viernes, 22 de julio de 2011

Los cambios en la rivalidad interimperial

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

Resumen

Algunos actualizadores de la teoría del imperialismo clásico avizoran un retorno de los choques bélicos entre potencias occidentales. Esa hipótesis no tiene corroboración. El chantaje nuclear es ejercido contra terceros y los conflictos económicos no se proyectan a la esfera militar. Nadie quiere desarmar el sistema de protección capitalista que controla el Pentágono.

La tesis clásica concibe un resurgimiento de la confrontación ruso-norteamericana. Pero ese choque no tuvo alcance inter-imperial en el pasado y es aventurado suponer que forma asumiría en el futuro. Es también especulativo imaginar que modalidad presentaría un conflicto entre Estados Unidos y China.

Las teorías que ponen el acento en el resurgimiento de la rivalidad económica no captan la restricción geopolítica de esa concurrencia. Tampoco perciben como la mundialización modifica el carácter de esa competencia. Al observar las ventajas imperiales de Estados Unidos como una carga, soslayan su utilización para reciclar el poder norteamericano.

La atención a la concurrencia entre potencias conduce a equiparar erróneamente las presiones proteccionistas con tendencias librecambistas más gravitantes. El neo-mercantilismo ha quedado obstruido por la mundialización neoliberal y la internacionalización contemporánea, no es comprable con su antecedente de principio del siglo XX.

La presentación del imperialismo actual como un cruce entre competencias económicas y geopolíticas, no resuelve los problemas de la tesis clásica. Hay conflictos entre lógicas capitalistas y lógicas territoriales, pero ambos principios no son equivalentes. La acumulación tiende a subordinar la dinámica espacial al imperio del capital.

La teoría del “nuevo imperialismo” busca interpretar las contradicciones generadas por tensiones entre la concentración y la dispersión geográfica. Los conflictos entre fijación y movilidad del capital se zanjan a través de crisis itinerantes y procesos de desvalorización de la fuerza de trabajo.

Algunos autores que subrayan la continuidad del imperialismo clásico, también avizoran un retorno de los choques entre potencias. Consideran que esa reaparición ratificará las semejanzas con el período leninista y discuten quiénes serán los protagonistas de esos enfrentamientos.

Ciertos analistas estiman que las principales colisiones opondrán a Estados Unidos con un bloque ruso-europeo o con una alianza chino-asiático, al cabo de un proceso de fortalecimiento de las áreas monetarias de una u otra región (1). Otros enfoques desenvuelven un razonamiento parecido, sin detallar quiénes serán actores del futuro conflicto. (2)

¿Resurge la confrontación interimperial?
Estos diagnósticos no tienen corroboración empírica. Las tensiones comerciales y geopolíticas entre las potencias ha sido un dato cotidiano de los últimos 60 años, pero siempre desembocaron en alguna negociación. En ningún caso se vislumbró una reaparición de las situaciones de entre-guerra. Los conflictos económicos no se proyectaron al terreno militar y esa tendencia persiste en la actualidad.

La reaparición de las conflagraciones armadas dentro del bloque occidental, no es una hipótesis en discusión en ningún ámbito relevante. Un escenario de guerra entre Alemania y Francia, entre Estados Unidos y Japón o entre integrantes significativos de la OTAN está fuera de consideración. Este descarte ha quedado incorporado como un dato de la realidad contemporánea, olvidando que constituye un rasgo histórico relativamente reciente. Hasta la mitad del siglo XX, ese tipo de enfrentamientos constituía el hecho dominante del contexto internacional.

Como este viraje introduce un serio problema en la teoría clásica del imperialismo, algunos autores destacan la novedad creada por el armamento nuclear. Afirman que las grandes potencias son conscientes de la dinámica auto-destructiva que generaría un conflicto armado. Por esta razón desplazaron sus choques a los escenarios indirectos del Tercer Mundo. Mientras disputan sus divergencias en África, Asia Central o Medio Oriente, amplían el arsenal atómico como amenaza disuasiva. (3)

Pero las amenazas de incursión militar directa siempre se orientan contra terceros. La disuasión nuclear de Francia no está dirigida contra Gran Bretaña y las bombas que perfecciona Estados Unidos, no apuntan contra sus socios desarmados de Japón o Alemania.

Este mismo tablero se proyecta a la periferia. Cualquier invasión norteamericana en Medio Oriente constituye un mensaje de dominación para sus competidores. Pero a diferencia de lo ocurrido a principio del siglo XX, ese chantaje no prepara agresiones contra potencias del bloque occidental. Ningún marine ensaya en Irak la repetición del desembarco de Normandía. Esta realidad geopolítica ha quedado naturalizada, a pesar de su carácter histórico novedoso.

Algunos analistas subrayan acertadamente que las confrontaciones inter-imperialistas han quedado limitadas por muchos factores (entrelazamiento financiero entre las potencias, solidaridad política entre las clases dominantes) y un determinante decisivo: la aplastante superioridad militar de Estados Unidos. (4)

Esta primacía efectivamente disipa las viejas conflagraciones. Ninguna potencia puede desafiar al país que monopoliza la mitad del gasto bélico mundial, comanda la OTAN y controla la red global de bases militares. Pero una vez reconocido este rol del Pentágono, hay que analizar cómo esta supremacía modifica la teoría leninista del imperialismo.

Muchos autores perciben la trascendencia de este cambio, pero no logran conceptualizarlo. Consideran que el nuevo escenario abre un abanico indefinido de alternativas y relativizan la desaparición de las rivalidades militares inter-imperialistas clásicas. (5)

Esa reaparición de confrontaciones entre potencias es siempre posible, pero es altamente improbable. Exigiría anular primero todo el sistema de protección militar, que Estados Unidos construyó con el aval de sus aliados. Ese desmonte no se avizora en ninguna parte. Al contrario, todos los países de la tríada han reafirmado su aceptación del padrinazgo bélico norteamericano.

Algunas tentativas de un escenario opuesto, que aparecieron en las últimas dos décadas se diluyeron con llamativa celeridad. El distanciamiento francés de la OTAN se revirtió y los disgustos de Japón y Alemania por la presencia de marines en sus territorios, no evolucionaron hacia el rearme independiente. Tampoco Gran Bretaña adoptó iniciativas, sin el visto bueno de su hermano mayor.

Este equilibrio puede ser visto como una expresión simultánea de debilidad norteamericana e impotencia de sus rivales. Pero incluso ese balance de fuerzas no tiene efectos neutrales. Conduce a preservar una supremacía bélica estadounidense, que sus socios no cuestionan. Los aliados discuten los términos de ese liderazgo (y sobre todo sus costos), pero no objetan su continuidad.

Otros autores cuestionan el carácter perdurable de la hegemonía militar norteamericana, con razonamientos afines a la teoría clásica. Presentan numerosos ejemplos de continuidad de la rivalidad entre potencias y subrayan la intensidad de los choques comerciales, monetarios y financieros entre Europa y Estados Unidos. Estiman que la concurrencia por controlar las riquezas petroleras acrecienta, por ejemplo, las discrepancias geopolíticas. (6)

Pero nadie niega la existencia de esas disputas. El capitalismo es un sistema económico basado en la concurrencia y funciona mediante pugnas sistemáticas por el manejo de los negocios. El problema en debate es el alcance militar de esos choques. Mientras que en el pasado existía cierta proporcionalidad entre la rivalidad económica y bélica, en la actualidad esa relación ha quedado fracturada por la supremacía militar estadounidense. Los afectados por esa superioridad no intentan revertirla, por temor a perder la protección que ofrece el gran estabilizador del capitalismo global.

Todos los conflictos de los últimos años han confirmado esa predilección por regenerar el sostén militar norteamericano. Europa y Japón acompañaron las decisiones estadounidenses en los Balcanes, Somalia, Irak y Afganistán. Cualquier acción bélica occidental realizada por el Pentágono es avalada por sus aliados y aquí radica la gran diferencia del imperialismo norteamericano con su precedente británico.

El reconocimiento de estos comportamientos no impide a ciertos analistas concebir un retorno a los viejos parámetros de confrontación entre potencias. Argumentan que ese escenario no implica la vigencia de guerras permanentes, sino el acrecentamiento de las tensiones en múltiples órbitas. (7)

Pero lo distintivo del imperialismo clásico no era esa variedad de conflictos, sino la existencia guerras en gran escala por el reparto del mundo. Estos enfrentamientos no se han repetido, ni tienden a reiterarse. Es más importante explicar este hecho, que especular sobre la hipotética recreación de esas situaciones.

¿Otros contendientes?

Algunos partidarios de la tesis clásica del imperialismo, estiman que una confrontación bélica semejante al pasado, podría enfrentar a Estados Unidos con Rusia o con China. Ambos países son contenientes militares de peso, controlan grandes arsenales nucleares y persisten como adversarios prioritarios del Pentágono.

Este conflicto es visto en algunos enfoques, como una prolongación de lo ocurrido durante la guerra fría. Se estima que los choques de ese período constituyeron rivalidades entre potencias por el control de áreas de influencia, en los puntos más estratégicos del planeta. (8)

Una caracterización semejante predominó en las escuelas convencionales de ciencia política desde el fin de la Segunda Guerra hasta el desplome de la URSS. Se observaba la pugna “entre el comunismo y el mundo libre” como una batalla entre equivalentes por la dominación mundial, que reproducía las rivalidades ancestrales de todos los imperios. Pero este diagnóstico fallaba en un aspecto central: la Unión Soviética no era un país capitalista y tampoco desenvolvía una política imperialista.

El sistema económico reinante en ese país incluía la presencia de relaciones mercantiles y salariales, pero operaba sin propiedad privada de los medios de producción y sin acumulación sostenida de capital. Existía una capa explotadora que erosionó las formas iniciales de la planificación e impuso una fuerte regresión de la conciencia revolucionaria. Dirigían formaciones burocráticas, totalmente alejadas del ideal socialista. (9)

Pero ese régimen político no implicaba vigencia del capitalismo o plenitud de mercado. Quiénes presentan a la ex URSS como una potencia imperialista (o social-imperialista), parten de una equivocada identificación de ese sistema, con alguna modalidad de capitalismo de estado.

Ese erróneo enfoque tiene importantes consecuencias políticas. Al aplicar criterios de rivalidad inter-imperial al conflicto entre Estados Unidos y el ex “bloque socialista” se supone que ambos contendientes eran igualmente reaccionarios. Siguiendo ese razonamiento correspondía denunciarlos en común y objetar cualquier diferenciación entre ambos.

Pero ese neutralismo chocaba con la dinámica que prevaleció durante décadas en los campos de lucha anticolonial y antiimperialista de Asia, África o América Latina. Durante ese período los movimientos revolucionarios criticaban el carácter insuficiente del apoyo político y militar brindado por la URSS a las batallas contra el gendarme norteamericano. En Vietnam, Cuba, Congo o Nicaragua nadie observaba a la Unión Soviética como un enemigo equivalente a los marines. A la cabeza del “bloque socialista” no se encontraba una potencia imperial asociada al Pentágono (como Gran Bretaña o Francia), sino un régimen que participaba en forma limitada e inconsecuente en el conflicto con Estados Unidos.

La incomprensión de este dato implicaba adoptar políticas de abstención en las batallas antiimperialistas de esa época. Esta visión era convergente con las teorías en boga que cuestionaban los “dos totalitarismos”, sin registrar diferencia alguna entre la URSS y los Estados Unidos. Esa identidad era postulada por muchos defensores del capitalismo, pero no congeniaba con la batalla contra ese sistema de opresión.

Las controversias de la guerra fría han perdido actualidad, luego de la restauración del sistema burgués en Rusia y de su avanzada reconstitución en China. Existen varios criterios para definir en qué punto de esta involución se encuentran ambos países, según se priorice el rumbo del poder político, el peso de las nuevas clases dominantes, el tipo de coordinación económica o las modalidades imperantes de crisis.

Pero incluso suponiendo que esta transformación estuviera completada, sería todavía muy discutible postular, el carácter inter-imperial de una eventual confrontación con Estados Unidos. Dado el carácter reciente de estos procesos de restauración sería todavía prematuro el uso de calificativos de este tipo.

Diagnósticos y pronósticos

Dada la regresión social e inestabilidad política que ha predominado en Rusia, muchos analistas consideran que China es el gran candidato a chocar con el dominador norteamericano. El espectacular crecimiento de la potencia asiática y su arrolladora tendencia a la expansión financiera y comercial han transformado a esa hipótesis, en una posibilidad evaluada por los estrategas del establishment.

Pero en las miradas más audaces China es vista todavía, como una potencia en constitución. Por esta razón ha sido bautizada con la denominación intermedia de “emergente”. Lejos de contar con una historia imperial reciente fue víctima de un gran saqueo colonial antes de su independencia. Su asombrosa irrupción en la economía mundial es una novedad muy reciente. La utilización del término imperialista para caracterizar este despegue global debería, en todo caso, subrayar el carácter inicial de ese desenvolvimiento.

Las caracterizaciones leninistas del imperialismo clásico estaban siempre referidas a batallas por el reparto del mundo entre viejas potencias (Francia, Gran Bretaña) y nuevos contrincantes (Estados Unidos, Alemania, Japón), con probada vocación para invadir territorios y con ejércitos muy predispuestos para la guerra.

China no se encuentra en una situación de ese tipo. Su performance no es comparable a los protagonistas de la Primera Guerra y es actualmente imposible pronosticar si alguna vez alcanzara ese status. Es aventurado afirmar que el país ya está dirigido por una clase dominante con ambiciones de hegemonía global y consiguiente disposición al enfrentamiento con Estados Unidos.

La elite china ha demostrado hasta ahora una nítida inclinación por un curso opuesto de mayor asociación y convivencia con Norteamérica y Europa. El predominio de estas tendencias es incluso reconocido por los enfoques, que más resaltan la potencialidad conflictiva de las relaciones chino-americanas. Esta tendencia es acorde al alto grado de inversión extranjera que existe en el país.

Ciertamente el gigante oriental es un desafiante de envergadura de Estados Unidos, cuyo veloz desarrollo genera cursos imprevistos y parcialmente incontrolables. Pero la conversión de estos procesos en acciones imperiales no es automática. Se requiere una decisión política de confrontar con los rivales y la existencia de sólidos intereses expansionistas derivados de los beneficios gestados en el exterior. Como estos rasgos no están a la vista, la conversión simultánea de China en una potencia capitalista e imperialista es tan solo una posibilidad.

La tendencia a evaluar cualquier tensión entre potencias como un afianzado choque inter-imperialista es un error de razonamiento, en gran medida determinado por la atadura a los patrones del imperialismo clásico. El modelo leninista justamente subrayaba la preeminencia de estas oposiciones, puesto que efectivamente constituían el dato central de esa época.

La extrapolación de esa visión al contexto contemporáneo ya condujo a errores de pronóstico, entre quienes esperaban un inmediato reinicio de las rivalidades inter-imperialistas luego de colapso de la URSS. Esta fallida previsión no obedeció a sub-estimaciones de las relaciones de fuerza entre las potencias, sino a suponer que la realidad geopolítica de 1991 era semejante a 1914 o 1939. (10)

Competencia atenuada

Las teorías del resurgimiento de las rivalidades político-militares son objetadas por muchos autores distanciados de la visión clásica. Pero esta diferenciación no les impide postular otra hipótesis de reaparición de la concurrencia económica. Estiman que el agravamiento de las disputas comerciales y monetarias entre Estados Unidos, Europa o Japón constituye el dato central de las últimas décadas y describen esta competencia en el plano exclusivamente económico, evitando definir sus consecuencias en la esfera geopolítica. (11)

Este enfoque destaca que la economía norteamericana sufre un gran desplazamiento por parte de sus rivales. Recuerda que desde los años 60 Alemania y Japón lideraron la recuperación económica, aprovechando las desventajas que arrastra Norteamérica por su despegue inicial. Considera que Estados Unidos carga con los costos superiores y las tecnologías obsoletas que acompañan “al que llegó primero”. Sus seguidores aprovechan, en cambio, la rémora para ganar terreno.

Esta mirada señala también que la competencia en juego genera situaciones de sobreproducción que afectan a todos los actores. Como el capitalismo opera sin normas planificadas de ajuste de la producción al consumo, los excedentes irrumpen con fuerza, deteriorando la tasa de ganancia. En los años 50 y 60 el sistema lograba absorber esos sobrantes, pero en las últimas décadas ya no hay cabida para todos y la crisis asume formas perdurables. (12)

El mérito de esta óptica es describir cómo la competencia desestabiliza el funcionamiento del capitalismo. Este señalamiento introduce un importante correctivo a la concepción leninista de los monopolios. Resalta las contradicciones generadas por la primacía de la concurrencia y retrata acertadamente el proceso de reproducción del capital, como una espiral ascendente de acumulación y crisis.

Pero esta correcta observación no es complementada con un reconocimiento de las nuevas formas de asociación que enlazan a las empresas transnacionales. Se omite analizar cómo este dato ha transformado el escenario geopolítico de la competencia. No se toma en cuenta que la amalgama global de capitales ha generado procesos de integración, que limitan las conflagraciones tradicionales. Por esa razón se desconoce que la recuperación económica de Japón y Alemania nunca amenazó la primacía político-militar norteamericana.

Las conclusiones omitidas por esa tesis son vitales para indagar el sentido de la concurrencia contemporánea. No basta con intuir la existencia de una transformación radical en el funcionamiento del capitalismo. Hay que analizarla y destacar sus efectos sobre el perfil de la competencia. Al soslayar este problema queda abierto el escenario para todo tipo de tendencias. Se considera factible, por ejemplo, una evolución de las relaciones imperiales en el sentido avizorado por Kautsky y también un curso opuesto en la dirección resaltada por Lenin. (13)

Estas ambivalencias surgen de un razonamiento centrado en la competencia, que no evalúa los vínculos de esa concurrencia, con la mundialización económica y la supremacía militar norteamericana. Esta limitación impide notar que la rivalidad contemporánea adopta formas muy distintas al viejo aglutinamiento en torno a los estados nacionales.

La competencia entre potencias se procesa en la actualidad, como pugnas entre empresas, enlazadas con distintos estados y enjambres regionales. En lugar de desemboques militares y proteccionismos aduaneros, esa concurrencia conduce a fuertes procesos de desvalorización parcial de las existencias y recomposición regresiva del mercado de trabajo.

Estas reorganizaciones recrean el aumento de las ganancias y de la productividad, junto a la digestión parcial de los viejos excedentes. Pero este desenlace acrecienta la aparición de nuevos formas de sobre-producción. La visión que sólo subraya la intensificación de la competencia pierde de vista este dinamismo y tiende a vincular la sobreproducción con modalidades de estancamiento absoluto del capitalismo contemporáneo.

Por otra parte las rivalidades económicas contemporáneas no pueden ser analizadas en forma satisfactoria, si se abstrae la dimensión geopolítica de este proceso. Esta omisión impide percibir cómo Estados Unidos compensa sus desventajas productivas con acciones político-militares.

Este liderazgo le otorgó a la primera potencia no sólo instrumentos para contrarrestar su decreciente competitividad industrial, sino también herramientas para imponer estrictos techos al avance de Alemania y Japón. Como Estados Unidos fija las reglas generales de la acción imperial, siempre contó con mayor margen para definir las normas internacionales de aranceles o tipos de cambio. “Llegar primero” al mando global no sólo entraña costos. También brinda oportunidades para la recuperación hegemónica, luego de cada recaída. Las restantes potencias de la tríada no manejan esa segunda carta.

Bajo el imperialismo actual la competencia se intensifica en un deliberado marco de restricción geoestratégica. Esta limitación modifica el sentido clásico de la rivalidad y exige incrementar la atención en los distintos elementos del contexto extra-económico. De lo contrario, surge una tentación de actualización de la teoría clásica en cierto terreno (competencia de costos) y no en otro (conquista de territorios). Estas insuficiencias obstruyen la caracterización del imperialismo actual.

La dificultad para poner en sintonía el diagnóstico económico con el análisis político, contrasta con uno de los grandes aciertos que tuvo Lenin. Al integrar ambos planos, el líder bolchevique formuló una concepción esclareció el carácter de la guerra y permitió postular políticas socialistas. La comprensión del imperialismo actual exige retomar ese método analítico, evitando la reducción del estudio a puras tensiones de competitividad entre las potencias.

Lo mismo ocurre con las luchas sociales. Las polémicas entre Lenin y Kautsky tuvieron trascendencia histórica por su conexión directa con la acción de la clase trabajadora. Buscar ese mismo enlace es decisivo para desenvolver una teoría satisfactoria del imperialismo contemporáneo, que enmarque las rivalidades mercantiles, en el cambiante escenario de la lucha de clases.

Proteccionismo y bloques

La atención en la concurrencia económica entre potencias es congruente con otras visiones, que resaltan la renovada gravitación de tendencias proteccionistas. Este curso es presentado a veces como una reacción neo-mercantilista, frente a las tensiones que genera la mundialización neoliberal. Se estima que la reintroducción de políticas comerciales unilaterales es particularmente utilizada por Estados Unidos, para contrarrestar la competencia europea. (14)

Este tipo de medidas apareció ciertamente en numerosas situaciones de las últimas décadas. Especialmente en los momentos de crisis han resurgido las iniciativas para penalizar las importaciones, incentivar el dumping o trampear los tratados de libre comercio, con restricciones para-arancelarias.

Un instrumento de estas maniobras es la guerra entre monedas. Estados Unidos ha presionado a China para que revalúe el yuan, con la misma intensidad que acosó a Japón en la década pasada para encareciera el yen. La primera potencia devalúa al mismo tiempo el dólar frente al euro, buscando mantener una cotización atractiva de su divisa, que garantice la afluencia de los capitales necesarios para financiar su déficit comercial y fiscal.

Sin embargo, el proteccionismo no es una tendencia predominante en la economía contemporánea. La presión opuesta hacia la liberalización comercial ha sido más relevante en las últimas décadas. Esta primacía es visible en el número de tratados suscriptos, en la tasa promedio de los aranceles nacionales y regionales, en el crecimiento del comercio y en la gravitación alcanzada por las empresas transnacionales, que funcionan intercambiando insumos a escala global.

La conformación de bloques proteccionistas constituía en la era clásica una antesala de la guerra. Esa secuencia ha desaparecido. Tampoco se repite el modelo alemán de List o el relativo aislacionismo norteamericano del siglo XIX. Incluso los esquemas de sustitución de importaciones que aplicaban los países subdesarrollados han perdido gravitación.

Las políticas neo-mercantilistas del pasado estaban en consonancia con la prioridad absoluta que tenían los mercados internos, en la estrategia de las grandes corporaciones. En ese período prevalecía también una homogeneidad total, en el origen nacional de los propietarios de las grandes compañías.

Este rasgo tendió a modificarse en la posguerra, con el surgimiento de las empresas multinacionales y sufrió alteraciones mayores, bajo la mundialización neoliberal reciente. El crecimiento de China en las últimas dos décadas no siguió, por ejemplo, el viejo patrón de acumulación inicial interna, sino que estuvo directamente conectado con el avance de la internacionalización. El capitalismo contemporáneo opera con patrones más mundializados y crecientemente adversos al neo-mercantilismo. Esta dinámica expresa tendencias de largo plazo, derivadas de la necesidad de ensanchar los espacios geográficos.

Algunos enfoques no perciben esta evolución, al interpretar a la mundialización como un episodio cíclico de expansión internacional y retracción nacional del desenvolvimiento económico. Estiman que una globalización temprana (siglos XV-XVIII) fue seguida por etapas proteccionistas (XVIII-XIX) y que este encierro dio lugar a un período de mundialización (1870-1914). Posteriormente aparecieron fases de crecimiento doméstico (1945-1970), que a su vez desembocaron en aperturas posteriores. (15)

Esta mirada observa el desenvolvimiento histórico del capitalismo, como un vaivén de tendencias simétricas hacia la liberalización y el proteccionismo. Los períodos de prosperidad son acompañados por fases comerciales expansivas y las etapas de recesión imponen la sustitución del comercio internacional por transacciones locales. (16)

Ciertamente el ciclo económico determina un comportamiento oscilante del nivel interno de producción y esos vaivenes se extienden a nivel internacional. Pero en el largo plazo la mundialización predomina sobre la nacionalización a escala global, puesto que la continuidad de la acumulación necesita sortear la estrechez del marco doméstico.

Al desconocer esta tendencia se tiende a relativizar el salto actualmente registrado en la internacionalización de la economía, suponiendo que sólo repite estadios del mismo tipo ya alcanzados en el pasado. La comparación más corriente resalta una equivalencia entre la globalización neoliberal de fin del siglo XX, con la mundialización liberal de principio de esa centuria.

Esa analogía es equivocada, puesto que contrasta dos dimensiones incomparables. El grueso de la actividad económica en el primer período se encontraba totalmente al margen del circuito mundial y la internacionalización de la inversión o el comercio abarcaban territorios muy reducidos, en comparación al contexto contemporáneo.

Concurrencia económica y geopolítica

Otras visiones centradas en la rivalidad entre potencias consideran que el imperialismo contemporáneo está caracterizado por un cruce entre competencias económicas y geopolíticas. Estiman que la intersección de la concurrencia internacional de capitales con las pugnas territoriales de los estados, actualiza la tesis de Lenin. Subrayan la presencia de una unidad contradictoria e inestable entre ambos planos. (17)

Este enfoque reconoce que la competencia interestatal ya no presenta la nitidez del pasado. Por esta razón destaca la existencia de nuevas disociaciones entre la órbita económica y geopolítica. Pero a la hora de ilustrar cómo se manifiestan estas tensiones, solo destaca rasgos muy emparentados con la mirada clásica. Los ejemplos señalados son pugnas entre Estados Unidos y Europa por el control de los territorios y mercados de la periferia. (18)

De hecho, esta concepción presenta una versión aligerada de la visión leninista de las rivalidades inter-imperiales por objetivos simultáneamente económicos y territoriales. Este criterio es utilizado para subdividir la historia del siglo XX en tres sub-periodos de batallas entre potencias (1914-45, guerra fría, y post-1991).

Un razonamiento semejante presentan otros autores, para describir variantes atenuadas del imperialismo clásico. Resaltan también la vigencia de la tesis clásica, junto a la existencia de mayores obstáculos para la consumación de las viejas tendencias. Describen especialmente cómo la compulsión a la competencia se encuentra contrarrestada por presiones opuestas a la cooperación. Estiman que una combinación de ambos movimientos podría ser teorizada, mediante alguna noción de “coompetición”. (19)

Pero esta mirada no logra zanjar los problemas en debate. Más bien acepta que las principales tendencias del esquema leninista han quedado neutralizadas, pero no deduce ningún planteo de revisión del enfoque tradicional. Se limita a postular la genérica actualización de esa visión, mediante enunciados que no logra efectivizar. Esta imposibilidad deriva de su omisión de las causas que han modificado por completo el escenario vigente a principio del siglo XX.

El intento de modernizar la teoría clásica, destacando disociaciones entre competencias económicas y geopolíticas remarca parentescos con la tesis de Bujarin, que fue explícitamente expuesta como un choque de disputas competitivas y geopolíticas. También resalta familiaridades con descripciones más recientes de la oposición existente entre las lógicas capitalistas y territoriales. (20)

Un trabajo muy citado es la investigación de Harvey, que interpreta al imperialismo contemporáneo como una fusión contradictoria entre distintas políticas de estados y formas de acumulación de capital. Se destaca que estos dos procesos generan situaciones traumáticas, a medida que la expansión de los negocios desborda el territorio, imponiendo despliegues agresivos. (21)

Esta visión recoge un diagnóstico de Hannah Arendt que destacaba como el impulso a la acumulación ilimitada conducía a la acumulación ilimitada de poder. Esta visión destacaba que la reproducción del capital fuera de las fronteras nacionales tiende a imponer la necesidad de un sostén armado. El imperialismo es un resultado de la acción que desarrollan las potencias para enriquecerse con el auxilio de la fuerza.

Esta asociación entre economía y poder fue inicialmente utilizada por Arendt para interpretar las conflagraciones de entre-guerra. Posteriormente ese mismo enfoque sirvió para explicar el choque entre Estados Unidos y la URSS. Pero el problema radica en que ninguna de estas situaciones se corresponde con el imperialismo actual. Las confrontaciones clásicas por el reparto del mundo se han diluido y la guerra fría no constituyó una batalla inter-imperial. La proyección de los desequilibrios capitalistas a la esfera militar, ya no asume las formas que concebía Arendt.

La presentación del desborde de la acumulación y de las rivalidades político-militares, como un conflicto entre lógicas capitalistas y lógicas territoriales conlleva dos tipos de problemas. Por un lado, se describe a ambos procesos como equivalentes, cuando en realidad el desarrollo capitalista tiende a subordinar la dinámica espacial al imperio del capital. Por otra parte, se olvida que la confrontación territorial entre potencias ya no tiene el viejo sentido de oposición bélica. Además, si bien la lógica territorial y la lógica capitalista son distintas, no está claro en qué planos son contradictorias.

Nuevo imperialismo

El enfoque de Harvey es frecuentemente citado para respaldar actualizaciones del imperialismo clásico. Pero en realidad sólo contiene algunos elementos de esa concepción y se ubica en un terreno de superación de esa teoría.

Retoma la visión tradicional para destacar que el capitalismo ha funcionado durante siglos, contrarrestando las tensiones internas de las metrópolis, mediante expansiones al resto del mundo. El sistema se ha desarrollado buscando mercados externos para las mercancías sobrantes y los capitales excedentes. A través de estos desplazamientos, el capitalismo intenta superar en otras latitudes, las dificultades de rentabilidad que enfrenta en los centros. Esta dinámica genera reconfiguraciones espaciales sistemáticas de la acumulación. (22)

Esta identificación del imperialismo con desequilibrios suscitados por la expansión del sistema contiene el ingrediente clásico. Pero este rasgo es más familiar a la mirada de Luxemburg, que a la caracterización de Lenin. La revolucionaria alemana explicaba el fenómeno por la necesidad de realizar en la periferia, la plusvalía no absorbida en las economías centrales. Harvey reivindica parcialmente esta concepción, remarcando que “el capital necesita buscar su otro”, para completar el circuito de la acumulación.

El papel que a principio del siglo XX cumplían los territorios subdesarrollados de África, Asia o América Latina, fue ocupado por los ex “países socialistas” al concluir la centuria pasada. En lugar de incursionar en regiones agrarias y primitivas, el capitalismo contemporáneo encontró vastos mercados de consumo, con fuerza de trabajo adiestrada para la fabricación de productos complejos. Pero tal como ocurrió en el pasado, estos desplazamientos geográficos no eliminan las tensiones originales. Las contradicciones que el capital transfiere a la periferia tienden a repercutir posteriormente sobre el propio centro.

Harvey destaca estas continuidades con la era clásica, pero también reconoce el cambio introducido por la nueva asociación internacional, entre empresas de distinto origen. Subraya la consiguiente sustitución de las viejas rivalidades nacionales por competencias más mixturadas. Señala que estas transformaciones han introducido un nuevo perfil cosmopolita en las burguesías contemporáneas, que potencia el aspecto cooperativo descripto por Kautsky. Destaca también que este elemento de convergencia económica global, no conduce a la estabilización capitalista que imaginaba el líder socialdemócrata. (23)

Esta visión es opuesta a los enfoques que observan con temor cualquier revisión “neo-kautskianas”, olvidando que los dardos contra el dirigente de la II Internacional hay que situarlos en el terreno político del pacifismo y no en la percepción de las nuevas tendencias asociativas del capital. (24)

Las transformaciones significativas que observa Harvey en la caracterización del estadio actual, lo inducen a teorizar la existencia de un “nuevo imperialismo”. Con esta denominación resalta el mayor alcance global del fenómeno, en comparación al pasado y también la presencia de otro tipo de desequilibrios centrales.

La contradicción más subrayada es la ausencia de uniformidad de la acumulación y la consiguiente tensión entre concentración y dispersión geográfica. El capital necesita reproducirse en cierto lugar, pero está empujado a trasladarse a otros ámbitos. Una fuerza induce a la concentración, para generar plusvalía en economías de escala, centros urbanos y fábricas cercanas. Otra fuerza contrarresta el deterioro de la productividad creado por esa congestión, con nuevos impulsos hacia la dispersión geográfica. (25)

Harvey estima que estas dos tendencias se procesan a través de choques, entre grupos que lucran con el mantenimiento de la localización original y sectores que se benefician con la movilidad. Tradicionalmente el capital industrial favorecía el primer comportamiento y el financiero el segundo. Pero el desarrollo de las empresas transnacionales ha creado una variada combinación de cursos hacia la centralización y la descentralización del capital.

Estos conflictos entre fijación y movilidad del capital se zanjan a través de crisis itinerantes que estallan en distintas regiones, generando traumáticos procesos de desvalorización del capital y la fuerza de trabajo. El nuevo imperialismo intenta brindar nuevas salidas a este problema crónico del capitalismo, pero sólo multiplica la crisis del sistema. (26)

Harvey aporta con este enfoque una interpretación correlacionada con los desequilibrios espaciales. Brinda una explicación “horizontal” de las contradicciones del imperialismo, que complementa las aproximaciones “verticales” centradas en la dinámica del valor. Su visión pone de relieve la complejidad teórica que rodea al análisis contemporáneo.

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Ver también:

Notas:
1) Vasapollo Luciano, “Imperialismo y competencia global”, Laberinto n 18, segundo cuatrimestre 2005
2) Yaffe David, “New imperialism, new opportunism”, FRFI 185, June- July 2005, www.revolutionarycomunistorg
3) Harman Chris, “Analysing Imperialism”, International Socialism, 99, Summer 2003.
4) Serfati Claude, La mondialisation armée, Textuel, Paris, 2001.
5) Chesnais Francois, “The economic foundations and needs of contemporary imperialism”, Historical Materialism vol 15, Issue 3, 2007.
6) Callinicos Alex, "Imperialism and global political economy," International Socialism, No. 108, 2005.
7) Yunes Marcelo, “Imperialismo y teoría marxista en América Latina”, Socialismo o Barbarie, n 23-24, diciembre 2009.
8) Harman Chris, “Analysing Imperialism”, International Socialism, 99, Summer 2003
9) Hemos desarrollado este tema en: Katz Claudio, El porvenir del socialismo. Primera edición: Editorial. Herramienta e Imago Mundi, Buenos Aires, 2004 (cap 2)
10) Ver el debate entre: Callinicos Alex, "Imperialism and global political economy," International Socialism, No. 108, 2005. Panitch Leo and Gindin Sam, “Imperialism and global political economy”, International Socialism, No 109, 2006.
11) Brenner, Robert "The boom and the booble", New Left Review, n 6, december 2000.
12) Brenner Robert, “The economics of global turbulence”, New Left Review 229, may-june 1998, London.
13) Brenner Robert. “What Is, and What Is Not, Imperialism?”, Historical Materialism, vol 14.4, 2006.
14) Petras James, “Los imperios euro-americano en la era neo-mercantilista”, Laberinto, n 7, octubre 2001, Málaga.
15) Petras James. “Globalización: un análisis crítico”. Herramienta suplemento, setiembre 1999.
16) Petras James, "The process of globalisation", Links n 7, september 1996.
17) Callinicos Alex, “La teoría marxista y el imperialismo en nuestros días”, Razón y Revolución, n 56, Buenos Aires, 2010
18) Callinicos Alex, "Making sense of imperialism”, International Socialism, no 108, 2006.
19) Rojo José Luis, “Cuando se prepara una recaída”, Socialismo o Barbarie, n 23-24, diciembre 2009.
20) Callinicos Alex, "Imperialism and global political economy," International Socialism, No. 108, 2005.
21) Harvey David, The New Imperialism, Oxford University Press, 2003 cap 6.
22) Harvey Los límites del capital, Fondo de Cultura Económica, 1982 (cap 7, 10, 12 y cap 13 punto 7).
23) Harvey David. “In what ways is the new imperialism really new?”, Historical Materialism vol 15, Issue 3, 2007.
24) Estos errores en: Yunes Marcelo, “Imperialismo y teoría marxista en América Latina”, Socialismo o Barbarie, n 23-24, diciembre 2009. También: Chingo Juan, “El capitalismo mundial en una crisis histórica”, Estrategia Internacional, n 25, diciembre 2008-enero 2009.
25) Harvey David. A brief history of Neoliberalism, Oxford University Press, New York, 2005 (cap 4)
26) Harvey Los límites del capital, Fondo de Cultura Económica, 1982, (cap 13, puntos 1 a 5, cap 13 punto 7). Harvey David. “In what ways is the new imperialism really new?”, Historical Materialism vol 15, Issue 3, 2007

Bibliografía:
-Achcar Gilbert, “Rethinking imperialism: past, present and future. www.isj.org.uk, 23-4-2010
-Amin Samir, Más allá del capitalismo senil, Paidós, Buenos Aires, 2003.(cap 5)
-Anderson Perry. “Algunas observaciones históricas sobre la hegemonía”, C y E, año II, n 3, primer semestre 2010.
-Astarita Rolando Valor, mercado y globalización, Ediciones cooperativas, 2004, Buenos Aires.(cap 5)
-Borón Atilio. “Hegemonía e imperialismo en el sistema internacional”, en Nueva Hegemonía Mundial, CLACSO, Buenos Aires, 2004.
-Brenner Robert. “What Is, and What Is Not, Imperialism?” Historical Materialism vol 14.4, 2006.
-Fine Ben. “Debating the 'New' Imperialism” Historical Materialism vol 14.4, 2006.
-Gindin Sam, "Turning points and starting points: Brenner, left turbulence and class politics", Socialist Register 2001.
-Gindin Sam, “Prospects for antiimperialism”, “Imperialism Now”, Monthly Review, vol 55, n 3, July-august 2003
-Gowan Peter, “US hegemony today”, “Imperialism Now”, Monthly Review, vol 55, n 3, July-august 2003.
-Katz Claudio, “Interpretaciones sobre la crisis”, Revista Espacio Crítico, diciembre 2010, Bogotá.
-Katz Claudio. -“Desequilibrios y antagonismos de la mundialización”. Realidad Económica n 178, febrero-marzo 2001, Buenos Aires, Argentina.
-Katz Claudio. “El imperialismo del siglo XXI”. ESECONOMIA. Instituto Politécnico Nacional, número 7, año 2, verano 2004, México
-Katz Claudio. “La teoría de la crisis en el nuevo debate Brenner”. Cuadernos del Sur, año 17, n 31, abril 2001, Buenos Aires.
-Postone Moishe, “Theorizing the contemporary World”, in Albritton Rob, Jessop Bob, Westra Richard, Political economy of the present and possible global future, Anthem Press, 2007.
-Smith Murray, ¨The necessity of value theory¨, Historical Materialism n 4, summer 1999.
-Tombazos Stravos. “La mondialisation liberale et l´imperialisme tardif”. Contretemps, n 2, septembre 2001.
-Walker Richard. “Capital’s global turbulance”. Against the current, n 78, january -february 1999.
-Wood Meisksins Ellen, “A reply to critics” Historical Materialism vol 15, Issue 3, 2007.

Fuente imagen: DDEES

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"Chile y la oscura institucionalidad para mantener el modelo"

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

En los últimos dos meses, Chile se ha visto impactado por movilizaciones sociales, especialmente estudiantiles. Aun deponiendo las tomas de colegios y universidades, y acosados por la elite política, los estudiantes con sus reclamos por el regreso de la educación pública y la eliminación del lucro en la enseñanza, han reabierto los temas pendientes del debate nacional como es la reforma constitucional que permita reformar el modelo económico impuesto durante la dictadura en la década de los 80.

Recordemos que Chile fue un alumno aventajado del ajuste estructural a las economías impulsado por la ola de neoconservadurismo que lideraban Reagan y Thatcher en esa época. Se trataba de salvar al capitalismo golpeado por la crisis económica de la segunda mitad de los 70 en el siglo pasado. La salvación consistía en iniciar un proceso continuo de privatizaciones, de reforma institucional con reducción del rol del estado en la economía, en el área de servicios, en la salud y la educación, y el plato de fondo que era la desregulación acompañada con la apertura del comercio internacional con mercados abiertos con un control mínimo. La idea estaba concebida para implementar finalmente a escala planetaria, el sueño del Club de París de los años 60 y 70 de formar una fábrica global con un sistema económico uniforme y con sistemas políticos que garanticen el modelo de apertura y desregulación.

Han pasado casi tres décadas desde la incepción de este modelo y es ahora cuando se comienza a palpar con más nitidez el impacto de su implementación bajo la figura de la globalización, con toda su parafernalia tecnológica y su eje consumista que esconde un abismo de desigualdades y asimetrías en desarrollo y oportunidades para las naciones y gran parte de la población.

La crisis de 2008 ha sido el corolario de ese proceso que se puede resumir en haber resultado en una economía frágil con una política desacreditada. Chile representa una cápsula del fenómeno y de alguna manera los estudiantes con su movimiento han reflejado la gravedad de un problema que pareciera ser más generalizado en el mundo. No es el Mayo de París de 1968, es menos convulsionado y los tiempos son diferentes, aunque claramente se ha incubado en una generación la necesidad de cambiar el modelo. Y no podría ser de otra forma. En Chile es donde con mayor brutalidad se aplicó, y el efecto es el de un país desprotegido y vulnerable por exceso de privatizaciones de sus recursos naturales, de sus zonas estratégicas de producción, a lo que se le agrega su reducido tamaño y su reducida población.

Es la primera vez en 20 años que movilizaciones de estudiantes provocaron tal remezón político que obligaron al cambio de gabinete en un gobierno que no encuentra la senda política y exhibe escasa respuesta política frente a las demandas.

El margen de maniobra se ha reducido a un cambio de gabinete que ha generado aun más polémica política por exacerbar el uso constitucional de la designación de congresistas. El gobierno obtiene los ministros de los miembros de su coalición que forman parte del parlamento y los representantes que los reemplazan se designan, no se eligen.

Es la martingala del sistema binominal que se mantiene por la renuencia de los partidos para impulsar una reforma constitucional. Es supuestamente la clave de la estabilidad del sistema de representatividad diseñado en dictadura y que esconde la fragilidad institucional.

Chile vive un sistema democrático con una constitución de excepción anidando el autoritarismo al menor desbalance del status quo.

El comentario político generalizado, tanto de adherentes como opositores apunta a una falta de manejo político en el gobierno. Esta inquietud obliga a una pregunta básica ¿Qué se entiende por manejo político?

Bajo la premisa de un sistema político desacreditado y una realidad institucional frágil, esa pregunta cae en el vacío, y las respuestas están reflejadas en políticos de ambas coaliciones evitando el debate en torno a las reformas fundamentales. Es un círculo vicioso del cual el país hace depender su estabilidad, y es la forma de cómo manejar una prolongada incertidumbre sobre la pregunta de fondo: ¿Y la verdadera reforma constitucional, cuando?

El país de apariencia real, parece ser un invento para unos pocos, para el 20 por ciento de los que tienen como sobrevivir sin angustia y con bienestar. El otro país es uno “ficticio” que los propagandistas del modelo esconden, y aquel del 80 por ciento que vive con muy poco o que no posee casi nada. Esa es la vulnerabilidad de Chile y mientras tanto los bancos abren sus líneas de crédito para que esa Clase Media que hoy tiene algo y mañana puede no tener nada, se endeude comprando más autos y nuevas tecnologías.

En la misma alianza de derecha que respalda al actual gobierno, existe una suerte de desconfianza en la propia institucionalidad actual, de otra forma no se entienden los esfuerzos por ampliar la coalición a radicales y demócrata cristianos, o con puestos técnicos clave a profesionales de la oposición.

Es natural, esta desconfianza resulta porque la mayor parte de los líderes y miembros clave de la alianza política que sustenta al actual gobierno proviene del gobierno militar, o al menos continúan siendo adherentes a la filosofía política de ese régimen. El ethos político de hacer política desde el estado – un estado que fue diezmado en dictadura- no es un terreno sobre el cual se pueda pisar con tranquilidad y confianza. Conocen su fragilidad porque en función de ganar más dinero, el equipo aquel y sus herederos fueron capaces de organizar un golpe de estado y asesinar a gente inocente.

Allí reside uno de los núcleos de la oscura institucionalidad para mantener el modelo. Chile aún está prisionero de su pasado. Como en el mejor thriller de Hollywood. Pero esto es real. Y los estudiantes han puesto el verdadero debate de regreso. Es de esperar que prime la conciencia y no la conveniencia. Como que se hubiera instalado en el subconsciente de muchos chilenos que inciden en la opinión pública, la actitud de “no abrir la pieza oscura” que ha permanecido cerrada por demasiado tiempo, con el riesgo de encontrar sorpresas desagradables. ¿Por qué no abrirla y pensar que también se pueden encontrar algunas soluciones a los actuales problemas? Este riesgo no se toma y mientras esto no ocurra, la fragilidad institucional, continuará acechando el devenir del debate y las ideas constructivas para mejorar el país.

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Chile profundo hoy: Educación, economía, lucha de clases y trabajo

Andrés Figueroa Cornejo (especial para ARGENPRESS.info)

Entrevista con el profesor Marcelo Cornejo Vilches.

El profesor Manuel Cornejo Vilches, autor de “Acumulación de Capital en Chile: crisis y desarrollo, últimos 40 años”, ahora elaboró un nuevo trabajo que combina las actuales relaciones de fuerza entre capital y trabajo, la coyuntura marcada por el movimiento estudiantil por la recuperación de la Educación Pública, y un análisis de clases. Una labor titánica demandada por las propias fuerzas sociales que en la actualidad sacuden el país más austral del mundo.

-¿Cómo caracterizarías el actual período de lucha de clases en Chile?
“La lucha de clases es la expresión total de la contradicción y tensión entre capital y trabajo. De este modo, necesariamente la lucha de clases hay que entenderla como una guerra de clases. Esto si atendemos y recogemos el concepto de guerra de Klausevich, de derrotar la voluntad de lucha del enemigo, sometiéndolo al servicio de intereses que no le son propios. Por consiguiente podemos afirmar que la clases de los asalariados y explotados del mundo han conocido una duradera y amarga derrota a partir del golpe de Estado en Chile el 73, y vivida en plenitud en los ochenta, noventa y en el primer decenio del siglo XXI. De aquí deriva por tanto el carácter del Estado, a saber, un órgano de dominación al servicio de la clase que rompe la resistencia de las demás clases sociales.”
-¿Qué pasa con las fuerzas del trabajo y las crisis propias del capitalismo?
“En este sentido, durante las crisis económicas cualquier movimiento del capital acarreará al movimiento del trabajo. A su vez, durante un período pre-revolucionario, es el trabajo el que toma la iniciativa del movimiento histórico provocando la reacción del capital. Dado los supuestos anteriores se puede afirmar que la severa crisis económica del segundo lustro de los noventa, amortiguada y resistida por el imperialismo durante una década, hoy se expresa con una violencia directamente proporcional a los esfuerzos para contenerla. Y eso que todavía no conocemos la cara más cruel y terrible de la crisis, pues el imperialismo nos depara hartas sorpresas. Por consiguiente, la lucha de clases a escala planetaria y local vive un momento de ascenso que no tendrá una salida revolucionaria en el corto plazo, pero que será escenario de violentos enfrentamientos globales y locales entre las dos clases sociales fundamentales de la sociedad. Este ascenso se explica por el reacomodo del capital y por consiguiente por el reacondicionamiento y reordenamiento de la burguesía y su hegemonía. En este contexto, como clase asalariada y explotada debemos ver en el actual período una gran oportunidad histórica para, por un lado, apropiarnos de las experiencias pasadas de lucha de clases con el mejor y más atento sentido de síntesis y, por otro, reestrenar, reformular, implementar, experimentar y aplicar, sin vacilaciones ni distracciones, todas las armas de la lucha ideológica, política y social posible, pues la eventual salida revolucionaria de la siguiente etapa de la lucha de clases no provendrá del derrumbe del sistema capitalista en un sentido “bíblico y celestial prometido por Dios”, sino que dependerá fundamentalmente de lo que las masas y los cuadros revolucionarios aprendan en organización, destreza y convicción ideológica durante el presente período. Esto necesariamente es así, porque como diría Marx y Rosa Luxemburgo: “Los seres humanos no hacen su historia libremente. Pero la hacen ellos mismos”. Debemos ser más disciplinados, flexibles, visionarios, organizados, concientes e implacables que nuestro contendor, que ya nos lleva varias dolorosas victorias de ventaja. Sin la voluntad conciente y la acción conciente de la mayoría de los explotados no podremos triunfar”.
Los estudiantes y la educación
-¿Qué valoración le ofreces al movimiento estudiantil y a su demanda central de Educación gratuita y estatal?
“Quizás el aporte más importante del actual movimiento estudiantil tiene relación con dos hechos políticos trascendentales. Por un lado, han sacado a las masas a la calle, las que han aprendido en cosa de horas que sin ocupar el espacio público, sin protestar, sin organizarse, sin consigna, sin política es imposible hacerse escuchar. Y por la otra, con su exigencia se ha ido logrando traspasar el velo ideológico burgués y ver el real monstruo que existe tras la cortina publicitaria estatal. Ambos logros hubiesen sido imposibles sin la acumulación de las prácticas del antiguo movimiento popular: masas en las calles, demanda política, la protesta como instrumento, etc. De paso, todos los sumo sacerdotes y garúes de la “ciudadanización” de la política vieron que su apuesta quedó en bancarrota, pues existen cientos y quizás miles de organizaciones de ciudadanos, pero ninguna, ni una sola se ha acercado siquiera a los logros alcanzado por el actual empinamiento de masas.”
-¿Cómo desarrollas la crítica a la ciudadanización de la lucha?
“Toda su panacea referente a las nuevas formas ciudadanas, pequeños grupos organizados jurídicamente, apolíticos y desideologizados, se esfumaron. Se acabó la ilusión.”
-¿Y el propio movimiento estudiantil?
“Creo que el movimiento estudiantil es parte de un ascenso de la movilización social con la subsecuente apertura de una nueva etapa en la lucha de clases. Aquí es importante recalcar que, si bien es cierto que las presentes luchas están animadas por reivindicaciones económicas, dichas demandas se inscriben en un proceso general de construcción de conciencia política de los explotados. La densidad y profundidad de esa conciencia política reside fundamentalmente en la capacidad de ligar las luchas económicas inmediatas con la lucha de clases general. Es finalmente en el campo de la lucha política de las clases donde podremos definir las garantías históricas que tendrán las clases asalariada y explotada para resguardar sus conquistas sociales. De no hacer este ejercicio, estaremos abonando el terreno histórico para la aparición de nuevas formas de caudillismo y fascismo.”
-¿Por qué?
“Porque la transformación del modelo educacional requiere la modificación del aparataje jurídico de la sociedad, el que descansa a su vez sobre la estructura productiva y económica. Por lo tanto, la clave en la modificación radical de la superestructura jurídica e ideológica reivindica sin ambigüedad un cambio radical en las relaciones sociales de producción y en la estructura productiva. Cualquier cambio que se haga a nivel superestructural sin una modificación sustancial a nivel productivo, no es más que una estrategia de cambios aparentes que perpetúan la tradición. En consecuencia, respecto de si la educación puede o no ser estatal, depende de qué clase social responda y con que intereses lo haga. Es decir, lo fundamental es quién determina lo que es posible y qué no lo es.”
-¿Cómo se asocia la lucha de clases con las reivindicaciones de los estudiantes?
“Ligar la demanda estudiantil con la lucha de clases exige estudiar la estructura económica nacional, identificando las clases sociales existentes en el país, su aporte específico en la creación de valor y las cuotas de plusvalía que explican la expansión de la burguesía chilena y la enorme explotación a la que están sometidos los trabajadores asalariados y cuentapropistas. Es esta la contradicción sustantiva que explica el renovado empuje del actual momento de lucha de clases. La consideración teórica anterior es la base para poder entender que lo posible y necesario depende de la capacidad de romper con el envoltorio ideológico del Estado y la sociedad. Esta condición sólo puede hacerse mediante un profundo y duradero cambio político ejecutado por una clase social. En esta línea se pueden sustentar dos ideas políticas fundamentales para el conflicto estudiantil: a) el problema actual no pasa por el tipo de logro o demanda social enarbolada o lograda por los sujetos sociales, sino más bien por la perspectiva estratégica que se le confiere a la lucha social. Dicho de otro modo, ¿cómo garantizar políticamente que los eventuales logros o conquistas se mantengan en el tiempo y no sean abolidos por la autoridad?; y b) El problema de la educación es una lucha indirecta que enfrenta a futuros trabajadores con el capital.”
-¿Qué significa ello?
“Hay que precisar y reflexionar, ¿acaso los nazis no tenían educación estatal, pública, gratuita y de calidad?, ¿acaso países como Argentina o Francia no tienen educación estatal, pública y de calidad? En ambos casos ha existido educación estatal, pero en ambos casos los explotados no han tenido ninguna relevancia política e ideológica en la conducción estatal. La pregunta es importante porque no se puede exigir tener una educación estatal y permitir que sea la misma burguesía quien dirija. En otras palabras, no tiene sentido reclamar sobre el financiamiento, sin exigir simultáneamente el control político. Con una educación estatal en manos de la burguesía, ¿acaso finalizaría la explotación sobre los asalariados, dejaría de tener carácter de clase el actual Estado, se terminaría la depredación de los recursos naturales, dejaríamos de ser un eslabón del imperialismo, disminuirían los actuales niveles de endeudamiento, y sobre todo, los asalariados tendríamos mayor poder político? Sin que ese Estado sea mandatado y conducido políticamente por la clase de los asalariados y explotados no existe ningún avance, porque ¿al servicio de quién estaría la universidad?, ¿quién determinaría su proyecto, financiamiento, carreras, planes de estudio? Bajo ningún contexto puede ser la misma clase social que ha creado y manejado el actual sistema.”
-También se ha planteado la demanda de Asamblea Constituyente…
“Tal como hay que develar el carácter de clase del Estado precisando el componente político de la demanda estudiantil, hay que cuestionar y precisar otra arista que dice relación con el llamado a crear una Asamblea Constituyente para hacer una nueva Constitución. La pregunta concreta es ¿quién garantiza que las resoluciones de esa Asamblea Constituyente sean respetadas por la burguesía, el imperialismo y la alta oficialidad castrense? Nuevamente nos encontramos con el problema del poder político social. Es decir, no sacamos nada con participar de plebiscitos, asambleas y votaciones si como clase social no somos capaces de garantizar políticamente que las decisiones tomadas en esas instancias no sean quebradas por la clase dominante. ¿Acaso no recordamos la experiencia del proyecto del Presidente Allende? Por cierto que la clase explotada lo apoyó, ganamos elecciones, sacamos nada menos que un Presidente de la República, haciendo sentirse orgullosa a nuestra clase, ¿pero la burguesía con el imperialismo respetaron la decisión del pueblo? ¿Por qué como clase social no pudimos mantener las conquistas socio políticas logradas? Simplemente porque llegado el momento decisivo no teníamos poder, no teníamos fuerza con qué defender y garantizar lo conquistado. Es imposible desmontar la telaraña de leyes de la burguesía recurriendo a las propias reglas del juego de la burguesía. No olvidemos que quien hace la ley hace la trampa. Por lo tanto, la única condición política posible para que los resultados de una asamblea constituyente sean respetados es que los explotados y asalariados tengan la hegemonía del poder político. De esto la burguesía tiene mucha experiencia.”
¿Cuál es la situación en materia económica de la educación chilena en el concierto internacional?
“Mira, Chile es uno de los países del mundo en que prácticamente la totalidad de su sistema de educación superior esta en manos privadas. De acuerdo a la OCDE, el Estado en Chile no alcanza a cubrir el 15% de las necesidades de mantenimiento de las “Universidades Estatales”. En consecuencia, exigir que el Estado se haga cargo de la educación superior no es una medida de carácter revolucionario. Esta reivindicación sólo viene a concordar y sintonizar el papel y función que ya tiene el Estado en el resto de las economías capitalistas, particularmente en el club más exigente de ellas, la OCDE. De acuerdo con los indicadores de la OCDE para el 2010, el conjunto de estos países invirtió anualmente 9.195 dólares estadounidenses por alumno desde la educación primaria hasta la educación terciaria; 6.756 dólares estadounidenses por alumno de primaria; 8.153 dólares estadounidenses por alumno de educación secundaria; y 16.625 dólares estadounidenses por alumno de terciaria. Los países de la OCDE gastan el 6,2 % de su PIB colectivo en instituciones educativas. En la educación terciaria la proporción de financiación privada varía ampliamente, desde menos del 5% en Dinamarca, Finlandia y Noruega a más del 40% en Australia, Canadá, Estados Unidos, Japón, Reino Unido y los países asociados a la Federación Rusa e Israel, y por encima del 75% en Chile y Corea. Como media en los países de la OCDE, el 83 % de todos los fondos de las instituciones educativas proviene directamente de fuentes públicas. En educación superior, el gasto público por alumno (en instituciones públicas y privadas) alcanza un promedio de 8.467 dólares estadounidenses, pero varía desde menos de 1.000 dólares en Chile a más de 15.000 en Dinamarca, Noruega y Suecia, tres países en los que el nivel de gasto privado es bajo o insignificante en este nivel educativo. Ahora bien, desde el punto de vista impositivo, Chile es uno de los países de la OCDE que menos impuestos cobra en relación a su PIB (18.2%). Por lo que exigir una reforma tributaria para que los más ricos paguen impuestos en forma progresiva a su renta, tampoco es una exigencia revolucionaria. Simplemente lo que se exige es que en Chile se tenga una carga impositiva similar a la que existe en el club de economías capitalistas al que pertenece, donde la presión inflacionaria representa alrededor del 34% del PIB. Todo esto hace que según la OCDE, Chile tenga una de las tasas arancelarias a la educación superior más altas del mundo. De este modo en el país se cobra una media de 3.140 dólares anuales, mientras que Israel cobra 2.658 US$, U.K 1.859 US$, Italia 1.027 US$, Nueva Zelandia 1.764 US$, Holanda 1.646 US$, Austria 837 US$, Bélgica 574 US$, España 795 USS, Francia 160 US$, Turquía 276 US$, siendo prácticamente gratuita en República Checa, Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Islandia, Noruega, Polonia y Suecia.”
-Los datos hablan por sí solos…
“Ellos explican que en las Ues privadas sólo existe una media de 1 académico a jornada completa por cada 1.000 alumnos. Ojo, esto es muy importante porque es el fracaso de la educación municipalizada y subvencionada en la Prueba de Selección Universitaria lo que descubre el enorme negocio de la educación superior privada, que a estas alturas es una pobre educación para los pobres y familias explotadas. De lo contrario, no se puede entender que mientras las matrículas de Ues tradicionales han aumentado 13%, las matrículas de Ues privadas han crecido un 81%. Todo esto mediante endeudamiento. Un 79% de los estudiantes deben recurrir a financiamiento propio y vía crediticia, lo que explica el 53.5 % de alumnos que deben trabajar jornada completa para poder pagar sus estudios. Agréguese el detallito relativo a que según la encuesta CASEN, si en la década de los noventa quienes engrosaron las matrículas de educación superior fueron los deciles V, VI y VII; en la primera década de 2000, los deciles que mayor afluencia tuvieron en la educación terciaria fueron el I, II, III y en menor medida el IV, siendo la educación superior técnico profesional y las Ues privadas las principales áreas donde se han concentrado los deciles de menores ingresos. Es tan irracional este modelo de educación que en las “Ues públicas” paradójicamente estudian los sectores más acomodados y también donde mayormente se concentran los beneficios, como las becas y exenciones, con un 30% de becas, cifra mayor que el 26.7% de becas asignadas a estudiantes cuyas familias pertenecen a grupos de trabajadores no calificados y obreros.”
Las clases sociales y la deuda
De acuerdo a tu última investigación, en términos esenciales, ¿cuál es la estructura económica de Chile y relación con las clases sociales que la sostienen?
“Según mi investigación “Acumulación de Capital en Chile. Crisis y Desarrollo. Últimos 40 años” y cruzando los datos del Banco Central, el Servicio de Impuestos Internos, el INE y Casen, en Chile hay aproximadamente 8.1 millones de trabajadores. De estos, 1.750.000 reciben el salario mínimo y 5.500.000 reciben salarios que tienen como tope los 300.000 pesos (US$ 650). Las clases sociales existentes en el país son: asalariados del campo y la ciudad, burguesía productiva (con PYMES incluidas, estimadas en unas 150 mil), cuentapropistas, asalariados que trabajan en municipios y sector público en general, y la alta burguesía financiera.”
-¿Pero de dónde saca sus ingresos la burguesía?
“La masa de capitales que invierte la burguesía en cada ciclo productivo coincide con las altas tasas de endeudamiento de los asalariados y cuentapropistas, estimadas por el Banco Central en 29 billones de pesos al año 2007, de los cuales un 72% corresponde a deuda bancaria. En consecuencia, si en 1993 había 2.660.325 Tarjetas de Crédito, hacia el 2007 estas ascendían a 23.773.646. Esta deuda crece un 15% real anual y ha estado expandiéndose por sobre el crecimiento del ingreso disponible de las familias en los últimos cuatro años. El resultado final ha sido que la Razón Deuda Ingreso (RDI) llegó a representar un 61,9% y la carga financiera (RCI) respecto del ingreso disponible alcanzó un 20,4%, sólo por el pago de intereses. Y para agravar aún más la explotación de los asalariados y cuentapropistas, considérese el origen del capital inicial con el que la burguesía echa a andar el proceso productivo en su conjunto, el que proviene en forma monetaria del sector financiero, cuyas entidades (por ejemplo AFPs, Bancos, Aseguradoras, Isapres) utilizan los mismos fondos de pensiones de los trabajadores para distribuirlos como capital dinero entre la burguesía. Con datos del 2007, y siguiendo la investigación del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (CENDA) y el economista Manuel Riesco, el Estado ha inyectado al sistema privado de pensiones 6.1 billones de pesos en bonos de reconocimiento y pensiones mínimas. Por su parte las AFPs y Compañías de Seguro se han apropiado como saldo neto de 9.3 billones de pesos a favor de ellas mismas (4 billones las Afps y 5.3 billones las compañías de seguros). De estas platas generadas por los asalariados y manejadas por la burguesía en su propio beneficio un 47.5% va a manos de los grandes grupos económicos privados con inversiones en Chile: Santander, BBVA, Telefónica, Aguas Andinas, ENDESA, Luksic, Yarur, Angelini, Paulman, Solari, Matte, Saieh, Ponce Lerou, Hurtado-Fernández, del Real y Andraca (los dos primeros grupos son dueño de 2 de las AFPs mas grande: Bansander y Provida, AFPs que concentran el 43% del total de fondos de pensiones). El 31.8% restante va a manos de conglomerados privados en el extranjero.”
-¿Los trabajadores son los únicos explotados?
“Los asalariados no son la única clase explotada. A este respecto considérese a los cuentapropistas donde existe una mayor cantidad de micro empresarios que de trabajadores, con una producción de valor muy reducida en relación a la masa de “emprendedores”. Este mismo antecedente da una idea aproximada del constante fluir de estos trabajadores desde el cuentapropismo al trabajo asalariado, asegurando entre medio una producción de valor vía auto explotación capitalizada por el tenedor de sus deudas: bancos, retailer, financieras, etc. Este sector de la sociedad está sometido a un constante proceso de erosión proletarizadora. Al observar la relación entre empresas se puede concluir un grave desequilibro impositivo, toda vez que apenas 10 mil grandes empresas multiplican casi por 20 el valor producido por casi un millón de micro, pequeñas y medianas empresas. Sin embargo las MIPYMES (micro, pequeñas y medianas empresas) cargan sobre sus espaldas con casi la mitad de la carga tributaria a la que están afectas todas las empresas del país por concepto de impuesto a la renta (un 2% del PIB versus un 3% del PIB que pagan las grandes empresas). Ahora bien, este desequilibrio se amplía aún más si se considera que los asalariados deben cargar con la mitad de la carga impositiva de todo el país (un 52% de todos los ingresos tributarios equivalentes a un 8% del PIB).”
-¿Qué consecuencias conlleva semejante política impositiva?
“Esta estructura impositiva implica que prácticamente el Estado subsidia la acumulación de capital en manos de las grandes empresas. Al respecto, obsérvese la pequeñez de los impuestos que se pagan por concepto de comercio exterior (apenas el 1,3% de los ingresos tributarios totales). Este mismo dato explica la avidez de las grandes empresas por los acuerdos de libre comercio. En cuanto a la carga impositiva, se puede apreciar que las ramas productivas con mayor inversión interna y extranjera están ancladas en la producción de bienes de consumo intermedio (materias primas) y extracción de recursos naturales, precisamente los sectores que menos aportan impuestos. A su vez, estos sectores determinan en la economía la masa y la cuota de plusvalía. En este sentido, no es una coincidencia la astronómica cifra de 77.000 millones de dólares en inversión extranjera volcada en la economía nacional entre los años 1974 a 2010.”
-¿Qué ocurre con la llamada pequeña burguesía?
“Esa clase esta compuesta objetivamente por alrededor de 130 mil pequeños empresarios que tienen a su cargo alrededor de un millón y medio de trabajadores asalariados. Pero además debemos agregar lo que el SII define como trabajadores de altos ingresos (médicos, ingenieros, algunos abogados, jueces, oficiales militares, directores de escuela, gerentes corporativos, un grupo de académicos, gestores de cultura, información y publicidad, etc.), esto es, alrededor de un millón de personas que por sus altos ingresos deben pagar impuesto a la renta. Bueno, este grupo tiene una cualidad y es que pese a que son asalariados, también participan de la plusvalía al obtener un porcentaje de la misma vía utilidades y ganancias, participación en sociedades anónimas, repartición de intereses del capital etc. Este grupo de personas cumple una función sumamente importante, a saber: generan, administran y gestionan el componente y aparataje ideológico y político fundamental con el que se sostiene y reproduce el sistema de dominación y productivo en su conjunto. Es tan relevante esta función que su influjo de ideas, hábitos, costumbres, aspiraciones, pensamiento político, ética, valores, historia, es transmitida hacia el sector de los explotados para que estos la hagan suya, permitiendo de este modo anular la iniciativa histórica y política de los oprimidos. Particularmente vulnerable a esta función son los explotados desideologizados, despolitizados y desorganizados, quienes ven llenar sus receptáculos ideológicos por el contenido generado y transmitido por la pequeña burguesía.”
-¿Qué capitales invierten más en Chile, qué sectores exportan más, y de dónde provienen las importaciones del país?
“Es tan copiosa la explotación del capital chileno, que este se ha expandido con fuerza en América Latina. De este modo, durante el período 1990 a diciembre de 2010, la inversión chilena directa materializada en el exterior alcanzó la suma de US$ 56.789 millones. Diez países concentran un 93% de las inversiones materializadas a la fecha. Ellos son Argentina, Brasil, Perú, Colombia, Estados Unidos, Panamá, Australia, México, Uruguay y Venezuela. Argentina se situó en el primer lugar en el ranking de países receptores de las inversiones, al sumar flujos por 15.979 millones de dólares entre 1990 y el primer trimestre de 2011, con un 48 % de participación. Le sigue Brasil con inversiones de empresas chilenas cercanas a los 10.614 millones de dólares (15 %); Perú con 9990 millones de dólares (14 %). Colombia concentra 8.066 millones de dólares de participación. En el plano sectorial, tanto en generación como en distribución eléctrica, concentra el mayor volumen de inversiones, con un 73,3% de participación y US$ 5.914 millones. Le sigue en importancia el sector de servicios con una inversión de US$ 1.463 millones y un 18,1% de participación. Al interior de los servicios, un lugar significativo ocupa el comercio al detalle (retailer), que representa el 71,4%, con una inversión acumulada de US$ 1.045 millones. En tercer lugar se ubica el sector Industrial, con una inversión acumulada de US$ 636 millones. Al interior de este sector se destacan la industria maderera y la distribución de combustibles. A su vez Chile es el tercer receptor de IED (inversión extranjera directa) en América Latina. De este modo, si entre 2009-2010, la IED total en Latinoamérica fue de 88.000 millones de dólares (a precios de 2010), Brasil captó 30.200 millones de US$; México captó 19.100 millones de US$; Chile captó 18.200 millones de US$; y Colombia captó 8.700 millones de US$. De este modo Chile se destaca por tener la más alta proporción de IED (8%) en relación a su PIB. El principal proveedor de estas inversiones fue EE.UU. con un 25.9%; le sigue España con un 18.7%, Canadá con 17.7% y K.U. con 8.5%. Los sectores en que se concentro esta IED fueron la minería con 32.9%, servicios con 22.1%, Electricidad con 19.2%, Industria con 11.3%, Transporte con 11.2%. Es importante recalcar que el año 2010 las exportaciones de Chile alcanzaron 69.621 millones de US$, debido fundamentalmente al precio del cobre, cuyas exportaciones alcanzaron a 39.200 millones de US$ acaparando el 56% de las exportaciones totales. Le sigue la exportación de Celulosa y Salmón. En este panorama el principal socio comercial de Chile es China, país al que se exportaron mercancías por valor de 16.457 millones de US$. Le sigue EE.UU. con 7.110 millones de US$.”
-¿Cuál es la cesantía real en Chile y por qué?
“Desde el punto de vista de la magnitud cuantitativa de la fuerza de trabajo, cabe hacer notar cierta discordancia entre las cifras entregadas por el Servicio de Impuestos Internos (SII) y el Banco Central. De acuerdo al SII, en Chile hay aproximadamente 7.100.000 trabajadores asalariados, mientras que el Banco Central abulta la cifra a 8.050.000 trabajadores. Esta diferencia de alrededor de 1.000.000 de trabajadores representa mejor la real magnitud del ejército industrial de reserva, cesantía o paro estructural, situado según cifras oficiales en un 8%, pero que en realidad alcanzaría una cifra promedio cercana al 13% de la fuerza de trabajo. A este antecedente agréguese cerca de un 9% de la fuerza de trabajo en condiciones de subempleo, pero que en las cifras oficiales aparece como empleada. Por lo tanto en el país tenemos cerca del 25% de la fuerza de trabajo con problemas de cesantía parcial o total. La mayor desocupación se concentra en los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, donde la tasa de desempleo es más del triple respecto del promedio nacional oficial, alcanzando en el primer tramo (15 a 19 años) el 29.3%. Según las AFPs, del total de la fuerza de trabajo un 96.5% se registran como asalariados dependientes, sin embargo alrededor de 3.8 millones de asalariados están en condición de subcontratación, lo que se refleja en la escasa densidad de sus cotizaciones. A su vez, se estima que el número de trabajadores estacionales en el agro fluctúa entre los 250.000 hasta los 400.000. Además se debe agregar que las ferias libres tienen 60.000 comerciantes, generando empleos indirectos a 150.000 personas y comercializando la producción hortofrutícola de más de 300.000 familias campesinas. Los rubros que más utilizan la subcontratación son Guardia y Control, Servicios Alimenticios, Minería, Servicios Informáticos, Construcción, Aseo y Comercio. Estas son las principales fuentes de trabajo en Chile.
Por consiguiente, la burguesía logra desembarcar en las grandes ligas del capitalismo mundial gracias a las altísimas tasas de explotación sobre el trabajo asalariado, los subsidios impositivos que le da el Estado, los altos niveles de auto explotación de los cuentapropistas, la subcontratación, el subempleo y la pesada carga financiera que deben soportar los sectores asalariados y cuentapropistas por conceptos de deudas. Todas estas son las condiciones fundamentales para que la burguesía chilena amplíe a niveles jamás soñados sus capitales y plusvalía en abierta contraposición con los explotados (asalariados y cuentapropistas).”

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Ecuador: ¿Qué ocasiona qué?

Guillermo Navarro Jiménez (especial para ARGENPRESS.info)

Como era previsible, la sentencia o cualquier sentencia que hubiese sido dictaminada por cualquier juez, por atropello a la dignidad, al honor o a la intimidad de una persona, indiferentemente si se tratase del Presidente de la República o de cualquier otro ciudadano, ha provisto de armas a los medios de comunicación social para armar una matriz de opinión, supuestamente, en defensa de la libertad de expresión.

Igualmente, era previsible que intelectuales, antaño militantes, pasajeros pero militantes al fin de la izquierda política e ideológica ecuatoriana, por el nerviosismo propio de su condición psicosocial que les induce al sometimiento ante el poder que ayer decían combatir, se sumen al coro de los supuestos defensores de la libertad de expresión. Todos estos corifeos, a pesar de la seguridad con la que opinan en contra de la sentencia emitida en el caso de la demanda planteada por el Presidente de la República en contra del periodista Emilio Palacio y los directivos del diario El Universo, ni por asomo reflexionan sobre las causas que determinan este tipo de conflictos y falsas soluciones. Olvidan, deliberadamente o no, sobre una realidad incontrovertible: que la sentencia es sólo el efecto de un comportamiento, de una conducta inaceptable, enraizada en determinados comunicadores, los cuales, prevalidos por su condición y por la capacidad de la que disponen para difundir su pensamiento en los medios que los emplean, precisamente para ello o por ello, en forma constante agreden al conjunto social o a ciudadanos en particular, hasta ayer, casi seguros de que gozaban de impunidad ante tal reprochable e inaceptable conducta.

Pero no sólo ello, hoy acuden presurosos a triquiñuelas sobre el uso del lenguaje, para tratar de convencernos de que el texto de Emilio Palacio no implicaba una acusación cierta. Que la directa acusación de crímenes de lesa humanidad, que no prescribe como lo expresara Emilio Palacio, no es una acusación gravísima, una calumnia de marca mayor. Para tratar de esconder la felonía, ocultan que de acuerdo al Estatuto de la Corte Penal Internacional, artículo 7, establece:

"Crímenes de lesa humanidad

1. A los efectos del presente Estatuto, se entenderá por "crimen de lesa humanidad" cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque:

a) Asesinato;

b) Exterminio;

c) Esclavitud;

d) Deportación o traslado forzoso de población;

e) Encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional;

f) Tortura;

g) Violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada u otros abusos sexuales de gravedad comparable;

h) Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género definido en el párrafo 3, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional, en conexión con cualquier acto mencionado en el presente párrafo o con cualquier crimen de la competencia de la Corte;

i) Desaparición forzada de personas;

j) El crimen de apartheid;

k) Otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física".

Si conciudadanos, sólo a este contenido se refirió la acusación que realizó Emilio Palacio al Presidente Correa.

Luego de esta lectura, ¿Habrá alguien que considere que este tipo de acusación, no constituye una gravísima calumnia?. ¿Habrá alguien que considere que por este tipo de acusación, por la sola condición de ser periodista, no debe responder un ciudadano? ¿Habrá alguien que no entienda que el desenlace al que hacemos referencia, no es más que una consecuencia de una acción irresponsable, calumniosa? ¿Habrá alguien que dude sobre la necesidad imperiosa de que los comunicadores, los periodistas, todos los eferentes de mensajes comunicacionales nos sometamos a normas de conducta, a normas deontológicas? ¿Habrá alguien que considere que la libertad de expresión no tiene límites? ¿Habrá alguien que dude sobre la necesidad imperiosa de que la Ley de Comunicación contenga taxativamente las normas deontológicas que todos deberemos respetar? ¿Habrá alguien que dude que la responsabilidad ulterior es un principio a considerar?

Seguro que si lo hay, ya empezaron, ya se inscriben en la campaña mediática que, para tratar de justificar sus atropellos, en forma deliberada distorsiona la normativa nacional o internacional, y afirma, sin rubor alguno, que, según ellos, el alcance de sus acciones incluye potenciales afectaciones a la intimidad de los funcionarios escrutados. Lo que no dicen, lo que ocultan es que el mayor escrutinio público al que deben someterse los funcionarios públicos, en lo referente a la intimidad, sólo procede cuando esta intrusión está ligada, vinculada a su gestión pública. Por lo que y en consecuencia, la agresividad y la calificación pública que ejercen y asignan a actos privados no ligados a la gestión pública, debe ser denunciada por constituir un comportamiento por el cual deberán responder, incluso ante la justicia.

Por todo ello, es necesario afirmar que la demanda del Presidente de la República y la subsecuente sentencia, como lo plantean los medios de comunicación social, los comunicadores comprometidos con el poder mediático y los intelectuales que migraron bajo el ala del poder, no constituye el elemento central de este debate. Que tampoco lo es una supuesta restricción a la libertad de expresión. Que el tema central es la necesidad de que todos asumamos normas de conducta que permitan mejorar la acción comunicativa, la calidad dialogal de la sociedad en su conjunto. Ya que, sólo con ello y sólo entonces evitaremos atropellos de los comunicadores que desatarán demandas. Sólo con ello y sólo entonces los medios y los comunicadores no generarán conflictos, de los cuales luego tengan que arrepentirse.

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Venezuela: Sin autocrítica se desploma la revolución

Edwin Sambrano Vidal (especial para ARGENPRESS.info)

Se insiste en un evidente culto a la personalidad con el camarada presidente. “Chávez el líder…, Chávez el único…, Chávez comandante-presidente…Con Chávez, todo;…sin Chávez, nada!... Qué decida Chávez…!!!

Es algo, no sólo que no puede ocultarse, sino que revela la deliberada decisión de exacerbar la personalidad de Chávez, fanatizando a una parte de la colectividad y obstruyendo toda posibilidad de debate y de vida pensante en el colectivo partidista del PSUV y del resucitado Polo Patriótico. Es una estrategia peligrosa para el proceso de cambios que ya ha rendido sus efectos nocivos y que puede herir mortalmente esta experiencia histórica.

Cumplir y trabajar para no errar

Hemos dicho que todo proceso de cambios esta lleno de errores. Es una obra humana compleja, colectiva y multifacética. No pretendemos que no haya errores, sino que se evite cometer los errores ya conocidos y que en aquello en lo que ya hay solución no se incurra en improvisaciones. Pretendemos que se actúe con diligencia frente a los asuntos y los problemas. Que se tenga una coherencia esencial ante los intereses de los trabajadores y del pueblo en general. Que las matrices generadoras de las contradicciones y calamidades propias del capitalismo sean atacadas y disueltas. Que se trate con severidad la corrupción. Que se cumplan los planes. Que se sustituya al inepto y al ineficiente. Que se castigue al irresponsable y al delincuente. Que se cumplan las leyes que se dicten y que se actúe con justicia y equidad. Que el funcionario público sea un servidor integrado a su trabajo y a su misión. Que se mejoren las remuneraciones del sector público y se castigue severamente el incumplimiento de las obligaciones y especialmente se persiga la matraca, extorsión o coima.

Una Defensoría para el Pueblo y los Derechos humanos

Pretendemos que los poderes públicos cumplan con sus deberes específicos. Que la Defensoría del Pueblo sea un órgano al servicio de los ciudadanos frente al menoscabo de sus derechos. Especialmente que asuma el rol de hacer funcionar la institucionalidad y de promover la educación-acción en derechos humanos de los colectivos sociales con énfasis en los trabajadores asalariados del sector público y del privado. La Defensoría del Pueblo no puede seguir siendo una agencia repetidora del discurso del Gobierno, justificadora incondicional de toda política, decisión o actuación de los entes del Poder Ejecutivo, de todos…Presidencia de la República, Ministerios, Institutos Autónomos, hasta los cuerpos policiales. Una defensa a priori y mecánica que evidencia una pobreza institucional absolutamente perjudicial para el proceso de maduración y la consolidación de las instituciones.

Un Poder Judicial para la justicia no para la impunidad

El Poder Judicial es absolutamente ineficaz para dirimir los conflictos entre los particulares y mucho menos entre los particulares y la administración. No sólo hay un funcionamiento lento que choca por completo con los atributos señalados por la Constitución de la República para la Justicia, sino que, aparentemente, la mayoría de los tribunales comparten una conducta omisiva e impune frente al Poder Ejecutivo que los convierte en un parapeto inútil para la función jurídico-política que le atribuye la Constitución y que, de cumplirse, serviría para el cultivo de la paz y de la justicia. Los juicios no se resuelven o tardan infinitamente. Cuando se resuelven, en la mayoría de los casos es con una visión del derecho conservadora y regresiva. La materia laboral es una vergüenza. En materia penal, al parecer, rigen tarifas multimillonarias en combinación con los cuerpos de seguridad y muchas fiscalías, y la situación de las cárceles y del delito, es más que elocuente del rotundo fracaso de la justicia penal. A la corrupción ni con el pétalo de una rosa… Los concursos públicos de oposición para la provisión de cargos se suspendieron indefinidamente. La gran mayoría de los cargos son provisorios y la incorporación al poder judicial es mediante el amiguismo y la relación con la jerarquía judicial y política del país.

Prueba contundente del descalabro institucional

El caso de las cárceles es sólo una nueva y contundente prueba del descalabro institucional existente en Venezuela, además de revelar el abandono absoluto de la función de reeducación, que es la principal misión de la privación de libertad. De centros de reeducación y rehabilitación, los establecimientos de reclusión se han convertido en campos de concentración para el depósito de seres humanos caídos en desgracia y escuelas de delincuentes donde los alumnos son los privados de libertad,…pero además de ellos, también son enseñados a delinquir muchos de los muchachos de la Guardia Nacional, de los custodios y directores de dichos recintos y de los familiares. Por si fuera poco lo anterior, son centros de dirección de las bandas de delincuentes que azotan al pueblo,… verdaderos cuarteles generales del hamponato.

Autocrítica para comprometerse con la rectificación

Ante la necesidad de un proceso de dura y transparente autocrítica se recurre al culto a la personalidad. Se necesita un serio examen autocrítico que coloque sobre el tapete la verdadera situación que tenemos y que descubra las causas para poder proveer las soluciones. No podemos seguir tratando de ocultar la realidad con publicidad. El tiempo se agota, los recursos también, la credibilidad se hace añicos por la repetición de lugares comunes, echando la culpa en gobiernos anteriores que hace más de 12 años ya no están. La Revolución ha tenido libertad de acción, apoyo popular interno y externo y, sobre todo, recursos a granel y poder político e institucional. Quienes están gobernando, comenzando por el camarada Chávez, no tienen excusas frente al descalabro existente. El liderazgo de Chávez debe servir para este ejercicio crítico y autocrítico y no como base para el culto a la personalidad. Sería no sólo un error, sino un grave y letal error que se siga encubriendo la realidad y permitiendo la impunidad política.

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Entrevista a Hernán Camarero: “No puede tolerarse que la izquierda sea proscripta”

IPS KARL MARX

Entrevistamos a Hernán Camarero, docente e investigador, miembro de la coordinación de la asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores.

LVO: ¿Qué reflexión te merece el mecanismo de las internas abiertas y la exigencia de obtener 400 mil votos para presentar candidatos en las elecciones en octubre?

HC: Evidentemente, tienen un carácter reaccionario y representan una profundización del carácter clasista y excluyente de la democracia burguesa. Este régimen siempre funcionó como garante de los intereses de los capitalistas, encubridor de los mecanismos de explotación y desigualdad de la sociedad actual a través de una enunciación de derechos formales que nunca tienen aplicación real para los trabajadores, los pobres, los excluidos. Las elecciones son un terreno adverso para las fuerzas de izquierda, porque no cuentan ni remotamente con los recursos económicos, materiales, comunicacionales, simbólicos, que poseen los políticos del sistema. Pero ahora se está pegando un salto.
Lo que se busca desde la aplicación de la llamada “reforma política” es un reforzamiento de las estructuras políticas dominantes, reconstruyendo un modelo bipartidista, que permitiría la alternancia entre fuerzas peronistas o radicales, coincidentes en la defensa de la sociedad capitalista. Si bien la idea está enunciada en términos de garantizar que las fuerzas “minoritarias” tengan la suficiente representatividad (con el piso del 1,5%), ello no afecta a la derecha, que de cualquier modo tiene mil formas de expresarse (incluso por estar contenidas en el propio actual gobierno); el objetivo fundamental es el de barrer a la izquierda, impedirle que tenga expresión en los comicios de octubre. Los mecanismos comenzaron con la exigencia de miles de firmas y afiliaciones para poder presentar fórmula nacional y en los distritos; continuaron con el reforzamiento de la obligatoriedad del voto en estas primarias (agravando las dificultades de subir el piso electoral); y van superándose con nuevos procedimientos, como el de anuncio de hoy que pauta que en la provincia de Buenos Aires serán las propias fuerzas las que deban proveer las boletas a cada una de las miles de mesas electorales. Todo constituye un proceso proscriptivo y antidemocrático, un ataque a la izquierda que no puede permitirse. La respuesta es concurrir masivamente a votar al Frente de Izquierda.
Quiero ser claro. Todos los que nos sentimos identificados con las ideas, los valores, los programas, la historia o lo que sea que representa la izquierda, con las banderas del socialismo, de la emancipación social y las causas de los oprimidos, estamos siendo amenazados de ser excluidos, no sólo los componentes formales del FIT. La izquierda socialista, clasista, la que pugna por la independencia de clase de los trabajadores, no es una expresión artificial o irrepresentativa en la sociedad argentina. Está en la primera línea de la lucha de los trabajadores por sus condiciones laborales, por recuperar las comisiones internas fabriles y los gremios de manos de la burocracia sindical (como viene ocurriendo en Kraft y tantas otras fábricas, lugares de trabajo y organizaciones) y por las reivindicaciones de los obreros tercerizados y precarizados (como se ve en el caso de los ferroviarios); está presente en el combate de las fábricas recuperadas (y lo Zanon es un ejemplo en ese sentido, por lo que la gran elección de los diputados ceramistas en Neuquén no es un acontecimiento casual). Además, la izquierda posee una presencia activa en el movimiento estudiantil, en las movilizaciones por la tierra y la vivienda, por la salud y la educación, en el propio mundo de la intelectualidad, el arte y la cultura. No puede tolerarse que todo esto sea proscripto.

LVO: ¿Cómo opinás que tenemos que enfrentarlo? ¿y qué tiene planteado el espacio que se conformó de intelectuales, docentes, y artistas en apoyo al FIT de cara al 14 de agosto?

HC: Creo que hay que realizar una gran campaña de agitación y de explicación bien sistemática, argumentativa, sobre esta situación. Todavía existe una gran desinformación, de modo que hay que salir a la ofensiva señalando estos hechos y el peligro que representa este intento de proscripción. Desde el espacio de intelectuales, docentes y artistas que se constituyó en apoyo al FIT (desde donde ya recolectamos más de 500 firmas de adhesión) estamos encarando esta tarea en nuestro sector. Tras la primera y gran asamblea inaugural, de mediados de junio, en la que nos reunimos casi 300 personas, hemos avanzado con algunas declaraciones y actividades. Está planteado realizar otro encuentro masivo para principios de agosto, seguir con los pronunciamientos, organizar mesas de debate y diversas actividades.

LVO: ¿Cuál es la actitud que tendría que adoptar la izquierda independiente frente a este intento proscriptivo?

HC: La proscripción es a toda la izquierda, de modo que no hay espacio para la abstención. A mí no me interesan hoy los debates secundarios, que habrá que seguir haciendo en múltiples instancias. El hecho es concreto. El kirchnerismo, el régimen burgués, está preparando la eliminación de la izquierda de la contienda electoral. Es un intento de golpe a todo lo que ella representa en este país, la expresión independiente de la lucha de los explotados. El mensaje es inequívoco: ahora sólo te dejamos este derecho, el de optar sólo por candidatos de los distintos bandos o expresiones capitalistas. ¿Alguien de izquierda puede no pronunciarse y actuar frente a ello? Deberían haber llamados masivos a denunciar esta situación y a llamar a votar explícitamente al FIT el 14 de agosto.

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