguemos pertinente”.

Al parecer, las partes hicieron tal "valoración de lo sucedido". El 15 de febrero la propia cadena MVS anunció como un "triunfo de la libertad de expresión" el regreso de Aristegui a su programa matutino a partir del lunes 21. Increíble: la Presidencia y la empresa echaron pie atrás, sin que la periodista tuviera que pedir disculpas por usar el derecho a la información.

A manera de epílogo

Últimamente el periodismo suele estar al servicio del poder. Aristegui tuvo éxito gracias a su popularidad y al apoyo que recibió en México, pero muchos otros periodistas menos conocidos también libran silenciosas batallas clandestinas por la libertad de expresión y la verdad mientras sirven a grandes grupos mediáticos. El periodismo corporativo se muestra cada vez menos interesado en informar, sino más bien embriagado por la pretensión de controlar las mentes de la gente para que sean obsecuentes con las decisiones de los centros de poder local, como la Presidencia de México, o mundial, como Washington. A veces se trata de imponer en la opinión pública la necesidad de una guerra de rapiña de las potencias occidentales -como la invasión de Iraq-, encubierta hasta con propósitos religiosos y un supuesto “mandato de Dios” invocado en su momento por George Bush. Existe un interés permanente por desestabilizar gobiernos democráticamente elegidos que EEUU considera hostiles, como lo cultiva a diario la versión de panfleto televisivo en que se ha convertido CNN en Español respecto a Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina y otros países de la región y del mundo.

Imponer la mentira se ha convertido en tarea sagrada para los grandes medios, en tanto los periodistas que se salen del libreto sufren el castigo brutal del desempleo o deben pedir perdón, humillados y ultrajados. Sin embargo, todavía existen algunos que se atreven a rescatar la verdad, a veces en solitario y de manera clandestina.

Ver también:
- A propósito del despido de Carmen Aristegui (México): ¿Qué ocurre cuando los periodistas se salen del guión? (Parte I)

*) Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno, secretario ejecutivo de la CIAP/FELAP y director del Círculo de Periodistas de Santiago de Chile.

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Arquitecturas de la desigualdad

Carlos del Frade (APE)

Los grandes medios de comunicación, desde los diarios a los canales de televisión, naturalizan imágenes de vidas cotidianas en casas amplias, con cocinas luminosas e impecables, dormitorios sin límites y jardines habitados por perros casi tan felices como los actores de las publicidades.

El sistema ordena vivir en casas así y cualquier producto se le vende a la mayoría de los argentinos que, según entienden los publicistas y los dueños de casi todas las cosas, pasan sus días en viviendas similares.

La publicidad ordena comprar pero también ordena la manera de pensar.

Lo que se muestra es lo que debe ser imaginado como lo real. Lo real, en todo caso, se anula, se olvida, se invisibiliza.

Amplias viviendas donde la felicidad siempre está basada en comprar y comprar y dejar de lado cualquier tipo de preocupación.

Mostrar el privilegio para ocultar las urgencias populares.

Así funciona el sistema y eso muestra los medios.

Pero la realidad es diferente.

Aunque la televisión y los suplementos de arquitectura y diseño pueblen los gabinetes oficiales, tener una casa digna no es una cuestión habitual en el país de los argentinos.

El sueño de la casa propia, del techo para criar una familia parece ser una postal de una historia lejana correspondiente a un país ajeno y distante.

Según la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) del barómetro de la Universidad Católica Argentina, la falta de vivienda digna es la realidad del 44,2 por ciento de la población del país.

De acuerdo a una reciente publicación periodística, “por la falta de ingresos, algunos construyen las casas con sus manos, con materiales que encuentran a su alcance o de descarte. Estos relatos muestran ciertas paradojas de la pobreza, ya que algunos, al no tener los requerimientos legales para alquilar una vivienda en trazado urbano, pagan precios elevados en villas o asentamientos. De hecho, según EDSA, el promedio de alquiler de una vivienda en una villa subió de 2007 a 2009 un 97 por ciento; más que en cualquier otra condición residencial. O incluso, al no tener acceso a agua potable, pagan grandes cantidades para conseguirla en forma fraccionada”, apunta la información.

Y hay algo más: a pesar de reconocer ciertos avances en el período comprendido entre 2003 y 2009, el estudio sostiene que casi el 33 por ciento de los habitantes de los grandes centros urbanos padecen situaciones de hacinamiento. Y además la investigación señala que la falta de acceso a agua de buena calidad empeora la vida de los más pibes. “Quienes tienen mayor probabilidad de contraer enfermedades transmitidas por el agua sin el adecuado tratamiento son los lactantes, los niños de corta edad, las personas debilitadas o inmunodeprimidas, quienes viven en condiciones antihigiénicas y los ancianos. En la actualidad existen diferencias cualitativas significativas entre el agua potable extraída para el consumo directamente de las napas freáticas de aquella otra que, proviniendo del subsuelo o de fuentes pluviales, es tratada y a la que se accede mediante suministro de red. Mientras que la primera está fuertemente expuesta a agentes contaminantes (orgánicos e inorgánicos), la segunda cuenta, cuando los controles y regulaciones se hacen efectivos, con una calidad superior para el consumo humano. La ampliación del acceso a agua potable mediante red al conjunto de los hogares debe ser tomada por los estados nacional y provinciales como una política prioritaria por responder a necesidades básicas de la población y por tener un impacto epidemiológico inmediato”, apunta el documento.

Esta necesidad básica ausente después aparece en las explicaciones de las enfermedades que pululan por las distintas provincias argentinas.

Mientras los presupuestos nacionales, provinciales y hasta municipales destinan millones de pesos para viviendas sociales o populares, lo único que crecen son los condominios privados o los edificios exclusivos, minoritarios.

En la Argentina del tercer milenio, acceder a una vivienda acorde a las necesidades mínimas de comodidad parece formar parte de misiones imposibles.

Mientras tanto, los grandes medios y los distintos gobiernos, no paran de ufanarse del boom de la construcción y el consumo.

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Inflación: Un problema estructural que no se resuelve sólo con controles

Eduardo Lucita (LA ARENA)

La inflación está nuevamente entre nosotros. La evolución del índice de precios al consumidor (IPC) la ha recolocado como un tema de preocupación cotidiana, sin que por el momento se muestre un plan efectivo para controlarla.

Despejado el horizonte económico para el año en curso -tal vez también para más adelante- pasada a segundo plano la cuestión de la deuda, la inflación ocupa el centro de las discusiones.

Se trata de un dato recurrente de la economía nacional, agravado en esta coyuntura ya que desde la intervención del INDEC nadie puede decir con certeza cual es el dato cierto. Los números oficiales, 12 por ciento, no parecen confiables; pero los privados, 22 al 26, tampoco.

Un documento de los Economistas de Izquierda de principios de 2010 señala el carácter estructural del alza de precios bajo el sistema del capital: "En toda formación social capitalista la inflación es resultante de tensiones contradictorias al interior del proceso de producción que se expresan de distintas maneras según la coyuntura".

No todo es como antes

Precisamente la particularidad en esta coyuntura es que el comportamiento de ciertos precios básicos de la economía sobre los que cualquier gobierno puede operar no influyen mayormente en el ascenso inflacionario actual.

El tipo de cambio está prácticamente anclado, su evolución es negativa respecto a cualquier índice que se tome. Las tarifas de los servicios públicos están contenidas merced a generosos subsidios estatales, que por un lado sostienen la tasa de ganancia de los capitalistas y por el otro mantienen bajo el valor de servicios esenciales para la población. El superávit o equilibrio fiscal actual, según los ingresos que se quieran computar, desestima toda explicación basada en la emisión descontrolada o en el exceso de gasto público, objetivo predilecto de los neoliberales para promover ajustes en la economía. Por si algo faltara la deuda ya no opera como una fuerte restricción externa como sí lo hacía años atrás con los condicionantes y presiones alcistas conocidos.

Ninguna de estas variables que en los años '80 y '90 impulsaran los descalabros hiperinflacionarios que hemos padecido, están presentes en la coyuntura actual.

¿Cuáles son las causas?

Las causas hay que buscarlas en la combinación de diversos factores:

a) Ganancias extraordinarias: Las elevadas tasas de ganancias de las que gozan los capitalistas en este ciclo expansivo de la economía es hoy el principal motor de la inflación. Según un trabajo del investigador de Flacso, Pablo Stancanelli, la ganancia promedio en el período 2002/06 fue del 35,8 por ciento, mientras que bajo el régimen de convertibilidad era del 23,9 por ciento. De acuerdo a los registros de la AFIP la rentabilidad sobre ventas del año 2009 fue del 7,4 por ciento, en la convertibilidad apenas alcanzaba al 4 por ciento. Casi se duplicó. Los balances presentados por numerosas empresas en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires permiten confirmar estas apreciaciones.

b) Concentración económica: De acuerdo con un reciente informe del INDEC las 500 empresas grandes del país ostentan algo más del 30 por ciento del PBI, dentro de estas las 50 mayores aportan más de la mitad de ese porcentaje. Esta concentración, tanto en la producción como en la distribución y comercialización, facilita el comportamiento oligopólico de las empresas formadoras de precios que controlan los mercados en que operan y explica su enorme capacidad para preservar ganancias. La intermediación no sólo acompaña esta tendencia sino que la incentiva Como puede comprobarse siguiendo la evolución de los precios mayoristas, cuya brecha con los minoristas tiende a achicarse.

c) Limitada inversión reproductiva: Otro informe del INDEC da cuenta que en diversas ramas la utilización de la capacidad instalada es superior al 80 por ciento, esto determina la existencia de los llamados "cuellos de botella" en sectores de la producción y los servicios que presionan sobre los precios por escasez de oferta. Esto pone en evidencia que los capitalistas sólo invierten para acompañar la demanda, pero no mucho más.

d) Presión del mercado mundial: El mundo atraviesa una fase de escasez relativa de materias primas y productos energéticos. Esta escasez impulsa los altos precios del mercado mundial que arrastran a los del mercado interno, esta tendencia es particularmente significativa en un país como el nuestro, tradicional exportador de "bienes salarios", léase alimentos.

Puja distributiva

Cuando por estos días comienza a hablarse de la reapertura de las paritarias, y se barajan incrementos salariales que van de un 20 a un 30 por ciento, según quien los promueva, no son pocas la voces de empresarios y analistas del establishment que vuelven a la carga con el viejo argumento de la puja distributiva, que los salarios son fuente inflacionaria o que la demanda creciente empuja los precios al alza. Que hay una recuperación salarial a partir de 2004, que especialmente a partir de 2007 esta recuperación del salario horario real supera a la de la productividad es un hecho comprobable, como lo muestra un reciente trabajo del investigador de la Universidad Nacional de Luján, Fabián Amico. Como también lo es que diversas medidas tomadas por el gobierno: Asignación Universal por Hijo, Plan Argentina Trabaja, estímulos variados al consumo o la recuperación de la tasa de empleo por mayor actividad, impactan positivamente en la demanda, valoración en la que coinciden analistas de diversas tendencias. Sin embargo este reconocimiento no implica automáticamente que el peso de los salarios en los productos terminados -hoy no son un porcentaje determinante en el costo final- o que la mayor demanda existente, impulsen los precios al alza.

Además, estos aspectos positivos no se reflejan en mejoras en la distribución de los ingresos, por el contrario la desigualdad se mantiene y se profundiza, no se expande pero es más aguda en los sectores que arrastran pobreza desde hace tiempo. En definitiva, el modelo en curso es concentrador de la riqueza y también de la pobreza.

Necesidad de un programa

Puede decirse no sin razón que los gobiernos pueden actuar implementando políticas que estimulen o acoten la inflación, pero esto no puede obviar que son los capitalistas, y no otros, quienes remarcan los precios. En todo caso lo que muestra la coyuntura actual es el fracaso del control burocrático-administrativo implementado por el Secretaria de Comercio o la superficialidad de las explicaciones en cuanto a que se trata de reacomodamiento o dispersión de precios.

La inflación no es un problema que pueda resolverse con medidas técnicas o conciliábulos de gabinete. Es un problema claramente político cuyas soluciones requieren afectar el actual modelo de acumulación y reproducción de capitales con un programa concreto.

Intervención y control social

Un programa para atacar de raíz la inflación requiere combinar la intervención estatal con la participación social en las instancias de producción, distribución y comercialización, en al menos tres aspectos:

a) Implantar un sistema que contemple tanto el control de la estructura de costos del centenar de empresas formadoras de precios con el de los valores de venta al público, transparentando las ganancias empresarias e imponiendo criterios de razonabilidad de las mismas o bien porcentuales de inversión reproductiva. Extender este control a las cadenas de distribución y comercialización, reduciendo la intermediación al mínimo indispensable. Desvincular los precios locales de las exportaciones con mecanismos impositivos, recuperando la plena intervención estatal en el Comercio Exterior.

b) Eliminar el IVA a los artículos de la canasta familiar imponiendo precios máximos para los productos de primera necesidad. Establecer Centros Populares de Distribución que garanticen esos precios y que los productos lleguen a los sectores más necesitados. Imponer cláusulas de ajuste automático periódico para preservar la capacidad adquisitiva de salarios, jubilaciones y planes sociales. Estimular formas de contralor social, obreras y populares, tendientes a garantizar tanto precios como abastecimiento.

Estas medidas de intervención inmediata debieran acompañarse de una profunda reforma tributaria que haga que más paguen los que más tienen, reduciendo gradualmente el IVA al conjunto de la economía compensando con mayores gravámenes a Ganancias, Bienes Personales y otros. Si el capital privado no avanza con inversiones reproductivas que rompan el estrangulamiento de la oferta será el sector público quién deberá asumir la responsabilidad, comenzando por la inversión en sectores estratégicos (ferrocarriles, energía, petróleo, etc).

En definitiva un programa para enfrentar eficazmente las tendencias inflacionarias en el país requiere de una fuerte decisión política en cuanto al rol del Estado y el mayor protagonismo obrero y popular posible. Claro que un punto de partida indispensable será recomponer la confiabilidad del INDEC, comenzando por reponer en sus cargos a los trabajadores, profesionales y personal calificado, injustamente desplazados.

Eduardo Lucita es integrante del Colectivo EDI-Economistas de Izquierda.

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Una colectora con peaje

Marcelo Ramal (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info)

El kirchnerismo ha explicitado que para "colgar" la lista del partido de Sabbatella con la fórmula presidencial va a proponer una alianza entre el PJ bonaerense y Nuevo Encuentro, para presidente y diputados nacionales. En ese caso, el sabbatellismo debería participar de la interna "abierta y obligatoria" de la alianza para esos cargos, preservando la postulación de Sabbatella a gobernador en oposición a Scioli. Así, Sabbatella renunciaría a postular una lista propia de diputados nacionales para participar de una interna que, como es previsible, perderá.

Sabbatella ha conseguido que Moyano apoye su colectora nacional, pero a cambio de ello aceptaría meter a moyanistas en su lista provincial. Hasta aquí, el negocio de Sabbatella sería igual a cero o peor; esto, porque además de recibir un escaso número de votos para la provincia, no podría aspirar más que a colar a algún diputado nacional en la lista que resulte de su alianza con el pejotismo.

La trampa de todo esto reside en que se pretende que la lista de la alianza nacional vaya pegada a las boletas provinciales, sea del PJ-FpV, por un lado, como de Nuevo Encuentro, por el otro, y no como una lista única de la alianza. Presentar a la alianza en dos listas separadas, una que encabeza a los candidatos provinciales del PJ y la otra a la cabeza de los de NE serviría para arrastrar votos para CFK a la lista de Sabbatella, lo cual inflaría su representación en la provincia. Pero el ensamble de listas nacionales con las provinciales que pretende Sabbatella está prohibido por la ley electoral; Nuevo Encuentro y el PJ-FpV deberían ir en boletas separadas para los cargos provinciales. No es, repetimos, a lo que Sabbatella aspira: quiere que la candidatura de la Presidenta y de los diputados nacionales vaya pegada a su lema provincial, como también iría con el lema de los pejotistas. Pero esto sería un fraude legal y político. En este caso, porque pondría a los candidatos provinciales bajo la protección de una alianza de dos bloques que, en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, actúan en abierta rivalidad. El derecho que reclama Sabbatella para candidatear a CFK en forma independiente del pejotismo requiere, primero, la derogación de la ley de reforma política y del sistema de internas abiertas. Todo este galimatías expone la crisis definitiva del peronismo y la completa falta de principios (y también el impasse) del sabbatellismo, porque convierte a la Presidenta en un árbitro entre unos y otros; o sea, en un compromiso entre pejotistas e ‘izquierdistas': un cambalache político. Sabbatella, que votó contra la reforma política, sabe muy bien que esa ley le quita el derecho a votar por CFK en una lista independiente y con un programa propio. Sin embargo, ello no le impide apoyar al gobierno que sancionó esa reforma, precisamente, para salvar al "viejo pejotismo" ¡que él dice combatir! Pero para saltar el impedimento legal propone, entonces, violarlo: hacer una alianza con el PJ que se presente, a pesar de ser una alianza, en forma separada, es decir, paralela. Esta "ingeniería electoral" perjudica a Scioli y a los intendentes pejotistas: de ahí la crisis que, además, ofrece la posibilidad de una victoria de De Narváez, como ya ocurrió en 2009.

Todo o nada

La Presidenta se vale del llamado a apoyar lo que llama el "proyecto nacional", para neutralizar políticamente al peronismo bonaerense. La crisis en curso es una repetición de la pelea Kirchner-Duhalde de 2005. Pero, seis años más tarde, el kirchnerismo no tiene la capacidad para doblegar a los ‘barones del conurbano', ya que, bajo la forma que terminen eligiendo, una parte importante de ellos le harán la guerra legal al sabbatellismo y movilizarán al aparato contra él. Inflación mediante, la economía política del kirchnerismo se encuentra en retroceso; los ‘chicos' de La Cámpora no son un sustituto al pejotismo -como tampoco lo es Moyano, acorralado por los delitos cometidos en las obras sociales. La ‘concertación plural' ha volado por los aires. El incidente del avión norteamericano demuestra que el establishment yanqui tiene puestas las cartas en la derrota del gobierno en octubre, mientras que los K no tienen capacidad para llevar una campaña ‘antiimperialista' hasta fin de año. Ni Moyano ni La Cámpora, por otra parte, son del paño del sabbatellismo -un rejunte de progres en el desierto. Por ahora, Scioli ha rechazado un desdoblamiento de las elecciones bonaerenses, pero va creciendo el número de provincias que lo ha hecho. Scioli, sin embargo, arriesga la división del pejotismo bonaerense si, como se podría suponer, el desdoblamiento es rechazado por el moyanismo. Mientras tanto, ha pactado con los intendentes una reforma de la ley de internas de la provincia, dirigida a subir el mínimo de votos para el reparto de los cargos a concejales y, por lo tanto, a ponerle piedras en el camino a los "compañeros" de Moyano, la Evita o La Cámpora. Este es el cuadro de dispersión del bloque que pretende ganar en primera vuelta en octubre próximo.

Emerge de aquí un cuadro de crisis política e, incluso, los estertores del kirchnerismo que, al cabo de una década, ha sido incapaz de desarrollar una organización autónoma en oposición a los punteros tradicionales. Además, queda expuesto el oportunismo de la izquierda paralela al oficialismo que, en nombre de ‘profundizar el modelo', quiere pasar a un compromiso con el pejotismo -en lugar de pelear contra la reforma política regimentadora que impide a los partidos organizarse como les venga en gana y a los ciudadanos votar por lo quieran.

Foto: Argentina, Política - La presidenta Cristina Fernández y el gobernador Daniel Scioli arriban a la fiesta inaugural del Estadio Único de La Plata. / Fuente: Presidencia de la Nación

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En qué consiste el último aumento para los trabajadores jubilados

Marcos Wolman (ACTA)

Las altas tasas de crecimiento en la economía de nuestro país, en las condiciones de un mundo demandante de nuestros productos y potencialidades y la continuidad del fenómeno de la pobreza, pone en evidencia la contradicción entre crecimiento y distribución de la riqueza.

El crecimiento económico es acumulado por el capital más concentrado, centralizado y extranjerizado, dominante además, de los resortes fundamentales de nuestra economía. En el otro extremo, la situación estructural de empobrecimiento de gran parte de la población se mantiene.

La ecuación se complica con la dependencia de la Argentina del capitalismo global, inserto en la crisis profunda del sistema capitalista. Así, los centros de poder mundial, el imperialismo yanqui, las potencias imperialistas y el capital transnacional, descargan la crisis en pueblos y países denominados emergentes, en desarrollo, para asegurar su sistema de dominación.

Esa crisis del sistema capitalista mundial, de la cual somos parte, expresa con fuerza incontrastable la contradicción fundamental del sistema, entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. No hay duda que la variable de ajuste es el salario de los trabajadores activos, las jubilaciones y pensiones y sus consecuencias: los índices de pobreza, indigencia y desocupación en etapa de crecimiento económico; la limitación en las inversiones en salud, educación, vivienda, entre otros; todo ello agudizado por la inflación producida por quienes detentan el poder económico, el poder real, con el objetivo de optimizar sus ganancias.

En este contexto la Seguridad Social, que es un derecho constitucional en la Argentina, que establece la responsabilidad integral e irrenunciable del Estado, está profundamente vulnerada y es parte constitutiva de la desigualdad social.

Las políticas neoliberales que dieron lugar al Golpe de Estado genocida del 24 de marzo de 1976 y desarrolladas en la década del 90, siguen manteniendo lo fundamental de la estructura económica impuesta por el poder dominante vigente. Algunas mejoras parciales en el orden social son producto de las luchas acumuladas que tuvieron su máxima expresión en el 2001 y son parte del programa de reivindicaciones que permanentemente impulsa el movimiento obrero y popular.

Es por eso que afirmamos que la Seguridad Social, como reivindicación popular, especialmente del movimiento de jubilados y asumida por la CTA, hoy es producto del desarrollo histórico de la lucha de clases. La lucha por defender este derecho humano fundamental y profundizarlo forma parte del combate por transformar la sociedad y el sistema capitalista hacia una sociedad de cooperación, solidaridad y no explotación. Ello requiere la generación de una fuerza política alternativa para gestar un nuevo proyecto de país anti capitalista, en la perspectiva de búsqueda liberadora de otros países de la región latinoamericana.

Con estas consideraciones es necesario hacer la interpretación del significado del aumento de las jubilaciones a partir de marzo. Este aumento surge de la aplicación de la Ley 26417 del 2008. Es una Ley que el gobierno le puso el nombre de “movilidad”, siendo su antítesis, y que se inspira en una larga lucha de la clase obrera, de los trabajadores activos y jubilados por la movilidad jubilatoria con relación al cargo de los trabajadores activos.

La “movilidad” oficial es resultado de una fórmula de actualización, establecida en una Ley que fue rechazada en las Comisiones respectivas del Congreso por las organizaciones de jubilados de todo el país, oportunamente convocados para su debate. Esas organizaciones presentamos propuestas alternativas, acompañadas de importantes movilizaciones de la CTA. Nada de ello fue tenido en cuenta y por eso desde la CTA continuamos con nuestra lucha por el 82% móvil y la democratización política del país, para que se escuche la voz del pueblo.

Desde la CTA presentamos ante el Poder Judicial una “Acción Declarativa de Inconstitucionalidad” fundamentado entre otros argumentos que:

No plantea la jubilación con el carácter sustitutivo del salario.

No plantea la recuperación de los atrasos en los haberes jubilatorios entre el 1 de abril del 1991 y el 7 de enero del 2002 y la generalización de los fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en los casos Badaro, Sánchez y otros que debiera ser la base para el cálculo.

No modifica la ruptura de proporcionalidad con el salario del trabajador activo ni el achatamiento de las escalas.

Fundamentamos que esta Ley es violatoria del art. 14 bis y de los Tratados Internacionales.

El sujeto de esta Ley son los jubilados y pensionados que durante 30, 40 y más años aportaron a la Seguridad Social una parte del salario diferido para cubrir las jubilaciones vigentes con el principio de solidaridad intergeneracional y asegurar sus futuras jubilaciones. Los recursos necesarios se completan con aportes que dan lugar a las contribuciones patronales y recursos del Estado para cumplir con su responsabilidad constitucional.

Hoy, con el achatamiento de las escalas de ingresos previsionales, el 76% de los jubilados cobra el haber mínimo que con el aumento a partir de marzo significa $39,70 por día, o sea $1190,95 netos por mes, para cubrir todas las necesidades: alimentación, vivienda, salud, medicamentos, esparcimiento y necesidades inherentes a esta etapa de la vida. No son necesarios más elementos numéricos para entender la realidad. Un despliegue de valoración del Gobierno, sobre la importancia de esta actualización y otras anteriores, comparando con el pasado, sin analizar lo concreto de cada etapa no aportan a la demanda por el ingreso, el 82% móvil que reclama el movimiento de trabajadores, especialmente los pasivos.

El argumento del gobierno es la sustentabilidad del sistema previsional. Nosotros sostenemos que la sustentabilidad no es un criterio económico financiero, sino un tema esencialmente político, que tiene que ver con el modelo de país.

Las luchas de décadas de los trabajadores y jubilados contra el negociado de las AFJP (1994-2008) dieron sus frutos con la Ley 26425 del 2008, que puso fin a las AFJP y restableció la existencia de un único Sistema Integrado Previsional Argentino de carácter estatal. Saludamos este importante logro, señalando que dejó ausente un aspecto fundamental, que hoy toman en cuenta en las luchas similares en América Latina y otros países, el que los fondos de la Seguridad Social deben ser dirigidos y administrados por los interesados en un ente público no estatal con autonomía económica y financiera como surge del art. 14 bis de la Constitución Nacional. Es parte de nuestra lucha por la democratización de la sociedad argentina.

¿Qué pasa con los fondos de ANSES y el Fondo de Garantía de Sustentabilidad? Son recursos que debieran ser dirigidos y administrados por los representantes de trabajadores activos y jubilados con participación del Estado, hoy son utilizados arbitrariamente como auxiliar de rentas del Estado para cubrir otras necesidades. Estos fondos deben contemplar las necesidades de actualización de la histórica deuda con uno de los sectores vulnerables, que en esta etapa de la vida significa injustos sufrimientos y muertes prematuras. La sustentabilidad de la Seguridad Social es necesaria y es posible.

Entre otras medidas se requiere:

* Restablecer las contribuciones patronales, que paguen lo que le corresponde y terminar con este subsidio iniciado en el menemismo, reduciéndolo con el argumento falaz de evitar despidos, que sigue vigente, actualizado por un Decreto del Poder Ejecutivo de enero de 2011 que lo prolonga durante todo este año.

* Terminar con el trabajador no registrado de alrededor del 40% del trabajo en relación de dependencia.

* Producir una profunda reforma tributaria para que paguen los que más ganen con impuestos directos y no con el IVA, que pagan los sectores más empobrecidos en igualdad con los más enriquecidos.

* La nacionalización de los recursos estratégicos, petróleo, minería, comunicaciones, la banca, comercio exterior, entre otros, para disponer de las ganancias extraordinarias que hoy se apropian las multinacionales que explotan nuestros recursos.

* Investigar la Deuda Externa, No pago de la deuda ilegítima y fraudulenta. Destinar esos fondos como corresponde, a la Seguridad Social y a cubrir la urgente deuda interna con los sectores sociales más vulnerables.

Hoy, es fundamental que las organizaciones sindicales, sociales, territoriales de la CTA incorporemos la necesidad de la derogación de las leyes vigentes de la década del 90: leyes 24241 y 24463, que no solo perjudica a los jubilados actuales sino que su aplicación hace que cada nuevo jubilado cobre menos de la mitad de su sueldo, y supeditado a las actualizaciones vigentes.

Por todo ello y como síntesis hemos presentado un Proyecto de Ley elaborado en la CTA y presentado con la firma de 13 Diputados Nacionales (expediente 1418/2010) que contempla todos los aspectos que consideramos debe contener una nueva Ley de Previsión Social. En definitiva, impulsamos la lucha por la “seguridad y la previsión social” como parte integrante de la disputa por cada una de las reivindicaciones populares.

Es un camino imprescindible para la construcción del proyecto estratégico de la CTA. Un sendero que lo venimos construyendo en la iniciativa por una Constituyente Social para avanzar hacia la construcción de un Movimiento Político, Social y Cultural de Liberación.

Marcos Wolman es Secretario de Previsión Social de la CTA Capital Federal. Secretario General de la Mesa Coordinadora de Jubilados y Pensionados.

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