viernes, 24 de junio de 2011

Las áreas estratégicas del imperio

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

Resumen

Las agresiones de la última década han privilegiado las zonas tradicionales. Los ataques en Medio Oriente se explican por las reservas petroleras y la ubicación geopolítica. Pero en Irak influyó también el mensaje general de dominación, junto a imposiciones del lobby sionista y presiones neoconservadoras. Luego de un gran desangre, el resultado del atolladero permanece abierto.

La extensión de la guerra hacia Afganistán y Pakistán agrava la tragedia humanitaria, recompone a Irán, genera tensiones con India y recrea el fantasma de los talibanes. Estados Unidos sostiene a Israel como un apéndice colonial que impide la constitución del estado palestino. Esta opresión es encubierta con una falsa identificación del judaísmo con el sionismo y torna improbable la repetición del curso seguido en Sudáfrica. La resistencia de los palestinos converge ahora con una sublevación generalizada que cambia el escenario regional.

Estado Unidos continúa considerando al grueso de América Latina como su “patio trasero”. Jerarquiza la presión militar a través de la IV flota y nuevas bases de Colombia, que hostigan a los gobiernos antiimperialistas y redoblan las provocaciones contra Cuba.

El imperialismo militariza esa región con el pretexto de enfrentar al narcotráfico, cuando ha utilizado esa actividad para financiar operaciones de la CIA. Pero ya se ha creado una narco-burguesía criminal, que rompe la cohesión de los estados.

La ocupación militar ha reaparecido en Haití y el golpismo clásico que resurgió en Honduras no pudo prosperar en Ecuador, Bolivia y Venezuela. Estados Unidos intenta una contraofensiva en América Latina para recuperar terreno económico frente a sus rivales, luego del fracaso del ALCA.

La intervención norteamericana en África ha crecido junto al repliegue de las viejas potencias coloniales y ante la creciente presencia comercial de China. Luego de una década de despojos neoliberales, la región se ha transformado en un escenario de disputas por el control de las materias primas. Pero también actúa una nueva burguesía africana que custodia sus propios intereses.

Las agresiones bélicas de la última década han privilegiado las zonas tradicionales de intervención imperial: Medio Oriente, América Latina y África. También en este plano Obama continúa con menos alardeos, la política de atropellos que implementó Bush. Evita las imprudencias de su antecesor, pero preserva la misma agenda militarista.

Las incursiones repiten un libreto conocido. Primero aparecen los discursos moralizadores y luego el hostigamiento del enemigo, que está invariablemente localizado en una región apetecida. Posteriormente se exige la rendición con chantajes diplomáticos de la ONU y finalmente aparece el bombardeo o la ocupación del país cuestionado.
La demolición de Irak

Los ataques en Medio Oriente obedecen a dos razones específicas: reservas petroleras y ubicación geopolítica. Estas motivaciones determinaron la continuada presencia imperial durante todo el siglo XX. Pero el ciclo iniciado en el 2001 se ha caracterizado por nuevos atropellos que alcanzaron proporciones dantescas en Irak.

Todavía se desconoce cuántas víctimas provocó la invasión norteamericana, aunque varias estimaciones computan 600.000 muertos, cuatro millones desplazados y dos millones exiliados. Aumentó la desnutrición infantil, el 43% de población recayó en la pobreza extrema, la mitad de los trabajadores quedaron desempleados, el 79% de los habitantes carece de agua potable y se perdió al 80% de los médicos. (1)

En Irak ha imperado el terror cotidiano y ya nadie recuerda los ridículos argumentos esgrimidos por Bush para lanzar el ataque. Todos los funcionarios han reconocido que nunca existieron las armas de destrucción masiva y con gran cinismo hablan de “errores de evaluación” o “fallas de información”. Es sabido que utilizaron un burdo pretexto para consumar una ocupación cuidadosamente planificada.

El control del petróleo fue la causa directa de la invasión. Es conocida la vinculación de la familia Bush con ese sector y la urgencia por ampliar el abastecimiento de crudo importado, ante el escaso desarrollo de las energías renovables. Todos los gobiernos norteamericanos han buscado incrementar esa provisión, privilegiando la región del Golfo, que concentra dos tercios de las reservas mundiales y aporta el 30% de la producción. Con el control de Irak se intentó contrapesar la excesiva dependencia de suministros sauditas y se buscó incidir en la evolución de las cotizaciones del crudo.

El recurso natural más codiciado por las potencias afronta un horizonte de agotamiento que acentúa la rivalidad por su acaparamiento. La transición hacia un patrón energético independizado del petróleo será un proceso prolongado, que estimula la captura inmediata de todas las fuentes disponibles de crudo. Como ese abastecimiento es por otra parte imprescindible para el complejo militar-industrial, salta a la vista la influencia del Pentágono en el ataque a Irak. El petróleo es un insumo vital para el funcionamiento de la maquinaria bélica y garantizar su obtención en Medio Oriente ha sido un principio estratégico central desde la presidencia de Carter. (2)

Pero Irak no carga sólo con la desventura de riquezas petroleras que el imperio considera propias. Está ubicado en un punto de cruce entre China, India y Asia Central, que el poder norteamericano intenta rediseñar. Por esta razón Bush no repitió la acción punitoria de la “Tormenta del Desierto”, sino que optó por la ocupación permanente y la instalación de un gobierno títere. (3)

Algunos autores afirman también que el ataque fue también una imposición del lobby sionista, que ha buscado perpetuar un estado de guerra en toda la región. La “acción preventiva” pretendió convencer al mundo árabe del carácter invencible de Washington y la consiguiente conveniencia de aceptar las imposiciones del sionismo. Esta política desestabiliza el mercado petrolero y entraña conflictos con los emires del Golfo, pero asegura el amedrentamiento militar. (4)

Seguramente la enorme influencia lograda por los estrategas neoconservadores inclinó la balanza a favor de una incursión unilateral. Esta acción era recelada por los ideólogos tradicionales del establishment (como Kissinger o Brezinski), que advirtieron el peligro de repetir el pantano de Vietnam. (5)

La invasión fue un mensaje de dominación a todos los enemigos, adversarios, socios y aliados. Estados Unidos exhibió su decisión de aplicar la ley de la selva y envió una advertencia directa a todos los candidatos a sufrir alguna intervención (Corea, Irán, Siria). La primera potencia mostró los dientes a los países que despliegan su armamento en la zona (Rusia, China) y recordó a los aliados de la OTAN, quién ejerce el control efectivo de la fuerza. Este “efecto Hiroshima” ha sido frecuentemente utilizado por Estados Unidos. La devastación nuclear que sufrió Japón, inauguró un mensaje disuasivo del ejército que maneja un poder ilimitado de destrucción. (6)

La ocupación de Irak fue precipitada también por necesidades coyunturales de reforzamiento de la primacía del dólar, ante la amenaza de Hussein de comercializar el petróleo en euros. La invasión buscó brindar confianza a los países que acumulan bonos de Tesoro y financian los déficits gemelos de Estados Unidos. Todos los presidentes de la primera potencia han llevado a cabo alguna acción militar significativa, contra países que pueden ser derrotados con facilidad y en poco tiempo. De esta forma, el imperialismo hace valer su poderío a escala mundial. (7)

El plan inicial de Bush contemplaba destruir el viejo régimen, disolver su ejército e instaurar un régimen títere, pero fracasó por completo. La invasión creó un polvorín y desembocó en un atolladero, que demostró la imposibilidad de reducir a Irak a un status colonial. Estados Unidos no está habituado a comandar este tipo de administraciones y la preexistencia de un aparato estatal moldeado en tradiciones nacionalistas, bloqueó cualquier posibilidad de protectorado colonial. El caos que sucedió a la invasión confirmó la imposibilidad de gobernar el país, sin el concurso de milicias locales y alguna minoría étnica.

La ocupación enfrentó una resistencia insurgente que utilizó gran armamento, demostró experiencia de lucha y exhibió voluntad de sacrificio. El terror fue una respuesta insuficiente y Estados Unidos ha comenzado a repetir la política ensayada por los británicos a principio del siglo XX: propiciar guerras sectarias entre las distintas confesiones, para crear un ejército títere al cabo de un desangre colectivo.

Con esa finalidad tolera una violencia religiosa que amenaza la integridad del país. Pero esta situación es ingobernable a mediano plazo y resulta imposible apoderarse del petróleo de una nación desgarrada. Estados Unidos ha creado un desastre, que no logra resolver.

La política de gobernar oponiendo grupos religiosos se instrumenta a través de los sectores sunitas financiados por Arabia Saudita, contra las fracciones chiitas solventadas por Irán. Pero esta reorganización confesional de Irak es una apuesta riesgosa, ya que abre el camino para otras fracturas (dentro de los chiitas) y nuevas acciones autónomas de la minoría kurda, que se ha divorciado del resto del país. Una partición definitiva en tres estados tornaría más difícil el manejo del petróleo y por eso Estados Unidos propicia algún tipo de federación bajo su arbitraje.

Ningún gobierno ha podido funcionar en el caos creado por el laberíntico clientelismo de una guerra de confesiones. Las elecciones instalan funcionarios sin poder de administración, las coaliciones nacionales no se trasladan a las regiones del interior y en el país impera el desgobierno. Por esta razón los invasores mantienen abierta la posibilidad de algún acuerdo con Irán o Siria, para tornar manejable la realidad política iraquí.

Este proceso dependerá del costo general de una ocupación, que no ha permitido la apropiación del petróleo, pero involucra un número acotado de bajas para el Pentágono. Hasta ahora no hay retirada a la vista, sino redistribución de las fuerzas ocupantes y adiestramiento de un ejército cipayo.

El resultado final permanece abierto. El imperialismo ha provocado un desangre interno que le permite permanecer en un atolladero, sin afrontar todavía la temida perspectiva de una retirada humillante. Pero esta perspectiva se reabrirá, si no logra alguna estabilización.

La extensión de la guerra

Obama ha intentado salir del pantano iraquí, ampliando las operaciones en Afganistán y abriendo un nuevo frente en Pakistán. Pero al saltar de una región a otra borrando las fronteras, acentúa la ilegitimidad de guerras sucesivas implementadas por gobiernos aislados e impopulares.

Frente a cada adversidad militar aumenta la apuesta bélica y se agrava la tragedia humanitaria. Los refugiados, las masacres y la destrucción de localidades repiten lo ocurrido hacia tres décadas en Indochina, cuando la ocupación de Vietnam fue seguida de una invasión a Laos y otra a Camboya.

Con esta expansión guerrera se intenta reforzar un eje pro-norteamericano en torno a Egipto y Arabia Saudita, en oposición a Siria e Irán. También se pretende retomar la política de ocupación occidental, que guió la primera guerra del Golfo. El objetivo norteamericano es lograr nuevas contribuciones financieras de Europa y Japón y nuevos contingentes de tropas, aportados por todos los miembros de la OTAN. Pero remendar el unilateralismo de Bush exige victorias en el campo de batalla, que los marines no están logrando.

Afganistán es la prioridad de una ofensiva concebida para obtener éxitos inmediatos. El país estuvo siempre en el camino de los conquistadores y es un punto de encuentro entre China, India, Rusia e Irán. Alberga grandes reservas de petróleo, gas, cobre y hierro. Pero los crímenes se suceden sin respiro en todo el país y las batallas privatizadas multiplican el descontrol de las milicias informales.

El nivel de corrupción gubernamental es tan delirante como el fraude electoral. El propio gobierno norteamericano ha debido emitir algunas reprimendas a su impresentable títere (Karzai). La intolerancia religiosa y la discriminación contra la mujer –objetadas a los talibanes- son la norma oficial en el territorio.

Pero lo más llamativo es la resurrección de Afganistán como centro de producción y comercialización de drogas. El cultivo de heroína ha vuelto a florecer, financia la guerra y alimenta la red de funcionarios que giran sus beneficios al exterior. La complicidad de la CIA en las guerras locales por el control del tráfico y la participación de los bancos norteamericanos en el lavado de dinero vuelve a cobrar relevancia.

Desde hace nueve años las tropas estadounidenses enfrentan serias dificultades para someter a los talibanes. Han probado infinitos planes, estrategias y jefaturas, sin ningún resultado. Se refugian en las ciudades, despilfarran pertrechos y acrecientan las víctimas civiles. (8)

Más problemática ha sido la extensión de la conflagración a Pakistán, como resultado del cruce generalizado de las fronteras. Un aliado de peso de Estados Unidos ha quedado involucrado en grandes enfrentamientos y soporta el éxodo de 2,5 millones de refugiados. En esta zona el imperialismo juega con fuego. Los militarizados gobiernos pakistaníes han seguido en las últimas décadas todas las órdenes dictadas por Washington. Pero el sostén de estos generales entraña peligros inconmensurables.

El país cuenta con armas nucleares y entrenó a los talibanes que terminaron en la trinchera opuesta. La CIA creó junto a sus socios pakistaníes ese ejército de fanáticos religiosos, que primero atacó al gobierno progresista de Afganistán (que sostenía la URSS) y luego se convirtió en el enemigo número uno del Departamento de Estado. Nadie sabe qué grado de intensidad mantienen las relaciones entre esos talibanes y sus viejos adiestradores pakistaníes.

Al desarrollar una guerra desde este país, el imperialismo refuerza su compromiso con un gobierno corrupto, que no socorre a las víctimas de las inundaciones para garantizar la continuidad de los bombardeos de la fuerza aérea. La animosidad de la población hacia Estados Unidos aumenta, al compás de los delitos que cometen los marines.

El ingreso de Pakistán en el escenario de la guerra implica, además, recrear las tensiones con la India, que ha sido su principal adversario militar en las últimas décadas. Ambos países multiplican las maniobras y desplazan tropas hacia la frontera más caliente de la zona.

El gobierno de India considera que su rival apaña a grupos comprometidos en atentados de gran porte (como Bombay en el 2008). Hay sectores que propugnan abiertamente la guerra para asegurar la ocupación de Cachemira y retomar el conflicto limítrofe.

Estados Unidos maniobra entre sus dos aliados, conociendo la enorme dimensión de los arsenales nucleares que acumulan ambos contendientes. Ensaya un juego a dos puntas para actuar como árbitro, recurriendo a la misma duplicidad que utiliza frente a Israel y Turquía (en el caso de Palestina) o ante Grecia y Turquía (en el conflicto del Mediterráneo).

Pero la India se perfila como el principal asociado, no solo por la envergadura de la sub-potencia regional. El giro pro-norteamericano de los grupos dirigentes induce a colocar al país en la primera fila, de la contención de China.

Este ajedrez solo puede funcionar si predomina un nivel de estabilidad, que el Pentágono erosiona al extender la guerra. Con esa ampliación se promocionan ejércitos, que posteriormente cobran vuelo propio y terminan chocando con el poder imperial. Estas secuencias siguieron los talibanes y Sadam Hussein. El gran peón que utilizaron los norteamericanos para acosar a Irán fue presentado posteriormente por los medios como un enemigo acérrimo de Occidente. Este tipo de conversiones se avizora también en otros países (como Yemen). (9)

La extensión regional de la guerra apunta a reforzar una dinámica de cerco, presión y negociación sobre Irán. Estados Unidos propició a través de Irak un devastador desangre de ocho años, que causó un millón de muertos y no logró destruir al régimen iraní. Esta matanza aniquiló la economía de ambos países, sin quebrar al gobierno de los Ayatholás. Al contrario, estabilizó la primacía de una teocracia frente a la hostilidad externa y ante el terrible escenario, que posteriormente impusieron las tropas norteamericanas en Irak.

Irán ha sido hasta ahora uno de los principales ganadores de la aventura de Bush. Aumentó su influencia directa en Bagdad, a través de los distintos clanes chiitas y conquistó un poder de veto sobre las principales decisiones que adoptan los frágiles gobernantes del país. Frente a este desastre, Estados Unidos oscila entre la amenaza y la negociación con el régimen persa.

Por un lado, exhibe el garrote para forzar el abandono del programa nuclear iraní por medio de eventuales bombardeos, actos terroristas o conspiraciones. Pero al mismo tiempo, el Pentágono necesita a Irán para estabilizar Irak y contener la degradación de Afganistán. Aunque privilegia la sociedad con Arabia Saudita y Egipto, puede requerir también el auxilio de su adversario iraní.

Las elites que gobiernan en Teherán están abiertas a ambas alternativas. Buscan mantener su dominación interna, frente al creciente descontento que genera su política totalitaria. La negociación con el enemigo norteamericano podría brindarles el oxigeno que necesitan para preservar su control del estado. (10)

El rompecabezas general de la región más ensangrentada del planeta continúa sin solución a la vista. Obama intentó disminuir el odio popular hacia Estados Unidos, pero autorizó masacres que incrementan esa hostilidad. Busca recrear una acción imperial colectiva, pero sus incursiones potencian la desconfianza de los aliados.

Palestina y el nuevo escenario

Toda la política imperialista en Medio Oriente se basa en el sostén de Israel, que no es sólo un aliado o socio de Estados Unidos. Ese estado constituye una prolongación directa de la primera potencia en la región. Los colonos que arrebataron Palestina comenzaron a ejercer este rol semi-imperial, cuando se convirtieron en un aparato militar victorioso, con capacidad de acción sobre toda la región.

Los ocupantes sionistas vetaron primero el retorno a su tierra de los pobladores originarios, que escaparon de la guerra perpetrada en 1947-49. Ese despojo fue posible por el clima de reparación internacional hacia los judíos que sucedió al holocausto. Pero la confiscación por éxodo forzado de la población no pudo repetirse en 1967, cuando los habitantes aprendieron la lección de los refugiados y se quedaron en sus hogares. Esa permanencia determinó el comienzo de una resistencia, que Israel ha respondido con mayor anexionismo.

La lógica de genocidio que impone el sionismo tiene poca viabilidad, en una era de descolonización. Ya no es factible repetir el exterminio que sufrieron los amerindios, la esclavización que padecieron los africanos o el destierro que predominaba en la Antigüedad. Frente a esta imposibilidad rige un dispositivo que reemplaza a la población local por inmigrantes seleccionados con criterios étnicos. Esta política imposibilita la coexistencia de las distintas comunidades.

La anexión se implementa con un ropaje de negociaciones de paz que en los papeles promueve la consolidación de dos estados y en los hechos obstruye ese objetivo. El futuro de Jerusalén, los derechos de los refugiados y el fin de los asentamientos quedan fuera de las tratativas, mientras que la implantación de nuevos colonos anula la eventual formación de un estado palestino real.

La expropiación de tierras, el robo del agua, la creación de rutas exclusivas y la erección de muros separando a las ciudades bloquean esa posibilidad. Los Bantustán que el Apartheid diseñó en Sudáfrica han resucitado. Cisjordania ha quedado convertida en una prisión gigantesca, que obliga a los palestinos a elegir entre la emigración y la supervivencia en cantones aislados.

Israel sostiene esta política de ocupación con atroces campañas militares. La masacre de Gaza (2009) incluyó bombardeos a refugios de la ONU, ataques con fósforo blanco y demolición de escuelas, mezquitas y hospitales. Esta masacre fue perpetrada con el pretexto de eliminar cohetes de fabricación casera, que ni siquiera rasguñaron la fortaleza israelí. El ocupante mantiene un cerco sobre un millón y medio de personas en Gaza, que sobreviven entre la basura, la oscuridad y las aguas servidas. Como la anexión de este minúsculo territorio superpoblado se tornó inviable, hubo retiro de colonos y reforzamiento del terror.

Israel repite el libreto de todos los colonialistas. Porta la bandera de la civilización y esgrime derechos de defensa para ocultar su dominación. Pondera su “democracia moderna” y descalifica las costumbres de los pueblos árabes. Pero omite, por ejemplo, que la invasión a Gaza se concretó para desconocer un resultado electoral de Hamas, avalado por todos los observadores internacionales. Las libertades públicas que enaltecen los sionistas, sólo rigen para discutir la mejor forma de vulnerar los derechos en los territorios ocupados. Quiénes exaltan la tolerancia religiosa del estado hebreo suelen olvidar el carácter confesional de esa institución.

También omiten el fundamento bíblico utilizado para justificar ampliaciones territoriales inspiradas en los sagrados límites de Samaria y Judea. El alcance de las restricciones islámicas impuestas por los palestinos constituye un misterio, puesto que las bombas han impedido conocer esas limitaciones.

En la región no impera un conflicto entre “extremistas de los dos bandos”. Con ese criterio de neutralidad habría que equiparar a los marines con los vietnamitas, a los paracaidistas franceses con la resistencia argelina y a los realistas españoles con los criollos americanos. En las situaciones coloniales hay victimarios y víctimas. (11)

El doloroso legado del holocausto es frecuentemente utilizado para acallar la denuncia de un estado opresor. Esta censura se ejerce identificando al judaísmo con el sionismo e Israel y catalogando cualquier crítica como un acto de antisemitismo. Se olvida que esos tres conceptos difieren significativamente.

El judaísmo es una religión, una cultura o una tradición de un pueblo diseminado por muchos países. Israel es un estado construido con la explícita preeminencia de los hebreos, pero actualmente incluye varios grupos desconectados de ese origen. El sionismo es una ideología de apropiación colonial con ropaje milenario.

Es indispensable partir de esa caracterización para distinguir las posturas anti-judías, anti-sionistas y anti-israelíes. La primera actitud es racista, la segunda anticolonialista y la tercera no presenta un significado nítido (al igual que el antinorteamericanismo expresa un genérico rechazo al imperialismo). (12)

Israel necesita redoblar la apuesta bélica para perpetuar el colonialismo. Cada cese de hostilidades es utilizado para preparar nuevas incursiones, como lo demuestra la secuencia de Beirut (1982), Ramalá (2002) y el Líbano (2006). Estas agresiones han creado en el país una mentalidad de resentimiento, que es utilizado para justificar cualquier atrocidad frente a un mundo hostil. Con esos mensajes se busca sofocar las demandas de las solución pacifica que emergieron durante los años 80.

Este belicismo también socava convicciones de una sociedad que debe escuchar dolorosas comparaciones con el salvajismo de los nazis. En el país se ha institucionalizado la tortura y un despliegue de terrorismo de estado, centrado en asesinatos selectivos de militantes y ataques a flotillas humanitarias de solidaridad con los palestinos.

Pero lo central es registrar que Israel no actúa solo. Opera en función de las prioridades geopolíticas de Estados Unidos, que transfirió al país centenares de bombas atómicas, sin ninguna exigencia de inspección o suscripción de tratados de no proliferación.

El ejército sionista cumple el mandato norteamericano de intimidar a los gobiernos árabes, para que refuercen su colaboración con la opresión que sufren los palestinos. Especialmente la monarquía jordana, los jeques sauditas y las autocracias egipcias han combinado el prudente silencio con la explícita complicidad. Complementan en el plano diplomático la acción armada de Israel. La lucha de los palestinos ha sido durante décadas una pesadilla mayúscula para las clases dominantes árabes. Temen la convergencia de ese combate con las demandas sociales de todos los oprimidos de Medio Oriente.

Cada acción de Israel recalienta el polvorín regional y afectan los equilibrios que su mandante norteamericano ha gestado con los gobiernos árabes pro-occidentales. El imperialismo sostiene a ambas partes mediante un tipo de duplicidades, que se extiende también a Turquía. Este país participa de la OTAN y alberga bases norteamericanas, pero tiene un gobierno islámico y enfrenta serios roces con el estado sionista.

El Departamento de Estado hace malabarismos para apadrinar a todos sus socios, pero privilegia a Israel, a través de un lobby que opera como una fuerza interior del sistema político norteamericano. Este grupo de presión no expresa a la colectividad judía, sino al aparato industrial-militar del establishment. Esta profunda integración diferencia a Israel del Apartheid y torna improbable la repetición del proceso que condujo al desmonte de la estructura racista sudafricana.

Israel tiene garantizada la protección diplomática de Estados Unidos en las Naciones Unidas. También cuenta con la cobertura de los grandes medios de comunicación, que mantienen un doble patrón de cobertura de los fallecimientos. Arden ante cualquier víctima israelí y no se perturban por el asesinato de miles de palestinos. Pero la heroica resistencia de este pueblo ha puesto sus demandas sobre el tapete. No recuperaron sus tierras, ni construyeron su estado, pero ya nadie puede borrarlos del escenario internacional.

Pero en los primeros meses del 2011 toda la política imperial en Medio Oriente ha quedado sacudida por una revuelta democrática generalizada, que conmueve al mundo árabe. Este levantamiento se propaga de país en país, reflejando la similitud de condiciones políticas imperante en toda la región. Todavía es muy prematuro evaluar los resultados de la sublevación, pero ya se registraron triunfos populares en Egipto y Túnez, prosiguen las movilizaciones en Yemen, se extienden los levantamientos a Barheim, Siria, Marruecos o Jordania y ha estallado una seria confrontación armada en Libia.

La OTAN ha comenzado a intervenir con bombardeos selectivos para iniciar un contraataque y dejar establecido un precedente de acciones militares. Como ya es habitual vuelven a utilizar el pretexto de la “intervención humanitaria”, olvidando el desastre apocalíptico de Irak y el infierno que padece Afganistán. Los bombardeos no protegen a la población civil y destruyen la infraestructura del país atacado. Apuntan exclusivamente contra los gobiernos poco confiables y jamás afectan a los monarcas y tiranos subordinados a Occidente. Esta duplicidad alcanza proporciones escandalosas en Medio Oriente. Los ataques virulentos contra los adversarios circunstanciales contrastan con el encubrimiento de los crímenes que perpetran socios de las grandes potencias.

La sublevación árabe impone limitaciones a las incursiones imperiales que no existían durante la década pasada. El levantamiento se desenvuelve en una zona geopolítica vital para los intereses norteamericanos, creando una situación muy distinta a la predominante en Europa del Este después de 1989. Además, el nuevo protagonismo de los jóvenes y las mujeres introduce un distanciamiento potencial con el fundamentalismo islámico, reforzado por la centralidad de las banderas democráticas que encabezan todas las protestas. Hay muchos indicios del comienzo de un giro histórico por la irrupción de las masas. Este dato modifica el escenario futuro de Medio Oriente.

La dominación de América Latina

América Latina siempre ocupó un lugar especial en la estructura del imperialismo norteamericano. Fue el primer territorio de expansión yanqui y estuvo considerado por el establishment del norte como una posesión innegociable. La doctrina Monroe apuntó primero a limitar la presencia europea y buscó posteriormente asegurar la primacía estadounidense. La denominación “Patio Trasero” ilustra esta estrategia de sujeción. (13)

Esta orientación no ha cambiado con el fin de la era Bush. Obama sólo introdujo una diplomacia de buenos modales, para contrarrestar el desprestigio de su antecesor. Al comienzo de su mandato sugirió algún retiro de presos de Guantánamo, pero sin devolver el enclave a Cuba. Planteó aliviar las restricciones para viajar a la isla, pero sin levantar el embargo y buscó ciertos acercamientos diplomáticos en el ámbito de la OEA. Pero al poco tiempo retomó la tradicional combinación de la zanahoria con el garrote.

Obama recrea la acción diplomática (en la tradición de Clinton), pero no desecha la brutalidad. La búsqueda de consensos con la derecha podría incluso endurecer su política hacia la región. A mitad del 2011, la captura republicana de varios cargos estratégicos en las comisiones parlamentarias de política exterior, podría forzar ese giro.

La orientación imperial hacia Latinoamérica siempre jerarquizó la presión militar. Bajo el mandato de Obama los gastos bélicos destinados a la zona alcanzaron el nivel más alto de la década y han llegado al 47% de la “ayuda” total. (14)

El dispositivo bélico se asienta en la reactivación de la IV Flota, que maneja el Comando Sur de Miami desde el abandono del Canal de Panamá. Ese centro reúne más personal civil dedicado a la región, que todos los departamentos diplomáticos y comerciales de Washington. Monitorea una vasta red de instalaciones, que aseguran cobertura aérea y marítima para cualquier incursión eventual de los marines.

La nueva flota puede navegar ríos interiores, con un equipamiento equivalente a los barcos que operan en el Golfo Pérsico y el Mediterráneo. Actúa como complemento marítimo del control aéreo y territorial que Estados Unidos detenta de toda la zona y guía los ejercicios que despliega la armada por todas las costas. (15)

El segundo pilar de este arsenal son las nuevas bases de Colombia. Supervisan el rearme de los ejércitos títeres de la región y recrean operaciones secretas, con las técnicas desarrolladas durante la guerra fría. Muchas acciones que se practican en Afganistán son previamente ensayadas en Colombia. El Pentágono ejerce un mando directo sobre una zona del país, mediante el control de los aeropuertos y del espacio radioeléctrico. También goza de plena inmunidad para la acción de tropas, que no deben rendir cuentas ante los tribunales colombianos.

Algunos analistas relativizan el peligro creado por estas bases, estimando que Estados Unidos jerarquiza la atención de otros frentes. Estiman que la burguesía del país está demasiado ocupada en manejar sus negocios o en controlar la actividad de un ejército local profesionalizado.

Pero esta tranquilizadora mirada desconoce la continuada gravitación que mantiene América Latina para el imperialismo norteamericano. También olvida el terrible prontuario de salvajismos que acumulan los discípulos colombianos del Pentágono. Este país continúa liderando todos los récords regionales de terrorismo de estado. En los últimos 15 años se registraron 20.000 desapariciones y desde mitad de los años 80 los paramilitares asesinaron a 30.470 personas. Sólo en el 2010 ultimaron a 40 sindicalistas e incluso consumaron masacres con la única finalidad de obtener las recompensas que ofrece el gobierno. Ya existen 4,5 millones de desplazados por la acción de bandas para-oficiales, que han cobrado sus servicios con la apropiación de 6 millones de hectáreas. (16)

Militarización y narcotráfico

En Colombia se descubren permanentemente fosas comunes de cuerpos descuartizados. Los gobiernos despliegan un discurso dual. Por un lado declaran victorias contra el terrorismo y el narcotráfico y por otra parte convocan a los marines, para impedir el incontenible avance de esos flagelos. Los cambios de presidente sólo han modificado la forma de gestionar el terror.

Otra función inmediata de las bases norteamericanas es hostigar a los gobiernos antiimperialistas (Venezuela y Bolivia) y amenazar a las administraciones poco confiables (Guatemala, Paraguay, Nicaragua). Desde Colombia opera una red de organismos de la CIA, que financia las acciones contra gobiernos, movimientos y personalidades antiimperialistas y refuerza las conspiraciones contra Cuba. Las pistas aéreas construidas en el país brindan, además, cobertura de largo alcance para ejercer un control total sobre el Amazonas.

Colombia ha sido el epicentro de todas las provocaciones imperialistas de los últimos años. Desde allí se montó la escalada bélica contra Ecuador y ya se lanzaron incontables agresiones contra Venezuela. Los gobiernos derechistas han quedado al frente de un colosal dispositivo militar, que los empuja a coquetear con guerras informales y eventualmente explícitas.

Estados Unidos militariza la región con el pretexto de enfrentar al narcotráfico. Pero al cabo de tantas patrañas, este argumento ha perdido credibilidad. Fue enarbolado por Reagan (1986), utilizado para invadir Panamá (1989) y resucitado para introducir el Plan Colombia (2000). A esta altura, es evidente que la intervención de los gendarmes sólo conduce a periódicas mudanzas de plantaciones y centros de distribución de un país a otro.

Este reciclado obedece a la persistente demanda de drogas por parte de los compradores del Norte, especialmente en las localidades que no despenalizan el consumo. Pero el narcotráfico también persiste por los multimillonarios ingresos que genera esa actividad para una vasta red de intermediarios estadounidenses.

Las monumentales ganancias que genera el tráfico han alumbrado también enriquecidas narco-burguesías locales, que ya imponen sus propias formas de administración territorial. Un sector de origen marginal adiestra su ejército de pandillas y actúa con sostén de amplios segmentos de la burocracia y las fuerzas armadas.

En varios países las clases dominantes coexisten con esta variedad de lumpen-burguesías, que recurren al terror contra las protestas populares y utilizan la filantropía para blanquear el dinero sucio. El crecimiento desmedido de este grupo rompe la cohesión del estado, disgrega la vida social y genera todo tipo de tensiones.

México se ha convertido en el país más afectado por este proceso de descomposición político-social. Está corroído por una dinámica “afgana” de penetración de los carteles en la estructura del estado. Este avance genera incontrolables guerras entre bandas, apañadas por los funcionarios que se disputan el control del negocio.

En el último sexenio se produjeron en el país 22 mil muertos, 7009 desaparecidos y 20 mil detenidos. Los asesinatos ya incluyen a personalidades de la cúspide del estado. A diferencia de los años 70 el grueso de las víctimas no son activistas políticos, sino pobladores civiles que han quedado atrapados por el fuego de una guerra mafiosa. (17)

La guerra encubierta ha potenciado, además, una escalada de violencia que utilizan los gobiernos derechistas para hostigar a las comunidades indígenas y perseguir a los trabajadores que resisten los planes de ajuste. Estas ofensivas incluyen fuertes embestidas contra los bastiones del sindicalismo independiente.

En este contexto la CIA ha sugerido que México podría convertirse en un estado fallido y presiona por el ingreso de un mayor número de marines. Hay 6000 soldados norteamericanos en la frontera, mientras la DEA y el FBI entrenan fuerzas especiales. La presencia norteamericana aumenta, además, en una región acosada por el contrabando de armas y la furiosa represión al ingreso de inmigrantes.

Hasta el momento nadie se atreve a enviar tropas. Esta acción podría tener consecuencias explosivas, ya que existe una trágica historia de intervenciones yanquis en México. El fuerte sentimiento nacionalista que generaron estas incursiones no ha desaparecido de la memoria del país.

Invasiones y golpismo

La política imperial hacia América Latina incluye también el clásico expediente de la invasión, con cierta cobertura de ayuda humanitaria. Este recurso fue utilizado en Haití luego de un devastador terremoto, para justificar el masivo ingreso de los marines. Las tropas actuaron bajo la supervisión del Comando Sur y perpetraron una ocupación ensayada durante la catástrofe del Katrina. En lugar de equipos de rescate fueron enviados efectivos, que se dedicaron de inmediato a la ampliación de bases militares y al entrenamiento para el combate en Afganistán.

Las tropas yanquis consumaron una acción fulminante para asegurarse el manejo de los aeropuertos y el control de las provisiones provenientes de otros países. Bloquearon especialmente la ayuda organizada por Cuba y Venezuela y desplegaron un portaaviones para impedir la salida de refugiados hacia Miami. Para justificar las acciones policiales internas, los medios de comunicación exageraron la magnitud del desorden y los saqueos.

Estados Unidos volvió a implementar una ocupación colonial, que no contribuye a la reconstrucción de la economía haitiana. Al contrario, los muertos aumentaron con la represión de las manifestaciones de protesta contra epidemias de cólera, que muchas versiones de la población atribuyen a una contaminación producidas por los soldados ocupantes.

El golpe de estado es otro instrumento clásico de la intervención imperial que ha recobrado fuerza. La asonada de Honduras fue un típico episodio de este tipo y no habría prosperado sin el auspicio de la embajada norteamericana. Los golpistas fueron apadrinados por el Pentágono y las empresas estadounidenses, que controlan la economía del pequeño país. Cortando algunas visas y bloqueando las remesas, el Departamento de Estado habría desecho el alzamiento.

Lo ocurrido en Honduras demostró que el golpismo no es una reliquia del pasado. Constituye un recurso utilizado para frustrar cualquier cambio político objetado por los socios oligárquicos del imperialismo. Las justificaciones expuestas para consumar la asonada fueron totalmente absurdas.

La escuálida clase dominante no le perdonó al mandatario desplazado su tenue ensayo reformista de aumentos salariales, control de las importaciones y ruptura del monopolio petrolero. El afianzamiento de los golpistas dio lugar a una terrible secuencia de asesinatos de periodistas y militantes, mediante escuadrones de la muerte que operan con el amparo oficial y el silencio cómplice de la prensa internacional. (18)

Obama dejó correr el golpe todo el tiempo requerido para asegurar su estabilización. Utilizó un doble discurso de rechazo formal y sostén práctico de los derechistas e hizo lo imposible para obligar al presidente derrocado a legitimar su propia destitución.

En Honduras se reeditó el golpismo que fracasó en Venezuela (2002) y Bolivia (2007). Pero incluyó situaciones más grotescas, como el secuestro de un presidente en piyama y la difusión de un inexistente texto de renuncia. Esta acción demostró que algunos sectores están tanteado la introducción de dictaduras de nuevo tipo en toda la región. El objetivo es imponer situaciones de hecho, una vez superada la adversa reacción diplomática internacional. Todos saben que la viabilidad de las nuevas tiranías depende de la resistencia interior. (19)

Otro episodio de esta escala fue el intento de asonada policial que abortó en Ecuador. Existe una intensa discusión sobre el alcance efectivamente golpista de una acción que incluyó la agresión física al presidente, el levantamiento armado de muchos gendarmes y el cierre de una base aérea. Resulta difícil determinar cuáles fueron los propósitos de una conspiración tan improvisada. Pero lo importante no es dirimir en qué medida ese golpe se atuvo o no a los parámetros clásicos. Hay que registrar cómo se inscribe una política estadounidense de alinear bajo su mando al mayor número de países de la región.

La política imperial ha envalentonado a muchos derechistas latinoamericanos. En los países históricamente manejados por dictaduras vandálicas, estos sectores propician el retorno del viejo padrinazgo neo-colonial. Suelen reaccionar en forma brutal ante cualquier alteración del status quo.

Paraguay es otro ejemplo de este acoso. Un presidente que gobierna con equipos neoliberales y mantiene ejercicios militares con el Pentágono, enfureció al establishment con tibias medidas de reformas y ha sido objeto de brutales intimidaciones macartistas. Estas presiones lo empujaron a decretar el estado de excepción y a otorgar a los militares la dirección de las operaciones policiales.

En otros países el militarismo yanqui alienta a los gobernantes neoliberales a reforzar la represión. Es el caso de Perú, dónde el mandato de Alan García ha estado signado por la represión contra protestas sociales, que dejaron 70 muertos, 600 heridos y 1300 dirigentes gremiales enjuiciados. Luego de otorgar plena cobertura a las tropas norteamericanas para operar en distintos puntos del territorio, el presidente derechista consumó una brutal agresión contra las comunidades indígenas que resisten la privatización de los bosques.

Contraofensiva en varios frentes

Mediante el uso imperial de la fuerza Estados Unidos busca encarrilar una contraofensiva, para recuperar preeminencia económica, revertir el ciclo de rebeliones populares y limitar la autonomía política de varios gobiernos sudamericanos. Intenta asegurar su provisión de recursos naturales y aumentar la colocación de exportaciones en la región. El gigante del Norte necesita los mercados de su patio trasero para acompañar la devaluación del dólar, con significativos incrementos de las ventas externas.

Desde el fracaso del ALCA Estados Unidos apuesta a reforzar su presencia, mediante la suscripción de tratados bilaterales. Estos convenios garantizan una relación privilegiada de la primera potencia, con todos los países que abren su economía a las importaciones del Norte. (20)

Estados Unidos intenta especialmente reconquistar el terreno perdido a manos del capital europeo, que sin desafiar la preeminencia militar (o el liderazgo político yanqui), aumentó sus negocios en la zona. Las empresas del Viejo Continente desplazaron incluso a las compañías norteamericanas en el monto de las inversiones externas y la Unión Europea suscribió tratados de libre comercio inspirados en el ALCA.

Las riquezas naturales constituyen un campo internacional de disputa, que el gigante del Norte no quiere compartir con sus rivales. La crisis financiera reciente ha sido vista incluso como una oportunidad para revertir esa influencia, reduciendo el papel de las firmas españolas que durante la oleada de privatizaciones, capturaron servicios, bancos y yacimientos

Estados Unidos pretende también frenar la llegada de China a una zona muy alejada del radio de acción oriental. Como esa presencia representa un desafío muy serio para la hegemonía del Norte, el Departamento de Estado impulsa la ratificación de nuevos tratados comerciales, especialmente con sus socios de la costa del Pacífico. Esta estrategia de recomposición estadounidense es aceptada por México, Colombia, Perú, Chile y varios países pequeños de Centroamérica.

La contraofensiva imperial tiene un nítido componente militar. El Pentágono observa con recelo la visita de la marina rusa a Cuba y los viajes de funcionarios iraníes a Venezuela. Estas misiones son percibidas por el establishment norteamericano, como invasiones a un territorio que consideran propio.

El propósito estadounidense es retomar el control pleno de Centroamérica, afianzando la dependencia de los pequeños países. Estas naciones tienen un alto porcentual de su población en el Norte y han creado un importante circuito de sostenimiento familiar a través de las remesas. La misma prioridad tiene México, no sólo por la extensa frontera común sino también por el alto grado de integración de la economía azteca al capitalismo estadounidense.

Una meta más ambiciosa del imperialismo yanqui es contrarrestar el escenario político adverso, que se ha creado en los últimos años en Sudamérica. Como resultado de grandes conmociones políticas y sociales, gran parte de los gobiernos han tomado distancia de su vieja subordinación al Norte. Algunas administraciones son abiertamente antiimperialistas y han forjado un eje crítico en torno al ALBA. Otros gobiernos de centroizquierda del MERCORSUR simplemente han abierto negocios multilaterales con distintos países, profundizando la autonomía de los dictados norteamericanos.

La primera potencia utiliza la presión político-militar para acotar ese margen de independencia. La estrategia de Obama repite el multilaterialismo liberal, que utilizaron sus antecesores Roosevelt y Carter. En ambos casos reorganizaron la supremacía estadounidense sobre América Latina en circunstancias críticas (depresión del 30 y derrota de Vietnam). El intervencionismo solapado es la forma de recrear ese liderazgo hegemónico. (21)

Este escenario refuta todas las expectativas en un aflojamiento de las presiones del Norte. No existe hasta ahora ningún indicio de ese desahogo y tampoco de la publicitada tesis de la indiferencia yanqui hacia América Latina. La región persiste como plataforma central del imperialismo.

Los cambios en África

El continente negro es el tercer escenario de gran intervención imperial. A diferencia de Medio Oriente y América Latina, esta región constituyó durante mucho tiempo un área de dominación de las potencias europeas. Pero en las últimas dos décadas, África no sólo perdió su condición de colonia del Viejo Continente. Tampoco perdura como un área sometida al control de sus antiguos mandantes.

Durante el proceso de descolonización, Portugal, España y Bélgica resignaron por completo su preeminencia en ciertas regiones. Pero la gravitación de Francia y Gran Bretaña también decreció, a pesar de la enorme incidencia económica, política y cultural de estas dos viejas potencias sobre sus ex territorios.

Este retroceso continuó posteriormente y fue paralelo a la crisis descomunal que padeció el continente más empobrecido del planeta. El neoliberalismo generó un desmoronamiento agrícola y productivo brutal en todos los países africanos, que incluyó picos de hambruna y formas extremas de desintegración social. En este escenario de tragedia popular se perpetró el cambio de posiciones a favor de nuevos capitalistas.

Las compañías que tradicionalmente actuaron bajo el padrinazgo británico y francés, ya no cuentan con el mismo sostén militar. Primero se redujo el número de efectivos y desde 1998 los antiguos rivales comenzaron a operar más concertadamente, bajo el paraguas militar de la OTAN. Aunque siguen liderando la venta de armamentos a sus viejos clientes coloniales, Gran Bretaña recortó la estructura del antiguo Commonwealth y Francia comenzó el abandono de sus bases, en los lugares emblemáticos del antiguo imperio (como Senegal).

Este vacío ha sido ocupado de manera creciente por las tropas norteamericanas, que mantienen convenios de acción conjunta con 22 países. El Pentágono manejaba a mitad del siglo XX cierta presencia militar, pero habitualmente actuaba a través de sus aliados en la guerra fría.

En los últimos años sustituyó esa acción lateral por intervenciones más abiertas. En el 2007 formó el comando AFRICOM, que todavía no consiguió una sede local en el continente, pero ya realiza todo tipo de operaciones. La incursión en Somalia (1992-93) constituyó un ensayo general de invasiones norteamericanas al corazón de África.

El objetivo de estas agresiones es favorecer la presencia de las compañías norteamericanas en el saqueo de los recursos naturales. Existe una indudable correlación entre ambos procesos. Los marines brindan sostén a todas las firmas, que actúan en un entorno particularmente inseguro. La presencia de tropas es la principal garantía que tienen estas empresas para manejar sus inversiones de gas, petróleo y minerales. Las corporaciones norteamericanas están particularmente interesadas en los nuevos pozos petrolíferos que se han descubierto en el continente. Este rubro ya aporta el 92% de las importaciones africanas a Estados Unidos (2008).

Toda la región de África Sub-sahariana se ha convertido, nuevamente, en un escenario de disputas por el control de las materias primas. En este plano se repite una secuencia secular de trágicas competencias entre compañías extranjeras por la depredación de las riquezas naturales. Muchos países del continente han conmemorado el cincuenta aniversario de su independencia, afrontando este duro contexto. Los intentos de reconversión agrícola y modernización industrial han fallado sucesivamente, recreando la vieja inserción de la zona como exportadora de materias primas.

África es la región comercial más abierta de todo el planeta, puesto que desenvuelve internamente sólo el 15% de sus intercambios. La apertura internacional presenta todos los rasgos de un sometimiento primarizado. El ajuste neoliberal (1980-2000) acentuó este perfil, al introducir formas de recolonización que redujeron el margen de autonomía conquistado por movimientos nacionalistas durante la descolonización.

Muchas zonas del continente son escenario de guerras clásicas de rapiña. La tragedia más conocida es el genocidio que desgarró a los tutsi y hutus. Pero esta situación se repite en incontables localidades. En el Congo se libraron, por ejemplo, dos conflagraciones (1996-97 y 1998), que dejaron tres millones de muertos, un millón de desplazados y a toda la población sin agua, ni electricidad. Los grupos armados se disputan actualmente el botín, privilegiando la captura de importantes minerales para la fabricación de los celulares.

En estas masacres intervienen numerosas estructuras de mercenarios y ejércitos privados. Cada milicia africana opera al servicio de algún proveedor. Pero a escala continental, Estados Unidos hace valer el liderazgo de la OTAN para a subordinar a sus viejos competidores europeos.

Los problemas que afronta la primera potencia despuntan por otro flanco. China comenzó hace pocos años un desembarco en África, que está alcanzando enormes proporciones. Su comercio con ese continente se multiplicó por diez, en tan sólo una década y ya alcanzó el status de tercer socio comercial de la región.

A diferencia de las viejas potencias europeas, China otorga créditos y realiza inversiones sin pasar por los organismos financieros. Busca el mismo aprovisionamiento de petróleo y minerales que sus competidores, pero evita el endeudamiento excesivo de sus clientes y asegura una mayor contrapartida de construcciones e infraestructura, a cambio de las materias primas.

Los enormes cuestionamientos que ha desatado esta penetración combinan objeciones genuinas (a un nuevo intento colonizador), con críticas hipócritas de las potencias occidentales (que han sido desplazadas de negocios muy lucrativos). En la disputa por los mismos recursos también se verifica la novedosa expansión de Sudáfrica, que aumenta sus inversiones en el continente a una tasa superior al resto de los países.

Al cabo de varias décadas de independencia se ha formado también una burguesía africana con recursos propios. Este segmento negocia con más fuerza su participación en el negocio de los bienes explotados y aprovecha las ambiciones de todas las potencias extranjeras, para lograr un aumento de la tajada en juego. (22)

Pero estas pujas formas parte de las nuevas tensiones que sacuden a una región que se ha transformado en escenario de disputas por el control de las materias primas. África comparte con América Latina y Medio Oriente el dramático privilegio de constituir una zona estratégica para las grandes potencias. En estas tres áreas se consuman las agresiones y despojos más virulentos del imperialismo contemporáneo. El significado de este proceso motiva intensa discusión teórica.

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Ver también:

Notas:
1) Informe de OXFAM Internacional, Página 12, Buenos Aires, 19-8-2007 y 29-7-10.
2) Ver: Achcar Gilbert. “L´imperialism US dans les braises orientales”. Inprecor 495-496, juillet-aout 2004.
3) Ver: Harvey David. The New Imperialism, Oxford University Press, 2003, (cap 1).
4) Esta visión en: Petras James. “Estado imperial, imperialismo e imperio”. Pensar a contracorriente. Volumen II, segunda edición, 2005.
5) Ver: Kennedy Paul, “Ningún estado es inmortal”, Clarín, 20-6-07.
6) Ver: Callinicos Alex, "Imperialism and global political economy," International Socialism, No. 108, 2005.
7) Ver: Wood Ellen Meiksins, “Logics of Power: A Conversation with David Harvey”, Historical Materialism, vol, 14.4, 2006.
8) Ver: Ali Tariq, A lógica mortal da guerra sem fin, 1-11-09 virgiliofreire.blogspot.com/2009
9) Ver: Gelman Juan, Página 12, Buenos Aires, 13-5-09, 26-11-09, 6-12-09, 11-4-10, 7-1-10,
10) Ver: Sepehr Houshang, “Ou va la Republique Isalmique”?, Inprecor 551-552, septembre-octobre 2009.
11) Distintas variantes de la justificación sionista en: Deligdisch Ronaldo, “Centro hispanoparlante de estudios sociales y psicosociales en Israel”, 5-1-09, americalatinaunida.wordpress.com/. Movimiento social-sindical Fuerza Latina en Israel, “Ante la nueva situación en Gaza”, 5-1-09. Halevi Yossi Klein, “Ahora soy plenamente israelí”, Clarín, 5-1-09, americalatinaunida.wordpress.com/ Sneh Perla, “Al este de las palabras”, Página 12, 10-1-09.
12) Desarrollamos esta caracterización en: Katz Claudio, “Argumentos pela palestina” Revista Outubro, n 15, junio 2007, Sao Paulo. También Katz Claudio, ”Incursiones para sepultar la paz”, 18 Ene 2009, www.rebelion.org/noticia.php
13) Hemos expuesto este análisis en Katz Claudio, Escenarios de la segunda independencia, Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2011 (próxima aparición).
14) Ver: Página 12, 25-5-10, Buenos Aires.
15) Ver: Dufour Jules. “El regreso de la cuarta flota y el futuro de América Latina”, www.Mondalisation.ca/, 28-8-08.
16) Ver Página 12, 27-7-10, Buenos Aires.
17) Ver: Cockcroft James, “México: Imperialismo, Estados fallidos, nuevas guerras y resistencia”, Memoria 245, agosto 2010, México.
18) Ver: Gelman Juan, “USA-Honduras”, Página 12, 30-7-09.
19) Aspectos de la nueva estrategia en O´Donnnell Santiago, “Dictadura posbananera” Página 12, 2-8-09.
20) Un balance general de estos tratados presenta: Martínez Osvaldo. “Por la integración de los pueblos”, ponencia al Encuentro Hemisférico de lucha contra los TLC, La Habana, 3 de mayo de 2007.
21) Distintos aspectos de esta estrategia indagan Rozoff Rick, “Estados Unidos intensifica los planos de guerra” y Grandin Greg, “¿Cómo será la doctrina Obama?”, en Memoria 238, octubre-noviembre 2009, México.
22) Un detallado análisis en: Nanga Jean, “Aprés cinquante ans d´independance”, Inprecor 562-563, juin-juillet 2010.

Bibliografía:
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Tramacúa

Juan Diego García (especial para ARGENPRESS.info)

La violación de derechos humanos en Colombia ha alcanzado tales niveles que hoy ya resulta imposible ocultarla a la opinión pública a pesar de las campañas gubernamentales y la complicidad de la mayoría de los medios de comunicación.

En realidad estas violaciones se suceden desde hace décadas aunque con el gobierno de Uribe Vélez sobrepasan todo límite haciendo ya imposible mantener la imagen de este país como un ejemplo de democracia a pesar de su conflicto interno y la existencia del narcotráfico. Además, a estas alturas ya no es posible dar por buena la versión de las autoridades que explican estas violaciones como comportamientos aislados de algunos militares y otros funcionarios públicos. Por lo reiterado y sistemático es claro que se trata de una estrategia contrainsurgente que incluye la guerra sucia, es decir, métodos ilegales que tipifican el terrorismo de estado.

Tampoco es posible ignorar que los grupos paramilitares han sido el fruto de la estrategia contrainsurgente adelantada bajo la asesoría directa de los Estados Unidos asi como de otros “gobiernos amigos” y con la presencia cada vez más activa de todo tipo de mercenarios de la más variopinta procedencia. Que estos grupos se hayan convertido en rueda suelta y puedan en un momento dado contravenir las orientaciones del gobierno no disminuye en manera alguna la grave responsabilidad que le cabe a las autoridades. Igual ocurre con el fenómeno del narcotráfico y su vínculo con el conflicto armado, un fenómeno inexplicable sin la permisividad política y social de la clase dominante que por décadas ha permitido el surgimiento y extensión de esta lacra. El resultado no es otro que su firme asentamiento en le tejido social y económico del país y su enorme influencia política.

Pero hay un capítulo que apenas se menciona y sobre el cual se ha tendido un pesado manto de silencio. Se trata de la situación lamentable de 7.500 prisioneros políticos, hombres y mujeres, sometidos en las cárceles del país a una condición que ofende toda sensibilidad humana y viola las más elementales normas en el tratamiento de prisioneros. De esa cifra, aproximadamente quinientos corresponden a guerrilleros y militantes de las organizaciones armadas (FARC y ELN) capturados en combate o en diversos operativos contrainsurgentes. El resto (siete mil) está conformado por activistas sociales y políticos que no tienen vinculación probada con la insurgencia pero a los cuales se los condena como tales haciendo parte de una estrategia destinada a golpear apoyos o simpatías (reales o potenciales) en aplicación de la conocida táctica de “quitar el agua para matar al pez”, es decir, aterrorizar las bases sociales de la insurgencia armada, detener o eliminar a los dirigentes populares, destruir o acorralar a sus organizaciones, acallar sus protestas, provocar el desplazamiento de poblaciones enteras y -como complemento necesario- una política penitenciaria de castigo y venganza, muy en armonía con la misma guerra sucia.

El procedimiento comienza por la detención por lo común sustentada en acusaciones falsas, “indicios creíbles” -es decir, sin prueba alguna-, testigos pagados y delatores de oficio cuyas acusaciones se dan por buenas a pesar de su evidente origen espurio, pruebas amañadas sin ningún valor jurídico y las típicas “confesiones” obtenidas bajo todo tipo de torturas que incluyen la amenaza contra familiares y conocidos de la víctima, en contraste con la incuria a la hora de encausar a quienes desde el estado mismo o desde los ámbitos de la extrema derecha incurren en delitos de enorme gravedad, muchos de ellos tipificados como crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Los juicios a los insurgentes y opositores concluyen con condenas que en muchos casos significan la cadena perpetua aunque esta medida no está considerada en la legislación vigente, algo que de nuevo contrasta con las tenues penas para los cabecillas del paramilitarismo, responsables de miles de asesinatos (y otros delitos atroces) o las condenas generosas a los políticos que han servido de sustento social e institucional al fascismo criollo. Y esto, en el caso extremo de que estos personajes lleguen al banquillo de los acusados. Llama la atención que cuando se producen las condenas por los crímenes de la extrema derecha casi siempre se trata de excepciones, de casos aislados en un cuadro de impunidad que supera el 90% de los procesos penales, tal como han consignado diversos organismos internacionales. Cuando se trata de la derecha son permitidas las típicas maniobras dilatorias en los procesos, por un aparato de justicia tan eficiente si se trata de juzgar insurgentes y opositores, de suerte que muchos delitos prescriben. Solo el valor cívico de algunos jueces ha permitido someter a la justicia algunos militares incursos en proceso que no prescriben y que duermen el sueño de los justos por décadas. Tal ha sido el caso de los oficiales responsables de la captura de civiles inocentes y de guerrilleros heridos en la toma y destrucción del Palacio de Justica y cuya suerte se desconoce hasta hoy.

Por supuesto, cuando se afecta a la derecha y al paramilitarismo se castiga siempre a los autores materiales. Los responsables políticos, los inductores y principales beneficiarios de la violencia oficial y paramilitar siguen protegidos por el anonimato que les permite su enorme poder. Cuando alguno de los implicados en estos juicios ha intentado irse de la lengua, el sistema siempre encuentra la manera más eficaz de acallarlo (rápida extradición a los Estados Unidos, por ejemplo).

Las condiciones de encarcelamiento de insurgentes y opositores alcanzan la más refinada crueldad. Las prisiones son lugares inhóspitos, horribles, que si no tienen ninguna función de reinserción social para los presos comunes, resultan máquinas de destrucción física y psicológica para los presos políticos para los cuales éste es un sistema de castigo y crueldad sin límites que contraviene toda idea civilizada del tratamiento a seres humanos. El hacinamiento, una alimentación intencionadamente deficitaria, la absoluta falta de atención médica, el aislamiento de la familia, la represión permanente y la brutalidad a través de un refinado sistema de castigos son el pan de cada día. En este contexto, no ha faltado sin embargo el funcionario de justica honrado que denuncie tanto abuso, corroborando las permanentes quejas de presos, familiares y organizaciones de derechos humanos. Y una vez más, tales atropellos contrastan con la condiciones de verdadero lujo asiático de las que gozan los pocos paramilitares, militares o políticos que han sido condenados. Al escándalo reciente que produjo un informe de la revista Semana sobre los “resort” en los cuales pagan sus condenas los militares responsables se crímenes atroces deben agregarse denuncias similares en relación a los llamados “parapolíticos” en prisión (por vinculos con el paramilitarismo), rodeados de todo tipo de comodidades y privilegios escandalosos, como una afrenta más a las víctimas de sus crímenes y expresión aberrante de la aplicación de la justicia.

Tramacúa es el nombre popular de la cárcel de Valledupar -un término que en el lenguaje del Caribe significa enorme o desproporcionado- convertida hoy en el símbolo atroz del sistema carcelario colombiano. Allí se extreman todos los horrores a los que se somete en particular a los presos políticos en Colombia. En esta prisión se ha producido hace poco una masiva protesta, reprimida con especial dureza y apenas registrada por la prensa local. El saldo de decenas de heridos y represaliados consigue sin embargo romper el silencio al menos dentro del país y favorece que el parlamento colombiano haya acogido favorablemente las denuncias airadas de condenados, familiares y organizaciones de solidaridad con los presos políticos y exija también el cierre inmediato de lo que ya se conoce como el Guantánamo colombiano o el Abu Graib de Colombia.

Si es verdad que el gobierno de Santos intenta caminar hacia la paz y si el intercambio de guerrilleros presos por militares y policías capturados en combate por la guerrilla resulta innegociable para las autoridades, sería un gesto positivo no solo aplicar con todo rigor la ley a los paramilitares, a los narcotraficantes, a los políticos implicados y a sus propios funcionarios (civiles y militares) poniendo fin a la impunidad reinante y a las condiciones de lujo de que gozan los pocos que han sido condenados, al tiempo que revisar a fondo el sistema de juzgamiento (seguramente muchos miles saldrían en libertad inmediatamente si se revisan los procedimientos penales mediante los cuales han sido condenados guerrilleros reales o supuestos) y, por motivos obvios, terminar de una vez por todas con un sistema de prisiones que se ha convertido en una arma más en la guerra sucia contra la insurgencia.

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Colombia. ¿Libertad de expresión o prostitución periodística? (I): La cacería de brujas se intensifica contra ANNCOL y medios colombianos alternativos

Dick Emanuelsson (especial para ARGENPRESS.info)

Ya comenzó la cacería de brujas contra los medios alternativos opositores al régimen colombiano.

Foto: Ya no esta suspendido y los organismos de inteligencia movilizan sus medios de comunicación para criminalizar los colegas y el portal tiene 200.000 visitas diarias.

Varios medios colombianos como El Tiempo y Caracol TV, abrieron hoy con artículos y programas tendenciosos anunciando que el portal de ANNCOL ya tiene un nuevo editor en la ausencia del encarcelado Joaquín Pérez Becerra, que ahora será el próximo objetivo para deportar a Colombia. Todo está basado en fuentes de la inteligencia militar.

El fallo (1) de la Corte Suprema de Justicia de Colombia de invalidar los supuestos archivos de Word encontrados en el bombardeado computador del abatido jefe guerrillero Raúl Reyes, cayó como un balde de agua fría para los organismos de seguridad y de la inteligencia militar.

Foto: La Corte Suprema de Justicia

Con la decisión, los arquitectos de los falsos positivos y los burdos montajes a opositores, como los cometidos contra Miguel Ángel Beltrán y Joaquín Pérez Becerra, profesor universitario y periodista sueco respectivamente, se vieron en la obligación de armar nuevas “pruebas” contra estas dos personas y nada mejor que acusarlos de ser guerrilleros.

¿Delito colaborar con ANNCOL?

Los medios al servicio del estado colombiano, salen con el argumento de que sería un delito internacional, colaborar o dirigir la agencia ANNCOL.

Saben muy bien que a esta altura de las circunstancias, nadie “traga” el cuento de que escribir desde una página de internet puede ser un delito. Entonces ¿Cuál es la fórmula pergeñada? Pues meter el “fantasma guerrillero” y ¡PANG! Acusación lanzada y sentenciada cualquier persona.

Dice El Tiempo:

“Inteligencia de la Policía estableció que el jefe guerrillero 'Iván Márquez' destinó recursos “para la reactivación del portal”, Así como para “compra de hosting (la terminación de la página) y dominio, por personas ubicadas en Estocolmo (Suecia)”.

¿De dónde salió esa información, cual es la fuente más que la inteligencia? No lo dice, simplemente echan a rodar esa cuestión y los medios colombianos lo publican sin ningún cuestionamiento, aún a riesgo de perder lo poco que quedaba de su credibilidad. Es harto sabido que los organismos de seguridad como el DAS, están manchados de corrupción, delitos y hasta sangre por los escándalos de las “Chuzadas” que no son sino la punta del iceberg de la vergüenza.

Medios, fuentes e inteligencia militar

Joaquín Pérez, quien fuera director de una humilde agencia de noticias, de la que fui cofundador, a mediados de la década del ’90, ha sido reemplazado por el director de Radio Café Stereo. Y no porque haya decidido abandonar su labor periodística dando fuerza a la verdad insoslayable, sino porque fue detenido en Venezuela, en medio de una situación extraña, previa anulación ipso facto del Derecho Humanitario que lo asistía.

Foto: Hollman Morris, documentalista que no cabe en la prensa colombiana por que es periodista. Por eso ha sido objeto, como 15 otros periodistas, de persecución por parte del DAS-G3, los mismos órganos que ahora suministra y es fuente para El Tiempo, RCN y Caracol. Copia de la carpeta del DAS-G3 sobre Hollman M.
Foto: ¿Y cuales son los "métodos democráticos" del DAS-G3 para contrarrestar a los reportajes de Hollman Morris?

Los medios nombrados mencionan (2) dos nombres y apellidos de una persona lo cual confirma que dependen totalmente de las fuentes de los organismos de seguridad, porque lo mencionado es totalmente incorrecto. Publican además otros nombres que en parte son públicos y que incluso han sido entrevistados en medios oficialistas en Colombia.

¿Cuál delito?

¿Y cuál sería su delito si fuera cierto que estas personas trabajan en su tiempo libre para sostener un web portal que tiene 198.000 visitas por día? ¿Personas que militan por la vida, contra el terrorismo de estado que afecta a un pueblo hace ya tantas décadas?

El Tiempo dice: “Investigadores detectaron el hosting que compró las Farc”.

Fíjese como el periodista de El Tiempo utiliza ese dato como si fuera una verdad inapelable, mediante la cual pretenden convencer al lector que efectivamente, las FARC, hicieron una consignación a través de su cuenta bancaria y efectuaron el pago a la empresa de la web.

Lo que llama la atención es que la policía no habla más sobre los archivos de Word del computador fantasma de Reyes, ahora apuntan a la importancia de silenciar a Anncol y también a la emisora Café Stereo, cuyo director ahora ha reemplazado, solidariamente, a Joaquín Pérez, según los organismos de inteligencia colombiana.

ANNCOL, la pesadilla del Terrorismo de Estado

El hecho en sí no es extraño, recordemos que la primera reacción que tuvo el general y jefe de la policía colombiana, Oscar Naranjo, ante la entrega de Pérez Becerra a Colombia, fue de alegría “porque por fin apagaron la agencia ANNCOL”

Ya no hizo más falta que el computador siguiera hablando, cambiaron la dirección de la mira y el objetivo fue liquidar a la agencia.

Vale preguntarse: por qué dan tanta importancia a una humilde web, que no cuenta con personal a sueldo, sino que todo, desde su fundación y hasta ahora se hace con la fuerza del militante, gracias a los aportes de centenares de corresponsales en el mundo, principalmente en Colombia, tal como demuestra la estadística de entrada de los lectores?

ANNCOL con 198.729 visitas diarias

Leímos un artículo escrito por Juan Carlos Vallejo, en la sección “Notas de Anncol” (2), en el momento de la detención de Becerra, en Caracas. El escritor, periodista y analista político internacional, comentaba sobre una investigación, acerca de la publicación que había hecho Alexa, en la cual se resumía la impresionante cantidad de entradas que tenía la página.

“Por las dudas y para evitar suspicacias, tener en cuenta que cuando menciono a Alexa no estoy hablando de una guerrillera, sino que es un sistema de análisis de tráfico y auditoría de sitios web.

Quedaba demostrado que mediante el análisis:

• El tráfico mundial de ANNCOL es de 198.729 visitas diarias.
• El tiempo de visitas va desde 60 segundos hasta 3 minutos.
• El sitio es más visitado por hombres con ingresos altos y un nivel de educación superior.
• El rango de edades va por debajo de los 35 años y entre los 45 y 65 años.
• La navegación de los usuarios se hace mayoritariamente desde las casas.
• El 72% de la Audiencia de ANNCOL está en Colombia.
• Hay un notable aumento de la audiencia de ANNCOL entre el 80% y el 190% siendo el rango de visitas más alto a finales de abril y comienzos de mayo.
• Clasificados entre 1 y 10 los temas de consulta para los visitantes, siendo 1 de mayor interés y 10 de menor interés, las FARC y las FARC-EP ocupan el 5°, 8° y 9° lugar. Noticias Colombia, Noticias de Colombia y Noticias en Colombia ocupan el 1°, 2° y 3° de los lugares.
• Combinando número de visitantes con las páginas más vistas por país, ANNCOL se clasifica en la 747 en Colombia. En el mundo en la 188.298. Posición de honor para una página sin publicidad, un medio alternativo y sin recursos.
• El mayor número de accesos viene desde el buscador de Google.
• Después de visitar ANNCOL los usuarios van a Google (57.89%), FACEBOOK (21.05%) y Youtube (21.05%).
• Quienes leen ANNCOL generalmente gustan de visitar, en su orden: Telesur, Revista Semana, Rebelión, Indymedia, Google Colombia, El Tiempo, El Espectador y APORREA.
• En el año 2010 Radio Café Stereo fue clasificada por Wonder Radio dentro de las 100 radios en internet con más audiencia.

¿Ahora entienden por qué el establecimiento en Colombia nos odia?

Estrangular la libertad de expresión

Así terminó Vallejo su crónica que en grandes rasgos también nos explica los motivos por los cuales Oscar Naranjo, Uribe & Santos, Ernesto Yamhure y otros intolerantes oligarcas quieren ver a ANNCOL y otros medios alternativos en la tumba.

¿Es esa libertad de expresión que Naranjo & Santos quieren cimentar, no solamente en Colombia sino ahora también en países como Suecia, Alemania, Italia, España?

La cacería de brujas está en marcha, el estado colombiano es experto en ello además de persistente. Hoy está en la mira ANNCOL, mañana le tocará a otro medio alternativo de los tantos que hacen su aporte en defensa de un pueblo hostigado por las hordas genocidas hace tantas décadas.

Los mismos que cuentan con financiamiento y apoyo gringo y del Mossad para cometer los crímenes más escalofriantes, tiemblan ante la verdad que sale a luz gracias al esfuerzo de compañeros y compañeras que denuncian los padecimientos de un pueblo.
A cubrir la realidad colombiana es peligroso

Y que lo seguirán haciendo, porque sabemos que en esta vida todo gira y lo que está pasando en Colombia mañana puede pasar en otros países si las voces se silencian.

Foto 4
Foto: Se llama Terrorismo de Estado. El periodista que no ve o escucha se hace cómplice con ese terrorismo.

Para el poder colombiano no son terroristas los medios que silencian las masacres, las violaciones de criaturas, las fosas clandestinas, los falsos positivos, los desplazamientos, los más de 7500 prisioneros y prisioneras políticos de un régimen criminal. Para ellos los terroristas somos nosotros, los que más de una vez hacemos nuestras crónicas de los desastres evitables, secándonos las lágrimas y mordiendo la rabia que nos produce detallar esos hechos.

Por ello, estén seguros que sea de donde fuere que estemos, seguiremos denunciando. Caerá uno pero vendrán otros, porque tenemos asumidos nuestros roles utilizando las únicas armas con que contamos: la palabra y la verdad. Esas que tanto asustan hasta hacer perder el sueño a los hipócritas.

1) ¡ULTIMA HORA! ¡Corte Suprema de Justicia de Colombia descalifica los archivos del bombardeado computador como pruebas legales!
http://anncolprov.blogspot.com/2011/05/ultima-hora-corte-suprema-de-justicia.html

2) Notas de ANNCOL
http://anncol.info/index.php?option=com_content&view=article&id=392:por-juan-carlos-vallejo&catid=58:football&Itemid=553

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Colombia. ¿Libertad de expresión o prostitución periodística? (II): ¡"Gurisatti, paramilitar con micrófono"!

Dick Emanuelsson (especial para ARGENPRESS.info)

Así gritaba el grafiti que los estudiantes de la Universidad Nacional de Bogotá, habían escrito en la pared al lado de la Avenida 26.

Fue en el año 2000 cuando los paramilitares, para sabotear el recién iniciado proceso de paz entre Pastrana y las FARC, asesinaron entre 50-200 colombianos en una semana. Ahí estaba la señora Claudia Gurisatti entrevistando al jefe de los escuadrones de la muerte, Carlos Castaño, con una sonrisa que le iluminaba el rostro.

Anoche, martes 21 de junio de 2011, se percibió la misma expresión de odio en el rostro de esa mujer, cuando se mencionó a la guerrilla en el programa que conducía. Hubo un mensaje dirigido a las autoridades suecas mediante el cual exigían el cierre de ANNCOL y Café Stereo.

Mensaje vano ya que sabemos muy bien que Suecia no se dejará intimidar porque un par de generales y una periodista colombiana suban sus voces, desde el estado terrorista.

Afirma, Gurisatti, que Anncol y Café Stereo hacen apología del terrorismo y que son órganos radiales de la guerrilla. La señora no dejó lugar a duda alguna. No dijo “según opinión de…”sino que rotuló directamente, frente a la pantalla de los colombianos, utilizando en su afirmación la misma letra que utiliza la inteligencia militar.

Cuando vi el “bombardeo” de mentiras y otras medias verdades, ayer, en su programa “Noche de RCN”, fue como revivir los años que viví en Colombia. Volvieron los sonidos de ese bombardeo de un terrorismo mediático que no solamente asusta a los colombianos sino que además, los manipula y los embrutece, invitándolos al pánico.

Foto: Elvia Cortés Gil, su trágica muerte fue utilizada en los medios por los intereses de la guerra.

Hace diez años fue asesinada con un collar bomba, Elvia Cortés Gil, de 55 años. Todavía estaba caliente su cuerpo cuando los medios, como RCN, acusaron y sentenciaron al 16º Frente de las FARC, de ser los autores de ese crimen tan espantoso.

La histeria logró torpedear la Conferencia Internacional sobre el Narcotráfico convocada por Pastrana y las FARC en la zona de despeje durante esos días.

“Sorprendida por guerrilleros del XVI frente de las Farc”, decían “ la señora Cortés se había negado a pagar varios millones de una extorsión que la subversión le exigía y ayer fue sorprendida por guerrilleros del XVI frente de las Farc que ingresaron a su vivienda, la amarraron y le instalaron un collar con explosivos compuesto por varios tubos galvanizados que contenían cargas de dinamita”. Lo aseguraba RCN y Gurisatti, quien miró fijamente con sus ojos azules, la pantalla de millones de colombianos.

Y no habían sido las FARC.

Tras un mes de investigaciones, la Fiscalía General de la Nación dictó medida de aseguramiento. La medida de detención preventiva sin beneficio de excarcelación recayó contra José Miguel Suárez, un hombre que había sido detenido por miembros del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía (CTI) el 30 de mayo, 15 días después del hecho, en Chiquinquirá, Boyacá.

¿Y la responsabilidad social de un medio de comunicación, cuál es? ¿Cuál es el ABC del periodismo cuyo eje central debe ser investigar, elaborar, cuestionar, procesar y entregar los elementos a los ciudadanos para que ellos saquen sus propias conclusiones?

Anoche, la “estrella de RCN”, muy consciente, volvio a mentir cínicamente, recordando ese crimen achacado a la organización. De esta manera, reforzaría la ofensiva del estado colombiano hacia los gobiernos, como el sueco, que mantiene los principios sobre la libertad de expresión, en tanto y en cuanto no cometan delitos según su legislación.

Manuel Marulanda, expresó a los medios, en esos días del Proceso de Paz en San Vicente de Caguán : “Ustedes tienen una deudita con el pueblo colombiano”. Nada más cierto que ese dicho, “gracias” a medios como RCN y a periodistas como Claudia Gurisatti, Colombia sigue en guerra y el pueblo sigue muriendo.

Foto: Héctor Sandoval, Walter (RCN, camarógrafo), acribillado por el ejército el 12 de abril de 2002 junto con…

Foto: Walter López, conductor del carro de RCN. ¿Dónde está la solidaridad de Claudia Gurisatti?
Su ex jefe, Álvaro García, era director de RCN en abril de 2002. En ese momento fueron asesinados por el ejército, el camarógrafo HÉCTOR SANDOVAL y WALTER LÓPEZ, conductor del equipo de RCN-Televisión en Cali, dirigido por la periodista LUISA ESTELA ARROYAVE. Luisa está exiliada en Canadá por las amenazas de muerte del ejército lanzadas contra ella, ese mismo día (2).

Foto: Entonces Álvaro García era director de RCN-Televisión recibe una medalla de el comandante de la FF.MM. Fredy Padilla. En abril 2002 el ejército ametralló y asesinó al camarógrafo de RCN, Héctor Sandoval y Walter López en Cali, dirigido por la periodista Luisa Estela Arroyane, hoy exiliada en Canadá por las amenazas del ejército.

El trío de RCN fue acribillado por un helicóptero del ejército que cazaba a una columna guerrillera en Cali. Al día siguiente lanzaron un cohete contra la construcción de RCN en Bogotá, como advertencia a los ejecutivos, entre ellos Álvaro García, de no tocar el tema sobre la muerte de los dos. Si no, la puntería seria mejorada.

No son palabras mías, sino de reporteros de RCN con los cuales estuve en una conferencia una semana después de los sucesos, organizada por el entonces ministro de trabajo, Angelino Garzón, hoy vicepresidente de la República de Colombia. Estaban horrorizados los colegas por el poder y las amenazas del terrorismo de estado.

Álvaro García se unió al bando de los verdugos de sus empleados y fue embajador de Uribe en Buenos Aires. Ahí envió a sus compatriotas en el país sudamericano un memorando (3), llamándolos a cooperar para informar o “sapear” toda actividad de colombianos o argentinos que actúan contra los intereses de su estado, es decir, todos aquellos que denuncien el terrorismo que nace desde el seno del estado y cuya víctima central es el pueblo desarmado.

Foto: Carta de la embajada de Colombia en Argentina

La misma posición sostiene Gurisatti. Su solidaridad no es con sus compañeros de trabajo sino con el estado terrorista, los dueños de Colombia.

Nosotros, que no tenemos esos patrones, seguimos transmitiendo la realidad, allá y acá, le guste o no le guste a Gurisatti & Cia.

Estoy seguro que muchos de los que vieron el programa de anoche habrán sentido el mismo asco, la misma indignación y hasta la misma impotencia que sentí, pero no nos desesperamos porque toda esa mezcla de sensaciones será convertida en fuerza para seguir por el camino que hemos emprendido, abrazados por el respeto y recuerdo de nuestros mártires.

Notas:
1) La agencia ANNCOL analiza cómo los medios colombianos utilizaron el caso del collar bomba contra las FARC http://members.fortunecity.com/jcmaravaca/contenido/colombia/articulos/anncol220600.html
2) ¿Por qué los medios no hablan de los periodistas de RCN asesinados por el ejército en la retención de los 12 diputados en Cali 2002? Por Dick Emanuelsson, Rebelión. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=53238
3) Los colombianos en el extranjero deben volverse informantes. El embajador Álvaro García Jiménez llama a realizar inteligencia en Argentina. Por Dick Emanuelsson, Argenpress. http://www.argenpress.info/2010/01/los-colombianos-en-el-extranjero-deben.html

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Chile: Clima político

Álvaro Cuadra (especial para ARGENPRESS.info)

Si hay algo que llama la atención en la sociedad chilena del presente es un cambio severo en el clima político del país. Los síntomas se suceden uno tras otro, escándalos financieros que como una gélida onda Polar envuelve todo en una atmósfera de contaminación y pestilencia, a lo que se suma las protestas estudiantiles que manifiestan el malestar no solo de jóvenes sino de académicos y apoderados con el actual estado de cosas; además, de protestas ciudadanas ante la aprobación de la construcción de represas que amenazan el medioambiente. Tras décadas de pasividad y desmovilización, los chilenos comienzan a expresar su disconformidad con el gobierno, la clase política, las instituciones y la sociedad en que viven.

Es todavía demasiado prematuro como para intentar explicar lo que está ocurriendo, pero parece claro que no se trata de hechos de carácter meramente episódico. Asistimos a un hastío grave de las nuevas generaciones respecto al Chile de hoy. En una primera mirada habría que consignar que durante décadas las elites criollas se han ocupado de modernizar el aparato tecno-económico del país, buscando eficiencia y rentabilidad y han aplicado – hoy más que nunca – la misma lógica a las cuestiones de gobierno. Sin embargo, bien sabemos, el orden político obedece a otros vectores que lo orientan, la justicia social, la igualdad, la legitimidad, por ejemplo. Así, mientras la rueda tecno -económica ha girado aceleradamente, el eje de lo político ha permanecido casi inmóvil, de suerte que vivimos un orden institucional anacrónico, injusto y, en el límite, no compatible con el concepto mismo de democracia. En pocas palabras, todo el ímpetu tecno-económico contrasta con un orden político fosilizado en una constitución extemporánea.

A esta contradicción hay que agregar aquella que se verifica entre un clima cultural que exalta la realización individual y un orden institucional coercitivo y moralista. El resultado de varias décadas de este diseño que ha pretendido conjugar la herencia pos autoritaria con una sociedad de consumidores no puede sino reeditar una suerte de “modernidad oligárquica” en pleno siglo XXI, Un mínimo de sensatez (y de patriotismo) exige plantear reformas profundas al orden político vigente. Estamos llegando al punto de que la constitución escrita por la mano del dictador resulta inaceptable desde el punto de vista político, y práctico. Si la constitución de 1925 puso fin al régimen oligárquico que siguió a la guerra civil de 1891, es hora de poner fin, con una nueva carta constitucional, a esta democracia autoritaria instituida por una derecha extrema y defendida hasta la fecha por los sectores privilegiados,

Es tiempo de avanzar hacia una sociedad democrática robusta, en la que las grandes cuestiones no se resuelvan entre cuatro paredes; una sociedad en que todos participen de las riquezas acumuladas mediante salarios y pensiones dignas. Una sociedad donde el derecho a una educación y una salud de calidad y gratuitas sean, efectivamente, un derecho y no una utopía. Los miles de chilenos que llenan las calles y que son tratados como delincuentes por los medios, el gobierno y la policía están mostrando que el país anhelado no es solo un sueño sino que se trata de una realidad posible, un reclamo político y moral imprescindible en la hora presente. Las y los valientes compatriotas que, por estos días, salen a la calle están manifestando su fe inquebrantable en que tras el frío invierno sigue, inexorable, la cálida primavera.

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Las Madres y su laberinto: El dolor de ya no ser

Elisa Rando (especial para ARGENPRESS.info)

Era 1977. Y fue en Barcelona. En Argentina tiempo de represión, muerte y exilio. En un diario local, una foto a cuatro columnas cruzaba la página central de internacionales. Un grupo de mujeres crispadas, cubiertas sus cabezas con un pañuelo blanco, rodeaban e increpaban a un oficial de policía. Era en Buenos Aires. Y era en Plaza de Mayo. Detrás de ellas reconocimos la casa de gobierno. Las palmeras. Los canteros. El cielo. Nosotros, simples exiliados. Ellas, desde ese día, fueron las Madres de la Plaza. La foto emblemática se difundió en Barcelona y en el mundo entero.

Esa noche la Casa Argentina se llenó de compañeros y amigos. Todos querían verlas. Buscaban la suya. Nadie reconoció a su madre, pero las sentíamos a todas como propia. Podían ser la de cualquiera de nosotros. Más jóvenes. Más viejas. Más pobres. Más valientes. Más tristes. Más serenas. Eran como si fueran nuestras y muchos lo deseábamos de verdad.

Hubo orgullo. Hubo dolor y alegría lejana. Allí medimos la diferencia entre estar y sentirse cerca. Allí empezamos a admitir que el regreso, algún día sería posible. Estaban peleando como nunca habían estado y la crispación demostraba que decían la verdad. No sabían. Gritaban. No simulaban. El dolor no se simula. Querían encontrarlos…, pero sus hijos ya eran los desaparecidos.

La tarea nuestra, a pesar de la solidaridad inmensa del pueblo español, era pesada. Sin recursos. Tramitando residencias. Buscando trabajo. Buscando donde vivir. Buscando por la calle rostros de amigos para darles un abrazo y recibir información. El exilio te salva la vida pero te perfora la cabeza. Todo lo del exilio es una historia personal o de grupo. No se termina nunca. Trabajada, es una historia de amor. La de ellas, una historia colectiva de desesperación, entrega y muerte. Presente siempre el secuestro, la tortura, la ausencia, el grito, el hueco.

Un día aterrizaron en Barcelona y pudimos verlas, abrazarlas. Escuchar sus informes, saber cómo se fueron organizando, creciendo, defendiendo. Creando vida. Casi inventando la vida. Supimos en primera persona de la represión que sufrían. De las amenazas. De sus propias desaparecidas. De las detenciones. De la muerte de sus maridos que no soportaron tanto. De los cambios en sus categorías sociales. Del reproche y del amor. También del abandono. De familias desintegradas. De traiciones. De ausencias. De inmensas solidaridades. De planes: volantes, entrevistas, iglesias, canchas de fútbol. Periódicos a mimeógrafo, ilusiones casi adolescentes. Pero firmes. No admitían ni charlas en pasillos cuarteleros, ni secretos consejeros con sotanas. Nada que supusiera connivencia o bajada de línea.

Por no aparecer pegadas al poder, decidieron no votar. No sabían de conciliábulos partidarios. Buscaban todos los hijos. Y fueron una topadora.

Así las Madres recorrieron el mundo y para nosotros…, eran el mundo mismo.

En distintos lugares de España se constituyeron grupo de apoyo, no a los exiliados, sino a las Madres. Fueron y las llevamos, por todas partes. Boletines, declaraciones, radio, televisión, todos se ofrecían para que denunciaran los crímenes de la dictadura. Y ellas, como pudieron, rodaron el mundo denunciando el secuestro y la muerte rapiñera.

Derrocharon valentía y coherencia. Cuando en las Malvinas se incendiaba la dictadura, el fin estaba próximo. Ellas seguían exigiendo “aparición con vida”, donde la vida ya había sido devorada.

… …

Después…, después es otra historia. En un país acostumbrado a la muerte, las elecciones son una fantochada. Hubo elecciones. También Nunca Más. Tuvimos La Tablada, fósforo blanco y mutilaciones. Y como había poco, la Obediencia Debida premió el crimen y regaló la impunidad al asesino.
El exilio estaba regresado. Y sentirse exiliado en su país fue la experiencia que debimos aprender casi todos. Las Madres estaban. Estaban en su lugar. Y nosotros, casi nos refugiamos en ellas. El regreso fue un exilo más hondo, más profundo, más inexplicable. Era tu cielo y era tu suelo, pero no lo conocíamos. De ese no se regresa. Los amores no se encuentran. Los que había se murieron. Los que llevamos se perdieron. Era casi el absurdo de estar vivos. Y culpa… la culpa de recorrer las calles que nuestros compañeros no volverían a transitar jamás. Estaban muertos. Pero estaban ellas. Habían pasado de todo. Eran refugio. Eran amparo. Eran fuerza. Las disfrutamos. Las abrazamos. Nos abrazaron. Quizá el calor más buscado, no engañaban. No nos engañábamos. No las usufructuamos.

Cada uno fue buscando su lugar, machucando la bronca. Reemplazando la frustración con nuevas militancias. Pero acompañando. Cerca de ellas. No es que las Madres fueran nuestra ideología, nuestra razón de ser. No es eso. La ideología la teníamos y eso nos mantuvo y nos impulsa en todos los momentos. Teníamos ideología y por las ideologías luchamos y lucharemos, pero ellas fueron ejemplo y fuerza. Nos ayudaron a retomar la marcha. Imposible derrumbarse si las vimos aguantar tanto. Si ellas estaban vivas, cómo podíamos derrumbarnos nosotros.

Así, pusimos el hombro cuando ellas ya habían puesto los hijos.

Personalmente busqué mi lugar donde siempre tuve un hueco, entre el papel y la tinta. Entre originales donde los militantes volcaban emociones y derrotas. Fue en el periódico donde me reencontré conmigo. Mi antiguo quehacer. María del Rosario Cerrutti, madre de desaparecido, era la directora. Leía, escribía, orientaba. Hacía café. Herman Schiller su secretario de Redacción. Hacía de todo. Y todos haciendo lo que viniera. Oficio o vicio, durante quince años tuve la inmensa oportunidad de colaborar en la edición del periódico de las Madres. Conocer, frecuentar, queridos compañeros con quienes fuimos sobrellevando los problemas de editar. Rosario un día dejó su lugar. Nunca supimos porque, pero suponer es peor que saber. Suponíamos. Herman otro día deja el suyo. Suponíamos. Los problemas que trae no informar por proteger, hace a la condición humana, pero una condición equivocada. En ese momento me equivoqué. No pregunté. Todo iba cambiando.

Un día. Siempre hay un día, preferí trabajar desde mi casa y en mi máquina. Llevar el trabajo terminado y mis dudas de edición cada mañana.
… …

Varias de esas mañanas, en la entrada, en el salón, me cruzaba con una sombra extraña. Sin saludo y sin mirada. Preferíamos no mirarnos. Prefiero también, ahora, no mezclar su nombre con mis sentimientos. Era un ser extraño. Ajeno. Un témpano inescrutable que sin mirar, veía. Durante dos años la sombra y yo nos cruzamos sin mirarnos. Un día me dejaron de mandar originales. En el periódico había otra línea y otras manos. Otra gente. Otra presentación. Había cambiado –ahora sí- la ideología.
… …

El Periódico me brindó quince años de compromiso militante. Nunca me explicaron nada. Mis ojos se liberaron de la sombra. Pero la sombra opacó todo. Casi apagó la luz.

Cuando salí, la última vez, me crucé con Hebe que entraba. No supe si decirle adiós. Sólo recuerdo que la miré y le dije: Hebe, si un día necesitas un compañero que sea abogado, avisame.

Jamás creí que lo iba a necesitar.

La Historia de las Madres no merece esto. Los Hijos tampoco.

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