jueves, 2 de junio de 2011

El papel imperial de Estados Unidos

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

Este artículo forma parte de un libro de próxima aparición sobre las teorías actuales del imperialismo.

Resumen

El imperialismo contemporáneo se sostiene en la protección internacional que brinda el gendarme norteamericano a todas las clases dominante. Estados Unidos actúa como un sheriff global para confrontar con la insurgencia popular y la inestabilidad geopolítica. Como la primera potencia garantiza la reproducción mundial del capital, obtiene un gran financiamiento externo acumulando desequilibrios, que serían inadmisibles para cualquier otro país. La supremacía del Pentágono determina la gravitación de Wall Street, el dólar y los Bonos del Tesoro.

El estado norteamericano ha internacionalizado su actividad, a través de instituciones que actúan de manera conjunta en la esfera nacional y mundial. Mantiene además, vínculos privilegiados con todas las elites del planeta y armoniza los intereses de las empresas locales y mundializadas.

La supremacía imperial se apoya en una ideología americanista de coerción, que diaboliza a los cambiantes enemigos y naturaliza el ejercicio de la violencia. Este imperialismo cultural se expande celebrando el mercado y exaltando el individualismo competitivo.

El americanismo tiene un doble sustento de belicismo e hipocresía. El uso de la fuerza y la búsqueda de consentimientos se alternan en función de cada coyuntura internacional. Las peculiaridades del imperialismo estadounidense obedecen a un origen no colonialista, que sustituyó el anexionismo por la presión militar y el sometimiento económico.

La efectividad de la superioridad militar estadounidense es dudosa. Existen crecientes contradicciones entre la voluntad, la tentación y la capacidad hegemónica, en un contexto de segmentación económica y fractura social. Cada acción desestabiliza, además, las relaciones de competencia y cooperación con los socios. El imperialismo contemporáneo afronta fuertes desfasajes. La superioridad militar coexiste con gran diversidad de competidores económicos y creciente dispersión del poder político.

El principal sostén del imperialismo contemporáneo es la intervención militar norteamericana. El gendarme estadounidense desenvuelve sus acciones a través de un sistema de bases militares (entre 700 y 1000), distribuidas en 130 países. Desde estas instalaciones resulta posible desplegar acciones bélicas coordinadas, en todos los rincones del planeta. La presencia global que asegura este dispositivo no tiene precedentes en la historia.

El sheriff del planeta

A pesar de contar con el 5 % de la población mundial, Estados Unidos maneja el 40% del gasto militar planetario. Este control indisputado de las fuerzas militares occidentales surgió del desenlace de la segunda guerra. El país emergió como una superpotencia vencedora, encargada de garantizar la supremacía capitalista sobre el adversario soviético. Desde ese momento todos los gobiernos norteamericanos han propiciado algún tipo de tensiones bélicas, frente a cada desafío de algún competidor.

Con esta finalidad priorizan el uso militar de las innovaciones tecnológicas y desarrollan una política de amenazas en el terreno atómico. Mediante estas presiones mantienen la superioridad bélica sobre sus viejos enemigos de la guerra fría y sobre cualquier contendiente potencial.

El militarismo norteamericano es amedrentador y se basa en una cultura de la violencia interna que se proyecta hacia el exterior. La tradición de conquistas fronterizas, el uso habitual de las armas, la privatización de la seguridad y la brutalidad del complejo carcelario signaron la historia de un país, que actúa como sheriff internacional.

Esta supremacía militar constituye un rasgo distintivo del imperialismo contemporáneo, en comparación al precedente clásico. Explica en gran medida la ausencia de conflagraciones inter-imperiales y el grado de asociación mundial de capitales.

La principal función del arsenal norteamericano es garantizar la reproducción capitalista en todo el orbe. Cumple una función de protección, que cuenta con el visto bueno de todas las clases dominantes. Estos sectores observan al garante estadounidense como un respaldo de última instancia, frente a la insurgencia popular o la inestabilidad geopolítica.

Este sostén se materializa en una red de alianzas, que le permite al Pentágono ejecutar sus acciones internacionales a través de organismos formalmente asociados (OTAN). Esas instituciones disfrazan el control norteamericano de las decisiones militares, mediante despliegues de efectivos con máscaras de neutralidad (Cascos Azules).

Este arrollador liderazgo bélico determina la influencia gravitante que ejerce Estados Unidos en los principales organismos internacionales (Consejo de Seguridad de la ONU). Otras instancias más informales (G 20) dependen también de las convocatorias y agendas, que establece la primera potencia.

El Pentágono y Wall Street

El sostenimiento financiero de la estructura militar norteamericana se internacionalizó en las últimas décadas. A diferencia de la posguerra, el complejo industrial-militar ya no cubre sus gastos mediante la recolección de impuestos internos. Como el resto de la actividad estatal, depende de la continuada absorción de los capitales externos, que solventan un déficit fiscal monumental.

La primera potencia socorre militarmente a sus aliados y garantiza la reproducción global del capital. Pero solventa su actividad con préstamos externos y necesita, por lo tanto, exhibir solidez bélica. Esta combinación de exigencias conduce a un reforzamiento constante de la apuesta armamentista, como única forma de asegurar la afluencia de capitales foráneos a la economía norteamericana. La colocación exitosa de bonos del tesoro exige una persistente sucesión de agresiones, que a su vez aceitan la financiación de nuevas matanzas.

Estados Unidos mantiene un lugar preeminente en la economía mundial. Sus empresas lideran numerosos sectores, se encuentran altamente internacionalizadas y comandan la innovación tecnológica. El país cuenta con una poderosa infraestructura, exporta productos alimenticios básicos y preserva el sistema financiero más gravitante del planeta. Pero a diferencia del pasado es también el principal deudor mundial y utiliza su abrumadora superioridad bélica para transferir desequilibrios a otros países.

Este mecanismo opera especialmente en el plano financiero. El potencial militar yanqui brinda seguridades a un sistema bancario de gran proyección internacional. Las entidades norteamericanas fijan las pautas globales no solo por su gravitación específica, sino también por la percepción de solvencia político-militar que transmiten al conjunto de los inversores. La confianza en el Citibank o el Bank of America está muy conectada con la credibilidad que trasmite el Departamento de Estado.

En este mismo cimiento se apoya también la capacidad del dólar para definir tipos de cambio, la incidencia de la Reserva Federal para determinar las tasas de interés y la influencia de Wall Street para fijar la tónica bursátil internacional. En los períodos de crisis esta función de garante del capital se acrecienta y los capitales temerosos emprenden vuelo hacia los refugios que ofrecen el billete, los bonos o las acciones norteamericanas.

Ningún otro país brinda a los capitalistas la dupla de garantías que genera la hermandad entre el Pentágono y Wall Street. En este campo, Estados Unidos detenta una ventaja mayúscula. La supremacía militar es un recurso de mayor impacto general, que la eficiencia de un banco o el rédito de una tasa de interés.

Solo el lugar imperial que mantiene Estados Unidos explica la inusitada absorción de capitales por parte de una economía con altísimo déficit comercial, desequilibrio fiscal, importaciones masivas y alto consumo. Ningún otro país podría sostener esta explosiva mixtura de desajustes.

Los desequilibrios norteamericanos han sido muy útiles para los proveedores y prestamistas del país. Pero han creado riesgosos desbalances, que exigen mayor confiabilidad político-militar en la primera potencia. Nadie vende a un comprador endeudado, ni renueva el crédito a un cliente en rojo, si el adquiriente no cuenta con alguna cualidad que justifique operar en la cornisa. El poderío bélico norteamericano es el principal atributo que explica esa continuidad, especialmente en las últimas tres décadas de neoliberalismo.

Un Estado internacionalizado

Estados Unidos desenvuelve un rol imperial por medio de un estado que protege a todas las clases dominantes del planeta. Ese organismo ha internacionalizado su actividad a lo largo del siglo XX, mediante una creciente simbiosis de organismos nacionales y globales. Esta combinación le permite intervenir directamente en la reproducción mundial del capital, mediante una red de instituciones que nunca operó en las potencias imperialistas precedentes. (1)

La articulación entre funcionamiento interno y coordinación externa se gestó durante la conversión de Estados Unidos en potencia dominante. Los principales organismos del país conectaron el monitoreo de la dinámica local con el sostenimiento del orden internacional e influyeron por esta vía para garantizar el desenvolvimiento global del capitalismo.

Este enlace es ampliamente visible en el terreno militar. En Washington se definen los movimientos ejecutados en bases marítimas y aéreas, que están localizadas en todo el planeta. La OTAN instrumenta las prioridades del Pentágono, la CIA espía a todos los gobiernos y los marines entrenan a efectivos de todos los países aliados. El manejo de casi la mitad del presupuesto bélico mundial conduce a una gestión simultánea de los gastos internos de seguridad y las erogaciones exteriores de defensa. La protección fronteriza está permanentemente combinada con la intervención planetaria.

Este protagonismo global del aparato estatal estadounidense se extiende a todas las áreas de la economía, mediante una administración global de la moneda, las finanzas y el circuito bursátil. La cotización del dólar, las definiciones de la Reserva Federal y el comportamiento cotidiano de Wall Street ejercen un impacto decisivo sobre la coyuntura internacional. Lo que decide un alto funcionario norteamericano afecta a los mercados internacionales.

Este empalme de gestión nacional e internacional en el seno de un mismo estado es más evidente en el terreno geopolítico. El visto bueno o el veto que Washington transmite a sus pares de otros países es siempre crucial. Ese poder puede observarse siguiendo la actitud de los legisladores republicanos y demócratas en el Congreso. En ese organismo se debaten iniciativas para el resto del mundo, con la misma naturalidad que se auspician reglamentos o leyes estadounidenses.

Esta misma postura adoptan los mandatarios norteamericanos a la hora de transmitir consejos, preocupaciones o exigencias a otros países. Frente a cada convulsión internacional, los medios de comunicación priorizan la divulgación de la opinión presidencial estadounidense. Este comportamiento es tan usual, que ya nadie se interroga sobre el carácter anómalo de esa reacción. El escenario inverso de un líder europeo, asiático, africano o latinoamericano opinando sobre lo que debería hacer el gigante del Norte es simplemente impensable.

La primera potencia ensambla intereses nacionales y mundiales, a través de una compleja estructura de asociaciones económicas, geopolíticas y financieras. Estas entidades vinculan al establishment norteamericano con sus colegas de otras regiones, aprovechando la prioridad que asignan las elites de todo el planeta a su relación con Estados Unidos.

La simbiosis nacional-mundial del estado norteamericano cobra forma a través de instituciones económicas (Tesoro, Reserva Federal, Departamento de Agricultura, nexos con el FMI y las multinacionales), militares (Pentágono, CIA, FBI) y culturales (fundaciones, universidades, embajadas). Mediante intensas disputas por cuotas de poder, recursos y personal, estos organismos definen las estrategias que deberán prevalecer en cada circunstancia internacional. Resoluciones decisivas para las marcha de los asuntos mundiales emergen de este proceso de selección de alternativas, al interior del aparato estatal norteamericano.

En los períodos de estabilidad, las disidencias que suscita la adopción de estas políticas permanecen en las sombra o se concilian mediante fórmulas de consenso. Por el contrario, en las coyunturas críticas, las desinteligencias emergen a la superficie y son expuestas públicamente por la prensa, para zanjar la primacía de las orientaciones en disputa.

Este tipo de controversias no guarda el menor parentesco con la vigencia de la democracia, puesto que el debate busca desentrañar la efectividad de las distintas estrategias imperiales. En las discusiones sobre la forma de dirimir una guerra (Vietnam, Irak, Afganistán), nunca se contemplan los intereses genuinos del pueblo estadounidense.

La estructura estatal norteamericana conjuga en forma inédita, la coordinación externa con la cohesión interna. Al cabo de un largo proceso de internacionalización, ese organismo articula el poder nacional con la intervención mundial. Esta acción toma en cuenta también la necesaria convivencia de las empresas locales con las firmas globalizadas. El primer grupo prioriza el desenvolvimiento del mercado interno y el segundo los negocios foráneos.

Ambas fracciones tradicionalmente protagonizaron tensiones, que se reflejaron en políticas de mayor aislamiento o intervención mundial. Desde la posguerra el balance de fuerzas se ha inclinado a favor del segmento globalizado, pero sin neutralizar por completo la resistencia de sus oponentes. Los grupos mundializados actúan dentro de un aparato de raíces locales y amoldan los requerimientos de la acción imperial a esa estructura nacional-estatal.

El impacto del americanismo

Un importante cimiento de la supremacía imperial estadounidense se localiza en el plano ideológico. La justificación americanista del intervencionismo irrumpió en la posguerra, cobró importancia durante la guerra fría y se ha renovado en las últimas décadas. Renueva los mitos que inicialmente contraponían el bienestar y el pluralismo del “mundo libre”, con la escasez y el totalitarismo del “comunismo”. Este contraste entre felicidad norteamericana y pesadumbre soviética endulzaba un estilo de vida occidental, que debía defenderse con la fuerza de las armas.

Estas acciones no tenían el mismo alcance en cualquier punto del planeta. Implicaban cordialidad, complicidad y conveniencia con los aliados de la triada y violencia extrema en el Tercer Mundo. El americanismo ganó influencia mediante este doble parámetro de consideración hacia los socios y brutalidad frente a los enemigos. El consentimiento hacia Europa y Japón permitió concentrar las presiones sobre el bloque soviético y la periferia.

Estados Unidos naturalizó la acción militar para sostener la ilusión de una vida agraciada, mediante la perdurable sociedad que estableció el Pentágono con Hollywood. De este matrimonio surgió la imagen misionera de los marines, como salvadores de una civilización amenazada por cambiantes enemigos. El Departamento de Estado modificó periódicamente la fisonomía racial, idiomática y nacional de los adversarios a penalizar por parte de la sociedad occidental.

Ese relato presentó a la guerra como un devenir inexorable, que requiere heroicidad y patriotismo para alcanzar objetivos supremos. La invasión de países y la masacre de inocentes fueron ocultadas y la violencia se convirtió en un acontecimiento banal. Quedó naturalizada su aceptación como dato invariable, mientras millones de espectadores asimilaban el escenario bélico por repetición audiovisual.

El americanismo es una ideología directamente asociada con la coerción, que disuelve su contenido en la fascinación creada por las imágenes. Esta anulación de la razón, los afectos y el sentido, permite trastocar los enemigos diabolizados. Un día son comunistas, en otro momento son los talibanes y a la semana siguiente le toca el turno a los narcotraficantes.

La americanización del mundo fue logrado mediante la exportación de las mercancías culturales, que comercializan Hollywood, Disney o CNN. Estos productos multiplicaron consumos mediáticos, que sustituyeron los imaginarios tradicionales divulgados por las familias, las iglesias y las escuelas. Cuando este espectáculo se transformó en un negocio comparable a cualquier mega-actividad industrial o financiera, el imperialismo cultural consolidó su influencia, Las audiencias masivas dependientes de la publicidad crearon una masa internacional también sometida al mensaje militar estadounidenses.

A esta penetración contribuyó la universalización del inglés, como idioma de grandes imperios del siglo XIX y XX y como lengua franca de los grupos dominantes. Una variedad mayúscula de individuos provenientes de incontables nacionalidades comparten culturas, entretenimientos, sensibilidades y pautas de consumo definidas en Nueva York, Los Ángeles y Chicago. Esta familiaridad corona, a su vez, la cooptación educativa de estos sectores a los centros académicos norteamericanos. Allí se generan perdurables relaciones de intercambio, dependencia financiera y autoridad intelectual con las universidades del Norte.

El americanismo prosperó también como ideología imperial por su exaltación acrítica del capitalismo en estado puro. Este mensaje es compartido por todas las clases dominantes del mundo, que ponderan el contractualismo espontáneo, las ventajas de la desigualdad social y los méritos de la colonización mercantil de todas las áreas de la vida social.

La empresa es adulada como un campo de cristalización del talento, que permite desplegar el espíritu aventurero de los inversores y la creatividad de los gerentes. Este elogio de la firma es complementado con una veneración del individualismo, como virtud suprema de la personalidad. La acumulación es vista como una larga travesía de capitalistas heroicos, que en el pasado construyeron industrias y en la actualidad forjan redes informáticas. Este progreso es atribuido al reinado del mercado y al ansia de superación, que despierta la competencia por el beneficio.

El americanismo protege estos valores. Generaliza un clima de amenaza latente y consiguiente necesidad de contrarrestar la acción de los enemigos de la libre empresa. Para neutralizar este peligro hay que desplegar marines y bombardear poblaciones ignorantes, que obstruyen el florecimiento de los negocios. Sólo la afinidad burguesa hacia este mensaje explica la internacionalización de una ideología de basamento norteamericano.

El origen estadounidense de esta cosmovisión no es casual. En ningún otro país del mundo florecieron con tanta intensidad los patrones culturales del capitalismo. Sólo allí se forjó una tradición de celebración irrestricta del mercado, bajo el impacto de corrientes inmigratorias heterogéneas, que fueron tentadas por el sueño americano. Este desarraigo facilitó la generalización de creencias en el rápido ascenso social, la primacía del egoísmo competitivo y la ruptura con las costumbres ancestrales de la cooperación solidaria. Los esquemas narrativos simplificados de deslumbramiento capitalista que se desarrollaron en esta sociedad se transformaron en la ideología del imperialismo contemporáneo. (2)

Esta función también obedece a la obsolescencia del viejo discurso colonialista, que reivindicaba la captura de territorios como actos sublimes de nobles misioneros. La opresión de los nativos estaba naturalizada y se identificaban la demolición de la vida local con la superación de la ignorancia. Esa ideología postulaba la superioridad del hombre blanco e impulsaba (con estandartes euro-centristas), la limpieza étnica de poblaciones esclavizadas.

Como las potencias guerreaban entre sí, el desprecio hacia los aborígenes era complementado con fuertes reivindicaciones chauvinistas. Los ingleses justificaban su belicosidad con argumentos de supremacía aristocrática, los franceses con tradiciones de liderazgo cultural y los alemanes con teorías de pureza racial. Cada imperialismo promovía su expansión, alegando alguna virtud singular de su identidad nacional.

El americanismo sustituye esa exaltación de una comunidad occidental frente a otra por un ensalzamiento general del capitalismo. Reemplaza el mensaje colonial por una vacua veneración de la libertad, buscando suscitar identificaciones emblemáticas con los ideales de bienestar y democracia.

Las causas de la excepcionalidad

El americanismo tiene un doble sustento de belicismo e hipocresía. El primer componente estigmatiza al enemigo y el segundo pondera los derechos humanos. Estos pilares provienen de una tradición que combina ambos lenguajes. Los códigos guerreros se inspiran en la política de invasiones que practicó Theodore Roosvelt y la retórica de la convivencia se nutre del legado presbiteriano-liberal de Woodrow Wilson. Lo más común ha sido el pasaje de un discurso al otro, para motorizar la misma maquinaria. En algunos casos se recurre al garrote y en otros al consenso internacional.

Las posturas de vaquero y cruzado religioso corresponden habitualmente a los intereses directos de la industria petrolera y de los contratistas militares. Las exhortaciones pacifistas están en manos de los diplomáticos y los académicos del establishment. Con mutaciones permanentes de ambos sectores se implementan las acciones imperiales.

Los belicistas no ocultan su racismo, ni su desprecio por las minorías oprimidas y utilizan los emblemas misioneros de un país, que consideran destinado a custodiar los valores del mundo libre. La vertiente opuesta pondera las normas constitucionales, enaltece la convivencia y presenta las incursiones militares como actos obligados de contención de enemigos impiadosos. Con esa ideología universalista se difunden actitudes altruistas de auxilio al resto del mundo. Se supone que todas las acciones están motivadas por el idealismo y no incluyen expectativas de retribución por los sacrificios realizados.

Los belicosos predominaron durante las gestiones de Reagan y Bush. Impusieron el retorno explícito de la coerción y la exhibición de fuerza militar, sin muchas consideraciones morales. Reintrodujeron reivindicaciones imperiales explícitas y llamados a ejercer la supremacía global sin ningún tipo de prevenciones.

Los liberales, en cambio, encabezaron los gobiernos de Carter, Clinton y lideran actualmente la administración de Obama. Difunden discursos amigables y promueven un ejercicio de la dominación consensuado con los socios del Primer Mundo. Ensayan una combinación permanente del uso de la fuerza con la búsqueda de consentimientos.

El doble sustento de estas políticas exteriores en gran medida obedece al origen histórico no colonialista del imperialismo estadounidense. Esta peculiaridad se verifica en la forma en que ha sido definido por distintos autores. Algunos subrayan su carácter informal (Panitch) y otros su desenvolvimiento no territorial (Callinicos), siempre distanciado de los patrones clásicos de dominación (Petras). Destacan su prescindencia de colonias fuera del entorno próximo (Wood) y su desapego de los protectorados (Hobsbawm). (3)

Estas peculiaridades se extienden incluso el sistema internacional de bases militares. Estas instalaciones implican una ocupación restringida de territorios y una sujeción política acotada de las zonas aledañas. El imperialismo norteamericano ejerce su control miliar del planeta, sin arrastrar las rémoras del expansionismo europeo de ultramar. Se forjó extendiendo su radio territorial, con muchas anexiones fronterizas y pocas colonias.

El período inicial de establecimiento de dominios directos fue relativamente breve, en comparación a la norma de sometimiento económico que prevaleció desde la posguerra. Por esta razón, las exhibiciones de voluntad conquistadora siempre estuvieron sucedidas por engañosos reconocimiento de la soberanía ajena. La coerción militar mantuvo un equilibrio con las presiones políticas y los imperativos económicos.

Estos mecanismos imperiales se ubicaron en las antípodas del anexionismo, que intentó por ejemplo practicar el nazismo alemán. Los propósitos de conquista norteamericana siempre estuvieron encubiertos con defensas retóricas de la auto-determinación nacional.

El contraste más llamativo es con el precedente británico. Estados Unidos retomó primero el modelo semicolonial, que los ingleses habían ensayado en América Latina, concediendo autonomía política para jerarquizar el sometimiento económico. Cuando la primera potencia alcanzó su status dominante pleno, abandonó todos los vestigios de ese esquema. Esta política es muy distinta a la orientación que mantuvo su antecesor hasta último momento en la India, África u Oriente.

Estas diferencias obedecen a las condiciones en que actuaron ambas potencias. Gran Bretaña se vio obligada a salir rápidamente al exterior para colocar sobrantes industriales, importar materias primas y asegurar su preeminencia financiera ante los rivales. En cambio Estados Unidos forjó su dominio a partir de una base territorial propia de gran extensión. No emergió de una localización pequeña (como Holanda o Portugal), ni mediana (como Gran Bretaña o Francia), sino del enorme asentamiento que poblaron torrentes masivos de inmigrantes.

El gigante del Norte contó con un margen temporal suficiente para ampliar primero su frontera agrícola y desenvolver posteriormente un vasto mercado interno. Siguiendo el mismo ritmo erigió una industria protegida y una banca poderosa. Cuando maduró su retaguardia salió a la conquista plena del mundo.

Estados Unidos pudo expandirse primero en un territorio maleable y diversificado. Desenvolvió un modelo económico auto-céntrico (ligado al mercado interior) y no extrovertido (dependiente del mercado mundial). Luego del triunfo del Norte en la guerra civil apuntaló el proyecto proteccionista contra las tendencias librecambistas del Sur. De allí emergió una solidez industrial, que posteriormente reforzaron las grandes corporaciones, actuando en un mercando integrado con formas de organización vertical.

De este esquema surgió una economía imperial más consistente que el modelo británico de empresa mediana especializada y altamente dependiente de los abastecimientos y mercados externos. El país fue además poblado por inmigrantes atraídos por la movilidad social y desarraigados de todo pasado no mercantil.

Estados Unidos consolidó una superioridad militar que Gran Bretaña no alcanzó siquiera, durante el esplendor victoriano. El dominio bélico norteamericano supera desde la posguerra al logrado por su antecesor en 1830-70. Incluye un control del espacio mucho más significativo que el manejo precedente de los mares. Se apoya en una supremacía global y no debe lidiar con amenazas permanentes de los rivales. El secreto de su dominación radica, en última instancia, en la aptitud para comandar un imperialismo acabadamente capitalista, en la madurez de este sistema.

Capacidad y efectividad

Estados Unidos mantiene una aplastante superioridad militar, pero la efectividad de ese predominio es cada vez más dudosa. El uso de la fuerza está sometido a limitaciones, que generan muchas preguntas sobre la capacidad real de la primera potencia para ejercer el poder global.

Algunos autores retoman distintos estudios que distinguen tres variables: voluntad, tentación y capacidad hegemónica. Evalúan con estos criterios, la fuerza real que puede desplegar el gigante del Norte. Las dos primeras intencionalidades emergen a la superficie cotidianamente, pero su concreción está sometida a crecientes interrogantes. (4)

Estados Unidos ha perdido la superioridad económica contundente que sostenía inicialmente su primacía militar. La productividad y competitividad industrial norteamericana han caído significativamente, en comparación a los promedios de posguerra. Los cimientos del poder se han invertido y en la actualidad las ventajas militares compensan el deterioro económico. La supremacía estadounidense ya no presenta el carácter absoluto e integral que exhibía en la primera mitad del siglo XX.

Este cambio no implica declinación absoluta. Expresa un proceso de reorganización productiva y financiera, que ha segmentado la estructura económica norteamericana. Los sectores internacionalizados ganan espacio en desmedro de las ramas que operan exclusivamente para el mercado interno.

El avance de las empresas mundializadas a costa de las empresas que sólo actúan en el plano local es muy significativo. Los segmentos globalizados que desenvuelven actividades enlazadas con el mercado mundial (aeronáutica, computadoras, electrónica, finanzas) han desplazado a las franjas puramente domésticas. Este viraje produce una fuerte regresión industrial de los sectores y localidades atados a la vieja configuración interna. (5)

La prosperidad de las compañías que actúan en el exterior se afianza a costa de las empresas que han quedado fuera de esa carrera. Por esta razón, las ganancias que receptan el primer tipo de firmas supera ampliamente al promedio nacional y acapara el grueso de los beneficios obtenidos durante la era neoliberal. (6)

La localización externa de estas compañías y su fuerte internacionalización productiva tiene un correlato directo en la mundialización de las finanzas. Los ingresos financieros que obtienen las entidades a través de negocios internacionalizados son también más elevados que las ganancias generadas dentro del país.

Las consecuencias de esta segmentación de la economía sobre el ejercicio del poder imperial son muy inciertas. Pero es evidente que incentivan un despliegue más vasto de intervenciones políticas y militares mundiales, acorde al salto consumado con la globalización económica. Habrá que ver cuál es la factibilidad real de estas acciones.

Estados Unidos necesita reafirmar su liderazgo conduciendo nuevas guerras, cuyos resultados finales nadie puede anticipar. La instrumentación de estas sangrías se ha tornado más compleja con la eliminación de la conscripción obligatoria. Cada agresión externa exige ahora mayor inventiva, despliegue ideológico y acción psicológica por parte del Pentágono. Estas iniciativas son indispensables para preservar cierta tolerancia popular frente a estos atropellos y contrarrestar los temores a una represalia de las víctimas.

Bush introdujo la guerra preventiva para estimular este alineamiento bélico y utilizó el 11 septiembre, como un Pearl Harbor de movilización patriótica. Los especialistas militares complementaron esta política, incentivado expectativas en la concreción de guerras electrónicas sin costos humanos. Con estas fantasías han buscado resucitar el sostén masivo al belicismo oficial.

Pero en los hechos cada nuevo emprendimiento bélico potencia las tensiones internas, especialmente entre los sectores militaristas (interesados en el rédito bélico de los operativos) y los funcionarios del establishment económico (que privilegian las consecuencias sobre los negocios). El primer grupo se guía por proyecciones geopolíticas y metas de acrecentamiento del poder estadounidense. El segundo sector promueve el multilaterialismo y resiste las acciones que afectan la estabilidad jurídica o la obtención de beneficios inmediatos.

La preeminencia de uno u otro grupo siempre ha sido muy variable. En las últimas décadas los militaristas impusieron sus prioridades en Medio Oriente (sostén irrestricto de Israel) y los grupos económicos ganaron la partida en Asia (privilegio de los negocios con China). Pero la balanza entre ambos sectores muta con frecuencia y las posturas en discordia suscitan fuertes choques políticos.

Cada acción militar desestabiliza, además, las relaciones norteamericanas con sus aliados de la tríada. Para ejercer su dominación, la primera potencia debe recrear un equilibrio entre competencia y cooperación con sus socios. Buscando ese balance tolera el desarrollo de fuerzas militares aliadas, mientras fomenta asociaciones militares que no cuestionen su jefatura.

El logro de estos objetivos es muy complejo. Estados Unidos debe cooptar, comprometer y subordinar a sus rivales, sin someterlos por completo. Necesita generar relaciones de aceptación y no de mera imposición. Debe mantener con sus pares del Primer Mundo vínculos de coordinación, que difieran cualitativamente de la dominación impuesta a la periferia. Este balance entre el suprematismo (acciones en detrimento de rivales) y el hegemonismo (iniciativas en cuadro asociado) recrea tensiones constantes.

Un escenario variable

Estados Unidos ejerce un liderazgo con limitaciones y no está en condiciones de actuar con patrones superimperiales de total unilateralidad. Hace valer su superioridad, sin desbordar los equilibrios que sostienen su dominación.

Pero el simple ejercicio del poder conduce a la multiplicación de aventuras con resultados impredecibles. Nadie puede anticipar cómo y cuándo estas acciones conducirán a un final tormentoso, pero esta posibilidad siempre amenaza a una potencia enredada en brutalidades mayúsculas.

La propia supremacía ideológica de Estados Unidos es socavada por esa sucesión de atrocidades. No es lo mismo administrar periódicamente la violencia que justificar permanentemente su utilización. La coerción sistemática tiende a desembocar en aislamiento e impotencia.

Una situación de este tipo fue afrontada por la ideología estadounidense durante la fuerte oleada de cuestionamientos que signó a los años 70. Esta crisis fue revertida con la derechización neoliberal de las últimas décadas, pero un nuevo clima de insatisfacción afecta nuevamente al americanismo

El mayor interrogante es el efecto de estos procesos sobre la propia población estadounidense, que enfrenta un contexto muy diferente al pasado. Los réditos económicos ya no se distribuyen en toda la estructura social y la acción imperial externa tiende a reforzar la fractura, entre los segmentos enriquecidos y las masas pauperizadas.

Esta polarización modifica sustancialmente todos los comportamientos y reacciones. Los pobres, los desocupados y los excluidos aportan ahora la carne de cañón requerida por las multinacionales y las elites de millonarios.

Esta segmentación social socava también la legitimidad política interna de muchas operaciones. No hay que olvidar las limitaciones que tradicionalmente enfrentó un país distanciado del colonialismo clásico, para utilizar masivamente la fuerza en guerras internacionales. Cada acción bélica exige generalizar una motivación especial, que empuje a la población a aceptar esa cruzada.

El imperialismo contemporáneo se sostiene, por lo tanto, en la protección internacional que brinda el gendarme estadounidense a todas las clases dominante. El estado norteamericano ha internacionalizado su actividad y usufructúa de una ideología americanista, que es compartida por vastos sectores capitalistas del planeta. Como la primera potencia garantiza la reproducción mundial del capital, acumula desequilibrios económicos que serían inadmisibles para cualquier otro país.

Pero afronta un escenario de limitaciones al ejercicio de su dominación. Mantiene una superioridad militar abrumadora, que se desdibuja en área económico y pierde solvencia en el campo geopolítico. La capacidad coactiva no implica consistencia para articular coaliciones, ni consenso para ejercitar la fuerza.

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Ver también:

Notas:
1) Esta caracterización expone: Panitch Leo, “The state, globalisation and the new imperialism”, Historical Materialism, vol 9, winter 2001.
2) Esta tesis desarrolla: Anderson Perry, “Fuerza y consentimiento”, New Left Review, n 17, septiembre-octubre 2002.
3) Panitch Leo, Gindin Sam, “Capitalismo global e imperio norteamericano”, El nuevo desafío imperial, Socialist Register 2004, CLACSO, Buenos Aires 2005. Callinicos Alex, “La teoría marxista y el imperialismo en nuestros días”, Razón y Revolución, n 56, Buenos Aires, 2010. Petras James, Veltmeyer, “Construcción imperial y dominación”, Los intelectuales y la globalización, Abya-Yala, Quito, 2004. Wood Ellen Meiskins, Empire of Capital, Verso 2003, (Cap 6 y 7). Hobsbawm Eric, “Crisis y ocaso del imperio”, Clarín-Ñ, 15-10-05. Hobsbawm Eric “Un imperio que no es como los demás”, Le Monde Diplomatique, edición chilena, junio de 2003.
4) Boron Atilio, “La cuestión del imperialismo”. La teoría marxista hoy, CLACSO, Buenos Aires, 2006.
5) Un análisis de este cambio en: Halevi Joseph, Varoufakis Yanis, “The global minotaur”, Imperialism Now, Monthly Review, vol 55, n 3, July-August 2003.
6) Por ejemplo, en el año 2000 las ganancias de las filiales en el exterior de Estados Unidos equivalían al 53% de las ganancias domésticas. Llegaron a esa cifra a partir de un crecimiento regular que comenzó con 10% en 1943. Dumenil Gerard, Ley Dominique. El imperialismo en la era neoliberal. Revista de Economía crítica n 3, 2005.

Bibliografía:
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-Alí Tariq, “Con Dilma, EUA continuarán sem policial na America do Sul”, Folha de Sao Paulo, 25-11-2010
-Arrighi Giovanni. El largo siglo XX. Akal, 1999 (cap 1, 3, 4, epílogo).
-Brenner Robert. “What Is, and What Is Not, Imperialism?” Historical Materialism vol 14.4, 2006.
-Bromley Simon, “Reflections of Empire”, Historical Materialism, vol 11, issue 3, 2003.
-Fiori José Luis. “Crisis y hecatombes”, Valor Económico, Sao Paulo, 26-3-08.
-Foster John Bellamy, “The new geopolitics of Empire”, Monthly Review, vol 57, n 8, January 2006.
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-Gill Stephen. “Las contradicciones de la supremacía de Estados Unidos”. El Imperio Recargado, CLACSO, Buenos Aires, 2005
-Gindin Sam “Anticapitalism”, Montlhy Review, n 9 vol 53, february 2002.
-Gindin Sam, Panitch Leo, "Superintending Global Capital," New Left Review, 35, Sept/Oct 2005.
-Gowan Peter, “Cosmopolitisme liberal et gouvernance global”, Contretemps, n 2, septembre 2001
-Gowan Peter, “US hegemony today”, “Imperialism Now”, Monthly Review, vol 55, n 3, July-august 2003
-Grahl John. “La Unión Europea y el poder norteamericano”. El imperio recargado, CLACSO, Buenos Aires, 2005.
-Harvey David. “In what ways is the new imperialism really new?”, Historical Materialism vol 15, Issue 3, 2007.
-Hudson Michael. “Financiamiento bélico, financiamiento mundial” Rebelión, 27/07/2003.
-Jameson Fredric, “El posmodernismo como lógica cultural del capitalismo tardío”, Ensayos sobre el pos-modernismo, Imago Mundi 1991.
-Martínez Osvaldo, “Crisis económica global, guerra económica y gasto militar”, La Haine, 7-11-10
-Panitch Leo, “A tarefa dos novos movimientos políticos” Brasil do Fato, 24-10-08
-Panitch Leo, Leys Colin. “Las finanzas y el imperio norteamericano”. El Imperio Recargado, CLACSO, Buenos Aires, 2005.
-Petras James. "El imperialismo cultural". Voces y culturas, n 4, 2do semestre 1992.
-Petras James. “El neo-imperialismo”. El mundo de los trabajadores, n 2, 2004. www.geocities.com/revista
-Petras James. “Estado imperial, imperialismo e imperio”. Pensar a contracorriente. Volumen II, segunda edición, 2005.
-Petras James. “Imperialismo y antiimperialismo”. Laberinto, n 15, octubre 2004, Málaga.
-Rodríguez José Luís. “Gasto militar y economía mundial”, CIEM, La Habana, 2010.
-Rude Christopher. “El rol de la disciplina en la estrategia imperial. El Imperio Recargado, CLACSO, Buenos Aires, 2005.
-Sutcliffe Bob. “Imperialism Old and New” Historical Materialism, vol 14.4, 2006.
-Taab William, “The two wings of the eagle”, Imperialism Now, Monthly Review, vol 55, n 3, July-August 2003.
-Vakaloulis Michel, Le capitalisme post-moderne, Puf, Paris, 2001, (cap 11, 12, 13).
-Wallerstein Immanuel, “US weakness and struggle for hegemony”, Monthly Review, vol 55, n 3,July-august 2003.
-Wood Ellen Meiksins. “Logics of Power: A Conversation with David Harvey”, Historical Materialism, vol 14.4, 2006.

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¿Chávez, ya estas operando militarmente en alianza con Santos? Surge una nueva fuerza militar colombo-venezolana

Dick Emanuelsson (especial para ARGENPRESS.info)

“El 'cantante de las FARC' cayó en un operativo conjunto con autoridades del vecino país. Juan Manuel Santos hizo el anuncio durante la ceremonia de ascenso a subtenientes del Ejército, en la Escuela Militar José María Córdova, en Bogotá. El Mandatario afirmó que la operación que permitió la captura fue producto de la cooperación en materia de inteligencia entre autoridades de los dos países”.

Foto: Julián Conrado, guerrillero y cantautor, será entregado por Chávez a Santos.

Foto: El Tiempo de hoy, de junio de 2011.

Son las líneas (1) escritas por el diario colombiano El Tiempo, propiedad de parte de la familia Santos, entre ellos el mismo presidente Juan Manuel y su primo, el ex vicepresidente Francisco.

Fue detenido en territorio venezolano el guerrillero y cantautor 'Julián Conrado', Guillermo Enrique Torres, hecho confirmado en un comunicado por el Ministerio del Interior de Venezuela hace unos minutos.

Pero como ocurrir ahora, los asuntos y sucesos “internos” de Venezuela no se oficializan en los medios o por las autoridades venezolanas sino a través del presidente colombiano, por que poco después de la detención del guerrillero, en Venezuela, el mandatario colombiano escribió en su Twitter; “Gracias al Presidente Chávez por la captura de alias Julián Conrado´ terrorista de las FARC que tanto daño le hizo al país”.

Foto: El Twitter de Santos.

Hace unos días el pueblo venezolano se levantó como un solo hombre y mujer, rechazando los insultos que significa ser catalogado por el Poder Genocida del Pentágono como “auxiliador del terrorismo”. Porque la empresa venezolana PDVSA se ha tomado el derecho de promover proyectos y relaciones con el estado iraní sin consultar al departamento de Estado.

El sentimiento antiimperialista salió hasta por los poros de los venezolanos que manifestaban de a miles en las calles, con tanta razón, sabiendo que el estado norteamericano ya tiene sus planes de guerra escritos y listos para ejecutar cuando la maquinaria ideológica, a través de los medios al servicio al Imperio, ha logrado manipular la opinión mundial para atacar a la tierra de Bolívar y ocupar los pozos de gas, petróleo y de agua dulce, éste último recurso natural y estratégico es la octava reserva más grande del planeta.

Es interesante notar que el Departamento de Estado, de Estados Unidos, no sólo tiene a Chávez y PDVSA en la mira. Ofreció, nos relata El Tiempo, “una recompensa de 2,5 millones de dólares a quien diera información sobre Guillermo Enrique Torres, su verdadera identidad”, es decir el guerrillero Julián Conrado.

Ahora estamos todos a la expectativa con la duda sobre si el Departamento de Estado va a pagar esa suma a Chávez, gobernante de un estado que tiene una empresa pública (PDVSA) considerada como socia a un estado “terrorista”, como el iraní, según los gringos. Aún más ansiosos estamos sobre si Chávez va a querer recibir la suma de 2,5 millones de dólares de la mano del Departamento de Estado, como cualquier “Cazacabezas” de un ordinario film de vaqueros.

Y Santos, ese fiel aliado estratégico del Imperio, que facilitó la instalación de siete bases militares Made In USA en territorio colombiano, todas dirigidas en sus operaciones hacia Venezuela, pedagógicamente explicado por Chávez cuando dio la información, hace un par de años, ahora mueve unidades militares colombianas hacia la frontera con Venezuela.
Foto: La 4ª Flota de Estados Unidos en acción. ¿Cuando le toca a Venezuela?

Hace unos diez días recibimos a través del indispensable portal de Internet, Aporrea, la noticia (2) que el presidente colombiano había trasladado once contingentes de las Fuerzas Especiales del Ejercito Colombiano, dizque para combatir el secuestro de un reducto del casi extinto grupo guerrillero maoísta de EPL, supuestamente concentrado en la frontera con Venezuela. Y Santos avisaba que serian operaciones conjuntas con las FF.AA. de Venezuela.

Y hoy recibimos la noticia de Santos (¡Sic!) que Julián Conrado había caído preso, no por el ejército colombiano, sino como resultado de un “operativo conjunto con autoridades del vecino país”.

Aunque nos parece inimaginable entregar un revolucionario a los verdugos de un estado terrorista, como el colombiano, haciendo un esfuerzo sobrehumano, tal vez hasta que lo podríamos analizar pero jamás aceptar. Por el otro lado, ser guerrillero tiene sus riesgos y el guerrillero esta muy conciente de las consecuencias de ser revolucionario profesional las 24 horas del día e incluso hasta el riesgo de perder la vida, si es necesario. No dudamos en que Julián Conrado abrirá un nuevo frente en la cárcel, animando sus nuevos y antiguos compañeros con su guitarra y canto, regando el "optimismo histórico" de lo cual habló Carlos Marx.


Pero es diametralmente contrario absolutamente a todos los principios revolucionarios, el cooperar con un estado que es acusado hasta por la ONU, de ser responsable por desaparecer más de 57.200 colombianos (2). Es la cifra dada el 23 de mayo 2011, es decir hace apenas una semana, por el representante del Alto Comisionado de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos en Bogotá, Christian Salazar.

Y no son cifras frías así no más, sacado de su contexto. Las mismas autoridades colombianas, como la de Medicina Legal, habla de 38.255 desaparecidos en 3 años (3), más o menos la misma cantidad de desaparecidos en su totalidad durante las dictaduras en Argentina, Uruguay y Chile que duraron entre 6-17 años.
Foto: Un mural en la Universidad del Valle, Cali. / Autor: Dick Emanuelsson.

Según el ya acostumbrado protocolo de las autoridades venezolanas, Conrado tiene circular rojo de Interpol y no podemos hacer nada. Exactamente. Lo que no debería es facilitar ni mover un dedo para actuar en conjunto con un estado donde existen unas fuerzas militares listas para voltear los fusiles contra Venezuela cuando el Patrón así lo demande. Y no olvidemos que tienen otro aliado: el paramilitarismo.

Cuando supe la noticia de la detención de Julián Conrado y leí el comunicado del Ministerio del Interior venezolano, no pude menos que recordar los a los obreros bananeros sindicalizados en Sintrainagro seccional Magdalena, el lugar donde sucedieron los antecedentes del libro de Gabriel García Márquez, “Cien años de soledad”, y los centenares de asesinatos por parte del paramilitarismo colombiano en el tiempo moderno.

El 29 de octubre de 2009, el jefe paramilitar ´Carlos Tijeras´, José Gregorio Mangones, jefe de las AUC en la región de Cienaga, preso en la cárcel de Barranquilla, entregó 29 páginas (4) de confesiones sobre como el paramilitarismo en conjunto con el ejército aterrorizaba la región bananera de Cienaga al servicio a las bananeras transnacionales como Dole, Chiquita, DelMonte y otras empresas colombianas.

Foto: José Güette. / Autor: Dick Emanuelsson
“También ayudamos a Chiquita y a Dole a pacificar el sindicato que representaba a los trabajadores bananeros de la región. Cuando yo asumí el Comando del Frente William Rivas, el sindicato que representaba a los trabajadores bananeros era Sintrainagro. Se trataba de un sindicato de izquierda y muy agresivo. Creo que eran simpatizantes de las FARC. Yo ordené la ejecución del presidente izquierdista de Sintrainagro, José Güette Montero”.


José Güette lo había entrevistado en diciembre de 2000 (5) y fuimos observados y perseguidos por un grupo paramilitar cuando íbamos a salir de una finca de Chiquita, donde habíamos hablado con los obreros y hasta con el jefe de la producción. A Güette lo mataron durante las negociaciones del convenio colectivo entre el sindicato y las empresas como Chiquita y Dole, dos semanas después de la publicación del reportaje en el semanario LO-Tidningen de la central obrera sueca, el 12 de enero de 2001.

En las 29 páginas relataba el jefe paramilitar Tijeras:

“El Ejército Colombiano y las AUC tenían un enemigo común, la guerrilla, y no debíamos enfrentarnos. Era la principal forma de colaboración; no enfrentarnos, hostigarnos, ni dispararnos entre nosotros, que estábamos defendiendo al estado. Les avisábamos sobre la presencia de guerrilleros, cuando la guerrilla les atacaba, nosotros atacábamos a la guerrilla por la retaguardia para aliviarlos la presión y permitir que el ejército se defendiera. Procuramos siempre evitar enfrentarnos con el ejército y las Fuerzas Armadas”.

Carlos Tijeras es sincero y franco, relata como las AUC y las Fuerzas Militares colombianas del estado, montaron retenes en común. Preguntar a cualquier obrero bananero o campesino en la región de Ciénaga y confirmará las declaraciones del ex comandante de los paramilitares, que en su exposición confiesa haber sido responsable, personalmente, por más de 500 asesinatos de la población civil, acusada y estigmatizada como José Güette, por ser guerrillero o miliciano de las FARC-EP.

Foto: Obrero petrolero asesinado en Barrancabermeja. / Fuente: VOZ

Pero no solamente Carlos Tijeras ha hablado sobre la alianza estratégica Para-Estatales. Esa alianza también tiene una base material y política. ¿A quién encontramos involucrado en el asesinato de José Güette?

“La Plantación Palo Alto era una de las bases de operación del ex comandante “Carlos Tijeras”, su antiguo propietario Jorge Gnecco Cerchar colaboraba con las AUC y fue “ejecutado” (brutalmente asesinado, descuartizado) por estas por conflicto de dineros del narcotráfico. Todo sigue igual. (... ) Juan Manuel Santos, Director del Partido de la U... Los candidatos del para-empresariado del Magdalena contaron con su respaldo para inscribirse al Congreso.”

Las citas arriba es del documento “Bananas en sangre (II), Las empresas involucradas”, (6) una investigación sobre cómo los empresarios bananeros y los voceros políticos de la región bananera juntos con los empresarios, ganaderos, terratenientes e industriales en Colombia fueron los verdaderos autores intelectuales y creadores del monstruo del paramilitarismo colombiano que, según la fiscalía colombiana, han asesinado más de 150.000 colombianos civiles durante los últimos 20 años.

Toda oposición, como en ese día de diciembre del 1928 que Gabriel García Márquez tan bien describe en su legendaria obra sobre la masacre de 3000 obreros bananeros con sus familias, orden de United Fruit Co (la actual Chiquita) cumplida por el ejercito colombiano, era y es eliminada por el Estado colombiano en sus diferentes expresiones.

El señor que en la última década avaló a esos patrones con manos manchadas de sangre campesina u obreros bananeros, fue Juan Manuel Santos, según la investigación “Bananas en sangre (II), Las empresas involucradas”.

Con estos elementos, que no son exclusivos del departamento de Magdalena, sino es un panorama generalizado en todo el territorio colombiano, el gobierno venezolano y sobre todo el Comandante Chávez, debería pensar dos veces con quién se ha metido y sus consecuencias. Pensar en cómo podremos sentirnos los que considerábamos como algo hermoso en el continente latinoamericano surgido en el 1998-99; la Revolución Bolivariana.

Jamás, durante la 4ª República, se instauró una política sistemática de entrega de guerrilleros o hasta periodista sueco, a los verdugos en Bogotá. El mismo pueblo venezolano no lo permitió. ¿Y ahora...?

Todos los revolucionarios colombianos extraditados desde Venezuela a Colombia corren el riesgo de “desaparecer”, o ser asesinados en las cárceles colombianas por ser justamente opositores a un régimen de terror. Además, ¿porqué las autoridades venezolanas, sobre todo el Ministerio del Interior, no toman cartas en el asunto de la infiltración del paramilitarismo colombiano en barrios y parroquias enteras en Maracaibo y Caracas y otros estados de Venezuela?

Juan Carlos Tanus, presidente de la Asociación Colombianos en Venezuela, advirtió en una entrevista (7) hace ocho meses en Caracas, sobre el factor de poder en que se ha vuelto el crimen organizado bajo la batuta de los paramilitares colombianos en Venezuela. Vaya a la parroquia de Petare en el sur de Caracas y hable con la gente y lo confirmará.

No es solamente el hermano de Maria “Conchita” Alonso el que promovía o promueve el paramilitarismo colombiano para asesinar la revolución Bolivariana, sino toda una política promovida desde Bogotá y el Pentágono.

Ahora Chávez esta facilitando ese trabajo y nos da mucha tristeza.

P.D. Como ironía de la vida la agencia de noticia venezolana, AVN, reportaba (8) justamente hoy, 1 de junio de 2011, que el Ministerio Público (MP) de Venezuela creará oficinas especiales en los estados en los que han sido denunciados crímenes, torturas y violaciones a los Derechos Humanos, ocurridos entre 1958 y 1998, período de la IV República, dominado por partidos de derecha.

“El martes 31 de mayo, la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, recibió una comisión de la Asamblea Nacional (AN) que le entregó el anteproyecto de Ley para Sancionar los crímenes, desapariciones, torturas y otras violaciones de los Derechos Humanos por Razones Políticas y Reparación e Indemnización a las Víctimas durante el período 1958-1998”.

¡Que bueno y ojala que de resultado!

Notas:
1) Santos agradece a Chávez la captura de 'Julián Conrado' en Venezuela. Por El Tiempo.
2) Juan Manuel Santos ordena traslado de pelotones de soldados en frontera con Venezuela. Por Aporrea. http://aporrea.org/internacionales/n181671.html
3) Colombia registra más de 38 mil personas desaparecidas en tres años. Por Telesur.
4) Declaración del ex jefe paramilitar Carlos Tijera. https://viewer.zoho.com/docs/xc0ddj
5) Así fue el ‘servicio paramilitar integral’ para Dole y Chiquita. Por Dick Emanelsson.
6) Bananas en sangre (II), Las empresas involucradas, Por Colectivo Social María Cano.
7) Entrevista con Juan carlos Tanus, presidente de la Asociación de Colombianos en Venezuela. Por Dick Emanuelsson. http://vimeo.com/15467750
8) Venezuela: investigarán crímenes, desapariciones, torturas y otras violaciones de la IV República. Por Contrainjerencia. http://contrainjerencia.com/index.php/?p=19488

“¡Hasta siempre, Comandante!”

Descarga la música del cantor fariano, Julián Conrado

Julian Conrado canta “De mi pueblo para la guerrilla”

Julian Conrado canta "Arando la Paz"


Dick Emanuelsson es co fundador y editor de ANNCOL.

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Muchas gracias, amigo, dijo el genocida…

Ingrid Storgen (especial para ARGENPRESS.info)

…Santos, al líder revolucionario Hugo Chávez. Y bajo el paraguas de esa amistad se llevaron puesto a otro revolucionario: Julián Conrado, miembro del Estado Mayor de las FARC y quien cantara con su melodiosa voz, arengas farianas a través de las cuales mucha gente en el mundo conocería la lucha que en su patria se desarrolla. Dirigía el proyecto cultural de la organización además de tener una amplia consistencia política bolivariana y fue literalmente cazado por otro revolucionario.

La detención fue posible en el marco de cooperación entre la inteligencia de ambos países, Colombia- Venezuela. Países hasta hace poquito casi a punto de iniciar una guerra fratricida, situación que sacudió a todos los revolucionarios del mundo, los que sin ninguna duda estaríamos del lado de la que llamáramos, Revolución Bolivariana.

Según Santos, quien ya estará brindando con sus pares “llevábamos detrás de él, con nuestra inteligencia, varios años hasta que por fin pudimos concretar un paquete de inteligencia creíble que nos mostró que estaba en Venezuela. Lo compartimos con las autoridades de Venezuela que de inmediato actuaron”.

Según el ministro de defensa colombiano, Julián será entregado (otra vez esa palabrita que enojó a tantos cuando nos escucharon mencionarla, pero que resulta irreemplazable) a Colombia, lugar donde ya hay más de 7500 prisioneros políticos en paupérrimas condiciones, a los que se les prepara la comida con materia fecal por lo que muchos de ellos están en estado de gravedad y sin atención, no digo médica, sino humana.

Julián Conrado, revolucionario como el presidente de Venezuela, cuyo pecado es en este mundo despatarrado, luchar contra la injusticia y contra el dolor de su pueblo, espera la decisión de quien todo indicaba, conocía de cabo a rabo la situación del pueblo hermano: el presidente Chávez.

Eso es la amistad, lealtad, incondicionalidad que trae aparejada la unidad en las acciones, sobre todo cuando se trata de apoyarse en cuestiones hasta ayer nomás diferenciadoras. Algo que resultaría muy tierno y emocionante si no se necesitara, para celebrarla, la creación de más mártires.

Por supuesto, uno hubiera querido que el genocida olvidara su adicción por la sangre gracias a que el bueno hubiera logrado la conversión. Lo bravo es cuando la historia es al revés y es entonces cuando más de uno estamos pensando en usar almohadones en el trasero porque ya se está haciendo costumbre eso de recibir zancadillas que nos tiran de lleno al suelo. Y nos duele, vaya si duele.

Volverán a escucharse –leerse- las voces de quienes teníamos esperanzas en la persona bien intencionada y los enojos de quienes dicen que no se debe criticar, que hay que dejar a las revoluciones seguir sus rumbos, que los que tenemos muy incorporado el sentido de la amistad y su nobleza, somos destituyentes y que hacemos mucho daño.

Saldrán grandes iluminattis siglo XXI a elucubrar monólogos rebuscados, en los que argumentarán que de no hacerse las cosas así, el imperio atacaría a Venezuela, que la revolución podría desaparecer si se quita la moda esa de hacer ENTREGA de luchadores y que para ello hace falta nada más ni nada menos, que aliarse con los genocidas. Y no faltarán los intelectuales de pacotilla diciendo que Julián Conrado tal vez fuera un agente de los gringos.

Todo eso lo reeditarán, todo eso lo soportaremos con la conciencia en alto y el repudio más firme frente a la que llamamos traición. Los revolucionarios “den’serio” estamos acostumbrados a que nos apaleen. Lo grave es cuando los apaleamientos nos los aplican por dentro. Y la traición no tiene excusa, no tiene justificativo más que para los traidores.

Creo que estamos escribiendo nuevos capítulos en esta que amenaza ser una espantosa telenovela latinoamericana, mitad terror, un cuarto de esperanzas truncas, otro cuarto de preocupación, cuyo título podríamos adelantar que sería: Muchas gracias, amigo. Usted lo merece, hermano!!!!

En solidaridad con Julián Conrado, con Joaquín Pérez Becerra y con los más de 7500 desgarrados en las cárceles colombianas.

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Entregando principios, ahora Julián Conrado saltando la talanquera

ANNCOL (especial para ARGENPRESS.info)

Julián Conrado, cantautor revolucionario colombiano, que durante 27 años ha combatido al fascismo con su voz y su fusil, ha sido detenido en Venezuela, en un operativo conjunto entre agentes del DAS, entrenados por el Mossad, y policías venezolanos que dicen llamarse bolivarianos.

El Ministerio del Interior de Venezuela, el mismo que recibió de Santos la orden de detener ilegalmente en Caracas a nuestro director Joaquín Pérez Becerra, ha operado también contra “Julián”, como es conocido por los revolucionarios del continente.

Inmediatamente después de su captura, otro ministerio venezolano nefasto, el de Comunicación, dio la orden al llamado Sistema Nacional de Medios Públicos, de no ahondar en detalles sobre quién es Julián, y las circunstancias de su captura. Los que dicen ser los medios revolucionarios de Venezuela, callan ante otra entrega más que hace el gobierno de Hugo Chávez, al gobierno genocida e imperialista de Colombia, en cabeza de Juan Manuel Santos, de un revolucionario connotado y querido por el pueblo luchador de la Nueva Colombia.

La entrega de revolucionarios a sus perseguidores ya no es el resultado de encerronas, trampas, o conjuros contra un presidente bienintencionado que es asaltado en su buena fe, como la propaganda de Miraflores quiso hacer ver la entrega de Joaquín. Entregar revolucionarios a Colombia es ahora una política del mal llamado gobierno bolivariano, que cada vez que entrega a un luchador, a un verdadero hijo de Bolívar, a un antiimperialista de palabra y de acción, de guitarra y de fusil como Julián Conrado, está entregando sus principios. El seudo gobierno revolucionario de Chávez salto la talanquera y esto debe abrir un debate profundo entre las fuerzas revolucionarias que integran este proceso, de lo contrario quedarán como cómplices de esta ignominia de la seudo resolución.

La llamada Revolución Bolivariana en Venezuela hace agua, desilusiona, decepciona, pierde aliento revolucionario con este tipo de acciones inconsecuentes, y con la postura soberbia y cerrada, poco revolucionaria, de las instituciones implicadas y respaldadas por su líder.

El pueblo de Bolívar asiste sorprendido a un asalto de sus principios, por quienes se dicen los abanderados de una revolución que es soportada con sangre por sus campesinos, y por verdaderos luchadores que están cada día más indignados con la actitud de los rentistas y aburguesados vividores, que medran en las instituciones públicas de Caracas, en los ministerios, en los medios de comunicación y en su fuerza pública.

Julián Conrado, un hombre que le ha entregado su vida a la paz de Colombia; pero a la verdadera paz, a la que se consigue con la lucha, con la entrega diaria, entre campesinos, obreros, estudiantes y gente consecuente; un guerrero que sobrevivió al asedio militar yanqui e israelí al que está sometido el campo colombiano, hoy es apresado por los que se llaman bolivarianos, y será entregado a los enemigos de la paz, al estandarte del imperio en el continente, su cabeza de playa: el gobierno colombiano.

El mal llamado gobierno bolivariano se ha entregado a las ambiciones y perfidias de Santander, los gobernantes han marcado distancia de los revolucionarios, el verdadero pueblo de Bolívar mira como se cae ante sus ojos un telón rojo, y queda a la vista un rudo pragmatismo, unas razones de estado ligadas más a los intereses de Bogotá, que son crudamente mercantiles, que a las consignas de lucha de los campesinos y llaneros asesinados por el paramilitarismo enconado ya en Venezuela.

Mientras los falsos bolivarianos entregan a los luchadores, creyendo que con eso se ganan favores y espacios políticos en el continente, la patria grande se desvanece. Mientras Caracas calla por vergüenza o por cinismo, Bogotá celebra, pues la traición que se ha cometido sirve por partida doble a los intereses colombianos, al encarcelar a un revolucionario valioso, y al tiempo sembrar la discordia en medio de una revolución, hoy en entredicho y batiéndose entre ráfagas de vientos encontrados.

Desde la trinchera de ANNCOL llamamos a promover el debate abierto, y sin miedo, de las fuerzas revolucionarias en Venezuela, debate necesario para salvar este proceso. No más silencio cómplice, si nos toca que quemar el muñeco de Chávez lo haremos, porque a Chávez lo manda el pueblo de Venezuela, los revolucionarios de Venezuela estamos llamados a ejercer control político, NON a la autarquía entreguista de la burocracia petrolera infiltrada en el proceso.

A los revolucionarios y revolucionarias del mundo los llamamos a organizar protestas en todas las representaciones diplomáticas de Venezuela en el mundo, estén donde estén.

Debate urgente!

Debate ya!

NON a la extradición de luchadores populares al régimen fascista colombiano.

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¿Otra entrega?

Sulata Taruka

"Los que hacen las revoluciones
a medias, no hacen más que
cavar sus propias tumbas"
(Consigna del Mayo francés)

¿Entregarán a otro luchador social?

Gobierno Bolivariano: una razón de Estado no es compatible con la construcción de la Patria Grande Bolivariana. Hoy se acaba de aprobar en el Congreso de la República de Colombia la Ley de Seguridad Ciudadana que consiste en criminalizar más la protesta social. Se dará cárcel por más de 4 años a quienes bloqueen vías públicas; se arrestarán y judicializarán a adolescentes (estudiantes), se perseguirá implacablemente desórdenes callejeros. Que tome nota el comandante Chávez. Ya no podremos ni indignarnos en Colombia porque nos encalabozan por años. La peor dictadura de América Latina, la de al menos 57.200 desaparecidos, NN -cadáveres sin identificar-, la de 7.500 presos políticos en condiciones degradantes, la de fosas con miles de desaparecidos.

La República Bolivariana, ¿seguirá su "compromiso inquebrantable contra el terrorismo", del que nos acusan a los campesinos, indígenas, trabajadores, estudiantes, profesores, artistas, intelectuales, rebeldes? Más de 6.000 NN corresponden a cadáveres de niños, niños que no pudieron desarrollar una vida digna porque el Estado terrorista de Colombia lo impide.

El mundo está al revés; los sensatos de Colombia esperamos que el compromiso del Gobierno Bolivariano sea contra el Terrorismo de Estado de Colombia, no contra los oprimidos y perseguidos y sobrevivientes de este remedo de Nación.

Algo huele mal. Informan en un comunicado que ya está en desarrollo la deportación de Julián Conrado, el cantante de la insurrección legítima. ¡Qué celeridad! ni los gobiernos europeos más lacayos y racistas contra los "sudacas" actúan con tanta premura. Son más generosos; al menos dan café y permiten abogado defensor. Algo no cuadra en el mapa de la ideología emancipadora.

Además, dicen que hubo seguimiento de "inteligencia" colombiana; fue una operación conjunta. O sea, no hubo soberanía en la captura de Julián. ¿Hay una estrecha colaboración entre policía venezolana y colombiana para perseguir a rebeldes? Y Santos se salta los canales protocolarios y se jacta en twitter "el presidente Chávez prometió enviármelo", como para amarrar al comandante, que no se le vaya a torcer. ¿Que está pasando? Esto es de película de terror.

Y para acabar de completar, que a Conrado, una vez lo reciba la jauría institucional colombiana, lo empacan vía EEUU, el mayor Estado criminal y terrorista del planeta, para que allí se caguen, orinen, escupan, grilleteen, encadenen, den una hora de sol, humillen, a un ser en rebelión contra un canalla sistema de exterminio. Yo no entiendo qué revolución está haciendo Venezuela. Si la sostiene a medias está cavando su propia tumba. Porque a medias tintas, los resultados se estallan, las paredes se derrumban, el cemento de mala calidad se cristaliza.

Que a Simón Trinidad lo hayan capturado en Quito con la complicidad de un gobierno infame (el anterior a Rafael Correa) vaya y venga. Pero que capturen y entreguen en plazos record a uno y otro y otro en un país que dice ser revolucionario, esto no lo entiendo. La política antiterrorista la dictan y la hacen los verdaderos terroristas contra los pueblos indignados y alzados del mundo. Prestarse para cumplir esa política es equipararse al agresor, es igualarse al violento dictador de las políticas económicas, financieras y sociales que llenan de muerte y dolor a los ninguneados. Hay muchas formas de ser servil a la injusticia capitalista. Una de ellas es aceptar el sistema de justicia clasista-represiva-vengativa internacional.

La justicia mundial es la guerra declarada al pobre, para que el rico viva tranquilo y seguro. La justicia es una ilusión en la que atrapan como perros de presa a todos los miembros serviles de los sistemas judiciales de los países. Es una justicia del rico propietario, contra el pobre desposeído. Que en esta trampa estén los idiotas útiles, se entiende; pero que también lo avale un gobierno que se dice revolucionario...¡ Uff ! ¿Revolucionario de qué? Si el capitalismo sigue campante saqueando, robando la plusvalía obrera. Si los inquisidores mediáticos tienen patente de corso para despedir a periodistas consecuentes con las luchas de los pueblos hermanos. ¿Cuál revolución? ¿Si las estructuras de este sistema depredador no han sido siquiera tocadas?

Algo huele mal. El gobierno norteamericano felicita al Comandante Chávez por haber entregado al perseguido político Pérez Becerra; y a escasas semanas le sanciona a PDVSA. Y en Bogota siguen tramando y conspirando contra Caracas, y al pueblo colombiano le siguen lavando el cerebro para que odie más a Chávez y a la Revolución Bolivariana. Ningún periódico colombiano habla bien de ustedes. Tome nota comandante. Cuando ataquen a Venezuela, el principal frente abastecedor de los agresores va a estar en Colombia; hay millones entrenados mentalmente para hacerlo. Los únicos que van a ofrecer sus cuerpos, su entereza, su gallardía, su dignidad y coraje para defender la Revolución Bolivariana van a ser los guerrilleros de las FARC, del ELN, los periodistas alternativos dignos y valientes (sobrevivientes de la Unión Patriótica), los estudiantes con conciencia, las madres que hemos perdido a nuestros hijos de manos del Estado Paramilitar Colombiano, los trabajadores ávidos de justicia. De su "nuevo mejor amigo" sólo espere traición, y manipulación a través de twitter.

Ni URSS, ni Cuba socialista, entregaron rebeldes internacionales. Porque no aceptaron el desigual y absurdo sistema de justicia mundial. Porque entienden que eso es una farsa para reducir a los hombres y mujeres con conciencia de humanidad y libertad. Porque saben que las impuestas reglas jurídicas son el mejor instrumento para asegurar la dominación y la explotación económica. Al hacerle el juego al sistema corrupto de Interpol (al servicio de los poderosos) se está engrosando el número de presos políticos en Colombia. Se está siendo cómplice del provocador y violento trato a éstos. Eso quedará registrado en la historia, y ésta no absolverá. La protección al débil y caído en desgracia es la ternura de los pueblos, es la solidaridad revolucionaria, es la auténtica revolución. El juego político con la OEA y esas instancias caducas, es legitimar la burla leguleya hacia los pueblos oprimidos. La política se hace con los pueblos perseguidos no con los dirigentes corruptos, gángsteres con poder.

Entregar el músico de las FARC es enjaular un pájaro que alegra una selva inmensa con su alegre canto.

Sulata Taruka es mdre colombiana -sobreviviente de la Unión Patriótica-.

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Actualización de la cobertura: Asignación Universal por Hijo para la Protección Social (AUH) y Asignación Universal por embarazo (AUE)

Claudio Lozano (IPYPP)
.

En este material, actualizado según información proveniente de los ministerios de Trabajo y Desarrollo Social, demostramos que:

• 3.342.829 pibes no reciben nada.

• 4.046.985 pibes están excluidos del derecho a una asignación familiar

• 5.376.985 pibes están afuera de la asignación “universal” y familiar del sistema nacional.

• Se han dado de baja más de 600.000 becas educativas.

• La meta propuesta por AUE continuaría dejando sin cobertura a 581.427 mujeres embarazadas

Ver aquí informe completo (en PDF): http://www.divshare.com/download/14999902-780

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El infierno de los días

Carlos del Frade (APE)

El hombre maneja un taxi por las calles de una de las más populosas ciudades argentinas. La calle es el infierno de los días. Y hay una esquina a la que nunca llega. A veces es domingo. Y el otoño pone alfombras doradas por ahí.

-No me queda otra que trabajar. Lo hago porque mi hija no llega a fin de mes. Atiende la caja en un supermercado, labura más de diez horas diarias pero no puede completar la cuota para el alquiler. Y el marido también la pelea como puede pero tampoco le alcanza. En mis tiempos mis viejos se deslomaron pero lograron que nosotros tuviéramos algo. Ahora no. Ahora tenés que seguir yugando para que tus hijos vean alguna expectativa. Antes no era así este país-, dice. A pesar de las horas aferrado al volante, a pesar de la ferocidad de la calle, no es un resentido. Tampoco un multiplicador de axiomas fascistoides.

Es que el hombre piensa en su hija. Y también en sus padres.

Recuerda la infancia potrera, el viaje polvoriento a la cancha, la escuela del barrio, los estudios y las suertes distintas, consecuencias directas de las políticas económicas erráticas y perversas que estragaron la geografía existencial argentina en los últimos cuarenta años.

El hombre maneja. Conduce. Y habla.

-Hay más guita en la calle. Eso se nota. Pero ser joven hoy cuesta más que antes. Y no es un tema económico. Si no de poder trabajar de aquello que estudiaron. Para salir adelante. Especialmente cuando se casan y quieren seguir acá. Porque mi hija y su compañero no quieren ser millonarios. Simplemente quieren vivir bien. Tener una casita y poco más. Eso es lo que quieren-, dice. Y acelera en un cruce de locura.

Hace tres meses que no sabe de domingos libres. Lo hace por su hija, dice. Está cansado pero entiende que no hay alternativa. Que el esfuerzo no es heroico y libertario. Sino una pequeñísima construcción hormiga que, tal vez, algún día, verá una pared.

-Ser joven en la Argentina es pelearla mucho. Y si no están los padres por detrás, la cosa se complica, dice.

El diálogo puede repetirse en otras latitudes. En otras ciudades más o menos populosas. Pero el hombre es el mismo. Sus sueños son los mismos. Sus amarguras son las mismas.

Son palabras que no suelen entrar en las estadísticas oficiales ni tampoco en los números desterrados de los círculos áulicos.

Los números de la macroeconomía y hasta los de la desocupación afirman que desde hace años la Argentina corre por una ruta diferente de la de los años noventa.

Sin embargo la precariedad continúa.

El contexto exacto de las palabras del tachero están en las estadísticas. Según un informe de la Universidad Católica Argentina, todavía existe un 22% de desocupación o empleo indigente en la Argentina. El estudio pone blanco sobre negro: “actualmente todavía existe un 22 por ciento de desempleo o empleo indigente y un 37 por ciento de trabajadores precarios. Son los jóvenes -sobre todo los de los estratos más bajos- los que presentan tendencia a una mayor desocupación (16,1 por ciento) que los adultos (7,6 por ciento)”.

Siempre los pibes son los que más sufren las consecuencias del saqueo todavía impune de los años noventa. La matriz del neoliberalismo continúa en la Argentina aunque los discursos se pueblen de frases y consignas en contra de aquellos tiempos del desprecio.

Porque esas cifras, esos números, demuestran que la historia del tachero es una realidad que abarca a muchos, a miles. La precarización laboral golpea contra la sangre nueva de la juventud. Aunque los gobernantes y los que concentran la riqueza hablan de jornadas de pleno consumo.

Mientras tanto, pibas y pibes pelean por no ser consumidos. Como la hija del tachero que fatiga una ciudad impiadosa en un domingo más que le robaron. Para que haya un destello de porvenir que sea para todos, de una vez.

Fuente imagen: APE

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Argentina, Córdoba: La lucha política por los derechos humanos

Luis Miguel Baronetto (PRENSA RED)

Las prácticas políticas de la democracia neoliberal acentuaron el descrédito de la política como instrumento de transformación social. La precarización laboral y las urgencias de la cotidianeidad apartaron a la ciudadanía de la participación.

Habitualmente la mayoría de la población participa de los procesos electorales, más allá de la obligatoriedad del voto. Una buena parte lo hace en forma bastante activa en actos barriales o movilizaciones partidarias. La ciudadanía se involucra en la política, porque a pesar de sus vicios de clientelismos, punterismos y oportunismos, experimenta que es el camino por el que algunas cuestiones vitales pueden resolverse, aunque tantas otras queden pendientes.

Es la política real que vivencia el pueblo en cada circunstancia, con más o menos protagonismo. La que se concreta en cada lugar y momento histórico. Por lo tanto, imperfecta, limitada, relativa, incompleta, parcial. Con todas estas características la política es el instrumento que canaliza necesidades o demandas de los distintos sectores de la sociedad.

Es decir, mediación por la que se hacen realidad, a través de decisiones de gobierno, reivindicaciones que satisfacen necesidades en orden a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Este es el sentido y la finalidad de la política. Desde su etimología la política está relacionada a los derechos ciudadanos.

Tomar decisiones de gobierno es ejercer el poder desde el Estado. Sin poder y sin Estado no hay política.

Quienes obtienen o se hacen del poder -o mejor, lo ejercitan para llegar a la administración del Estado-, direccionan los beneficios hacia los intereses sociales que expresan o representan. El poder ha sido demonizado, sobre datos ciertos de la realidad, como oportunidad de corrupción y abusos, e instrumento de dominación.

Entre estas realidades, existen experiencias positivas de ejercicio del poder del Estado a favor de los intereses populares. La ciudadanía acaba involucrándose en las opciones partidarias porque relaciona los actos electorales con su calidad de vida. Y sabe que desde instancias decisivas del Estado puede modificar favorablemente su vida, si se participa en la decisión para que las políticas que se implementen queden establecidas como "políticas de estado", es decir integrales, permanentes y con recursos necesarios para llevarlas a la práctica.

Las prácticas políticas de la democracia neoliberal acentuaron el descrédito de la política como instrumento de transformación social. La precarización laboral y las urgencias de la cotidianeidad apartaron a la ciudadanía de la participación. Las jóvenes generaciones se refugiaron en ámbitos como la militancia social; mientras, en otras personas se imponían los valores de la autosatisfacción y el individualismo.

Habiendo padecido estos efectos de los procesos políticos argentinos de las últimas décadas, apreciamos con optimismo el reverdecer de la política. Aunque con limitaciones para instalar una cultura que supere la fragmentación popular, esta nueva realidad se asienta en el mejoramiento de las condiciones sociales que experimentan algunos sectores populares, especialmente por el impacto de ciertas decisiones del Gobierno.

Las dificultades y contradicciones que se perciben en el actual proceso, con actores e intereses diversos y contrapuestos, sirven para comprender que la política, como mediación humana y social, es siempre relativa. Nunca absoluta. Por eso se torna negativa cuando es autoritaria. Admitir esta dialéctica de la política permite entender los procesos en su complejidad, con sus limitaciones; y valorarlos en sus diferentes dimensiones.

Las luchas por el manejo del poder político en el contexto de la disputa de intereses están en la base de las luchas por los derechos humanos. En el origen de las violaciones a los derechos humanos está la lucha política por el poder del Estado para mantener y acrecentar los beneficios de los sectores dominantes.

La gravedad de las violaciones a los derechos humanos expresa el nivel y desarrollo del conflicto social. Los movimientos y organizaciones populares que participaron de la disputa por el poder del Estado para instaurar un modelo de sociedad más inclusivo y justo, se enfrentaron a los poderes dominantes dispuestos a impedir cualquier tipo de cambios.

A partir de la reacción ciudadana -de pequeños pero perseverantes grupos resistentes, especialmente de familiares- ante aquellas tremendas violaciones ocurridas con el terrorismo de estado de 1976, los derechos humanos se incorporaron al discurso y la acción política. El ataque a los derechos básicos de la vida y la libertad centró el reclamo en estos derechos.

Y aunque las primeras luchas antidictatoriales aparecían como "despolitizadas" al responder a esas urgencias del momento, las agudas características de las violaciones a los derechos humanos, por su crueldad y su masividad, no podían explicarse sin que afloraran la identidad política de las víctimas y los trasfondos económicos y sociales del proceso vivido. Esto fue visibilizando el carácter eminentemente político de la lucha. No se trataba de la obra de malvados demonios, ni de una represión sin sentido.

La aplicación del terrorismo de estado respondía a la realidad de las luchas populares tanto en nuestro país como en otras latitudes latinoamericanas, en el marco de la doctrina de la seguridad nacional diseñada por el imperialismo norteamericano. La implantación del terror era imprescindible para la desarticulación de las organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles, revolucionarias, etcétera, que mostraban un protagonismo creciente en el cuestionamiento al sistema de explotación capitalista y en la disputa del poder político del Estado para el cambio por un sistema que se definía como socialista, aunque se manifestaran variantes.

Si bien la relevancia de lo último debería matizarse, lo real es que sin un férreo control social de los sectores populares movilizados era imposible la imposición del modelo neoliberal de Martínez de Hoz. Aún así surgieron las nuevas resistencias obreras en plena dictadura, no siempre valoradas en su magnitud y generalmente silenciadas por la prensa.

Las necesidades vitales y las aspiraciones de dignidad que no pudieron aniquilar de la vida de los pueblos, impidió la anulación de esa capacidad siempre presente que emerge de las cenizas. Las parciales y quizás desconectadas experiencias de resistencia fueron avivando el fuego de la vida.

En el contexto político neoliberal de dictadura genocida y democracia condicionada las reflexiones sobre los derechos humanos fueron abarcando e integrando los derechos que motivaron las luchas por las transformaciones sociales y sustentan como memoria las nuevas construcciones políticas.

Por eso afirmamos que "derechos humanos" es el nuevo nombre de la justicia social. Es el carácter netamente político de la lucha por los derechos humanos. Porque no es posible avanzar en mejores de condiciones de vida digna para las mayorías empobrecidas, no se puede instalar la vigencia de los derechos humanos de estos sectores, si no es en el marco de la lucha política. Y esto en concreto significa disputa de espacios de poder de las organizaciones populares (en movimientos y partidos) canalizando sus demandas en proyectos políticos, que concretan sus reivindicaciones y protegen sus intereses desde la administración del Estado.

Para esto ha sido fundamental ir estableciendo los derechos humanos como política de Estado. Y en ese marco poner fin a la impunidad, anulando los impedimentos legales que imposibilitaron el juzgamiento y la condena de los autores del terrorismo de estado. Los avances en este aspecto han permitido dimensionar las tramas de complicidades de instituciones y sectores sociales que hicieron posible la ejecución de los crímenes por parte de las Fuerzas Armadas, lo que también indica la complejidad política de los intereses en juego.

En la consolidación de este proceso de justicia, puede afirmarse la calidad institucional de la democracia, mediante la implementación de políticas perdurables que aseguren la justicia y el bienestar de la ciudadanía, poniendo en el centro de las acciones del Estado las urgencias y necesidades de los más empobrecidos. Esta política es la que conecta el ayer del estado terrorista con el hoy de un estado democrático en construcción.

Es necesario para ello que los derechos humanos atraviesen todas las políticas de Estado. La transversalidad debe expresarse en los criterios aplicados a la hora de elaborar planes, programas, organigramas y presupuestos en todas las áreas de gobierno. Arrinconar los derechos humanos en las violaciones del pasado es negar las memorias de luchas de tantos y tantas argentinos/as que apostaron a la justicia social.

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Argentina. Prostitución: ¿forma de violencia contra las mujeres o trabajo?

Ana Lía Glas (ARTEMISA)

La cuestión acerca de si la prostitución es una forma de violencia hacia las mujeres o un trabajo aún no ha sido saldada y tal vez no pueda serlo. Como en otros tantos temas, en momentos de aceptación cada vez mayor de las diversidades, no hay un discurso único que pueda considerarse revelador de 'la verdad'. Todavía la discusión sigue vigente.

Las actoras:'las mujeres en prostitución' y las 'trabajadoras sexuales' se identifican a sí mismas desde lugares distintos. Desde diversos sectores del feminismo, el movimiento de mujeres, la Academia, los Organismos Internacionales, las mujeres políticas, se sostienen ambas posiciones de manera irreconciliable. ¿Cómo es que las mismas personas, las mismas organizaciones que defienden el derecho a la diversidad, a la definición de la propia identidad pretenden imponer el discurso único en este tema?

La Argentina adoptó el sistema abolicionista que pretende poner fin a la prostitución. En 1949 la corriente abolicionista se plasma jurídicamente en la Convención contra la Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución Ajena.

Sostiene que debe penalizarse a proxenetas, rufianes, y a quienes lucran con la prostitución ajena, pero no a quienes la ejercen. Prohíbe la existencia de prostíbulos.

Pero en la práctica no se cumple. Los prostíbulos y sus variantes: whiskerías, cabarets, casas de masajes, son una realidad amparada por la connivencia policial, judicial y política.

Desde la Coalición Against Trafficking Women (CATW) se plantea que no debe hacerse diferencia entre prostitución y trata, como si toda mujer en prostitución estuviera de alguna manera secuestrada.

Algunas abolicionistas toman el ejemplo de Suecia que desde 1999 penaliza al cliente de prostitución o prostituyente con multas y hasta cárcel, como un sistema para implementar en nuestro país.

AMMAR Capital sostiene la postura abolicionista. Consideran que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres.

Por otro lado la corriente reglamentarista legaliza a los proxenetas, la instalación de prostíbulos, somete a quienes la ejercen a controles sanitarios y administrativos y legitima a los clientes-prostituyentes. Hace una clara distinción entre prostitución y trata. Está en vigencia en Holanda y en Alemania.

En nuestro país la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas AMMAR, sindicato de trabajadoras sexuales, sostiene que la prostitución es un trabajo elegido libremente, aunque no lo fomenten, pero sí lo consideran una salida a situaciones de pobreza.

Adhiero a los planteos abolicionistas. Considero la prostitución como una violación a los derechos humanos de las mujeres porque es violencia, subordinación y opresión. Implica la mercantilización del cuerpo y de la subjetividad de las mujeres en la sociedad capitalista y patriarcal en que vivimos.

Sin embargo, en esta modernidad líquida en la que estamos viviendo no sólo el cuerpo de las mujeres está mercantilizado.

Zygmunt Bauman nos habla de los blogs en Internet:'de la descarada sinceridad y franqueza con la que se exhibían en público las experiencias más privadas y las aventuras más íntimas, sinceridad que, traducida en términos contundentes, podríamos hablar de intenso fervor y de evidente desinhibición a la hora de ponerse uno mismo (o, cuanto menos, ciertas partes o aspectos de la propia persona) a la venta en el mercado'*

En esta sociedad de consumidores se ha confundido la libertad personal con la adquisición de las ofertas del mercado. Y esto afecta a todas y todos. Aunque seguramente afecte menos a aquellxs que han quedado fuera del mercado lxs excluidos, aquellxs a lxs que sólo les queda la prostitución para sobrevivir.

Pero entonces ¿sólo la subjetividad de las mujeres pobres está mercantilizada?

Las mujeres que teorizamos, asistimos a Congresos, legislamos, damos clases en las Universidades, no estamos en situación de prostitución.

Pienso que más allá de la posición a la que adhiramos, debemos crear las condiciones para que todas las protagonistas puedan hablar.

No somos las que 'sabemos' por ellas. La idea de ser agentes de la 'conciencia 'y del discurso nos ponen en el lugar del poder. Debemos luchar contra las formas de poder que se manifiestan en el orden del 'saber', de la 'verdad', de la 'conciencia'.

Las personas concernidas deben poder hablar por su cuenta. Las que acuerden con nosotras y las que no.

Por estar convencidas de que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres no podemos violentar a las que piensan distinto imponiéndoles un discurso único que no admita la diversidad..

Se deben implementar políticas públicas, sobre todo políticas de empleo genuino, de vivienda, para aquellas mujeres que quieran dejar la prostitución.

Y con respecto a los clientes –prostituyentes, no comparto la creación de nuevas figuras penales, el poder punitivo para resolver problemáticas sociales y culturales, más gente en las cárceles.

Sí podrían encararse campañas dirigidas tanto a los adolescentes como a los adultos, incluir el tema dentro de la Educación Sexual en las escuelas, desalentando el consumo de prostitución con los argumentos de que se puede estar violentando a una mujer en situación de trata o de explotación sexual que no puede elegir y que por otra parte las relaciones sexuales no mercantiles, deseadas por ambos, donde intervengan la ternura, el compañerismo y otros sentimientos pueden ser mucho más placenteras. Que el consumo de prostitución es una forma devaluada y degradada del ejercicio de la sexualidad.

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