viernes, 12 de agosto de 2011

¿Un imperio trasnacional?

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

Resumen

La teoría de la transnacionalización global subraya tendencias reales hacia la asociación mundial del capital y la gestión concertada de la tríada. Pero el enfoque retoma la tesis ultra-imperial y tiene puntos de contacto con el globalismo convencional.

No existen evidencias de nivelación capitalista mundial. Al contrario, las brechas entre países se acrecientan y persisten los bloqueos a la movilidad irrestricta del capital y el trabajo. El globalismo confunde integración con transnacionalización de las clases dominantes.

Ese enfoque ignora el rol central de los viejos estados nacionales en el avance de la mundialización y desconoce que las configuraciones de clases son procesos históricos que no se modifican en décadas. También omite que las incipientes estructuras globales están muy lejos de cumplir funciones estatales básicas y que el capital no existe como entidad unitaria multinacional. La ausencia de un ejército globalizado desmiente las exageraciones transnacionalistas.





















La interpretación del imperio global que plantean Negri y Hardt tuvo gran repercusión en los últimos años. Este enfoque destaca el inicio de una nueva era post-imperialista, que supera la vieja etapa de capitalismo nacional e intermediación estatal. Considera que el capital y el trabajo se oponen por primera vez en forma directa a nivel mundial y estima que todas las fracciones dominantes han quedado enlazadas en una red compartida de instituciones globales (FMI, OMC, ONU). (1)

Esta visión remarca la disolución de los viejos centros. Destaca que el actual imperio es un no lugar, que consuma el descentramiento territorial y asegura la movilidad irrestricta del capital. Plantea que en este período las fronteras se han disuelto y perdieron sentido las antiguas denominaciones de Primer y Tercer Mundo. Señala, además, que ninguna potencia comanda la globalización en curso y estima que las características de este proceso son el quebrantamiento de la soberanía, la unificación del centro con la periferia y la irrupción de poderes múltiples y dispersos. (2)

Negri y Hardt subrayan la ausencia de liderazgo imperial. Presentan un mundo sin centros territoriales o fronteras fijas. Consideran que se han superado las disputas por la hegemonía. Entienden que el capital opera con el respaldo de instituciones mundiales, a través de empresas transnacionales, que no necesitan auxilios estatal-nacionales. Destacan que el mercado global reúne a los capitalistas norteamericanos, europeos, árabes y asiáticos en un sistema común, que ha eliminado las viejas diferenciaciones militares, políticas y culturales. (3)

En esta amalgama se afianza una clase dominante globalizada, que prescinde de la vieja localización geográfica. Sustituye la actividad industrial por economías de servicios informatizados, refuerza el desplazamiento del capital e incrementa los entrelazamientos de la propiedad. (4)

Pero ambos autores sostienen que en esta transformación Estados Unidos cumple un papel central: transmite sus estructuras y valores ya internacionalizados al conjunto del planeta. La primera potencia se esfuma dentro del nuevo sistema y a pesar de la supremacía del Pentágono o la incidencia del dólar, diluye todas sus connotaciones específicamente norteamericanas. Este proceso simultáneo de perdurabilidad y desaparición de Estados Unidos, diferencia al imperio contemporáneo del viejo imperialismo que lideraban las potencias europeas. (5)

La influencia norteamericana se expresa también en la universalización de los elementos democráticos que contiene la Constitución de ese país. Los derechos internacionales y el funcionamiento de la Naciones Unidas retoman especialmente esa tradición de humanismo wilsoniano, adversa al colonialismo europeo. (6)

El afianzamiento de estas estructuras se encuentra sin embargo socavado por una agresividad imperial incentivada por el apetito de las empresas transnacionales. La presión ejercida por estas compañías opera como un poder aristocrático, que amenaza las atribuciones de los funcionarios y recorta la influencia del pueblo norteamericano.

Estas adversidades se transmiten a su vez al plano global, socavando la consistencia del imperio y generando procesos de regresión, comparables a la decadencia sufrida por Roma. La trayectoria seguida por ese antecedente de la Antigüedad tiende a repetirse y determina el curso declinante del capitalismo globalizado. (7)

Percepciones y afinidades

Esta teoría de la transnacionalización global subraya la presencia de cambios cualitativos que se sintetizan en el concepto de imperio. Esta difundida noción es utilizada por numerosos autores con significados disímiles. Algunas interpretaciones aluden a nuevas modalidades de intervención de las grandes potencias y otras señalan la existencia de acciones económicas e iniciativas geopolíticas de Estados Unidos. Algunas miradas identifican la noción con la existencia de una etapa superior del imperialismo. (8)

Esta popularidad del término imperio obedece a su captación de ciertas tendencias contemporáneas de asociación mundial del capital y gestión concertada de la tríada. El concepto también registra la vigencia de formas de administración para-estatal a escala global, que han surgido junto a la internacionalización del comercio, las finanzas y la producción.

Negri y Hardt perciben acertadamente que la OMC, el FMI y el G 20 intervienen en la administración de la macroeconomía global, estableciendo normas de libre-comercio, regulaciones bancarias y políticas de gasto publico. Estas iniciativas se negocian en los períodos de calma y se coordinan en forma abrupta en las crisis. Son acciones que requieren un grado de consenso, que no existía en la era del imperialismo clásico.

Ambos autores realzan también correctamente el rol mundial que actualmente juega Estados Unidos, en contraposición al viejo papel que tuvieron las potencias europeas. Destacan el mayor de grado de mundialización norteamericana y remarcan la gravitación global de la ideología gestada en ese país.

En varios planos existen numerosas semejanzas entre este enfoque y la visión expuesta por Kautsky. Retomando la previsión del líder socialdemócrata se estima que los capitalistas de distintos países han alcanzado un alto grado de asociación, forjando de hecho oligopolios ultra-imperiales. La principal similitud radica en observar a este proceso como un desenvolvimiento acabado. Lo que a principio del siglo XX se discutía como tendencia eventual del sistema, es visto ahora como una realidad consumada.

El enfoque de Hardt y Negri es muy crítico con el neoliberalismo, pero tiene ciertos puntos de contacto con el globalismo convencional que caracteriza a esa doctrina. El parentesco aparece especialmente en la presentación de la mundialización como un proceso de total disolución de las fronteras nacionales.

Heterogeneidad y jerarquías

Negri y Hardt resaltan la presencia de un nuevo espacio liso en el mercado mundial, que permite realizar transacciones homogéneas entre las distintas empresas. Consideran que la decreciente gravitación de los estados y las fronteras, reduce las interferencias a las actividades de esas compañías.

Pero no existen evidencias de un nivel tan avanzado de globalización. Los partidarios de este enfoque eluden la presentación de indicios que corroboren su diagnóstico. Desconocen que el neoliberalismo no emparejó el sistema mundial, sino que incrementó todas las desigualdades de la economía. Recreó las distintas polarizaciones que impiden conformar un terreno nivelado de transacción capitalista.

Ciertamente el grado de integración del mercado mundial contemporáneo supera los parámetros del pasado. Pero esta internacionalización no se procesa a través de equiparaciones, sino mediante crecientes fracturas.

Los defensores de la tesis transnacional reconocen esas desarmonías, pero las sitúan exclusivamente en plano social. Estiman que los cortes geográfico-nacionales han perdido relevancia, en un proceso que solo profundiza las inequidades de los ingresos. Consideran que la polarización entre ricos y pobres se universaliza, diluyendo las viejas distinciones entre el centro y la periferia.

Pero es evidente que la distancia existente entre los países africanos y Estados Unidos o entre Centroamérica y Europa Occidental no se ha extinguido. El abismo histórico que separa a estas regiones persiste en todos los terrenos.

Estas fracturas se pierden de vista, cuando se identifica el avance de la mundialización con la movilidad plena del capital. Se supone que esa flexibilidad genera de hecho automáticas inversiones en las regiones más rezagadas, en desmedro de las zonas que alcanzaron su madurez económica.

Pero el libre-comercio, la desregulación financiera y el despliegue de las empresas transnacionales no consuman la redistribución del capital disponible hacia las áreas relegadas. El bloqueo a esa equiparación perdura por la propia imposibilidad que enfrenta el capitalismo, para concretar una adaptación automática a los requerimientos óptimos de la acumulación.

El capital no puede emigrar irrestrictamente de un país a otro, sin afrontar elevados costos de traslado de las plantas y consiguiente pérdida en las inversiones de larga maduración. Esa relocalización tampoco encuentra espontáneamente los insumos específicos, los recursos naturales y la fuerza de trabajo requerida por las distintas empresas.

Estas limitaciones son mucho más explícitas en el terreno laboral. La mundialización no redujo las barreras a la inmigración masiva hacia los países centrales. Los gobiernos de Europa y Estados Unidos erigen muros para frenar el ingreso de extranjeros e invierten fortunas en la persecución de los trabajadores ilegales.

El capital solo promueve cierta movilidad internacional controlada y acotada de la fuerza de trabajo, para debilitar a los sindicatos y abaratar los salarios. Pero obstruye las corrientes masivas de inmigración que desestabilizan el orden capitalista.

Los teóricos del globalismo desconocen esta variedad de impedimentos, que obstruyen la constitución de un espacio homogéneo a nivel mundial. Aunque despliegan un razonamiento contestatario, están muy influidos por las concepciones neoclásicas que identifican el desarrollo de capitalismo con la creciente “movilidad de los factores”. Esta mirada supone que el mercado tiende a erradicar los obstáculos que impiden la asignación óptima de los recursos, en función de las señales de rentabilidad. Ese imaginario mercantil está presente en la descripción de la globalización como un proceso sin trabas fronterizas.

El mismo razonamiento está emparentado con las concepciones pos-industrialistas, que postulan la superación de la vieja estructura manufacturera por una nueva economía basada en el conocimiento, los servicios y las redes informáticas. Suponen que el capitalismo global opera con desplazamientos automáticos en función de la rentabilidad que calculan las computadoras. Estiman que Internet elimina los escollos de inmovilidad e inflexibilidad que caracterizaban al industrialismo. (9)

Este enfoque globalista confunde la aceleración informática de la reproducción del capital, con la constitución de un universo homogéneo. Olvida que esa transformación tecnológica aceleró la producción y la circulación de las mercancías, profundizando a mismo tiempo los desequilibrios del sistema y creando nuevas polarizaciones nacionales y regionales.

Las empresas transnacionales continúan compitiendo y lucrando con las diferencias de salarios y productividades, que la propia acumulación renueva a escala global. La mundialización del capital y la transformación informacional recrean esas fracturas, para incrementar las ganancias extraordinarias. Por esta razón las compañías concentran sus actividades calificadas en los centros y trasladan la fabricación en masa a la periferia. Al desconocer esta segmentación, la tesis globalista pierde contacto con la realidad.

Sus teóricos confunden la efectiva asociación entre capitales de distinto origen, con la inexistente fusión de esos fondos. Olvidan que el capital nunca ha existido como entidad unitaria. Es cierto que se acrecientan las alianzas transatlánticas y transpacíficas que socavan la vieja cohesión nacional del capitalismo. Pero la nueva configuración no abre un escenario de entrelazamientos de cualquier tipo. Tiende a forjar acuerdos en torno a ciertos lazos preexistentes de proximidad histórica, conexión regional o confluencia estratégica.

La mundialización tampoco desemboca en el descentramiento geográfico. Las principales empresas del planeta continúan localizadas en ciertas zonas, sintonizan con la gestión imperial de la tríada y buscan la protección político-militar del Pentágono. Por esta razón las principales decisiones preservan un alto grado de centralización, a la hora de definir mayores agresiones imperialistas (Medio Oriente) o nuevas intervenciones económicas (rescates bancarios).

La mirada transnacionalista exagera los cambios generados por la mundialización. Convierte tendencias potenciales en realidades consumadas y razona con abstracciones desligadas del curso real del capitalismo contemporáneo.

Transnacionalización de clases

Los teóricos globalistas consideran que las clases capitalistas han quedado reconfiguradas como bloques transnacionales, por el avance registrado en la conformación de empresas y bancos multinacionales. Consideran que esos sectores actúan a través del FMI y la OMC y rivalizan entre sí, mediante alianzas transversales, cosmopolitas y divorciadas de los estados. (10)

Esta mirada detecta la existencia de un salto real de la internacionalización de los negocios que modifica las estructuras multinacionales. Destaca acertadamente que este desenvolvimiento no es capturado por los viejos parámetros de medición del ingreso o el producto nacional. También puntualiza que la inversión extranjera y el peso de los organismos mundiales son importantes barómetros de ese cambio.

Pero este proceso sólo potencia la integración y no la transnacionalización de las clases dominantes. El primer concepto destaca que se multiplican cursos de asociación a partir de los estados existentes, sin generar las fusiones completas de empresarios de distinto origen nacional, que supone la segunda noción. El entrelazamiento internacional de los grupos dominantes es un proceso complejo, que no se consuma en forma espontánea, ni está guiado por decisiones auto-reguladas de sus artífices. Sin la acción determinante de los viejos estados nacionales, no hay forma de concertar esos acuerdos.

Sólo una elite de altos funcionarios de los distintos países cuenta con la experiencia, la capacidad y la fuerza político-militar suficiente, para acordar reglas de juego más internacionalizadas. Por esta razón la integración multinacional no es una obra descentrada de capitalistas dispersos. Constituye un proceso viabilizado por presidentes, ministros, diplomáticos y generales.

Algunos teóricos transnacionalistas reconocen este papel institucional, pero localizan exclusivamente su vigencia en los organismos mundializados. Consideran que en esas instituciones actúan las burocracias especializadas que timonean la globalización.

Pero dentro de esos organismos también rigen principios de jerarquía nacional. Los representantes de las grandes potencias reinan sobre una masa de delegados con escaso poder. Un funcionario de Gabón o Samoa no tiene el mismo peso que sus colegas de Japón o Francia y padece en carne propia las desigualdades de la mundialización. Los agentes más influyentes actúan en esos ámbitos como representantes de estados nacionales, que coordinan estrategias regionales o globales.

Existen fracciones del capital muy internacionalizadas que negocian sus intereses dentro de la OMC o el FMI. Pero su principal ámbito de influencia continúa situado en los estados de origen. Allí operan los grupos de presión, que hacen valer los intereses de esos grupos.

Una compañía automotriz estadounidense o un banco inglés imponen primero sus peticiones en los organismos de su propio país. En ese terreno consuman las fusiones y definen las acciones competitivas, que luego proyectan al escenario internacional. Este complejo sendero es ignorado por la simplificación transnacionalista, Ignora que los negocios globales se llevan a cabo a partir de basamentos estatal-nacionales.

Estos cimientos obedecen al insustituible rol mediador que cumplen los viejos estados. La gravitación de esas estructuras salta a la vista, por ejemplo, en el funcionamiento del complejo industrial-militar norteamericano. Aunque este sector globalice su provisión de insumos, depende de un mercado cautivo solventado con impuestos y orientado por las prioridades de un estado.

Los teóricos globalistas suelen afirmar que la preeminencia de accionistas de estadounidenses, japoneses o británicos, ya no incide sobre el desenvolvimiento de las compañías globales. Pero esta indiferencia sólo existe en puntuales actividades financieras. La pertenencia a dueños de distintos países continúa influyendo decisivamente sobre el curso de la firma.

Algunos autores transnacionalistas suponen que estas nacionalidades carecen de importancia en la era “cosmocracia global”. Pero la creciente internacionalización de la gestión no tiene el mismo peso, que la limitada globalización de la propiedad. Esta última restricción sigue pesando y desmiente la existencia de clases capitalistas dominantes plenamente transnacionalizadas. El globalismo presenta como una realidad consumada, lo que apenas despunta como una tendencia de final desconocido. Es cierto que la burguesía norteamericana se asocia con sus homólogos de Japón o Europa, pero concreta esta integración a través de gobiernos y estados diferenciados, que negocian aranceles, impuestos y políticas monetarias, en función de intereses divergentes.

El globalismo olvida que las burguesías son configuraciones históricas, que no puede diluirse al cabo de pocas décadas de internacionalización económica. Por esta razón el creciente entrelazamiento coexiste con la persistencia de brechas históricas. El status radicalmente divergente que separa a la burguesía venezolana de su par estadounidense perdura con la misma intensidad, que divide los homólogos de Ecuador y Francia.

Las clases dominantes que han manejado el mundo no se disuelven súbitamente en conglomerados conjuntos con sus pares de la periferia. Existe una mayor presencia global de los grupos capitalistas de países subdesarrollados, pero esta injerencia no los convierte en partícipes de la dominación mundial. La internacionalización se procesa en un marco jerarquizado.

Ni siquiera la ideología de los segmentos más internacionalizados de las clases dominantes proviene de valores totalmente multinacionales. Absorbe los postulados pro-capitalistas que ha universalizado el americanismo, confirmando también una nítida raíz nacional. Al desconocer el continuado protagonismo de los estados, el transnacionalismo no capta el carácter conflictivo de la mundialización en curso.

¿Estado transnacional?

Los teóricos globalistas consideran que un estado transnacional ya se ha forjado en torno a la ONU, el FMI, la OMC u otros organismos supranacionales. Estiman que este orden jurídico reemplaza las viejas soberanías y crea nuevas funciones ejecutivas y legislativas globalizadas. (10)

Pero las incipientes estructuras mundiales se encuentran a años luz de cumplir funciones estatales básicas. No ejercen el monopolio fiscal o militar y carecen de legitimidad política para sostener decisiones estratégicas. Las normas que comienzan a debatirse a escala global, necesitan algún tipo de convalidación política nacional.

También ha quedado acotada la transferencia de soberanía. Los foros mundiales operan como ámbitos de negociación entre potencias, que adoptan sus definiciones en el terreno nacional. El salto registrado en la internacionalización se procesa a través de los estados existentes. Lejos de auto-disolverse, estas instituciones determinan el alcance y los límites de las acciones paraestatales, que se desenvuelven a nivel mundial. Lo que ha imperado en las últimas décadas no es una autoridad global, sino formas de gestión imperial colectivas que están sujetas a los mandatos de las grandes potencias.

El funcionamiento jerarquizado de los propios organismos supranacionales ilustra estas limitaciones. Los principios de igualdad formal que imperan en los estados nacionales modernos, no se extienden a los entes globalizados. Esta carencia obedece en última instancia a la inexistencia de una burguesía mundial.

En las Naciones Unidas gobierna un Consejo de Seguridad de cinco países con derecho a veto y en la OMC prevalecen los grupos de presión. Por su parte, el FMI no impone a Estados Unidos los planes de ajuste que aplica en Bolivia y en los cónclaves presidenciales, la selección es más explícita. Se reúne el G8 o el G 20 y no un G 192 de todas las naciones existentes.

El transnacionalismo ignora esas restricciones básicas del contexto contemporáneo e imagina una defunción del estado nacional, muy semejante al enfoque neoliberal. Esta visión propagan los mitos de un auto-gobierno mercantil-capitalista, independizado del sostenimiento estatal.

El carácter fantasioso de estas miradas salió a flote durante las crisis financieras recientes, que incluyeron fuertes socorros estatales a los bancos. Esta reaparición explícita del estado nacional moderó las divagaciones neoliberales. Pero también en el funcionamiento económico corriente se verifica un alto grado de conexión de las empresas con los viejos cimientos estatal-territoriales. Este vínculo define la forma en que se localizan las actividades de las firmas, preservando la gestión del diseño o comando financiero en las casas matrices.

Otro ejemplo contundente de esta gravitación estatal-nacional se observó en el auxilio a General Motors durante el 2010. La empresa emblema del capitalismo norteamericano tiene filiales en todo el mundo, pero a la hora del quebranto, el socorro corrió por cuenta del Congreso estadounidense. Esta institución administra también la reorganización de la firma.

Podría argumentarse que la financiación de este rescate se sostuvo con los préstamos internacionales que toma el estado norteamericano. Pero justamente allí se verifica la mediación central de una entidad de origen nacional, que emite bonos del tesoro garantizando su respaldo y circulación. La persistencia de estos vínculos no niega el cambio introducido por la mundialización. Simplemente recuerda que las compañías no han perdido contacto con sus viejas jurisdicciones.

Lo novedoso de la época actual es el techo que ha impuesto la asociación internacional de capitales a las rivalidades tradicionales. Pero esta limitación no diluye los choques competitivos. Las tensiones europeo-norteamericanas por la primacía de Boeing o Airbus en el negocio aeronáutico, las divergencias en torno a los subsidios agrícolas o las disputas sobre aranceles al acero son los ejemplos más visibles de estas pugnas.

La visión globalista confunde el carácter acotado de estos conflictos con la desaparición de sus protagonistas. Olvida que las tensiones entre estados y bloques no han quedado reemplazados por confrontaciones directas entre empresas (tipo Toyota-General Motors versus Chrysler-Mercedes Benz). La mundialización no sustituye los viejos conflictos por pugnas verticales entre nuevos entramados de socios cosmopolitas.

La perdurabilidad de los estados nacionales obedece, en última instancia, a la inexistencia del capital como entidad unitaria multinacional. El modo de producción vigente funciona a través de fracciones y alianzas, que se desenvuelven a través de batallas competitivas auxiliadas por los estados.

También en este plano los globalistas exageran la gravitación de tendencias aún embrionarias. Suponen que el capitalismo ha consumado un acortamiento tan radical de su ritmo histórico, que le permite alumbrar estados mundiales en forma vertiginosa. No perciben el carácter mayúsculo de esa eventual transformación.

Sus teóricos afirman que el estado nacional no es inmanente al capitalismo y constituye una entidad sustituible. Afirman que ese reemplazo se ha tornado necesario, para orientar los procesos macro-económicos que impone la mundialización. Consideran que el estado transnacional ya cobró forma y sólo es invisible para quiénes razonan con criterios “estado-nacional céntricos”. (12)

Este planteo recuerda que las estructuras del capitalismo se modifican en función de la acumulación. Pero supone que esa dinámica es automática y sigue pautas funcionalistas de estricta adaptabilidad del estado a los imperativos del sistema. Por eso omite las desincronizaciones existentes, entre la mundialización de los negocios, las clases y los estados. Estas dos últimas estructuras no acompañan la velocidad de la inversión y están desfasadas de la dinámica inmediata del beneficio. Estas asimetrías obedecen al carácter distintivo del capital y del estado. Son entidades cualitativamente diferentes, que no pueden homologarse.

El capitalismo depende de una estructura legal sostenida en la coerción y provista por los estados. Estas instituciones se desenvolvieron en cierto entorno territorial y en una variedad de estructuras que aseguran la reproducción global.

Los globalistas olvidan este origen y suponen que la mundialización del capital puede alumbrar en forma mecánica, procesos de internacionalización equivalentes en todos los terrenos. No percibe que ese empalme es ilusorio. El capitalismo tiende a la globalización, pero un estado mundial es por el momento inconcebible. La magnitud de los desequilibrios que debería afrontar para alcanzar ese status lo tornan impensable.

Es cierto que el estado no es inmanente al capitalismo, pero su modalidad nacional (y la nítida separación entre esferas económicas y políticas) son propias de este régimen social. No hay que olvidar que el estado-nación emergió en cierto radio territorial durante el ocaso del feudalismo. Como es una institución que no deriva de la naturaleza del capital, podría sufrir diversas mutaciones bajo el modo de producción vigente. Pero esa eventualidad es muy especulativa. Lo que ha permitido la existencia del capitalismo es una variedad de estados nacionales, que continúan operando como pilar de una nueva acumulación a escala global.

Carencia de mediaciones

La teoría de la globalización consumada supone que ya opera una fuerza coercitiva mundial al servicio de clases dominantes transnacionalizadas. Considera que ese papel imperial es jugado por la ONU y la OTAN y afirma que la custodia del sistema no es ejercido por ninguna potencia particular. Estima que Estados Unidos actúa al servicio de un poder global, que ha perdido centralidad y que auxilios indistintamente a todos los capitalistas de variado origen. Supone que esa ausencia de favoritismo nacional determina el nuevo status quo global. (13)

Pero ese escenario exigiría la presencia de tropas internacionales en un ejército globalizado bajo mandos compartidos. Esa institución no existe en ninguna parte y es solo congruente con las teorías geopolíticas simplificadas, que suelen reducir todos los conflictos internacionales a choques entre la civilización y el terrorismo, la democracia y las dictaduras o el progreso y el atraso.

Los teóricos del imperio impugnan esas presentaciones y denuncian el encubrimiento de las sangrientas tropelías que sufren los pueblos oprimidos. Pero desenvuelven este cuestionamiento aceptando ciertos diagnósticos globalistas. Suponen que el poder transnacional confronta con las aspiraciones populares, sin ningún entrecruce de fronteras, países o ejércitos nacionales.

La desconexión de esta visión con la realidad salta a la vista. El gran gendarme mundial actúa con banderas norteamericanas, está dirigido por el Pentágono y opera por medio de bases militares estadounidenses. Esta centralidad de Washington es reconocida por los transnacionalistas. Pero consideran que esa intervención se consuma al servicio de todas las clases capitalistas globalizadas.

Esta mirada tiende a concebir al Pentágono como un servidor de la ONU, que envía las boinas verdes a los escenarios bélicos comandados por los cascos blancos. Lo que no se capta es la relación complementaria que existe entre rol mundial y nacional, que desarrolla Estados Unidos.

La primera potencia opera como protectora del orden global, utilizando sus propias fuerzas armadas y sin disolver su ejército en tropas multinacionales. Es un actor central del imperialismo contemporáneo, que mantiene su propia singularidad. Apuntala a los dominadores de todo el planeta, utilizando sus propias instituciones estatales.

Esta dialéctica es imperceptible cuando se omiten las mediaciones requeridas para comprender al capitalismo contemporáneo. Siguiendo el mismo enfoque reductivo que diagnostica la constitución de clases y estados transnacionales se supone la abrupta aparición de ejércitos globales.

La visión globalista confunde la integración de las clases con una súbita fusión y la coordinación de los estados con una automática transnacionalización. Con este tipo de razonamientos la protección militar norteamericana queda identificada con el belicismo cosmopolita. Hay una omisión de los conceptos intermedios, que resultan insoslayables para notar el rol singular de Estados Unidos, dentro de un sistema global de múltiples estados.

El gendarme norteamericano ejercita su hegemonía mediante el uso de la fuerza, combinando acciones imperiales (al servicio de todos los opresores) con incursiones hegemónicas (de reafirmación de su poder específico).

Los globalistas sólo registran las acciones colectivas, sin captar la existencia de incursiones peculiares de cada potencia. Como postulan la vigencia de una “era post-imperialista” deberían interpretar el despliegue de la IV flota estadounidense por las costas de América Latina como una arremetida global, que favorece los intereses del capital francés, japonés o alemán. No pueden constatar algo tan obvio, como es la continuidad del status de patio trasero que el gigante del Norte les asigna a sus vecinos del sur.

Esta ceguera también impide notar que las agresiones imperiales están socavadas por las tensiones internas, que imponen los choques entre intereses globales y hegemónicos. Como suponen que la primera categoría ha digerido a la segunda, interpretan cualquier conflicto entre las potencias metropolitanas, como reyertas internas de un mismo bloque.

De esta forma una desavenencia entre Francia y Estados Unidos frente a la política en Medio Oriente es vista con el mismo catalejo que un choque entre neo-conservadores y liberales norteamericanos. Las tensiones entre Sarkozy y Bush son ubicadas en el mismo plano que las disputas entre republicanos y demócratas. Como los capitalistas han perdido su nacionalidad, sólo compiten en forma transfronteriza.

Las dificultades para explicar con este criterio cualquier crisis geopolítica contemporánea son muy evidentes. La mirada transnacionalista brinda pistas para comprender las transformaciones del imperialismo contemporáneo. Pero su atadura al globalismo convencional le impide desenvolver en forma positiva esas intuiciones.

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Ver también:

Notas:
1) Negri Antonio, Hardt Michael. Imperio, Paidos, Buenos Aires, 2002, (prefacio, cap 1). Negri Toni. “Entrevista”. Ñ-Clarín, 28-8-04. Negri Toni. “Entrevista”, Página 12, 31 de marzo de 2002.
2) Negri Antonio, Hardt Michael, Imperio, Paidos, Buenos Aires, 2002, (prefacio, cap 9). Hardt Michael, “¿El imperio se acerca a su fin”?, Ñ-Clarín, 1-11-2008.
3) Negri Antonio, Hardt Michael. Imperio, Paidos, Buenos Aires, 2002, (prefacio, cap 1)
4) Negri Antonio, Hardt Michael. Imperio, Paidos, Buenos Aires, 2002, (prefacio, cap 13).
5) Negri Tony, “El imperio después del imperialismo”, Le Monde Diplomatique, Buenos Aires, enero 2001.
6) Negri Antonio, Hardt Michael. Imperio, Paidos, Buenos Aires, 2002, (prefacio, cap 1, 3, 8, 9, 10,17). Negri Toni, Hardt Michael. “La multitude contre l´empire”. Contretemps, n 2, septembre 2001.
7) Negri Antonio, Hardt Michael. Imperio, Paidos, Buenos Aires, 2002, (prefacio, cap 17). Negri Toni. “Imperio: el nuevo lugar de nuestras conquistas”. Cuadernos del sur 32, noviembre 2001.
8) Dos ejemplos de este uso desde miradas muy críticas en: Petras James. “Estado imperial, imperialismo e imperio”. Pensar a contracorriente. Volumen II, segunda edición, 2005. Borón Atilio, “La cuestión del imperialismo”. La teoría marxista hoy, CLACSO, Buenos Aires, 2006.
9) Esta visión en: Castells Manuel, La era de la información, Vol 1, La sociedad red, Alianza Editorial, Madrid, 1996.
10) Esta tesis en: Robinson William, Burbach Roger, ¨Towards a global ruling class: globalisation and the transnational capitalist class¨. Science and Society vol 63, n 1, spring 1999. Robinson William. "Globalisation: nine theses on our epoch" , Race and class, n 38, vol 2, October 1996. Robinson William, “The pitfalls of realist analysis of global capitalism”, Historical Materialism vol 15, Issue 3, 2007.
11) Negri Antonio, Hardt Michael. Imperio, Paidos, Buenos Aires, 2002, (prefacio, cap 15,16). Negri Toni, Hardt Michael, “La multitude contre l´empire”, Contretemps, n 2, septembre 2001.
12) Robinson William, “The pitfalls of realist analysis of global capitalism”, Historical Materialism vol 15, Issue 3, 2007.
13) Robinson William, “The pitfalls of realist analysis of global capitalism”, Historical Materialism vol 15, Issue 3, 2007.

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-Sivanandan, A. "Heresies and prophecies", Race and Class, vol 37, n 4, april-june 96, London.
-Sivanandan, A. “Globalism and the left” . Race and Class vol 40, n 2/3 ,october 1998-march 1999.
-Sklair Leslie, The transnational capitalist class, Blackwell, Massachusettsm 2001, (cap 1 y 2)
-Went Robert, “Globalizaton: towards a transnatonal state?”, Science and Society vol 65, n 4, winter 2001-2002.
-Wood Ellen Meiskins. Empire of Capital, Verso 2003.(preface, introduction, cap1).
-Wood Meisksins Ellen, “A reply to critics” Historical Materialism vol 15, Issue 3, 2007.

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El mundo capitalista se tambalea

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

Durante varias décadas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) enarboló las banderas del Consenso de Washington promoviendo privatizaciones, reducción del papel de los gobiernos en la economía de sus países, disciplina fiscal sin déficit, reformas impositivas, liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas, reordenamiento de las prioridades del gasto público, auge de los mercados financieros, liberalización del comercio exterior, desregulación para suscitar la competencia, liberalización de las tasas de interés, promulgación de tasas de cambio competitivas y el reconocimiento de derechos de propiedad. También impuso los famosos programas de ajuste estructural (PAE), convocados a “apretar el cinturón” a los pueblos de los países en quiebra para que sus gobiernos pudieran pagar sus deudas a sus pares desarrollados..

Esto trajo como consecuencia que las crisis cíclicas del capitalismo a nivel planetario se resolvieran a expensas de las economías de los países periféricos, sin que se vieran grandemente afectadas las economías de las metrópolis. Sin embargo, ahora el panorama es otro. A pesar de mantenerse aferrados a sus viejos esquemas, los capitalistas de Europa y Estados Unidos observan -no sin temor- cómo la crisis económica también se ha hecho presente en sus propios países, obligándolos a desenmascararse tal cual son frente a las mayorías, demostrando que sus intereses particulares son más importantes que los del resto del mundo.

Así, el mundo del capitalismo se tambalea. Tal como lo reseña Marco A. Gandásegui, docente de la Universidad de Panamá, “la perdida de hegemonía de EE.UU. se ha agudizado dentro de sus propias fronteras. Los estados federales experimentan un giro político hacia la extrema derecha creando una nueva legislación orientada a expropiar a los trabajadores de sus derechos y beneficios sociales. La excusa que se utilizó en cada uno de estos casos era que las arcas estatales se estaban vaciando y había que eliminar de los presupuestos las conquistas laborales que se remontaban a más de medio siglo. Mientras que el segmento más rico de EEUU tiende a aumentar sus ingresos, producto de las leyes que lo beneficia, las capas medias y los trabajadores pierden sus empleos, sus beneficios sociales y jubilaciones, así como sus viviendas. En los estados del sur de EE.UU, donde no existe una historia de conquistas sociales, la política de “desposesión” de la extrema derecha se dirigió a los trabajadores inmigrantes que ocupaban los empleos menos remunerados, pero que reciben beneficios sociales. La táctica es continuar explotando a los trabajadores extranjeros, pero eliminando sus beneficios sociales”. Igual cosa pudiera adjudicársele a los países europeos, buscando la manera de mantenerse a flote, en especial de aquellos que integran la euro-zona, tratando de fortalecer el euro, antes que la rebelión iniciada por los pueblos de nuestra América y retomada con fuerza por los pueblos de África y Asia, termine por arroparlos, produciendo una verdadera revolución social.

De esta forma, por su extensión mundial, la actual crisis capitalista impone nuevas perspectivas de lucha y de comprensión del momento histórico que vivimos. En palabras de Víctor Álvarez, ex Ministro de Industrias Básicas del Presidente Hugo Chávez, “la visión productivista, economicista o mercantilista del modelo productivo que aún prevalece, es precisamente la que hay que superar para extender la mirada hacia los demás ámbitos, áreas, esferas y dimensiones en los que pueden encontrarse nuevas claves para la masiva inclusión social y el desarrollo humano integral. La posibilidad real de abatir las causas de la pobreza y la miseria y abrir nuevas vías para la participación e inclusión de la gente, pasa por marcar una clara diferencia con esa escueta visión productivista, economicista o mercantilista de lo que significa un modelo productivo”. En esta perspectiva tendrían que insertarse las luchas que se libran masivamente contra los desmanes del sistema capitalista en gran parte del mundo, sin limitarse al ámbito meramente reivindicativo, como la falta de empleo, por ejemplo. Ello exige un ejercicio dialéctico de comprensión de todos los elementos involucrados, incluyendo -por supuesto- el rol cumplido hasta ahora por los diferentes regímenes a favor de los privilegiados de siempre del capitalismo y en perjuicio de quienes sólo cuentan con su fuerza de trabajo para sobrevivir, lo que desembocará, sin duda, en una mayor demanda de espacios de participación política por parte de las grandes mayorías, del mismo modo como ocurriera en Venezuela y en otras naciones de nuestra América en esta última década de importantes rebeliones sociales.

Fuente imagen: UBV

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Psicología de masas del kirchnerismo: Apuntes para un debate

Ester Kandel (especial para ARGENPRESS.info)

“según una frase célebre el arma de la crítica no podrá reemplazar a la crítica de las armas. Si este trabajo está capacitado para recorrer el difícil camino que conduce a la crítica de las armas, habrá alcanzado su objetivo.
Wilheim Reich – septiembre, 1933

El “modelo” y los jubilados y las jubiladas. Sumerge al 80% de sus beneficiarios en la pobreza. La epopeya la empiezan a jugar los jujeños.

La implicación personal con el tema, la intentaré transformar, pasando de la indignación a la comprensión del fenómeno de manipulación implementado desde el gobierno. Las preguntas por qué, cómo y sobre qué bases se puede operar sobre la población guiarán esta reflexión, así como encontrar el sentido, el origen y la función de esta política.

¿Por qué manipulación?

Se enarbola un “modelo” de doble discurso:

Una parte de los recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (1) provenientes de aportes de los trabajadores, de las contribuciones patronales y estatales que deben ser destinados a las deudas previsionales y al cobro de un haber digno, son destinados a otros fines, violando el mandato constitucional (2). Esta realidad es negada permanentemente en el discurso oficial.

“El modelo que construimos esta dando resultado” dijo la Presidenta al anunciar el aumento que corresponde a la ley de movilidad. Sus voceros, agregan que esta “medida tendrá un impacto dinamizador sobre la economía. (3)
¿Cuál es la realidad?

• Después de más de cuarenta años de actividad laboral se recibe el 40% de los haberes y no se puede cubrir las necesidades de alimentación, salud, vivienda, vestimenta y recreación;
• este sistema jubilatorio, sumerge al 80% de sus beneficiarios en la pobreza y el haber mínimo es inferior a salario mínimo, vital y móvil y no cubre la canasta básica total.

Otros rasgos de esta manipulación

• La naturalización la pobreza, instituyendo la dependencia de las prebendas; y ocultando el sufrimiento de miles de niños/as desnutridos y de mujeres que mueren por aborto clandestino;
• el uso del aparato estatal, fragmentando los movimientos, sindicatos y centrales sindicales;
• creación de distintos movimientos específicos para las distintas capas sociales;
• el uso del aparato estatal para enriquecimiento de sus funcionarios, consiguiendo la sumisión de los mismos;
• creación de apoyaturas organizacionales nuevas para accionar, dentro y fuera del aparato estatal, ante la emergencia social;
• el despertar del sentimiento patriótico;
• la utilización de los medios de comunicación afines;

El 2003 –antes y después

El silenciamiento frente al terror de la dictadura, la destrucción del sistema productivo y la desocupación masiva durante la década de 1990 y la debacle del año 2001, fragmentó a la población y exacerbó el individualismo.

La propuesta del año 2003, abrió una cuota de esperanzas y desde ya desconociendo aspectos importantes del pasado político de los que lideraban la convocatoria.

Fue un momento propicio para que la mayoría de la población en situación de desamparo y desprotección adhiriera a los que proclamaban la oposición al neoliberalismo, y deseara urgentemente transformar las ollas populares en una ocupación remunerada. Las políticas sociales se articularon con las necesidades, sobre la base de la exigencia de asistir en calidad de público a actos políticos, so pena de castigo, retirando el beneficio.

Se vivía una situación de emergencia social, caracterizada como aquella modificación súbita y significativa de las condiciones materiales y sociales de existencia de una comunidad, y al impacto que dicha modificación provoca en sus miembros.” (4)

La protección y el amparo ofrecidos, facilitaron la identificación con los funcionarios y líderes de distintas organizaciones que les dieron apoyo eficaz para las circunstancias, creando una relación entre sujetos asistidos y asistentes, que por un lado les dio contención y por otro los fue fijando en esos roles.

Estas políticas, desde el inicio, estuvieron ligadas a una relación de sometimiento, engarzadas con una matriz de aprendizaje, predominantemente verticalista, forjada fundamentalmente en las experiencias escolares.

¿Qué relación existe entre la organización social y la estructura de sus miembros que admiten esta situación?

¿Cómo ha sido posible que la mística de este “modelo” fuera aceptado?

Algunas de las experiencias históricas en la que se manipuló sobre la indigencia y la pobreza, apoyándose en algunos puntos fuertes, (5) puede abrirnos algunas respuestas y otros interrogantes, necesarios para aproximarnos para una comprensión inicial del problema.

Cuando las explicaciones racionales sobre la situación socioeconómica no logran explicar totalmente un fenómeno es necesario profundizar el análisis.

Así lo ha hecho el psicoanalista y comunista alemán Wilhelm Reich (6), un ejemplo expuesto por él, puede ayudarnos a contactarnos con el tema:

Cuando los trabajadores que pasan hambre, dados sus bajos salarios, hacen una huelga, su acción se deriva directamente de su situación económica. Lo mismo ocurre en el caso del hambriento que roba. Para explicar el robo por el hambre o la huelga por la explotación, no se necesita una explicación psicológica suplementaria. En ambos casos la ideología y la acción corresponden a la presión económica; situación económica e ideología se corresponden. La psicología burguesa tiene por costumbre en estos casos el querer explicar mediante la psicología por qué motivos, llamados irracionales, se ha ido a la huelga o se ha robado, lo que conduce siempre a explicaciones reaccionarias.

Para la psicología materialista dialéctica la cuestión es exactamente lo contrario: lo que es necesario explicar no que el hambriento robe o que el explotado se declare en huelga, sino por qué la mayoría de los hambrientos no roban y por qué la mayoría de los explotados no van a la huelga.

Esta lectura de las conductas de las masas llevó al autor de esta anécdota a replanteare la relación entre estructura económica e ideología y la relación de la organización y las estructuras psicológicas de los seres humanos en la época del ascenso del nazismo.

Teniendo en cuenta que las conductas, materiales y simbólicas emergen de complejas relaciones sociales, en el interjuego de necesidades y satisfacciones de las mismas, cabe tener en cuenta esta reflexión, del autor citado: toda organización social produce en las masas de sus miembros las estructuras que le son necesarias para lograr sus objetivos fundamentales. Sin estas estructuras que la psicología de masas debe explorar, no habría sido posible la guerra. (…) Debe existir una importante correlación entre las estructuras económicas de una sociedad y la estructura psicológica de masas de sus miembros; no únicamente en el sentido de que las ideologías dominantes son las ideologías de las clases dominantes, sino lo que es más importante para solucionar las cuestiones políticas prácticas, que las contradicciones de las estructuras económicas de una sociedad deben estar representadas en las estructuras psicológicas de masas de los oprimidos.

Retomando nuestro contexto, agregamos a lo señalado, el ocultamiento de las estadísticas y de los negociados, focalizando en algún enemigo, brindando fútbol, pan, carne, pescado y cerdo para todos. Aunque la vida cotidiana desmiente estas proclamas o se registra el alcance limitado de las mismas, crean también la ilusión sobre la posible llegada. Reforzadas cuando el jefe o la jefe se posicionan como encarnando “el modelo” y creen emanar de “la fuerza de un pueblo”. (7)

La psicología de masas y sus mecanismos

La manipulación de los sentimientos es un mecanismo que suele usarse desde un lugar de poder con una argumentación general, en nuestro caso “el modelo”, cuyo concepto nunca fue desarrollado. Este discurso sirve como apoyo para el presente como para el futuro, pues los planes que subsidian la pobreza actual de una inmensa población excluida, no se realiza como parte de un proyecto cuestionador del modelo de apropiación de la riqueza. Es sobre la base de reconocer la desigualdad que se proponen suplir a los adultos responsables de los niños, como es regalando notbook.

El arma del sometimiento

El aparato estatal, instrumenta su política, en forma explícita a través de la división de poderes, amparándose en el texto constitucional, utilizando ante ciertas situaciones la represión directa o indirecta, en defensa del orden instituido. Durante varios años, primó la no represión de la protesta social, hasta que los intereses de los jerarcas sindicales fueron cuestionados en sus entrañas o las propiedades de los terratenientes corren peligro. En este sentido, el papel del arma del poder ideológico, merece ser estudiado. Así se refiere sobre el tema W.R.:

El dominio de la clase oprimida por los propietarios de los medios de producción no utiliza más que raramente los medios de la violencia brutal; su arma más importante la constituye su poder ideológico sobre los oprimidos, poder que está sostenido fuertemente por el aparato estatal. (…)

Por qué razón los hombres soportan desde hace siglos la explotación, la humillación moral, en pocas palabras la esclavitud.

El papel de las clases medias

Es significativo el papel que juegan actualmente, algunos sectores intelectuales de la pequeña burguesía, otrora guerrilleros (peronistas y marxistas), cuestionadores del sistema capitalista y otros recientemente incorporados, ocupando funciones en el aparato estatal y propuestos para cargos legislativos.

El análisis sobre la situación objetiva de las clases medias y sus conductas, fue desarrollada de este modo por el psicoanalista citado: las clases medias que no disponen de los principales medios de producción ni trabajan sobre ellos, no pueden hacer la historia a largo plazo y por tanto se ven obligadas a balancearse entre la burguesía y el proletariado (…)

Los estratos de las clases medias tienen volumen y peso en una nación, poseen una importancia decisiva en tanto que constituyen una fuerza social que tiene un impacto, limitado en el tiempo pero decisivo.

La posición de las clases medias está determinada por su posición en el modo de producción capitalista; por su lugar en el aparato del Estado capitalista y por su situación familiar particular, que está determinada por el lugar que ocupa en el proceso de producción, pero que proporciona la clave para comprender su ideología.

El análisis se completa señalando la competencia que se despliega en el interior de este sector social por el cual la solidaridad entre sus miembros es muy limitada. “La conciencia social del funcionario no se caracteriza por la conciencia de la comunidad de destino con sus compañeros de trabajo, sino por su posición respecto de la autoridad pública y de la “nación”. Esta posición consiste en una completa identificación con el poder del Estado. (…)

Este mecanismo de identificación puede ser considerado como “una realidad psíquica y constituye uno de los mejores ejemplos de una ideología convertida en fuerza material.”

Este “modelo” se está resquebrajando, las grietas son visibles con los cientos de cortes de calles de los estafados, los precarizados, pero la epopeya la empezaron a jugar los jujeños que no tienen vivienda y cansados de promesas se volcaron a la ocupación de tierras, exigiendo la construcción de las mismas.

¿Qué resultado está dando el modelo? Le cedemos la palabra a Miguel Fiad, responsable jurídico de la Central de Trabajadores de la Argentina jujeña, entrevistado por el Equipo de Comunicación de la CTA Nacional. (8)

mucha gente solo tomó los terrenos para hacerse censar. Es la única manera que encontraron de que los visibilizaran. Una vez que eso pasó, se retiraron. Gran parte de las tomas que persisten, es gente que quiere las tierras donde está, para erigir allí su vivienda". (…)

La falta de viviendas, tiene entre los factores que la ocasionan la persistencia del latifundio. (…)

Tenemos que sincerarnos de una vez, decir que proyecto de país queremos. Yo me pregunto que justicia social es pagarle dos mil pesos mensuales a los obreros para que hagan casas. Y después el obrero que hace? (…)

A la central lo que debe interesarle es la línea de la dignidad". De esa manera ….los trabajadores tendrían solucionado no solo el problema de la casa, sino que se vera restituida su dignidad como ser humano.

¿Usted opina que el asistencialismo no es casual?

Es una de las maneras que tienen de mantener este sistema de explotación. A la gente sin trabajo no le queda otra que ser cliente. Van graduando la ayuda para que no reviente todo. Los dirigentes no debemos ser cómplices de esto. Revisemos las ganancias de las grandes compañías como Ledesma, las mineras, las sojeras. ¿Pierden plata? ¿No les da para pagar un salario digno?". Todos sabemos que no es verdad.

Les das un pedazo de tierra a la gente pero no tiene como levantar la casa. Si tenés suerte y te emplean por dos mil pesos para levantarla, no solo les servís a los grandes grupos económicos para bajar los salarios, sino que además no te da para comer. Todo esto se soluciona a partir del salario, de la Justicia Social, de una distribución equitativa de la riqueza.

La suerte de los jubilados y las jubiladas está ligada al conjunto de la población que lucha por transformar la realidad por un país más justo, tomando en sus manos la reivindicación del 82% móvil para el haber jubilatorio, haciendo crujir este conjunto de mentiras.

Ester Kandel es profesora en Ciencias de la educación, Psicóloga social y Magíster de la UBA en Ciencias Sociales del Trabajo.

Notas:
1) Creado por decreto 897/07 y modificado en el decreto reglamentario de la Ley 26.425.
2) Artículo 14 bis.
3) Página 12, 4 de agosto de 2011.
4) Trabajo presentado en el IV Congreso Argentino de Psicología Social por Ana Quiroga, Alejandra Ei-delver y Delly Beller en Buenos Aires de 1982.
5) Wilheim, Reich, cuando analizó el surgimiento del fascismo en Alemania, señaló la convicción de éste para apoyarse en “su misión divina” para enfrentar el capital y liberar a la humanidad.
6) Reich, Wilhelm, Psicología de masas del fascismo, Editorial Eco.
7) Propaganda electoral.
8) Agencia acta – 8 de agosto de 2011.

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Kirchnernópolis (Parte II - Final)

Alfredo Grande (APE)

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“Las internas abiertas, como las venas abiertas, desangran la lucha de la izquierda clasista y combativa. Por eso apenas son externas cerradas”
(aforismo implicado)

“Zanola apeló a la CIDH. El sindicalista bancario Juan José Zanola, que está preso desde hace veinte meses en la causa de la mafia de los medicamentos, irá a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para reclamar que lo liberen porque es “un perseguido político”. “Hemos recurrido a la CIDH por la persecución política a la que está siendo sometido Zanola, la vulneración de sus derechos humanos y las irregularidades de todo tipo que ha cometido el juez de la causa, Norberto Oyarbide”, aseguró su abogado, José Emilio Rodríguez Menéndez, quien aseguró que también reclamaron por la mujer de Zanola, Paula Aballay, y la ex directora del Policlínico Bancario Susana Fiona. Además de Zanola, está detenido y procesado el dueño de la droguería San Javier, Néstor Lorenzo, quien proveía los remedios a la obra social. Están procesados otros cinco funcionarios de la obra social bancaria.”

La cultura represora no es solamente -aunque como hemos visto en Chile, Jujuy, Londres sigue vigente- la cultura de la represión. O sea: reprimir es desalojar, habitualmente en forma violenta. Pero la denominada autocensura, es un ejercicio silencioso de la represión, donde desalojamos de la conciencia todo aquello que no sea políticamente correcto. Aunque lo correcto sea un concepto incorrecto, una paradoja más gracias a las cuales el modelo vive, al desmentir a su fundante represor. Porque de esto se trata, más allá del barniz convencional donde todos dicen te quiero. Salud, educación, vivienda, tierra, agua, aire, trabajo, comunicaciones, transporte… constituyen el límite desde el cual todo se abre, nada se cierra. Esa es la batalla que hay que dar. Solamente todo eso admite el remanido “para todos” . Por ejemplo: AYSA nos agota con ahorrar cada gota, informando lo que gastamos cada vez que botamos nuestras vergüenzas en el inodoro. Y el horror de quedarse sentado en un bidé más por placer que por higiene. Pero nada dice ni dirá de los megalitros que van para las mineras a cielo abierto y a ganancia cerrada. Por lo tanto la represión más barata no es tapar la verdad, sino tapar la mentira. La verdad puede ser dicha, total, se ha creado algo parecido a un neo escepticismo trasnacional y popular. Algunos descubren con horror adolescente las campañas mediáticas de la derecha vernácula y del fascismo de consorcio. Pero desde que tengo memoria y antes de que me abandone (digo la memoria) todo ha sido campaña mediática. “Asesinaron a Kennedy, murió el Che Guevara” fue un clásico para demostrar dime quién titula y te diré quién eres. Pero si bien las campañas mediáticas están en todo, incluso en las internas abiertas de la república Argentina, no todo es campaña mediática. Como los delirios, las campañas tienen su núcleo de verdad. Lo que no significa, antes que me acusen de no ser políticamente correcto, que sean toda la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. Incluso son lo opuesto: nada de verdad, mucho más que la verdad y todo más que la verdad. Pero el tema a pensar en toda política emancipatoria es cómo situar la batalla en el núcleo, no en los orbitales que fabrican desde TN hasta 6.7.8. Nuevamente no he sido políticamente correcto, incluso me deslizo hacia la teoría de los dos demonios, ya tiene un apasionado lector de la Agencia otro motivo para adjudicarme otro accidente cerebro vascular. Espero que no sea el anuncio de otros accidentes que no parezcan accidentes. Decía que trato de no caer en la seducción mediática de los orbitales y pienso, aunque no sé si existo, solamente en el núcleo. Y entonces creo que progresismo más, nacionalismo menos, en esta Argentina de la democracia institucional y republicana, el núcleo construido por radicales, peronistas en sus diferentes tensiones, es la erradicación sin decretos, pero aumentando las necesidades y potenciando las urgencias, de la lucha de clases. O sea: no hay lucha porque se felicita a los enemigos, aunque ya me aclararon que no hay enemigos porque pensar eso es producto del odio que me consume. Y no hay clases porque todo es para todos. Sin clases que luchan apenas puede haber castas que pactan, incluso que pactan actos eleccionarios. Entonces las respuestas corporativas a las campañas mediáticas, por ejemplo con el tema de los sueños compartidos de Sergio Shoklender o los prostíbulos en las propiedades de Eugenio Zaffaroni, no se discute “la cosa en sí”. Se discute al servicio de qué conspiración mediática se denuncia. Creo que Hebe de Bonafini está tan lejos de querer estafar con viviendas, Eugenio Zaffaroni de favorecer la trata, como yo puedo estarlo de Manu Ginóbili. Siguen siendo para mí dos luchadores y garantes de la lucha contra los despotismos. Dicho lo cual, nada cambia demasiado porque el núcleo de la denuncia debe ser investigado. Justamente, la defensa de Bonafini y Zaffaroni exige esa investigación, única manera de que la campaña mediática sea desprestigiada en su propio núcleo. O sea: cocinar al calamar en su tinta. Entonces Hebe aceptará que no son pelotudeces, (discurso en Plaza de Mayo) y Eugenio reconocerá que el tema no es que gracias al escándalo no tendrá que pagar por el desalojo” (reportaje con Víctor Hugo Morales). El núcleo de la campaña mediática sobre los sueños compartidos es discutir por qué el Estado no se ocupa de los problemas de vivienda y decide una tercerización, más allá y más acá de a quién terceriza. Y porque con todos los protocolos y acuerdos firmados, la trata no puede ser destruida. Ese es el núcleo que tenemos que discutir, y gracias a las paradojas de la cultura represora, la campaña mediática nos da la oportunidad de hacerlo. Entonces, sólo entonces, serlo, parecerlo y sostenerlo, serán una cosa y la misma cosa. Justamente porque esta democracia no garantiza la destrucción de los enemigos de la democracia. Quizá sea incluso al revés. Las internas abiertas, como las venas, se abren a las grandes corporaciones partidarias. Los partidos que sostuvieron la lucha anticapitalista y anti imperialista en los tiempos de plomo de las dictaduras militares y de las democracias reaccionarias, necesitan de campañas por Twitter para llegar al piso de los 400.000 votos. Si no fuera hasta gracioso, y desde ya lo incluyo en mi próximo unipersonal, sería lamentable. Y más lamentable si, como todo parece indicarlo, funciona. Porque entonces alcanzar, arañar, implorar, suplicar por el 1,5% para tener el derecho de presentarse como opción genuina a la partidocracia burguesa, será una forma de legitimar esta ley proscriptiva que no sólo lleva agua para el propio molino, sino que pretende y seguramente conseguirá que sean pocos, muy pocos los molinos que queden. Y que ni siquiera serán molinos de pensamiento, ni de viento, sino los de cemento, o sea, los molinos corporativos. La denostada partidocracia resucita de sus brasas, ya que nunca fue cenizas, situación que comienza cuando la transversalidad K se rinde al Partido Justicialista. Zanola pide el amparo de la CIDH, porque para él envenenar con medicamentos lo convierte en preso político. Esto solo sería posible si la política de la Bancaria es envenenar pacientes. Los responsables de la masacre del puente Avellaneda siguen siendo candidatos, los de la masacre de Cromagnon también, los de la masacre de las empresas públicas se han convertido a los tiempos actuales y por lo tanto no les tronará ningún escarmiento. Tres vicepresidentes que vienen, están y van para las derechas es demasiado precio para sostener el modelo. Pero claro: permiten prescindir de las campañas por Twitter para superar el 1,5. La sangre derramada ha sido negociada y encuestada. Pero no solamente todo no está perdido, sino que algo ha sido encontrado. Aquellos que puedan prescindir de los orbitales de la fama, el dinero, el poder, tendrán el tesoro puro de buscar en la autogestión colectiva, el verdadero núcleo de la vida. Y serán sabios, porque sólo saben los que luchan. Y en ese núcleo encontraremos verdades, alegrías, tristezas, muchos recuerdos, algunas esperanzas, algunos proyectos, y algo que nadie ni nada podrá quitarnos: nuestros deseos. La cultura represora nos da internas abiertas, pero nosotros abrimos nuestras vidas a las vidas con los otros. Seremos inmortales, y no habrá campaña mediática que nos calle. Por eso Salvador Allende sigue caminando en las calles de Santiago. Por eso.

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Argentina, Neuquén: Radiografía de una alianza estratégica en tiempos de euforia. Empresas privadas, gobierno y sindicato

OPSUR

Entrevistada la investigadora Adriana Giuliani (UNCo) detalló el contexto económico de la provincia que nuevamente es presentada como potencia energética de la mano de los hidrocarburos no convencionales. El juego de los diversos actores públicos y privados, las empresas operadoras como principales beneficiarias, el rol del sindicato petrolero, la desigualdad de ingresos y los escenarios que se generarían de concretarse los recientes anuncios fueron tomados como insumos para analizar la dependencia neuquina de las industrias extractivas. La economista señala como elementos centrales de su diagnóstico la desarticulación a nivel nacional de la política hidrocarburífera y la escasa voluntad por parte del gobierno local para promover otros sectores productivos.

-En la charla que tuvimos en noviembre de 2009 destacamos la preponderancia que tiene el sector extractivo en el Producto Bruto Geográfico (PBG) de la provincia, y cómo el manejo que se viene haciendo de esos recursos llevó a la economía neuquina, según tus propias palabras, “a una situación de suma precariedad”. A un año y medio de aquella entrevista, ¿caracterizarías el momento actual de la misma forma?

Sí, francamente, la situación no se ha modificado en nada. El sector extractivo sigue teniendo la misma participación, prácticamente un 50% del PBG, es decir que de la totalidad de las actividades económicas de la provincia, el sector extractivo representa la mitad. Lo cual es mucho, teniendo en cuenta además que los otros sectores de la economía tienen una muy baja participación. Esto hace que las perspectivas a futuro sean complicadas, porque lo que uno espera en una economía tan dependiente del sector de hidrocarburos es la diversificación, es decir, la posibilidad de ir desarrollando otras actividades, que con el tiempo vayan ocupando un lugar un poco más importante para ir complementando en lo posible esta relación. Pero al ser estos sectores tan débiles, un programa concreto de diversificación se vuelve difuso. Por ejemplo, el sector primario, que incluye al extractivo, es del 48-49% en la provincia, aportando la agricultura y la ganadería apenas un 1%. Pensar en una diversificación en torno a la agroindustria, que sería la primera etapa dentro de una posible diversificación, se hace difícil teniendo un sector primario tan débil.

La situación a nivel de PBG prácticamente es la misma que la que consideráramos hace un año y medio atrás. Luego, ¿qué es lo que esto trae aparejado? Como el sector extractivo aporta regalías al sector público -dejando de lado el porcentaje, que a nuestro criterio o comparado con otros países, es bajo-, el presupuesto de Neuquén sigue siendo un presupuesto alto. La situación que se genera inmediatamente es la de un sector público muy fuerte, algo que también destacábamos en la entrevista anterior, que se traduce en una gran demanda de mano de obra por parte del Estado.

O sea, para caracterizar a la economía neuquina en su estructura: tenemos un sector extractivo muy fuerte, que demanda escasa mano de obra –el sector hidrocarburífero demanda más capital que trabajo-, y otros sectores de la economía que no tienen la suficiente capacidad para absorber la mano de obra que se ofrece por parte de la sociedad, por lo que es el Estado neuquino el que sale a cubrir esa demanda. En consecuencia, tenemos un sector público muy grande, sobredimensionado, que también requiere de constantes ingresos para ser sostenido.

Esa es la radiografía, después uno puede profundizar. Es algo común en otras economías extractivas que el Estado tenga que salir a cubrir la demanda social de trabajo con ingresos públicos, a partir de un aparato burocrático muy grande, con planes sociales y de empleo, que no necesariamente satisfacen los servicios o los derechos sociales básicos.

-También veíamos que simultáneamente se producía un salto de los gastos corrientes por el incremento de la planta de personal del Estado, una desaceleración de los ingresos por regalías, y un incremento exponencial de la deuda pública. ¿Qué evolución siguieron estos indicadores?

Continúan de la misma manera. La extracción de hidrocarburos viene cayendo en la cuenca neuquina, al igual que en todo el país: desde el año 1998 a esta parte no ha habido una reactivación. A partir de 2008, con el argumento de la caída de los precios internacionales [de los hidrocarburos] en el contexto de la crisis económica global, y a pesar de que actualmente el sistema [de retenciones] separa los precios internacionales de los internos, la actividad en la provincia se retrajo, y consecuentemente, si bien las regalías no disminuyeron, tuvieron una desaceleración, al tiempo que los gastos corrientes continuaron creciendo, producto de las recomposiciones salariales y las nuevas incorporaciones. A fines de 2007 hubo cambio de gobierno, asumió otra línea dentro del Movimiento Popular Neuquino. Con los cambios de gestión siempre se producen nuevas incorporaciones, pero muchos funcionarios anteriores quedan, por lo que se van formando “capas”. Por eso hablábamos en ese momento de vulnerabilidad, de una precariedad que sigue existiendo, porque esos gastos corrientes hay que sostenerlos, son inflexibles a la baja, salvo que se decida despedir al personal.

¿Cómo se fue compensando esta situación hasta ahora? Con ingresos nacionales, por distintos programas, y con renegociaciones y prórrogas de las concesiones entre 2008-2009 que produjeron ingresos, que por ley deben destinarse a la reconversión productiva y no a otro fin, pero que al poco tiempo se utilizaron para hacer frente a diversos compromisos -salariales, aguinaldos, un vencimiento de bonos que había emitido el gobierno de [Jorge] Sobisch-, con la promesa de que serían devueltos, pero que en definitiva se utilizaron para partidas corrientes.

-Luego del “descubrimiento” de yacimientos no convencionales de petróleo y gas, se produjeron anuncios en los que parece revivir el “Neuquén potencia energética”. Al margen de las consideraciones que puedan hacerse respecto de si son “descubrimientos” o no, tal como está configurada estructuralmente la provincia, ¿qué impactos te parece que pueden preverse de prosperar este tipo de explotación?

Durante los primeros meses del año hubo una gran cantidad de anuncios a nivel mediático, incluso en los medios nacionales, pero sobre los que no hemos podido acceder a ninguna información concreta. Hasta ahora [estos hidrocarburos no convencionales] son considerados “recursos”. Que puedan ser clasificados como “reservas”, o sea, que sean técnica y económicamente explotables, es un paso. Y luego falta que se concrete la extracción, porque está el tema de los precios, si las empresas de acuerdo a su lógica de maximización de beneficios la consideran rentable o no.

De concretarse todos esos pasos, ¿cuál sería la perspectiva?: una profundización del modelo actual. Neuquén viene llevando adelante este modelo desde hace muchos años. Si bien el petróleo se descubrió en 1918 en Plaza Huincul, la actividad comenzó a ser fuerte en la década de 1970, concretamente después del descubrimiento de Loma de La Lata, y en los últimos años, después de la privatización de YPF, que es cuando más se consolida este modelo. De poder sortearse los problemas actuales de caída en la producción y el amesetamiento de las regalías, y si el modelo volviese a funcionar como lo venía haciendo hasta hace algunos años atrás, lo que uno puede prever es que se continúe de la misma forma, es decir, que este modelo no tenga problemas de financiación.

No veo un programa concreto de diversificación. Muchas veces planteamos esto, y enseguida los funcionarios salen a contestarnos, a decir que estamos en una provincia rica en hidrocarburos, “¿qué vamos a hacer? ¿Dejar los hidrocarburos ahí abajo?”. No se trata de eso, por supuesto que la dotación de recursos naturales en un territorio debe ser aprovechada, pero hay que ver cuáles son las condiciones, cuál es la modalidad de explotación de ese recurso. No estamos diciendo que no se explote, por eso a veces comparamos la situación actual con la época en la que la explotación de hidrocarburos era estatal. Es decir, los objetivos son distintos, la lógica de explotación es diferente. Una empresa estatal, -no estamos hablando de reeditar YPF como era antes- cuyos objetivos son estratégicos, tiene un fin, mientras que la actual lógica a partir de empresas privadas, fundamentalmente multinacionales, tiene un objetivo claro que es maximizar beneficios. Y nadie les está diciendo a las empresas que no lo hagan, no podemos ir contra el sistema en este punto: si la política a nivel nacional y a nivel provincial es concesionar y dar la libre disponibilidad a las empresas, éstas van actuar con su lógica. El problema es cuál es la lógica que se plantea desde la política energética, tanto en el país como en la provincia.

-Hablando de las empresas, hace unos años se decía que la provincia tenía una “alianza estratégica con Repsol-YPF”, ¿te parece que el marco de alianzas del MPN puede alterarse con el desembarco de empresas como Exxon-Mobil, que llegaron a la provincia para explotar estos yacimientos?

Repsol-YPF sigue siendo la más importante, la que tiene las concesiones de yacimientos de mayor envergadura, pero a partir de la última ronda de negociaciones, son varias las grandes operadoras, cada una tiene concesionadas sus áreas hidrocarburíferas, y hoy el gobierno también habla de “alianzas estratégicas”. O sea, se plantea a la sociedad que el gobierno neuquino está desarrollando esta actividad en conjunto con las empresas.

Creo que también lo hablábamos en aquella oportunidad, pero se ha visto con más claridad en estos últimos tiempos, que de aquella alianza estratégica también participa el sindicato [de petroleros] privados. O sea, cada vez que las empresas reclaman algo, como cuando reclamaban en la época de renegociación de las prórrogas -que hubo alguna discusión acerca de la pertinencia de renovar-, el sindicato salió a hablar de la necesidad [de hacerlo], de que si no se prorrogaba no iban a haber inversiones, o cuando se piden mayores precios el sindicato también sale a apoyar. Hay una alianza estratégica entre las empresas, el gobierno provincial -hablemos del caso local-, y el sindicato. En cada reclamo están presentes estos tres actores, esto es lo que se puede ver con claridad.

A nivel nacional lo que veo es que, para mi gusto, tendría que haber una política que –al menos- busque articular, porque luego de la provincialización, el hecho de que cada provincia administre individualmente sus recursos, concesione, prorrogue y negocie las condiciones de forma particular, para mí marca una debilidad de la política energética. Ya que la Ley Corta está sancionada, que por lo menos exista una articulación entre las distintas provincias productoras, porque sino cada gobierno -si es que realmente pretende negociar-, tiene poco margen, porque los acuerdos previos van marcando un camino. Cuando se prorrogó Cerro Dragón se establecieron ciertas cláusulas que eran muy difíciles de mejorar en la próxima ronda, que fue la de Neuquén. Diferente sería si lo hiciera el poder central, o a partir de una articulación mínima entre las provincias petroleras.

Mencionabas la cuestión nacional y cómo la política energética sufre una suerte de balcanización. ¿Por qué crees que el gobierno nacional puede favorecer el desarrollo de estos yacimientos? ¿En qué se vería beneficiado?

Para mí hay un déficit en el proyecto nacional en cuanto a la política de hidrocarburos. La configuración del sector es prácticamente la misma que en la época de Menem: los decretos que rigen el funcionamiento del sector son los que se dictaron en 1989. Si bien con modificaciones, la libre disponibilidad de los hidrocarburos, la posibilidad de exportar, la de mantener el porcentaje de divisas obtenida en el comercio internacional, siguen vigentes.

Lo único que ha variado es el esquema de retenciones, eso me parece favorable, ya que separa el precio internacional del interno. Supongo que el hecho de participar y favorecer estos anuncios busca demostrar que el sector está funcionando bien, que a pesar de no haberse hecho una reforma profunda, como creo que es necesario, sigue habiendo perspectivas, que estos nuevos reservorios también plantean la posibilidad de continuar aportando recursos. No conozco cuáles son sus objetivos en ese terreno, no lo han anunciado concretamente, aparentemente es continuar con esta misma política.

-Volviendo a la provincia, ¿qué impactos crees que pueden producirse en términos inflacionarios de producirse un “relanzamiento” del modelo vigente?

El tema es que los trabajadores del sector tienen altos ingresos, y cada tanto tienen recomposiciones importantes, si se las compara con otros sectores. Cuando comienzan las clases, generalmente hay gran conflictividad de los trabajadores de la educación para conseguir un aumento, que por ahí ni siquiera logra recomponer el salario real. Tenemos que atravesar varias semanas de paro, conflicto, discusiones, de no iniciar las clases, mientras que los trabajadores del sector petrolero, con una reunión del sindicato y las cámaras, consiguieron la última vez $ 25.000 en cinco cuotas. Un aumento importante, que un poco se explica por esa alianza de la que hablábamos antes. No estoy diciendo que eso me parece mal, al contrario, qué suerte sería que todos los trabajadores pudiéramos ir acompañando con nuestro salario real el ritmo inflacionario.

Ahora, lo que veo es que hay una gran disparidad. Cómo un sector consigue recomponer sus salarios tan fácilmente y otros no, porque tienen que atravesar una lucha mucho más importante. Por otro lado también es cierto que los trabajadores del sector hidrocarburífero están sujetos a condiciones laborales sufridas, eso nadie lo discute. La vida de un petrolero no es fácil, tener que vivir en el campo, con ese régimen laboral de muchos días fuera de la casa, con todos los problemas que trae aparejado ese desarraigo. Vivir en una ciudad como Rincón de los Sauces, o en otros campamentos más pequeños, no es fácil, son ciudades inhóspitas, hay mucha precariedad, merecen ser recompensados, nadie dice que no. Pero otros trabajadores también están en una situación complicada, cumplen una función social muy importante, como los maestros de nuestros hijos, que tendrían que ser de los mejores pagos.

Entonces, los altos salarios del sector [petrolero] empujan los precios de la sociedad neuquina al alza, siendo además un sector con una propensión al consumo alta, y de bienes superfluos o no. El círculo se cierra así: consiguen buenos salarios, pero a la vez al volcarlos al consumo en un mercado pequeño, el sector inmobiliario lo siente, los precios de todos los productos también, y eso genera una situación inequitativa con respecto al resto de la sociedad. Lo que hablábamos al principio, que el sector público tenga grandes ingresos y contrate muchos trabajadores no quiere decir necesariamente que la sociedad pueda acceder a sus servicios básicos de la mejor manera. Por ejemplo, tenemos el problema de la educación pública, la salud, déficit habitacional. Si estos ingresos altos y la cantidad de trabajadores en sector estatal se tradujeran en cumplir los servicios básicos, por lo menos, de manera adecuada, pero no es así. Se generan situaciones de mucha inequidad.

-¿Quiénes serían los principales beneficiarios del desarrollo de los yacimientos no convencionales de continuar esta estructura? Sobre todo pensando que se los presenta como una solución a la crisis energética, pero se sabe que parte de la producción estaría destinada a satisfacer las necesidades energéticas de otros proyectos extractivos, como la explotación de potasio en Mendoza.

Claramente los principales beneficiarios son las empresas operadoras, concesionaras, que son las que se llevan los beneficios de la explotación con esta modalidad. Cuando uno analiza los reportes de las ganancias, las que más beneficios obtienen son las empresas operadoras, como Repsol, u otras grandes, esas son las principales beneficiarias. Luego, los trabajadores del sector pueden llegar a tener mejores condiciones laborales porque participan de un negocio millonario, entonces acceden a mejores salarios aunque las condiciones no son las mejores. Y luego el gobierno provincial, con este modelo el MPN se ha mantenido en el poder desde su creación.

Podemos decir que el modelo ha beneficiado a la principal fuerza política de la provincia. La que no es beneficiaria en absoluto es la sociedad neuquina: ¿los empleados públicos son beneficiarios? No, la mayoría están desaprovechados en su función, los salarios no son altos, las condiciones laborales no son buenas. El Estado suple, cubre la oferta de mano de obra que no puede absorber la principal actividad económica de la provincia. ¿Qué ocurre con quienes no trabajamos en el sector público provincial? Yo no me considero beneficiaria, ni el resto tampoco, porque nuestros hijos van a la escuela pública y sufrimos las condiciones que no son las más adecuadas para su formación, la salud pública también, la gente no puede acceder a una vivienda, y los alquileres son carísimos. La sociedad debería ser la principal beneficiaria de esta actividad económica.

Con respecto a la vinculación con otras industrias extractivas, las grandes empresas por ahí diversifican [sus inversiones], pero bajo la misma lógica. También en el sur de Mendoza hay algunos proyectos, pero hasta ahora eso no se traduce en empleos, o en una vuelta concreta hacia la sociedad. Ellos diversificarán sus negocios, invertirán de acuerdo a sus planes. Cuando uno ve los planes de negocios de Repsol, ya en 2008 Argentina no estaba entre sus principales destinos. Van buscando aquellos lugares con mayor rentabilidad, mejores condiciones, tratando de lograr mejores condiciones como el tema de los precios, que han logrado en el caso del petróleo y del gas, que en Neuquén se están pagando más de 50 dólares, o casi 60 a nivel interno. Ellos van a actuar de acuerdo a sus planes, a sus proyectos, buscando su máximo beneficio que es la lógica del capital privado.

-Por último, yendo al plano más territorial, uno observa hoy un mapa de la provincia y prácticamente está toda loteada para exploración y explotación de hidrocarburos. Y por lo que venimos viendo, estas explotaciones de petróleo y gas no convencional son mucho más invasivas en términos ambientales. ¿Cómo te parece que pueden impactar, de prosperar, en lo que hace a derechos territoriales de pueblos originarios y sobre otras actividades productivas que tiene la provincia?

Impacta negativamente, porque los intereses de estas grandes operadoras, asociados al gobierno provincial y al sindicato, que son actores muy fuertes, van a prevalecer sobre los intereses de otros sectores, por más que parte de la sociedad los acompañe.

Otras actividades productivas, por ejemplo, el sector primario, necesitan un estímulo concreto. Por ejemplo, hace poco se hablaba de un proyecto de diversificación en las cercanías de la ciudad de Neuquén, con el desarrollo de áreas bajo riego para poder comenzar a explotar algunos cultivos que luego den lugar a una posible agroindustria. Pero el proyecto que presentaba el gobierno era para adjudicar a un gran inversor. Ahora se ha detenido, ha vuelto a tratamiento porque la idea es poder lograr que sean pequeños productores los que accedan a la tierra. Porque ni siquiera se puede lograr el acceso a la tierra para el desarrollo de alguna producción pequeña. En definitiva, estas son las consecuencias de un sector extractivo muy poderoso que cuenta con el aval del gobierno.

Adriana Giuliani, docente e investigadora de la Universidad Nacional del Comahue, coautora de Petróleo y economía neuquina (Giuliani y Díaz, 2008) y La inflación en Argentina (Zambón y Giuliani, 2009).

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Estatuto del coloniaje

Juan Carlos Giuliani (ACTA)

Los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI) constituyen un formidable instrumento de dominación que perfora las nociones básicas de soberanía en países como el nuestro, que figura como campeón en la suscripción de estos acuerdos peyorativos para los intereses nacionales.

Pese al cacareo progresista, el Gobierno ni siquiera amagó denunciarlos pese a que la Argentina es una de las naciones que tiene más TBI en vigencia. Se legaliza de este modo un Estatuto del coloniaje del tercer milenio que marcha a contramano de la decisión popular de tirar por la borda el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) durante las históricas jornadas de 2005 en Mar del Plata.

Las empresas extranjeras mandan en la Argentina. No es casual que de las 500 compañías que más producen y que representan un cuarto del PBI nacional, el 68 por ciento posee participación de capital extranjero. La desnacionalización del aparato productivo se encuentra directamente relacionada a nuestra historia política: la extranjerización del capital se aceleró durante las gestiones neoliberales de la dictadura oligárquica-militar iniciada en 1976 y durante la década del 90, períodos en los que se creó un marco institucional favorable a la transnacionalización de la economía que todavía está vigente.

Estos tratados de carácter comercial firmados por el Estado argentino con otras naciones apuntan a conceder una legislación más beneficiosa al capital extranjero. Reflejan una caracterización de “inversión” e “inversor” sumamente amplia, lo que implica incorporar dentro de la protección cualquier clase de activo. También se incluyen todo tipo de derechos (propiedad intelectual, patentes y marcas, licencias de fabricación); y se llega a incluir derechos para realizar actividades económicas y comerciales en virtud de un contrato, es decir, expectativas de obtención de ganancias futuras.

De acuerdo a la cláusula de Trato Nacional, los inversores extranjeros gozan de un trato similar a los inversores locales. Esta cláusula se articula asimismo con la de Trato Justo y Equitativo, que es una garantía genérica que aparece en todos los TBI, y la de Nación más favorecida que se aplica conjuntamente con la anterior, asegurando al inversor contar con la posibilidad de utilizar las condiciones fijadas por otros tratados que pudieran ser más favorables a sus intereses. La protección de las inversiones que incorporan estos acuerdos incluyen a las inversiones realizadas con anterioridad a la entrada en vigencia de los mismos, extendiéndose así las normas favorecedoras a todas las inversiones externas, independientemente de cuándo éstas se hayan efectuado. Existen tratados en los cuales se establece que si se modifica la legislación nacional en relación con la inversión realizada, esa modificación no alcanzará a la normativa vigente al momento de celebrarse el tratado. Esto implica que se garantiza a las inversiones externas la continuidad de las condiciones de inversión al margen de los cambios legislativos.

Se establece además la absoluta libertad de transferencia de los montos relativos a una inversión explicitándose que los mismos podrán efectuarse sin demora y al tipo de cambio vigente en la fecha de la realización de los giros de utilidades. Otro aspecto que incorporan es la garantía a los inversores en caso de expropiación, las que sólo pueden ser establecidas por razones de utilidad pública, de manera no discriminatoria y mediante pago de una compensación pronta, adecuada y efectiva.

Se estipula taxativamente que las inversiones no pueden ser nacionalizadas, expropiadas o sometidas a otras acciones que impliquen este tipo de desposesiones. En la mayoría de los casos, los tratados de protección de inversiones establecen una duración diez años desde el momento de su ratificación, continuando su vigencia de manera automática luego de su vencimiento, a menos que alguna de las partes lo denuncie. De todas maneras, se define que las inversiones siguen siendo protegidas aún después de la denuncia del tratado por un período de diez o quince años luego de la fecha de terminación.

Por si fuera poco, el sistema de solución de controversias permite demandar al país receptor ante un tribunal internacional, legitimando una instancia supranacional para la defensa de los intereses de los inversores extranjeros en relación con actos de gobierno vinculados con las inversiones. Es decir, que en caso de controversia, en lugar de intervenir la Justicia argentina, de acuerdo a la Constitución Nacional, entiende un tribunal de arbitraje (CIADI), que emite un laudo inapelable.

El relato oficial que construye el imaginario del Gobierno, no contabiliza en su discurso ni una sola línea sobre la perduración en el tiempo de estos pactos leoninos que promueven la sujeción económica nacional del poder extranjero. Más aún, el Poder Ejecutivo no ha dado ninguna señal tendiente a denunciar, anular o derogar esos tratados vergonzantes en defensa de nuestra soberanía. La vigencia de estos TBI jaquea los intereses nacionales y perjudica nuestra economía. Por ello, resulta impostergable desmontar los mecanismos de dominación neocolonial para reubicar a la Argentina en la órbita de un nuevo y glorioso proyecto emancipador.

Juan Carlos Giuliani es Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA.

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