viernes, 26 de agosto de 2011

Clases, estados e ideologías imperiales

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

Resumen

En tres terrenos se verifican las singularidades y contradicciones del imperialismo del siglo XXI. La ideológica tiene mayor gravitación y el mantenimiento del orden global requiere adhesiones. Por esta razón, el americanismo sustituye el racismo anacrónico del colonialismo. Los mensajes imperiales buscan suscitar la aceptación del status quo, pero su credibilidad está afectada por el uso de la violencia y su influencia depende del contexto político.

El americanismo está sujeto a los mismos contratiempos que el neoliberalismo. Logra consentimiento en las coyunturas de estabilidad y se disloca en las crisis. Cumple un papel indispensable para la reproducción del capitalismo, pero está corroído por numerosas inconsistencias.

En la nueva gestión imperial la organización militar ya no es un atributo exclusivo de cada estado. La delegación de atribuciones a organismos supra-nacionales modifica una función tradicional del estado moderno. Hasta ahora predomina un contexto intermedio de mayor mundialización y estados más internacionalizados.

Los aparatos estatales perduran como dispositivos de las clases dominantes. Pero la gestión económica colectiva y la protección militarizada internacional exigen conformar organismos para-estatales más flexibles y autónomos.

El modelo asociativo esclarece los vínculos entre las burguesías y las burocracias imperiales y la visión estructural clarifica el papel de los organismos internacionalizados. Ambos enfoques permiten superar las limitaciones del enfoque instrumentalista y evita la exageración transnacionalista.

La asociación mundial de capitales modifica el escenario de clases dominantes estrictamente nacionales y competitivas. Pero no hay clases trasnacionales despegadas de sus viejos estados. El análisis de estas transformaciones requiere notar cómo la burguesía perpetúa linajes y absorbe nuevos contingentes. Es importante contemplar todas las dimensiones de la dominación clasista, considerando la subordinación económica, el sometimiento político y el control ideológico.

El término imperialismo está muy asociado con disputas entre potencias y la denominación imperio alude a intervenciones coordinadas de los dominadores. Conviene clarificar el sentido asignado en cada caso al concepto.

El imperialismo contemporáneo difiere significativamente de su antecedente clásico en el terreno bélico, económico y político. La ausencia de guerras imperialistas, la creciente mundialización y la gestión geopolítica conjunta transforman por completo las características de la dominación capitalista global.

Nuestra caracterización resalta estos cambios, destacando la singularidad y las contradicciones que presenta la opresión imperial en el inicio del siglo XXI. Expusimos esta interpretación en debate con las teorías que postulan la continuidad del esquema leninista y en polémica con las visiones que consideran obsoleto cualquier análisis del imperialismo.

Las miradas ortodoxas y globalistas reflejan los errores de ambos enfoques. No registran en el primer caso y exageran en el segundo, las mutaciones cualitativas del período en curso. Estos desaciertos impiden percibir las peculiaridades del imperialismo actual en tres campos de novedosa reflexión teórica: el perfil de las clases dominantes, el funcionamiento del estado y las características de la ideología.

Clases integradas

La asociación mundial de capitales ha modificado el escenario de clases dominantes estrictamente nacionales y competitivas, que predominaba en el imperialismo clásico. Las burguesías alemana, japonesa, norteamericana o francesa utilizaban en el pasado todo su arsenal, para disputar predominio en el campo de batalla. En la actualidad, grandes segmentos de esos grupos desenvuelven negocios conjuntos y enfocan los cañones hacia otros blancos.

Pero el grado de integración de estos sectores varía significativamente en cada región e involucra fracciones y no totalidades de esas clases. Es un proceso en curso, que se desarrolla en el seno de los viejos estados nacionales, a través de tensiones entre segmentos con distinto nivel de actividad globalizada.

La reconfiguración mundialista es muy significativa, pero hasta ahora tiene un alcance limitado. Implica equilibrios entre clases nacionales y grupos internacionalizadas y se encuentra muy lejos de la transnacionalización completa. Las transformaciones en los sectores de las burocracias no adoptan la misma tónica en el conjunto de los capitalistas. Esos cambios involucran a un importante segmento de directivos y funcionarios, pero no al grueso de los propietarios de las grandes firmas.

El escenario actual diverge, por lo tanto, del contexto nacional-competitivo descripto por Lenin y no se identifica con el curso asociativo avizorado por Kautsky. Hay mayor integración que la observada por el líder bolchevique, pero no rige el marco cooperativo que imaginó el dirigente socialdemócrata.

El perfil más cosmopolita que rodea a amplios sectores de la burguesía coexiste con el militarismo y la inestabilidad del sistema. Hay mayor asociación del capital internacional, pero ningún atisbo de la paz perpetua, que concebía el teórico del ultra-imperialismo. Como la integración se consuma a través de los viejos estados y no a través de un basamento multinacional, el capitalismo continúa corroído por múltiples tensiones geopolíticas.

Es importante registrar el cambio en curso y sus limitaciones. La asociación internacional de los capitalistas es un proceso contradictorio y tendencial. Ha transformado significativamente la estructura competitiva nacional del imperialismo clásico, pero no ha creado clases dominantes trasnacionales despegadas de sus viejos estados. Hay un nuevo status de clases integradas, que no se amalgaman por completo.

Este perfil es coherente con la naturaleza de la burguesía, como sector competitivo gobernado por mecanismos colectivos. Los capitalistas conforman una clase social, que ha incluido históricamente una amplia variedad de continuidades y cambios, para adaptarse al curso de la acumulación.

A diferencia de la nobleza, la burguesía segrega y agrega. Perpetúa linajes y absorbe nuevos contingentes. Recurre a la separación competitiva y a la absorción inclusiva. Por un lado recrea privilegios estables y limita la movilidad social a través de la herencia. Por otra parte coopta nuevos grupos a la administración de los beneficios. (1)

Las clases capitalistas necesitan estabilidad para asegurar su reproducción y evitan las transformaciones abruptas. Pero modifican permanentemente su conformación interna para reproducir los negocios e incorporan a su ámbito a todos los sectores que se amoldan a las exigencias de rentabilidad.

Este equilibrio entre continuidades y renovaciones desemboca en un sistema de dominación ampliada. La clase capitalista no se reduce a un puñado inmutable de propietarios de los medios de producción. Se reconfigura periódicamente, mediante la incorporación de nuevos segmentos.

Este proceso condujo por ejemplo en la posguerra a la inclusión de las nuevas capas gerenciales, surgidas del propio proceso de concentración y centralización del capital. Esta incorporación involucró a todos los funcionarios que realizan tareas esenciales para la continuidad del sistema (coerción, persuasión, control, vigilancia). Han quedado asimilados al polo dominante y participan como poseedores o expropiadores de la confiscación del trabajo ajeno.

Los capitalistas amplían su composición con este tipo de absorciones de los sectores necesarios para valorizar el capital. Estos segmentos cumplen funciones estratégicas en el control del proceso de trabajo y aseguran la reproducción de la ganancia (altos directivos). Cumplen un rol muy diferente a la actividad puramente técnica, desarrollada por otro tipo de asalariados (profesionales). (2)

Definiciones ampliadas

Tomar nota de estas modificaciones y utilizar un criterio ampliado para caracterizar a las clases capitalistas es decisivo. Sólo esta óptica permite notar dos importantes rasgos de la asociación internacional en curso. La propiedad de los paquetes accionarios ha comenzado a mundializarse y los directivos de grandes compañías adoptan ciertas modalidades cosmopolitas. Estos cambios están acotados por su desenvolvimiento en el marco de estados nacionales diferenciados, pero ilustran un viraje hacia la mayor integración global.

Recurrir a un criterio ampliado de análisis de las clases dominantes es vital para entender la actual situación intermedia de los principales grupos capitalistas. Estos sectores ya no actúan como bloques nacionales uniformes y tienden a la asociación internacional, pero sin alcanzar un status transnacional.

Existe una amplia variedad de altas burocracias mundializadas y un segmento más restringido de propietarios internacionalizados. Esta combinación contrasta con el escenario invariablemente nacional, que presentaba el imperialismo clásico. Para analizar correctamente este cambio, resulta necesario reconocer que la pertenencia a la clase capitalista se extiende a ambos sectores y está conformada por la suma de propietarios y funcionarios del capital.

Las clases burguesas no se definen sólo por la propiedad de los medios de producción y por el lugar que ocupan en la estructura productiva. Ese sector social incluye toda una red de auxiliares que desarrollan las funciones de coerción, persuasión y administración, requeridas para la reproducción del sistema. (3)

Estos criterios son importantes para evitar dos unilateralidades. Las miradas que ponen el acento en la gestación de una nueva clase dominante transnacional tienden a resaltar sólo la globalización de las funciones, omitiendo la persistencia de propietarios nacionales diferenciados. Quienes por el contrario, desechan desde una óptica ortodoxa la existencia de transformaciones relevantes, remarcan esta segunda continuidad desconociendo el primer viraje. En ambos casos se ignora el curso intermedio que prevalece en el escenario actual.

Este proceso no se esclarecerse observando únicamente la dimensión económica de la nueva configuración clasista. La dominación de los poderosos se ejercita también en el terreno político y social y la propia definición de esa sujeción incluye los tres campos. Es una subordinación económica que los capitalistas imponen a los asalariados, es un sometimiento político que la burguesía ejerce sobre los trabajadores y es una supremacía ideológica que mantienen los dominadores sobre los dominados. (4)

Otro tipo de estados

A diferencia del imperialismo clásico, la organización militar ya no es un atributo exclusivo de cada estado. Predomina una gestión mundial coordinada y jerarquizada, que ha transferido parte de las decisiones bélicas a un mando conjunto, liderado por Estados Unidos. Esta delegación modifica una de las funciones tradicionales del estado moderno. Muchas actividades de armamento y entrenamiento militar han quedado fuera de la órbita exclusiva del estado-nación.

Esta transformación altera las reglas de la guerra en función de la defensa nacional, que imperó durante la vigencia del sistema westfaliano (1648-1943). Esos principios surgieron con el fin del feudalismo y la sustitución del esquema de autoridades superpuestas (que regía a la nobleza) por el modelo de centralización militar, que adoptaron las monarquías absolutas y los regímenes republicanos. Al diluirse en las últimas décadas el horizonte de las guerras inter-imperiales, se han disuelto los viejos cimientos estatales de las conflagraciones entre potencias.

Esta transformación explica el nuevo perfil internacionalizado del gendarme estadounidense. Al concentrar la mitad del gasto bélico mundial para desenvolver operaciones a escala planetaria, el estado norteamericano reemplazó la antigua estructura de la defensa nacional por un nuevo sistema de custodia imperial.

Ese estado articula el funcionamiento interno y la coordinación exterior, mediante dispositivos que no tuvieron las potencias precedentes. Define guerras hegemónicas y agresiones globales, a través de una red de organismos presidenciales, parlamentarios y académicos, que seleccionan mediante disputas de poder las distintas opciones en juego. El aparato estatal norteamericano sirve a los intereses de la burguesía estadounidense, pero también sostiene el orden capitalista global.

Este rol es ejercido en un escenario de convivencia de los viejos estados nacionales con distintas instituciones regionales y globales, que asumen funciones para-estatales. Estos organismos eran inexistentes en la era clásica, pero no tienen aún el perfil estable de instituciones transnacionales sustitutas.

Las nuevas estructuras multinacionales son militares (OTAN), diplomáticas (ONU), económicas (OMC), financieras (FMI) e informales (G 8, G 20) y están rodeadas de numerosos equivalentes regionales (Unión Europea, MERCOSUR, NAFTA, etc). Ambos tipos de instituciones absorben actividades, que en el pasado eran patrimonio exclusivo de los estados nacionales. La soberanía absoluta sobre cierto territorio nacional se ha reducido significativamente con esta internacionalización del poder de decisión. (5)

Este proceso de transferencia de facultades hacia los organismos extra-nacionales, ya no genera la simple contraposición entre ganadores imperiales y perdedores vasallos. Ahora rigen nuevas relaciones de protección militar y asociación económica entre las clases dominantes.

Esta mutación redistribuye niveles de soberanía y rompe la cohesión de estados construidos al cabo de prolongados procesos de formación nacional. Este cimiento es quebrantado por la mundialización y ha sido profundamente socavado por el neoliberalismo.

El cambio en curso se desenvuelve a través de una creciente penetración internacional en los viejos aparatos estatales. Estas estructuras amoldan la regulación local de la acumulación a los nuevos requisitos impuestos por la reproducción global del capital. Se incrementan las garantías a la inversión externa, se refuerzan los incentivos a la movilidad financiera y se consolidan los reaseguros a la liberalización comercial. El mismo estado nacional continúa aportando los cimientos jurídicos y materiales que exige el capital, pero este sostén se implementa con mayor atadura a las prescripciones externas.

El capitalismo global continúa funcionando a través de múltiples estados nacionales, sin conformar un sustituto mundial de esos organismos. Pero la estructura interior de las viejas instituciones ha cambiado. Ya no sostienen sólo los intereses de clases capitalistas rivales, sino que apuntalan la asociación internacional del capital. El imperialismo actual opera en un contexto intermedio de mayor mundialización y sostenida perdurabilidad de estados más internacionalizados.

Complejidad y autonomía

Los estados imperialistas del pasado y sus herederos actuales difieren en muchos aspectos, pero mantienen una continuidad básica. Son dispositivos al servicio de las clases dominantes, que operan como estructuras coercitivas para perpetuar un orden social opresivo.

La policía, el ejército y las cárceles persisten como mecanismos centrales del poder burgués para asegurar esa dominación. Es importante recordar este principio básico, frente a numerosas mistificaciones, que presentan al estado como un exponente del bien común y del interés general.

Esa vieja creencia ha sido reciclada por los neoliberales, que diabolizan la acción del estado cuando observan obstrucciones al funcionamiento del mercado. Esta actitud cambia abruptamente cuando resulta necesario garantizar los negocios capitalistas. En esas circunstancias aplauden las intervenciones jurídicas y coercitivas de ese organismo. En la estabilidad promueven privatizaciones y recortes del gasto social y en la crisis elogian el rescate de los bancos y los socorros de las empresas.

La omisión del fundamento clasista del estado es muy común también entre los críticos del intervencionismo estatal, que reivindican las cualidades de la sociedad civil, como ámbito de diálogo, tolerancia y realización humana. En esos elogios suelen olvidar que en el universo “societalista” impera la desigualdad generada por la explotación capitalista. La órbita estatal convalida esa inequidad, mediante la acción de policías, jueces y funcionarios que garantizan el orden vigente. La sociedad civil regula la dominación económica y el estado organiza la dominación política.

Todas las concepciones que divorcian el análisis del estado de sus raíces clasistas impiden comprender la dinámica actual de este organismo a escala imperial. Esta institución presenta un funcionamiento más complejo y autónomo que su precedente clásico, pero responde a los mismos intereses de clases dominantes. El desconocimiento de ese fundamento torna misteriosa cualquier indagación sobre el tema.

La gestión económica más colectiva del imperialismo contemporáneo y la protección militar más internacionalizadas se implementan al servicio de los poderosos. Pero requieren el concurso de instituciones estatales, con mayor grado de flexibilidad e independencia que sus equivalentes de principios del siglo XX

Estos rasgos son visibles por ejemplo en el gendarme norteamericano (como custodio global del capital) y en la Unión Europea (como entidad que adelantó la convergencia de estamentos burocráticos a la fusión de las empresas de esa región). Los funcionarios de ambas instituciones mantienen una relación de mayor asociación con los grandes grupos industriales y financieros.

Por un lado, el accionar militar norteamericano genera frecuentes conflictos de intereses con las firmas estadounidenses. Por otra parte, la unificación europea obliga a equilibrar intereses de compañías que no han constituido un capital continental integrado. En ambos casos, los estados ya internacionalizados deben armonizar intereses, que desbordan ampliamente el radio nacional del imperialismo clásico.

La autonomía relativa del estado que impone esta administración capitalista contemporánea introduce mayor distancia, pero no divorcios de las clases dominantes. El manejo del estado continúa orientado a proveer las condiciones que requiere el capital para reproducirse. Esa entidad no se desliza hacia un auto-desarrollo desconectado del poder burgués. La alta burocracia desenvuelve su propio sendero, pero mediante una relación privilegiada con los dueños de las tierras, las empresas y los bancos.

Este tipo de conexiones entre los administradores directos del estado y sus principales beneficiarios rige la dinámica del imperialismo contemporáneo. Estos vínculos se verifican en los nuevos organismos globalizados (FMI, OMC, ONU) y en los viejos estados más internacionalizados. Las nuevas burocracias suelen anticipar las conductas que aún no maduró el conjunto de la burguesía. Entre ambos grupos existe una complementariedad, que le permite al aparato del estado desenvolverse con sus propias reglas, sin afectar la marcha de los negocios.

Los cimientos teóricos

La comprensión de las características del estado imperial exige superar las visiones instrumentalistas de ese organismo, como una simple herramienta de la burguesía. Estos enfoques predominaron en los análisis marxistas del imperialismo clásico y tuvieron el mérito de esclarecer el interés de clase subyacente en las confrontaciones inter-imperialistas, a principio del siglo pasado.

Esos enfoques permitieron refutar las teorías convencionales, que atribuían las conflagraciones al “ansia de poder”, al “deseo de gloria” o a los “ideales patrióticos”. Esa desmistificación de la competencia inter-imperial permitió desnudar las causas de las tomentosas guerras, que ensangrentaban a los pueblos para enriquecer a los poderosos.

Pero estas caracterizaciones –que iluminaron la función del estado en las situaciones extremas de conflagración inter-imperial- se tornaron insuficientes al concluir la segunda guerra. No sirvieron para comprender el papel de esa institución en los períodos de estabilidad. La presentación instrumental tan sólo aporta un punto de partida para estudiar el problema. Este señalamiento inicial debe complementarse, indagando las múltiples y cambiantes funciones que cumple el estado, en cada etapa de la acumulación.

Superar la herencia instrumentalista es indispensable para captar las características del estadio imperial contemporáneo. Esta institución opera a través de procedimientos, mediaciones y mecanismos muy variados. Como ha internacionalizado su radio de acción sin generar estructuras transnacionales uniformes, se necesita indagar las modalidades de un sistema múltiple de estados que se ha mundializado.

El modelo asociativo, que expusieron algunos pensadores marxistas en los años 70 es muy útil para encarar este análisis, puesto que permite esclarecer los vínculos actuales entre las burguesías y las burocracias imperiales. Este esquema da cuenta de las relaciones de correspondencia y conflicto que mantienen ambos sectores. Dos fuerzas separadas coexisten en tensión, en la defensa de un mismo sistema.

Esta comunidad se refleja en los propios mecanismos de selección del personal apto para dirigir el estado burgués. Los administradores de ese organismo mantienen estrechas relaciones de parentesco y amistad con los capitalistas, defienden los mismos valores y exhiben los mismos comportamientos. Pero desarrollan una conciencia más acabada de los intereses del sistema, reflejando la acentuada separación entre esferas políticas y sustratos económicos del régimen vigente. La burguesía es una clase competitiva que necesita delegar el gobierno sobre una capa especializada, que asegure el equilibrio político y la seguridad jurídica requeridos por la acumulación. (6)

La tesis del marxismo estructuralista también aporta elementos importantes para la comprensión del estado imperial. Esta visión analizó de qué forma el estado asegura la reproducción objetiva del sistema. Ilustró el rol esencial que cumple este organismo en debilitar la resistencia de los dominados y facilitar la cohesión de los dominadores, para recrear las condiciones económicas y los cimientos legales que necesita el capitalismo para desenvolverse. (7)

Estos señalamientos contribuyen a explicar, en la actualidad, el papel central que cumplen las instituciones más internacionalizadas del estado norteamericano. La Reserva Federal se ha tornado, por ejemplo, decisiva en la organización y continuidad de las finanzas globalizadas.

Aunque los debates del pasado opusieron al enfoque asociativo con la visión estructural, ambas miradas son compatibles y aportan los fundamentos para comprender la complejidad del funcionamiento estatal contemporáneo. Subrayan cuál es la relación social capitalista que subyace en torno a este organismo y evitan especialmente la presentación de weberiana de la burocracia, como un poder en sí mismo divorciado de las prioridades de la burguesía.

Ideología global

La ideología tiene en la actualidad mayor gravitación en la política imperial que en el pasado. El mantenimiento del orden global requiere suscitar la adhesión de importantes sectores de la población. Este apoyo no se consigue solamente con el temor o la resignación que generan las agresiones del Pentágono.

La ideología imperial contemporánea recurre a ejercicios de persuasión, para combinar la coerción con el consenso, en los términos concebidos por Gramsci. El revolucionario italiano, retrató cómo la dominación burguesa exige mixturar el uso de la fuerza con modalidades de consenso. Destacó que la sujeción de los oprimidos requiere formas de consentimiento hacia los poderosos, logradas por intermedio de la cultura y el liderazgo moral.

Gramsci subrayó que el uso exclusivo de la violencia sólo permite una supremacía coercitiva, que no asegura la reproducción de la opresión clasista. Señaló que únicamente el predominio ideológico permite consolidar formas de hegemonía más perdurables. Ese sostén se logra suscitando entre los oprimidos, la aceptación de los valores postulados por los opresores. Esa atadura se construye generalizando identificaciones imaginarias y reforzando los mitos de pertenencia a una comunidad compartida, en un cuadro de mayor incorporación política de sectores populares al sistema vigente. (8)

Mientras estas formas de hegemonía operaron tradicionalmente en marcos exclusivamente nacionales, la dominación contemporánea exige impactos de orden global. Funciona a través del americanismo como una ideología de todo el imperialismo colectivo y no solo como transmisión de las creencias de cada burguesía a su respectiva población. Es propagado por una potencia dominante que ejerce la coacción y difunde los valores que sostienen al orden vigente. Estados Unidos apuntala ambos pilares al manejar el mayor aparato bélico de la historia, propagando principios capitalistas compartidos por todas las clases dominantes.

En este plano se verifica una diferencia importante con los liderazgos precedentes. La combinación de primacía militar e ideológica norteamericana no es equivalente a las preeminencias anteriores de las ciudades italianas, el reino de Holanda o el colonialismo británico. (9)

Aunque cada período histórico incluyó la supremacía ideológica de alguna potencia, el americanismo tiene un alcance global que no tuvieron sus antecesores. Genera imitaciones y complicidades que nunca logró el precedente inglés. La ideología imperial de Estados Unidos contiene un componente inédito. Es repetida en el exterior, como una biblia del capital y es propagada en el interior, como un himno a la igualdad de oportunidades. En el mundo, oculta su defensa de la explotación y en la metrópoli, mistifica una tradición de ascenso social que se forjó con la esclavitud de los negros y el genocidio de los indios.

Esta doble función explica la gravitación alcanzada por esa ideología entre las clases dominantes. ¿Pero cuál es su grado de efectividad actual entre los pueblos? La exaltación del beneficio y la competencia, que tanto entusiasma a las elites capitalistas, no es espontáneamente compartida por el grueso de la población. La credibilidad de estos principios está directamente afectada por la violencia que rodea a la acción imperial.

El americanismo no se reduce a magnificar las virtudes de la libre empresa. También propaga la utilización de las armas para garantizar esas ventajas. Por esta razón, la extensión de su penetración entre las capas populares depende de los éxitos o fracasos de una política que se impone mediante chocantes brutalidades. Para contrarrestar la indignación que generan los vandalismos imperiales hay que ocultar la información y se requiere manipular la opinión pública. Pero la viabilidad de esas digitaciones varía en cada circunstancia.

Ciertamente las mayorías populares están influidas por las creencias dominantes, pero solo consienten esos mitos cuando parecen compatibles con mejoras sociales y económicas. Para que esas ideas se extiendan al conjunto de la población, el costo de las aventuras imperiales debe resultar imperceptible (o tolerable) para esas mayorías.

El menor impacto que tienen hasta ahora entre la población norteamericana las agresiones contra Irak o Afganistán (en comparación a Vietnam), es un ejemplo de esta variedad de efectos. La ideología que justificó ambas invasiones compartió las mismas incoherencias y se basó en los mismos argumentos pueriles de inminente peligro para la supervivencia de los estadounidenses. Pero las condiciones en que operaron esas creencias han sido distintas.

En los años 70, la crisis del sistema político, la rebeldía social, las demandas democráticas y el impacto de las luchas antiimperialistas desnudaban con mayor facilidad las inconsistencias de la propaganda imperialista. Además, el carácter profesionalizado del ejército permite en la actualidad guerrear sin la conscripción obligatoria, que sublevaba a la juventud.

La ideología solo condiciona, por lo tanto, en forma genérica un conjunto de actitudes, que cambian en función de las circunstancias políticas. En Estados Unidos estas condiciones influyen directamente sobre una ciudadanía débil, que tiene escasa participación en la vida pública. Esa población sólo sostiene las aventuras en el exterior que no afectan su nivel de vida y sensación de seguridad.

Tensiones e inoperancias

Las creencias imperiales dominantes transmitidas por los medios de comunicación tienen un impacto enorme. Estos dispositivos de propagación desbordan ampliamente la influencia que ejercía en el pasado el ámbito escolar, religioso o familiar. Moldea hasta niveles impensables el razonamiento de la población.

Pero esta penetración no es ilimitada. La cohesión que aportan las ideologías a los grupos dominantes no se proyecta con la misma intensidad a los sectores populares. El carácter contradictorio de estas creencias dificulta, además, su interiorización, como un sentido común. Las creencias que los dominadores imponen al conjunto de la sociedad coexisten con otras culturas y están socavadas por sus propias incoherencias. Los mitos imperialistas operan como cualquier otra modalidad del pensamiento dominante. Influyen sobre toda la sociedad, pero tienen una penetración diferenciada entre sus propulsores, aprobadores y simples receptores. (10)

En las últimas décadas el americanismo ha contado con las mismas ventajas y los mismos contratiempos que rodean al neoliberalismo. Ambas doctrinas han logrado un importante nivel de consentimiento en las coyunturas de estabilidad y padecen fuertes dislocaciones en los momentos de crisis. Las dos variantes afrontan el descreimiento cuando sus incongruencias emergen a la superficie. Un sistema de competencia que socorre a los bancos pierde tanta credibilidad como una intervención humanitaria que perpetra masacres. Las dos modalidades del pensamiento dominante están corroídas por las inconsistencias que impone el funcionamiento turbulento del capitalismo contemporáneo.

La ideología imperial transmite creencias indispensables para la reproducción del régimen vigente. Es un error suponer que la gravitación de esas ideas ha decrecido por el impacto de otros procesos condicionantes de la vida social. La expansión de la técnica, el reinado de la información, la declinación de las pasiones políticas o el aumento del descreimiento cínico, no reducen el peso de la ideología. Sin las creencias neoliberales, el capital no podría introducir privatizaciones y sin el americanismo, el imperialismo no podría sostener sus agresiones militares.

Las ideologías cumplen un papel central. Operan como creencias, cosmovisiones y prácticas colectivas, que las clases capitalistas necesitan desenvolver para ejercer su dominación. Son pensamientos representativos de los intereses dominantes, que se transmiten a través de creencias ilusorias y falsas conciencias de la realidad. Legitiman poderes, eternizan un propósito opresor y bloquean la aparición de alternativas.

Pero las ideologías están sujetas también a múltiples contradicciones por la variedad de funciones que cumplen y por la multiplicidad de planos en que deben actuar. Interpelan a sujetos que comparten variados ámbitos de pertenencia (familia, sindicato, nación, religión), que están regidos por creencias diferenciadas y se encuentran sometidos a los conflictos entre las distintas subjetividades en juego. (11)

Estas tensiones corroen directamente la ideología imperial. La protección de la familia choca con el alistamiento de los seres queridos, los principios religiosos de convivencia confrontan con la adhesión a la brutalidad de la guerra, la defensa de la patria contradice el apoyo a una aventura en el exterior.

El americanismo está socavado por su propio desenvolvimiento, pero la comprensión de estas contradicciones requiere reconocer su gravitación. Esta singularidad sólo es perceptible si se notan sus especificidades en comparación al imperialismo clásico y si se capta que constituye una forma de pensamiento ligada al poder estadounidense. El registro de ambos aspectos exige tomar distancia con la ortodoxia y el globalismo.

Conceptos y terminologías

El imperialismo del siglo XXI se transforma al compás de las mutaciones que se registran en las clases dominantes, los estados y las ideologías contemporáneas. El sistema de dominación capitalista adopta a nivel global nuevas formas, para renovar la explotación económica, la coerción política y el sometimiento cultural de los oprimidos.

La asociación internacional de los poderosos apunta, en primer lugar, a incrementar la extracción de plusvalía a los trabajadores. La concertación geopolítica de la gestión imperial busca, en segundo término, estabilizar esos privilegios. Finalmente, la dominación que imponen los poderosos pretende naturalizar esas injusticias, como un dato inamovible de la realidad.

El imperialismo contemporáneo incluye estos tres dispositivos para perpetuar la dominación. Es un concepto insustituible para explicar cómo esa opresión se ejercita en el plano mundial por medio de la violencia. Pero las modificaciones consumadas en las últimas décadas son tan significativas, que existen dudas sobre la exactitud del viejo término de imperialismo, para dar cuenta de la nueva realidad.

Como esa noción se encuentra muy asociada con disputas entre potencias por el reparto del mundo se ha tornado corriente el uso de la denominación imperio, para aludir a la intervención coordinada de las potencias en el sostenimiento del status quo.

Las referencias al imperialismo suelen indicar defensas de un interés específico del capital estadounidense, japonés o francés. En cambio, los señalamientos sobre el imperio aluden, al sostenimiento del interés colectivo de los capitalistas. Lo importante es clarificar el sentido que se asigna en cada caso a esta combinación de acciones asociadas y rivales.

El concepto de imperio del capital ofrece la mejor definición, puesto que realza el carácter capitalista pleno que alcanzó la dominación mundial jerarquizada del sistema vigente. Este término mejora la denominación clásica de imperialismo (que puede sugerir continuidad de las confrontaciones inter-imperiales) y evitar la simple alusión al imperio (en la interpretación descentrada y desterritorializada de esa noción). Pero estos ajustes del lenguaje son secundarios. En realidad es válido el uso de cualquiera de los términos corrientes, especialmente en la denuncia de la opresión imperial y en la batalla práctica contra las agresiones y despojos que perpetran las grandes potencias.

Pero la comprensión de estas resistencias exige ingresar en otro plano de la teoría. Hay que avanzar más allá de la problemática del imperialismo como articulación global del capital. Se requiere estudiar el fenómeno, en función de la desigualdad que generan las conexiones entre el centro y la periferia. Para encarar esta reflexión las viejas categorías son insuficientes. Hay que estudiar las semiperfierias, indagar la emergencia de las nuevas potencias y comprender el rol de los BRICS. Estos temas incitan a desenvolver la segunda parte de nuestra investigación.

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Ver también:
- ¿Imperialismo versus economía de mercado?
http://www.argenpress.info/2011/08/imperialismo-versus-economia-de-mercado.html
- ¿Un imperio trasnacional?
http://www.argenpress.info/2011/08/un-imperio-trasnacional.html
- Teorías de la sucesión hegemónica
http://www.argenpress.info/2011/08/teorias-de-la-sucesion-hegemonica.html
- Discusiones sobre el declive de Estados Unidos
http://www.argenpress.info/2011/07/discusiones-sobre-el-declive-de-estados.html
- Los cambios en la rivalidad interimperial
http://www.argenpress.info/2011/07/los-cambios-en-la-rivalidad.html
- ¿Etapa final o temprana del imperialismo?
http://www.argenpress.info/2011/07/etapa-final-o-temprana-del-imperialismo.html
- Replanteos marxistas del imperialismo
http://www.argenpress.info/2011/07/replanteos-marxistas-del-imperialismo.html
- Interpretaciones convencionales del imperio
http://www.argenpress.info/2011/07/interpretaciones-convencionales-del.html
- Las áreas estratégicas del imperio
http://www.argenpress.info/2011/06/las-areas-estrategicas-del-imperio.html
- Adversarios y aliados del imperio
http://www.argenpress.info/2011/06/adversarios-y-aliados-del-imperio.html
- Gestión colectiva y asociación económica imperial
http://www.argenpress.info/2011/06/gestion-colectiva-y-asociacion.html
- El papel imperial de Estados Unidos
http://www.argenpress.info/2011/06/el-papel-imperial-de-estados-unidos.html
- El imperialismo contemporáneo
http://www.argenpress.info/2011/05/el-imperialismo-contemporaneo.html
- "El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte IV): La teoría clásica del imperialismo
http://www.argenpress.info/2011/05/el-imperialismo-del-siglo-xxi-capitulo_20.html

Notas:
1) Este doble carácter de la burguesía en: Pincon Michel, Pincon-Charlot Monique, Sociologie de la bourgeoisie, La Decouverte, Paris, 2000.(cap 1,2,3)
2) La clase dominante registra procesos constantes de mutación. Un retrato de estos cambios en la crema del sistema es presentado anualmente por la revista Forbes, en su ranking de multimillonarios (ahora billonarios). En las últimas dos décadas este cuadro registró la irrupción de los nuevos popes de la informática en el top de los adinerados y también la diversificación del origen nacional de todo el club. Ver: planetanegocios.com 6, mayo 2011.
3) Este enfoque plantea: Carchedi Guglielmo. “Two models of class analysis”. Capital and Class n 29, 1986. Carchedi, Guglielmo. Frontiers of political economy, Verso 1991.(cap 2)
4) Ver: Garo Isabelle. “La bourgeoisie de Marx: les héros du marché”. Bourgeoisie: état d´une classe dominante”, Syllepse, Paris 2001
5) Una descripción de esta transformación presenta: Held David. La democracia y el orden global, Paidos, Barcelona, 1995, (cap 1, 2, 3, 4).
6) Este enfoque fue desarrollado por: Miliband Ralph. Debates sobre el estado capitalista (cap 1, 3, 4 y 7), Imago Mundi, Buenos Aires 1991. Miliband Ralph. El estado en la sociedad capitalista. Siglo XXI, México, 1980.
7) Esta visión fue expuesta por Poulantzas Nicos. “Las transformaciones actuales del estado”, en La crisis del estado, Confrontación, Barcelona, 1977. Poulantzas Nicos. “Introducción al estudio de la hegemonía en el estado”. Las clases sociales en el capitalismo actual, Siglo XXI, México, 1976.
8) Gramsci Antonio, Notas sobre Maquiavelo, el estado y la política moderna, Nueva Visión, Buenos Aires, 1972.
9) La analogía es planteada por: Arrighi Giovanni. El largo siglo XX. Akal, 1999 (cap 1 y 3)
10) Esta tesis desarrolla Callinicos Alex, Making history, Polity Press. London, 1989, (cap 4). El enfoque opuesto en: Abercrombie Nicholas, Hill Stephen, Turner Bryan S. La tesis de la ideología dominante, siglo XXI, Madrid, 1987.
11) Esta multiplicidad de tensiones es analizada por: Jameson Fredric, “El posmodernismo como lógica cultural del capitalismo tardío”, Ensayos sobre el posmodernismo, Imago Mundi 1991. Eagleton Terry. Ideología, Paidos Barcelona, 1997. Therborn, Goran, La ideología del poder y el poder de la ideología. Siglo XXI, Madrid, 1987.

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Bancarrota capitalista: Se agotaron las aspirinas

Jorge Altamira (especial para ARGENPRESS.info)

Cuando ingresa en su quinto año, la bancarrota capitalista que comenzó a mediados de 2007 avizora su fase más aguda. Se habla ni más ni menos que de la caída del Bank of America, uno de los primeros de Estados Unidos. El Bank of America había absorbido en el primer año de la crisis a rivales como Countrywide -el cual estaba hasta el cuello en créditos incobrables por hipotecas- y se había quedado con otro en el tope del ranking -el poderoso Merril Lynch. Semejantes bocados lo atoraron, debido a las enormes deudas que habían contraído estos bancos para financiar la especulación inmobiliaria.

A esta calamidad, se han sumado las penas y resarcimientos que deberá pagar por el fraude que cometió con otros bancos en oportunidad del ‘defol' de la mayor aseguradora del mundo, AIG. Por medio de la intervención del secretario del Tesoro norteamericano, el America se hizo pagar los créditos que tenía sobre AIG unas pocas horas antes de que la aseguradora declara la cesación de pagos; el mismo beneficio recibieron otros bancos, como el francés Société Gènerale.

Una caída del America desataría quiebras generalizadas, pero lo mismo ocurriría con las alternativas para salvarlo. Una inyección de capital, del orden de los 60 mil millones de dólares, provocaría una reducción fuerte del precio de sus acciones (superior al derrumbe que ya experimentó: en lo que va del año, sus precios se derrumbaron desde 14 a 7 en el día de hoy, o sea un 50%) y la consecuencia sería una extendida depresión en la Bolsa. Si, como otra opción, declarara una quita del valor de sus préstamos para facilitar su cobro a los clientes, el resultado sería una depresión aún mayor en el mercado crediticio. La variante que se vislumbra es que sea adquirido por el J.P. Morgan, que para eso requeriría un fortísimo subsidio del Banco Central (FED), en momentos en que la emisión monetaria ha tomado proporciones gigantescas. Según las versiones, "el secretario (del Tesoro) se habría ya comprometido a facilitarle al comprador unos 100.000 millones de dólares con objeto de que la entidad (Morgan) complete la compra", pero se estima "que el Bank of America requiere una ampliación de capital de 200.000 millones de dólares". El costo del seguro contra un ‘defol' del Bank of America ha subido cerca de 500 puntos sobre la tasa que se usa como referencia. Todo lo que se creía sólido se deshace en el aire.

Perdidos en Europa

De mayor alcance es lo que ocurre en Europa. Un banco pequeño de Grecia (de sólo 35 sucursales) tuvo que ser rescatado de la quiebra por parte de cuatro bancos de mayor porte para evitar una corrida de depositantes, que habría noqueado incluso a los grandes bancos de Europa que tienen una fuerte exposición a la deuda estatal y a los bancos de Grecia. El Banco Central Europeo, sin embargo, no aportó dinero a este operativo, porque los bancos griegos agotaron las garantías para acreditar ante el BCE. El pilotaje lo tuvo que asumir el Banco Central de Grecia, el que sumó así nueva deuda con el BCE, y la enorme deuda pública de Grecia, que es el garante último del Banco Central del país. Este rescate precario e improvisado ha aumentado las dificultades de España e Italia para acceder al mercado de créditos para financiar el pago de la deuda pública. La desvalorización que sufrirá esta deuda afectará fuertemente la solvencia de los bancos acreedores del Estado y la tendencia a una corrida contra ellos. Los bancos españoles están en la primera línea de fuego.

Como resumen general, se constata que los rescates de bancos realizados por gobiernos y bancos centrales a partir de comienzos de 2008 ha concluido con una nueva crisis financiera y fiscal aún mayor de los Estados, la cual repercute sobre los bancos que, durante toda la crisis, han especulado con la compra de deuda pública. Los ajustes fiscales, a partir de finales de 2009, y los despidos, reducciones en la jornada de trabajo y de los salarios golpearon fuerte a la demanda de consumo y de inversión, precipitando una nueva recesión. Estos ataques a los trabajadores aumentaron la tasa de explotación de la fuerza de trabajo por parte del capital, pero acentuaron la insolvencia financiera (la capacidad de repago de los préstamos) como consecuencia de la recesión. Se manifestó, de este modo, la tendencia de la crisis a quebrar las relaciones sociales propias del capitalismo (ausencia de crédito y una nueva crisis monetaria).

De nuevo la madre de todas las crisis: la monetaria

A este regreso de la crisis monetaria responde la suba descomunal del oro (llegó, hace tres días, a cerca de dos mil dólares la onza), mientras el precio del petróleo ha estado cayendo (algo que los analistas consideran relacionado con un horizonte económico recesivo). El oro no es considerado materia prima, sino refugio del capital bajo la forma metálica. El dinero y el capital se retiran del mercado y de la acumulación ampliada, y se repliegan al atesoramiento. Al mismo fenómeno responde -aunque no por mucho tiempo- la suba paradójica del precio de la deuda pública de Estados Unidos. Se trata de una forma disimulada de corrida bancaria: ocurre que los poseedores de enormes masas de dinero en forma líquida (4 billones de dólares) las están retirando de bancos y fondos especulativos por temor a una quiebra, para refugiarse en el santuario ‘políticamente seguro' de la deuda pública norteamericana. Pero la escasa remuneración que ofrece la compra de deuda pública de Estados Unidos perjudica el negocio bancario, que paga más por los depósitos que recibe que lo que cobra por los títulos del Tesoro que compra con esos depósitos. El resultado es que algunos de ellos (Mellon de Nueva York) han comenzado a desalentar el ingreso de depósitos mediante el cobro de una comisión.

La crisis monetaria ha retornado a la economía mundial, como ocurriera en las vísperas del derrumbe de Lehman Brothers en septiembre de 2008, cuando paralizó el comercio mundial y las transacciones financieras. El mercado monetario, donde se otorgan y renuevan los préstamos de cortísimo plazo (de un día hasta seis meses), ha sufrido una fuerte caída. Se comienza a hablar de un tercer plan de inyección monetaria para reactivarlo por parte de la FED, pero los principales observadores desechan que pueda tener efectos prácticos: los mercados están llenos de plata, no necesitan que ingrese más -el problema es que ese dinero se movilice. El recurso a la impresión de billetes para rescatar bancos se ha agotado; otra cosa sería que sirviera a un plan económico de conjunto para reconstruir a la sociedad sobre nuevas bases. El capitalismo se enfrenta a lo que procuró evitar: un replanteo político de conjunto. Ingresamos al punto más alto de la crisis.

El choque político

Varios comentaristas han atribuido la ‘politización' de la crisis mundial a la descalificación, que consideran arbitraria, de la deuda norteamericana por parte de las calificadoras de riesgo. En realidad, estas calificadoras llegaron tarde, si se tiene en cuenta que la deuda de conjunto de Estados Unidos es de 22 billones de dólares ¡un 150% del PBI! El monto suma la deuda federal (14,5 billones); las deudas de Estados y municipios (unos 2 billones de dólares) y la deuda de las agencias hipotecarias del Estado (5 billones y medio). Es impagable a su valor actual. El voltaje político que hay que asignar a esta rebaja de calificación pasa, antes que nada, por el hecho de que los acreedores más importantes son internacionales -China y Japón-, mientras que el principal acreedor interno es (como en la Argentina K) el Banco Central y los Fondos de Pensiones. La rebaja de calificación desvaloriza la deuda: ‘licúa', por un lado, los activos en poder de los jubilados y de los consumidores y, por el otro, el de los rivales del exterior. Estamos ante una presión para que Japón y, en mucha mayor medida, China, revaloricen sus monedas, para que sustituyan así la desvalorización del dólar. Una revalorización de la moneda de China favorecería el comercio de sus competidores y aumentaría la deuda interna en China medida en dólares; lo que desataría una crisis en regla en el país asiático. China ha respondido con una advertencia política: le exigió a Estados Unidos una reducción de los gastos militares, para pagar la deuda, y botó el primer portaviones nuclear, que Obama cuestionó con una advertencia ‘dura'. China no tiene márgenes: ahora mismo la inflación en el país está creciendo -especialmente y en gran medida en los alimentos básicos, muy sensibles para la población.

Europa atraviesa un proceso de características similares (crisis monetaria y política). Su capacidad para financiar el pago de la deuda pública de sus países se ha agotado; lo mismo vale para los ajustes fiscales. Se ha puesto en marcha una reestructuración insignificante de la deuda de Grecia, que carece de magnitud o profundidad para resolver el ‘defol'. El reemplazo de las deudas nacionales impagables por una deuda única de Europa, para hacerlas más solventes, solamente cambiaría el asunto si la carga del endeudamiento sustituto la asumieran los Estados más fuertes (Alemania y Francia), pero esto sería equivalente a subsidiar el rescate de sus competidores. Sólo podrían admitir ese rescate si antes el resto de los países cedieran sus soberanías para que, Alemania en especial, pudieran reorganizar sus economías en función de la industria alemana. La dimensión de la crisis la dejó ver recientemente el magnate George Soros, cuando planteó que Grecia y Portugal debían retirarse de la zona euro (no sin antes asegurar el pago de deudas y depósitos en euros) para cerrar filas entre los países restantes y de este modo salvar a la moneda común y a la Unión Europea. Pero esta salida implicaría un ‘defol' de esos dos países y la quiebra de los bancos acreedores de varios de los Estados acreedores de Grecia. Soros caracterizó una desintegración de la UE como la etapa última y final de la crisis en curso.

Nouriel Roubini, un economista con laureles, la ve de otro modo: es necesaria -dice- una reestructuración de la deuda hipotecaria de Estados Unidos, que saque del ‘defol' y del desalojo a 11 millones de familias y, en forma complementaria, obligar a los accionistas y acreedores de los bancos que dieron hipotecas a que carguen con las pérdidas correspondientes. A partir de aquí recomienda un fuerte aumento del gasto fiscal para recuperar la demanda. Que se diga esto, luego de que Obama pactara con los republicanos lo contrario, es un síntoma inconfundible de la violencia de la crisis política que asoma en Estados Unidos. Incluso el multimillonario Warren Buffet reclamó que los ricos paguen más impuestos para financiar un programa de obras públicas. La fase de las opciones políticas en el desarrollo de la crisis forzará a la participación masiva de las diferentes clases de la sociedad.

El núcleo

Las diversas explosiones -tanto económicas como políticas e internacionales- de la bancarrota capitalista se están acercando al núcleo del reactor. La vigencia de un programa de transición que opere como un factor de movilización de masas, entre la situación actual y la meta de la reorganización socialista de la sociedad (que la crisis la paguen los capitalistas), está más clara que nunca.

Autor imagen: Carlos Latuff

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Libia libre, y la nueva esclavitud imperialista

Gustavo Herren (especial para ARGENPRESS.info)

Sin el contrapeso soviético y desenfrenados por las crisis económicas que ellos mismos producen, el imperialismo estadounidense y el europeo, junto con sus aliados árabes, siguen la hoja de ruta para el proyecto del Gran Oriente Medio y Norte de Africa. Sistemáticamente van avanzando sobre cada uno de sus objetivos, Irak, Afganistán, Sudán, Libia, Siria, Líbano, Somalia e Irán. Las grandes potencias occidentales se realimentan aplicando en Libia las lecciones aprendidas en Kosovo, Irak y Afganistán.

Cuando la injerencia es directa o invaden un país soberano, las grandes potencias imperio-colonialistas invocan valores nobles y humanitarios. Llevan la libertad y seguridad a la población, la modernidad, la civilización, el progreso, el desarrollo y la democracia, pero no cualquiera, sino la democracia liberal con su ideología insertada en el régimen capitalista de mercado. Suponen que no solo deberían estarles agradecidos los traidores y entregadores locales sino el pueblo invadido como un todo.

Al respecto Obama declaró ‘…el gobierno de Estados Unidos y el pueblo de Libia están unidos por sentimientos de libertad, justicia y dignidad, sus sacrificios han sido extraordinarios. Vamos a continuar en firme coordinación con el Consejo Nacional de Transición… Estados Unidos es amigo y socio de los libios y vamos a trabajar como socios y aliados para proteger sus intereses‘.

Desde el comienzo los líderes del triplete franco-anglo-estadounidense que comanda la invasión, ya habían declarado abiertamente su objetivo, Sarkozy afirmó ‘…Es imposible imaginar un futuro para Libia con Kadafi en el poder… permitirlo sería una traición inconcebible para el pueblo de Libia… que se convertiría en un Estado paria y fallido… mientras Kadafi siga en el poder, la OTAN y la coalición mantendrá sus operaciones para proteger a los civiles y presionar al régimen… luego puede comenzar una transición genuina, de la dictadura a un proceso constitucional inclusivo conducido por una nueva generación de líderes’.

Hace casi seis meses cuando lanzaba la operación Odisea del Amanecer para proteger al pueblo libio, el presidente premio Nobel de la Paz también deslizó públicamente el objetivo de la invasión ‘…Kadafi ha perdido legitimidad y debe irse… Es necesaria una transición ordenada, significativa y pacífica‘. Luego reajustó su discurso ‘…La política de Estados Unidos sobre el líder Muammar Kadafi es que necesite irse’, confirmando que los bombardeos humanitarios de la OTAN serían sobre objetivos civiles para crear el caos en la población. De hecho sus bombas ‘inteligentes’ destruyeron establecimientos sanitarios, de salud, educativos, de abastecimiento, usinas de energía, edificios oficiales, fábricas, rutas, puentes y viviendas de la población con cientos de civiles asesinados.

Actualmente, después de 20.000 misiones y mas de 5.000 ataques aéreos, y mientras la OTAN realizaba un furibundo bombardeo personalizado contra la vivienda del Hermano Líder y su familia, siguiendo la técnica de los asesinatos selectivos (como la que aplicaron a Osama bin Laden), el oscuro presidente pronosticó que el cambio de régimen estaba por ser alcanzado : ‘…El gobierno de Kadafi ha llegado a su fin… la oposición debe seguir tomando medidas para la transición pasiva, inclusiva y justa de los derechos de los libios’. La declaración fue rápidamente difundida y celebrada por las 4 grandes agencias internacionales de noticias que generan el 80 % de la información mundial. Del otro lado, la respuesta ante la prepotencia colonial de Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña y la OTAN a 188 días de terror, muerte y destrucción y fue la de un guerrero del desierto ‘…Victoria o muerte contra la agresión’.

Los imperialistas están aplicando en Libia las lecciones aprendidas en Irak y Afganistán. En estos países, a pesar de la coalición de aliados, Estados Unidos no logró evitar el impacto y el desprestigio internacional por la matanza de cientos de miles de iraquíes, que provocó la Operación Libertad Iraquí para protegerlos de las armas de destrucción masiva y los excesos del monstruo Saddam Hussein, armado por el mismo Pentágono. En Libia, se bajó el perfil. Washington comanda desde atrás, encubierto como sus drones, Francia e Inglaterra más expuestos, pero todos diluyendo responsabilidades detrás de la gran pantalla, la corrupta OTAN constituida en gendarme mundial con la ONU a su servicio, junto con 14 países socios agresores y 14 que no participaron directamente, sino de una manera u otra como cínicos cómplices de la masacre libia.

Para los liberales toda crisis encierra una oportunidad, encontrar el orden dentro del caos es saber manipularlo, las revueltas árabes y el error de Kadafi con una represión supuestamente desproporcionada, crearon condiciones para que las potencias desaten una Guerra de Masas en Libia, y próximamente ni bien Europa y Estados Unidos la utilicen para recuperarse económicamente, en Siria, otro potencial aliado de Irán. La guerra de masas, es aquella provocada por elites extranjeras contra toda la masa de un pueblo, fogoneando las divisiones y enfrentamientos internos y suministrando armas y soporte económico a bandos estratégicamente elegidos para que se maten entre sí, habilitando la dominación extranjera. Lo que el presidente Chávez llamó la guerra de perros. Estados Unidos e Inglaterra son especialistas, esta última la aplicó como imperio colonial en la conquista de la India y con las guerras del opio en China. Últimamente lo hicieron en Yugoslavia y en Sudán, con la reciente secesión de la petrolera y pro-estadounidense región sur.

Se sabía que los brutales ataques aéreos de la OTAN difícilmente serían suficientes para derrocar al gobierno libio. La última fase del plan requeriría la invasión de tropas terrestres extraterritoriales. Pero la oposición libia no veía esto con buenos ojos, mostrando además su preocupación de que la población de Trípoli no se sienta invadida por tropas de Libia oriental. Por otro lado, teniendo en cuenta las experiencias del pantanal iraquí, los imperialistas estadounidenses y europeos tampoco volverían a cargar con el costo político mundial de aparecer nuevamente como invasores. Obama se ufanó ‘…Nuestros pilotos han realizados sus misiones con mucha valentía sin tener una sola tropa de Estados Unidos en tierra libia’.

Washington con todo éxito tercerizó en Honduras el golpe de estado contra el presidente Manuel Zelaya, el poder inteligente de Obama utilizó la experiencia para el golpe contra el gobierno de Kadafi.

La solución fue que la OTAN realizó la invasión indirectamente, mediante terceros. Se abrieron centros de reclutamiento de mercenarios, en Arabia Saudita, en Emiratos Arabes Unidos y en Qatar, la CIA y el MI6 los organizaron en Libia. Se configuró un ejército mercenario con nativos de tribus descontentas, con salafistas de Bengasi y Dernah, con egipcios de la Hermandad Musulmana, con tunecinos, y hasta con la participación de paramilitares colombianos y extremistas relacionados con Al Qaeda, los movimientos populares rebeldes armados nunca estuvieron. Aunque este fue el apantallamiento, detrás de esta fuerza contratista se hallaban los militares de Francia, Inglaterra, Europa del Este y Qatar entre otros.

Obama manifestó ‘…La OTAN ha probado que es la alianza más capaz del mundo con su fortaleza y aviones acompañada de ideales democráticos que muestran lo que puede suceder cuando trabajamos como socios iguales’, refiriéndose a los sediciosos del Consejo Nacional de Transición libio (una caterva compuesta entre otros por oportunistas y desertores del gobierno de Kadafi, neoliberales formados en los centros de poder occidental, líderes de las tribus adversarias, extremistas religiosos yihadistas de Darnah), y al furibundo lanzamiento de la operación ‘Amanecer de la Sirena’. Esta última estocada final, fue posible porque el gobierno de Obama, facilitó a las fuerzas especiales terrestres anglo francesas y a la OTAN el uso de la información de inteligencia de los drones, aviones y satélites del Pentágono (lo cual no sorprende a muchos argentinos, ya que una actitud equivalente tuvo Washington con Gran Bretaña en la guerra de Malvinas; Kadafi fue uno de los pocos que durante el conflicto proporcionó armas a Argentina). El ataque sobre la plaza de Trípoli y sus alrededores, tuvo una envergadura tal que la mitad de la Fuerzas Armadas libias sufrió bajas. Al bombardeo por saturación de la OTAN, se sumó el masivo ataque con helicópteros, el desembarco de armamento pesado y de tropas, y la ofensiva de grupos infiltrados en la misma ciudad. El saldo, una carnicería humana con miles de muertos y heridos.

Una lección sobre cuáles son las leyes de las grandes potencias occidentales que ostentan los primeros puestos en la estratificación jerárquica de la estructura internacional, es considerar el error que cometió Kadafi al confiar en los imperialistas creyendo que el servilismo y la cesión garantizaría su protección. Para éstos, el líder nunca dejó de ser no confiable e impredecible. En el fondo las leyes de las grandes potencias imperialistas/colonialistas, encubiertas por el derecho internacional articulado por ellas mismas, son simples y rudimentarias. Las relaciones son de puro interés, 100% pragmáticas, y aplicadas con una unilateralidad e impunidad proporcional al poder que los mantiene en la escala jerárquica mundial. Una suerte de colorario de la primitiva y tosca ley del más fuerte. Muchos líderes conocen que las grandes potencias no intercambian favores, sino que estos funcionan en un solo sentido, el servilismo no implica protección.

El presidente Chávez muestra conocer bien el tema. El oro es el actual refugio especulativo frente al debilitamiento del papel fiduciario de intercambio mundial, el dólar. Una muestra de la dependencia de los Estados menores a las grandes potencias, es que muchos de estos países siguen exportándoles la mayoría de sus recursos mineros auríferos, con regalías irrisorias, tal es el caso de Argentina. E increíblemente la subordinación al orden capitalista imperante es tal, que tienen depositadas como garantía partes significativas de sus reservas monetarias y en oro en los bancos de las grandes potencias capitalistas del norte. En el caso de Venezuela, en Suiza, Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Alemania, y en bancos como el Banco de Pagos Internacionales de Basilea, el Barclays Bank, JP Morgan y la Reserva Federal de Estados Unidos, el BNP Paribas, el Deutsche Bank, Bank of Nova Scotia y el Banco Mundial entre otros. Otro tanto pasaba con las reservas internacionales de Libia. Pero debido a las sanciones económicas impuestas por las grandes democracias del norte para defender los intereses del pueblo libio, desaparecieron robadas tal vez, las reservas internacionales del país, unos 200.000 millones de dólares que el gobierno había depositado en los bancos occidentales, y que las usinas mediáticas del imperio intencionalmente llamaban fondos de la familia Kadafi.

Venezuela, con Chávez próximo a las elecciones y afectado por la enfermedad es otra plaza a tomar por la superpotencia imperialista del norte y sus aliados. Por lo pronto, el líder venezolano anunció que el gobierno repatriará las reservas de oro en el exterior y nacionalizará la explotación minera de ese metal, así como que movilizará las reservas internacionales del país, en parte hacia bancos de China, Rusia, India, Brasil y Sudáfrica.

Después de la ‘destrucción constructiva’ de la Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista, es decir dejar tierra arrasada, eliminar al enemigo militar y controlar a los opositores, los neocolonialistas deben reconstruir desde cero y en el nuevo orden capitalista, un Estado según el modelo angloestadounidense de Westfalia. Para evitar un nuevo Irak, deben de inmediato restaurar la vida normal en Trípoli y en el país, para esto tienen listos programas de apoyo económico internacional, de ayuda humanitaria de la ONU, y de los países islámicos ganadores como Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Turquía.

Con las lecciones aprendidas sobre la guerra urbana irregular en el pantano de Irak y la resistencia talibán en la ciénaga de Afganistán, los neocolonialistas, que ya se están peleando por la repartija del botín libio incluido el negocio de la reconstrucción, buscan evitar un nuevo arenal. Por ello, buena parte de las fuerzas de seguridad de Trípoli provendría de la misma ciudad, con contratistas opositores y desertores. Para apoyar al Consejo de Transición pos-Kadafi, arribaría inmediatamente a la capital ‘como policía’, una fuerza de transición de mas de un millar de combatientes de Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Por su parte el Pentágono está preparando tropas que entrarán a Libia para ayudar a proteger las armas.

Respecto de destino planificado para el gran tirano, el Hermano líder, después que fracasara el intento de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos para asesinarlo, el Consejo de Transición puso precio por su cabeza, vivo o muerto, al mejor estilo estadounidense del ‘Far West’. Por si esto fuera poco, el fiscal argentino de la Corte Penal Internacional condenó a Kadafi por los crímenes en Libia, pero no a George W. Bush y los otros líderes cómplices occidentales por los crímenes y masacres de civiles en Irak y Afganistán.

Todo gobierno que defienda los intereses nacionales y de su pueblo afectando a los imperialistas, es una amenaza que deberán revertir. El corrupto Hermano Líder, planeaba aumentar del 30% al 50%. la participación del Estado libio en el petróleo. Salvo Italia y Alemania, las petroleras occidentales estaban disconformes con los contratos y condiciones del gobierno, considerados extremadamente duros y 'abusivos'. A pesar de todo, el 90% de las ganancias petroleras quedaba en el país. En 2009, Kadafi rechazó el bajo precio del petróleo debido a la crisis global, y amenazó con expulsar a las grandes petroleras estadounidenses y europeas en favor de la compañía petrolera nacional de Libia, lo que hizo que Washington que lo calificara como amigo del 'nacionalizador Chávez'. Libia es una de las mayores reservas petroleras de África, y mas importante aún, con la mayor parte de su subsuelo todavía sin explorar.
Washington necesita desplegar el AFRICOM contra la penetración masiva de China en África: créditos blandos sin condicionamientos a los países, y mas de 5 millones de trabajadores y profesionales chinos en una multiplicidad de emprendimientos sino-africanos. La Libia con el tirano Kadafi había evitado toda relación con la OTAN, y es uno de los 5 países africanos que rechazó integrarse en el AFRICOM. El Pentágono proyecta plantar bases militares en el norte de África, y es probable que con el nuevo gobierno títere llamado Consejo Nacional de Transición, la cede central del AFRICOM no tarde en ser trasladada de Stuttgart (Alemania) a un nuevo hogar, Trípoli. Sería buen escarmiento para los libios anti-imperialistas y una advertencia para los Estados menores de África y Sudamérica, al convalidarse el principio R2P (Responsabilidad Para Proteger) aplicado en Serbia, en que las grandes potencias pueden intervenir donde quieran con la excusa del derecho a proteger a los civiles.

La Cumbre América del Sur - África 2011, debía realizarse en Libia. En la anterior en Venezuela (2009), Kadafi había cuestionado al Consejo de Seguridad de la ONU, había llamado a la unidad del Sur y propuesto la creación de una ‘OTAN del Sur’ : ‘…Tenemos que luchar para construir nuestras propias fuerzas. ... Miren el Atlántico Norte, no hay una separación, América del Norte está vinculada desde todo punto de vista con Europa, a través de las comunicaciones, de las flotas, de todo. En cambio en el Atlántico Sur, hay un vacío y lo tenemos que llenar antes que lo hagan otros. Poner fin a ese abismo y crear continuidad entre nosotros, ya sea a través de alianzas, convenios, pactos, para organizar una acción histórica, estratégica, que pueda llenar ese vacío de manera que redunde en beneficio de la comunicación marítima, aérea, gasoductos, oleoductos, del turismo, etc. Que el Sur se interconecte como la OTAN del Norte. Ellos se sienten fuertes y muy potentes. Tienen su teoría: piensan que el mundo se divide en dos partes: señores y esclavos. En el norte están los señores y en el sur los esclavos. Y que en el mundo hay dos partes: una que produce y otra que consume. El norte produce, el sur consume lo que produce el norte. Si trabajamos juntos, quebrantaremos esa teoría...'

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Libia y los intelectuales - equivocación moral y colapso intelectual

Toni Solo - Jorge Capelán (TORTILLACONSAL, especial para ARGENPRESS.info)

No es nada nuevo para las personas que apoyan el Frente Sandinista de Liberación Nacional descubrir que los intelectuales carecen de solidez moral e intelectual. Es bien conocida la historia de la migración de intelectuales sandinistas hacia posiciones alineadas con los cipayos nacionales y regionales de los poderes de la OTAN. No es sorprendente tampoco entonces descubrir que en relación a la criminal agresión contra Libia destacadas figuras han traicionado principios fundamentales, tanto morales como intelectuales.

El artículo de Atilio Borón, ¿“Libia: Sangre, sudor y lágrimas”? (1) confirma la tendencia de otros intelectuales destacados como Ignacio Ramonet, Samir Amin o Immanuel Wallerstein de analizar los acontecimientos en Libia tendenciosa y ahistóricamente para justificar prejuicios a la vez vulgares y pretenciosos. En sus escritos sobre Libia todos estos escritores demuestran dos cosas fundamentales - comparten la versión imperialista de los sucesos en Libia y escriben como si fuera apropiado en este momento pretender a algún tipo de lucha anti-imperialista teórica y moralmente superior.

El conocimiento histórico depende de diferentes tipos de evidencia. Hay que decidir qué estatura y relevancia se debe de asignar a las diferentes evidencias en existencia. Están las evidencias que indican lo que los actores pensaban y creían en determinadas situaciones – evidencias que deberían ser sujetas a evaluación, valoración e interpretación.

Hay evidencias más concretas, como documentos oficiales, registros de datos, archivos de estadísticas, etcétera. También, por ejemplo, están las relaciones cronológicas, las correlaciones de fuerza y las relaciones de poder. Para elucidar de una manera acertada lo que pasó de toda esta confusa masa de hechos y testimonios y evidencias, habrá que hacer las preguntas apropiadas.

Existe bastante consenso sobre este tipo de procedimientos a seguir para entender un acontecimiento o proceso histórico. Sin embargo, con respecto a Libia, intelectuales como Atilio Borón escriben pasando por alto los más elementales cuidados a la hora de evaluar la evidencia histórica. Un ejemplo de esto es lo siguiente:

“El exilio (para Muammar Ghaddafi) es altamente improbable: no tiene quien lo reciba y, además, su inmensa fortuna, depositada en bancos de Estados Unidos, Inglaterra, Francia e Italia está bloqueada.” ¿Acaso Borón ha estudiado en detalle las cuentas bancarias de Muammar Ghaddafi? Es poco probable. En verdad, es sumamente improbable. Bien podría ser el caso. Pero Borón no lo sabe. Tampoco sabe Atilio Borón que Muammar Ghaddafi “no tiene quien lo reciba”.

Aparte de estos criterios vulgares, Atilio Borón emite juicios que se contradicen a sí mismos: “...Gadafi, atónito ante la ingratitud de aquellos de quienes se había convertido en obediente peón.” No sabemos – y Atilio Borón tampoco sabe - si Muammar Ghaddafi se quedó atónito en algún momento frente al actuar de sus enemigos. Por otro lado, si Muammar Ghaddafi fuera un obediente peón, no estarían los poderes de la OTAN atacando a Libia, no habría necesidad.

Más aún, Borón acusa a Ghaddaffi de haber tenido “relaciones carnales” con las potencias imperialistas, como si se tratase de uno más de los Ménem y los De La Rua de la Argentina de la Pizza con Champagne. Aparte de toda la evidencia que contradice esta tesis, y de lo caricaturesco de esta descripción, lo que los críticos de las medidas libias para romper con el brutal bloqueo al que fue sometido el país norafricano entre fines de los 80s e inicios del nuevo siglo omiten es alguna propuesta alternativa sobre el curso “verdaderamente revolucionario” a seguir por Libia en esas condiciones.

Borón intenta salir de esta contradicción manipulando la burda propaganda del mismo imperio que dice rechazar. Dejamos a un lado su muy cuestionable suposición de que ha habido una revolución en Egipto que verdaderamente haya logrado cambiar de manera significativa esa sociedad. Borón escribe: “En Libia (los poderes de la OTAN) tuvieron la ocasión de reparar ese mal paso, facilitado por la brutal represión que Gadafi descargó en las primeras semanas de la revuelta.”

Esta es pura propaganda imperial. Ni Atilio Borón ni nadie ha establecido con claridad qué pasó en el mes de febrero en Libia. Lo que sí se sabe es que hubo una insurrección armada mezclada con un golpe de estado provocado en gran medida por grupos aliados de y patrocinados por los gobiernos de la OTAN. De esa realidad hay bastante información, ya que los actores de esa insurrección-golpe ya están claramente identificados – entre ellos traidores del gobierno libio, combatientes del Islamic Fighting Group, militantes del Libyan Democratic Party y simpatizantes de la monarquía.

Esos mismos actores han dado pruebas de su accionar criminal y su desprecio por la vida de ese pueblo al que dicen querer liberar, las que a estas alturas han sido documentadas en informes de varias organizaciones internacionales desde ópticas ideológicas e intereses muy contradictorios.

Pero, sin detenerse en ese tipo de consideraciones, Borón sigue acto seguido con que “Esto ofreció el pretexto que estaban buscando para desencadenar la no menos brutal intervención militar de la OTAN.” Obviamos lo más probable -que la mano de la OTAN estuvo detrás (y metida dentro) de la insurreción-golpe, meses antes de que ésta fuera puesta en práctica en febrero de este año.

Aquí Atilio Borón implica claramente que no hay ninguna diferencia entre la fuerza desplegada por el gobierno libio en autodefensa contra un golpe-insurrección y la masiva intervención contra Libia de 42 países incluyendo las más poderosas fuerzas armadas del mundo.

Escribir así a estas alturas de la destrucción de Libia como país indica el abandono completo de un básico sentido moral.

Más adelante, hay una pista del porqué de esta absurda actitud. Atilio Borón escribe con aprobación de las opiniones de Samir Amin, como si el tema a estas alturas mereciese una discusión teórica. Borón parece compartir el análisis de Amin, de que el petróleo es secundario con respecto al interés de la OTAN por Libia. Nos invita a estar interesados en si el motivo principal de la criminal agresión contra Libia es el de mejorar un poco la ubicación del comando militar estadounidense Africom. Habrá que recordar que Samir Amin ha escrito que Muammar Ghaddafi es un “payaso”.

Parecería más bien que los payasos son Atilio Borón y Samir Amin, por haber perdido completamente la brújula moral. Allí están ellos, ofreciendo sus lectores los mismos dos arquetipos tradicionales de los imperialistas – el carnicero-dictador y el patético-payaso. Estos artefactos de la guerra psicológica de la OTAN se han usado para burlar-satanizar un dirigente que durante muchos meses de dura lucha ha demostrado que tiene el apoyo de la gran mayoría del pueblo de Libia.

Es probable que el aprecio de dirigentes como Nelson Mandela, Hugo Chávez y Daniel Ortgea valga muchísimo más que las opiniones vulgares y abiertamente neocoloniales de Atilio Borón y Samir Amin. Estos escritores llaman a la mente el tropo del poeta W.H.Auden quien se autocrticó como cristiano por haberse identificado, no con el sufrimiento de los actores de la Pasión de Cristo, si no con algún culto señor romano que observaba lo hechos desde fuera.

Hay otro elemento pudendo en perspectivas de los acontecimientos en Libia propuestas como autores como Borón que, como en el caso famoso del rey del cuento, a fuerza de su evidente e impúdica exposición pasan a menudo desapercibidas para el público. Si en Libia se cometieron errores, si Ghadaffi cometió errores: ¿no sería de suprema importancia conocer la visión y el análisis de los propios libios sobre esos errores?

¿No sería, al fin de cuentas, la valoración hecha por esos mismos sujetos, el criterio supremo para juzgar los aciertos y errores de su experiencia histórica? Son ellos, al fin y al cabo, los que ponen los muertos. Y nosotros, que no somos libios, y que nos decimos antiimperialistas, tenemos la responsabilidad de dificultar y si es posible impedir la masacre puesta en marcha por la OTAN. No sólo por el pueblo libio, sino también por nuestros propios pueblos y por nuestros propios muertos.

Hace poco opinamos que los intelectuales de la izquierda internacional tienen poco que ofrecer a los pueblos que luchan por su emancipación del imperialismo occidental. Lo que autores como Atilio Borón y Samir Amin han escrito sobre Libia confirma esa apreciación. Como mucha gente aquí en Nicaragua incluyendo el Frente Sandinista de Liberación Nacional, nosotros nos solidarizamos con Muammar Ghaddafi y su pueblo en su batalla contra la OTAN.

Nota:

Imagen: Bandera de la Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular Socialista (Libia).

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Santiago de Chile: Carabineros atacó la TV comunitaria Señal de La Victoria

Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)
Fuerzas Especiales de Carabineros atacaron por sorpresa las instalaciones del canal popular comunitario Señal 3 de la Victoria, población de la zona sur de Santiago. A la 1:30 de la madrugada del jueves 25, en medio de los dos días del paro nacional de miércoles y jueves, las tropas de policía militarizada que dirige el ministro de Interior de Piñera, Rodrigo Hinzpeter, incursionaron por la calle Estrella Blanca de La Victoria e invadieron hogares con niños y ancianos mientras sus moradores dormían. En ese sector no hubo barricadas, tampoco a esa hora se desplazaba gente por las calles: todo el mundo dormía.

Carabineros cometió numerosas otras tropelías en Santiago y el resto del país, como el asesinato del joven Manuel Gutiérrez, de 16 años, en Villa Jaime Eyzaguirre, Macul (Santiago), quien falleció por heridas de bala en la madrugada de este viernes. Según la familia, Carabineros lanzó tres disparos, uno dio en el pecho de Manuel, "una persona tranquila, un estudiante que era un ejemplo en su colegio, que era evangélico". Según la hermana del joven, en entrevista con Canal 13, a 300 metros de la pasarela que une Macul con Peñalolén, Carabineros disparó sobre Gutiérrez cuando conducía la silla de ruedas de un hermano discapacitado.
En varios otros incidentes alevosos registrados por cámaras privadas y de los medios, Carabineros lanzó bombas lacrimógenas contra los estudiantes del Campus Oriente de la Universidad Católica en los instantes en que estaban abandonando el recinto por su propia voluntad. También lanzaron sin necesidad una bomba al interior de la sede del Sindicato de Correos de Chile, donde se encontraba una menor que no pudo ser auxiliada desde el exterior debido a las barras de hierro de protección de puertas y ventanas del inmueble viejo. En la población La Pincoya, Huechuraba (Santiago), el joven Mario Parraguez Pinto recibió un balazo en un ojo.
El ataque en La Victoria causó destrucción al interior de las modestas viviendas del vecindario que fueron violadas por Carabineros. Los uniformados centraron su saña en la sede del canal popular Señal 3 de La Victoria, en un ataque al estilo de las fuerzas de ocupación en otros lugares del mundo. La incursión trajo a la memoria la brutalidad de de la dictadura de Pinochet en las poblaciones donde habitan trabajadores y gente modesta de la capital. “Estos son los hijos de Pinochet”, dijo una vecina, refiriéndose al gobierno Piñera (ver final del video).
En la sede de la Señal 3 se encontraban sus animadores y reporteros populares editando el material captado el miércoles, durante la primera jornada del paro nacional. Carabineros hirió gravemente a 4 pobladores de La Victoria y a 5 comunicadores de la Señal 3, pero además destruyeron una cámara propiedad del canal y un equipo de iluminación. Sin embargo, la férrea resistencia de los animadores de la Señal 3 les impidió penetrar al local sede y destruir sus instalaciones.
Los comunicadores grabaron la sorpresiva agresión con la luz ambiente de esa hora de la madrugada, según un reportaje de 12 minutos que puede verse en YouTube (http://www.youtube.com/watch?v=uYxOvYT-8GY&feature=youtu.be). Los comunicadores llamaron a los grandes medios para que registraran la agresión en particular a la radio Bío Bío, pero rehusaron cubrir el episodio. La Señal 3 hizo un llamado para que Hinzpeter incluya en la formación de Carabineros la asignatura de derechos humanos. Al final del video aparecen breves entrevistas realizadas con luz día en la mañana del jueves.
Ernesto Carmona es periodista y escritor chileno.

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Un milagro para Cristina (segunda parte)

Alfredo Grande (APE)

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Cuentan que en una entrevista, un periodista le pregunta al general Perón como se distribuían las simpatías partidarias en la Argentina. Bueno, es simple, contestó: alrededor del 30% son radicales, más o menos igual son conservadores y alrededor del 30 % son socialistas. -Pero General: ¿y peronistas? -Ah no -contestó - peronistas son todos. Años más, porcentajes menos, la historia se repite. Al menos, la historia repite la mitad de la historia. -Ah no: kirchneristas son la mitad de todos. O quizá deberíamos decir: “cristinistas”. Aunque sea lo mismo, de todos modos no es igual. La política como mercado no ofrece mercancías idénticas, porque sabemos que el fundamento de la persistencia en la demanda es la variación de la oferta. La crispación dio paso a la felicitación, y no fue un nuevo paso de baile, sino directamente otra forma de bailar. Como todos sabemos, no es difícil bailar con la más linda. Y nadie erra un penal cuando patea sin arquero. O con varios arqueros de la dimensión de liliputiensis psicofísicos. Por las dudas que hubiera alguna sorpresa, la cláusula gatillo del 1,5% fusiló por las urnas y por las dudas varios intentos de oposición salvaje. Nos quedamos con la civilización de la democracia representativa y nos alejamos de los bárbaros que sólo se representan a sí mismos, y a veces, ni siquiera. Un compañero en medio de esas charlas que doy donde suelo hablar de aquello que ignoro, me dijo: “no sé si soy uno de los míos”. En fin, que a ningún oficialista le hizo pregunta, y mucho menos le dio asquete, que por el modelo K (si escribo la modelo K me deportan) votarán desde los salvajes macristas de la ciudad de Buenos Aires, hasta los oligarcas del campo, o al menos, los medianos y no tan medianos productores. Por algo la Mesa de Enlace admitió haber recibido una cachetada, versión light del escarmiento que no truena. Así que tengo un terrible problema, además de las expensas de mi modesto departamento. La lucha contra toda hegemonía, el pensamiento único, el culto a la personalidad, la idealización, la verdad revelada, la condena al consumismo, el odio visceral a la banca financiera, a la casta sacerdotal y la jerarquía militar, la convicción profunda de que el maquillaje peronista le ha servido a miserables represores, torturadores y desaparecedores para hacer cosmética democrática, la convicción de que no hay capitalismo que no se sustente en la explotación del trabajador, sea por desempleo, sea por salarios retrasados en relación al costo de vida, la idea de que todo Estado es la forma jurídica de la clase dominante y por lo tanto es benefactor como el lobo cuando no tiene tanta hambre, o cuando está adobando el próximo festín. Todo eso tambalea, deja de ser consistente, las elecciones son algo así como una herida, aunque no demasiado absurda. Hay cuestiones en que nuestro Estado debe intervenir y que no se han planteado en las campañas para las jefaturas de ciudades y provincias. Planteo sólo dos, porque la conciencia plena de la impotencia para enfrentarlos me obliga a ser prudente. La despenalización del aborto, la lucha integral contra la trata y la despenalización de la tenencia de drogas. Creo que puse tres, de optimista nomás. Pero en esas tres cuestiones, es justamente el Estado copartícipe necesario para que las tres tragedias se continúen en el tiempo. Y en estos tres casos, LO ÚNICO que importa son las víctimas. Por cientos de miles. Y además el hambre, una forma nada sutil de terrorismo de estado, porque la desnutrición crónica es el terror de la infancia. Por eso sólo le pido a la Presidenta, que “se la crea”. Ella está en el lugar en que nadie más está, y mucho menos ningún partido político. Y eso en una democracia representativa, es mucho decir. No es un moco, no es un pavo. Es haber condensado hasta el extremo límite de una persona, la formidable tarea política de varias generaciones. Por eso, y haciendo caso omiso a los aumentos de patrimonios y a las denuncias nunca investigadas de enriquecimiento ilícito, porque siempre me preocupó más el empobrecimiento lícito, me parece necesario insistir con la importancia de abandonar el “no me la creo”. La humildad, cuando exagerada, es apenas soberbia contrariada. Lo importante es que el 50%, poco más, poco menos, sirva en los tres meses posteriores al juramento, a terminar con esas 4 lacras de la democracia. Hay muchos monopolios además de Clarín y no es bueno que todo termine en un pacto perverso entre monopolios deportivos, económicos, productivos, camperos, mineros, petroleros, sojeros, y demases. La “Red Federal de Familias” debe ser denunciada como organización fascista, los crímenes de la trata caratulados todos como de lesa humanidad, porque a Candela nadie tiene derecho a apagarla, recordemos que una madre tuvo más poder que todas las fuerzas de seguridad juntas para rescatar secuestradas y esclavizadas, y la desnutrición y el hambre que sea condena perpetua para aquellos que miran sólo para sus bolsillos y los vaivenes de la bolsa. Pero naturalmente, nada de esto será un milagro. Y de la misma manera que jamás podría brindar con el Chiche, sé que más temprano que tarde el pueblo unido será el milagro laico que todos construiremos. Y entonces, cuando la tortilla se vuelva, brindaremos por los ausentes y por los presentes que siempre sostuvieron las mismas banderas de la emancipación.

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