martes, 8 de marzo de 2011

Libia: El perro rabioso del desierto y los perros de la guerra occidentales

Gustavo Herren (especial para ARGENPRESS.info)

Kadafi, en los 70's después del envenenamiento de Nasser lideró el pan-arabismo y desarrolló en Libia un modelo de Estado no occidental, el Jamahiriya. En los 80's Ronald Regan lo llamó el perro rabioso del desierto, y treinta años después las potencias occidentales lo recibían con honores como el Rey de Reyes, el León del Sahara. Hoy con la rebelión árabe de los pueblos, los mismos perros de la guerra que lo armaron buscan su cabeza.

La revolución Cubana (1959) fue un factor determinante en la ola de dictaduras militares propagadas por América Latina en los 70's bajo la fuerte influencia de Washington, que mas tarde con el decaimiento soviético, promovería la oleada de democracias liberales de mercado. En el apogeo neoliberal de los 90's cristalizaron en los países las reformas estructurales con sus transformaciones económicas, políticas y culturales, pero también las condiciones de saqueo, apropiación y empobrecimiento suficientes para producir una reacción en cadena de descontento y revueltas espontáneas de los pueblos, abriendo oportunidades para cambios de sistema. El mismo orden neoliberal terminó creando la propia reacción popular en su contra. En el caso de Argentina en 2001, la revuelta de buena parte del pueblo que hizo caer al gobierno liberal, fue catalizada entre otros por la exclusión, desempleo, el despojo de capital a parte de las clases medias, y el empobrecimiento y marginación de las carenciadas. Sin embargo, la desarticulada organización popular y la falta de un liderazgo unificador, llevó a que los movimientos populares no pudieran tomar el poder político vacante, y los grupos políticos complementarios existentes se reciclaran según la coyuntura. La cultura y la educación de la población, estructurada históricamente con los valores del modelo capitalista terminaría de configurar la transición sin salir del mismo. Groseramente, en América Latina la reacción popular desarrolló tres tendencias, solo en una de ellas algunos gobiernos plantearon salidas del capitalismo y tendencias anti-imperialistas, otra tiene características reformistas y la tercera un neoliberalismo-adaptado y atenuado a las circunstancias. Los procesos para cambiar el orden capitalista establecido, implican una confrontación en las relaciones de fuerzas que se articulan entre el poder político, el poder económico y el pueblo, teniendo en cuenta la penetración que haya sufrido su cultura y educación por parte de las elites locales y el coloniaje externo. Sin embargo como consecuencia, a principios del siglo XXI la influencia histórica de Estados Unidos en 'su' hemisferio comenzó a decrecer.

En 1648, los tratados de paz de Osnabrück y Münster firmados en la región de Westfalia (actual Alemania), que marcaron el fin de la Guerra de los Treinta Años convertida en una verdadera guerra campesina de masas (en que murió la mitad de la población alemana), constituyeron un hito de un nuevo orden superador de la división feudal, y la transición hacia el concepto de Estados nacionales soberanos y sus relaciones, cuyas fronteras se establecían en base a consideraciones territoriales mas que culturales, y que fue determinante en el lento proceso de transformación del capitalismo mercantil al capitalismo liberal. Los países de Latinoamérica en su mayoría, se configuraron según esa estructura europea.

En Africa y Oriente Medio, el modelo europeo fue penetrando en mayor medida en algunos países árabes como Túnez y Egipto, y en menor medida en otros como Libia. Diversos factores como las reformas neoliberales en algunos, junto con la subida especulativa de los precios internacionales de los alimentos básicos, por la sobre-emisión de dólares y la alta inflación mundial, dispararon en el mundo árabe importador neto de cereales, una reacción social en cadena que sumada a su histórica identidad activó disconformidades subyacentes de las masas. La revueltas hasta ahora, están siendo relativamente pacíficas en Marruecos, Mauritania, Senegal, Gabón, Sudán, Somalia, Omán, Arabia Saudita, Kuwait y Siria, y han tenido mayor intensidad en Argelia, Jordania, Yemen, Irak, y Bahrein.

En Túnez y Egipto, comenzaron a emerger situaciones políticas y sociales intrínsecas de desequilibrio latente, que trascienden el empobrecimiento que el neoliberalismo implantado produjo. La movilización espontánea de parte del pueblo árabe descontento ha hecho colapsar los gobiernos corruptos pro-estadounidenses, sin embargo no parece haber suficiente organización popular y una conducción o liderazgo político unificador, para que los movimientos populares puedan tomar el poder político, sino que este espacio esta siendo ocupado nuevamente por actores continuistas de los intereses imperialistas y de las oligarquías locales, al respecto la sentencia de Obama fue '...es necesario una transición ordenada, significativa y pacífica.' Pero las demandas y el malestar de los pueblos permanecen, y las movilizaciones continúan ahora casi silenciadas por los grandes multimedios internacionales simulando calma, justamente para una transición ordenada, significativa y pacífica.

En Libia, Irak, Jordania, Yemen, Somalia y menos aún en Afganistán, el modelo europeo occidental de 'Estado nacional o plurinacional' no se ha consolidado intrínsecamente, y las potencias occidentales no han alcanzado a imponerlo. Para los anglo-estadounidenses, la Unión Europea e Israel, la Gran Jamahiriya Arabe Libia Popular y Socialista (1) o Libia a secas, es un caso especial, una gran oportunidad en la tormenta árabe. El modelo de Estado libio o Jamahiriya rechaza la idea de Estado nación occidental y su democracia representativa y liberal. Subyace una significativa estructura interna contradictoria y descentralizada, sea tribal como la que otrora luchó contra el Imperio Otomano y el colonialismo italiano, y de comités populares desconexos basados en una aproximación de democracia directa sin partidos políticos. El poder ejecutivo recae en el Comité General Popular, no en Kadafi que de hecho no ocupa ningún cargo público oficial y únicamente tiene el título honorífico de Hermano Líder de la Revolución. Kadafi ha mantenido por mas de 40 años con este modelo la unidad en la división, en un equilibrio inestable, mientras el otrora líder anti-imperialista y nacionalista lleva una relación pragmática con Estados Unidos y la Unión Europea, aunque es considerada inestable y no confiable. Las potencias occidentales no aceptan ni respetan otro modelo de Estado que no sea el europeo-anglo-estadounidense, pero lo toleran mientras les sirva para satisfacer sus intereses. Teniendo en cuenta además, que en el plano ideológico deben presentar a todo Estado proclive al socialismo como un fracaso frente al capitalismo, y más aún evitar que pudiera llegar a ser epicentro de propagación de cambios. Por eso las guerras políticas en tiempos de paz contra Kadafi, Chávez, Cuba y otros son permanentes y en realidad no les interesa sus niveles de autoritarismo, sino basta ver por ejemplo la impunidad que mostraron en el desempeño sangriento de G.W. Bush y la coalición en Irak.

La Guerra de Masas, se puede definir como aquella provocada por una elite extranjera contra la masa total de un pueblo, previa división del mismo y armando ambos bandos para que se exterminen entre sí (2). De hecho, está siendo introducido armamento por la frontera sur de Libia, mientras unidades navales furtivas de Francia y Estados Unidos desembarcaron cientos de fuerzas especiales y asesores militares de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia ingresando en la región petrolera del Este de Libia, con la misión de establecer bases de entrenamiento para grupos armados insurgentes contra el gobierno de Kadafi.

La amplificada virulencia que éstas potencias asignaron a la revuelta árabe en Libia y la rapidez de sus injerencias, condenas, sanciones y movimientos de fuerzas militares, debilita la espontaneidad popular respecto de Túnez y Egipto países no petroleros. El origen de la revuelta fue en la ciudad de Bengasi, situada en la región donde se hallan las grandes multinacionales petroleras extranjeras. Lo importante para el imperialismo no es que haya clanes, sino que existan condiciones para amplificar el potencial enfrentamiento interno sea por tribus, regionalismos, etnias, comités, grupos locales o cualquiera otros sectores contradictorios. En este caso, el país es especialmente vulnerable para una guerra de masas fogoneada en el momento oportuno por terceros intereses, lo que lleva a su parálisis y al debilitamiento del gobierno central alimentando focos de resistencia, e incluso guerra civil mediante, hasta la fragmentación, y en condiciones apropiadas el asesinato de los líderes. De hecho en 1981 la CIA ya había intentado asesinar a Kadafi, y en 1986 Reagan volvió a hacerlo bombardeando edificios públicos. Sin embargo, en una Libia sin Kadafi, no se puede descartar que se desate la lucha entre una 'Libia libre' con la democracia de mercado de las potencias occidentales y los elementos autóctonos, sin ir mas lejos los hijos de Kadafi (3).

Estados Unidos y Gran Bretaña son especialistas en alimentar guerras civiles e inducir secesiones, caso de la balcanización de Yugoslavia, la división de hecho en Irak, el intento en Bolivia y en Venezuela, y la más reciente la fragmentación de Sudán (una guerra de masas entre cristianos y musulmanes) con la independencia de la rica región sur, católica, petrolera y pro-estadounidense. Los candidatos para una fractura de Libia podrían ser sus tres regiones geográficas (Tripolitana al noroeste, Fezzan al sudoeste y Cirenaica todo el Este) separadas entre sí por formidables desiertos.

Para Estados Unidos, la influencia sobre Libia es estratégica, por un lado en su confrontación con China en el continente africano. El debilitamiento o la caída del gobierno de Kadafi apunta al control de sus reservorios de petróleo (junto con Nigeria entre los mayores de Africa y el doble de los de Estados Unidos), su ruta y el suministro energético a Europa (Italia, Alemania, Francia, España y otros) y especialmente a China, así como cambiar el orden imperante en Libia para liberar totalmente el camino a las multinacionales con intereses estadounidenses. Frente a la masiva penetración de China en Africa, donde han arribado 5 millones de profesionales y trabajadores chinos llevando adelante emprendimientos sino-africanos, a Washington no le alcanza con el despliegue militar del AFRICOM, y ha sumado la OTAN con un tratado de cooperación militar con 53 países de la Unión Africana.

Otro objetivo estratégico estadounidense sobre Libia es, la aproximación indirecta a la tercera reserva mundial de petróleo: Irán. El Pentágono aprendió las lecciones seculares del Imperio Británico y debe desactivar a Libia como potencial aliado de Irán en un posible conflicto bélico con éste.

Para Europa, un objetivo inmediato es evitar un éxodo masivo de libios que puede ser disparador para otros pueblos del Africa y Oriente Medio (amenaza demográfica mencionada ya en los 80's en el Informe Santa Fé IV de la CIA, en que se presta muy delicada atención a la relación entre la población de Europa y la del arco islámico desde Marruecos a Irán). Pero aún así los miles de 'refugiados' que están saliendo de Libia no son libios, sino mayormente extranjeros y profesionales de las distintas petroleras y multinacionales.

La misma secretaria de Estado Hillary Clinton (4) esbozó los pasos que siguen los imperialismos y en particular el moderno Imperio estadounidense, habiendo aprendido las lecciones de las guerras políticas no militares de su madre patria el viejo Imperio Británico: guerra de masas, económica, diplomática, mediática, psicológica y por último la opción militar, para sea disuadiendo o accionando instalar la democracia liberal estadounidense:

'...La maratón diplomática en la ONU y con nuestros aliados ha producido rápidamente, los pasos agresivos para presionar y aislar a los líderes de Libia. La USAID está focalizada en suministros médicos y alimentos para Libia y ha enviado asesores en temas humanitarios para ayudar a los que huyen de la violencia y para quienes están moviéndose a Túnez y Egipto, lo cual plantea a estos países una carga tremenda. Nuestros comandos de combate se están posicionando para prepararse a soportar estas críticas misiones civiles humanitarias... La región entera está cambiando, es esencial una respuesta fuerte y estratégica de América. En los próximos años Libia podría ser una democracia pacífica, podría enfrentar una guerra civil prolongada, o podría caer en el caos. Hay mucho en juego. Este es un ejemplo del uso de la combinación de poder inteligente-diplomacia y defensa, para proteger la seguridad e intereses de América y avanzar en nuestros valores...'

A la guerra de masas que en Libia ya ha logrado una intensidad próxima a la guerra civil, se le superponen la guerra diplomática y económica, algunos de cuyos pasos agresivos para presionar y aislar a los líderes de Libia ya fueron dados en la ONU. Dadas además las potenciales condiciones de deterioro económico interno (debido a la pobreza agrícola de sus suelos Libia importa el 75 % de los alimentos), se suma además la guerra psicológica y de información. En la parte de Libia controlada por Kadafi la información periodística para los medios internacionales está casi totalmente restringida, pero paradójicamente éstos propagan profusa información como si no lo estuviera (lo que se asemeja a la oleada de noticias sobre las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein). Las operaciones de propaganda negra e información falsa de los multimedios (como CNN, AP, Reuters, AFP, Arabiya TV e incluso Al Jazira, o C5N de Argentina entre otros informando sobre 10.000 muertos en Libia), las operaciones de doble rasero de las organizaciones gubernamentales (como la USAID) y las ONG, y la acción psicológica de zapa de los think tanks y de los altos funcionarios occidentales como el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, hablando públicamente de la '...matanza del pueblo libio', del canciller británico Willian Hage : '...Kadafi se refugió en Venezuela', o de la secretaria de Estado de Estados Unidos que demandó al gobierno de Kadafi detener el inaceptable derramamiento de sangre : '... Es hora de que se vaya, y el mundo debe hablar con una sola voz para decir que esta violación de los derechos universales es inaceptable... el dictador ha bombardeado a los manifestantes, soldados ejecutados por negarse a disparar a su pueblo, empleo de mercenarios, torturas... Kadafi y su círculo han perdido la legitimidad para gobernar...'. Sin embargo en el cinismo que Hillary Clinton transmite, omite por ejemplo que en la invasión a Afganistán, la intrusión sobre Pakistán con letales ataques de vehículos aéreos artillados estadounidenses sin tripulación (drones), ha aumentado durante el gobierno de Obama en un 50% respecto de Bush, y que 2010 fue el décimo año (comenzaron en Bosnia y la guerra contra Yugoslavia en 1999) y el más letal en su uso para asesinatos selectivos de 5 supuestos terroristas y unos 1000 civiles inocentes (daño colateral). Clinton afirmó, que Estados Unidos condena fuertemente la violencia y la violación de los Derechos Humanos cometidos por el gobierno de Libia contra su propia gente, pero tampoco mencionó la tortura y la violación de los mismos Derechos que avala Washington en las prisiones de Guantánamo y Abu Ghraib, ni en las masacres de Israel contra palestinos, ni los cientos de miles de civiles asesinados en la invasión a Irak.

Los líderes corruptos manipulados por el imperialismo pueden caer por una revuelta popular espontánea, pero los líderes poco confiables e impredecibles para el imperialismo pueden además ser derrocados por el Imperio detrás del pueblo. Las furibundas operaciones de guerra psicológica que están generando las potentes usinas del imperialismo estadounidense, su asociado Israel y el colonialismo europeo contemporáneo tienen en común el desprestigio y la demonización máxima del régimen de Kadafi. Se conforma así la predisposición de la opinión pública mundial para legitimar los próximos pasos del cambio de régimen con distintas posibilidades según la evolución de los hechos.

El perfil de Obama hace que una invasión militar abierta a Libia al estilo de los Bush sea poco probable, salvo que el complejo militar-industrial, el Pentágono y los grupos extremistas (como el Tea Party) hagan su jugada en la interna de Washington. Mas probable es una intervención militar con pantalla humanitaria, con Washington presentándose como liderando la 'comunidad internacional' pero en una coalición multinacional o bien mediante la OTAN, avalada por la ONU. Tampoco se puede descartar una presencia militar solo disuasiva. La invasión militar de Estados Unidos-OTAN a Libia se complica, porque a pesar de la contrainformación de los principales medios occidentales y de los antagonismos internos hay una identidad árabe generalizada, con un rechazo a toda intervención militar extranjera (potenciada con el ejemplo de la invasión a Irak) aún, en principio, entre los mismos líderes de la rebelión, a no ser que se vean acorralados. No solo Arabia Saudita el peso pesado del petróleo mundial, sino la Liga Arabe completa expresó su oposición a la intervención militar extranjera en Libia, marcando su posición que casi fue una advertencia en un comunicado: '...La crisis libia es un asunto interno árabe que no requiere de intervención extranjera". Por eso el ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppe, insiste en que cualquier acción militar, aún la vigilancia de los cielos libios, podría volcar a los árabes contra toda Europa.

En la última reunión de la OTAN en Bruselas, no hubo unanimidad para el uso de la fuerza contra Libia. Estados Unidos, la Unión Europea, Inglaterra e Israel consideran imponer una zona de exclusión aérea, el ministro británico de Relaciones Exteriores, William Hague, sostuvo que no requiere resolución del Consejo de Seguridad de la ONU como ya se hizo en el pasado. Turquía se opone a acciones militares argumentando que la Alianza solo podría intervenir si uno de sus miembros es atacado, el gobierno de Francia afirma que cualquier operación debería ser antes aprobada por la ONU.

Rusia también rechazó la creación de una zona de exclusión aérea. Lograr un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU para una acción militar en Libia puede ser difícil (aunque no imposible) por un posible veto de Rusia y China. Por su parte el ALBA rechazó también cualquier invasión militar extranjera contra el pueblo libio.

De todas maneras, un vocero del Pentágono el coronel Dave Lapan, afirmó que '...Las fuerzas militares de Estados Unidos están en el 'modo de preparación y planeamiento' que permitirá al gobierno las opciones de espectro completo... Tenemos planificadores trabajando en varios planes de contingencia y estamos reposicionando fuerzas en la región para proveer opciones y flexibilidad.' Mientras tanto, buques de guerra estadounidenses cruzaron el Canal de Suez en dirección al mar Mediterráneo para unirse a otras unidades de guerra, como las de Alemania e India que ya se encontraban posicionadas frente a las costas libias.

Uno de los objetivos de Estados Unidos y las potencias europeas 'sacar a Kadafi', quedó al descubierto cuando Obama mostró directamente la injerencia '...Kadafi ha perdido legitimidad para gobernar y debe irse.' (5). Por su parte, ante la propuesta de Chávez de formar una Comisión de Países de Buena Voluntad para buscar con el gobierno libio y los líderes de oposición una solución pacífica sin meterse en la situación interna del país, el ministro de Asuntos Exteriores de Francia respondió inmediatamente que '...toda mediación que permita la continuidad de Kadafi no es bienvenida'.

La combinación líder fuerte junto a un pueblo organizado es enemigo mortal para los imperialismos y colonialismos. La rebelión árabe puede ser una gran oportunidad para beneficio de sus pueblos, pero también una oportunidad para el Gran Oriente Medio de las potencias imperialistas occidentales...

Notas:
1) Jamahiriya, en árabe significa Estado de las Masas
2) H. Ricciardelli, L.E. Schmid, 'Los Protocolos de la Corona Británica', Edit. Struhart, 2004
3) F. Wehrey, Who and What Will Follow Qaddafi?, RAND Corporation, www.foreignaffairs.com
4) Hillary Rodham Clinton, Secretary of State, Opening Remarks Before the House Foreign Affairs Committee, Washington, March 1, 2011
5) The White House, Remarks by President Obama and President Calderón of Mexico at Joint Press Conference, March 03, 2011

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Las raíces de la revuelta árabe y las celebraciones prematuras

James Petras

La mayoría de los balances de la revuelta árabe de Egipto, Túnez, Libia, Marruecos, Yemen, Jordania, Bahrein, Irak y otros lugares se han centrado en las causas más inmediatas: la política, las dictaduras, el desempleo, la represión y los muertos y heridos entre los manifestantes. Se les presta mayor atención a la "clase media", los activistas jóvenes, educados, sus formas de comunicación a través de Internet, (Los Angeles Times, 16 de febrero de 2011) y, en el caso de los sionistas de Israel y sus teóricos de la conspiración, a "la mano oculta" de los extremistas islámicos (Daily Alert, febrero).

Lo que falta es cualquier intento de proporcionar un marco para la revuelta, tomar en cuenta en hecho en gran escala, a largo y medio plazo, las estructuras socioeconómicas, además de los "detonadores" inmediatos de la acción política. El alcance y la profundidad de los levantamientos populares, así como las diversas fuerzas políticas y sociales que han entrado en conflicto, no permiten las explicaciones unidimensionales de la lucha.

Una mejor aproximación sería tomar un "marco en embudo" que en la punta más ancha (el largo plazo, las estructuras) se vea la naturaleza del sistema económico, las clases y el sistema político; que a mediano plazo se define por los efectos dinámicos acumulativos de estas estructuras en cambios en las relaciones políticas, sociales y económicas; y en las causas de corto plazo lo que precipita la respuesta socio-política-psicológica, o la conciencia social que lleva a la acción política.

La naturaleza de las economías árabes

Con excepción de Jordania, la mayoría de las economías árabes donde ocurre la revuelta se basan en la renta del petróleo, gas, minerales y el turismo, que proporcionan la mayor parte de las ganancias de exportación y los ingresos fiscales (Financial Times, 22 de febrero de 2011, p. 14). Estos sectores económicos exportadores son de hecho enclaves que emplean una pequeña fracción de la fuerza de trabajo y definen una gran especialización de la economía (Banco Mundial, Informe Anual 2009). Estos sectores de exportación no se articulan con una diversificación de la economía productiva nacional: el petróleo se exporta, mientras que todos los productos terminados así como los recursos financieros y los servicios de alta tecnología son importados y controlados multinacionales extranjeras vinculadas a la clase dominante expatriada (Económico y Político Semanal, 12 de febrero de 2011, p. 11). El turismo refuerza el carácter rentista de los ingresos, como sector proveedor de divisas y de ingresos fiscales a la clase -estado clánica. En esto se basa el subsididio al capital extranjero por el Estado y las conexiones políticas locales como "agentes inmobiliarios" de la inversión e importación extranjera.

Peones de la construcción

La economía basada en la renta puede generar una gran riqueza, especialmente cuando los precios de la energía se disparan, pero los fondos financieros los acumula una clase rentista que no tienen vocación o inclinación por la profundización y ampliación del proceso de desarrollo económico y la innovación. Los rentistas se especializan en la especulación financiera, las inversiones en el extranjero a través de firmas de capital privado, el consumo extravagante de la más alta gama de productos de lujo en cuentas privadas secretas de millones de dólares euros en el extranjero.

La economía rentista proporciona pocos puestos de trabajo en la actividad productiva moderna, el estrato superior es controlado por otros miembros de los clanes familiares y las instituciones financieras extranjeras a través de técnicos expertos expatriados, y los niveles bajos los ocupa el trabajo extranjero contratado, y la mano de obra calificada local que esté dispuesta a aceptar ingresos inferiores y peores condiciones de trabajo.

De la economía rentista de enclave resulta una clase dominante de base clánica que "confunde" propiedad pública y privada: lo que es "Estado" es en realidad monarcas absolutistas y sus familias extendidas que tiene en la punta a su líder tribal cliente, y el entorno político y los tecnócratas en el medio.

Son "clases dominantes cerradas". La entrada es selectiva miembros del clan o dinastías familiares y a un pequeño número de individuos "emprendedores" individuos que puedan acumular riqueza al servicio del clan de la clase gobernante. El "círculo íntimo" vive de la renta, y de los pagos de sus socios en el sistema permisario que no está basado en capacidades sino solamente en permisos oficiales, concesiones de tierras, las licencias de importación y exenciones fiscales.

Más allá de pillaje del tesoro público, el clan de la clase dominante promueve la "libre comercio", es decir, la importación de productos terminados baratos, con lo socavan cualquier creación de empresas nacionales productivas en manufactura, sector agrícola o técnico.

Como resultado de ello no hay capitalismo empresarial nacional ni "clase media". Lo que aparenta ser una clase media son en gran parte empleados públicos (profesores, profesionales de salud, funcionarios, bomberos, policías, militares) que dependen de sus salarios, que a su vez depende de su sumisión al poder absolutista. No tienen ninguna posibilidad de subir a los niveles más altos o de encontrar oportunidades económicas para sus hijos educados.

La concentración del poder económico, social y político en un sistema cerrado de control de clase y clan da lugar a una enorme concentración de la riqueza. Dada la distancia social entre gobernantes y gobernados, la riqueza generada por los altos precios de los productos exportables produce una imagen muy distorsionada de la "riqueza" per capita, al sumar millonarios y multimillonarios en la franja superior y una masa de jóvenes subempleados de bajos ingresos, lo que da un ingreso promedio engañosamente alto 8Blog de Washington, 2/24/11).

La dominación: por las fuerza y por el asistencialismo

Para compensar estas grandes disparidades en la sociedad y para proteger la posición de la clase gobernante parasitaria rentista, ésta forma alianzas con corporaciones armamentistas multimillonarias con la protección militar de la potencia imperial dominante (EE.UU.)l. Los gobernantes participan en el sistema "neo-colonizal por invitación", que ofrece su territorio para bases militares y campos de aviación, puertos para las operaciones navales, colusión en la contratación de mercenarios contra los adversarios del poder imperial, y la sumisión a la hegemonía sionista en la región (a pesar de criticas ocasionales sin consecuencias.

En el mediano plazo, el dominio por la fuerza se complementa con planes asistenciales paternalistas hacia la población rural pobre y los clanes tribales, los subsidios alimentarios para los pobres urbanos; y el empleo de trabajo precario para los desempleados de la juventud culta (Financial Times, 2/25/11, p. 1). Tanto las compras de costosas armas como los subsidios paternalistas reflejan la incapacidad para llevar adelante inversiones productivas. Miles de millones se se gastan en armas en vez aplicarse a la diversificación de la economía. Cientos de millones se gastan en planes asistencialistas de única vez en vez de inversiones a largo plazo para el desarrollo productivo.

La "goma arábiga" que mantiene unidas las piezas del sistema es la combinación de pillaje moderno del patrimonio público y los recursos naturales y la energía, con el uso de las tradiciones clánicas y el reclutamiento neo-colonial de contratistas mercenarios para controlar y reprimir a la población. Los armamentos modernos de origen norteamericano al servicio de las anacrónicas monarquías absolutistas y dictaduras, similares a los gobierno dinásticos del siglo XVIII.

La introducción y extensión de los sistemas actualizados de comunicación, los centros comerciales de arquitectura ultra moderna destinado a un estrato elitista de consumidores sintuarios ofrece un marcado contraste con la gran mayoría de los jóvenes cultos desempleados, excluidos de la franja superior y la presión desde abajo de los trabajadores inmigrantes precarios de bajos salarios.

La desestabilización neo-liberal

El sistema rentista de clase y de clan es presionado por las instituciones financieras internacionales y los banqueros locales para "reformar" sus economías: "abrir" el mercado interno y las empresas públicas a los inversionistas extranjeros y reducir el déficit derivado de la crisis mundial mediante la introducción de reformas neo-liberales (Economic and Political Weekly, 2/12/11, p. 11).

Como resultado de las "reformas económicas" los subsidios a los alimentos para los pobres se han reducido o eliminado y el empleo estatal se ha reducido, cerrando una de las pocas oportunidades para los jóvenes cultos, se incrementan los Impuestos a los consumidores y los trabajadores asalariados, mientras que los agentes inmobiliarios, los especuladores financieros y los importadores reciben exoneraciones de impuestos. La des-regulación ha exacerbado la corrupción masiva, no sólo entre los rentistas del clan de la clase gobernante sino también por su entorno inmediato de negocios.

El sistema de "tarjetas" de asistencialismo paternalista que ata a la clase media y baja a la clase dominante se han erosionado por las "reformas" neoliberales inducida desde el extranjero, que combinan la "moderna" explotación extranjera con las "tradicionales" formas vigentes de saqueo privado nacional. La clase dominante del régimen de clanes ya no puede confiar solamente en las lealtades tribales, clericales y clientelistas para contener a los sindicatos, estudiantes, pequeños comerciantes y los movimientos empleados públicos de bajos salarios.

La calle frente al Palacio

La "causa inmediata" de la revuelta árabe se centra en las contradicciones del sistema de economía rentista gobernado por la clase-clan y el cambio demográfico profundo. Las oligarquía gobierna sobre una masa de trabajadores jóvenes desempleados y subempleados que representa entre 50% y el 65% de la población menor de 25 años (Washington Blog, 2/24/11). La dinámica y "moderna" economía rentista no incorpora a los jóvenes de la nueva cultura a mundo laboral moderno, sino que los relega a los salarios más bajos y sin protección de la "economía informal" como vendedores callejeros, o empleados eventuales para delivery o personal de servicio. Para entrar en sectores ultra-modernos de petróleo, gas, bienes raíces, turismo y centros comerciales, se requiere padrinos a nivel político y militar respaldados en el clero tradicional o los líderes de clanes tribales, que están cobran su tajada pero nunca se "incorporan" al ámbito de la producción moderna. La moderna clase obrera urbana industrial tiene pequeños sindicatos independientes que están prohibidos. Las asociaciones civiles de clase media están o bien bajo control estatal o bien restringidas a hacer peticiones al estado absolutista.

El "subdesarrollo" de las organizaciones sociales vinculados a las clases involucrados en la actividad productiva moderna, significa que el eje de la acción social y política es la calle. Desempleados, subempleados precarios, y trabajadores informales, se encuentran en las plazas, quioscos, cafés, barras de la esquina, y mercados tradicionales, y se mueven por encima y por fuera de los centros del poder administrativo absolutista. La masa urbana no ocupa posiciones estratégicas en el sistema económico, pero está disponible para las movilizaciones de masas capaces de paralizar las calles y plazas por donde los bienes y servicios se transportan al exterior para la realización de beneficios. Igualmente importante, los movimientos masivos lanzados por los jóvenes desempleados proporcionan a los profesionales oprimidos, empleados públicos, personal de pequeñas empresas y trabajadores independientes, una oportunidad para participar en protestas sin ser objeto de represalias en sus lugares de trabajo disipando el "factor miedo" de perder el empleo.

La confrontación política y social gira en torno a los polos opuestos: las oligarquías clientelistas y las masas de la "calle árabe". Lo primero depende directamente del aparato militar y policial del estado, lo segundo de las organizaciones locales amorfas, informales, cara a cara, e improvisadas. La excepción es la minoría de estudiantes universitarios que se mueven por Internet. Los sindicatos industriales organizados entran en la lucha más tarde y en gran parte se centran en demandas económicas sectoriales, con algunas excepciones como el caso de las empresas públicas controladas por jefes "de confianza" de la oligarquía, donde los trabajadores exigen cambios en esa forma de gestión.

Como resultado de las particularidades sociales de las formaciones rentistas, los levantamientos no toman la forma de lucha de clases entre el trabajo asalariado y el capital. Surgen como revueltas políticas masivas contra el Estado oligárquico. Los movimientos sociales callejeros logran demostrar su capacidad para deslegitimar la autoridad del Estado, paralizar la economía, y puede llevar a la caída de los autócratas gobernantes. Pero por su naturaleza, los movimientos masivos callejeros pueden llenar las plazas con relativa facilidad, pero también dispersarse cuando los símbolos de la opresión son removidos. Al movimiento callejero le falta la organización y el liderazgo para proyectar, y más aún para imponer una nueva política u orden social. Su poder se encuentra en su capacidad para presionar a las elites e instituciones ya existentes, no para sustituir el Estado y la economía. De ahí la sorprendente facilidad con la que el ejército egipcio respaldado por EE.UU., Israel y la UE pudo tomar el poder y proteger a todo el Estado rentista y su estructura económica, mientras seguía mantenimiento los vínculos con sus mentores imperiales.

Convergencia de las condiciones y el efecto demostración

La propagación de las revueltas árabes en el norte de África, Oriente Medio y los Estados del Golfo es, en primera instancia, un producto de similares condiciones históricas y sociales: los estados rentistas gobernado por un clan familiar dependen de la renta del petróleo y el uso intensivo de capital y las exportaciones de energía, los oligarcas que limitan la gran mayoría de los jóvenes a las de las actividades económicas marginales informales "en la calle".

El "poder del ejemplo" o el "efecto demostración" sólo puede ser entendido por el reconocimiento de las mismas condiciones socio-políticas de cada país. La potencialidad de los movimientos de masa callejeros supone a la calle como el lugar de los principales actores económicos y la captura de las plazas como ejercicio del poder político y de demanda de proyectos sociales. Sin duda los éxitos parciales en Egipto y Túnez hicieron detonar los movimientos en otros lugares. Sin embargo, lo hicieron sólo en los países con un mismo legado histórico, las mismas polarizaciones sociales entre entre el clan rentisa gobernante y la mano de obra marginal de la calle y, sobre todo cuando los gobernantes estaban profundamente integrados y subordinados a las redes imperiales económicas y militares.

Conclusiones

La oligarquía rentista gobierna a través de sus vínculos con las instituciones financieras y militares de los EE.UU. la UE, con modernización de sus enclaves ricos y marginción de jóvenes de reciente formación, que son confinados a trabajos mal pagos e inseguros, especialmente en el sector informal, centrado en las calles de las ciudades capitales. Las privatizaciones neoliberales, la reducción de las subvenciones públicas (para la alimentación, subsidios de desempleo, servicios urbanos, gas, transporte, salud y educación) rompió el lazo paternalista a través del cual los gobernantes y las élites clericales y jefes tribales contenían el descontento de los jóvenes y los pobres. La confluencia de las clases y las masas, de lo moderno y lo tradicional, fue el resultado directo de un proceso de neo-liberalización desde arriba y la exclusión abajo. Las promesas de las "reformas" neo-liberales de que el "mercado" sustituiría con puestos bien remunerados de trabajo a la pérdida de los subsidios estatales paternalistas era falsa. Las políticas neoliberales reforzaron la concentración de la riqueza al tiempo que debilitaron los controles estatales sobre las masas.

La crisis económica del mundo capitalista llevó a Europa y los EE.UU. a reforzar sus controles de inmigración, eliminado una de las válvulas de escape de los regímenes, la fuga masiva de jóvenes cultos desempleados que buscan trabajo en el extranjero. La emigración ya no era una opción, las opciones se redujeron a luchar o sufrir. Los estudios demuestran que los que emigran suelen ser los más ambiciosos, los de mejor educación dentro de su clase y los que aceptan mayores riesgos. Ahora, confinados a su país de origen, con pocas ilusiones de oportunidades en el extranjero, se ven obligados a luchar por la movilidad individual en su país a través de la acción colectiva social y política.

Igualmente importante entre los jóvenes, es el hecho de que los EE.UU., como garante del régimen rentista, es visto como un poder imperial en decadencia: desafíado económicamente en el mercado mundial por China, enfrentado a la derrota como gobernante colonial de ocupación en Irak y Afganistán, y humillado como un siervo sumiso y mendaz de un cada vez más desacreditado Israel a través de su agentes sionistas en el régimen de Obama y el Congreso. Todos estos elementos de la decadencia imperial y descrédito de EE.UU. alientan a los movimientos democráticos a avanzar en contra de los clientes del imperialismo y reducen sus temores a que los militares de EE.UU. intervengan abriendo un tercer frente de guerra. Los movimientos de masas ven a sus oligarquías como regímenes de "tercer nivel": los estados rentistas sometidos a la hegemonía yanqui que a su vez está bajo la tutela sionista. Con 130 países en la Asamblea General de la ONU y todo el Consejo de Seguridad menos EE.UU. condenando la expansión colonial israelí, con Líbano, Egipto, Túnez y los nuevos regímenes que se avizoran en Yemen y Bahrein como promesa de una política exterior democrática, los movimientos de masas comprenden que todas las armas modernas y 680.000 soldados de Israel no sirven de nada frente a su aislamiento diplomático total, su pérdida de los clientes rentistas regionales, y el total descrédito del militarismo grandilocuente de sus gobernantes y sus agentes sionistas en el cuerpo diplomático de EE.UU. (Financial Times, 2/24/11, p. 7).

Las mismas estructuras socio-económicas y políticas que detonaron la protesta democrática de los movimientos de masas, los jóvenes desempleados y subempleados organizados de "la calle", ahora se enfrentan a un desafío mayor: ¿Puede esa masa amorfa y heterogénea convertirse en una fuerza organizada social y política capaz de tomar el poder del Estado, democratizar el régimen y, al mismo tiempo crear una nueva economía productiva para asegurar empleos estables y bien remunerados que hasta el momento no tienen en la economía rentista? El resultado político hasta la fecha es indeterminado: las fuerzas democráticas y socialistas luchan con los monárquicos, clericales y neoliberales empleados y financiados por EEUU.

Es prematuro para celebrar una revolución popular democrática...

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No debemos abandonar a nuestros hermanos árabes

Atilio A. Boron

La inesperada rebelión en el mundo árabe tomó a todos por sorpresa. Las satrapías del Magreb y Oriente Medio quedaron tan pasmadas como sus amos imperiales por la eclosión que se originó en un incidente relativamente marginal, más allá de lo terrible y doloroso que fue en el plano individual: la auto inmolación en la ciudad de Sidi Bouzid, Túnez, de Muhammad Al Bouazizi, un graduado universitario de veintiséis años que no encontraba trabajo y que decidió entregarse a las llamas porque la policía le impedía vender frutas y verduras en la calle.

Su familia requería de su ayuda y Al Bouazizi, un joven pobre, no quiso convertirse en uno más en la larga fila de jóvenes desempleados de su patria, o emigrar por cualquier medio a Europa. El terrible sacrificio de su protesta fue la chispa que incendió la reseca pradera de una región conocida por la opulencia de sus oligarquías gobernantes y la secular miseria de las masas. O, para decirlo con las palabras siempre bellas de Eduardo Galeano, lo que encendió “la hermosa llamarada de libertad” que prendió fuego al mundo árabe y que tiene al imperialismo sobre ascuas, para seguir con metáforas ígneas tan apropiadas para los tiempos que corren.(1)

La rebelión de los pueblos árabes tambien dejó en desairada posición a los expertos, los analistas y los periodistas especializados. Desnudó impiadosamente su charlatanería, y su papel de manipuladores de la opinión pública al servicio del capital. Una revista de tanta experiencia como The Economist, por ejemplo, fue incapaz de anticipar, en su último número del año pasado dedicado a presentar las previsiones y lo que se venía para el 2011, los acontecimientos que pocas semanas más tarde conmoverían al mundo árabe -y, por extensión, al equilibrio geopolítico mundial- hasta sus cimientos. Este fracaso reitera por enésima vez la incapacidad del saber convencional para predecir los grandes acontecimientos de nuestro tiempo. La ciencia política quedó boquiaberta ante la caída del Muro de Berlín y, más recientemente, la mismísima reina de Inglaterra le preguntó a un selecto núcleo de economistas británicos cómo fue posible que nadie hubiera sido capaz de pronosticar la actual crisis general del capitalismo.Sumidos en el estupor ante tan inesperada pregunta, formulada en lo que se suponía sería una serena velada meramente protocolar, los interpelados se limitaron a solicitar, atónitos ante el reproche, un plazo de seis meses para revisar su instrumental analítico e informarle a Su Majestad las razones por de tan deplorable desempeño profesional.(2)

El impacto sobre América Latina

No es casual, entonces, que los acontecimientos del mundo árabe hayan sumido en la confusión a buena parte de la izquierda latinoamericana. Daniel Ortega apoyó sin calificaciones a Kadafi; el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, a su vez, se declaró amigo del gobernante aunque por cierto que aclarando que tal cosa no significa –en sus propias palabras- “que estoy a favor o aplaudo cualquier decisión que tome un amigo mío en cualquier parte del mundo.” Además, prosiguió, “apoyamos al gobierno de Libia, a la independencia de Libia.” (3) Con sus declaraciones Chávez tomaba nota de la precoz advertencia formulada por Fidel ni bien estalló la crisis libia: ésta podría ser utilizada para legitimar una “intervención humanitaria” de EEUU y sus aliados europeos, bajo el paraguas de la OTAN, para apoderarse del petróleo y el gas libios. Pero de ninguna manera esta sabia advertencia del líder de la revolución cubana podría traducirse en un endoso sin reservas al régimen de Kadafi. No lo hizo Chávez, pero sí lo hizo Ortega. Como era de esperar, la descarada manipulación mediática con la que el imperialismo ataca a los gobiernos de izquierda de nuestra región torció el sentido de las palabras de Chávez y de Fidel haciéndolos aparecer como cómplices de un gobierno que estaba descargando metralla sobre su propio pueblo.(4)

En una esclarecedora nota publicada pocos días atrás en Rebelión Santiago Alba Rico y Alma Allende argumentaron persuasivamente que un erróneo posicionamiento de la izquierda latinoamericana –y muy especialmente de los gobiernos de Venezuela y Cuba- en la actual coyuntura del mundo árabe “puede producir al menos tres efectos terribles: romper los lazos con los movimientos populares árabes, dar legitimidad a las acusaciones contra Venezuela y Cuba y ‘represtigiar’ el muy dañado discurso democrático imperialista. Todo un triunfo, sin duda, para los intereses imperialistas en la región.” (5) De ahí la gravedad de la situación actual, que exige transitar un estrechísimo sendero flanqueado por dos tremendos abismos: uno, el de hacerle el juego al imperialismo norteamericano y sus socios europeos y facilitar sus indisimulados planes de arrebatarle a los libios su petróleo; el otro, salir a respaldar un régimen que habiendo sido anticolonialista y de izquierda en sus orígenes -como lo fue, por ejemplo, el APRA en el Perú- en las dos últimas décadas se subordinó sin escrúpulos al capital imperialista y abrazó y puso en práctica, sin reparos, las fatídicas políticas del Consenso de Washington y los preceptos de la “lucha contra el terrorismo” instituída por George W. Bush.

El mundo árabe: ¿revuelta, revolución, conspiración?

No creemos sea necesario detenernos a explicar las razones por las que hay que oponerse sin atenuantes ante la opción intervencionista de los Estados Unidos y sus partenaires europeos. Veamos, en cambio, cuáles serían los argumentos para evitar que esa correcta y no-negociable postura desemboque infelizmente en un respaldo a un régimen contra el cual se ha levantado en armas la mayoría de la población. Hay quienes argumentan que lo que está ocurriendo en Libia es apenas el “efecto contagio” de lo ocurrido en Túnez y Egipto y que no hay razones de fondo que justifiquen esta insurrección popular. De partida conviene recordar dos cosas: que las revoluciones son procesos dialécticos y no acontecimientos metafísicos o rayos que se descargan en un día sereno. En la génesis de la revolución francesa está un tumulto originado en una panadería en las inmediaciones de la Bastilla. Sabemos lo que ocurrió después. Segundo, que inevitablemente, los procesos revolucionarios son contagiosos. Eso es lo que enseña la historia. Recuérdese si no lo ocurrido con las revoluciones de la Independencia en América Latina, dos siglos atrás; o las de 1848 y las que tuvieron lugar, también en Europa, en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial y con el estallido de la Revolución Rusa en Febrero de 1917. Pero si en algunos sitios esos procesos prendieron y en otro no fue porque el contagio no opera en un vacío socio-económico y político sino que depende fundamentalmente de las condiciones internas de cada país. (6) Si la revolución de 1848 triunfó en Francia pero no en el Reino Unido fue porque en la primera el desarrollo de las luchas de clases creó las condiciones internas como para poner abrupto final a la restauración monárquica del orleanismo, mientras que nada de eso ocurría cruzando el Canal de la Mancha que, en esa misma encrucijada histórica, podía acoger sin ningún sobresalto a dos refugiados políticos como Karl Marx y Friedrich Engels. Y si después de la Primera Guerra Mundial la revolución triunfó en Rusia pero no en Alemania fue porque la propagación del fervor revolucionario, que impactó con mucha fuerza en la última, era condición necesaria pero no suficiente para garantizar el triunfo de la revolución, cosa que fue expresamente reconocida por Rosa Luxemburg en una de sus brillantes intervenciones poco meses antes de su vil asesinato. En otras palabras, la insurgencia que tiene por escenario a Libia fue indudablemente estimulada por las grandes victorias populares en Túnez y Egipto, pero nada hubiera ocurrido de no haber mediado los estragos que dos décadas de neoliberalismo produjeron en un país muy rico pero en el cual las clases populares apenas reciben unas pocas migajas de la colosal renta petrolera, los jóvenes carecen de perspectivas laborales y la crisis general del capitalismo clausuró la salida emigratoria que hasta hace pocos años quitaba presión al sistema al paso que elevaba extraodinariamente los precios de los alimentos. Por último, la tasa de mortalidad infantil –para hablar de un indicador muy sensible para medir el nivel de bienestar de una población- fluctúa según las diversas fuentes consultadas entre el 20 y el 25 por mil; es decir, unas cuatro o cinco veces superiores a la que se registra en Cuba y aproximadamente el doble de la de Brasil.

Lo mismo cabe decir acerca de la posibilidad de que lo que está ocurriendo en Libia sea obra de agentes del imperialismo. Pero ¿cómo olvidar que hasta el estallido de la revolución en Túnez Kadafi era elogiado por los jefes de estado de las “democracias capitalistas” como un gobernante, que se había despojado de sus viejas obsesiones, reconciliado con la globalización neoliberal y hecho las paces con sus antiguos enemigos, desde la Casa Blanca hasta el régimen racista israelí? No obstante, cuando éstos se percataron de que su trono estaba tambaleante y percibieron que Kadafi podía correr la misma suerte que sus homólogos en Túnez y Egipto los imperialistas modificaron velozmente su postura, se acordaron que Libia no era una democracia y que en ese país no se respetaban los derechos humanos –cosa que jamás les había preocupado en lo más mínimo- y haciendo gala de un inigualado cinismo se colocaron ruidosamente “del lado del pueblo” y en contra del hasta ayer razonable gobernante súbitamente reconvertido en inadmisible tirano. Pero, otra vez, la labor de esos agentes del imperialismo jamás podría haber desencadenado una insurrección tan impresionante como la de Libia –o las de Túnez y Egipto- si no hubieran existido las condiciones de fondo requeridas para que, desafiando la represión, las masas salieran a la calle dispuestas a derrocar al gobierno. Es decir, tal como lo anotara Lenin en varios de sus escritos, si los de abajo ya no querían y los de arriba ya no podían seguir viviendo como antes. Por otra parte, si los agentes del imperialismo tienen en sus manos la capacidad de hacer y deshacer revoluciones tendríamos que reconocer que nuestra lucha está de antemano condenada al fracaso. Afortunadamente no es así. Tampoco tiene mayor sentido aducir que fueron las “redes sociales” (Facebook y Twitter) las que provocaron la rebelión, arteramente orquestada por la CIA y los agentes del imperialismo. Para descartar esta hipótesis basta una sóla cifra: según las últimas estadísticas de las Naciones Unidas los usuarios de internet en Libia son apenas el 5.1 porciento de la población total. Eso mal puede explicar el multitudinario carácter de la rebelión del mundo árabe porque en Egipto y Túnez tanto como en Libia los internautas son una ínfima minoría de la población. Esas “redes sociales” pueden servir para facilitar la comunicación entre los activistas, pero no pueden desencadenar la insurgencia de las masas que, en su gran mayoría, jamás tuvo a su alcance un ordenador.

Kadafi y el neoliberalismo, de ayer a hoy

Llegados a este punto conviene preguntarse quién es Kadafi y qué representa. Vicenc Navarro ilustra con claridad el contraste entre el Kadafi “nasserista” de sus primeros años y lo que es hoy: “un dictador corrupto y enormemente represivo.” (7) Según Navarro, en 1969 y con apenas 27 años de edad el Coronel Kadafi lideró un golpe de estado, inspirado en la experiencia de Nasser en Egipto, y derrocó a la monarquía impuesta por el imperio británico después de la Segunda Guerra Mundial. Durante esos primeros años Kadafi puso en marcha una reforma agraria, nacionalizó el petróleo y algo más de doscientas empresas ( que se reorganizaron con una importante participación de los trabajadores en su gestión) al paso que introdujo algunas mejoras en la calidad y la cobertura de la salud y la educación. Un fuerte intervencionismo estatal y la nacionalización del crédito fueron otros rasgos de las políticas de aquellos años. “Kadafi presentó aquella experiencia” –anota Navarro- “como la tercera vía entre capitalismo y el socialismo, asociado entonces a la Unión Soviética.” (8) Ahora bien: ese es el Kadafi que persiste en el imaginario de importantes sectores de la izquierda latinoamericana. El problema es que se trata de una imagen completamente desactualizada, porque a partir de los años noventas el régimen líbico inicia un viraje que, pocos años después, situaría a ese país en las antípodas de donde encontraba en los años setentas. La tercera vía degeneró en un “capitalismo popular” –tardía reproducción de la consigna elaborada en los ochentas por Margaret Thatcher en el Reino Unido- y las nacionalizaciones comenzaron a ser revertidas mediante un corrupto festival de privatizaciones y aperturas al capital extranjero que afectó a la industria petrolera y a las más importantes ramas de la economía. No hay que equivocarse: Kadafi no es Nasser sino Mubarak. Un agudo observador de la escena magrebí, Ayman El-Kayman, describió con precisos trazos el itinerario de esta involución: “(H)ace casi diez años, Gadafi dejó de ser para el
Occidente democrático un individuo poco recomendable: para que le sacaran de la lista estadounidense de Estados terroristas reconoció la responsabilidad en el atentado de Lockerbie; para normalizar sus relaciones con el Reino Unido, dio los nombres de todos los republicanos irlandeses que se habían entrenado en Libia; para normalizarlas con Estados Unidos, dio toda la información que tenía sobre los libios sospechosos de participar en la yihad junto a Bin Laden y renunció a sus ‘armas de destrucción masiva’, además de pedir a Siria que hiciese lo mismo; para normalizar las relaciones con la Unión Europea, se transformó en guardián de los campos de concentración, donde están internos miles de africanos que se dirigían a Europa; para normalizar sus relaciones con su siniestro vecino Ben Alí, le entregó a opositores refugiados en Libia”. (9) Y cuando los pueblos de Túnez y Egipto se rebelaron, Kadafi se alineó con sus verdugos, coincidiendo en esta postura con las primeras reacciones de los líderes de las “democracias occidentales”, con Obama, Sarkozy, Cameron, Berlusconi, Zapatero y el régimen genocida de Netanyahu. Pero éstos, viendo que las sublevaciones populares se encaminaban hacia una victoria histórica, en pocas semanas pasaron de hacer cautelosas exhortaciones a sus matones regionales en apremios para que concedieran unas pocas reformas cosméticas a exigir imperiosamente que abandonasen el poder. Cuando el incendio llegó a Libia la burguesía imperial y sus representantes políticos vieron la oportunidad de sacar partido del previsible derrumbe de Kadafi impidiendo que sean las masas libias las que tomen el futuro en sus manos, sea mediante una “intervención humanitaria” que les permita apoderarse de Libia con el pretexto de detener el baño de sangre que el dictador promete a los sublevados o, en su defecto, alentar su partición, o desmembramiento, tal como lo hicieran en la ex Yugoslavia y como, sin éxito, lo intentaran en Bolivia en el 2008. Tal como Lenin, Gramsci y Fidel señalaron en repetidas ocasiones la derecha y las clases dominantes, por su larguísima experiencia de gobierno, aprenden muy rápido y reaccionan con fulminante rapidez ante una coyuntura como la que hoy caracteriza a Libia. Y si ayer apoyaban sin miramientos a Kadafi ahora tratan de sacárselo de encima cuanto antes y facilitar una “transición ordenada”, Hillary Clinton dixit , que organice la traición a las expectativas de las masas e instaure un simulacro democrático que permita que los imperialistas continúen desangrando a Libia y al mundo árabe en general.

En su presurosa conversión al neoliberalismo Kadafi abrió la economía a las grandes transnacionales, principalmente europeas. En una detallada nota Modesto Emilio Guerrero señala que a partir de 1999 los países occidentales comenzaron a dispensarle un trato muy especial, por tres razones que suenan como música celestial en los bolsillos de la burguesía (10): (a) es un muy buen cliente; (b) es un buen socio de sus empresas; (c) además es un estratégico proveedor de petróleo y gas. Buen cliente porque cuando se levantó el embargo de armas que pesaba sobre Libia (en Octubre de 1999) por su participación con -o complicidad en- acciones terroristas en diversos países, España, Italia, Inglaterra y Alemania se convirtieron en sus principales proveedores de las armas que luego Kadafi utilizaría contra su propio pueblo. Poco después unas 150 empresas británicas vinculadas a los negocios petroleros -entre ellas la British Petroleum, responsable principalísima de la destrucción del ecosistema marino en el golfo de México- se instalaron en Libia junto con Repsol, la francesa Total, la empresa italiana ENI y la austríaca OM para explotar el negocio de los hidrocarburos. Otras empresas, de estos mismos países y de Estados Unidos, participaron activamente en obras de infraestructura aparte de la ya mencionada venta de armas. Buen socio, además, porque a través de los 65.000 millones de dólares de que dispone la Libyan Investment Authority la familia Kadafi realizó importantes inversiones en la FIAT, en la petrolera italiana ENI y es accionista del Unicredit, el banco más grande de Italia. (11) También tiene acciones en el grupo económico Pearsons, editor del periódico ultra-neoliberal Financial Times. Varias grandes empresas alemanas y francesas cuentan también con la participación de capitales libios. Proveedor seguro, por último, porque,tal como lo expresara Silvio Berlusconi, el control del flujo migratorio “ilegal” procedente del Magreb y, más generalmente, de toda África, y el confiable suministro del petróleo líbico son servicios de extraordinaria importancia que los líderes de las democracias capitalistas no podían sino apreciar en toda su valía. El Presidente del gobierno español, José M. Aznar, su sucesor, Rodríguez Zapatero y el propio rey Juan Carlos de España rivalizaron con “il cavaliere” italiano y el premier británico y figura señera del “new labor” en cultivar la amistad del líder líbio, casi siempre con ribetes escandalosos.(12) En consonancia con estos cambios la relación con Washington experimentó un giro de 180 grados: en 2006 el Departamento de Estado quitó a Libia de la lista de países que apoyaban al terrorismo. Atemorizado por la Guerra del Golfo de Febrero de 1991 y aterrorizado al contemplar lo ocurrido en Irak desde 2003 y el destino corrido por Saddam Hussein, Kadafi sobreactuó su arrepentimiento hasta extremos que sobrepasaban lo ridículo al declarar una y otra vez su voluntad de ajustar la conducta de Libia a las reglas del juego impuestas por el imperialismo. Fue a causa de esto que en 2008 la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice pudo declarar que “Libia y Estados Unidos comparten intereses permanentes: la cooperación en la lucha contra el terrorismo, el comercio, la proliferación nuclear, África, los derechos humanos y la democracia.” (13) ¿Ante todo esto cabe entonces preguntarse: ¿Es esto el socialismo pan-árabe, preconizado en el Libro Verde del autoproclamado “líder y guía de la revolución”? ¿Es esta la política que debe hacer la Jamahiriya un “estado de las masas”, como Kadafi definió a su organización política? ¿Es Kadafi la contraparte magrebí de Chávez y Fidel? ¿Qué tiene que ver este régimen con los procesos emancipatorios en curso en América Latina, para no hablar de la revolución cubana?

¿Qué hacer?

¿Qué debe entonces hacer la izquierda latinoamericana? En primer lugar, manifestar sin ambages su absoluto repudio a la salvaje represión que Kadafi está perpetrando contra su propio pueblo. Solidarizarse, bajo cualquier circunstancia, con quien incurre en semejante crimen dañaría irreparablemente la integridad moral y la credibilidad de la izquierda de Nuestra América. El reconocimiento de la justicia y la legitimidad de las protestas populares, tal como se hizo sin vacilación alguna en los casos de Túnez y Egipto, tiene un único posible corolario: el alineamiento de nuestros pueblos con el proceso revolucionario en curso en el mundo árabe. Por supuesto, la forma en que esto se manifieste no podrá ser igual en el caso de las fuerzas políticas y movimientos sociales y, por otra parte, los gobiernos de izquierda de América Latina, que necesariamente tienen que contemplar aspectos y compromisos de diverso tipo que no existen en aquellas. Pero la consideración de las siempre complejas y a menudo traicioneras “razones de estado” y las contradicciones propias de la “real politik” no pueden llevar a los segundos tan lejos como para respaldar a un dictador acosado por la movilización y la lucha de su propio pueblo, reprimido y ultrajado mientras el entorno familiar de Kadafi y el estrecho círculo de sus incondicionales se enriquecen hasta límites inimaginables. ¿Cómo explicar a las masas árabes, que por décadas buscaron las claves de su emancipacipon en las luchas de nuestros pueblos y que reconocen en el Che, Fidel y Chávez la personificación de sus ideales libertarios y democráticos, la indecisión de los gobiernos más avanzados de América Latina mientras que toda la canalla imperialista, desde Obama para abajo, se alinea –aunque sea hipócritamente- a su lado?

Segundo, será preciso denunciar y repudiar los planes del imperialismo norteamericano y sus sirvientes europeos. Y además organizar la solidaridad con los nuevos gobernos que surjan de la insurgencia árabe. Los propios rebeldes libios emitieron declaraciones clarísimas al respecto: si hay invasión de los Estados Unidos, con o sin la (poco probable) cobertura de la OTAN, los insurrectos volverán sus fusiles contra los invasores y luego ajustarán cuentas con Kadafi, responsable principal de la sumisión de Libia a los dictados de las potencias imperialistas. América Latina tiene que apoyar con todas sus fuerzas la resistencia a la eventual invasión imperialista, conciente de que lo que hoy se está jugando en el Norte de África y en Oriente Medio no es un problema local sino una batalla decisiva en la larga guerra contra la dominación imperialista a escala mundial. El triunfo de la insurrección popular en Libia tendrá como correlato el fortalecimiento de las rebeliones en curso en Yemen, Marruecos, Jordania, Argelia , Barheim y la que hace tiempo se viene incubando en Arabia Saudita, amén de fortalecer la resistencia de los sindicatos y los movimientos sociales en Wisconsin, Estados Unidos, y en diversos países europeos, hoy víctimas preferenciales del FMI. Barheim es la sede de la Quinta Flota de Estados Unidos, con la misión de monitorear todo lo que ocurra en el Golfo Pérsico y sus inmediaciones; y Arabia Saudita un régimen totalmente sometido a la voluntad de la Casa Blanca y el gran regulador del precio internacional del petróleo y su adecuado abastecimiento al mundo desarrollado. Si el mapa sociopolítico del mundo árabe llegara a cambiarse, como esperamos que así sea, la geopolítica internacional vería modificada la correlación de fuerzas a favor de los pueblos y naciones oprimidas. Y América Latina, que desde finales del siglo veinte se colocó a la vanguardia de las luchas anti-imperialistas, habría por fin encontrado los aliados que necesita en otras regiones del sur global para seguir avanzando en sus luchas por la autodeterminación nacional, la justicia social y la democracia. Por eso, nuestra región no puede ni tiene el derecho a equivocarse ante un proceso cuyas proyecciones pueden ser aún mayores que las que en su momento tuvo el derrumbe de la Unión Soviética, y de un signo distinto, y cuyo desenlace revolucionario fortalecerá los procesos emancipatorios en curso en nuestra región. Abandonar a nuestros hermanos árabes en esta batalla decisiva sería un error imperdonable, tanto desde el punto de vista ético como desde el más específicamente político. Sería traicionar el internacionalismo del Che y de Fidel y archivar, tal vez definitivamente, los ideales bolivarianos. No podemos perder esta oportunidad.

Notas:
1) “Veo hipócrita el llamado a la paz cuando proviene de países que hacen la guerra”, en Cubadebate, 4 de Marzo del 2011.
2) Este episodio fue narrado en una entrevista que el autor de estas líneas le hiciera a David Harvey, en Septiembre del 2010. La entrevista será subida a la web y estará disponible, en una semana aproximadamente, en www.atilioboron.com
3) Cable de ANSA, 25 febrero 2011.
4) Sobre este tema ver. Raúl Bracho, “¿Y si todo es mentira?”, en Kaos en la red, 3 de Marzo de 2011.Y tambén Russia Today, “ Ejército ruso afirma que ataques aéreos contra manifestantes en Libia nunca ocurrieron”, en Kaos en la red, 4 de Marzo de 2011. El monitoreo satelital de las fuerzas armadas rusas no encontró evidencia de bombardeos aéreos sobre los manifestantes de Benghazi y Trípoli el 22 de Febrero. Pero, días después, sí los hubo en las cercanías de las instalaciones petroleras y militares del este del país, tal como lo reconociera Saif Al-Islam Kadafi a la cadena noticiosa de Al Jazeera. Según el hijo del líder libio, se bombardearon terrenos en donde no había población civil ni manifestantes. Enla citada entrevista admitió que las fuerzas de seguridad libias habían reprimido con armas de guerra a los insurgentes.
5) Santiago Alba Rico y Alma Allende, “¿Qué pasa con Libia? Del mundo árabe a América Latina”, en Rebelión, 24 Febrero 2011.
6) La literatura sobre la génesis estructural de la revolución en curso en el mundo árabe crece exponencialmente día a día. Ver, entre otros, James Petras “Las raíces de la revuelta árabe y las celebraciones prematuras”, en Rebelión, 6 de Marzo de 2011 e Ignacio Ramonet, “Cinco causas de la revolución árabe”, en http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=8ca803e0-5eba-4c95-908f-64a36ee042fd
7) Vicenc Navarro, “Gadafi, neoliberalismo, el FMI y los gobiernos supuestamente defensores de los derechos humanos” , en Rebelión, 2 de Marzo de 2011.
8) Ibid.
9) Alba Rico y Allende, op.cit.
10) Modesto Guerrero, “De las rebeliones árabes al indefendible Gadafi”, en Rebelión, 1 de Marzo de 2011.
11) Ver http://vocearancio.ingdirect.it/?p=18768
12) Sobre Tony Blair, ver “Day the LSE sold its soul to Libya”, en Daily Mail (Londres), 5 de Marzo de 2011, pp. 6-7
13) Reproducido en Alba Rico y Alma Allende, op. Cit.

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Revuelta árabe: ¿Cambiar para que siga igual?

Umberto Mazzei (especial para ARGENPRESS.info)

Las noticias sobre las rebeliones en los países árabes tienen un “no se que” de hollywoodiano. La trama dicha por la prensa es casi la misma. Gente joven se comunica por Internet, van a protestar en las plazas, se combate con la policía, el tirano huye y se asume que la tiranía colapsa. El villano es un personaje con décadas de poder y pocos años o meses de vida. La fuga del villano, según veredicto de la gran prensa, abre la senda hacia la democracia. La trama se le llama “revolución de jazmines”, una versión árabe de las revoluciones coloreadas en Europa Oriental. La única revuelta en que el villano no parece conocer el guión es la de Libia y es en la única en que Estados Unidos e Inglaterra hablan de invasión “humanitaria”.

La sombra de la CIA

La prensa cuenta que las revueltas en países árabes tomaron por sorpresa al gobierno de Washington y que ahora tratan de influir para que sean lo menos cruentas posible. Todos sabemos cuanto preocupa al gobierno norteamericano la sangre de los inocentes. Las revueltas según la prensa alternativa – no la otra- no parece que hayan sido una sorpresa. Se viene diciendo que tanto Ben Ali como Hosni Mubarak están enfermos y que en Washington hace un rato que se sabe. El ingreso de Ben Ali en un hospital saudita poco después de su llegada, parece confirmarlo.

Otros indicios de algún vínculo de las revueltas con Washington es que el director de la CIA, Leon Panetta, admitió en testimonio ante el Congreso norteamericano, que la CIA trataba de identificar los posibles “gatillos” (triggers) para alzamientos en países como Egipto (1). La misma nota nos informa que el Presidente Obama ordenó en agosto 2010 investigar las posibilidades de alzamientos en el mundo árabe y concretamente en Egipto. El resultado fue un informe de 18 páginas.

También es conocido que el Departamento de Estado, Freedom House y National Endowment for Democracy –NED- desde 2008 (2) vienen invitando grupos de jóvenes egipcios opositores, para impregnarlos de “valores norteamericanos” y entrenarlos en crear redes utilizando medios sociales de comunicación como twitter y facebook, que según proclama la prensa han servido para articular las revueltas.

Algo se anticipaba también en Francia. Justo antes de las revueltas en Egipto, Libia y Túnez hubo visitas de miembros del gabinete francés. El Primer Ministro Francois Fillon se fue a pasar navidades con su esposa …en Egipto. El Consejero Especial del Eliseo, Henri Guaino, hizo lo mismo…en Libia. El caso de más ruido fue el de la Ministro de Relaciones Exteriores de Sarkozy, Michelle Alliot-Marie. La veterana de tres gabinetes viajo a Túnez a fines de diciembre con su compañero Patrik Ollier, Ministro de Relaciones con el Parlamento. Llegó para comprar a nombre de sus padres – 94 años ella y 92 él- una parte en las empresas de Aziz Miled, un magnate tunecino socio del cuñado de Ben Ali. La noticia la publicó en febrero Le Canard Enchaîné y el escándalo la sacó del gabinete. Su compañero sigue.

¿Que cambió en Egipto?

“El Ejercito continua al mando, el General Mubarak se retira” es la verdad que hubiesen debido decir los titulares. En lugar de eso, dijeron cosas que fingen un cambio político, como “Mubarak renuncia y el ejercito asume el mando”. Pero señores, ¡El ejercito está al mando desde el golpe de julio de 1952! ¡Desde el golpe de los “oficiales libres” contra el rey Faruk!

Al rey Faruk lo sustituyó el General Muhammad Naguib, jefe formal del alzamiento. Le siguió su ideólogo y caudillo, el Comandante Gamal Abdel Nasser. Desde entonces los presidentes y gobiernos de Egipto los escogen y dirigen sus fuerzas armadas. Cuando el General Mubarak se retira y asume formalmente una junta militar, no hay novedad política sino continuidad.

Soldados de Fortuna

En 1979, el acuerdo de paz con Israel dejo a los militares egipcios con poco quehacer militar y mucho dinero. Reciben de Estados Unidos un tributo directo anual de 1.300 millones, para que se ocupen de otra cosa que no sea Israel. Eso desarrolló en 30 años un imperio mercantil que es propiedad de las fuerzas armadas de Egipto.

Según el San Francisco Chronicle (3) ese imperio abarca actividades en negocios diversas que van de la venta de extinguidores y equipos médicos a venta de computadoras, televisores, máquinas de coser, refrigeradores, hoyas y sartenes, gas butano, agua mineral y aceite de oliva. Según un cable filtrado, en 2008 el Embajador norteamericano en Egipto decía que “el gran papel de los militares en la economía egipcia generalmente obstaculiza las reformas para liberalizar mercados, porque hacen intervenir directamente el gobierno en la economía”. Añadía el Embajador que esas empresas suelen estar dirigidas por militares en retiro.

Las actividades estrictamente militares suman 2.440 millones y son el 3,4% del PIB egipcio. Sin embargo, muchas fuentes (4) estiman que los militares controlan un tercio de la economía egipcia y como sus empresas están exentas de impuestos, no revelan sus ingresos, que se presumen estratosféricos. Se sabe con certeza que hay 14 empresas bajo el Ministerio de Producción Militar (www.momp.gov.eg/Ar/Facts.aspx) cuyas páginas en la red ofrecen producto civiles. (5)

Hay otras empresas fuera del ministerio que desempeñan actividades inesperadas en un origen marcial, como “El Nasr Company for Services and Maintenance”, con 7.750 empleados, que en 365 localidades ofrece 18 tipos de servicios, entre ellos cuidado de niños y hospedaje de personal militar extranjero. Tiene ingresos por 40 millones de Libras Egipcias (€4,9 millones), según dice su pagina web ( www.queenserviceegypt.com). Como los militares egipcios prefieren la autonomía en la alimentación, pues tienen establecimientos agrícolas de toda índole y, naturalmente, hasta sus propias panaderías.

Esta multiplicidad de negocios hace pensar que a los militares egipcios les será difícil someterse a una autoridad civil surgida de unas elecciones. Es presumible que prefieren dejar las cosas como están.

¿Qué cambio en Túnez?

En Túnez tampoco se vislumbran cambios. Ben Ali se fue el 14 de enero 2011 y hasta el 27 de febrero siguió gobernando su primer ministro, Mohamed Gahnnouci. Ghannouci recién renunció, pero los cargos importantes del “gobierno provisional” siguen en manos de viejos ministros de Ben Ali. Cuando ese gobierno hace cambios, como el de remplazar al viejo gobernador del Banco Central de Túnez, es por Mustafa Kamel Nabli ¡Vaya augurio! Kamel es el antiguo jefe del departamento del Medio Oriente del Banco Mundial.

No parece ser un cambio que valga los 78 muertos – según el conteo oficial – asesinados por el gobierno durante las manifestaciones. No es algo que se pueda llamar una revolución; es que ni siquiera hubo un cambio de partido en el gobierno. Los instrumentos de control de los últimos 50 años siguen allí: la policía tunecina, el sistema de justicia y el partido RCD.

Con un gesto tardío, el RCD expulsó al fugitivo Ben Ali y alguno de sus socios más en vista, para marcar distancias. Una especie de coartada para los miembros del partido que aún ocupan las principales carteras ministeriales del “gobierno provisional”. El parlamento sigue con los misma mayoría integrada por miembros del RCD. La clase media parece alarmada ante la perspectiva de cambios radicales. La oposición está dividida y fracturada por años de represión e infiltración; hasta el grupo islámico Ennahda – cuyo lider Raschid Ghannouchi regresó de 22 años de exilio- respalda el gobierno provisional. Ya se habla de postergar las elecciones prometidas para julio.

Bahrain y Yemen

Poco espacio se dá en la prensa visual o escrita a las revueltas en Bahrain y Yemen, que parecen incitadas por los ejemplos televisados de Túnez y Egipto. En ambas protestas parece que el efecto será que los gobernantes tengan más conciencia de su dependencia de Estados Unidos para mantenerse en el poder.

Bahrain – sede de la V flota norteamericana - es una monarquía absoluta, con un millón de súbditos, cuya oligarquía es musulmana sunni y la mayoría del pueblo es musulmana shiita. No parece probable que suceda allí algún cambio trascendental.

Yemen sufre otra vieja dictadura -32 años- sostenida por Estados Unidos. Es un país de mucha importancia estratégica por su posición en el Mar Rojo y su vecindad con Arabia Saudita. Allí la represión de las manifestaciones puede que sea muy cruenta, como lo es la guerra civil que sigue en el norte, pero no será un caso que lleven al Consejo de Seguridad.

Libia

Desde que comenzaron las revueltas gattopardeanas en los países árabes, la movilización de los medios, la retórica del cambio y los pronósticos de contagio, me dejaron la sospecha de que el objetivo último del show era acabar con el Coronel Mouammar Kadafi en Libia.

El procedimiento para sacar a Kadafi recuerda el seguido para desintegrar Yugoslavia, sacar a Slovodan Milosevic y amputar Kosovo. La guerra yugoslava la iniciaron grupos separatistas organizados, entrenados, financiados por Estados Unidos. Hubo una campaña mediática contra Serbia y se habló de ataques aéreos, nunca confirmados, contra la población civil. La NATO decretó la exclusión de vuelos en el cielo serbio, como en Irak. Exclusión para serbios, porque la OTAN, con 600 aviones, entre el 24 de marzo y el 10 de junio, 1999, realizó unos 3000 ataques “humanitarios” con centenares de miles de toneladas de explosivos, en un ejercicio superfluo de matanza de civiles y destrucción de infraestructura civil.

Libia es de gran importancia energética y está gobernada desde hace 42 años por el Coronel Kadafi, un personaje pintoresco e imprevisible, que además gobierna sin cargo alguno. Aunque fue domesticado hace diez años, es más independiente que un Ben Ali o un Mubarak. Los europeos necesitan el petróleo libio y preferirían sustituir a Kadafi por un servidor joven y más obediente. Washington preferiría un títere del cartel petrolero, un Hamid Karzai, para controlar mejor el flujo energético hacia Europa. Por eso hay discrepancias sobre Libia.
El designio para Libia es crear una guerra civil, que sirva de pretexto para una ocupación. Una prueba es el anuncio a Kadafi de que será juzgado en el Tribunal Penal Internacional de la Haya, a la Milosevic. Eso lo obliga a luchar hasta vencer o morir. Las escuelas diplomáticas europeas enseñan la máxima romana “Al enemigo que huye, puentes de oro” (6) y es probable que en Washington la conozcan también. Ese anuncio incita a lo contrario, a morir matando.

Kadafi es una personalidad romántica: vive en una carpa, tiene guardaespaldas femeninas (7), exhibe un discurso socialista y son notorios sus regaños a los colegas dictadores en las reuniones de la Liga Árabe. Para alguien así, es coherente morir con las armas en la mano y evitar un final bochornoso. Las declaraciones del anterior Canciller Británico, William Hague, sobre la falsa fuga de Kadafi a Venezuela, además de hechas para atizar la revuelta en Libia, dejan entrever que Kadafi no tiene una larga lista de países dispuestos a recibirlo.

Los Estados Unidos y la Unión Europea saben que Kadafi dicta desde hace 42 años, montado en un entramado de lealtades tribales y personales, mejoras sociales y crecimiento económico, pero plagado de nepotismo, corrupción, declamación teatral y política exterior oportunista. Solo los cuatro últimos rasgos coinciden con los usos de las democracias oligárquicas.

Unas democracias acostumbradas a buenos negocios con Kadafi, como la venta de armas. Armas que - dicen ahora en el Consejo de Seguridad - puede que Kadafi use para reprimir la revuelta. Se habla en especial de ataques aéreos a la población civil; lo reporta Al Jazeera, pero no lo confirma con imágenes. Fuentes diplomáticas, en Libia, comentan que las noticias de Al-Jazeera son distintas en su versión árabe y su versión inglesa. La versión árabe no menciona ataques aéreos contra civiles, tal vez porque los libios hablan árabe. Los que hablan inglés tienen una flota en Bahrain, junto a Quatar, donde Al-Jazeera tiene la sede.

Los libios deberían reflexionar en la experiencia de las liberaciones humanitarias y las siembras de la democracia por obra de Estados Unidos y sus socios. Los sufrimientos, las muertes y la destrucción sucedidos en Irak y Afganistán hace que viejos enemigos se reconcilien con la memoria de Saddam Hussein y los talibanes.

Pensamiento final

El mundo se convencerá de que hay algún cambio democrático en Egipto cuando cese su complicidad en el lento genocidio de Gaza, se abra definitivamente la frontera en Rafah y su política exterior refleje la conocida solidaridad fraterna del pueblo egipcio con el pueblo palestino.

Notas:
1) New York Times. February 16, 2011: Secret Report Ordered by Obama Identified Potential Uprisings by Mark Lander
2) Asian Tribune, 11/02/2011. Manufacturing Dissent: U.S. covertly fermented uprising in Egypt to protect its interest by Daya Gamash (Asiantrbune.com)
3) San Francisco Chronicle, February 13 ; “Egypt’s military, an economic giant, now in charge” by Andrew Ross
4) Carnegie Endowment for International Peace, 23 February, 2011 : Egypt: How a Lack of Political Reform Undermined Economic Reform by Michele Dunne, Mara Revkin
5) Bloomberg, 15 February, 2011. Egypt Generals Running Child Care Means Transition Profit Motive By Cam Simpson and Mariam Fam
6) La frase original es Hosti non solum dandam esse viam ad fugiendum, sed etiam muniendam, de Escipion el Africano, vencedor de Anibal en Zana, entre Túnez y Trípoli; Frontino, Strategemata, liber IV, variis consiliis
7) Por algo Silvio Berlusconi es el único líder europeo que lo defiende.

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Amaestrados con calidad

Andrés Sarlengo (CONTRAPUNTOS, especial para ARGENPRESS.info)

Alvaro Marchesi es muy claro en sus reiteradas declaraciones: “El proceso debe empezar por los docentes. Los estudios internacionales señalan que la calidad de un sistema educativo es la calidad de sus maestros. A mayor calidad de los maestros, mayor calidad del sistema educativo. La apuesta fundamental en los maestros es la garantía de que la escuela mejore (1)”.

Marchesi, Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), también insiste acerca de las Metas Educativas 2021: “Hemos buscado alianzas con la sociedad, los sectores sociales, las instituciones, los grandes bancos internacionales, las empresas con responsabilidad social, las instituciones de cooperación. Y finalmente es un proyecto que ha estudiado el costo económico (100.000 millones de dólares) (…) Además es un proyecto participativo (1)”.

Como todo buen ilustrado propagandista Marchesi recae en el simplismo grosero. ¿Qué se entiende por calidad educativa? ¿Cuál es el currículum de una escuela mejor? ¿Acaso los banqueros y las empresas transnacionales van a tolerar que entre las nuevas competencias del siglo XXI estén las de producir por fuera del capitalismo?

Metas Educativas 2021 o reformas tras reformas István Mészáros es terminante: “La razón del fracaso de todos los esfuerzos anteriores, que se destinaban a instituir grandes cambios en la sociedad por medio de reformas educativas lúcidas, reconciliadas con la óptica del capital, consistía –y aún consiste- en el hecho de que las determinaciones fundamentales del capital son irreformables (2)”.

Por más nuevo humanismo que proponga la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) las políticas educativas nunca contradecirán los intereses de sus amos (3).

Tedesco, Sileoni, Rasino, Tiramonti, Bullrich o quien fuese… Mészáros vuelve a acertar: “Es esto lo que ocurre incluso cuando un reformista social y educacional esclarecido, que con honestidad intenta remediar los efectos alienantes y deshumanizantes del “poder del dinero” y de la “búsqueda de lucro”, a los cuales él deplora, no puede escapar al chaleco de fuerza autoimpuesto de las determinaciones causales del capital (2)”.

La calidad de los maestros que tanto cuestionan ciertos intelectuales como Marchesi es un mito que excelentes resultados le da a la plutocracia. A la hora de discutir sobre formación docente es preciso dialogar sobre ética y política. ¿Acaso los nuevos “valores y competencias (4)” que todo educador debe asumir irían a contrapelo del diseño curricular que la plutocracia pretende para sus educandos?

En una sociedad hegemonizada por los valores y las normas del capitalismo la “educación inclusiva” es una estrategia discursiva para generar consenso y reproducir las ganancias concentradas.

Como sentenció el periódico La Rebelión el primero de mayo de 1913: “El capital es trabajo acumulado, mejor dicho, es trabajo no retribuido a los productores de ayer, de hoy y de siempre (5)”.

Regresando al concepto de calidad educativa como sinónimo de maestros de calidad vale recordar lo que me respondió Darío Balvidares cuando lo consulté sobre la “formación profesional docente” pregonada desde la UNESCO y la IE (Internacional de la Educación). Balvidares subrayó: “Las “recomendaciones” de esa organización, las orientaciones que brinda incluso en lo que debemos ser los trabajadores de la educación son una pieza más del gran rompecabezas de la reforma educativa basada en una teoría económica de la educación en la que se enmarca la “modernización” del Estado; y no en una teoría social de la educación. Veamos, ¿qué es un docente profesional? En este contexto, un técnico capaz de aplicar las recetas pedagógicas y didácticas que no pensó. A los docentes lejos de la experiencia práctica de la investigación, nos convierten en facilitadores, en meros transmisores de lo que la reforma llama conocimiento socialmente significativo, hoy devenido en conocimiento socialmente productivo. La idea por la que muc
hos estamos trabajando es contra la disolución completa de las posibilidades intelectuales de la actividad docente. Es decir, dejar de ser un mero instrumento, una herramienta de mediación ideológica. Lo que implica que el trabajo docente se degrada en la reproducción de un cuerpo de conocimientos que otros, los “expertos” han decidido como socialmente significativos o productivos. Otra vez, se vulnera el cuerpo intelectual, el cuerpo crítico de los que estamos en las aulas. El eslogan: “los alumnos deben ser transformadores y críticos de la realidad” esconde la contradicción, puesto que los formadores estamos formateados, porque el programa, monitoreado por la UNESCO, concentra el diseño en un puñado de “expertos” que piensan el modelo político – pedagógico que los formateados debemos ejecutar. Si los formadores devenimos en meros ejecutores, difícilmente podamos formar críticamente a los estudiantes (6)”.

Coincidiendo, Laura Marrone asevera: “La jornada docente está pensada sólo para la hora de clase frente al alumno. El o la docente como un hacedor de acciones educativas, sin espacio para su reflexión, y que en general se pretenden resulten de la aplicación de formatos técnicos diseñados por especialistas (7)”.

Es más, hasta el “pragmático” de Mariano Narodowsky en La escuela argentina de fin de siglo escribió: “Se tiende a hiper-responsabilizar de la transformación educativa a los docentes. ¿De qué manera? Al ser la capacitación docente la principal estrategia de transformación (ya que en la inmensa mayoría de las provincias no se observa inversión en el mejoramiento edilicio ni en las condiciones laborales docentes ni en material didáctico, por ejemplo), está en manos pura y exclusivamente de los docentes llevar adelante las innovaciones. Si estas fracasan, ya se sabe de quién será la culpa (8) y (9)”.

En su artículo Nuevos mandatos María Beatriz Jouve es irónica y contundente:

“Sean creativos, pero cumplan con el llenado de planillas y rutinas.

No practiquen el asistencialismo, pero sean contenedores.

Eleven la calidad educativa, pero enseñen en galpones.

Formen sujetos críticos, pero no cuestionen.

Establezcan relaciones horizontales, en un sistema piramidal.

Desarrollen la imaginación, pero encarcelen sus ideas.

Enseñen a pensar, pero sean meros ejecutores.

Sean profesionales, y vivan como mártires de un magro salario.

Basen sus prácticas en los derechos humanos… hay un maestro asesinado (10)”.

En definitiva, la tan propagandizada calidad educativa (Desde Metas educativas 2021 hasta la FLACSO) es el nuevo mandato (progresismo resemantizado) que la plutocracia le ordena a las escuelas del Bicentenario.

Podrá o no tener razón Mijail Bakunin pero conviene citarlo: “Los profesores de la escuela moderna (…) se convertirán necesariamente, unos sin saberlo, otros con pleno conocimiento de causa, en los enseñadores de la doctrina del sacrificio popular a la potencia del Estado y en beneficio de las clases privilegiadas (11)”.

Me parece –en síntesis- que es fundamental comenzar a desentrañar ciertos mitos que incluso circulan en las voces de los docentes. Si es el Estado en alianza con las corporaciones e intereses privados quienes diseñan nuestras políticas educacionales (CTERA implicada); es contra ellos que debemos organizarnos y forjar una alternativa ética, política y pedagógica.

Al capital acumulado y su calidad educativa digámosle democracia y hombre nuevo.

Hay que echarse andar ante tanto simplismo grosero.

Notas:
1) Alvaro Marchesi: “La calidad del sistema educativo es la calidad de sus maestros”. ABC digital. 20/11/2010
2) La educación más allá del capital. István Mészáros. Siglo XXI Editores-CLACSO. Setiembre 2008.
3) Sistemas educativos inclusivos: la clave para promover sociedades igualitarias desde la UNESCO. Rosario3.com. 22/09/2010
4) Hay que apostar por una educación inclusiva. Entrevista a Alvaro Marchesi. Informador.com.mx. 19/11/2010
5) Citado en La Barcelona Argentina. Migrantes, Obreros y Militantes en Rosario. 1870-1912. Ricardo Falcón. Laborde Editor. Noviembre 2005
6) La democracia entre preguntas. Andrés Sarlengo. 2009.
7) La propuesta de Bullrich de atar salarios a capacitación y evaluación. Laura Marrone. Argenpress. 07/02/2011
8) Novedades educativas. Abril 1996.
9) Es interesante leer el concepto que Narodowsky da de pedagogo pragmático. Una definición de lo que con los años acabaría siendo él. Uno de los apartados de ese libro se titula: “Los docentes son intelectuales vigilados”.
10) ¿Se nace o se hace? Crónicas de una maestra. Ciudad Gótica. Julio 2009.
11) Citado en El anarquismo frente al derecho. Lecturas sobre propiedad, familia, estado y justicia. Grupo de estudio sobre el anarquismo. Colección Utopía libertaria. Invierno 2007.

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Entrevista a Alejandro Olmos Gaona: “Si seguimos con deuda seguiremos siendo una sociedad de esclavos”

Marcelo Paredes (ACTA)

Alejandro Olmos Gaona es especialista en el tema de la deuda externa. Asesor del presidente ecuatoriano Rafael Correa en la suspensión del pago de bonos de la deuda que llevó adelante ese país, es hijo del fallecido periodista Alejandro Olmos, cuya investigación sobre la deuda externa argentina culminó con un fallo favorable del juez Jorge Ballesteros, donde se reconoce su carácter ilegal, ilegítimo y fraudulento.

El Periódico de la CTA dialogó con el historiador quien propone investigar y auditar públicamente la deuda externa de nuestro país.

¿Qué procesos legales se llevaron adelante relacionados con la deuda externa argentina desde el retorno de la democracia?

Ningún proceso legal se llevó adelante, con excepción de la causa iniciada por mi padre en 1982, en el Juzgado Criminal y Correccional Federal No 2. En enero de 1984, el entonces Juez de la causa, Dr. Martín Anzoátegui, envió un oficio al Congreso de la Nación a los efectos de que tomara intervención en la pesquisa que se estaba haciendo. Con ese motivo los diputados justicialistas Adam Pedrini y Miguel Unamuno presentaron un proyecto de ley para crear una Comisión Investigadora. Durante varias sesiones tanto en diputados como en senadores se discutió la cuestión de la deuda, pero la mayoría radical impuso su criterio de que no había que investigar y sí renegociar las obligaciones.

Es importante señalar que en 1984, el ministro de Economía, Bernardo Grinspun, impulsó una auditoría de la deuda externa privada en el Banco Central y, como consecuencia de eso, el presidente del Banco, Dr. Enrique García Vázquez, dictó la Circular 340 donde se establecían las pautas para considerar aquella deuda no legítima. Hay que tener en cuenta que esa investigación era procedente, porque esa deuda privada había sido estatizada en 1982 a través de varias circulares del Banco Central.

¿Qué nombres de empresas revelaba?

La investigación iba demostrando que las deudas fueron contraídas por Renault, Bridas, Socma (grupo Macri), Impsa, Celulosa, Cogasco, Suchard, Cargill, Techint, Acindar, Papelera Río Paraná, Pérez Companc, Loma Negra, etc. Es decir, las empresas más importantes del país. Eran deudas fraguadas y no correspondían a obligaciones reales, entonces hubo que desarticular la investigación. Se fue Grinspun, se fue García Vázquez del Banco Central, y vinieron Sourrouille y Machinea, y en consecuencia, todo el trabajo de los auditores fue a parar al archivo y posiblemente se destruyó.

¿Cuál es el estado de las tres causas abiertas en la Justicia Federal?

Después del fallo dictado por el juez Ballesteros en julio de 2000, que yo he criticado mucho por sus falencias, por el sobreseimiento dictado en la causa y por la superficialidad del mismo, a pesar que es la única sentencia dictada en el mundo sobre este problema, existen 3 causas más: 1.- Iniciada por mi padre en 1992, para investigar el endeudamiento desde 1984 hasta la instrumentación del Plan Brady en 1993. 2.- La que yo iniciara, junto con Daniel Marcos, para que se investigara la deuda desde 1993, hasta el último canje de deuda hecho por Kirchner en el 2005. En esta causa que está incorporada a la anterior, he presentada una importante cantidad de documentos encontrados en el archivo de mi padre relacionados con la deuda privada, y también documentos referidos a la instrumentación del Plan Brady, además de haber prestado declaración en la misma 3.- La iniciada por Elisa Carrió, Mario Cafiero, Alfredo Bravo y Graciela Ocaña en el 2001 para que se investigara el megacanje hecho por Cavallo en el 2001.

¿Porqué cree que el Gobierno no impulsa una auditoría de la deuda externa como su par ecuatoriano?

En todos los canjes de deuda se pagan abundantes comisiones a los que intervienen, y posiblemente hay retornos muy sustanciosos que no se documentan, pero como es mi costumbre sólo hablo de lo que puedo probar, y en este caso creo que se trata de el extendido criterio del “no se puede” que está relacionado con aquello que planteaba Arturo Jauretche de la colonización pedagógica. Es decir, pensar con el pensamiento de otros, con las ideas de otros. El sistema financiero se maneja con esas pautas de pagar sin auditar ni cuestionar, y el consenso generalizado es que las mismas no pueden ser alteradas. Sí lo hizo el presidente Correa en el Ecuador, y ahí encontramos ilegalidades, ilegitimidades, delitos de acción pública, documentos extorsivos de los bancos, la complicidad del FMI, del BM y del BID en el endeudamiento para favorecer a los acreedores privados.

El Gobierno se apresta a pagar la deuda del Club de París con el visto bueno de la oposición consentida, dígame su opinión.

Es lo que mi buen amigo, el notable jurista Salvador María Lozada definiera como “el Partido de la Deuda” y sobre ese parámetro esa oposición coincide con el Gobierno en pagar al Club de París y llegar lo más rápidamente posible a un acuerdo. Pareciera que ignoran que parte sustancial de esa deuda fue contraída por la dictadura militar para sostener el régimen, lo que entraría en la categoría que la doctrina norteamericana indica como “Deuda Odiosa”, pero además hay deuda privada estatizada, que el Estado debería repudiar, y un caso concreto que he investigado y he aportado las pruebas correspondientes a la Justicia es la deuda con Holanda. Los peritos del Banco Central determinaron en el año 1985 que esa deuda no debía pagarse, porque había fondos no entrados al país, otros utilizados en operaciones especulativas, etc.

¿En qué quedó la supuesta política de desendeudamiento que iniciara el ex presidente Néstor Kirchner cuando pagó al contado la deuda al FMI por cerca de 10 mil millones de dólares?

La política de desendeudamiento de Kirchner, continuada por su esposa, es una ficción. La deuda con el FMI debió ser cuestionada porque esa suma fue fugada al exterior en el 2001 por 520 empresas y particulares, tal como lo demostró la Comisión Investigadora de Fuga de Capitales de la Cámara de Diputados en el 2002. Además, la Comisión de Evaluación independiente del FMI, determinó en el año 2003 que el FMI sabía de la fuga y su carta constitutiva y reglamentos le prohíben hacer ese tipo de préstamos. Por otra parte pagó al contado una deuda que generaba intereses del 5% y emitió bonos de deuda que compró el Gobierno de Venezuela con tasas de interés de hasta el 14%. Por supuesto, para justificar estas operaciones se dijo que de esa manera se terminaba con los condicionamientos del FMI, lo que no es cierto porque en ese momento no había acuerdos con el FMI que implicaran ese condicionamiento ya que Kirchner fue el Presidente que más le pago al Fondo. Además la deuda, si bien bajó globalmente casi un 20% en el 2005, ha vuelto a crecer y hoy tenemos un stock de deuda de más de 157.000 millones de dólares a lo que hay que sumar la deuda cuasi fiscal del Banco Central que llega a los 21.000 millones de dólares, deudas provinciales, de organismos públicos, etc.

¿A qué se debe la manipulación del INDEC?

Hay que tener en cuenta que cuando se hizo el canje en el año 2005 se canjearon bonos viejos por tres nuevos bonos, uno de ellos atado al crecimiento y otro al índice CER. De allí que ante el crecimiento de la inflación, lo que hubiera determinado un desmesurado aumento de los bonos en pesos ajustados por el CER, el Gobierno intervino el INDEC y ha modificado cifras para dibujar índices inflacionarios que cualquier ama de casa que compra sabe que no son ciertos y que han merecido las objeciones de las Facultades de Ciencias Económicas del país que prepararon un informe que el Ministro Boudou se negó durante meses a recibir. A esto hay que agregarle la capitalización de intereses durante diez años, que significará un aumento de más de 10.000 millones de dólares tal como lo estimaran Mario Cafiero y Javier Llorens. Lo que ocurre es que se miente con un total descaro, como por ejemplo con el último canje de los bonos que no habían entrado en la negociación del 2005. Claudio Lozano, en un excelente análisis, demostró que era un canje sin quita ya que si bien se hacía una quita del valor de los bonos por un lado, por el otro, con el cupón atado al crecimiento, capitalizado desde el 2005, se anulaba la supuesta quita.

¿Cómo impacta en los trabajadores y los sectores populares esta formidable hipoteca?

Impacta de manera notable, ya que la transferencia de recursos que genera la deuda impide cumplir con otras obligaciones que son más perentorias. De acuerdo al Presupuesto 2010 se determinó más dinero para el pago de deuda que para salud y educación. En el Presupuesto 2011, no aprobado por el Congreso, las cifras eran similares. Ahora, en el Decreto de Necesidad y Urgencia firmado por la Presidenta en diciembre prorrogando el Presupuesto 2010, se asignan 7504 millones de dólares para el pago de los servicios de la deuda, además de otros 7.500 millones de dólares para operaciones de crédito público. Si se ven los presupuestos del Estado se puede observar que el pago de la deuda es prioritario y esas sumas se sustraen a la administración del Estado que podría emplearla en generar puestos de trabajo, viviendas, hospitales, escuelas, etc. No se necesita ser muy versado para darse cuenta lo que se podría hacer con estos miles de millones de dólares que año a año se van del país.

¿De donde surgió su necesidad y cuál es el contenido de la carta abierta dirigida a la presidenta Cristina Fernández luego de la curiosa apreciación que ella hiciera sobre el carácter legítimo de las obligaciones a pagar por Argentina a los acreedores internacionales?

Cuando la Presidenta se refirió en forma irónica y soberbia a aquellos que hablaban de no pagar la deuda llegó a decir que este problema había que afrontarlo pagando, y que en la época de Alfonsín se perdió la oportunidad de cuestionarlo. En mi nota le hice ver primeramente la existencia de una serie de causas penales donde se investigaba la deuda, y un elemental respeto al orden jurídico y a la calidad institucional determinaba esperar los resultados de la causa para obrar en consecuencia. Un Gobierno no puede negociar lo que está siendo investigado por sus propios tribunales como un posible fraude. Después, le comenté que me llamaba la atención que el Gobierno de Kirchner y ahora el de ella, hayan replanteado toda la política de derechos humanos, hayan reabierto causas juzgadas, se hayan anulado indultos, y con la deuda nada se pudiera hacer, como si el sistema financiero tuviera una inmunidad que nadie se atreve a cuestionar. También le dije que me sorprendía que se pusiera tanto énfasis en el castigo a los culpables de las desapariciones de 30.000 personas y no se tomara en cuenta que la deuda ha producido más muertes que esas desde 1983 hasta hoy. La deuda sigue siendo intocable. Es indudablemente una posición que no se sostiene. Y tan es así que unas semanas después Oscar Parrilli, Secretario General de la Presidencia, me contestó en una amable carta donde elogia la investigación llevada a cabo por mi padre pero reitera que ya nada se puede hacer porque el Congreso nunca se ocupó del tema.

¿Qué pasaría si el país decidiera no pagar la deuda externa hasta no delimitar cuál es la legítima?

En un libro que escribí hace varios años, mostré con evidencias históricas que estas sombrías predicciones que se hacen si no se paga la deuda pública no tenían sustento alguno, pero un hecho reciente lo demuestra de manera acabada. Desde el default del 2001 hasta la reiniciación de los pagos en el 2006, no se pagó y no ocurrió ninguna catástrofe. Muy por el contrario, el país creció ante la falta de esas enormes transferencias por el servicio de la deuda. Cuando Correa dejó de pagar los bonos 2012 y 2030, en noviembre del 2008 -yo trabajaba para el gobierno ecuatoriano específicamente en ese tema de la suspensión de pagos- los mercados se asustaron, por supuesto, pero no tomaron ninguna medida, por la existencia de una auditoría que mostraba de manera contundente los mecanismos del fraude, y es por eso que sólo les interesó negociar y aceptar la propuesta que fuera.

¿Hay futuro si se sigue pagando sin beneficio de inventario la deuda?

En 1893, cuando se produjo una gran crisis de la deuda y el llamado “Arreglo Romero”, el Ministro de Hacienda, Juan José Romero, envió una nota a nuestro Ministro en Londres para que negociara con los acreedores pidiendo una moratoria de 10 años para los intereses. Como siempre, se había pagado deuda con deuda. Romero le decía con toda claridad que se abstuviera de pedir nuevos préstamos porque pagar deuda vieja con deuda nueva “era ir derecho a la bancarrota”. Eso es lo que han hecho nuestros gobiernos invariablemente y es lo que se sigue haciendo hoy. Se paga con dinero y además se emiten nuevos bonos para pagar las viejas obligaciones. Y al respecto me interesa destacar algo que siempre confunde y es esta distinción sobre deuda vieja y deuda nueva. La vieja sería la de la dictadura, la nueva la de los gobiernos democráticos, especialmente la de los de la década del 90. En la Justicia Federal hay pericias, testimonios de funcionarios del Banco Central, y numerosas evidencias que demuestran que la deuda de hoy es la misma deuda de la dictadura, reciclada a través de diversos mecanismos, con excepción de algunos préstamos específicos de organismos multilaterales.

¿Entonces?

Yo creo que no hay futuro porque tenemos una estructura económica sustentada en el permanente endeudamiento y eso significa priorizar al sistema financiero por sobre las necesidades de los trabajadores argentinos quienes son, en definitiva, los que crean la riqueza que otros se llevan. Esto es un sistema, el “sistema de la deuda” que responde a la lógica del usurero, que bien caracterizaron los maestros del Derecho Romano. El usurero no quiere que el acreedor le pague nunca, sino que permanentemente le pague intereses, y de esa manera lo tiene sometido y enganchado a sus continuas exigencias. Es como dijera un ilustre jurista de la Universidad de Roma, el Dr. Pierángelo Catalana: “la deuda es la esclavitud del tercer milenio”. Si seguimos con deuda seguiremos siendo una sociedad de esclavos, y no hombres libres como quisieron nuestros libertadores, que por eso lucharon y murieron.

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