Abel Samir (especial para ARGENPRESS.info)
Osama estaba considerado como el enemigo número uno de USA, y se le atribuía la organización de numerosos atentados contra los intereses norteamericanos, entre ellos, el atentado contra las torres del World Center en Nueva York. Algo que no ha sido probado y el mismo FBI consideró que no habían pruebas suficientes para responsabilizarlo. En la página de internet de esta organización federal, se le adjudican los atentados contra las embajadas de USA en Nairobi y Dar es Salaam ocurridas en 1998. Sin embargo, en esa página no se culpa a Bin Laden del atentado del 11 de septiembre. A pesar de eso, el presidente Bush se lo adjudicó y exigió a los talibanes que Osama fuese entregado a la justicia norteamericana. La negativa de ellos a esta petición basándose en que no había pruebas suficientes de la culpabilidad de Osama, fue lo que motivó a Bush a atacar a los talibanes y a invadir Afganistán.
Durante un tiempo Osama Bin Laden estuvo combatiendo a los norteamericanos junto a los guerrilleros Yijadistas (Yijad = Guerra Santa) que eran voluntarios de todo el mundo árabe, incluso había chechenos y otros de Europa. Fue buscado intensamente durante diez años y se puso precio a su cabeza. Su salud era delicada y no estaba en condiciones físicas para seguir viviendo y luchando en esas condiciones, por lo que hace como cinco años tuvo que refugiarse en Pakistán.
Dicen que Osama Bin Laden tenía al alcance de sus manos un Klashinkov, seguramente de fabricación rusa y una pistola Makarov fabricada en ese mismo país. No hizo ademán alguno de tomar las armas, no por temor a morir, y así debe comprenderlo todo yijadista y también los que le conocieron personalmente, sino porque había mucha gente en ese recinto que podrían perder la vida o ser heridos por las balas de los marines, bien entrenados en el arte de matar y muy alienados contra todo lo que supusiese ser un musulmán seguidor de ese moderno mameluco. Osama Bin Laden era el Jeque de una “organización” terrorista, si así puede llamársele a los que se ubican entre los que luchan por ideales, y que utilizan el atentado, como arma de lucha, que produce muchas muertes de seres inocentes. Los terroristas por esa razón son despreciados o condenados por una enorme humanidad que tiene por terrorista sólo a los individuos y a las personas organizadas fuera del ámbito estatal. No hace mucho el ejército de Israel invadió y atacó a los palestinos en Gaza y mató más de 1.400 personas, la gran mayoría civiles y entre ellos muchos niños pequeños. Y los soldados israelíes ejecutaban a las mujeres que salían de sus casas con las manos en alto. Y ni la ONU ni la OTAN se pronunció por estos crímenes terroristas. Los asesinos de la CIA tampoco son terroristas, son “patriotas” y buenos muchachos, que se ven obligados a torturar y a asesinar en el buen nombre de la patria burguesa y en defensa de todos los capitalistas norteamericanos. Y aunque lo dudemos, también luchan por mantener la paz mundial, paz para que los capitalistas puedan continuar con sus buenos negocios. También hacen atentados y asesinan a muchas personas, pero claro está, eso ya es un asunto legal, por tanto, no puede considerárseles terroristas ni asesinos, aunque muchos de ellos han asesinado a mansalva a activistas políticos, a representantes sindicales, a mujeres que luchan por la igualdad con los hombres. Y ellos terminan sus días con una buena pensión, gozando de su buena reputación, libres del alcance de la ley y viviendo en alguna playa de California o de Miami Beach escribiendo las memorias de sus crímenes. Y algunos de ellos, los que fueron marines, de vez en cuando se vestirán de uniforme de gala y lucirán un montón de medallas obtenidas por razones de diferente tipo y tendrán dificultad para moverse con semejante peso. Este “valeroso” asesino será condecorado, seguramente con la medalla del valor, pero tendrá que guardar silencio de por vida ante el temor a la represalia. Y allí se le acabará el valor. Morirá como un cobarde asesino, nada más y nada menos.
Los “valientes combatientes norteamericanos” sabían de sobra que allí no iban a encontrar gran oposición, si es que en realidad esperaban alguna, por tratarse de una casa particular y no de un cuartel de Al-Kaeda. Sabían que los guardias de esa mansión eran dos y que vivían afuera en una casita pequeña. Uno de ellos se llamaba Abu Ahmed y había sido delatado por Khalid Sheik Mohamed, un preso en la prisión ilegal que mantiene USA en Guantánamo, gracias a que los interrogadores de la CIA se entretuvieron y le dieron rienda suelta a sus depravados y malos instintos, mediante torturas y, entre estas torturas, le aplicaron el submarino (método de tortura utilizado por los marines, la CIA y sus aliados en los ejércitos sudamericanos, que consiste en sumergir a sus víctimas en un tonel lleno de agua, o de excrementos y orina y, a veces, de bencina), nada menos que 183 veces, cantidad que ahora han reconocido, si es que en realidad esta cifra no la han rebajado un poquito, para no ser declarados criminales psicópatas por los organismos internacionales de derechos humanos, que en el caso de USA no tienen efecto alguno. Ellos son inmunes a las organizaciones internacionales, incluso al tribunal internacional de la ONU. Pueden asesinar, torturar y hablar hasta los codos de los derechos humanos y acusar a medio mundo de ser tan depravados como ellos mismos, como las críticas que se hacen a China, pero ellos tienen el visto bueno de las otras potencias que prefieren hacerse los estúpidos y mirar hacia otro lado. Se trata de algo que se denomina la realpolitik, politiquería que supera los sentimientos humanitarios para reemplazarlos por los intereses de la clase gobernante y hacerse que no entienden lo podrido de la acción política o militar que proviene del amo de estos amos. Al menos debieran respetar lo que se estableció en el artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que prohíbe el uso de la tortura, de la crueldad o tratamientos degradantes con los prisioneros.
Viendo el “terrible peligro” que los amenazaba, tuvieron que actuar y le dieron muerte, aunque Osama no hiciese ningún movimiento en busca de sus armas. Si es que Osama hubiese tenido la intención de defenderse no habría estado tranquilamente sentado, sino que de pie y parapetado detrás de algún mueble o algo por el estilo, y claro, empuñando su fusil. Algo que lo hace cualquiera, hasta aquel que no ha combatido nunca, pero que desea morir matando. Y Bin Laden, era un hombre acostumbrado a la guerra, aunque en el momento de su muerte no se encontrase en el campo de batalla, sino en un caserón bien protegido contra los misiles norteamericanos. Sufría de los riñones y necesitaba de recurrir a la diálisis de vez en cuando. Y los aparatos de diálisis no existen en las montañas. El marine asesino de la unidad especial de los Navy Seals será condecorado por el “enorme valor” que demostró apretando el gatillo dos veces consecutivas contra un hombre desarmado. Seguramente que la adrenalina le había subido tanto que, entonces, con hurras a la marina y a su presidente (que combate valientemente desde un sofá felpudo de la Casa Blanca), realizó este crimen. Así ese presidente puede ahora aumentar sus votantes y tener un camino más expedito para seguir combatiendo desde ese mismo sillón que huele a Bush y otros presidentes que han degradado la especie humana. Ambos ahora se han convertido en héroes, son los nuevos héroes extractados de los comics. Uno por apretar el gatillo dos veces contra un hombre desarmado y el otro por haber dado la orden desde la tranquilidad de su habitación y sentado en el sillón felpudo gozando de alguna pieza de música y de un buen trago de wisky.
Dicen los informes sobre esa unidad, que sus integrantes eran sólo hombres, ya que las mujeres no serían tan valientes para ejecutar a un hombre desarmado: para eso se requiere, dicen, hombres con capacidad analítica y estratégica y gran coraje, como el que tenía Al Capone cuando ejecutaba a otros bandidos como él o a pequeños negociantes desarmados que se negaban a pagar por su protección. La acción de matar a un hombre desarmado es propia de los delincuentes o de los militares que tienen algo malo en su cerebro, que ahora se designa por psicópata. Sienta muy mal que la orden de asesinar venga de un hombre que, nada menos, ha recibido el premio Nobel de la Paz. En todo caso, este “valiente y sesudo” marine analizó en millonésimas de segundo las posibilidades de Osama y su súper veloz razonamiento le indicó que había que disparar, y no dar tiempo a que Osama ni siquiera llegase a meditar lo que iba a hacer, y no una sóla vez, en la cabeza, lo cual bastaba para darle muerte, sino otro disparo, esta vez en el corazón. Pero, no será que la orden que recibió era la de asesinar a Osama, ¿aunque estuviese desarmado y en estado de coma? ¿No se está faltando a la propia ley norteamericana que un hombre desarmado no puede ser muerto así nomás? No dicen las leyes que un hombre no es culpable hasta que no se pruebe eso en una corte y con derecho a defenderse y ser escuchado? ¿Era tanto el temor a ese hombre que había que asesinarlo sin darle los derechos que tiene todo hombre, incluso los delincuentes? ¿O no era un delincuente? Hasta el arzobispo de Canterbury, el primado de la iglesia anglicana, critica esta acción, porque ella no muestra un acto de la justicia. Si esta forma de accionar se acepta como normal, entonces ¿para qué se hacen las leyes? ya no son más que letra muerta y lo que impera es la ley de la selva. No tendría sentido los estatutos de la ONU. Matar a un prisionero desarmado no es una muestra de valor, al contrario, demuestra cobardía y una actitud criminal.
Misión cumplida dirá el soldado, misión cumplida dirá el jefe de la unidad de comandos y Obama estará satisfecho de que se haya cumplido su orden de asesinar a Osama Bin Laden, sin importar las circunstancias y tranquilo con la seguridad absoluta de no ser llamado por ninguna corte internacional a rendir cuentas por ordenar el asesinato de un hombre desarmado. Claro está que, lo que han hecho está considerado como delito. Asesinar a un preso o prisionero desarmado es un acto delictual en todas las leyes y en los tratados internacionales, incluso dentro de USA. Pero, ¿quién le pone el cascabel a la cola del gato? Parece ser que todos los gobiernos sometidos al amo de USA, hacen vista gorda, pensando quedar bien con el nuevo César, ya que éste se empieza a parecer un poco a Nerón.
Osama Bin Laden ha muerto, y de eso no puede haber ninguna duda. Sus seguidores ya lo reconocen así. Con su muerte, mueren también algunos mitos. El más relevante es que con su desaparición, Al-Kaeda desaparece también y con ello el terror, algo que me parece que es totalmente equivocado. Y eso lo dice el mismo Obama y muchos de sus adversarios, enemigos o simplemente analistas políticos. Pero eso no es más que una especulación sin base. El mito de que Al-Kaeda es Osama Bin Laden se estrellará contra la realidad. Surgirán otros Osama y lo explicaré más adelante.
Algunos articulistas dicen que con la muerte de Bin Laden se pone fin a una época. ¡Qué idea más descabellada y equivocada! Las épocas no cambian por la muerte o el nacimiento de un hombre. Son otros factores los que marcan el cambio de una época. Y entre ellos es la tecnología y la agrupación de las sociedades en entidades nuevas. Se puede matar al hombre, porque todos los hombres somos mortales, pero, ¿cómo matar las ideas de la época? Los hombres desaparecemos, pero las ideas quedan, al menos por mucho tiempo. ¿Cómo darle muerte a la causa que llevó a Bin Laden a la lucha terrorista, sin que se solucione las causas de su lucha?
Uno de los motivos o causa que llevó a Bin Laden a la guerra contra el Imperio y sus aliados estaba allí mismo en su país. Los soldados norteamericanos ocupando Arabia Saudita preparando la invasión de Irak. Para Osama, ellos estaban profanando su tierra. Y los que lo permitían, eran nada menos que la monarquía de su país, una monarquía corrupta hasta la médula de los huesos, cuya inmoralidad es conocida en el ámbito mundial. Hoy enfrentada a su propio pueblo que desea deshacerse de ella. Y que más temprano que tarde ha de caer bajo la presión de su pueblo. Osama había regresado a su país y fue considerado un héroe nacional, hasta que se hizo odioso por sus críticas a la corrupción y al apoyo hacia USA. Se le expulsó de su país y más tarde se le quitó la ciudadanía, cuestión que no está permitida en las convenciones internacionales, en especial en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, estipulado en el artículo 15. Esta medida no fue criticada por USA, que siempre manifiesta ser defensora de los derechos humanos, claro está, siempre y cuando pueda utilizar este argumento para tener ganancias políticas.
Se piensa que ahora USA y la OTAN retirarán sus tropas de Afganistán, cuestión que está por verse. Sí así ocurriese, el gobierno títere de Karzai no duraría lo que dura un día de lluvia. Y todos los muertos y heridos por parte de ambos bandos no habrían cumplido ningún objetivo. Sólo el matar por matar. Obama especula que la muerte de Osama y ciertos progresos en la guerra contra los talibanes será el punto final de Al-Kaeda. ¡Qué optimista! Un planteamiento fuera de toda realidad. Ni Al-Kaeda forma parte de los talibanes, ni los talibanes son Al-Kaeda. Son dos cosas distintas. Una es una organización político-militar y la otra es una red de yijadistas. No son lo mismo, sino que se complementan. Y actúan en diferentes esferas. Los talibanes no se han internacionalizado como los integrantes de Al-Kaeda. Si los talibanes fuesen totalmente derrotados en Afganistán, algo improbable por el momento, no por eso los yijadistas van a desaparecer. Obama piensa que la base de Al-Kaeda está en Afganistán. Es cierto que lo estuvo en una época, pero ahora se ha extendido a todo el mundo musulmán, incluso a países que están fuera de esa órbita. Sin querer ofender a nadie, diría que se han estado expandiendo como los virus mediáticos. Y usan todos los implementos modernos para acortar las distancias. Por eso me llama la atención que aun cuando en la casona de Osama hubiese computadores, no hubiese internet, ni siquiera internet móvil, ni teléfono. ¿Cómo entregaba entonces sus órdenes y sus planes? Y un plan es algo complicado, no sólo unas cuantas palabras. Se requiere de planos y otras cosas. Y me asalta una pregunta muy lógica: ¿es necesario u líder o un Estado Mayor para organizar atentados a nivel mundial?
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