domingo, 11 de diciembre de 2011

Premio UBA para ARGENPRESS

La 5º edición 2011 del Premio Universidad de Buenos Aires (UBA) a la divulgación de contenidos educativos en medios nacionales distinguió a Argenpress por la publicación del artículo “Enseñanza de las ciencias en la escuela: algunas claves para generar cambios”, escrito por Bruno Geller, redactor de la Agencia de Noticias Científicas y Tecnológicas Argentina (Agencia CyTA-Instituto Leloir).

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El Premio UBA tiene como finalidad la creación de una instancia de reconocimiento a la divulgación de contenidos educativos, culturales y científicos, que tanto periodistas como medios de comunicación gráficos, digitales, radiales y televisivos difunden y promueven en tanto actores sociales.

El jurado del premio UBA –que reconoció un total de 23 trabajos periodísticos- estuvo integrado por Jorge Coscia, Secretario de Cultura de la Nación; Ernestina Pais, periodista y conductora de “Día Perfecto (Radio Metro 95.1) y CQC (Telefe)”; Felipe Pigna Historiador y conductor en Radio Nacional, Canal 7 y director de la Revista “Caras y Caretas”; y los docentes: Glenn Postolski, de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales y Carlos Trilnick de la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo. El mismo evaluó las cinco categorías: Producciones gráficas; Producciones audiovisuales; Producciones radiofónicas; y Producciones digitales y Agencias de Noticias y los dos Rubros: Divulgación Educativa y Divulgación Científica.

«Enseñanza de las ciencias en la escuela: Algunas claves para generar cambios

«¿Cómo se enseña ciencia en las escuelas y cuál es su relevancia para la ciudadanía y la sociedad en su conjunto? ¿Qué iniciativas están en curso en el aula y a que desafíos se ven enfrentados los docentes? Investigadores que se especializan en la enseñanza de las ciencias en las escuelas, maestros, alumnos y ex alumnos de la Argentina brindaron sus impresiones sobre estos temas a la Agencia CyTA.

«(Agencia CyTA-Instituto Leloir)-. Una encuesta nacional, respondida por 816 investigadores de la Argentina, y dado a conocer por la revista Public Understanding of Science revela que los docentes y la lectura de libros son los principales impulsores a la hora de definir la vocación científica.

«Teniendo en cuenta el peso significativo que tiene la experiencia escolar (primaria y secundaria) para estimular la vocación científica de los alumnos –pilar clave de una país que aspira a transformarse en una “sociedad basada en el conocimiento”–, la Agencia CyTA consultó a investigadores, a maestros y a alumnos a fin de conocer su opinión acerca del estado actual de la enseñanza de las ciencias en esas etapas educativas y los desafíos que plantea su abordaje.

«Agustín Aduriz Bravo, docente del Centro de Formación e Investigación en Enseñanza de las Ciencias (CeFIEC - http://www.fcen.uba.ar/carreras/cefiec/cefiec.htm), que depende de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), afirma que “si bien existen algunos estudios sobre la enseñanza de las ciencias en las escuelas argentinas, se dispone en general de poca investigación didáctica ‘a gran escala’. Esto es, estudios nacionales y transnacionales, trabajos comparativos y estadísticos y estudios longitudinales, entre otros”. Aduriz Bravo señala que, no obstante ello, se han visto, a través de las investigaciones y de análisis hechos por otros actores como organismos públicos y organizaciones no gubernamentales, que existen diversos problemas entre los cuales se destaca la inequidad, característica común a nuestra región. En tal sentido, hay claras diferencias en la forma en que se enseña y se aprende ciencias en escuelas ricas y pobres, públicas y privadas, centrales o periféricas, históricas o recientes.”

«Medidas “extradidácticas” y “didácticas”

«Para Aduriz Bravo –que se especializa en la didáctica de las ciencias, y que brinda capacitación a profesores en una docena de países de Europa y América, incluida la Argentina–, es imposible dar “recetas” frente a un problema tan complejo como la falta de equidad en materia de enseñanza de las ciencias en las escuelas. “Algunas de las políticas a implementar apuntan en esa dirección: conseguir un nivel homogéneo (tomando como parámetro el nivel más alto y no al revés) en la calidad de la enseñanza de las ciencias en todo el país”, destacó el docente del CeFIEC. Y continuó: “Otras políticas posibles, derivadas, por ejemplo, de los estudios hechos sobre el éxito de Finlandia en los exámenes de PISA (pruebas internacionales que evalúan los conocimientos de los escolares), serían la de prestigiar nuevamente la educación científica como parte de la cultura y como motor de cambio, elevar el estatus social de los docentes y también mejorar su preparación inicial y continua, disponer de más y mejores libros de texto y materiales, y acercar la ciencia ‘de los científicos’ a las aulas a través de programas específicos, entre otras medidas.”

«El especialista subraya que la mencionada lista de medidas son “extradidácticas”, ya que tienen carácter marcadamente político e involucran a todo el sistema. “Son de gran escala en tiempo y espacio, y cuestan bastante dinero. También hay otra clase de medidas de corte didáctico, a aplicar en las aulas, y esto es precisamente lo que investiga la didáctica de las ciencias como disciplina: nuevos enfoques para encarar la enseñanza día a día”. En particular, señala que su investigación se dirige a desentrañar cómo enseñar epistemología e historia de la ciencia a profesores en formación y en actividad, bajo el supuesto que estas disciplinas, por su propio carácter, pueden aportar de manera efectiva a una mejor enseñanza de las ciencias en secundaria u otros niveles.”

«Por su parte, Melina Furman, licenciada en Ciencias Biológicas de la Universidad de Buenos Aires y doctora en Educación de la Ciencia de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, destaca que la ciencia en la escuela secundaria tiene, a diferencia de lo que sucede en la primaria, un lugar establecido. Existen horas de ciencia que se cumplen y profesores capacitados para dictarlas. “Sin embargo, el gran desafío que todavía tenemos pendiente es que la ciencia que se enseña deje de ser un cúmulo de datos, de fórmulas e informaciones con poco sentido para los alumnos para dar lugar a la enseñanza del pensamiento científico”, afirma Furman que se desempeña como investigadora y docente en enseñanza de las ciencias. Y agregó: “En muchos colegios los alumnos van al laboratorio a hacer experiencias que son, más que nada, recetas para verificar un resultado que conocen de entrada. De ahí la famosa frase: ‘el experimento me dio mal, profe’. Furman afirma que, en muchos casos, con solo agregar preguntas a las experiencias que se busca responder, esas actividades ‘verificativas’ pueden convertirse en una real oportunidad para indagar. “Se trata de dar vuelta la lógica de ‘te lo cuento y lo verificás’ a ‘tenemos una pregunta para responder y después comparamos nuestras respuestas con lo que los libros dicen al respecto”.

«Este enfoque, sin embargo no es el que predomina en las escuelas, según destaca la especialista. “En busca de un cambio, creo que la prioridad pasa por transformar la formación docente actual. Existen intentos interesantes al respecto, como las acciones que viene llevando el Instituto Nacional de Formación Docente –dependiente del Ministerio de Educación– en diferentes institutos del país. Por mi parte, estoy convencida de que si los docentes no atraviesan jamás en su etapa de formación un tipo de enseñanza basado en la indagación como el que se propone que ellos puedan llevar adelante luego con sus alumnos, las posibilidades de que la situación mejore son limitadas”.

«Capacitación del docente

«Además de las iniciativas que llevan a cabo el CeFIEC y del Instituto Nacional de Formación Docente y otros tantos organismos, el Grupo Quince Docentes Argentinos (QDA- http://www.grupoqda.org.ar) organiza, desde 2002, jornadas dedicadas a la actualización en ciencia y tecnología para docentes de escuela media. En dichos encuentros el personal de varios establecimientos educativos se pone en contacto directo con investigadores a través de disertaciones y talleres prácticos que brindan herramientas de enseñanza para hacer más comprensible la transmisión del conocimiento en las escuelas.

«Los antecedentes del grupo QDA se remontan al 2001. En junio de aquel año, los fundadores de ese grupo fueron seleccionados para participar en un programa de Actualización Docente en Ciencias e Ingeniería, en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), Boston, en Estados Unidos. “Todos los años, el objetivo de ese programa del MIT consiste en presentar, a través de los investigadores y científicos de esa Universidad, los últimos adelantos relacionados con la ciencia y la ingeniería y su aplicación en el mundo real”, explica la profesora de geografía Graciela Rastellino, una de las fundadoras de QDA. Y continúa: “Fue una experiencia tan fructífera que decidimos replicar ese modelo en la Argentina a fin de que la mayor cantidad de docentes pudiesen entrar en contacto con el trabajo que desarrollan los investigadores de nuestro país”.

«Desde el punto de vista de Rastellino, la ciencia en la escuela no debe enseñarse solamente a través de la teoría sino también mediante la realización de experimentos que motiven la formulación de preguntas basadas en un razonamiento científico, entre otras características. “”Se trata de generar una constante interacción entre realidad-conocimiento, entre práctica y teoría como formas de integración de ambos. Todo ello es sumamente necesario para enseñar ciencias. Y reitero nuevamente que la capacitación docente es clave ya que desde allí se podrán leer las articulaciones existentes entre la cotidianeidad del hacer escolar y las líneas de investigación y unidades de análisis que nos acercan los investigadores”, afirma la integrante de QDA.

«María Cristina Chaler, maestra egresada de la Escuela Normal Superior Nº 3, en Buenos Aires, y licenciada en Ciencias Químicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, relata que su experiencia en la escuela fue muy gratificante. “No es cierto que los jóvenes no posean interés por las ciencias. Despertar el interés es obligación del docente y se puede lograr fácilmente cuando se pone pasión al transmitir el conocimiento científico. Esta pasión se contagia y el alumno responde de modo inmediato. Tengo la gran satisfacción de haber despertado numerosas vocaciones, aún en orientaciones que no eran especialmente científicas”, puntualiza. Y continua: “Desde mi punto de vista, el docente en ciencias debe llevar al curso las últimas novedades científicas, las nuevas teorías, las aplicaciones, y conversarlas con el objetivo de mantener a la ciencia viva y dinámica. No se puede enseñar ciencia como se la enseñaba hace 20 años atrás, con los viejos modelos, los mismos ejercicios mecánicos, automáticos, que se hacen sin pensar, sólo aplicando ciertas fórmulas y sin saber de qué se tratan. Es necesario generar el conflicto mediante situaciones problemáticas para que el alumno resuelva pensando, investigando, aún equivocándose y descubriendo a partir de su error. Así buscará nuevos caminos para el logro de las soluciones.”

«En ese sentido, Chaler –que también es profesora en Disciplinas Industriales egresada de la Universidad Tecnológica Nacional de Argentina–, opina que “el docente tiene la responsabilidad de actualizarse de manera permanente. La profesión docente es un trabajo que debe ir de la mano de la vocación y cuando el conocimiento se transmite acompañado de esa vocación el alumno lo capta y se transforma. Un aspecto que hay que tener en cuenta es que, a veces, el docente por necesidad laboral tiene muchas horas distribuidas en diferentes escuelas. Así corre de un lado para otro durante todo el día y poco tiempo le queda para su perfeccionamiento. Eso afecta al proceso educativo, en general, y en particular a la enseñanza de las ciencias”.

«En tal sentido, Chaler –autora de la tabla periódica 3D y creadora de métodos personalizados y estrategias para la enseñanza de las ciencias– sostiene que sería valiosa una reforma en donde el docente perciba un muy buen sueldo y tenga todas sus horas concentradas en una sola institución educativa”.

«La aventura de enseñar ciencias

«En la última feria del libro celebrada en 2010 en la ciudad de Buenos Aires, “La aventura de enseñar ciencias naturales”, libro escrito por Furman y la bioquímica María Eugenia de Podestá (Editorial Aique, 2009), obtuvo el premio a la mejor obra de pedagogía práctica. Furman es también autora de “La ciencia en el aula” (Editorial Paidós) y “Ciencias Naturales: Aprender a investigar en la escuela” (Editorial Novedades Educativas).
«Sobre el libro “La aventura de enseñar ciencias naturales”, Furman señala que los relatos y reflexiones descritos en él provienen del trabajo en escuelas “de carne y hueso”, con maestros y alumnos reales, muchas veces en contextos muy vulnerables. “El libro busca tender puentes entre las teorías didácticas y lo que los maestros pueden hacer en el aula para transformar sus clases en espacios de desafío intelectual y entusiasmo por el aprendizaje de las ciencias”, indica.

«El libro comienza por presentar una analogía que resulta útil para pensar la enseñanza. “Si nos imaginamos a la ciencia como una moneda de dos caras inseparables, una de ellas es la cara de la ciencia como producto (lo que sabemos, esos hechos e ideas que suelen llenar los pizarrones y los libros de texto), pero la otra, y la habitualmente más ausente en las aulas y más cercana al corazón del espíritu científico, es la de la ciencia como proceso, como una manera muy particular, apasionante y poderosa de acercarse al conocimiento; ese ‘cómo sabemos lo que sabemos’. A ese enfoque se lo ha llamado ‘enseñanza por indagación’ y viene cobrando mucha fuerza en las últimas décadas en todo el mundo”, explica Furman.

«El pensamiento científico –central a la idea de ciencia como proceso– es una herramienta básica para aprehender lo que nos rodea, para intentar comprenderlo y para tomar decisiones fundamentadas, destaca Furman. Y continua: “Pero esos ‘hábitos de la mente’, no son innatos sino que se aprenden. Y para que eso suceda, los docentes tenemos que generar situaciones que les ofrezcan a los alumnos la oportunidad de ‘hacer ciencia’ en el aula, investigando fenómenos, pensando maneras válidas de responder preguntas, proponiendo explicaciones alternativas ante los resultados, debatiendo entre pares. En síntesis, lo que el libro propone es un abanico de ideas y estrategias para acompañar a los docentes en ese camino que considero como una aventura, desafiante pero también muy posible.”

«Otro proyecto de educación en ciencias que Furman lleva adelante es “Expedición Ciencia (www.expedicionciencia.org.ar), una Asociación Civil que brinda capacitación a científicos y educadores, con los que se viene organizando, desde 2002, campamentos científicos para estudiantes secundarios de toda la Argentina. Asimismo es coordinadora científica de Sangari Argentina (www.sangari.com.ar), un programa de ciencias para escuelas primarias en el que actualmente participan 62 escuelas argentinas, de Buenos Aires y Tucumán.

«Relevancia de la ciencia en las escuelas

«Para Chaler es muy importante que la enseñanza de la ciencia ocupe un lugar predominante en la educación media de cualquier país y que se tome conciencia de ello, para formar ciudadanos pensantes y tener así un futuro promisorio. “En nuestro país las malas reformas educativas generadas por funcionarios que consideraban a la educación un gasto y no una inversión, cercenaron profundamente la enseñanza de las ciencias en el nivel medio, ya que se cambiaron planes hacia especializaciones y se redujeron las horas de algunas de las asignaturas científicas. Ese hecho, se suma a que los jóvenes las consideran ‘difíciles’ y por lo tanto evaden las orientaciones en donde ese estudio abunda y eligen aquellas que creen que son más fáciles”. Y agrega: “Esto, junto con la pérdida de la cultura del esfuerzo, la búsqueda del facilismo y exitismo inmediatos fue moldeando un alto porcentaje de jóvenes con escasa capacidad de leer, comprender, pensar, deducir y resolver situaciones problemáticas”

«De acuerdo con Chaler se debe fomentar el estudio de las ciencias y tomar decisiones políticas al respecto para revertir esta situación. “En la actualidad, desde los profesorados en ciencias se están haciendo reformas que me parecen correctas e inteligentes ya que se ampliaron los planes de estudio. Considero que se deberían formar profesores de escuela primaria especializados en la didáctica de las ciencias para que transmitan ese conocimiento por verdadera elección y no por obligación laboral”.

«Acerca de la calidad de la educación científica en Argentina en relación al contexto mundial, Aduriz Bravo, docente del Centro de Formación e Investigación en Enseñanza de las Ciencias, encuentra que existen algunos “preconceptos”. “En la Argentina por lo general solemos creernos ‘el último orejón del tarro’, respondiendo al estereotipo tanguero. Pero la verdad es que tenemos buenos profesores y profesoras y una aceptable educación científica. Indudablemente, hay muchos problemas, pero buena parte de ellos son compartidos y tienen que ver, en última instancia, con que enseñar y aprender ciencias es difícil, un problema complejo que merece ser estudiado con cuidado.”

«No obstante, el especialista sostiene que la ciencia es un ‘patrimonio UNESCO de la humanidad, una parte esencial e insoslayable de la cultura, un acervo humano que nos hace personas y nos permite desempeñarnos en las sociedades democráticas. “Para no caer en contradicciones teóricas y prácticas no me refiero aquí a una ciencia memorística, enciclopédica o pedante. Me refiero a una ciencia que da sentido al mundo que nos rodea y cobra sentido en quienes la utilizan para pensar, decir y hacer sobre su realidad. Una ciencia escolar significativa, basada en modelos, que interviene de manera transformadora, que es mirada críticamente con el auxilio de la epistemología y la historia de la ciencia, y que resulta fundamental para tomar decisiones informadas en la vida cotidiana.”

«La ciencia en la escuela, bajo la lupa de los alumnos

«Un grupo de alumnos y ex alumnos respondió a la agencia CyTA un breve cuestionario efectuado con el fin de conocer su experiencia en el nivel secundario en torno a la enseñanza de las ciencias y recoger sus opiniones acerca de la relevancia que tienen esas disciplinas en su formación y en el desarrollo de las sociedades.

«Sebastián, de 15 años, es alumno de segundo año de una escuela secundaria privada de la ciudad de Buenos Aires. En la actualidad planea seguir la carrera de Instrumentación Quirúrgica. “Me interesaría saber de ciencia. Por curiosidad, ya que en otras divisiones de mi colegio utilizan mucho el laboratorio y nosotros no”, afirma. Y agrega: “Mi opinión acerca de cómo se enseña en mi secundario no es muy buena, ya que mi profesora mucho no nos enseña. Me gustaría poder utilizar el laboratorio y poder aprender más de ciencia, porque tengo mucha curiosidad.”

«Por su parte, Esteban, de 17 años, cursa quinto año en la especialidad química del Otto Krause, una escuela técnica emblemática de la ciudad de Buenos Aires. “Desde siempre me gustó saber de ciencia, ya que es una forma de descubrir el mundo que nos rodea. Nos ayuda a entender, a ver, razonar y pensar. Siempre me atrajo desde muy pequeño”, afirma. Y continua: “Mi idea es seguir la licenciatura en física en el Instituto Balseiro (en Bariloche, Argentina). Creo que es fundamental que se enseñe ciencia en las escuelas; fomenta el desarrollo del pensamiento crítico y analítico de la persona. Además si no se enseña a los chicos, los únicos que tendrán idea sobre las ciencias serán aquellos que tengan la posibilidad de recibir un estimulo por parte de su familia, de otras personas o de determinadas organizaciones. Pero el conocimiento científico es para todos”.

«Agustín, de 16 años, cursa el quinto año de la secundaria. “Voy a una escuela comercial, pequeña y pública, pero hermosa, en la provincia de Río Negro. A pesar de que las ciencias no ocupan un lugar principal, tienen un lindo programa que incluye horas de biología, matemática, física y química, las que se transmiten con mucha dedicación. Quiero dedicarme a la ciencia.” Agustín considera que podrían agregarse más horas en las materias científicas, “para poder ver más contenidos, e incorporar experiencias que no sean tan enciclopédicas como a veces resultan”.

«Desde que era chico a Agustín le interesaba la ciencia y nunca deja de leer artículos, libros, o ver experimentos en Internet. Para Agustín, la enseñanza de la ciencia es fundamental para todos, “no solo para la gente que desee ser científico algún día. Creo que en el aprendizaje de la ciencia se adquieren algunas herramientas que pueden serles útiles a todos en muchos aspectos de la vida en general.”

«Joselina Casarini, estudiante de la licenciatura en Bioquímica en la Universidad Nacional de La Plata, en la provincia de Buenos Aires, cuenta que al ingresar en la facultad padeció en carne propia las grandes falencias que le dejó el colegio secundario. “No solo me pesó la falta de contenidos en materia científica, sino algo mucho más valioso: me di cuenta de que en el secundario no aprendemos a pensar y a desarrollar nuestro criterio”, destaca.

«Joselina explica que durante el transcurso de la secundaria ya tenía bien definida su vocación científica y percibía que los contenidos de ciencia en la escuela privada a la que asistía eran insuficientes. “Primero, porque los profesores cambiaban con frecuencia, repitiendo año tras año los temas. Segundo, porque escribían formulas en el pizarrón para que los alumnos las copiaran y luego memorizaran para el examen. Este sistema no lleva a que los alumnos entiendan los conceptos, anulando la capacidad de razonar”, opina.

«Desde el punto de vista de Casarini, en el secundario se vive una falta de motivación constante, tanto en docentes como en alumnos. “Así, al ingresar a la universidad, tomamos conciencia de que no sabemos pensar y de que jamás entendimos nada de lo que nos enseñaron. Por ello a veces nos cuesta tanto iniciar los estudios universitarios, ya que se hace necesario comenzar a desarrollar nuevas herramientas”, dice Casarini. Y concluye: “Afortunadamente, tuve una docente de Biología que motivo mi vocación. Descubrí lo fascinante que es hacer ciencia, vivirla, entenderla y poder trasmitirla con pasión a todos los que estén dispuestos a mirar curiosamente el mundo.”»

Publicación original de la nota premiada: http://www.argenpress.info/2010/11/argentina-ensenanza-de-las-ciencias-en.html

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