viernes, 17 de junio de 2011

Adversarios y aliados del imperio

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

Resumen

Estados Unidos refuerza su papel de gendarme para contrarrestar los desafíos de viejos enemigos, nuevos adversarios y tradicionales aliados. Extiende la red de bases militares e institucionaliza el terrorismo de estado. También invade con pretextos humanitarios a los países que albergan grandes recursos o tienen gravitación geopolítica.

Obama ha mantenido sin cambios esta política belicista y abandonó todas sus promesas de moderar la agresividad. Este belicismo genera una degradación moral que desestabiliza a la sociedad norteamericana y socava las tradiciones democráticas. El militarismo es apuntalado por formaciones derechistas, que aportan la base social de las cruzadas internacionales.

Estados Unidos intenta bloquear el ascenso de economías emergentes que tienen recursos demográficos y naturales o experiencia de dominación político-militar. Este grupo de países desarrolla acciones sub-imperiales y tiene mayor autonomía que su precedentes de la posguerra. El imperialismo promueve la dispersión de ese bloque, mediante la cooptación de ciertos adversarios a una asociación unilateral. Busca especialmente establecer coordinaciones hegemónicas con India, Sudáfrica y Brasil.

La primera potencia intentó neutralizar por completo a Rusia cuando se desplomó la Unión Soviética, pero ha debido aceptar un status de presión militar y negociaciones. Frente al arrollador avance económico de China persiste una indefinición entre la beligerancia y el compromiso.

El gigante del Norte ejerce su liderazgo imperial con la resignada aprobación de Japón, cuya orfandad militar lo obliga a aceptar todas las presiones económicas. Europa conformó una Unión Monetaria, pero no logra cohesión bélica y se amolda a las pautas del Pentágono.

El imperialismo norteamericano intenta reafirmar su liderazgo imperial con controles, sanciones y restricciones a la proliferación nuclear. Define quiénes deben participar y ser excluidos de la disuasión. Estas negociaciones retratan el escenario imperial.

Desde el 11 de septiembre del 2001, Estados Unidos reforzó su papel de gendarme internacional. Inició un ciclo de agresiones tendientes a contrarrestar los desafíos que afronta en varios frentes, con acciones que apuntan contra sus viejos enemigos, sus nuevos adversarios y sus tradicionales aliados.

Intervencionismo generalizado

Desde el fin de la guerra fría el Pentágono ha extendido su red de bases militares. Ingresó en varias regiones anteriormente vedadas (Báltico, Europa Central, Ucrania, Asia Central), acrecentó su presencia en América Latina e irrumpió en África. Estados Unidos ejerce un rol determinante en los conflictos armados, como invasor, instigador, proveedor de pertrechos o sostén de los bandos en pugna. Actúa en forma directa o lateral en todas las sangrías de África (Sudán, Chad y Somalia), Asia (Sri Lanka y Pakistán) y Medio Oriente (Afganistán, Irak, Libia).

El rol jugado por la CIA en estos choques es sólo conocido mucho tiempo después de su ocurrencia. Hay un trabajo sucio de los servicios de inteligencia financiado con enormes partidas del presupuesto militar. La penetración del espionaje en las actividades tradicionales de la diplomacia tradicional se acrecienta día a día.

En las zonas de ocupación se recurre a bombardeos sistemáticos contra la población civil, que la prensa adicta describe como “daños colaterales”. Los asesinatos de ciudadanos indefensos son presentados como acciones necesarias contra el terrorismo. Disparar a mansalva y balear a los sospechosos son ejercicios habituales de los marines en Afganistán o Irak. (1)

Esa brutalidad aumenta en proporción al número de mercenarios incorporados a las tareas de ocupación. Las empresas de seguridad actúan sin ninguna atadura a las reglas militares y cuentan con protección oficial para comportarse como pistoleros. Estos actos de salvajismos son la carta de presentación que utilizan las compañías, para obtener nuevos contratos del Pentágono. (2)

La comandancia norteamericana monitorea formas inéditas de terrorismo de estado, mediante secuestros y torturas que se realizan en una red mundial de cárceles clandestinas. Los prisioneros soportan condiciones inhumanas, son trasladados de un punto a otro y tienen anulado el derecho de defensa. La mitad de los detenidos en Guantánamo es totalmente inocente de las acusaciones que condujeron a su secuestro.

También se ha perfeccionado el asesinato selectivo a través de unidades especializadas. El ajusticiamiento de Bin Laden constituye el ejemplo más reciente de esta modalidad de terrorismo estatal. El líder de Al Qaeda no fue apresado como otros personajes semejantes (Noriega, Sadam) para ser exhibido en algún tipo de tribunal, sino que fue directamente acribillado por un comando elogiado por Obama. El relato infantil que montó el Departamento de Estado para presentar ese crimen como un acto heroico, no logró ocultar que simplemente liquidaron un individuo desarmado.

La inmediata eliminación del cadáver incrementa las sospechas de una operación realizada con total impunidad extra-territorial. Al aplicar el método israelí de ultimar a los adversarios en cualquier parte del planeta, Estados Unidos convierte la violación de la legalidad internacional en un hábito de sus incursiones.

El desprecio por la vida humana es el fundamento de una nueva doctrina de guerra perpetua y destrucción de las poblaciones elegidas como blanco. La justificación de la agresión sigue un guión estándar de argumentos simplistas. Se presenta al enemigo como un “dictador hitlerista” (Sadam) y se invade el país para evitar un “holocausto de inocentes” (Haití, Sierra Leona). Los ataques ejemplares son alentados como forma de impedir que los “tiranos se envalentonen”, afectando la “seguridad mundial”. Toda la artillería es concentrada en un “eje del mal” de países ingobernables o “estados fallidos” (Corea del Norte, Irán o Venezuela). (3)

Estados Unidos afirma que debe ejercer su “responsabilidad en la protección de los civiles”. Pero termina consumando masacres, que se ubican en las antípodas de cualquier “intervención humanitaria”.

Las agresiones siempre se perpetran con alusiones a la libertad y la democracia, hasta que salen a flote los verdaderos propósitos. En ese momento se destapa que lo importante en Irak era el petróleo (y no las armas de destrucción masiva), que en Panamá el problema era el canal (y no las drogas) y que Afganistán es un sitio geopolítico esencial (con o sin Bin Laden). El imperialismo redobla la apuesta frente a cada obstáculo y responde con nuevas convocatorios guerreristas ante cualquier “peligro que afronte Occidente” .

Continuismo y degradación

Obama ha mantenido sin cambios esta política belicista y abandonó sus promesas de moderar la agresividad. Perpetúa Guantánamo, preserva la censura militar, avala la tortura, alienta a las tropas y repite las mismas vulgaridades que Bush sobre el terrorismo. Sólo modificó el estilo y transformó un discurso prepotente en retórica calibrada, para restablecer alianzas y obtener más recursos. Esta continuidad ha generado decepción y el receptor del premio Nobel de la paz ya fue penalizado por el electorado con expectativas progresistas.

Obama retoma la política de Bill Clinton, que encubrió con disfraces humanitarios los ataques a Somalia (1992-93), los bombardeos de Bosnia y los Balcanes (1995), la agresión a Sudán (1998), la incursión en Kosovo (1999) y el hostigamiento de Irak (1993-2003). Actualiza el paradigma de “guerras justas” y concertadas, que durante los años 90 se implementaron en nombre de la globalización y el multilateralismo. Con ese molde corrige los excesos de la soberbia unipolar de Bush, buscando garantizar los objetivos militares que comparten los legisladores demócratas y republicanos.

Pero el belicismo imperial genera una degradación moral que desestabiliza a la sociedad norteamericana. Las aberrantes torturas y azotes en las cárceles de Irak y la conducta de un ejército dominado por el racismo y el acoso de mujeres, generan fuertes repercusiones internas. Los testimonios y las perturbaciones psicológicas de los veteranos conmueven a gran parte de la población. La pérdida de la ética militar genera angustias entre muchos retornados del frente y existen numerosos casos de suicidio.

También la privatización de la guerra, a favor de mercenarios con mayores sueldos que sus pares regulares, potencia la descomposición del ejército. Esta formación combate sin motivaciones altruistas y sus efectivos se reclutan entre una sub-clase de pauperizados, minorías (latinos y afros) y grupos con problemas legales de drogadicción. Son incitados a la matanza a través de entrenamientos, que convierten al asesinato es un hecho corriente. Pero esas infamias acrecientan un malestar interno que comienza a tomar estado público.

La agresividad imperial externa se traduce, además, en un recorte de las libertades democráticas. Resulta imposible masacrar afuera y preservar dentro del país un sistema de información irrestricta. El giro hacia el totalitarismo interno incluye mayor control sobre la difusión de los acontecimientos bélicos.

El espionaje interno ha quedado desbordado en Estados Unidos por una enorme red de agencias. Estas entidades receptan y almacenan diariamente un cúmulo ingobernable de información, que nadie logra procesar y coordinar con alguna seriedad. El número creciente de personas con acceso a los sistemas clasificados ha deteriorado también el carácter confidencial de esa actividad y muchos secretos salen a la superficie.

Hay casos de hackers que difunden esa información por competencia informática o por simple afán de gloria. Pero también hay reacciones frente a la barbarie militarista. El periodismo militante tiende a multiplicarse para contrarrestar la censura de impuesta a la prensa. (4)

La militarización interna es un efecto de la paranoia, que ha generado la cruzada contra el terrorismo. El estado policial hace germinar fuerzas más descontroladas, entre una población habituada al uso de las armas, al racismo y a la persecución de inmigrantes. Algunas leyes en danza autorizan la detención de un individuo por cualquier tipo de sospecha.

La agresión imperial socava las tradiciones democráticas, a medida que la brutalidad externa incentiva el salvajismo en casa. El trato brutal que soportan los presos comunes es otro ejemplo de esta regresión. La tasa de encarcelamientos en Estados Unidos es cinco veces superior al promedio internacional. Los detenidos pobres no pueden solventar su defensa y existe un ambiente fascista en todas las prisiones, administradas como negocios privados.

En este clima militarista se apoya la derecha norteamericana, que perdió fuerza durante el ocaso de Bush y recupera posiciones ante la impotencia de Obama. Este sector incentiva la intolerancia y las supersticiones religiosas, con ideas trogloditas sobre el aborto y el uso del rifle. Su nuevo vocero del Tea Party aprovecha la desesperación que genera el desempleo, la fragilidad del los sindicatos y las dificultades de los movimientos críticos.

La propaganda reaccionaria es solventada por un sector de la plutocracia gobernante, que ha convertido las campañas electorales en torneos de gasto publicitario. Los medios de comunicación han perfeccionado todas sus técnicas de desinformación, para que la población ignore las barbaridades que realizan los marines.

Los distintos grupos derechistas conforman, en la actualidad, la base social del imperialismo norteamericano. Brindan soporte a todas las cruzadas internacionales, a través de mensajes esquizofrénicos. Por un lado exaltan la democracia y la libertad de todos los ciudadanos del mundo y por otra parte realzan la superioridad estadounidense y el desinterés por el resto del mundo. Esta ideología persigue varios objetivos geopolíticos.

Bloquear a los adversarios

El imperialismo norteamericano enfrenta actualmente el ascenso de un grupo de países de creciente gravitación, como China, India, Brasil, Sudáfrica o Rusia. Han sido bautizados con el término de emergentes por sus enormes recursos demográficos, naturales y militares o por su experiencia en la dominación político-militar. Esta irrupción representa un serio desafío para la primera potencia.

El ritmo de expansión de esos países no se detuvo con la crisis financiera del 2008-2010. Mientras que las economías centrales afrontaron los efectos de una severa recesión, los emergentes mantuvieron un importante nivel de actividad. Esa asimetría explica los intensos debates sobre acoples, desacoples y re-acoples, que rodearon a esa convulsión.

Este nuevo grupo de países se perfila como un tercer bloque, igualmente distanciado de las economías avanzadas y del Tercer Mundo. Mantienen una participación limitada en el PBI global, que se incrementa año tras año (del 14% en el 2007 % al 18% en el 2010). Este conglomerado creció tres veces más que las economías avanzadas durante el 2010, con deudas públicas en disminución y clases medias en expansión. Estos dos últimos indicadores presentan una evolución muy negativa en la tríada.

En el año 2000, sólo 26 de las mayores 500 empresas (por su nivel de capitalización bursátil) pertenecían al grupo emergente. En la actualidad llegan a 119 y han liderado varios procesos de adquisiciones de grandes firmas. Además, un tercio de los bonos de tesoro estadounidense se encuentra actualmente atesorado en sus Bancos Centrales. (5)

La nueva gravitación de estas economías quedó consagrada en el esquema de jerarquías mundiales que introdujo el G 20. Este agrupamiento modifica la administración de las turbulencias globales que imperó en los años 80 o 90, en torno al restringido G 7. Se ha conformado un nuevo club de participantes de las cumbres presidenciales, que marginó al G 192 de las Naciones Unidas, pero ensanchó el núcleo de los principales decisores.

Existen varias denominaciones para tipificar al nuevo agrupamiento. El término BRICs (que introdujo Goldman Sachs) es descriptivo y se emparenta con invenciones mediáticas muy ingeniosas, pero poco consistentes.

Lo importante es percibir cómo el ascenso de estas economías desafía los viejos liderazgos imperiales. Son países con rasgos semiperiféricos, que comienzan a ocupar las frecuentes situaciones intermedias que ha registrado la historia del capitalismo. En ese terreno se ubicaron en el pasado las potencias que alcanzaron liderazgos (Estados Unidos, Alemania, Japón), los países que no continuaron ese ascenso (Suiza, Bélgica, España) y los que se extinguieron como fuerzas relevantes (Italia).

Es evidente que la gravitación geopolítica de los emergentes aumenta, especialmente en los entornos regionales más próximos. Este rol se verifica en las acciones de ejercicio de la autoridad zonal, que en los años 60 fueron bautizadas con el término de “sub-imperialismo”. Estas iniciativas repiten los pasos recorridos por las potencias que buscaron alcanzar un status internacional significativo.

Este proceso suscita gran preocupación en los círculos conductores del imperialismo norteamericano, puesto que el ascenso de sus desafiantes actuales difiere del registrado durante la posguerra. En ese período emergieron varias economías occidentales asociadas (Canadá, Suecia, Australia) y un núcleo de aliados confiables (Japón, Alemania, Corea del Sur). Esos países mantenían una relación de estrecha subordinación hacia Estados Unidos, que no comparte el grupo que despunta en la actualidad.

Frente a este escenario, el gigante del Norte recurre a una variable combinación de presiones, alianzas y amenazas. Su estrategia general está dictada por el objetivo de frenar a China, disuadir a Rusia, cooptar a India y coordinar el avance de los poderes específicamente zonales de Brasil y Sudáfrica. Esta política también incluye sostener a Arabia Saudita, vigilar a Turquía y poner en cuarentena a Pakistán. Se consuma tomando distancia de las deliberaciones en la ONU y reforzando el sistema global de bases militares. (6)

El Departamento de Estado trabaja intensamente, para evitar que el grupo emergente se constituya como un bloque geopolítico independiente, con agendas propias e iniciativas coordinadas. Hasta el momento ese alineamiento sólo ha realizado algunas reuniones (Ekaterimburgo 2009, Brasilia 2010), que no definieron políticas comunes.

Estados Unidos pretende aprovechar el estadio inicial de este proceso, para promover la dispersión del grupo. Las elites de la primera potencia son conscientes de la existencia de un posible escenario multipolar de mayor equilibrio entre las fuerzas capitalistas del planeta. En este contexto se podría forjar un contrapeso, que los líderes norteamericanos buscan contrarrestar mediante la fractura del nuevo bloque.

El principal instrumento para propiciar esta división es la cooptación de ciertos adversarios a una asociación unilateral con el imperialismo dominante. Esta captura es presentada como una construcción de “nuevas gobernanzas mundiales”, que en los hechos preserva la conducción norteamericana. Pero esta política exige también reconocerle a cada sub-potencia, un derecho de opresión regional en sus esferas de influencia.

También en el plano económico Estados Unidos emite tentadoras ofertas de alianzas bilaterales. Aquí aprovecha la fuerte distancia que todavía separa a cualquier economía emergente de los países desarrollados. Por el alto nivel de pobreza y desigualdad, el ingreso per cápita de los BRICs se mantiene muy por debajo del promedio de las principales potencias y del grueso de los países europeos.

Antes del estallido de la crisis reciente, el acceso comercial al mercado interno norteamericano constituía la principal carta de negociación estadounidense. Esa oferta se ha reducido, pero no ha desaparecido y permite tantear convenios bilaterales con cada país, para abastecer al principal importador del planeta.

Cooptación y fracturas

Para alentar las tendencias centrífugas, el imperialismo norteamericano refuerza a las relaciones privilegiadas que mantiene con las clases dominantes del bloque emergente. Esos sectores prosperaron bajo el neoliberalismo y se forjaron al calor de las privatizaciones, buscando emular el estilo de enriquecimiento y consumo de sus pares estadounidenses. Esta herencia de comportamientos choca con la consolidación de proyectos coordinados entre las economías que emergen.

Las elites de estos países no tienen ninguna intención antiimperialista. Priorizan alianzas con el padrino norteamericano. Observan con terror cualquier insubordinación popular en los escenarios sociales explosivos en que actúan.

La experimentada diplomacia norteamericana conoce estos contextos y apuesta a frustrar la consolidación de los emergentes, recordando los bruscos cambios del contexto internacional, que se han observado en las últimas décadas. Del ascenso de los “No Alineados” durante el auge de los Petrodólares, se pasó en los 80 a un colapso de endeudamiento y regresión de la periferia. Luego sobrevino el avance y estancamiento de Japón, el despertar y la crisis del Sudeste Asiático y las frustradas promesas de la Unión Europea. Si se repiten estas oscilaciones, la performance de las economías intermedias podría cambiar con vertiginosa celeridad.

Estados Unidos desenvuelve dos políticas muy distintas frente a los integrantes del bloque emergente. Un segmento es tratado con tolerancia y disposición a reconsiderar las formas de asociación con la primera potencia. Otro grupo recibe respuestas amoldadas a un rival a neutralizar. Mientras que India, Brasil y Sudáfrica son vistos como socios perdurables, Rusia y China son observadas con recelo y decisión de frenar su expansión.

La estrategia de asociación subordinada guía las relaciones con el primer grupo. Esta política incluye la aceptación de un nuevo margen de autonomía, para forjar coordinaciones hegemónicas en distintas regiones del planeta.

Este empalme es muy visible en el caso de la India. El viraje pro-norteamericano de sus clases dominantes es aprovechado por el imperialismo para reordenar el complejo ajedrez en una zona repleta de conflictos sociales, nacionales y fronterizos. Estados Unidos avala la gestión dominante de la India en sus áreas de influencia y aprueba por ejemplo la campaña contra los tamiles de Ceylán. (7)

Un visto bueno semejante reciben los gobernantes sudafricanos para estabilizar el sur del continente negro. La influencia geopolítica de esta ascendente sub-potencia se afianzó desde el fin del Apartheid, junto a la expansión de las empresas radicadas en Johanesburg. Aunque este desenvolvimiento puede generar conflictos competitivos con las firmas norteamericanas, Estados Unidos incentiva la función ordenadora que cumple Sudáfrica en el continente más desgarrado del planeta. (8)

El mismo tipo de estrategia impera frente a Brasil, que también experimenta una fuerte expansión económica y geopolítica. Estados Unidos observa con disgusto como este país motoriza la gestación de una OEA sin su presencia (a través del Grupo Río), pero también toma nota del estrecho contacto con el Pentágono que ha mantenido durante la ocupación militar de Haití.

Esta acción ejemplifica las nuevas formas de convergencia hegemónica, que el poder estadounidense concede a su socio. Como Brasil no cuenta con armas nucleares, ni con tradiciones recientes de expansión militar, la primera potencia incentiva esta gestión común. (9)

China y Rusia

Las estrategias de alianza que promueve Estados Unidos con ciertos países difieren de las políticas impulsadas frente a los viejos adversarios de Rusia y China. Las décadas de fuerte conflicto se distendieron con el fin de la guerra fría, pero ambos países continúan encabezando el listado de rivales estratégicos. Frente a ellos persiste una actitud bélica de disuasión.

Estados Unidos intentó la neutralización total de Rusia cuando se desplomó la Unión Soviética. Vio la oportunidad de desarmar a su principal oponente de los años 50-60 y aprovechó el auto-destructivo giro neoliberal de las elites del país, para intentar la desmilitarización de su viejo enemigo. Robó secretos bélicos, infiltró las comandancias del ejército y sobornó a los funcionarios dispuestos a rematar por migajas los restos de la URSS.

Pero el imperialismo montó, además, un cerco con escudos anti-misiles avalado por sus nuevos vasallos de Europa del Este y Asia Central. Con este sistema colocó a su viejo antagonista en una situación de indefensión absoluta. El ingreso de los países bálticos y Polonia a la OTAN completó este cerrojo y la conversión de las viejas repúblicas soviéticas en satélites norteamericanos reforzó el asedio. Georgia se transformó en un servidor del imperio y los pequeños protectorados de la ONU (como Kosovo), utilizaron el disfraz de la independencia para instalar bases del Pentágono.

Pero esta política de sometimiento de Rusia suscitó finalmente una reacción de los propios dirigentes del país, que aprendieron en su nueva práctica de clase capitalista la conveniencia de sostener la integridad territorial. Los oligarcas que comandan la economía y los déspotas que manejan el estado captaron la imposibilidad de sostener sus negocios, si continuaba la desarticulación nacional que inició Yeltsin. Por esta razón comenzó el viraje de Putin hacia la reconstrucción del poder militar. El objetivo es asegurar el control sobre las enormes riquezas energéticas y proteger con la fuerza el petróleo, los oleoductos y los gasoductos. (10)

La brutal paliza que propinaron las tropas rusas a Georgia ejemplifica esa reacción. El país se endureció además con la OTAN y exigió congelar el sistema de misiles erigido en Europa Oriental, para encarar cualquier negociación sobre temas de seguridad. Dio por finalizado el desarme y duplicó en la última década el gasto militar.

En este nuevo marco Estados Unidos oscila entre continuar la presión fronteriza y aceptar el status bélico de Rusia. Por un lado tantea el mantenimiento de los misiles, compite por el control militar del Ártico y rivaliza por el padrinazgo de regiones con recursos naturales. La crisis de Kirguistán se dirime, por ejemplo, como una disputa de influencias en un territorio con bases norteamericanas y rusas.

Pero por otra parte, el Departamento de Estado negocia con Rusia reconociendo autoridad sub-imperial. Esa actitud ha predominado frente a las demandas nacionales de los chechenos. El gigante eslavo perdió la primera oleada de batallas contra ese pueblo (1994-96) y lanzó una segunda guerra (desde 1999) con grandes masacres de la población civil. Estados Unidos oculta especialmente estas matanzas por enemistad común ante cualquier insurrección islámica. En esta “lucha contra el terrorismo” Rusia y Norteamérica reencontraron estrechos puntos de acuerdo.

Pero la definición más compleja que enfrenta la primera potencia es la estrategia a seguir frente a China. Allí se localiza el principal competidor de la supremacía norteamericana. Es una amenaza que ya está a la vista en el terreno económico. El avance del rival oriental se ha tornado incontenible en las últimas décadas y se afianzó en la última crisis financiera.

China se afirma como segunda economía del mundo, luego de superar a Japón. Mantiene un promedio de crecimiento del 10% anual y se ha transformado en el mayor exportador del planeta. Encabeza la tabla mundial de fabricantes de autos y alberga el principal mercado de nuevos vehículos. Como se transformó en el principal usuario de energía, ya lidera la emisión de monóxido de carbono. (11)

Las consecuencias geopolíticas de ese progreso se vislumbran en la presencia de la sombra china, en todas las regiones con recursos naturales. Las empresas orientales conquistan espacios en los países asiáticos y en cualquier zona de África o América Latina con gas, petróleo, minerales o insumos agrícolas. Este dinamismo oriental desestabiliza la pretensión norteamericana de preservar su liderazgo imperial. El incremento del gasto militar chino -que saltó de la moderación a la expansión en la última década- es también un dato relevante.

El avance chino ha generado más desconcierto entre los diseñadores de la política exterior estadounidense, que la irrupción japonesa de los años 80. Hay varias estrategias abiertas, en un abanico de posturas beligerantes (promovidas por Pentágono) y conciliatorias (alentadas por las empresas transnacionales).

Un sector (Kaplan y Mearsheimer) propone retomar la guerra fría y crear un clima beligerante entre los aliados de la zona (Japón, Australia, Taiwán y Corea del Sur) para reproducir el hostigamiento que debilitó a la Unión Soviética. Otra postura (Pinkerton) promueve incentivar los conflictos con otras potencias (India, Japón), para lucrar con el debilitamiento de todos los competidores. Otra tesis (Kissinger y Brezhinski) sitúa la amenaza china sólo en el flanco económico y busca formas de asociación. Durante su gestión Bush no privilegió ninguna de estas opciones y esta vacilación persiste con Obama. (12)

Esta misma variedad de posturas se verifica en la contraparte china. Hasta ahora ha prevalecido la fracción de la elite costera, que promueve preservar estrechas relaciones económicas con Estados Unidos, con el propósito de mantener la primacía de las exportaciones y el financiamiento de un socio privilegiado. Esta orientación limita todos los ensayos de giro hacia el mercado interno, la mayor inversión en el agro y la apreciación del yuan.

La postura opuesta propone diversificar las acreencias y tomar distancia del deudor norteamericano. Propugna contrarrestar los desequilibrios que genera un esquema exportador, que descontrola la afluencia rural hacia las ciudades, mantiene los salarios contraídos y limita el consumo de los sectores más humildes. La influencia de este sector es mayor en las provincias del interior y no logra preeminencia entre los conductores de la política exterior oriental. (13)

Las indefiniciones de los grupos dirigentes de ambos contendientes acrecientan las tensiones que genera la expansión de China. Los aliados tradicionales de Estados Unidos en Asia soportan la desestabilización que impone un vecino arrollador, que tiende a convertirlos en proveedores de insumos.

Es evidente que China amplía su esfera de influencia con exportaciones de capital y mercancías. Pero su perfil futuro no depende sólo del continuado despliegue productivo, sino también de un desenlace político, entre las estrategias en pugna en las elites dirigentes.

Presión sobre los aliados

Estados Unidos ejerce su liderazgo imperial con la resignada aprobación de Europa y Japón. Este aval ha sido muy visible en la crisis económica de los últimos años. Cada encuentro entre presidentes para ajustar medidas de socorro a los banqueros fue sucedido por reuniones de seguridad, auspiciadas por el Pentágono. En estos cónclaves se definieron las prioridades del imperialismo colectivo.

Japón mantuvo su status político subordinado a las necesidades del Departamento de Estado. Esta performance surgió al concluir la segunda guerra y se atenuó posteriormente, pero nunca evolucionó hacia formas de administración más autónomas. Por esta razón, los conflictos comerciales y financieros con la primera potencia siempre tuvieron desenlaces desfavorables para los nipones.

Japón ha sostenido la economía norteamericana desde los años 70, a través de múltiples concesiones en el tipo de cambio, los aranceles y las normas crediticias. Al carecer de poder militar, cuenta con un margen muy estrecho para negociar con mayor dureza. Apuntaló el dólar revaluando el yen, limitó las exportaciones, solventó el gasto militar norteamericano y accedió a la reestructuración industrial que propició su socio. (14)

El status de Europa es muy distinto, pero se encuentra también condicionado por el despliegue de bases militares yanquis, en todos los puntos estratégicos del Viejo Continente. Estados Unidos impuso desde la posguerra relaciones iniciales de subordinación (Alemania), dependencia (Italia), asociación (Gran Bretaña) y también enfrentó tensiones (Francia). Este cuadro tuvo una evolución muy dispar hasta la creación de Unión Europea.

A partir de esta asociación se ha forjado un nuevo escenario asentado en la existencia de una moneda común y el afianzamiento de un gran tejido comercial, financiero y productivo. Pero la Unión no ha logrado construir su propia estructura militar y tampoco comparte una orientación diplomática externa común. La influencia europea en Medio Oriente y Asia Central decrece y no se han establecido relaciones estrechas con Rusia. Esta impotencia deriva del enanismo militar que se auto-impone la Unión Europea, al mantenerse bajo el paraguas de la OTAN.

Esta irrelevancia salió a flote durante la guerra en la ex Yugoslavia (1999). Estados Unidos fijó los ritmos y las modalidades de la intervención externa, en el primer conflicto militar de proporciones dentro de Europa desde la Segunda Guerra. Estas acciones se articularon bajo el mando del Pentágono, luego del fracaso de todas las mediaciones ensayadas por las potencias del Viejo Continente. Las tropas que enviaron estos países se adaptaron también a las directivas norteamericanas.

La misma sumisión militar volvió a observarse en todas las negociaciones encaradas con el ex bloque soviético. Mientras que Bruselas dirige las tratativas de ingreso al Euro de cada candidato de Europa Oriental, Washington determina cuántos misiles deben desplegarse en Polonia, el Báltico y la República Checa.

La carencia de cohesión militar europea se acentuó con el regreso francés a la OTAN. Este retorno marcó el sometimiento del último díscolo a la primacía estadounidense. Francia había intentado durante décadas desenvolver su potencial atómico en forma autónoma y mantuvo serios conflictos con el Pentágono, para preservar la tradición gaullista de independencia. Pero este rumbo perdió peso y parece agotado.

La Unión Europea brindó en los últimos años un sostén silencioso y disciplinado a todas las exigencias de su hermano mayor. Permitió que los aviones estadounidenses utilizaran su espacio aéreo, avaló operaciones encubiertas de Medio Oriente y aportó tropas para las invasiones dispuestas por el Departamento de Estado.

En cada cónclave de la OTAN se ultiman detalles de distintas incursiones. En Estrasburgo (2009) se acordó cómo contribuirá Europa a nuevos despliegues en Afganistán (que ya cuentan con efectivos de Francia, Alemania, España y Gran Bretaña). En Lisboa (2010) se reafirmaron los atributos de la organización que apadrina el Pentágono, para definir enemigos y estrategias de hostilización.

Pero lo más conflictivo es el pago de la cuenta. La crisis financiera abre serias dudas en torno a la financiación de los operativos. Todos los miembros europeos de la OTAN padecen monumentales desequilibrios de sus cuentas públicas y la organización se enfrenta con la cuadratura del círculo: postula aumentos del gasto militar sin recursos suficientes para solventarlos. (15)

La impotencia bélica europea tiene manifiestas consecuencias en el plano económico. Como los capitalistas advierten quién es su real protector en las situaciones de crisis, se recuestan sobre el dólar y los bonos del tesoro. Esta preferencia acentúa a su vez las debilidades europeas para gestionar la crisis, manejar la deuda pública y modificar la política conservadora del Banco Central Europeo (que obstruye con altas tasas de interés la integración productiva continental).

Existen muchos interrogantes sobre el futuro de la Unión Europea si la crisis económica actual se profundiza. La ausencia de un resorte militar unificador confirma hasta ahora las diferencias cualitativas con Estados Unidos. El Viejo Continente ha perdido el sostén imperial que utilizaba en el pasado para atenuar los efectos de las convulsiones capitalistas. La supremacía militar le aporta en cambio a Norteamérica, un gran instrumento para descargar las consecuencias de estos desequilibrios sobre sus rivales.

El test de la proliferación

Todas las tendencias y contradicciones que rodean a la supremacía imperial estadounidense se verifican en los debates sobre la proliferación de armas atómicas. Estados Unidos ya no afronta perspectivas de guerra nuclear con otras potencias. La confrontación con la ex URSS ha desparecido, pero se ha creado un nuevo problema con el comercio de ese armamento. La prioridad del Departamento de Estado es la contención de ese explosivo intercambio y la estricta supervisión norteamericana de esta actividad.

Como ya existen nueve países con arsenal atómico (Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña, Francia, Israel, Pakistán, India y probablemente Corea del Norte), resulta casi imposible un bloqueo total de la proliferación. Por esta razón el Pentágono ha centrado todas sus exigencias en el control.

Esta supervisión no guarda el menor parentesco con la pacificación. Lo que está en debate es la racionalización y no la disminución del número de bombas. Mientras se negocia la reorganización del arsenal mundial se están desarrollando nuevos artefactos (X-51), que alcanzarían a cualquier país en menos de una hora. También se ultima el funcionamiento de un submarino, que transportará 6 bombas nucleares. Lo que se discute siempre es el destino de las ojivas obsoletas y no el uso de sus equivalentes almacenados. (16)

El Pentágono busca acelerar también estas tratativas, puesto que perfecciona la amenaza nuclear con nuevos desarrollos de fuerzas convencionales. En la medida que asegure su control del ajedrez nuclear, podrá desenvolver esos armamentos, que constituyen su apuesta estratégica para el próximo período. (17)

Pero sólo reafirmando su liderazgo imperial, Estados Unidos puede contar con la última palabra, a la hora de definir quién accede al mortífero club atómico. Todas las exhibiciones de fuerza apuntan a mostrar ese poder de supervisión. Los expertos norteamericanos exigen derecho de revisión de todo el material dudoso y también reclaman un riguroso poder de veto para cualquier transferencia.

Estados Unidos ha desarrollado una doctrina para catalogar los países que amenazan la seguridad y los estados que reúnen todos los atributos para custodiar la paz. Con esa clasificación define quiénes están maduros para participar en la disuasión y quiénes deben ser excluidos de ese juego.

En la última reunión internacional que abordó el tema (Washington, principios del 2010), la primera potencia estableció la agenda nuclear debatida por 47 países. Exigió blanquear los arsenales atómicos para impedir transferencias indeseadas y propuso instaurar un control del stock de plutonio y del uranio enriquecido (dos ingredientes de la bomba), bajo estricto escrutinio estadounidense.

También exigió un plazo de cuatro años para someter todo el material sospechoso al control de un organismo manejado por el gigante del Norte (Asociación Internacional de Energía Atómica). Se suscribieron acuerdos de eliminación inmediata de esas sustancias con Chile, Canadá, Ucrania y México y se estableció un cronograma general, que Estados Unidos también acelera para reactivar el desarrollo nuclear, como fuente de energía alternativa al petróleo.

Un punto conflictivo es el blanqueo de las 200 cabezas nucleares que tiene Israel. Este reconocimiento es una prenda de negociación para someter a todos los países a las nuevas reglas de Washington. Como el estado sionista es también el principal artífice de un eventual ataque aéreo a las instalaciones nucleares de Irán, su caso ha quedado circunscripto a un tratamiento especial. Israel no quiere rivales en la disuasión atómica de Medio Oriente y tiene en la mira ese eventual bombardeo, antes de la maduración del proyecto nuclear de Teherán.

Este ataque se mantiene como opción, mientras Estados Unidos juega la carta diplomática, para disuadir a Irán de su desafío atómico. El método de presión de los norteamericanos para forzar este desarme se parece mucho al practicado por Bush con Irak. Resoluciones de la ONU condenando al país, exigencias de apertura a las inspecciones internacionales y finalmente, algún ultimátum de rendición. Para realizar este chantaje cuentan con la estrecha colaboración de Alemania y España.

Pero Estados Unidos necesita comprometer a Rusia y eventualmente a China en el cerco contra Irán, para tornar asfixiante esta presión y bloquear las transferencias de tecnología. Ambas potencias exigen fuertes contrapartidas a cambio de esa complicidad. Por esta razón, se han ensayado otros caminos de mediación, a través de Brasil y Turquía.

Durante el año 2010 ambos países transmitieron un ultimátum preparado por Estados Unidos que no prosperó. La pretensión de comprometer a Rusia, China o la India en esta mediación también fracasó, puesto que los tres países tienen sus propios intereses sub-imperiales en la zona. No quieren armas nucleares en Irán, pero prefieren abstenerse del ejercicio de presiones directas.

Estados Unidos necesita, además, el concurso de otros socios para ordenar la situación de ciertos aliados –como India y Pakistán- que han evitado suscribir el tratado de No Proliferación. Un conflicto entre ambas naciones podría derivar en el uso del material nuclear. Pero aquí el Pentágono acepta jugar con fuego, puestos que ambos países integran el círculo íntimo de sus asociados.

En cambio, las exigencias sobre Corea del Norte aumentan día a día. El Departamento de Estado busca imponerle a ese país una cuarentena más severa que a Irán, ya que su desarrollo atómico le permite comercializar algunas franjas menores del explosivo armamento. Este hostigamiento es permanente y requiere un activo concurso de China, que el gigante oriental mantiene en reserva.

Estados Unidos difunde la ridícula versión de un dictador loco que se resiste a desmontar su arsenal, a la espera de mayores retribuciones económicas. En los hechos el Pentágono ha reforzado la presencia de sus tropas en Corea del Sur y promueve todo tipo de incidentes militares para bloquear la distensión, que ensayaron en la última década los mandatarios de ese país. El rumbo actual está dictado por un simple incremento de las provocaciones, a fin de imponer el desarme del adversario.

Todas estas peripecias en torno al arsenal nuclear retratan la situación actual de la dominación imperial norteamericana. La primera potencia ejerce activamente la supremacía militar y busca reafirmar ese poderío contra cualquier adversario existente o potencial. Somete a Europa y Japón, negocia con Rusia y China, fija el calendario de las ofensivas y de los blancos.

Estados Unidos refuerza, por lo tanto, su papel de gendarme para contrarrestar los desafíos de viejos enemigos, nuevos adversarios y tradicionales aliados. Intenta bloquear el ascenso de las economías en crecimiento, mediante la cooptación de ciertos países y la presión militar sobre otras naciones. En todos los casos, ejerce un liderazgo imperial para asegurar la subordinación de sus asociados. Pero cada acto de reafirmación de ese poder enfrenta mayores y condicionamientos. Estos obstáculos se verifican en las zonas más calientes del planeta.

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Ver también:

Notas:
1) En el video “Collateral Murder”, filtrado por wikileaks en abril de 2010, se observa cómo operan este tipo de asesinatos de personas (y periodistas) que caminaban pacíficamente por una plaza. Ver: www.collateralmurder.org
2) Una de estas firmas (Blackwater) ha extendido con otro nombre (Xe Services) su oferta de trabajos sucios a la actividad civil, La Jornada, México, 1-10-2010.
3) Un informe militar reciente de esta política denominado “Army Modernization Srategy” ilustra esa estrategia. Clarín, Buenos Aires, 14-10-08.
4) Un informe de estas tensiones en Página 12, Buenos Aires, 25-7-10.
5) Un análisis en La Nación, Buenos Aires, 5-9-2010.
6) Una descripción de esta múltiple estrategia en: Tokatlian Juan Gabriel, “Una tentación imperial que aún no ha cedido”, Clarín, Buenos Aires, 30-11-10.
7) Un análisis en Varadarajan Siddharth, “India ávida de reconocimiento”, Le Monde Diplomatique, Buenos Aires, Noviembre 2008.
8) Ver: Bond Patrick. “El imperio norteamericano y el subimperialismo sudafricano”. El Imperio Recargado, CLACSO, Buenos Aires, 2005.
9) Desarrollamos este tema en: Katz Claudio, Latinoamérica, “El peculiar ascenso de Brasil” en “Las disyuntivas de la izquierda en América Latina”, Edición cubana, Colección. Nuevo Milenio, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2010.
10) Ver: Kagarlistky Boris. “El estado ruso en la era del imperio norteamericano”. El Imperio Recargado, CLACSO, Buenos Aires, 2005.
11) Un informe en The Guardian-Clarín, Buenos Aires, 17-8-2010.
12) La caracterización de estas estrategias es expuesta por: Arrighi Adam Smith en Pekín, Akal, 2007, (cap 10).
13) Este análisis plantea: Hung Ho-Fung, “China: ¿la criada de Estados Unidos?”, New Left Review 60, 2010.
14) Estos condicionamientos son retratados por: Murphy Taggart, “A loyal retainer? Japan, capitalism and the perpetuation of America hegemony Socialist Register 2011 The Crisis This Time Sep 2010.
15) Ver: La Nación, Buenos Aires, 20-11-2010.
16) Ver: Almeyra Guillermo, “El desarme nuclear de Obama”, La Jornada, México, 18-4-10.
17) Ver: Weltz Richard, “Obama entre el desarme y la supremacía atómica, Clarín, Buenos Aires 11-4-10.

Bibliografía:
- Chomsky Noam, “Genocide denial with a vengeance”, Monthly Review, vol 62, n 4, september 2010.
- De Pauw Freddy, “Patriotes, Ossetes et petrole” , Inprecor 541-542, septembre -octobre 2008
- Fiori José Luis, O poder global e la nova geopolitica das nacioes, Editorial Boitempo, 2007, Sao Paulo.
- Johnson Chalmers, “¿Es posible la liquidación imperial en el caso de USA”, www.rebelión.com 24-5-07
- Johnson Chalmers, “El significado del imperialismo”, www.prodavinci.com, 27-1-09
- Katz Claudio -“Las tres dimensiones de la crisis”, Número 37/38 de la revista Ciclos en la historia, la economía y la sociedad, Año XX, Vol. XIX, 2010, ISSN 0327-4063, Buenos Aires, FIHES-IDEHESI
- Katz Claudio, “Crisis global: las tendencias de la etapa”, Aquelarre, Revista de Centro de la Universidad de Tolima, Colombia, vol 9, n 18, 2010
- Klare Michael, “Guerre du Caucase” , Inprecor 541-542, septembre -octobre 2008
- Nanga Jean, “Aprés cinquante ans d´independance”, Inprecor 562-563, juin-juillet 2010.
- Tokatlian Juan Gabriel, “Estados Unidos persiste en el error”, Clarín, 16-11-10.
- Zinn Howard, “Foreword”, in Lends Sydney The forging or the American empire, Pluto Pres, Canadá 2003

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La hora de los pueblos

Daniel Cadabón (especial para ARGENPRESS.info)

En Grecia, en medio de la tercera huelga general que los trabajadores realizan contra los ajustes que el socialista Papandreou aplica contra conquistas históricas y derechos de los trabajadores, ajustes y recortes salariales impulsados por la Comunidad Europea y el FMI, se produjeron en el día de ayer enormes movilizaciones obreras y de empleados del estado que pusieron en crisis todo el andamiaje de los partidos socialdemócratas europeos.

Los socialistas, en el gobierno griego, deben hacer los deberes que exige la comunidad europea y, sobre todo, Alemania y Estados Unidos, y que pasan por, vaya novedad, hacer pagar la crisis a los trabajadores y al pueblo empobrecido. Viejas y conocidas recetas por nuestros pueblos del sur.
En medio del clima de rebelión, huelga y movilizaciones que recorre toda el Grecia, el mundo de los negocios duda de que el gobierno socialista, extremadamente debilitado por las luchas, pueda realizar el ajuste con éxito, lo cual hace que las bolsas del mundo tiemblen y se desmoronen. Nadie duda que la crisis griega tendrá como consecuencias un agravamiento masivo de las crisis en el resto de los países imperialistas de Europa, que termine por provocar un colapso aun mayor al vivido en 2008 con la bancarrota bancaria en Estados Unidos e inaugurando una etapa superior de la crisis capitalista mundial que algunos optimistas ya daban por concluida.

'Pánico' en los mercados ante un contagio al estilo Lehman en Europa, titula el diario “El mundo” dando cuenta de la gravedad catastrófica que recorre toda Europa y comparando la situación actual con las bancarrotas estadounidenses de 2008.

La economía griega no parece tener solución, y los especialistas no sólo dudan sobre la mejor estrategia para superar la crisis, sino sobre el propio futuro del capitalismo en Grecia y en el resto de países europeos. "Prefiero no hacer vaticinios, estamos en una situación de pánico y éste es irracional, muy difícil de controlar", asegura José Luis Martínez Campuzano, estratega jefe de Citigroup. "Nadie puede vaticinar nada en una situación así" (El mundo). “Según el FMI, las próximas 24 o 48 horas serán cruciales en Grecia”(ídem).

La asistencia económica a los bancos griegos puede ser un verdadero salvavidas de plomo que termine de mandar a Grecia a la quiebra.

El Banco Central Europeo pronostica “que una nueva ayuda a Grecia crearía tantas incertidumbres y riesgos que sería necesario doblar el fondo de rescate para tener en cuenta los riesgos de contagio entre otros países europeos”. (ídem)

Por supuesto, que uno de los factores centrales para tanta incertidumbre capitalista no pasa únicamente por la solución económica-financiera que tanto la Comunidad Económica como los yanquis piensan para Grecia y para el resto de países en crisis, sino y fundamentalmente por la respuesta que las masas europeas vienen dando a estos planes de ajuste que los gobiernos intentan descargar sobre sus espaldas: movilización incesante en contra de los manotazos de los banqueros sobre sus derechos laborales y sociales; en Europa está planteada sin cortapisas la antinomia “es la banca o la vida”.

Y no sólo la vida en términos de la pérdida de derechos sociales, laborales y jubilatorios que harían estirar la agonía provocando un retroceso en las condiciones de vida a épocas de preguerra, sino la vida misma e inmediata de los movilizados.

El principal debate que recorre Europa hoy, además de los efectos de la crisis, es como reprimir la resistencia popular a los ajustes. Es decir, tanto los socialistas como los conservadores europeos, se disponen a discutir con sus pueblos en términos de represión policial.

En Barcelona, el gobierno de la Generalitat en su intento de aplicar recetas similares al gobierno helénico produjo una fuerte radicalización de los movimientos de indignados autoconvocados que dispuestos a aplicar, realmente, la democracia real obligaron a los diputados del parlamet a entrar subrepticiamente en medio de escraches y piquetes similares a los sucedidos en nuestro país en 2001.

La sesión parlamentaria dispuesta para el recorte de de “beneficios” laborales -en realidad una modificación brutal a los convenios colectivos de trabajo- fue finalmente suspendida, pero obligó a los parlamentarios que quisieron concurrir a imaginar su futuro en el presente.

Barcelona tiene el mejor equipo de futbol del mundo, pero también es un modelo de la perspectiva que la lucha de las masas europeas tienen planteadas para con su régimen de explotación; la unidad entre los sectores jóvenes explotados y desocupados, la clase obreray los sectores medios.

La movilización popular que sitió el parlamet, obligando a que algunos diputados debieron enfrentarse a los piquetes y escuchar la verdadera opinión del pueblo sobre las medidas que iban a sancionar en la propia cara; mientras otros, cobardemente, quisieron evitar el reclamo popular y dispusieron el ingreso a “la casa de la democracia” ocultándose en furgones cerrados y hasta utilizando helicópteros para evadir a los manifestantes, fue salvajemente reprimidos por la policía catalana.

Esta movilización, que practicó la democracia real de la población movilizada, al oponer su justo reclamo en cara de sus parlamentat, obligó a delimitar las aguas entre los propios indignados catalanes y el arco de partidos de la burguesía española que en algún momento juguetearon demagógicamente con el movimiento de los 15M, pero que a partir de ahora pasaron de ser un movimiento democrático a un grupo de delincuentes antidemocráticos y pasibles de prisión por “extorsionar” a sus diputados.

Europa está viviendo en carne propia lo que las corrientes cálidas del norte de África les envían a través del Mediterráneo. La burguesía discute si aplicar los mismos métodos que Mubarak en Egipto o que Bashar al Assad en Siria o Gadafi en Libia.

Se acerca la primavera europea y esta vez las burguesías han agotado las tendencias paralizantes de fenómenos similares en otros momentos de la historia.

La crisis agrupa por igual a derechas, fascistas y socialdemócratas. Ya no existe el estalinismo, más que como un sórdido recuerdo, que sirva para desviar a las masas de una lucha de clases resuelta en contra de la dominación capitalista. La clase obrera europea se encuentra de frente con su propia conciencia.

Las sucesivas frustraciones que se alojan detrás de las crisis siempre han sido un caldo de cultivo para virajes derechistas, sobre todo en sectores medios que empiezan a ver en la pauperización creciente y en una desocupación forzada al enemigo entre las masas trabajadoras. Sin embargo, la instalación de políticas económicas que profundizan la pobreza y la pérdida de conquistas en manos de los socialistas griegos, españoles y portugueses, es acompañada en medio de esta crisis en la misma medida por los derechistas Berlusconi en Italia, Sarkozy en Francia o Angela Merkel en Alemania y es resistida en estos países por la clase trabajadora y los sectores medios de la juventud en un frente único de características extraordinarias que difícilmente pueda ser cooptado por las fuerzas de la reacción derechista.

Sumemos a esto el clima de rebelión que recorre las provincia chinas de Guangdong, con su poderosa clase obrera; Zengcheng , convertida en un nuevo Tunes a partir del maltrato policial a una joven vendedora ambulante embarazada 20 años, a manos de la policía popular china, lo que hizo que miles de manifestantes salieran a la calles a enfrentar semejante acto de brutalidad policial provocando una rebelión que ya lleva una semana de duración.

En tanto la primavera democrática africana no hace más que extenderse tanto en ejemplo como en profundidad, hundiendo a las dinastías gobernantes y dictatoriales.

Podremos asegurar que la hora de los pueblos está llegando.

Foto: Grecia - Manifestantes del Partido Comunista Griego rompieron los candados de las puertas de la máxima atracción turística del país y colgaron pancartas en griego y en inglés que decían: “Pueblos de Europa - Rebélense”.

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La educación: Cuestión política

Álvaro Cuadra (especial para ARGENPRESS.info)

Si hay algo que queda claro de los últimos paros y manifestaciones estudiantiles es que el tema de la educación se inscribe entre las grandes cuestiones políticas no resueltas en el país. Las demandas planteadas por los estudiantes, profesores y académicos es clara: La educación es un derecho y no una mercancía más expuesta a los avatares del mercado. Desde el punto de vista neoliberal se trata, desde luego, de una herejía que contradice todos los manuales de economía liberal en los que se han formado las elites.

Contra la presunta razón neoliberal, habría que recordar que en la historia de las luchas sociales en Chile, la educación gratuita y de calidad para todos ha sido una bandera enarbolada por los más diversos sectores políticos, desde don Pedro Aguirre hasta Salvador Allende. Esto quiere decir que la educación representa un anhelo de superación para las nuevas generaciones, un derecho elemental de niños y jóvenes que nacen en esta tierra. En este preciso sentido, no se trata de barajar guarismos y porcentajes, se trata de una decisión política. Es bueno recordar que naciones mucho más precarias económicamente han tomado la decisión de garantizar a sus ciudadanos una educación gratuita y de calidad.

Insistir de manera tan obstinada como obtusa en mantener “el negocio de la educación” entre nosotros, desprestigiando toda manifestación estudiantil como si se tratase de vándalos, es proteger a los mercaderes que por definición lucran con una cuestión tan sensible e importante para el desarrollo del país. Cuando un gobierno sostiene este tipo de políticas insulta a miles de familias que deben endeudarse para costear la educación de sus hijos, sin saber si llegaran a obtener su título.

Las protestas estudiantiles no son un acontecimiento puramente episódico, entenderlo así es no entender el problema de fondo. La educación chilena atraviesa una profunda crisis derivada de haber convertido este derecho en una mercancía más, en detrimento de los sectores más pobres. Digámoslo con todas sus letras: El neoliberalismo muestra la estatura de su fracaso, justamente, en todas aquellas cuestiones importantes para la sociedad, en primer lugar la educación.

A quienes sostienen que concebir una educación gratuita en el actual estado de cosas es una quimera irrealizable, habría que recordarles que la privatización de la educación fue una decisión política del dictador en sus últimas horas. El Chile de hoy está poniendo en evidencia que la democracia pos autoritaria de equilibrios cupulares al interior de la clase política comienza a mostrar sus grietas e inconsistencias. Cuando cientos de miles de chilenos protestan en las calles contra los que se enriquecen con la educación y son tratados como delincuentes por los medios, el gobierno y la policía, es que algo anda mal con nuestra democracia.

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Chile: La muerte política del ministro Joaquín Lavín

Andrés Figueroa Cornejo (especial para ARGENPRESS.info)

1. En medio de la marcha de protesta más multitudinaria de Santiago de Chile en las últimas décadas, con alrededor de 100 mil asistentes en torno a la recuperación de la Educación Pública, el profesor de Educación Básica y dirigente del Colegio Metropolitano de Profesores, Raúl Manríquez dijo que “la manifestación es la mejor demostración de los errores que ha cometido el gobierno en general, y en materia educacional, en particular. Continuar vendiendo la educación pública al sector privado, no lo aceptaremos los docentes. Lo menos que puede hacer el ministro Lavín es renunciar a su cargo. Ello se apoya incluso en su baja en las encuestas”.

Mientras 14 calles de la principal arteria de la Capital, la Alameda, se mantenían atiborradas de jóvenes estudiantes de colegios y universidades, de educadores y trabajadores, Laura Ortiz, vocera de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), informó que “aparte de las tomas y de los paros que sostenemos a nivel nacional, también salimos a la calle a manifestarnos contra el actual sistema educativo. Estimamos que primero es preciso realizar una transformación del modelo económico del país; y que la renacionalización del cobre es primordial para garantizar financieramente los derechos sociales arrebatados.”

La gran marcha del jueves 16 de junio, se inició a las 11:00 y culminó a las 14:00 hrs. Los pasos firmes, la creatividad expresada con cantos, bailes y las banderas de consignas llenas de humor inteligente, hicieron arder el mediodía invernal del centro de Chile.

Ignacio Sepúlveda, representante de la Escuela de Ingeniería Química de la Universidad de Santiago de Chile (USACH, ex UTE), indicó que “hemos logrado reunir al sector universitario tradicional y privado. Nuestras demandas son que el Estado se haga cargo de la Educación Pública. El financiamiento a través de los años ha bajado sustancialmente y la familia chilena, vía endeudamiento a más de 20 años, ha tenido que hacerse cargo de la enseñanza en el país. Y la educación privada es vital que se regularice en materia de ganancias. Estudios internacionales afirman que en ningún caso el lucro en la educación es sinónimo de excelencia. Todo lo contrario. Las universidades más prestigiosas del América Latina son gratuitas.”

La presidenta de los Trabajadores Bancarios, Andrea Riquelme, explicó la presencia de esa área de asalariados, enfatizando que “estamos contra el lucro en la educación. Y las instituciones financieras se prestan para endeudar a los estudiantes para el pago de sus carreras universitarias, hipotecando su porvenir para el resto de su vida.”

Pablo Saavedra de la Escuela de Derecho de la privada Universidad Arcis, indicó con claridad que “nosotros protestamos porque el gobierno quiere seguir privatizando la educación, quiere terminar de enterrar la educación pública y continuar con los subsidios a las empresas privadas, como hizo el gobierno anterior durante 20 años, y que la dictadura comenzó a implementar desde 1981. Por eso creo que con más de 180 colegios en toma y 20 universidades movilizadas, y junto a los trabajadores, debemos poner fin a la educación de mercado. Esta demanda debe ser capaz de cuestionar al conjunto del régimen político chileno.”

Jóvenes, intentando llegar a la entrada del Ministerio de Educación, convertido en un auténtico fortín de Carabineros de Fuerzas Especiales, fueron ferozmente reprimidos con gases lacrimógenos y gases lazaaguas.

Lo cierto es que el ex pre candidato presidencial de la derechista UDI y actual ministro de Educación, Joaquín Lavín, cae verticalmente y en horas de la tarde, mucho después de la enorme protesta que tuvo carácter nacional, se limitó a amenazar a los estudiantes movilizados con una supuesta pérdida del año escolar (en realidad intentó asustar a los apoderados de los secundarios y a los padres de los universitarios). Ya en mayo, según la encuesta Adimark, se desplomó su aprobación en la cartera de enseñanza en 8 puntos. Hay que esperar la de junio, considerando el dinámico contexto que jaquea su autoridad, y por extensión, la de todo el gobierno.

2. El Opus Dei y ultra liberal económicamente Joaquín Lavín huele a cadáver político luego de gatillar la manifestación más numerosa que recuerde el país desde los tiempos ruinosos de la dictadura militar a través de la imposición de políticas antisociales, privatizadoras, excluyentes y antidemocráticas en materia educacional. Es claro y no de poca importancia que el movimiento social en su conjunto logre desde abajo derribar, esta vez formalmente, mediante una renuncia por ejemplo, a quien estuviera a menos de 200 mil de votos de Ricardo Lagos Escobar en la elección presidencial de 1999. Ello comportaría un efecto devastador para la administración de Sebastián Piñera. Sin embargo, si se despeñara sólo el personaje, el modelo se mantendría intacto. Por eso la caída de Lavín tiene necesariamente que ir en compañía de victorias, al menos parciales, respecto de los intereses de la ciudadanía y la educación.

El cambio sistémico es un horizonte de sentido que sólo podrá jugarse su oportunidad si logra terciar una tercera fuerza política en medio del duopolio dominante, a saber, entre la Coalición por el Cambio y la Concertación, y desde los intereses de los trabajadores y el pueblo, desde los intereses genuinos de las grandes mayorías. En la actualidad, los partidos políticos tradicionales y sus jefes y subalternos sufren una profunda quiebra de credibilidad popular y no tienen por donde repuntar. Ello representa un desafío político de proporciones históricas para el movimiento social y sus organizaciones políticas. Y demanda convicción de poder, flexibilidad táctica, ductilidad a la hora de construir el nuevo instrumento político electoral más amplio y adelantado posible de acuerdo a las correlaciones de fuerzas y el análisis concreto de la realidad concreta. De hecho, una Asamblea Constituyente, únicamente cobra realidad actualizada desde un gobierno con un fortísimo respaldo social, organizado y conciente. Eso ha ocurrido en todos los países del Continente donde ha habido procesos de asambleas constituyentes. Se pone a la orden del día de acuerdo a las fuerzas capaces de producir una nueva Constitución Política que radicalice la democracia en todas sus facetas. De lo contrario, no deja de ser una demanda trascendental, por cierto, pero sin contexto, sin sujeto, sin escenario, sin realidad, sin poder.

La muerte política del ministro Joaquín Lavín es un paso relevante para las fuerzas que buscan cambiar la vida. Pero aún para echar abajo a un ministro, se precisa la formación de un continente social y político todavía más poderoso. Y de alcanzarse el objetivo, la generación de condiciones hacia un paro general, ahora contra un Sebastián Piñera ya sin espaldas en la opinión pública, resulta una tesis plausible para bascular las relaciones de fuerza entre una sociedad civil totalmente desconfiada, decepcionada y escindida del Estado. Esto es, ante la división visible que se expresa en la lucha por la recuperación de los derechos sociales conculcados, como la educación; la huelga de los mineros subcontratados de El Teniente; la lucha mapuche; y la pelea ambientalista contra el despojo capitalista; frente al Estado. La crisis de gobernabilidad y la disputa por la hegemonía de las clases históricas en pugna, manifestadas de diversas formas, podrían sentar las bases para tonificar a través de un gobierno de nuevo tipo, y poner a Chile en sintonía con los procesos progresistas, independentistas, antiimperialistas y pro populares en curso en América Latina y El Caribe.

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“Cerro Dragón parece ser una catapulta para poder llegar a la extracción en la plataforma marítima”

OPSUR

El OPSUR entrevistó al periodista y especialista en temas energéticos Marcelo García por los recientes cambios en el mapa petrolero. Cauto sobre el escenario futuro, dio su opinión sobre el presente de la región del Golfo San Jorge, de la cual es oriundo.

- En una entrevista anterior, marcabas como punto de inflexión, en el historial petrolero, la hegemonía reciente del capital privado. Con respecto a la entrada de los chinos, ¿consideras que es una continuidad del mismo proceso? ¿Se puede esperar más o menos las mismas prácticas empresarias?

Por ahora no se ve un gran cambio en la estructura de funcionamiento. Uno especularía que los chinos van a tener el mismo ritmo de trabajo y salarios que en su propia nación, lo cual, a priori, en la Argentina sería bastante complicado, y mucho menos en el sector petrolero, en donde los laburantes vienen jugando un papel muy diferente, marcando un ritmo de explotación a las empresas que va contrario a lo que ellas pretenderían. Si está claro el objetivo de abastecerse de petróleo, e inclusive de gas, porque Pan American Energy (PAE) ha dado un salto no cuantitativo pero si cualitativo con respecto a la extracción que les puede ser muy favorable. Esencialmente por los contratos petroleros que accedió PAE en lo que es la explotación de offshore. Cerro Dragón, aunque no es insignificante y ha sido renegociado de forma muy ventajosa para la empresa, parece ser una catapulta para poder llegar a la extracción en la plataforma marítima.

Indudablemente, estamos viendo naciones súper-desarrolladas en la producción o en la elaboración de materias primas, que consumen enormes cantidades de combustibles y tienen que ir abasteciéndose, aunque sea de a puchitos. Esta compra que hicieron en Argentina no deja de ser un puchito, considerando lo que ellos necesitan de energía, pero al mismo tiempo no deja de jugar un cierto papel. Me parece que fue una buena oportunidad de negocios. Porque Argentina no es un productor importante de hidrocarburos, si esa fuese la intención habría otros lugares del mundo mucho más apetecedores, no obstante compraron el yacimiento más grande. No es que por una buena oportunidad de negocios se compran un yacimiento chiquito que aporta 5 barriles por día. Son meros negocios y oportunidades entre las empresas privadas. Como el Estado no ha intervenido en esta operación, este es un gran ausente.

-La aplicación de cambios con respecto a los trabajadores no sería algo brusco entonces.

Están muy complicados al mismo tiempo para aplicar grandes cambios. Si las empresas chinas intentaran aplicar el mismo régimen laboral están muy complicados. Y necesitarían, como mínimo, resucitar a [Julio A.] Roca porque la resistencia del movimiento obrero en la Patagonia es fundamentalmente el petrolero, y es muy grande. Y ha ido sentando mojones, que a las empresas les es muy difícil de pasar, en cuanto a reivindicaciones salariales, a organización.

Cada vez que el movimiento petrolero patagónico sale a las calles sacude las estructuras de la sociedad. La huelga hoy de los docentes no se entiende sin la última huelga de los petroleros. Cada vez que sale a pelear, todo el resto de los sectores, que sabe que está a la rezaga de ellos, que cobran mucho menos, por una conciencia de clase, se ve por un lado obligado y por otro se sienten en condiciones para salir a pelear. Si los petroleros perdieran sería otra la realidad. Eso es interesante para ver, si los chinos aceptan lo que hacen fácilmente allí y acá no pueden.

- Podrías explayarte un poco más sobre las renegociaciones, que en Santa Cruz también se dieron el año pasado. Teniendo en cuenta la dependencia fiscal que tienen las provincias, ¿hay algún grado de movimiento de esas economías por fuera del crudo?

En cuanto a las renegociaciones las condiciones han sido completamente favorables a las empresas. Chubut ha sido el que ha hecho punta con el tema, pero después lo han seguido varios. A cambio de muy poco, con escasos niveles de inversión que podían, en su momento, garantizar supuestamente los puestos de trabajo y demás; pero sobre una base que no se discute: la garantización de la explotación y, al mismo tiempo, de la superproducción de los recursos naturales. Fuentes laborales a cambio de qué: del saqueo y mucha explotación laboral, eso es lo que han buscado los estados provinciales, por eso para ellos el ingreso de regalías es central. Tienen más de la mitad de sus presupuestos provinciales atados a las regalías petroleras. Eso al mismo tiempo garantiza el funcionamiento del estado en general. En Chubut, los últimos datos que yo tengo es que podían pagar casi la totalidad de los sueldos de los empleados públicos gracias a las regalías, después el resto es sabido que se invierte bastante poco, la educación es un desastre, la salud se cae a pedazos.

Y, además, con una garantía en tiempo extremadamente larga, no creo que a nadie se le garantice un empleo por 40 años. Uno de los grandes argumentos de los gobernadores era que iba a haber trabajo por 40 años, pero en ningún lado está firmado qué va a ser ese trabajo por 40 años. Las condiciones han sido muy favorables para las empresas, un salto de calidad con respecto al saqueo.

El estado nacional avaló y fue parte de estas renegociaciones, de hecho estuvo siempre presente el ministro Julio De Vido. Los beneficios están ligados a las retenciones a las exportaciones. Como desde la cuenca del Golfo San Jorge se exporta casi la totalidad de crudo que sale de la Argentina recibe alguna suma en ese concepto. Después para los estados nada más, algo con el tema de impuesto a las ganancias. Luego sí mucho saqueo y mucha contaminación.

Igualmente es un momento muy convulsionado, de muchos movimientos de piezas, de reclamos, despelotes laborales y sociales en la región, lo que menos se van a ver en superficie son los cambios. Seguramente deben estar muy sorprendidos los chinos, preguntándose: “¿Dónde nos metimos? En China esto no pasa. No hay docentes cortando los ingresos a los yacimientos, no hay petroleros haciendo asambleas y echando a sus dirigentes sindicales”. Una realidad muy distinta a la que se vive en China con respecto a cualquier represión de la protesta social.

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Entrevista a Miguel Murmis: Los orígenes del peronismo

Marcelo Paredes (ACTA)

Miguel Murmis nació en Buenos Aires en el ‘33 cuando Argentina iniciaba el proceso de industrialización que cambiaría su fisonomía. Se recibió de filósofo en la UBA y en 1958 fue uno de los organizadores de la Carrera de Sociología dirigida por Gino Germani.

Realizó sus estudios de Sociología en la Universidad de Berkeley en California y fundó en la Argentina el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (CICS).

Tradujo a Marx, no renunció tras “La noche de los bastones largos” hasta que lo echaron y enseñó como migrante forzado por Latinoamérica y Canadá. Se dedicó al estudio del desarrollo agrario y la estructura social en la Argentina, es investigador jubilado del CONICET con sede en FLACSO, asesor en la Universidad Nacional de General Sarmiento y Doctor Honoris Causa en la de Quilmes. Colabora con el diputado y compañero de la CTA, Claudio Lozano y milita una vez al mes, como dice, “apoyando la lucha de los muchachos del INDEC”.

Docente, investigador, escritor, socialista desde pibe, amable, abierto y compañero compartió con nuestro Periódico una mañana hablando de lo que sabe.

Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero se pusieron a investigar sobre los orígenes del peronismo durante la década del 60. Desde una visión marxista, uno militaba en el socialismo y otro en el comunismo, y con los rigores de la ciencia sociológica quisieron averiguar cómo habían sido los comienzos de un movimiento político que aún sigue tallando en nuestra realidad nacional.

La investigación tomó forma de un pequeño libro allá por 1971 que se consiguió en las librerías hasta que el golpe militar lo mandó sacar o fue sigilosamente enterrado en jardines y patios precavidos. “Hay una película de Fisherman, un director argentino, donde en una escena se desentierra una caja con libros y arriba de todos aparece el nuestro. Fue como un homenaje”, dice Murmis.

Hoy ese clásico de la Sociología fue reeditado y como ayer sigue siendo una fuente de consulta obligada.

¿Cómo nació la idea del libro?

Con el “Negro” Portantiero nos conocíamos de antes. Yo ya tenía trayectoria en la Sociología y quería sumarle a mi trabajo un enfoque más político. Para él fue al revés, venía de la política –expulsado del Partido Comunista- y buscaba un enfoque más académico. Pero ambos deseábamos investigar y poder demostrar lo que decíamos. Hasta el momento todos se paraban más desde un enfoque político partidario que desde la ciencia.

¿Con qué hipótesis comenzaron?

Nuestra intención era llegar a captar la estructura de clases en el momento en que nace el peronismo yendo más allá de ciertos prejuicios que había. Por ejemplo, existía el prejuicio de que la burguesía del campo estaba en contra de la industrialización, de la sustitución de importaciones. Otra verdad no comprobada era que hubo un corte importante en la clase obrera con la llegada del peronismo. Los viejos trabajadores, inmigrantes europeos, veteranos sindicalistas que militaban en el socialismo, en el comunismo, en el anarquismo por un lado. Por otro los nuevos obreros de la industrialización, inmigrantes provinciales, criollos, sin experiencia sindical ni conciencia de clase.

¿Los llamados “cabecitas negras”?

Así se los descalificaba. Se los consideraba personas con poca experiencia industrial, poca educación, sin participación sindical. Venidos del campo. Nosotros pudimos demostrar que la mayor parte de la migración hacia el foco industrial de Buenos Aires no era de las provincias lejanas sino de el interior de Buenos Aires y de Santa Fe. Trabajadores con experiencia en la industria y técnica agrícola y muchos de ellos con tradición sindical y aún política. Es decir, no eran provincianos brutos que se dejaron arrastrar por el discurso de Perón o por el populismo. Fueron trabajadores con prácticas laborales que se sumaron al proceso de industrialización, se fusionaron con los viejos cuadros sindicales y tuvieron un enorme protagonismo en las nuevas organizaciones gremiales que se formaron al calor del gobierno de Perón. Tampoco fueron los más humildes los que migraron. Generalmente el migrante es alguien que tiene un oficio, junta algunos pesos y se va en busca de un futuro mejor. Pero no son los más pobres, los más postergados.

Y más que dejarse arrastrar, se fueron sumando.

Claro pero eso mismo creaba una discusión por aquellos años. El enfoque más nacionalista, más populista le atribuía virtud a esa supuesta virginidad política de la masa de trabajadores que se sumaban al desarrollo industrial y al peronismo sin limitaciones doctrinarias. Eso los hacía dispuestos a hacer cualquier cosa por la revolución. En detrimento de la vieja tradición sindical que ya llevaba muchos años en la Argentina. Es decir, acentuaban mucho ese corte en la clase trabajadora entre nuevos y viejos, optando por las virtudes de los nuevos, los que traían el futuro. La demostración científica de que esto no era tan así trajo cierto desencanto en esos sectores. Preferían la otra versión.

¿Y estaban también los que preferían al viejo sindicalismo?

En nuestro país existía una vieja tradición sindical que se vio sorprendida por la irrupción del peronismo. De todas maneras, al principio no había corte en la clase trabajadora. Los nuevos y los viejos luchaban por sus reclamos. Hubo muchas luchas y reclamos desde el 45 y convivían en la acción. Las diferencias se desencadenan más cuando empieza a tallar el tema político. Es decir, la participación del sector sindical en la arena política. Esto dividió las aguas y asomaron grandes diferencias entre los peronistas y los comunistas. Algo similar pasó con los socialistas, los anarquistas, etc.

¿En Brasil pasaba algo similar?

En Brasil también existía un gobierno popular, el de Getulio Vargas, pero no había una tradición de organización de los trabajadores ni importantes experiencias sindicales previas. Porque no había un desarrollo previo de la industria. Fue una experiencia nueva y con nuevos actores sin experiencia en luchas sociales. En esa experiencia encaja mejor el concepto de populismo que en el Peronismo.

¿Por qué cree que los investigadores de la historia, de la Sociología no abordan demasiado el tema de la clase obrera?

Es cierto, hay una especie de disociación del mundo académico y el mundo de los trabajadores. Pero también tiene que ver con lo que considero una distorsión ideológica. Hasta no hace mucho se proclamaba que no había más clase trabajadora, se hablaba del fin del trabajo, el fin de la historia. Eso caló ideológicamente en muchos sectores y no desapareció. A esto se le debe agregar que hoy las organizaciones sindicales tienen una muy mala imagen con la CGT a la cabeza. Se tiene la idea que se organizan para robar y no para defender a los trabajadores. En el ámbito universitario, sin ir más lejos, tanto la izquierda como el oficialismo cuestionan a la dirigencia sindical. Se habla más de la problemática de los pueblos originarios, que con todo respeto son solo el 4 % de la población, que de la clase trabajadora en su conjunto que supera el 30 % de los argentinos.

¿Y la CTA?

La experiencia de la CTA creo que contribuye a abrir una puerta al interés de la Universidad por conocer mejor esa realidad. Porque entendió el corte que las políticas neoliberales le produjeron a la clase trabajadora argentina. Ya no eran nuevos y viejos trabajadores y sindicalistas. Ahora se trataba de trabajadores formales, no formales, cuentrapropistas, desocupados, jubilados. Distintas realidades que no podían tomarse como si fuera una sola. Recuerdo que Germán Abdala en un discurso dijo algo muy interesante. Señalaba que no había que ver solo al trabajador tradicional, al obrero de una fábrica, sino que había que abrirse a otras realidades, a trabajadores que no se habían integrado a la gran estructura económica, a los cuentapropistas, a los informales, etc. Es decir, el corte en la clase obrera no existía tanto como se suponía en los orígenes del peronismo sino que fue más un producto de las políticas neoliberales y tiene que ver con los últimos tiempos en nuestro país. Incluso hoy la universidad se ve más atraída por el mundo de los trabajadores no formales que por los formales.

¿Haber estudiado los orígenes del peronismo le permitió entender mejor su posterior desarrollo e incluso su presente?

La explicación final no está porque la cosa se mueve, la historia camina. Pero creo que hay un elemento muy importante. Cuando nace el peronismo se encuentra con una clase obrera “disponible”. Es decir, una clase que estaba en formación con trayectoria, con luchas en sus espaldas, con historia y con reclamos y propuestas que luego toma Perón. Desde el socialismo, por aquellos años, se vivía una especie de endiosamiento por la clase obrera, los espacios de formación y cultura, los periódicos. En esos ámbitos se respiraba mística, era una cosa muy emotiva, muy solidaria. Esa clase obrera ganó protagonismo, se mostró, caminó, consiguió cosas y eso fue determinante. Después habría que seguir estudiando cómo la dirigencia sindical se asoció al poder, cómo se comportó durante ese proceso, la poca participación en las decisiones que tuvo, las características del liderazgo, etc, etc.

¿Y su futuro?

Una vez el “Negro” Portantiero me dijo que podríamos escribir algo así como unos estudios sobre el final del peronismo. Y yo le respondí que me parecía algo prematuro. El peronismo se convirtió en un movimiento polimórfico que a veces parece ser el único en condiciones de gobernar el país. Pero no se puede saber lo que viene. Es un misterio a develar.

La extranjerización de la tierra

Su objeto de estudio abarca también el trabajo y el mundo agrario. ¿Qué le parece el proyecto de ley del gobierno sobre la extranjerización de la tierra?

Me parece un proyecto muy general, indeterminado, que plantea muchos interrogantes. En primer lugar, existe desde 1944 una ley que protege laS tierras del dominio extranjero en zonas de frontera o estratégicas. En la época de Menem esa ley fue muy flexibilizada, como tantas cosas, y perdió sentido. Hoy nadie hace nada con respecto a eso ni este proyecto de ley lo tiene en cuenta. También me llama la atención que por un lado el gobierno corteja a las inversiones extranjeras en todos los niveles de la economía pero intenta limitarla a sólo 1.000 hectáreas en el ámbito rural. Incluso hay importantes negociaciones con países como China, Quatar, Arabia Suadita que incluyen cientos de miles de hectáreas en provincias como Río Negro o Chaco que son avaladas por el Poder Ejecutivo Nacional. Hay una contradicción en esto.

¿La ley tampoco es retroactiva?

No, no toca las tierras de los magnates como los Benetton, Douglas Tomkins, Joe Lewis, Ted Turner que adquirieron miles de hectáreas ricas en valores ecológicos y ambientales. Tampoco toca el tema de la concentración, los latifundios, la función que debe cumplir la tierra, su uso social. Habla de que un 20 % de la tierra de nuestro país está en manos de extranjeros y eso es muy difícil de comprobar porque no hay controles ni registros. Es un proyecto de ley confuso, contradictorio, que aún no fue presentado en ninguna Comisión y se supone que no hay interés en tratarlo por ahora. Forma parte de una falta de política agropecuaria en serio. Me hace acordar al tema de la soja. Se la cuestiona, se la trata de yuyo pero todas las disposiciones estatales llevan a que crezca la cosecha de soja en desmedro de otros cultivos.

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Argentina, Mendoza. Nada cambia: volvieron las torturas penitenciarias esta vez en Almafuerte

Jorge Fernández Rojas (MDZOL)

Cada uno tiene 20 años y están procesados. Tuvieron la "mala suerte" de ser testigos de las sesiones de castigos y abusos de penitenciarios y por eso están sospechados por los mismos carceleros de haber entregado el celular con los videos. Fueron perseguidos y amenazados por el grupo especial en Almafuerte. Un habeas corpus los hizo volver a San Felipe.

"Entran todos los del grupo armado, vestidos de negro y nos golpean, nos hacen tirar al piso, nos hacen poner las manos en la nuca, esto es desde que estoy ahí (en el módulo 5) desde hace un mes y medio. Entran y nos ponen las esposas y nos levantan los brazos, nos pisan las espaldas, me tiran al piso boca abajo y nos apuntan con las escopetas, nos dicen que nos quedemos quietos. Toda la mercadería que nos llevan nos las tiran encima. No nos dejan que los miremos pero creo que son del Grupo GEO. Cuando grito me acusan de buchón, ayer cuando me trasladaron al módulo 5,2 estaba el hermano del oficial Birlanga, es morocho de ojos verdes, cuarenta años, de un metro setenta más o menos, y me dijo 'como te salvaste, sino te hubiésemos entregado al Picuru' que es uno de los descuartizadores. Me decían los del motín (ocurrido hace dos domingos) que no sabían que yo era el hijo del Casca, sino me hubieran matado. Ayer me trasladaron al módulo 5,2 y me tiraron gas pimienta en la cara. (…) En el recreo volvieron a ingresar y nos corrieron, nos hicieron hacer a cinco de nosotros el ‘trencito’, nos metieron en ropa interior en la piecita. Nos levantaron los calzoncillos a todos por la espalda. Nos tiran la yerba, detergente en los pelos, en la cabeza. Cuando entran me dicen ‘no tenés que mirar al grupo’…".

Este es parte del relato de Andrés Yacante, el testimonio está escrito en un expediente judicial que contiene el habeas corpus que este preso junto a Matías Tello, otro compañero de encierro interpusieron ante el 1° Juzgado de Garantías. Ambos son "menores adultos" según la calificación legal, y fueron testigos de las torturas penitenciarias que se conocieron en febrero pasado y que escandalizaron al país.

Justamente y de acuerdo al relato de Carlos Varela Álvarez el abogado que representa a los dos internos se trata de una persecución que se sucede "desde que se dieron a conocer los videos de torturas en el Complejo de San Felipe". El letrado remarca que sus defendidos "fueron señalados por personal penitenciario como quienes habrían entregado el celular con las filmaciones a los abogados de derechos humanos".

El abogado experto en casos de violaciones de garantías ciudadanas define sobre esta sospecha que pesa sobre los internos: "Ellos jamás han reconocido esto (que hayan entregado los videos de los tormentos) y se han negado a declarar en el expediente de torturas que se tramita en la Unidad Fiscal Especial por falta de garantías a sus personas". Lo que si es cierto es que presenciaron las torturas que se hicieron famosas por los videos captadas por un celular de un penitenciario.

Además Varela Álvarez explica que a raíz de estas amenazas en su momento se solicito a la Dirección de Derechos Humanos, a cargo de María José Ubaldini, su resguardo y se hicieron gestiones para el traslado. "En primer momento se los aisló de la población penitenciaria, junto a Walter Correa, una de las personas que aparece en los videos siendo torturada y ello trajo como agravante las amenazas que se les hacía especialmente de noche por personal penitenciario", detalla Varela Álvarez.

Luego el itinerario de los presos amenazados los llevó a Tunuyán. "Se hicieron gestiones directas con el entonces Ministro de Gobierno, Mario Adaro", señala el abogado. Pero luego después de 15 días fueron trasladados a San Felipe de nuevamente, "donde denunciaron golpes y roturas de elementos y se interpuso un habeas corpus en el Juzgado del Dr Crivelli, 2°Juzgado de Garantías".

Por esa presentación se los remitió otra vez a Almafuerte. Teniendo en cuenta que son personas menores de 21 años y están procesados y la cárcel de Luján fue construida para presos condenados y adultos -aunque esto en la realidad no se respeta-, el padre de Tello pidió a la Dirección de Derechos Humanos que trasladaran a su hijo nuevamente al penal de San Felipe donde se encuentran alojados los menores adultos y en condición de procesamiento.

Así finalmente el viernes 10 se presentó el habeas corpus por los tormentos vividos durante 45 días mientras Almafuerte estuvo conducido por Sebastián Sarmiento, actual director de Servicio Penitenciario y quien estuvo a cargo de la negociación durante el motín ocurrido el domingo 5.

Por orden judicial actualmente los dos adolescentes se encuentran en un módulo de mediana seguridad de San Felipe donde han recuperado las horas de luz solar y la relación con sus compañeros de confinamiento.

La persecuta paso a paso y en detalle

Este es el resumen de la denuncia contenida en el expediente que investiga la justicia penal de acuerdo al relato de los dos internos que tienen 20 años cada uno de ellos y están procesados por la Sexta Cámara del Crimen.

1- 22 horas de encierro (ya en el 2005 el entonces Juez Luis Correa Llanos lo había prohibido en el antecedente Expte. NºP-61.095/2 "Habeas Corpus en favor de: Sánchez Sotomayor, Germán Ezequiel")

2- Sin agua caliente.

3- Comida fría y sin elementos para comer.

4- Golpizas reiteradas por el grupo de requisa.

5- Entre las técnicas están las de hacer “trencito” y casi desnudos con los demás internos introducidos en las garitas.

6- Amenazas por los videos.

7- Mezcla con internos condenados y mayores.

8- Les echaban gas pimienta en las requisas.

9- En una de las requisas estaba presente un médico de la institución.

10- Denunciaron que se subían en la espalda de los detenidos y les pegaban en las costillas.

11- Denunciaron el riesgo de sus vidas si permanecían en Almafuerte.

12- El Juez Ariel Spektor hizo lugar al habeas corpus y ordeno el traslado a San Felipe, notificó a la Cárcel de Amafuerte por el encierro prolongado y ha ordenado una investigación penal por las torturas que queda bajo la órbita de la Unidad Fiscal de Luján.

13- El habeas corpus y sus declaraciones, como la resolución es remitida a Amnesty International, el Relator contra la Tortura de ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, donde se han solicitado las medidas cautelares.

Ver también:
Por: Ulises Naranjo (MDZOL)
Por: MDZOL
Por: Maxi Quinteros (MDZOL)

Foto: Argentina, Mendoza, Sistema carcelario - Imagen de las torturas que dieron qué hablar en el verano y tienen su consecuencia ahora. / MDZOL

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Neuquén, ¿Educación laica?: Fuerte respaldo al director que se opone a los rezos conjuntos

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El director del colegio secundario más grande de Plottier fue sumariado y suspendido provisoriamente por el Consejo Provincial de Educación de Neuquén, luego de enfrentarse con una iglesia evangélica de esa ciudad que promueve que los jóvenes del credo realicen oraciones en conjunto dentro del establecimiento.

La medida generó un contundente rechazo de otros directores de la rama Media, del gremio de los docentes ATEN y de la gran mayoría de los estudiantes del Centro Provincial de Educación Media (CPEM) 8 de Plottier quienes ayer realizaron una "sentada" pidiendo por la restitución al cargo del director, Juan Carlos Maldonado. En el CPEM 8, ayer fue un día convulsionado pues no hubo clases y es posible que la situación se repita hoy.

En el caso tomó intervención el Instituto Nacional contra la Discriminación y el Racismo (Inadi) y la delegación local de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, quienes al igual que los directores de Media y la mayoría de los estudiantes respaldan a Maldonado, pues entienden que no hizo más que respetar el principio de educación laica que rige en nuestro país.

"Al profesor se lo ha castigado por cumplir con la ley, en nuestro país la educación es laica", afirmó Gustavo García, el delegado del Inadi en Neuquén.

"Hoy me llegó la notificación de la suspensión pero el viernes me dijeron desde el Consejo que me retire porque mi presencia irritaba a la comunidad de la Iglesia Evangélica Bautista", explicó Maldonado quien comentó que el martes "en una radio ya decían que me iban a sancionar", agregó.

Los problemas entre el director y la iglesia comenzaron el año pasado cuando Maldonado les advirtió a los chicos evangélicos que no pueden realizar oraciones en conjunto en los recreos, pero que sí podían de manera individual. Nunca dejaron de hacerlo respondiendo a una suerte de registro denominado FOCU: Fiestas de Oración en Colegios y Universidades. Allí, semanalmente, los chicos evangélicos registran con nombre y apellido a los compañeros que se suman a las oraciones colectivas, responden y proponen consignas y luego lo entregan al pastor de su iglesia, una de las 31 que hay en Plottier.

Como las ceremonias se repetían, Maldonado suspendió por dos días a ocho de los chicos que respondían al FOCU. Luego de la intervención del CPE, que le pidió un gesto de buena voluntad, redujo la sanción pero unos días después la oración la hicieron en la puerta de la dirección.

Fuente imagen: 8300

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